Xtories

A la caza de un amante

Alina sabe exactamente cómo romper la resistencia de un hombre casado y aburrido. Entre chapuzones en la playa y miradas furtivas, la tensión se hace insoportable. Pero el verdadero juego comienza cuando cruza el umbral de su taller, con los niños jugando a dos puertas y la tentación de follar contra la mesa de trabajo más fuerte que la culpa.

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Por petición de varios lectores, detallaremos una de las experiencias infieles, referente al relato “Amante”, sobre cómo Alina escoge a sus parejas sexuales

Hemos de remontarnos a casi dos años, no recordaba la fecha exacta pero era verano y jornada intensiva en el cole; Alina tendría por entonces treinta y nueve años, casi cuarenta, y su hija tres. Tenía horario de mañana, compaginado con Manuel, aunque casi siempre su madre recogía a la niña del colegio, se la llevaba a casa y le daba de comer a la espera que ella llegara.

Como muchas tardes de verano Alina comió en un bar cerca del trabajo, recogió a su hija de casa de sus padres y tras hacer una pequeña mochilita con toallas y ropa de recambio que siempre dejaba con los abuelos, planeaba llevársela a la playa un rato.

De camino a la estación se encontraron con Jan, un amiguito suyo de la escuela, y su padre Lorenzo. Él tenía cuarenta y tres años, era carpintero. Alto, algo más que Manuel, de brazos y pecho anchos, barba gris de lo canosa que la tenía y el pelo negro también clareado por manchas blancas incipientes a los costados. Muchas veces se quedaban junto a otros padres en el parque vigilando a los niños jugar, y lo tenía visto desde que entró a la guardería.

- Vamos un rato a la playa- Le respondió cuando Jan con esa vocecita inocente preguntaba dónde iban

- ¡Papa yo quiero ir!- Le decía

- Es muy tarde y tenemos que hacer cosas; he de pasar por el taller, la cena, que luego viene la mama…- Dijo el hombre con voz melosa y dulce

- Dame un bañador, chanclas y una toalla y que se venga conmigo.

- ¡No mujer! ¡No quiero molestar!- Sus ojos brillaban ante la oferta que le liberaría un rato, y seguramente le viniese como anillo al dedo por las ojeras y las manchas de sudor en la camiseta gris que llevaba.

- No es molestia, yo voy a ir, me da igual uno que dos, y volveremos pronto, antes de las siete y media estamos aquí.

Lorenzo aceptó; como estaban cerca de su portal subió raudo y le bajó una mochilita con lo que le había pedido

- Muchas gracias. Ya tienes mi número del WhatsApp, cualquier cosa me dices. Estaré en el taller, aquí a la izquierda

Alina se fue con los niños contentos. Llegaron a la playa, se dieron sus buenos chapuzones y ella se hinchó a ver culos y paquetes de tíos fibrados. Lo bueno de dos niños juntos es que juegan entre ellos y no te molestan, por lo que pudo hasta leer tranquila.

Mandó un WhatsApp a Lorenzo cuando llegaban a la estación de vuelta, y le acercó al crío hasta el portal. El hombre, muy agradecido, le dijo que a la próxima se apuntaba, que la semana entrante tenía menos carga y si iban, le avisase.

Así hizo; quedaron el lunes para ir a la playa los cuatro. Iba muy veraniego y ya en bañador pirata, con una camiseta blanca de tirantes. Ella, en bikini, un pantaloncito corto suelto rosa y también camiseta, una de las de estar por casa.

Por el camino conversaron de temas triviales; cole, familia, deberes, trabajo. Ya en la playa dejaron a los niños embadurnados y también, por turnos, se fueron dando chapuzones. Luego a la sombra se comieron un helado los cuatro

Alina pudo contemplar a aquel macho, algo mayor que ella, con una mata de pelo entre los pechos, y un bulto ladeado en el bañador remarcado porque estaba mojado. Estaba que ardía

Él disimulaba muy mal el no mirarle el escote que le dejaba el bikini, puesto a propósito por ser provocativo. Como lo tenía mojado no se puso la camiseta e iba enseñando carne y marcando pezones, tampoco nada raro en aquella época; no era la única pero sí la más voluptuosa del vagón.

De vuelta a casa, en el tren, varios hombres la miraban sin contemplaciones

- ¿no te pones la camiseta?- Preguntó

- No, ¿Por?- Respondió cogiendo a la niña de la mano para que no se cayese. Jan estaba agarrado a su hija

- Porque estás dando el espectáculo- Le dijo rojo- Ese hombre parece que te quiera comer.

