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La Destartalá 3

Álex lleva años ocultando su dolor detrás de una fachada de frialdad, pero esta noche, con Mónica, la máscara se resquebraja. Mientras celebran el fin de año, una llamada misteriosa sobre la vieja 'Destartalá' los arrastra hacia un sótano que no debería existir, donde la sangre y la electricidad revelan que algo, o alguien, ha estado viviendo en las sombras.

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El miércoles día 26 de diciembre, después de su rutina diaria de ejercicio y desayunar, Álex se dirigía al trabajo. En una parada de autobús no muy lejos de donde vivía, Álex se paró delante con el coche.

-¿Reme?

-¡Ay! Hola Álex ¿Eres Álex verdad? El amigo de Mónica.

-¿Dónde vas?

-A mi casa.

-Sube, te acompaño.

Reme subió al coche, Álex se puso en marcha.

-Me dijo Mónica que casi eras vecina suya ¿Cómo es que estás aquí?

-Por qué he pasado la noche en casa de una amiga.

-¿No se supone que eso no lo podéis hacer?

-¿Tú siempre sigues las normas?

-Bueno, a veces no.- Reme reía.

-Estos días de vacaciones y fiestas de la ciudad la universidad baja la exigencia, nos dan un poquito más de libertad para salir y que nos lo pasemos bien.

-Está bien, os merecéis un poco de descanso y disfrutar.

-Sí, eso es lo que intento.

Hablaron algunas cosillas más y llegaron a la puerta de la casa de Reme, ella se lo indicó, se despidieron y Álex siguió su camino, al pasar por la puerta del edificio donde vivía Mónica vio que su coche no estaba, pensó que ya debía estar en la comisaría. Y así era, al llegar vio que estaba haciendo guardia en la entrada, en la recepción estaba el otro compañero.

-¿Hoy te toca aquí?- Le preguntó.

-Sí, se lo cambié al compañero por estos días que me dejó librar.- Le contestó Mónica, señalando con la cabeza al otro novato.

-Bien, nos vemos luego.

-Buenos días inspector.

Le saludó el chaval al pasar por delante Álex.

-¡Tú calla! Chivato.

El novato bajó la cabeza, Mónica, en la entrada, reía.

-Eres un chivato, pero me alegra que seas tan buen compañero.- Le dijo Álex suavizando la situación, el chaval sonrió.

Álex se sentó en su mesa encendiendo el ordenador, Soria lo miraba desde la suya con una sonrisilla.

-Buenos días ¿Pasa algo?- Preguntó Álex.

-Buenos días hombre, no, no pasa nada ¿Ya te la has…?

-Que ‘pesao’ eres ¡Coño!

-Ayer lo hablábamos con Susan, ella cree que tú no…

-Pues hazle caso a tu mujer, anda, déjame en paz.

-¿Sí o no?

-Vete a la mierda tío.

-Bueno, vale, escucha, queremos quedar para tomar algo todos el viernes por la noche ¿Te va bien?

-Quedar cuando os salga de los cojones.

Contestó Álex molesto, Soria sonrió y pensó que era mejor dejarlo tranquilo en ese momento. Pasó un rato, Álex vio que Mónica iba a descansar y comer algo, como hacía cada día, se levantó, entró en la habitación que estaba ella y se colocó delante de la cafetera manipulándola para hacerse un café.

-¿Cómo estás?- Le preguntó Mónica.

-Bien ¿Y a ti? ¿Cómo te fue con tú familia?

-Bien, lo normal del día de Navidad, comimos mucho y llegué a las tantas a mi apartamento.

-Lo mismo que en la casa de mis padres, solo que yo, no tuve que hacer tantos kilómetros.

-¿Te has enterado que el viernes quieren salir a tomar algo?

-Que salgan cuando quieran.

-¡Hombre! Vendrás ¿No?

Álex se sentaba delante de Mónica, en ese momento se abrió la puerta y entró la agente García, se paró delante de la cafetera para hacerse un café.

-¿Cómo estáis chicos?- Les preguntó mientras se le llenaba la taza.

-Bien, aquí, convenciendo a este cabezota para que venga el viernes con nosotros.

-¡Álex coño! Tienes que venir hombre.

-Entró Soria también.

-¿Qué pasa?

-Nada, estamos convenciendo a Álex para que venga a tomar algo con nosotros el viernes.

