Las vueltas de la vida (1)
Carolina siempre supo que Martín era diferente, pero nunca imaginó que el amor los pondría a prueba con setecientos kilómetros de distancia. Ahora, mientras él arranca su nuevo capítulo en Bahía Blanca, ella se queda con el eco de sus besos y la incertidumbre de si el destino los volverá a unir.
Las vueltas de la vida
Primera parte. Capítulo 1
Carolina Arroyo Peña.
Siempre lo supe, desde que era una niña todo el mundo se lo decía a mis padres, que yo era una nena hermosa, según papá mi carita era la de un ángel.
Ya en mi adolescencia cuando fui ganando centímetros de altura y mi cuerpo fue transformándose, no solo la familia y los conocidos decían que yo era una chica muy linda, también me lo hacían notar mis compañeros de colegio, los chicos más grandes y también los adultos.
Desde que mi cuerpo se desarrolló, nunca pasé desapercibida, quizás lo único que le podría reclamar a la naturaleza o a la genética familiar, serían unos centímetros más de altura, a mis veintisiete años, al igual que a los dieciséis, mido un metro con sesenta y seis centímetros.
Soy Carolina Arroyo Peña, hija única de Juan Antonio Arroyo López y de Margarita Inés Peña.
Siempre fui consciente de mi cuerpo y nunca renegué de él, no soy voluptuosa por ningún lado, tengo unas tetas en la media, un culo normal pero en buena forma, la panza plana y buenas piernas.
Más allá de mi cuerpo, hay algo en lo que estoy orgullosa de destacar, es en mi inteligencia y mi perseverancia, siempre me gustó estudiar y ser aplicada, fui abanderada tanto en la primaria como en la secundaria, también fui el mejor promedio de mi promoción en la universidad y es lo que más me enorgullece de mí.
A pesar de tener un cuerpo que encaja casi a la perfección en los estándares de belleza femenina, nunca quise ni me gustó hacer alarde de mi figura, siempre me gustó más, valer por mis conocimientos y mi esfuerzo, que por mi cuerpo.
Y es por eso que siempre lo oculté y lo sigo ocultando, no me gustaba usar pantalones ajustados o calzas, ni minifaldas ni remeras o camisas entalladas, ni siquiera cuando estaba de vacaciones en alguna playa o en alguna pileta, usaba una bikini que mostrara demasiado mi cuerpo.
Por supuesto todo el tiempo se me acercaban los hombres, chicos de mi edad, de unos años más o incluso adultos.
En mi relación con el sexo opuesto, nunca prevaleció la figura o el dinero del pretendiente en cuestión, mucho más me importaba, sus sentimientos, su forma de pensar y de encarar la vida, tanto es así que mi primer novio a los diecisiete años, fue un empleado de una sucursal de una cadena de supermercados, que están por toda la provincia.
Me conquistó su timidez, su pausada forma de hablar, su forma respetuosa de dirigirse a mí y de proceder.
Cuando mis amigas lo conocieron en ese entonces, me decían que era una boluda, que con mi cuerpo y mi inteligencia, podía conquistar un mejor hombre.
Pero a mí eso no me importaba, Martín, así su nombre, era un amor.
Yo iba siempre a ese supermercado, la primera vez que hablamos, fue cuando le pregunté dónde estaba la harina leudante, porque no la encontraba, y a pesar de que parecía tener tan solo un año más que yo, mirándome a los ojos, su respuesta fue “ya le traigo señorita”.
Esa frase me hizo verlo de otra manera, otro en su lugar seguramente hubiera hecho algún otro comentario o hubiera intentado algo más, y a partir de ese día, cada vez que iba al supermercado cruzábamos algunas palabras.
Siempre me trataba de forma muy respetuosa, y algo muy importante para mí, era que cuando me hablaba me miraba a los ojos, y no a las tetas como muchos otros chicos o adultos.
Después de unos meses de pequeñas conversaciones, en verdad me interesaba conocerlo, y en una de las conversaciones me dijo que él salía del supermercado a las ocho de la noche, y unos días después “casualmente” yo pasaba por la puerta cuando él salía.
Caminamos conversando una cuadra y media hasta mi casa, cualquier otro chico hubiera intentado algo conmigo, pero hasta en esa ocasión, Martín fue muy respetuoso y tan solo conversamos.
Nuestras charlas se fueron alargando, y yo estaba deseando que en alguna de ellas, Martín me dijera de encontrarnos en algún lugar fuera de su trabajo para charlar.
Pasaron un par de semanas, y por la forma en que me miraba, me parecía que algo le pasaba conmigo, pero quizás no se animaba, seguramente por mi figura, creyendo que una chica como yo, nunca se fijaría en él.