- Que disfrute, no me incomoda.

Al día siguiente también fueron. Poco a poco se iban conociendo mejor

- Dame, ya te echo crema yo- Le dijo Alina al verlo intentar echarse en la espalda, quemada del día anterior. Le cogió el bote de crema, se embadurnó las manos y le frotó la espalda.- ¿Me echas a mí?- Le pidió tumbándose en la toalla.

El hombre se puso de rodillas a su lado y le tiró un chorro de crema en la espalda, y poco a poco se la extendió con las manos sin hacer presión, muy tímidamente se acercaba a los costados llegando al borde de las tetas. Alina se soltó el bikini para que pudiera extenderlo bien. Notaba sus manos lentamente acercarse por ambos costados, muy poco a poco avanzando como pidiendo permiso, hacia sus pechos chafados contra la toalla. Después bajó.

Cuando llegó a la parte de abajo se detuvo contemplando su gran trasero tapado por la tela azul. “Las piernas por favor” Le pidió con los ojos cerrados. También se las embadurnó hasta el borde de la tela.

Alina abrió los ojos y pudo ver que el hombre estaba empalmado, casi se le salía por una pernera, de rodillas como estaba. “Mmmm….”

Echó las manos a sus nalgas y tirando de los costados de la tela se descubrió los cachetes un poco

- Echa ahí que no quiero quemarme

- Si me ve mi mujer me mata- Dijo buscando con la vista a su hijo, que estaba haciendo castillos de arena

- Bueno, pues ya me echo yo- Respondió indignada Alina, como si no le hubiera pedido nada raro

- No, no….ya voy, ya…- Echó un poco más de crema y frotó las nalgas de Alina, evitando acercarse a la raja bien tapada

Estaba muy nervioso y no quiso quemarlo, así que cuando cumplió, sonriendo, se incorporó y sentó a su lado. Él se tapaba con disimulo la erección. Ella cogió más crema y se la extendió por delante de las piernas, brazos, estómago y pechos, metiéndose por el canalillo

- ¿Vienes a bañarte?

- No, mejor me quedo vigilando a los pequeños

- Déjalos, están entretenidos

- Tira, tira tú, luego iré yo

Alina se fue a bañar riéndose. Pensaba cómo seducirlo, cómo jugar con él como hace con los hombres. “Mejor ser directa” Pensó tras sacar la cabeza del agua, viéndolo aún tenso a la lejanía.

- ¿Estás bien? – Preguntó secándose el pelo con una pequeña toalla y sentándose a su lado

- Sí, todo bien

- ¿Alguna guapetona?

- ¿Cómo?

- Que si has visto a alguna guapetona…

- No mujer. –Respondió firme.- Estoy casado

- ¿Y no puedes mirar o qué?

Ambos rieron, él cabizbajo

- Yo me pongo tibia a mirar tíos

- Y a Manuel ¿no le molesta?

- Si no se entera- Omitió el detalle de que son pareja abierta.

- Yo mejor ni miro, vaya a ser que explote.

Alina le preguntó por qué. El hombre, sincero y relajado, con ganas de soltarse, le explicó largo y tendido que Sofía, su mujer, desde que parió había bajado mucho el lívido. Además, Jan, su hijo, solía dormir con ellos, y las veces que lo dejaban en su habitación se despertaba cada poco tiempo.

- No sé por qué te cuento esto, te estaré dando la tarde- Dijo en parte apenado

- A veces va bien despotricar de la pareja, para eso se inventaron los amigos

Rieron a carcajadas.

- Yo quiero mucho a Sofía. Y no hablo mal de ella nunca, es muy buena mujer y madre. Solo que estamos pasando un momento complicado de pareja.

- Ya, los niños son duros. Yo la mando a la habitación y al lío. Si tienes que esperar a la noche o a un buen momento, nunca lo harías.

- Sí, será eso…pero ni una triste mamada

Allí acabó la conversación. Los niños vinieron llorando porque se habían enfadado; Jan había roto el castillo a propósito. Dieron por acabada la tarde de playa

Aquella semana fueron todas las tardes a la playa. El echarse crema mutuamente se convirtió en su ritual pícaro, y las charlas de pareja subieron al nivel sexo, descubriendo que Alina era muy propensa a mantener relaciones sexuales en todas las formas y posiciones, y que Lorenzo era más tradicional. Ya ni se ocultaba la erección cuando le echaba crema. “Chico, que no pasa nada, le llega sangre y se pone así. Además, es un halago” Le dijo una vez dejándolo sin palabras.