-Pues claro que va a venir, lo que pasa es que es como los niños, le gusta llamar la atención.- Se cachondeaba Soria.

-El que faltaba ¿Es qué no tienes nada que hacer?- Se quejaba Álex.

-No, igual que tú.- Le contestaba Soria.- Como no vengas, Susan se va a cabrear, ya sabes que te quiere mucho, y tú no tienes cojones de venir a mi casa para saludarla, que cara tienes tío.

-Eso, mi marido dice lo mismo ¿Cuánto hace que no os veis?- Le decía García.

-Un año, un año, desde el año pasado en esta misma fecha que me llevasteis a arrastras.

-Pues este, si hace falta te llevaremos arrastrándote también.- Le decía riendo Mónica.

Así, sin poder hacer nada, estuvo soportando la vara de sus compañeros hasta la misma tarde del viernes, Álex se duchó, se disponía a vestirse cuando llamaron a la puerta, fue a abrir tal cual, con la toalla enrollada en la cintura para que no se le viera el cimbrel. Mónica, levantando una bolsa con algo para comer antes de ir de fiesta con los compañeros, le sonreía al otro lado de la puerta.

-¿Qué haces aquí?

-Chico, que recibimiento, que ilusión y alegría por verme- Le decía irónicamente Mónica pasando por su lado.- hasta tú casera ha sido más simpática que tú.

-¿Te ha visto Satu?

-¡Hombre! Para subir aquí he tenido que pasar por delante de su casa, ha salido y todo, hemos estado hablando un ratito.

-¡Joder!

Se quejaba Álex, mientras se metía en su habitación para vestirse, se quitó la toalla dejándola encima de la cama, al agacharse para agarrar los calzoncillos, Mónica le metió mano en el culo apretándoselo, Álex se giró, ella se enganchó a sus labios besándolo con pasión.

-Que culo más duro tienes, a ver como tienes otra cosa.

Se arrodilló en el suelo, le agarró la polla y se la metió en la boca, Álex cerró los ojos notando como la polla le crecía rápidamente. Mónica se la recorría con la lengua, se la levantaba con la mano y le chupaba los huevos, subía la lengua hasta la punta, se la pasaba por el frenillo y se tragaba la polla hasta el fondo, Álex gemía, desde luego aquella mujer sabía cómo ponerlo caliente.

La levantó del suelo, le desabrochó el pantalón, le apoyó las rodillas en el borde de la cama, estiró del pantalón y las bragas bajándoselo todo, le pasó dos dedos entre los labios vaginales, comprobando que Mónica estaba lo suficientemente mojada, le apuntó la polla y de un golpe seco se la metió en el coño hasta el fondo. Mónica gritó de gusto.

-Así, así, duro, fóllame duro.

Le gritó Mónica, Álex la penetraba una vez detrás de otra sin contemplaciones, ella gritaba tapándose la boca con un cojín, hasta que se corrieron los dos, Álex se dejó caer en la cama resoplando.

Abajo, en la casa de la casera, Satu hacía ganchillo sentada en un sillón, mirando para arriba, sonreía de haber escuchado el polvazo de su inquilino. Con esta parejita voy a estar distraída a partir de ahora, pensaba la abuela.

Álex se duchaba otra vez, esta vez con Mónica, ella le enjabonaba el cuerpo.

-Me encanta follar contigo.- Le decía Mónica.

-Y a mí, es una pasada que consigamos corrernos a la vez.

-Eso es porque follas muy bien.

-Bueno, bueno.

Se vistieron y cenaron juntos. Más tarde entraron en el bar donde quedaron con sus compañeros, saludaron a varios que estaban en la barra, vieron sentados en una mesa a Soria con su mujer Susan y a la agente García con su marido, bebiendo cerveza, se dirigían donde estaban ellos cuando el camarero y propietario del bar les saludó.

-¿Cerveza?- Les preguntó.

-Sí, me apunto.- Contestó Mónica.

-Yo también.- Confirmó Álex.

Cuando los vieron llegar los de la mesa se levantaron, Susan se abrazó a Álex, se abrazaron y repartieron besos entre todos.

-Que cara más dura tienes Álex, tengo que venir yo aquí para verte.- Le recriminaba Susan.

-Lo ves, te lo dije, la tienes contenta.- Le decía Soria a Álex.