Una tarde de calor del mes de enero, unas amigas y amigos vendrían a casa a comer unas pizzas, nos pusimos de acuerdo y les dije que yo haría las compras.
A propósito fui unos minutos antes de que él saliera del trabajo, y había comprado tantas cosas que necesitaría ayuda para llevarlas hasta casa.
Cuando ya había pasado por la caja, el momento en que él salía, y amablemente se ofreció a ayudarme a llevar las compras hasta casa.
De camino le fui contando que unos amigos y amigas venían a comer unas pizzas a casa, y cuando llegamos a la puerta, me animé y le pregunté si no quería venir a casa a comer unas pizzas.
Se puso colorado, y aunque al principio dudó, terminó aceptando, y en ese momento le dije que a las nueve o nueve y media, se viniera para casa.
Que aceptara mi invitación me puso más que contenta, solo íbamos a estar en casa ese día, pero me arreglé, me puse ropa de la que uso habitualmente para salir, y aunque no era muy común en mí, me maquillé los ojos y los labios.
Los amigos y amigas empezaron a llegar, pero yo estaba deseando que llegara Martín, ¿vendría?
A las nueve y veinte sonó el timbre y cuando abrí la puerta, el corazón se me aceleró, venía sencillamente vestido, un jean y una camisa blanca, zapatillas impecablemente blancas y su pelo largo atado en una cola por detrás.
Nos sonreímos, nos saludamos con un beso por primera vez, y me entregó una bolsa que traía en su mano con dos kilogramos de helado.
Sin dudas ese chico me gustaba mucho.
Lo presenté a mis amigos y amigas, y como no conocía a nadie le dije que se sentara a mi lado, pero a pesar de eso luego de un rato se fue soltando y conversando de diferentes temas con los chicos y las chicas.
A eso de las doce de la noche todos se empezaron a ir, y en un momento quedamos solo los dos.
Mis padres estaban en su dormitorio, cuando mis amigos venían ellos no aparecían.
Nos quedamos los dos sentados en el sillón, conversando de varias cosas, allí supe su apellido, Villalba, y también supe algo de su familia.
No sabía si se atrevería, aunque lo estaba deseando, pero en un momento de la conversación, suavemente apartó un mechón de mi pelo, y acercando su cara a la mía, me dio un suave beso en los labios.
Luego me miró a los ojos, quizás para ver mi reacción, apoyando la palma de mi mano derecha en su cara, esta vez fui yo quien le devolvió el besó.
Entre tiernos besos, me confesó que se había enamorado de mí aquella tarde que le pregunté por la harina en el supermercado, y que cada tarde deseaba que yo llegara para verme.
Yo también le dije que me parecía un chico muy lindo, y que por eso iba cada tarde a comprar algo, tan solo para verlo y poder hablar con él.
A partir de allí comenzó nuestra relación, a pesar de su timidez, unas semanas después, vino un día a casa para hablar con mis padres y preguntarles si me permitían salir con él, al cine o a cenar o a pasear en sus días francos.
Mis padres, al estar al tanto de que yo me veía con él, y viendo que era un chico trabajador educado y respetuoso, no pusieron inconvenientes en que lo hiciera.
Poco a poco nos fuimos conociendo, y cuánto más tiempo pasaba con él, más me gustaba.
Martín siempre fue muy cariñoso, atento y considerado, cuando les conté a mis amigas, que me había puesto de novia con él, me decían que era una boluda, no solamente porque era empleado de un supermercado, sino también porque para ellas era feito.
A mí eso no me importaba, lo que más me atraía de él, era su personalidad, su forma de ser y de pensar.
Tan enamorada estaba de Martín, que no tenía ganas de irme al viaje de fin de curso a Bariloche, tan solo porque estaría diez días lejos de él, pero Tincho, como me gustaba decirle, me decía que fuera, que lo disfrutara, y eso es lo que hice, aunque en esos días, tuve que esquivar a varios chicos, compañeros y de otras escuelas, y no solo en las noches de discotecas, también en las excursiones durante el día.
Mis padres habían hecho un gran esfuerzo para que pudiera hacer ese viaje, pero en verdad lo extrañé mucho esos días.
Al regresar del viaje y encontrarme con él, luego de abrazarnos por largo rato, con carita triste me dijo que su padre estaba mal de salud, por un problema de corazón lo habían tenido que internar hacia dos días.
Hablé con mis padres y le dije que trataría de acompañarlo, de estar con él en ese momento difícil.
Tanto su familia como la mía, eran de lo que suele llamarse, la clase trabajadora, Mirta, la mamá de Martín era maestra, y su papá Daniel, empleado en una fábrica, con sus ingresos apenas podían subsistir, ya que no tenían casa propia, y por eso Martín luego de terminar la escuela secundaria, se había puesto a trabajar.