Llegó el viernes; Alina estaba muy cachonda. Plantaron sombrilla, estiraron las toallas y se echó, dándole la crema y liberando la parte de arriba. “A ver cómo va la cosa” Pensó al notar las manos en su espalda. Los niños correteaban por la arena jugando al pilla pilla.

- Mmm…que a gustito…-Le dijo al notar las friegas en los hombros

- Es que estás muy tensa. ¿Mucho lío en el trabajo?

- Qué va- Se agarró la tela tapándose los pechos y se incorporó un poco para susurrarle.- Es que hoy ando cachonda perdida.- “Toma….a ver qué tal.”

- Je je- Sonrió aunque no se lo esperaba- Cuando llegues a casa vas a poner a Manuel contento.

- Hoy vendrá tarde, tendré que hacer un solitario- Soltó volviendo a echarse.

- Ese es mi día a día- Dijo resignado

Las manos llegaron como otras veces al borde de los pechos, y cuando los rozó se mordió el labio para que viese su reacción. Abrió un poco el ojo, estaba duro como las piedras.

- Tú también estás tenso.- Le acarició la rodilla mirándole el paquete.

Él se quedó unos segundos como una estatua hasta que Alina dejó de tocarlo y volvió a cerrar los ojos. Esta vez se tiró tanto del bañador que parecía un tanga, con la esperanza que la manosease bien. Lorenzo, con sumo tiento, no perdió oportunidad. “¡Cómo me pone cazar!”

Manoseaba toda la zona, echando más crema de lo habitual. Alina abrió las piernas notando los dedos en los muslos. Tiró más de la tela metiéndola en su raja y dejando los bordes al descubierto. Abrió un ojo, se volvió a morder el labio y a relamerse. Lorenzo se detuvo, estaba en shock. “¡Tócame!” Le pedía con la mirada.

Él echo la vista atrás, los niños entretenidos. También miró alrededor, que no hubiera nadie cotilleando. Luego miró el culo, tenía cara de indeciso.

Los dedos estaban temblorosos cuando continuó echando crema, cada vez más cerca de su vagina, estremeciéndose al contacto donde se une el muslo con el torso. Exageraba sus sensaciones para que Lorenzo se creciera.

- Lo mismo sale algún pelillo…-Susurró

- ¿No te depilas?- Preguntó tímido

- Me lo recorto. ¿Sofía?

- Ella se hizo una “brasileña”.- En ningún momento dejó de rozarle las carnes. Alina estaría roja de cachonda

- Ah, ¿Y te gusta más con o sin pelo?

No llegó a responder porque los niños vinieron con el cubo de arena lleno de agua y se lo tiraron por la espalda a Lorenzo, mojándola también a ella.

- ¡Me cago en….!- Alina se incorporó tapándose con un escalofrío por el cambio de temperatura. Lorenzo se quedó tiritando inmóvil con los ojos como platos. Los niños reían hasta la saciedad, y una vez pasado el primer impacto de mala baba ambos progenitores también sonrieron por la trastada.- ¡Os voy a cortar las orejas!- Les dijo sonriendo Alina, atándose el bikini y ajustándose el culo, para después perseguirlos por media playa.

Lorenzo se puso a recoger.

- Me han llamado, tengo que ir tirando que necesitan unos planos para mañana- Le dijo metiendo la toalla de su hijo en la mochila

- Ya me quedo yo con Jan si quieres

- No, da igual, ya es tarde

No replicó. También se puso a recoger y a vociferar a los niños que vinieran a limpiarse los pies.

De vuelta, en el tren, tuvieron que quedarse de pie porque estaba muy lleno. Lorenzo estaba casi pegado a su trasero. Alina se rozaba el cuello con la mano que no usaba para sujetarse, imaginando al hombre empujándola contra la puerta del tren y metiéndosela desde atrás sin miramientos, con toda la gente del vagón observando. “¡Qué perra estoy!”. En uno de los traqueteos notó el bulto morcillón en las nalgas, se giró sonriéndole, estaba rojo como un tomate y su mirada decía “lo siento”

- Jan, tu y yo nos quedamos en el taller que he de hacer una cosa…- Le dijo cuando llegaron a la esquina de una calle peatonal, donde estaba el taller de Lorenzo, cerrado por una valla metálica lacada en blanco que dejaba ver el escaparate, repleto fotos de muebles y suelos de parqué que había hecho.