-Si es que no sale de su casa para nada este hombre.- Apretaba también García.

-Tranquilos, tranquilos, que estoy aquí ¿No?- Se defendía Álex.

-Sí, porque te tuvimos que convencer entre todos el otro día.- Decía Soria.

-Bueno, está bien, decirme ¿Cómo estáis parejita?- Les preguntó inocente Susan.

-¡Uy lo que ha dicho!- Se cachondeaba Mónica.

La cara que puso Álex era para vérsela, Soria se giraba para disimular la risa, García se tapaba la boca a punto de descojonarse de risa, su marido no sabía que pasaba, Mónica directamente se meaba de risa y Susan, Susan no tenía ni puta idea porque la gente reía.

-¿Qué pasa?- Peguntó Susan. Los otros reían más fuerte.

-No pasa nada Susan, estos, que son unos capullos.- Le decía Álex.

-Es por la pregunta cariño- Le respondía su marido.- es que Álex, eso de parejita, no lo tiene en su diccionario.

Mónica no paraba de reír.

-No somos pareja Susan…- Mónica no pudo seguir hablando, el ataque de risa no la dejaba.

-Son… son… ¿amigos?- Preguntaba García aguantándose la risa.

-Sí, eso, somos amigos ¿No Mónica? No entiendo tantas risas la verdad.- Decía Álex.

-Sí, sí, muy amigos.- Respondía Mónica.

El ataque de risa se generalizó, hasta Álex acabó riendo. Bebieron cerveza, hablaron entre todos los compañeros. Más tarde empezaron con los cubatas, Álex saludó a un amigo, un tío grande un poco desgarbado, se lo presentó a Mónica como ‘El carnicero’, después se apartó con él.

-¿Tienes una relación con ella?- Le preguntó el carnicero.

-No, somos amigos.

-Te vi en la cena del ayuntamiento con ella, eso es que sois algo más que amigos.

-Que no hombre, que me acompañara a la cena no quiere decir nada.

-Bueno Álex, sea como sea, no te había visto con una chica desde…

-Ya, ya lo sé, es una chica muy agradable y simpática, siempre está riendo, eso me alegra la vida.

-Y guapa lo es un rato.

-Eee, sí, eso también.

El carnicero se fue, se le acercó Mónica.

-Me lo has presentado como el ‘carnicero’ ¿Es ese su nombre?- Le preguntaba Mónica a Álex.

-No mujer, le llamamos el carnicero porque lo es, su familia tiene desde hace generaciones una carnicería, es donde mi familia a comprado siempre la carne. A mi padre le llaman el panadero, por la misma razón.

-¡Ah vale!

En ese momento apareció Soria con el marido de García y varios compañeros, agarraron a Álex y se lo llevaron.

-Nos lo llevamos, hace tanto que no viene de copas que le vamos hacer pagar unos chupitos.- Le decía Soria a Mónica.

Ella se fue a sentar con Susan y la agente García.

-¿Qué les pasa a estos?- Preguntaba Susan.

-Nada, que están de fiesta, se llevan a Álex para que les pague unos chupitos.

-No me extraña, para una vez que sale con ellos.- Confirmaba García.

En ese momento llegaba Soria con tres chupitos, se los colocaba encima de la mesa.

-Hoy le vamos hacer pagar todas las rondas que no paga durante el año.

Les decía, ya con síntomas del efecto de la bebida.

-Verás como acabaran estos.- Decía García.

-Déjalos, de vez en cuando se tienen que desmadrar un poco.- Le contestaba Susan.

-Y mi marido se apunta rápido, el tío.- Se cachondeaba García.

Las tres reían.

-Dime Mónica ¿Qué le pasa a Álex? ¿Por qué ha puesto esa cara cuando he dicho lo de parejita? Yo no lo decía con mala intención.

-No pasa nada Susan, creo que tú ya lo conoces.

-A ver, si que ha venido a mi casa muchas veces, Soria lo invita a cenar o comer algunas ocasiones, porque está solo me decía, y era verdad, no le habíamos visto saliendo con una mujer, ni hombre, si hasta le cuesta ir con sus compañeros a tomarse algo, ya veis, una vez al año. Y si que lo conozco, es un gran tipo, pero es que el cabrón no suelta prenda de su vida, no explica nada.

-Yo creo que le debió pasar algo, no es normal ese comportamiento, algo le está machacando por dentro.- Opinaba García.