En casa las cosas no eran muy distintas, mamá era empleada de limpieza a media jornada en una farmacia y papá trabajaba en un taller de reparación de electrodomésticos.
Vivíamos en la casa que era de mi abuela materna, cuando mi abuela falleció, mamá habló con Liliana, su única hermana, hicieron la sucesión, quedando la casa a nombre de ambas y se pusieron de acuerdo en que nosotros vivamos en esa casa, mi tía ya tenía la suya en Carmen de Patagones, y así pudimos dejar de alquilar.
Una tarde de domingo, mientras caminábamos por un parque a unas cuadras de casa, Martín me dijo:
-¿Sabés Caro? Tengo que confesarte algo!
-¿Qué mi amor?
-Nunca creí que una chica tan hermosa como vos, se fijaría en mí! Digamos que no soy muy agraciado…
-No digas eso mi amor! Para mí sos el chico más lindo del mundo!
-Sé que no encajo en el modelo de hombre atractivo!
-Eso a mí no me importa! A mí lo que me importa es lo que hay acá y acá!
Le dije señalándole con mi dedo índice, su corazón y su cabeza.
-A mí lo que me importan son tus sentimientos y tu forma de pensar! Además me enamoró tu forma de ser, de tratarme, de mirarme! Cuando te conocí en el súper, ¿sabés lo que me gustó de vos Tinchito?
-¿Qué mi amor?
-Que cuando hablábamos me miraras a los ojos, y no a las tetas, como todos los hombres! Y siempre me gustó tu mirada, me resulta tierna, dulce, expresa muchas cosas!
-Es que es imposible no mirarte a los ojos! Son los más lindos del mundo!
-Que cosita sos! Cómo te amo mi Tinchito lindo!
-Pero dejame que te diga que también te miraba las tetas! Bueno… y el culo también!
-Ah chanchito!
-Cómo para no mirarte! Sos hermosa Caro! ¿Cómo no te iba a mirar? Pero lo hacía disimuladamente, cuando vos no te dabas cuenta!
-Bueno, yo también siempre te miré, también me gusta tu cuerpo, tenés un lindo culito y lindos brazos y pecho, como para quedarse a vivir apoyada ahí!
-Chanchita!
Casi dos meses después, falleció el papá de Martín y eso lo deprimió bastante, pero estuve junto a él todo el tiempo.
Poco a poco fue saliendo adelante, y nuestra relación siguió siendo muy linda, cada vez nos conocíamos más y nos gustábamos más, tanto que un par de meses después, perdimos juntos nuestra virginidad.
Recostados los dos en su cama, aún desnudos y abrazados luego de tan lindo debut, me dijo:
-Me encantó princesa! Nunca creí que fuera tan lindo y excitante!
-A mí también me gustó mucho! Creí que me iba a doler más!
-Tu cuerpo es de ensueño mi amor! Sos perfecta!
-No es por agrandarme mi vida, siempre fue así, pero te habrás dado cuenta que no me gusta mostrarlo!
-De eso me di cuenta desde que te conocí, pero nunca creí lo que escondías debajo de la ropa!
-Sé lo que atrae mi cuerpo, me doy cuanta y por eso no lo muestro, no quiero que me conozcan o aprecien por mi cuerpo!
-Vos sos mucho más que un cuerpo! Sos un sol de mujer! Y la más dulce e inteligente que conozco!
-Sos tan lindo mi Tinchito!
Muchas amigas me habían contado que sus primeras veces habían sido un desastre, pero la nuestra fue todo lo contrario, Martín fue muy dulce y cariñoso, y a pesar de la molestia, lo pude disfrutar, tanto que esa tarde, le di mi primer orgasmo a otra persona, ya que hasta ese momento mis orgasmos habían sido solo para mí.
Me sentí más enamorada de él que nunca, y nuestra relación se afianzó aún más.
A Martín le gustaba la construcción y siempre me decía que le gustaría estudiar arquitectura y yo siempre lo apoyaba diciéndole que lo hiciera, pero no podía dejar de trabajar, desde la muerte de su padre, su ingreso mensual hacía falta en la casa, el sueldo de su mamá, no les daría para vivir, menos que menos, para costear una carrera universitaria.
Al año siguiente, gracias al esfuerzo de mis padres, comencé en la universidad pública, a estudiar ciencias económicas, quería ser contadora y mi mamá, sabiendo lo que me gustaba estudiar y las notas que siempre había tenido, le dijo a papá que tenían que hacer el esfuerzo.
Los horarios de cursada y las horas de estudio, hacían que nos quedaran pocos momentos para vernos, lo hacíamos sobre todo los fines de semana, pero siempre me parecía poco, incluso algunos fines de semana que tenía que estudiar para algún examen, Martín venía a casa y me cebaba mate mientras yo leía.