- ¿Queréis verlo?- el pequeño se agarró a la valla.- Tengo muchos colores y papeles graaaaaaaaandes para pintar

- Tendrán prisa- Añadió Lorenzo turbado- Otro día mejor.

- ¡Mama! ¡Yo quiero verlo!- Le dijo su hija a Alina

- Nosotras no tenemos prisa pero no queremos molestar.- Lorenzo ya estaba abriendo la valla y mirando con recriminación a su hijo

- Venga, pasad.- Les dejó entrar y cerró la valla tras ellos. Los niños corrieron por el interior- ¡No rompáis nada!- Les chilló

- En serio, no queremos molestar- Volvió a decir Alina

- No, si molestar no molestáis….

- ¿Entonces?- Supo que algo le carcomía- ¿Qué pasa?

- Nada, que vayan a pensar cosas raras al vernos entrar…-Dijo cabizbajo, rojo y avergonzado, entrando en la primera estancia, repleta de planos de trabajos manuales

- ¡Qué dices! ¡Si hemos venido con los niños! Por cierto ¿Dónde están?

- Se habrán ido al fondo, tengo un despacho donde mi hijo se pone a pintar cuando se viene y así no me molesta

Siguió a Lorenzo. Entre máquinas de corte, sierras, caladoras y otras herramientas para manipular la madera había una mesa con varios papeles. Llamó a uno de sus trabajadores y puso el altavoz. El interlocutor le daba datos y medidas y él, con lápiz, escuadra y cartabón, con un compás y una regla ajustaba las medidas en el plano enfocado por una luz blanca pura, haciéndole preguntas. Alina estaba absorta viéndole trabajar tan concentrado. Acabó con un “Te lo dejo en tu mesa”

- Ya está, es un comedor a medida.- Le enseñó el plano pero para ella como si le enseñaba un garabato.

Le siguió a la salita anexa y dejó el papel encima de una mesa. Miró a su derecha, había unos ordenadores. Movió el ratón, clicó en uno de los recuadros de las cámaras de seguridad y en la pantalla aparecieron sus hijos pintando en una lámina de gran tamaño.

- Se les ve entretenidos.- Dijo ella

- Sí, le gusta mucho dibujar y pintar, como a su padre- Le señaló su mesa de trabajo individual, donde hacía los bocetos, también llena de utensilios de dibujo- Por mí ya podemos irnos, tendrás ganas de llegar a casa.

- Beh, no tengo prisa- Respondió Alina indiferente mirando a todos lados curiosa- La cena está hecha y sólo me falta ducharme para quitar la sal y bañar a ésta, y ya te dije que Manuel vendrá tarde

- Ah….sí…lo del solitario. Bueno, el remojón te habrá bajado la “tensión”, jeje.

- No creas…- Lo miró con intensidad- Y tú también sigues tenso

Lorenzo trasteó cosas de la mesa de su compañero evitando mirarla y girando su posición para que no le viera el bulto. Alina puso cara de mala, mordiéndose el labio, se le acercó poco a poco, podía oír su corazón palpitar. Le cogió del mentón e hizo que la mirara, ella con su cara más zorra.

- ¿Te pasa algo?

- Me…me pones nervioso- Se sinceró

- Ya lo noto- Le acarició el paquete con dos dedos repasando la polla por encima del bañador

Él la separó dejándola intrigada. Cerró los ojos, alzó la zurda y giró el anillo de casado con el pulgar

- Estoy casado- Susurró mirándola y relamiéndose los labios secos.

Alina, en respuesta, le cogió la mano y se llevó el dedo anular a la boca sorbiéndolo como una buena puta mirándolo fijamente a los ojos. “Me importa un pimiento”.

Tiró de él hacia su mesa hasta que su trasero golpeó con ella.

