Mi amiga Ana
Llevaban años mirándose sin decir nada. Esta noche, el silencio se rompe con un toque en el muslo y la decisión de no volver a contenerse.
Ana
Nos conocimos cuando ella tenía 18 y yo 20. Mi grupo de amigos y el suyo coincidíamos todos los fines de semana saliendo por los mismos sitios de la ciudad, así que al final todos nos acabamos haciendo amigos.
Ella y yo congeniamos muy bien desde el principio, con mucha complicidad, y la verdad es que me atraía mucho, aunque ella ya tenía novio (su novio de toda la vida, desde los 15), y además yo veía que ella estaba fuera de mi alcance.
Ella es morena, bajita, 1m60, media melena, unos increíbles ojos verdes, piel blanca, guapa de cara y un cuerpo que no llama la atención pero que está bien, tirando a delgada, con una 90 de pecho y unas bonitas caderas… lo dicho, una chica normal, pero que cuando la conoces, lo que más destaca de ella es su forma de ser, siempre amable, alegre y cariñosa…
Esto pasó cuando yo tenía 30 y ella 28. Éramos muy buenos amigos, pero nada más. Por aquella época ella estaba pasando una de sus habituales crisis con su novio de toda la vida.
La llevaba a casa un sábado noche después de salir. De camino a su casa me iba contando los problemas que tenía con su novio, que estaba pensando seriamente en dejarlo, pero que después de tantos años le costaba mucho etc etc…
Aparqué el coche en el camino de entrada a su casa y nos quedamos hablando un rato. Ella me empieza a decir que necesitaba otro tipo de hombre, alguien que la escuche y que piense más en ella… juro que no lo vi venir. De pronto ella puso su mano sobre mi muslo, cerca de mi entrepierna… me pilló tan de sorpresa que hasta di un pequeño salto de sorpresa al notar su mano tan cerca de mi polla… a ella le dio la risa, y me preguntó que qué me pasaba, mirándome con una sonrisa y con cara de no haber roto un plato…
Yo no dije nada. No me lo podía creer. La miré fijamente a los ojos y sin decir nada, me fui a por ella y empezamos a besarnos, a comernos las bocas… mientras nos besamos su mano empezó a acariciar mi polla empalmada por encima del pantalón, dándome permiso para hacer yo lo mismo… puse mi mano sobre su muslo. Era verano y llevaba puesto un vestido corto que me facilitaba el acceso, así que subí hacia su coño, acariciándolo por encima de sus bragas. Ahí lo noté. Estaba muy mojada, incluso por encima de sus bragas se podía notar. Ella abrió un poco sus piernas dándome total acceso, así que aparté sus bragas hacia un lado y acaricié su coño mojado… ella empezó a gemir mientras nos seguíamos besando. Frotaba su coño mojado, y dejé de besarla para besar su cuello… ella gemía de placer… de pronto yo paré, la miré fijamente y le dije “quítate las bragas que te voy a follar”. Ella asintió con la cabeza, y se quitó las bragas mientras yo me bajaba el pantalón y liberaba mi polla empalmada que estaba deseando salir…
Tumbé el asiento en el que ella estaba y me puse encima de ella. Abrió sus piernas y me dejó ver su coño mojado, con algo de pelo pero recortado. No podía esperar más, acaricié mi polla por su coño para mojarla un poco y sin más se la metí por completo… los dos dimos un gemido de placer… que sensación… su coño estaba mojado, caliente, y apretaba mi polla de una manera increíble… empecé a follarla, sin contemplaciones, era puro sexo, los dos gemíamos de placer… en pocos minutos, ella me dijo “no pares, me voy a correr” lo que hizo que me calentara aún más y empezara a embestirla con todas mis fuerzas… ella cruzó sus piernas sobre mi espalda, me apretó aún más hacia ella, y dando un profundo gemido y arqueando un poco su espalda, se corrió entre grandes gemidos… paré un momento para que disfrutara y se recuperara… respiraba muy rápido, entrecortado, con unos ligeros temblores… se notaba que el orgasmo fue muy intenso… los dos estábamos sudando… me senté en mi asiento y la miré mientras se recuperaba… me miró y me sonrió… miró mi polla, todavía dura y mojada por sus jugos, y me dijo “eso no puede quedar así”. Se incorporó hacia mí y empezó a chuparla…
Que placer sentir su boca y su lengua alrededor de mi polla… casi me corro, pero yo quería más… no sabía si tendría otra oportunidad de estar con ella, tenía que aprovechar cada momento.
Le pedí que parara, ella me miró extrañada, y yo le dije “vamos al asiento de atrás. Quiero que me folles”. Ella asintió. Nos pasamos al asiento trasero. Me senté en medio y ella se puso encima de mí, mirándonos cara a cara. Estábamos sudando. Nos miramos, nos besamos y en ese momento ella cogió mi polla con su mano, la acercó a su coño, y la metió de una sentada…
Otra vez… húmedo, caliente, apretado… que placer…Empezó a follarme, a cabalgar sobre mi polla con todas sus ganas… estaba en la gloria, no me lo podía creer… que placer… mis manos en su cadera marcando el ritmo, besándonos, gimiendo… entonces me acordé de sus tetas, aún atrapadas en su vestido… subí mis manos a su espalda y bajé la cremallera, para luego bajar la parte superior de su vestido y quedar ella en sujetador, el cual quité tan rápido como pude y vi por primera vez sus tetas… el tamaño perfecto, y los pezones súper duros… empecé a chuparlos, a mordisquearlos, a estrujarlos con mis manos… eso a ella la puso aún más a cien… empezó a cabalgarme más rápido y más fuerte, y yo ya estaba a punto de correrme. Se lo dije “si sigues así me voy a correr”… ella me miró a los ojos y me dijo “yo también estoy apunto. Puedes correrte dentro, no hay problema” eso me puso aún más a cien, si es que era posible… la agarré por las caderas y empezó la cabalgada hacia el orgasmo… en el momento que bajó sobre mi polla gimiendo de placer y arqueando su espalda por su orgasmo, yo hice lo mismo y me corrí dentro de ella, soltando chorros y chorros de mi leche…
Menuda corrida… nos abrazamos y besamos, los dos sudando y jadeando… mi polla todavía dentro de su coño… después de un rato y de recuperarnos, ella se levantó, y pude ver como mi corrida goteaba de su coño mojado…
Nos sentamos uno al lado del otro sin decir nada, nos besamos, nos acariciamos… nos vestimos, ella me miró, me sonrió, me besó y se bajó del coche. Aún puedo verla. Con el vestido arrugado y el pelo alborotado… caminando hacia su casa, se da la vuelta y me dice “mañana te llamo”. Y se va corriendo a casa.
Me quedo en el coche, pensando en todo lo que acaba de pasar. Miro el reloj. Habían pasado unos 30 minutos desde que llegamos. Sonrío para mí, aún no me creo lo que ha pasado. Arranco el coche, y entonces me doy cuenta de que no se ve nada por los cristales, totalmente empañados… consecuencia de uno de los mejores polvos de mi vida… me voy esperando que me llame mañana y pensando en que pasará…
Continuará…
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