Varias noches a la semana, cuando salía del supermercado, pasaba a verme por casa, y varias veces, mamá lo invitó a cenar, le caía muy bien, al igual que a papá, incluso después de un tiempo, mis padres me decían que dejara de llamarlos señor y señora y que lo hiciera por su nombre.
Muchas veces, cuando me veía con mis amigas, me seguían insistiendo en que me tenía que buscar un mejor “partido”, llegaron a decirme que si seguía con él, al ser contadora lo tendría que mantener, incluso, llegaron a presentarme amigos de mejor “status”, más atractivos, con más dinero o con familias más acomodadas, hasta llegaron a dejarme sola en la casa de una de ellas, con un chico al que yo le gustaba, para que intentara algo conmigo y ver si yo picaba, pero a mí no me interesaba nada de eso, yo tenía a mi Tinchito y muy enamorada estaba de él.
Nuestra relación iba muy bien, y yo sentía que era con Martín, con quien quería compartir mi vida y no me importaba que toda su vida trabajara en un supermercado, además estaba segura de que con su esfuerzo y su empeño, lograría progresar.
Cuando comencé el tercer año de la carrera, una noche de sábado que nos encontramos para cenar, Martín me contó que le habían propuesto ser encargado en el supermercado, algo así como el responsable de la sucursal, era un ascenso y con una buena suba en su salario y tenía que responder el lunes siguiente, si aceptaba o no el cargo.
Me alegré mucho por él y el lunes lo terminó aceptando, por lo que las siguientes tres semanas, tuvo que ir a Buenos Aires para una capacitación, con el salario pago lógicamente.
Al mes siguiente, comenzó a trabajar en su nuevo puesto y con un horario diferente, algunos días lo hacía desde las ocho de la mañana hasta las cuatro de la tarde y otros desde las una de la tarde hasta las nueve de la noche, hora en que cerraban, teniendo un día franco cada seis días.
Estaba muy contento, y yo junto con él. Cuando cobró su primer sueldo de encargado, me regaló una cadenita de plata con un colgante en piedra azul en forma de gota, me encantó su regalo y lo llevo siempre puesto.
Ya en el cuarto año de la carrera, en el mes de agosto, un martes que tenía franco, me fue a buscar a la facultad y lo vi con carita triste, fuimos a tomar un café y me contó:
-Hoy hablé con mamá y me dijo que mi tía la llamó esta mañana, para decirle que mi tío está muy enfermo, que el cáncer se le extendió y que no le queda mucho tiempo de vida.
-Creo que era cuestión de tiempo Tincho, ya hace meses que viene desmejorando!
-Sí, creo que todos sabíamos que no tenía solución!
-¿Pasa algo mas mi amor?
-Si corazón, hoy me llamó la secretaria de Ramón Salcedo, el gerente general de zona para que vaya a verlo el lunes a las diez de la mañana a Buenos Aires, pero no me dijo los motivos, pero me llamó la atención que no me llamara él mismo, hablamos varias veces por semana…
-¿Creés que haya algún problema? ¿Hubo algún problema en tu sucursal?
-En mi sucursal no, y no tuve problemas con ninguno de los chicos o chicas, ni faltantes de caja o mercadería, la verdad es que no sé de qué se trata! Espero que no sea ningún problema!
-¿Querés que te acompañe?
-Me encantaría, pero, ¿y la facu?
-Puedo faltar un día, no pasa nada, nunca falto!
Y así fue, fuimos los dos a Buenos Aires, llegamos quince minutos antes al edificio de la administración y antes de que entrara, le di un abrazo y un beso, deseándole que sea alguna buena noticia.
Luego del último beso, le dije que lo esperaba en el bar de la esquina, desde donde veía la entrada del edificio.
Eran casi las doce del mediodía cuando lo vi salir, y a medida que se acercaba, no podía darme cuenta si había sido algo bueno o no, su cara no me daba ningún indicio.
Entró al bar, se sentó frente a mí y luego de pedir un café me empezó a contar.
-Como decirte amor, es algo bueno pero a la vez no…
-¿Cómo es eso?