- No...me hagas...esto, por favor- Suplicó aquel macho con cuerpo fornido como una damita- Quiero a Sofía

- Casi mejor- Le dijo sacándose el dedo de la boca - No quiero líos, sólo el tiempo en que estos juegan- Señaló con el mentón la pantalla que él también miró antes de volver a clavar la vista en ella

- ¡Qué coño!- Dijo ya decidido, después del debate interno, besándola con lujuria unos segundos

Paró de comerle la boca sólo para quitarse la camiseta. Ella se lanzó a morderle el cuello y a enredar sus dedos en la mata de pelo del pecho. Ágil le desató la cuerda del bañador negro y metió la mano dentro agarrándosela y pajeándolo, midiéndole la polla con la mano. “Mmm…es grande…y gorda”

Se agachó entre él y la mesa, bajándole el pantalón hasta descubrir la polla y huevos, dejándoselo a media rodilla. “Grande, gorda y peluda” Pensó babeando antes de metérsela en la boca. Estaba salada del agua marina.

Él le sujetaba la cabeza por el pelo y le acompañaba los movimientos. De vez en cuando miraba la pantalla. Ella se la chupaba mirando sus reacciones, estaba nervioso por lo que hacía y por los críos que a tanta distancia no podía oír. Se miró el reloj. “No llevamos ni dos minutos…tranquilo”. Le sorbió el capullo masajeándole los testículos, cosa que le hizo volver a centrarse en la mamada.

“Te voy a sorber el alma” Se dijo Alina chupando con ansia, haciendo el vacío para darle más placer. Notó que se ponía muy dura al atraer más sangre y de repente comenzó a boquear y farfullar, temblándole las piernas. En su boca, un sabor más salado y agrio, denso. Se dejó la punta dentro y agitó el tronco con rapidez hasta que dejó de salir.

Con disimulo y pocos escrúpulos escupió lo que le dejó en la boca a su lado. “Luego lo limpio”. Le miró, se limpió la boca con el dedo gordo y se puso en pie. “Esto no ha acabado” Decía su mirada.

Alina se quitó su camiseta y volvieron a besarse. Lorenzo le acariciaba estómago y poco a poco fue subiendo a las tetas. Se sentó y abrazada a él se tumbó encima de la mesa.

Él estaba desatado, comiéndole el cuello y apretujando los pechos encima del bikini, bajándolo para descubrirlos y poder chuparlos. Alina se incorporó una centésima de segundo para tirar de la cuerda, soltándolo y echándolo encima de la mesa, tirando al suelo varios trastos. Dejó que se las comiera un minuto y disfrutase de sus globos.

Cuando se hartó de que le comiera las tetas lo apartó; estaba eufórico de ansia reprimida. Puso los pies encima de la mesa, tirando aún más cachivaches, levantó el culo y se bajó el pantalón y la parte inferior del bikini. Se abrió de piernas y se cogió de las rodillas para enseñarle su coño; Lorenzo ignoró el cenicero que cayó haciéndose añicos, sólo tenía ojos para su vagina.

Puso las manos al lado de las de Alina y hundió la cabeza entre las piernas. Se estremeció al notar la lengua colándose en su raja, lamiendo desde abajo hasta el clítoris, dándole vueltas y lametones rápidos

- Ah…sí…oh…-Gemía, soltándose las piernas ya abiertas por él para cogerle del pelo- ¡Chupa! ¡No pares! ¡Cómemelo!- Decía entre bufidos corriéndose en su boca como él hizo hacía unos minutos

Quería que la follara, y él, al verlo incorporarse, también tenía ganas de darle rabo; lo malo era que la mesa estaba muy alta.

Se bajó de ella mirando un segundo la pantalla, los niños seguían en el despacho pintando. Él la miró de arriba abajo babeando y se lanzó a comerle las tetas de nuevo; cogía una, chupaba la otra, y alternaba. Alina se agarró a la polla, de nuevo dura, y se la pajeó unas cuantas veces.

Volvió a mirar la pantalla, los chicos se estaban intentando quitar algo de las manos. “No aguantarán mucho más sin supervisión…” Se dijo. “¡Mierda! ¡Con las ganas de follar que tengo! Bueno, al menos nos hemos corrido…”

Le cogió de la cabeza intentando que dejase de estar alocado y le besó con cierta repugnancia por el olor a coño. “Ya está bien por hoy, otro día será….” Le insinuó con mirada dulce.

Sin embargo él la miró con dureza, serio, relamiéndose. Un rápido vistazo de arriba abajo, la cogió del brazo e hizo que se diera la vuelta.