-De eso, yo también estoy segura.- Confirmaba Mónica.

-¿No te ha explicado nada?- Preguntaba Susan.

-Que va, es más hermético el colega.

-Supongo que eso de que sois solo amigos no es así.- Le preguntaba Susan a Mónica.

-Sí, sí que es así, él no quiere profundizar más en la relación, y la verdad es que yo tampoco estoy muy por la labor de tener algo serio, la relación que tenemos es de solo amigos, puede que con alguna licencia… pero amigos.

-¿Alguna licencia?- Se cachondeaba García.- Susan, estos dos follan como desesperados.- Reían las tres.

-Bueno, sí, esa es la licencia.

Susan acercaba la cabeza a Mónica, para hablarle con más intimidad.

-Explica, explica ¿Folla bien? Porque yo siempre he creído que tiene que follar como Dios, con ese culito…

-Folla de lujo, la verdad es que nos acoplamos muy bien.

-Que se acoplan bien dice, menudos polvazos debéis pegar cabrones. Nosotros, entre los niños y lo cansados que vamos por el trabajo, ya ni me acuerdo de cuando…- Les decía García.

-Pues nosotros también tenemos niños, pero Soria cumple de puta madre.- Reía diciéndolo Susan.

-¡Coño! Yo me paso el día patrullando, y los que se quedan en la comisaria se tocan los huevos a dos manos todo el día ¿O no es así, Mónica?- Se alteraba García.

-Así es agente García, así es.- Se cachondeaba Mónica haciendo reír a las otras.

En ese momento los compañeros empezaron a gritar a coro que Álex cantara, las chicas también se unieron a la petición. El dueño del bar acompañaba a Álex a un rincón, allí tenía una guitarra y un micrófono, todo preparado para que Álex cantara, no lo tenía preparado para él, cada sábado tocaba un grupo música en vivo.

Álex ajustó la guitarra, se escucharon varios acordes sin sentido, luego respiró profundamente, y los dedos se empezaron a desplazar entre las cuerdas, se hizo un silencio, empezó a sonar la música, ‘Dust In The Wind’ de Kansas, cuando acabó todos aplaudieron, algunos silbaron y otros gritaron, Álex les miró sonriendo y le guiñó un ojo a Soria, empezó a tocar de nuevo, se volvió a hacer el silencio absoluto en el bar, sonó ‘Wind Of Change’ de Scorpions.

-¿Por qué canta siempre canciones tan melancólicas?- Se preguntaba en voz alta Mónica.

-Es lo que yo decía, algo tiene dentro.- Añadía García.

-Que bien que canta, siempre me sorprende, y mira que lo he escuchado cantar muchas veces.- Decía Susan escuchando atentamente la canción.

Álex acabó la canción y seguidamente, antes que la gente empezara a aplaudir comenzó otra, ‘Shadow’ de Lady Gaga y Bradley Cooper. Las chicas se miraron, se pusieron de pie y corearon la canción, junto con la mayoría de sus compañeros. Con esta Álex quería dar por terminado su improvisado ‘concierto’, pero al acabar le pidieron con tanto fervor que tocara otra que se puso manos a la obra, no sin antes avisar que aquella sería la última. Tocó ‘Perfect’ de Ed Sheeran, todo el bar volvió a quedarse en silencio para escucharla. Cuando acabó de cantarla, Álex miró a sus compañeros con cierta tristeza, se le notaba en la cara, mientras le aplaudían, Soria miró a su mujer Susan, ella le hizo un gesto con la cabeza que él entendió, fue a buscar a Álex.

-Vamos tío, has estado sembrado cantando, como siempre, ahora te invito yo a una copa.- Se lo llevó del escenario Soria en dirección a la barra.

La gente que estaba arremolinada en el rincón donde cantaba Álex, se empezó a disgregar por todo el local. Mónica vio a Reme acompañada de una chica de color, se levantó para ir a saludarla, se dieron dos besos, Reme le presentó a su amiga Magui.

-¿Qué hacéis por aquí?- Le preguntó Mónica.

-Hemos salido un rato por ahí.- Le contestaba Reme.

-¿Tú también eres una becada?- Le preguntaba ahora a Magui.

-No, somos amigas, nos conocimos fuera de la universidad.- Le contestaba.

-Es muy buena amiga.- Confirmaba Reme.