-Cuando su secretaria me hizo pasar, Ramón se levantó y muy amablemente me estrechó la mano y le pidió a su secretaria café para los dos, y me pidió que tomara asiento, un par de preguntas amables, y cuando la chica trajo los cafés y se retiró, me dijo, -perdón Martín que te hice venir a Buenos Aires, pero quería hablar con vos personalmente-, entonces, me salió decirle, ¿algún problema Ramón? Pero con cara de buenos amigos, me dijo, -no Martín, al contrario, en verdad reconozco que tu sucursal va muy bien, no hemos tenido quejas, ni reclamos, ni faltantes, ni nada, incluso la sucursal es la de menor ausentismo de la provincia, el tema es otro, estoy muy conforme con tu trabajo, se nota que te lo tomás en serio, de hecho te voy a decir algo que los gerentes no solemos contar, pero de todas formas lo sabrás. La empresa, cada cierto tiempo envía a todas las sucursales, a alguien de incognito, entre nosotros decimos los chanchos, porque son hombres o mujeres que inspeccionan cada sucursal sin que nadie lo sepa, la limpieza, el orden, las directivas de góndolas, etiquetado de precios, la imagen de los empleados, la exposición de las promociones, las heladeras y sobre todo, la atención al público y de acuerdo a lo que ven, le dan un puntaje a cada ítem, y tengo que decirte que tu sucursal siempre está entre los dos mejores puntajes, varios meses fue el más alto, con lo que el promedio es el mejor, razón por lo cual, mis superiores me dijeron que te ofreciera un nuevo cargo-.
-Entonces le pregunté, ¿Qué cargo sería Ramón? –un cargo de subgerente de zona, a cargo mío, pero en la zona sur- ¿del Gran Buenos Aires? –No Martín zona sur de la provincia, específicamente en Bahía Blanca, lo que implica que deberías ir a vivir allí. El gerente se jubila y en esa zona no encontraron ninguno con perfil para reemplazarlo, y cuando me preguntaron, les hablé de vos, pero tranquilo que no tenés que responderme ahora, tenés casi dos meses para pensarlo, de aceptar, comenzarías los primeros días de octubre. Por supuesto tu salario ascendería exponencialmente, más o menos cinco veces lo que cobrás ahora, quizás más, además, trabajarías de lunes a viernes, la empresa se hace cargo de la mitad del alquiler, si es razonable y te entrega un auto para que puedas recorrer la zona, que es Bahía, por supuesto, Punta Alta, Monte Hermoso y Claromecó, para el lado de la costa, Carmen de Patagones al sur, y para el interior, Tornquist, Coronel Dorrego, Sierra de la Ventana, Coronel Pringles y Tres Arroyos-.
Le dije que lo tendría que analizar y me dijo que lo pensara tranquilo y que cuando tuviera una decisión, que lo llamara por teléfono, y que si no aceptaba, por supuesto no pasaba nada, y que seguiré como encargado en mi sucursal.
A medida que me iba contando, iba imaginando el panorama, era una oportunidad inmejorable, un cargo gerencial con muy buen salario, un auto y la mitad del alquiler pago, sin dudas que no era para negarse, pero por el otro lado, pensaba en nosotros, ya estaba casi al terminar la carrera y no podría dejarla y dejar a mi familia, se me estaba haciendo un nudo en la garganta.
-Tinchito, ¿y te dijo por cuánto tiempo? ¿O es definitivo?
-Sería definitivo, por eso lo de irme a vivir allí.
-¿Y qué pensás?
-En verdad no sé aún, como que me siento en medio, como que si decido quedarme, quizás pueda perder una oportunidad de ascenso a un cargo importante y con un excelente sueldo, pero por otro lado, acá están vos y mi vieja, ¿cómo seguiría lo nuestro, estando a setecientos kilómetros de distancia? No podría estar tan lejos de vos!
No podía ser egoísta en ese momento, por un lado quería que no se fuera, pero por el otro, pensaba que era una excelente oportunidad para él, para su futuro, no podía pensar tan solo en mí. ¿Qué pasaría si hubiera sido al revés, que me hubieran ofrecido a mí un trabajo así? ¿Qué hubiera decidido yo? ¿Qué hubiera tenido en cuenta para tomar una decisión así?
-Bueno corazón, tenés tiempo para pensarlo!
-Sí, lo sé, pero… qué se yo… no sé…
-Tranquilo mi amor! sea cual sea la decisión que tomes, yo te voy a apoyar!
Paseamos un rato por Buenos Aires y a eso de las cinco de la tarde, nos volvimos, en el colectivo lo veía pensativo, hablaba poco y yo lo dejé, sin dudas en su cabeza estaban pasando demasiadas cosas.
A partir de ese día, cada vez que nos veíamos, lo notaba como contrariado, sin dudas no podía tomar la decisión, seguramente pensando en nuestra relación, pero yo sentía que no podía, que no tenía el derecho de influir en su decisión, hablándole de lo que pasaría con lo nuestro.
Una tarde en casa, tomando unos mates con mamá se lo conté.
-Ma, te quería contar algo…
-Contame hija!
-¿Viste que hace unos días fuimos con Martín a Buenos Aires?
-Sí, me acuerdo!
-El tema es que el gerente de la zona lo citó para ofrecerle un puesto como subgerente de zona
-Qué bueno!
-Sí! Es un cargo importante y con un excelente sueldo!
-Qué suerte! Se lo merece! Es un buen chico, muy trabajador y responsable!