Le acarició y apretujó el trasero; Alina se giró a mirarlo y la volvió a besar con lujuria y cierto enfado, restregándole la polla dura en el culo. Ella se apoyó en la mesa y en esa posición agachando la cabeza le agarró y apretó con fuerza una teta mientras forcejeaba con la polla, dándole con la rodilla para que abriera las piernas, hasta dar con el coño empapado.

De un fuerte golpe se la clavó hasta los huevos haciéndola gritar.

- ¡Ahhhh! ¡Sí! ¡Fóllame!- Dijo repleta de placer sintiendo cómo la jodía con dureza. Su gorda polla entraba y salía entera, poniéndola tanto que le hubiera importado poco que la pillasen siendo empalada

Él estaba muy cachondo; apoyado en su espalda le estrujaba la teta haciéndole daño; también le dolían los muslos al clavarse la mesa a cada embestida. “Ah…ah…toma” Oía muy cerca

En ese estado de lujuria duraría poco, conocía esa sensación en los hombres y le encantaba, pero ella también quería correrse. Reclinándose más y añadiendo dolor en la muñeca se llevó la mano a la entrepierna a masajearse el clítoris

- ¡Oh!...¡Sí!...¡Ah!- Sentía cómo se ponía más dura en su interior y cómo resbalaba cada vez mejor, síntoma del líquido preseminal

- ¡Un…un segundo!- Pidió Alina casi llegando al orgasmo, necesitando unos segundos más que él aguantó como un campeón casi sin moverse- ¡Ahora!- Suplicó entre sollozos de placer y el palpitar de su coño

Cuatro o cinco entradas muy profundas deteniéndolas cada vez que chocaban los huevos con sus bufidos como sonido de fondo y se la dejó la última vez bien adentro hasta que se relajó

Lo oía respirar rápido a su espalda. Alina sonreía.

- ¿Me dejas moverme?- Le dijo con suavidad

- Sí, claro.- Se salió de ella y se apartó.

Más sereno se le vio cómo le invadía un sentimiento de culpa que lo bloqueaba. Alina sacó un paquete de pañuelos del pantalón en el suelo, le dio uno y con otro se limpió el coño. Se agachó y también limpió el escupitajo del suelo, probando puntería con la bola de papel en la papelera. Aprovechó para recoger los trozos del cenicero y algún instrumento dejándolo en la mesa. Con la otra mano agarró la ropa y se la colocó. Con el bikini le dio un latigazo a Lorenzo, que seguía absorto en sus pensamientos con la polla ya flácida

- Eh, que pueden venir en cualquier momento- Le dijo cuándo la miró.

- Em….ya…ya voy- Se secó la polla con timidez y se subió el bañador. Buscó la camiseta por el suelo y se la colocó.

- Ha estado bien- Le cogió del mentón para que la mirase, ya con el bikini puesto- Sólo ha sido un juego, esto no cambia nada.

No pareció convencerlo. “Mira, que le den…si no sabe apreciar un polvete eventual es su problema”

Le dejó con sus pensamientos y buscó el despacho donde estaban los niños, que seguían jugando.

- Venga amor, nos vamos ya que es muy tarde

- ¡Yo quiero seguir pintando! – Le dijo su hija

- Ya, mi vida, pero hemos de ducharnos… ¿No te pica todo el cuerpo?- La cogió de la manita y la hizo bajar de la silla

- Sí mama, ¿Y a ti?

- Ui, sí, a mí me pica todo. Despídete anda

La niña dio un abrazo a su amiguito y se acercó a que Lorenzo, que había aparecido detrás de ella, también la abrazara.

- ¿Te lo has pasado bien?- Le preguntó a la niña

- Sí, mucho, ¿Podemos venir otro día?

- Sí, claro- Respondió él.

Alina se despidió arqueando las cejas y moviendo el mentón. “Hasta otra”

Caminaron hasta la entrada, Lorenzo abrió la valla y las dejó salir. “Adiós” le dijeron. “Hasta mañana dijo él, y repitió su hijo”

- ¿Qué habéis estado haciendo mama?- Preguntó inocente la niña

- Me ha estado enseñando de qué trabaja, los dibujos que hace y cómo corta la madera

- Jan también dibuja muy bien.

- Ya, os he visto por la cámara, dibuja muy bien, como su papa

Le dio un beso en la cabecita y camino a su casa siguió pensando en el polvo que había pegado, con el coño escocido por el salitre y los roces.

Así consiguió a otro de sus amantes fijos.

FIN