Encuentro
La incertidumbre de cada encuentro se disipa en el primer roce de labios. Lo que empieza como una comida tranquila se transforma en una carrera contra el tiempo para llegar a su casa, donde la discreción deja paso a la pasión desenfrenada.
Habíamos quedado para comer. Toda la mañana había estado sintiendo esa desazón que no te deja estar tranquilo por un momento. Esos nervios que vienen de la incertidumbre de saber el ánimo en que se encontraría. No era la primera vez, ni mucho menos, pero nunca llegó a tener la seguridad de cada encuentro. Cuando la vio, sus ganas aumentaron y durante la comida no paró de observar sus labios, los movimientos al comer o beber, la manera en que se pasaba la lengua entre ellos durante la comida. Tenía un pecho generoso, y encontraba difícil no llevar la vista a ellos. El movimiento natural que tenían con su respirar lo alteraba en gran medida. Todo en ella le causaba gran excitación, las cosas naturales o sencillas que veía en ella.
La comida le pareció eterna y no encontraba el momento de levantarse de la mesa. El viejo truco de compartir el postre para que la cosa no se alargara mucho ayudó un poco, pero el momento en que ambos rechazaron el café que amablemente les ofreció la camarera empezó a tranquilizarle un poco. La propuesta de tomarlo en su casa fue aceptada con naturalidad lo cual también ayudó a calmarle.
La conversación era fluida en todo momento, y trató de no perder el hilo mientras ponía cucharaditas de café en la cafetera. Poco después un delicioso olor comenzó a emanar de la cafetera y enseguida estaban en el sofá con las tazas entre las manos.
La distancia entre ellos era corta y su perfume le jugó otra mala pasada, recuperando parte del nerviosismo anterior. Acabado el café se acercó un poco más a ella y rozó sus labios con los suyos. Lo siguiente fue sentir la cálida humedad de su lengua con la que comenzó a jugar. Se abrazaron hasta anular la distancia entre ellos y él no pudo mantener sus manos quietas ni un momento más. Chupaba su lengua y mordía sus labios mientras sus manos recorrían la espalda y el costado, rozando en ocasiones sus pechos, que lo esperaban con ansia. No tardó en encontrar un hueco en su blusa por el que pasó su mano para acariciar el sujetador, sin poder impedir la atracción de su pezón. Estaba duro y podía jugar con él a placer. No paraban de besarse y las caricias eran cada vez más intensas, dejando de lado las sutilezas. Metió su mano por dentro del sujetador, por la parte superior y comenzó a pellizcar el pezón duro, que lo recibió con alegría. Consiguió sacar el pecho fuera sin esfuerzo y su respiración se aceleró.
A partir de ahí solo quedaba ofrecer sus cuerpos. Ella disfrutaba del sexo y nunca mostró ningún recato. Estaba excitada y le deseaba así que más abrió la bragueta del pantalón y liberó su polla del calzoncillo. Se la metió en la boca con las mismas ganas que él tenía y empezó a mamarla con atención. Él acariciaba su cabello y metía la mano entre sus rizos, mientras que ella chupaba su polla gozando con su sabor. Estaba totalmente cachonda y no paraba de imaginarla dentro de su coño mojado y caliente.
Él como pudo se fue liberando de la ropa y después de disfrutar un rato más de la mamada le pidió probar sus caldos. Le bajó las bragas y con ella tendida de espaldas y las piernas bien abiertas acercó su boca a su sexo, quedó prendado de su olor. Mordió sus labios y jugó con ellos, pasó su lengua y saboreó cada rincón, hasta llegar a su clítoris, caliente y erecto. Jugó con él, lo lamió y chupó y ella tubo su primer orgasmo. Él sabía que era el primero de una larga serie, su capacidad de gozar nunca dejó de sorprenderle. Era capaz de correrse una y otra vez lo cual a él también le llenaba de placer.
Se fueron a la habitación para estar más cómodos en la cama, él se tumbó de espaldas y le pidió seguir con un 69. Ambos disfrutaban de ese juego. Ella encima con las piernas bien abiertas y él abrazándola para no perder ningún rincón de su sexo. Lo lamía y relamía, acercando su mano hasta su culo con el que también empezó a jugar. Sin dejar de comerle el coño recorría con un dedo los alrededores de su ano, tanteando en ocasiones su agujero, aún sin lubricar. A veces metía un poquito la yema de su dedo mientras mordía los labios de su coño, como un juego más. Su polla era el centro de atención de ella, pero la pericia de él le hizo llegar pronto a otro orgasmo. Su boca le llenó de jugos que saboreó a placer.
Cambiaron de postura, él quería hacerle gozar aún más y sabía cómo hacerlo. Con su coño bien lubricado no le costó nada meter primero un dedo y luego dos. Empezó a bombearle y ella encadenó varios orgasmos más, empezando a chorrear. Él sabía de su capacidad para hacerlo y siempre disfrutó de su goce. El líquido que manaba de su sexo era diferente al que había probado primero pero siempre disfrutó de él.
Recuperada del momento él se tumbó boca arriba y el pidió que le montara. Sabedor del placer que a ella le causaba, comenzaron a follar como locos, con un vaivén brutal que le llevó a ella a un nuevo orgasmo. Él aguantó un poco más, pero pronto empezó a llenarle de leche en un profundo orgasmo que ella también acompaño.
Quedaron rendidos uno junto al otro, dándose calor, calmándose, satisfechos.
A la espera del siguiente encuentro.
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
Las vueltas de la vida (1)
Carolina siempre supo que Martín era diferente, pero nunca imaginó que el amor los pondría a prueba con setecientos kilómetros de distancia.
Comparte:Relacion clandestinaAmor apasionadoSumision como liberacion
- Hetero: Infidelidad
Toda la culpa la tuvo un café, os sigo contando
Rosa creía que su vida matrimonial era perfecta, hasta que un café y una cena con Josu encendieron una chispa prohibida.
Comparte:Relacion clandestinaAmor apasionadoDeseo reprimido
- Hetero: General
No tengo novio
Cada vez que Juliana rompe con su novio, él recibe un mensaje que lo lleva a su puerta. Esta vez, la espera terminó y la puerta se abre para una…
Comparte:Amor apasionadoRelacion clandestinaDeseo reprimido
- Hetero: Infidelidad
Encuentro furtivo
La oscuridad del estacionamiento esconde secretos que no pueden ser nombrados. Él llega, ella espera, y en la intimidad del auto se permite un…
Comparte:Amor apasionadoRelacion clandestinaSoledad y deseo
- Hetero: General
La ultima Cena
La invitación a cenar era solo la excusa; ella ya sabía que esa noche no se iría sola. Con el vino haciendo efecto y el deseo mutuo hirviendo bajo la…
Comparte:Amor apasionadoRelacion clandestinaDeseo reprimido
- Hetero: General
Sexo casual con un pequeño platónico
Llevó años soñando con ese momento, pero cuando por fin la tuvo entre sus brazos, la realidad golpeó más fuerte que el placer.
Comparte:Amor apasionadoRelacion clandestinaDeseo reprimido