-Claro que se lo merece, él es muy capaz! El tema es que ese puesto es en Bahía Blanca y se tendría que mudar allí!
-Ah! Ahora entiendo! ¿Por eso es que anda medio cabizbajo?
-Así es! Creo que no está pudiendo decidirse, él y yo sabemos que es una gran oportunidad, que quizás no se le vuelva a dar, un gran paso laboral y sé que lo hará muy bien…
-¿Pero…?
-Creo que no se decide por nuestra relación, un noviazgo a setecientos kilómetros de distancia no sería lo mismo, él allá y yo acá con la facu, ¿Cuántas posibilidades tendríamos de vernos? ¿Sería una relación telefónica?
-Te entiendo hija, y entiendo lo que le está pasando a él, también se da cuenta de que un noviazgo a distancia es complicado, aunque hablen por teléfono todos los días, no sería lo mismo.
-Eso mismo pienso yo, pero por otro lado no puedo pensar solo en mí, y lo que me gustaría tenerlo cerca, pienso en su futuro, siempre me ha dicho que le gustaría estudiar arquitectura, pero que no se lo puede permitir, y esta oferta de trabajo no es para dejar pasar, sin dudas, más allá de lo que quiera hacer de su vida, es inmejorable!
-Miralo así hija, ¿qué harías vos en su lugar? Imaginá que te hubieran, no sé, dado una beca de dos años para estudiar en otro país con todos los gastos pagos, una oportunidad que no podrías desaprovechar, ¿Qué harías vos? ¿Te irías o lo dejarías pasar por seguir al lado de Martín?
-Ya lo he pensado, y creo que una oportunidad así, puede definir el futuro, y que llegado el caso de no aceptarla, luego esa decisión nos pase factura más adelante, pensando en que debería haber aceptado! Ya lo he pensado así, y aunque me duela tenerlo lejos, sé que debe aceptar esa propuesta!
-Yo creo también que debería aceptarla hija, imaginá que no la acepta, ¿Qué pasaría después? Seguramente en un par de años, vos seas contadora y consigas un buen trabajo, que sin dudas lo conseguirás, quizás el con el tiempo llegue a arrepentirse de no haber aceptado y eso les juegue en contra incluso en su relación, o que la relación de ustedes no funcione por esa decisión… no sé hija, yo en tu lugar, lo apoyaría para que acepte ese trabajo, puede ser su futuro, y como vos lo querés, supongo que querés lo mejor para él, pero ese es mi pensamiento Caro, el tuyo puede ser diferente, tan solo te doy mi parecer, no digo que así sea como debés pensar o actuar hija!
-Te entiendo mami, y yo lo vengo pensando así también, no puedo ser egoísta con él, es su futuro!
Esa noche, acostada en mi cama, luego de que Martín cenara en casa, me quedé pensando y tomé la decisión de hablar con él para que aceptara ese trabajo, si bien nos queríamos y nos llevábamos muy bien, mamá tenía razón, quizás el no aceptarlo, luego podría traer algún tipo de arrepentimiento y problemas en nuestra relación.
Sin dudas, que se fuera a vivir a Bahía Blanca me afectaba y mucho, separarme de él me dejaría hecha pelota, pero pensé que tenía que tener fe en el destino, si lo nuestro era de verdad, sin dudas nos volveríamos a juntar, quizás luego de un tiempo, ya recibida, podría buscar la forma de irme a trabajar a Bahía, o no sé… o quizás en un futuro Martín pueda volver y retomar lo nuestro, pero necesitaba hacerlo entender que sus posibilidades de futuro eran muy importantes, sobre todo sabiendo de dónde venimos, que nunca nada nos ha sido fácil, tanto a su familia como a la mía.
Con esos pensamientos, me quedé dormida.
El día siguiente no nos vimos, yo tenía que hacer un trabajo en grupo con dos compañeras.
Al día siguiente, un viernes, Martín pasó por casa a eso de las ocho, mamá lo invitó a cenar y luego de la cena, antes de que se fuera para su casa, le dije de salir a cenar al día siguiente, y quedamos de acuerdo en que me pasaba a buscar por casa a las ocho y media de la noche, ese día le tocaba de mañana.
Ese sábado aproveché para estudiar y adelantar algunas cosas de la facultad, así me quedaba el domingo libre.
Me di un baño, me cambié y para cuando Martín me pasó a buscar, ya estaba lista.
Fuimos a un restaurante modesto, pero en el que se come muy bien, nos sentamos, pedimos los platos y ya decidida, le dije:
-Tinchín, seguramente no has podido dejar de pensar en estos días, y yo también he estado pensando mucho!
-La verdad es que sí! No he podido dejar de hacerlo a cada momento, y te soy sincero, me cuesta la decisión!