Llegó Álex con una copa en la mano.

-¡Hombre! Reme, tú por aquí.- Le dio dos besos.

-Cantas muy bien, lástima que solo te hayamos podido escuchar cantar un poco de la última canción.- Le decía Reme con pena.

-He cantado varias, es una pena que llegarais tarde.

-No podrías cantar otra para nosotras, por favor, por favor.- Le pedía Reme.

Mónica miraba a Álex, pidiéndole con la mirada que accediera.

-Chicos ¿Os gustaría escuchar otra canción?- Gritó Mónica.

Todos gritaron que sí, Álex volvió a agarrar la guitarra, Reme y su amiga pidieron unos cubatas y Mónica las acompañó a la mesa con Susan y García, se las presentó, se dieron dos besos entre todas. Álex empezó los acordes de la canción, la única en español, tocó ‘La Quiero a Morir’ de Francis Cabrel. El Bar, de nuevo en silencio escuchaba como Álex cantaba aquella canción, se le veía muy triste, cantarla con mucho sentimiento. Susan acercó la boca al oído de Mónica para susurrarle.

-¿Te la canta a ti?- Le preguntó.

Mónica giró lentamente la cabeza de lado a lado, sin dejar de escuchar la canción y de mirar a Álex.

-No, no es por mí, pero es por alguien.

Álex acabó la canción que se le saltaban las lágrimas, Soria volvió a ir por él.

-Ya está bien de música chicos.- Anunció Soria a sus compañeros.

Pensó que Álex ya había tenido bastante nostalgia esa noche, tocaba animarlo y pasarlo bien. Se fue haciendo tarde, los compañeros desaparecieron poco a poco, se quedaron en la mesa, Mónica, Álex, Susan, Soria, García, su marido, Reme y Magui. Reme les explicó cosas de la universidad, salieron algunas anécdotas de la policía, como la señora Catwoman con sus gatos, como se iban turnando para atenderla cuando se pasaba por la comisaría para hablar un rato con ella. Hasta que dieron por terminada la noche, Álex le pidió a Mónica que durmiera con él, era la primera vez que le pedía algo, hasta ese momento todas las iniciativas para verse las había tomado ella, lógicamente aceptó, no hubo sexo, solo abrazos en la cama, Álex parecía muy necesitado de cariño, siempre, pero aquella noche, más.

El sábado, Álex y Mónica quedaron con Soria y su mujer Susan, para ir a ver los fuegos artificiales que daban por finalizadas las fiestas de invierno de la ciudad, después cenaron juntos y quedaron en celebrar el fin de año en la casa del matrimonio.

El lunes 31 de diciembre, último día del año, Álex llegó a la comisaria a la hora habitual, sobre las nueve y media de la mañana más o menos. Saludó a Mónica, ella le devolvió el saludo, cuando iba a seguir su camino Mónica le llamó.

-Álex.

-Dime Mónica.

-Supongo que será una chorrada, pero como es algo extraordinario mejor que lo sepas, ayer bastante tarde, una voz anónima, la de un chaval, llamó diciendo que algo había pasado en ‘La Destartalá’, se encontraron el candado de la verja roto, se ve que entraron y vieron algo raro, por eso nos llamó, no dijo quién era, seguramente no será nada, esta mañana han ido García y su compañero que están de patrulla a ver qué pasa, estamos esperando noticias.

-Pues mira, qué pase algo ya es raro ya, me temo que no será nada más que una gamberrada de los críos.

Álex se sentó en su mesa, llegó Soria, se saludaban cuando entró, caminando con claros síntomas de tener la cadera muy jodida, el comisario.

-Buenos días- Saludó el comisario.- ¿Ya os habéis enterado de lo que ha pasado?

-¿Qué ha pasado?- Preguntaba Soria.

-Yo te lo explico, una gamberrada, como siempre.- Respondía Álex.

-Seguramente.- Decía el comisario entrando en su despacho.

-¿Cuándo se va a operar de esa cadera, jefe?- Preguntaba Soria.

-Cuando ya no pueda dar un paso, le tengo pánico a los quirófanos.- Respondía el comisario.

Reían los tres, cada uno se dedicó a sus cosas. Al rato sonó el teléfono del comisario, cuando colgó.

-Álex, Soria.- Gritó el comisario, los dos entraron en su despacho.