-Ya lo sé, me pongo en tu lugar y a mí me pasaría lo mismo! Pero amor mío, he pensado que tenés que aceptar esa propuesta, es algo que te asegura un futuro promisorio, una oportunidad que no podés que dejar pasar, ¿quién puede asegurarte que vuelvas a tener una propuesta así nuevamente? Muy probablemente, si no aceptás, el gerente ya no vuelva a ofrecerte algo así otra vez!
-Así lo pienso también… pero…
-Sí amor, sé lo que te frena para tomar la decisión, y yo también siento eso! Pero hace unos días lo hablaba con mamá, y me dijo algo que me hizo pensar, quizás al no aceptar, puedas en algún momento arrepentirte de no haberlo hecho y que eso te juegue en contra, incluso en nuestra relación.
-También lo pensé Caro, las posibilidades y las consecuencias, también pensé que de no aceptar, quizás en algún momento lo lamente, que tan solo sirva para seguir donde estoy como un simple encargado, imaginando lo que podría haber sido…
-Lo sé mi amor! Por eso siento que tenés de tomar ese trabajo, y también pensé que esto tan solo puede ser un impase, un tiempo de forjarnos nuestro futuro y si el destino así lo quiere volveremos a estar juntos.
-Es lo único que quisiera! Sé que no puedo, como decía mi abuela, estar en misa y tocar la campana, que en esta vez, ambas cosas no se me pueden dar juntas!
-Es así Tincho! Es tu futuro y el de tu familia! Si todo sale bien, volveremos a estar juntos mi amor! Sé que nos vamos a extrañar, pero este tiempo nos servirá para enfocarnos en nuestro futuro, sobre todo el laboral! Tené fe mi amor! Todo va a salir bien! Ya vas a ver! ¿Quién te dice que dentro de un tiempo seas gerente de zona y vuelvas a Buenos Aires? ¿O que yo ya sea contadora y pueda trabajar en Bahía? Confiemos en nuestros destinos! La vida nos volverá a juntar! Ya vas a ver!
-¿Cómo no amarte Caro? Si sos un sol…
-Te amo mi cielo! Confiemos! Ya tendremos nuestra nueva oportunidad! Sé que así será!
Nos abrazamos y nos dimos un beso cargado de amor.
Luego de cenar, Martín me propuso ir a un hotel, ya que ambos vivíamos con nuestros padres aún y no teníamos un lugar los sábados en la noche.
Fue una noche hermosa, nos amamos en todos los sentidos, como tantas veces, pero esta vez, por más tiempo, no teníamos apuro.
Martín recorrió mi cuerpo con sus manos, con su boca, con su lengua, dándome un gran placer, sacándome varios orgasmos, antes de penetrarme.
Pasamos la noche en ese hotel, hicimos el amor tres veces, casi que no dormimos nada, pero no nos importó, valió la pena cada momento, cada beso, cada caricia, cada postura, cada eyaculación en mi interior, cada orgasmo que me sacó esa noche, que sin dudas nunca olvidaría.
Faltaba menos de un mes para que tuviera que viajar a Bahía Blanca para asumir su cargo y en una llamada telefónica, le comunicó al gerente que aceptaba el puesto.
Tuvo que viajar varias veces a Buenos Aires, para encontrarse con Ramón, y ponerse al tanto de lo que serían sus funciones y responsabilidades una vez allí.
El subgerente que se jubilaba, dejaría el departamento donde vivía, y podría ser ocupado por Martín, si al verlo le parecía bien.
Una semana antes de asumir el cargo, viajó con el gerente a Bahía, para conocer el lugar donde tendría que trabajar, una oficina céntrica, y conocer a quien reemplazaría, para que lo ponga al tanto de todo.
Fueron un lunes y volvieron el miércoles, y luego de conocer el departamento que dejaría ese hombre, Martin estuvo de acuerdo en vivir también él allí.
Esa última semana fue muy dura para mí, aunque hice lo posible para no mostrarme triste o bajoneada delante de él, no era cuestión de hacérselo más difícil aún.
Se estaba terminando septiembre, y era el último fin de semana que pasaríamos juntos, el lunes veintinueve ya se iba, para poder instalarse y comenzar el primero de octubre.
El viernes cenamos en casa y a eso de las once de la noche Martín se volvió para levantarse temprano y preparar sus cosas, pasar el día con su madre y luego volver a encontrarnos en la tardecita para cenar y pasar la noche juntos en un hotel, la última noche juntos.
Cenamos en un lindo restaurante, y a las once y media, nos fuimos para el hotel.
-Caro, amor mío, no pensemos esta noche en lo que pasará de aquí en más, disfrutemos de estar juntos hoy. Lo que me dijiste el otro día me hizo pensar, y tenés razón, este tiempo en que no estaremos juntos, será para asegurarnos un futuro y estoy seguro que la vida nos volverá a unir!
-Así lo siento Tinchito mío! Disfrutemos de esta noche!
Y si que la disfrutamos, entre besos nos fuimos quitando la ropa, ya desnudos los dos, nos recostamos en la amplia cama y nos besamos y acariciamos excitándonos.
Martín me besó y lamió las tetas y los pezones, como bien sabe él, son muy sensibles y me excita tremendamente que lo haga.
Mi primer orgasmo llegó por obra de su boca y su lengua, y luego le correspondí chupándosela un buen rato, hasta que me pidió que parara porque estaba al borde de la eyaculación.
Su cuerpo quedó sobre el mío, y lo sentí penetrarme hasta lo más profundo, y en pocas embestidas, le di mi segundo orgasmo.
Cambiamos un par de veces de posición, y mientras lo cabalgaba con mis manos apoyadas en su pecho, sentí su eyaculación en mi interior, explotando en un nuevo orgasmo.
Luego de eso, nos quedamos abrazados, acariciándonos y besándonos.
En otro momento, quizás nos hubiéramos quedado dormidos, pero creo que ambos queríamos que esa noche no se terminara.
Un rato después, mis caricias hicieron que Martín volviera a tener una erección, y ahí volvimos a empezar.
Fue casi una hora de darnos placer, tres nuevos orgasmos le di antes de que volviera a eyacular en mi interior.
Exhaustos los dos, nos quedamos abrazados acariciándonos antes de quedarnos dormidos, cerca de las cuatro de la mañana.
Martín había puesto la alarma de su teléfono a las ocho de la mañana, para darnos un baño y dejar la habitación a las diez.
Ya en la ducha, entre besos y caricias, lo hicimos por última vez, aunque no fue una sesión muy extensa, pensando en que sería la última, hasta vaya a saber cuánto tiempo, fue muy especial para mí, bueno…, creo que para los dos.
Dejamos el hotel, paseamos un rato y luego almorzamos en una parrilla, antes de que Martín volviera a su casa, a ultimar los detalles que faltaban para su partida al día siguiente, y pasar la tarde con su madre.
De camino a su casa, fuimos hablando de nosotros.
-Tinchito, sé que no será fácil la despedida para ninguno de los dos, pero me gustaría que no lo pensemos como un adiós, que sea tan solo un hasta pronto! Y necesitaba decirte algo que he estado pensando!
-Yo también necesito decirte algo!
-No podemos saber cuánto tiempo estaremos sin vernos y soy totalmente consciente que somos jóvenes y que seguramente tendremos nuestras necesidades…
-Justo eso quería decirte Caro, estaremos muy lejos y pienso que quizás otra persona pueda aparecer en tu vida, y si es así, no quisiera que lo dejes pasar, lo único que me importa es que puedas ser feliz!
-Vos también corazón! Sé que puede aparecer otra mujer, y si es así, si te sentís bien con esa mujer, no te lo niegues! Sos un buen chico, con un corazón enorme! Y sé que puede suceder, pero quiero que sepas que pase lo que pase, siempre estarás en mi corazón!
-Y vos en el mío! Siempre!
Hasta Bahía Blanca, iría en una de las camionetas de la empresa, que vendría desde Buenos Aires, donde llevaría sus cosas personales, ya que la casa donde viviría, estaba completamente amueblada.
Saldrían ese lunes a eso de las diez de la mañana para llegar por la tarde a Bahía.
Ese lunes falté a la facu y me fui temprano a casa de Martín, llegué a eso de las ocho y media, nos tomamos unos mates con Mirta, que estaba con cara triste también, pero Martín le decía que ni bien se acomode, buscaría un lugar para que ella también se fuera para allá.
A las nueve y media llegó la camioneta, Martín cargó algunas cajas, bolsas con su ropa y un bolso.
Se despidió de su madre, quien no paraba de llorar y luego nos despedimos nosotros.
Nos abrazamos, yo no quería llorar pero no lo pude evitar.
-Mucha suerte mi amor! Sé que te irá muy bien mi Tinchito!
-Te amo Caro! Por favor no llores! Es tan solo un hasta pronto!
-Si mi amor! Hasta pronto! Cuando menos lo esperemos, nos volveremos a ver! Te amo! Sé feliz mi vida!
-Vos también! Y que te recibas pronto!
Nos dimos un último beso, un abrazo muy apretado y se subió a la camioneta, también con lágrimas en sus ojos.
Lo vi alejarse rumbo a Bahía Blanca, alejarse de mi lado, deseando que no fuera para siempre, deseando que tenga el mejor futuro, aunque en el fondo, sabía que esa podría ser una despedida definitiva, solo el tiempo lo dirá…
Continuará…
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