-Era García desde ‘La Destartalá’, algo ha visto, me pide que os envíe para que decidáis si es importante o no.

-¡Jodida García! Tiene ganas de hacernos mover el culo.- Se cachondeaba Soria.

-Venga vamos.- Decía Álex agarrando a Soria por el hombro.

Llegaron con el coche de Álex hasta la verja de ‘La Destartalá’, allí estaba de pie el compañero de García, bajaron del coche y se dirigieron donde estaba el agente.

-Pasar, pasar, García os espera en la entrada principal de la casa.

Saludaron y agradecieron al compañero su trabajo, caminaron la distancia que había hasta la entrada de la casa, cuando estaban a punto de llegar salió García de dentro.

-Hola chicos- Los saludaba García.- al llegar hemos comprobado que el candado de la verja está roto, lo han abierto con una cizalla o algo parecido. Me he acercado aquí y he visto que la puerta también estaba abierta, así que he entrado a ver si había algo raro, venir y mirar, a ver qué os parece.

-¿Qué tenemos que ver, la obra de unos chavales borrachos?- Preguntaba Soria medio de cachondeo.

-No lo sé, entrar y mirarlo.- Contestó García mientras se metía en el interior.

Álex la siguió, detrás de él, Soria. García los llevó hasta un trozo de pared de madera roto.

-Parece, como si hubieran empujado con fuerza esa mesa contra la pared, se ha abierto este boquete, mirar dentro.

Se asomó alumbrando con la linterna, Álex y Soria también se asomaron.

-Eso parece…- Decía Soria.

-Un sótano.- Afirmaba García.

-Una bodega, diría yo.- Añadía Álex.- A ver, déjame la linterna.- Le decía a García.

Le entregó la linterna, Álex fue iluminando toda la estancia, se asomó un poco más iluminando para un lado.

-¡Coño! En ese lado hay unas escaleras que suben a este piso.- Se sorprendía Álex.

Caminó siguiendo la pared.

-Aquí no hay ninguna puerta, ya lo he comprobado antes.- Decía García.

Álex llegó a la esquina, palpó la pared, le dio unos golpecitos, la empujó con fuerza y parecía que la pared cedía.

-¡Hostia, es una puerta¡- Confirmaba Soria.

-Ayúdame a empujar.- Le pidió Álex.

Los dos empujaron a la vez, se escucharon un par de crujidos, madera rompiéndose y se abrió una puerta secreta con un fuerte sonido a bisagras oxidadas. Solo por el sonido de la puerta al abrirse, a García se le puso una cara de susto de puta madre. Álex metió la cabeza para mirar.

-Vamos a necesitar las linternas que llevamos en el coche, son más potentes que esta.- Les decía Álex.

Caminaban los dos para ir a buscarlas, García salió corriendo detrás de ellos.

-Yo no me quedo aquí sola por nada del mundo ¡Joder que cague!

-Ya voy yo a buscarlas, quedaros los dos aquí.- Les dijo Soria riendo de la cara de García.

-¿Qué será lo que hay ahí abajo?- Preguntaba nerviosa García.

Álex se acercó de nuevo al boquete en la pared, alumbrando el sótano.

-Parece una bodega, hay una mesa con bancos de madera, y estanterías con vino, estoy seguro que es una bodega.

-¡Coño! Pero que esté tan escondida no es normal ¿No?

-Vete a saber, igual hicieron esa puerta para que quedara más bonito el salón, yo que sé.

Le estaba diciendo Álex a García, cuando entró Soria con las dos linternas que había recogido del coche. Le dio una a Álex y la otra se la quedó él, Álex devolvió su linterna a García.

Álex traspasó la puerta secreta, Soria detrás de él, Álex comprobó, pisando con cuidado, el primer peldaño de una escalera, por si la madera estaba podrida y no aguantaba su peso, vio que no estaba tan mal, empezó a bajar, Soria detrás.

-Yo… yo chicos, me quedo aquí arriba.- Les decía García nerviosa.

-Tranquila, quédate ahí, no será nada.- Intentaba tranquilizarla Álex.

Bajaron muy despacio, comprobando escalón por escalón que no se les iba a romper al apoyar el peso encima. Al llegar abajo, Álex alumbró la pared, había un antiguo interruptor de la luz, alargó la mano para tocarlo.

-No te esfuerces, en esta casa no hay corriente eléctrica desde hace muchos años.- Le confirmaba Soria.

Álex giró el interruptor, se encendieron las luces, la cara de asombro de los dos hombres y de García, que los miraba desde arriba, era para vérselas. Una luz tenue y amarillenta, que salía de unos apliques en la pared y en algunas columnas, alumbraba la estancia lo suficiente para ver dentro.

-¡Hostia!- Se extrañaba Soria.- Si aquí no había corriente.

-García ¿Puedes comprobar si hay luz ahí arriba?- Le pedía Soria.

-Voy.- Escucharon la voz de García.

Esperaron un poco, García sacó la cabeza por la puerta del inicio de la escalera.

-Aquí arriba no hay, he abierto un par de interruptores y nada.

-¿Te has fijado que no falla ninguna bombilla? Están todas encendidas.

-Es verdad Álex ¿Qué raro, no?

-No es raro si alguien se ha ocupado de mantenerlas.

-¿Quién va a hacerlo? Esta casa hace mil años que está abandonada.

-Mil años no hace, y lo que está claro es que tan abandonada tampoco lo está.- Le decía seguro Álex.

Siguieron caminando, como la luz era muy tenue, Álex iluminaba con su linterna las paredes. Soria iluminaba una estantería llena de botellas de vino.

-¿Te has fijado en el suelo?- Preguntaba Álex.

-Sí, es de madera.- Respondía Soria.

-En el polvo, Soria.

-Las botellas están llenas de polvo, a saber cómo estará ese vino ya, que pena.

-No, ves que las estanterías y las botellas están llenas de polvo ¿Por qué la mesa y los bancos no lo están? ¿Por qué tampoco está lleno de polvo el suelo?- Soria apuntaba con la luz de la linterna el suelo.

-¡Hostia! Es verdad, quien se cuide de la limpieza hace su trabajo a medias, yo lo despedía.

-¡Que capullo eres!- Soria se moría de risa.

Álex se desplazaba por la sala, en un rincón vio algo.

-Soria, ven.- Levantó la voz Álex.

Álex iluminaba algo en el suelo, Soria se agachó para verlo mejor.

-Parece un pañuelo con sangre.- Informaba Soria.

-Tenemos que recogerlo.- Decía Álex.

Soria fue a agarrarlo con los dedos.

-¡Así no! Hombre.- Le avisó Álex.

Se agachó Álex, dejó en el suelo la linterna, apuntando al pañuelo, sacó de un bolsillo una bolsa para depositar pruebas, de otro un bolígrafo, metió el bolígrafo por debajo del pañuelo, con equilibrio lo levantó y lo metió, sin tocarlo con los dedos, dentro de la bolsa.

-No me jodas que llevas bolsas para pruebas.- Se extrañaba Soria.

-Hay que ir preparado compañero.- Respondía Álex.

-¿Aquí, en esta ciudad? Tú estás un poco loco ¡Eh!

Álex revisó el sótano un poco más, no vio nada sospechoso, apagó la luz y salieron los dos del sótano, Álex con la bolsa del pañuelo en la mano. García lo miraba entre extrañada y acojonada.

-¿Esto qué es?

-Un pañuelo ensangrentado.- Le contestaba Soria.

-¡No me jodas!- Saltaba García temblándole la voz.

-Puede que no sea nada, o que sea de alguno de los chavales que empujaron la mesa, se hizo una herida, se limpio la sangre con el pañuelo y lo tiró o se le cayó al sótano.- Decía Álex, él sabía que eso no era posible, ni en la mesa estrellada contra la pared ni en el suelo se veía sangre, si alguien se hubiera cortado o algo, se vería.

-A lo mejor es de un animal, un gato o un perro, la sangre digo.- Opinaba Soria.

-¿Y ahora qué hacemos?- Preguntaba García.

-Lo más lógico sería que hicierais guardia en la casa, por si pasa algo raro.- Le decía Álex.

-¿En esta casa? Ni pensarlo, precintamos la puerta, precintamos la verja y adiós, yo aquí no me quedo, que miedo.- Le respondía García.

-Hacer lo que queráis, no sabemos nada todavía de lo que ha pasado.- La tranquilizaba Álex.

Salieron fuera, García le dijo al compañero que fuera a poner cinta de la policía para que no pasara nadie en la puerta de la casa, después la pondrían en la verja y saldrían de allí.

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