Xtories

Me follaron sin que mi esposo lo supiera (2)

La habitación del hotel era demasiado pequeña para contener el secreto que ambos guardaban. Rolo no pedía permiso, solo exigía lo que su cuerpo necesitaba, y Ana, temblando entre la culpa y el deseo, descubrió que mirar no era suficiente: quería ser vista.

Mondieu110432K vistas9.3· 20 votos

Este cuento formará parte de una serie, y del segundo tomo del libro de relatos eróticos, que se encuentra publicado en Amazon, titulado “Historia de Ana. Doctora y algo más”

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Aunque Rolo se había excitado por estar presente cuando Pepe me penetraba, y quería volver a follarme, no se lo permití. Me duché en el hospital, y regresé a mi casa, donde tendría tres días libres.

En mi hogar, con mi esposo, llegarían los momentos duros. Había mantenido relaciones con los tres enfermeros de mi equipo en el hospital sin que mi esposo se enterase.

Era consciente que había actuado mal, no debería haberlo hecho, pero no logré evitarlo.

He elegido a Pedro como esposo, y mi compañero de vida, porque lo amo profundamente, siempre lo he amado; aunque tenga relaciones sexuales con otros hombres. Con el resto nunca será amor, solo sexo.

Estos tres días sin ir al trabajo no me quitarían la culpa, pero la reducirían; y así ocurrió. Fueron días felices, hicimos el amor. Pedro es buen amante, es amable y cariñoso. Logra que tenga hermosos orgasmos, y los disfrutemos juntos.

Pedro nunca me follaba con violencia, era dulce y tierno, él me hacía el amor. Sin perjuicio de ello, en algunas oportunidades, si mi cuerpo ardía de pasión, necesitaba cruzar esos límites, requería sexo duro; y follar sin contemplaciones, como lo había hecho Pepe en el hospital.

Al regresar al hospital mis tres enfermeros se comportaron muy bien. Parecía que nada hubiera ocurrido, como si nunca hubiéramos follado. Me di cuenta que Alfredo había querido sacarse las ganas de follarme, y al hacerlo, fue tarea cumplida. Pepe, el que soñaba con mi trasero, no dejó de desearlo, y si tuviera la oportunidad lo volvería a hacer; y Rolo era el más complicado, él seguro intentaría follarme nuevamente.

En Rolo estaba el peligro. Había demostrado ser buen amante, y además inteligente y delicado cuando me cuidó, higienizándome luego de que dos de ellos eyacularon dentro de mí; pero lo peor, y el peligro era que había logrado que yo le dijera que quería volver a correrme, y más aún; le dijera que quería que Pepe me follara. Y había conseguido convencerme solo hablándome, acariciándome y masturbándome.

Al recordar sus dedos sobre mi clítoris, y entrando y saliendo de mi vagina, me excitaba. Por todo ello con Rolo debía extremar las precauciones. Poner reglas y límites que no debía cruzar; antes de que volviera a ocurrir, que yo presentía que sucedería más tarde o más temprano, porque Rolo no se conformaría con haberme follado sólo una vez.

El tiempo fue pasando, y como todos los años, un importante laboratorio invitó a cada médico con su correspondiente enfermera, a un congreso de casi tres días, y dos noches, en un hotel lindero al mar.

Debía elegir cual de mis enfermeros me acompañaría, y sin dudarlo me decanté por Pepe, el soñador, y a quien le había cumplido su sueño, entregándole mi culo para que lo follara a conciencia.

Pepe no podía acompañarme, su esposa estaba en rehabilitación, y no quería dejarla sola, descarté a Alfredo, y terminé invitando a Rolo, el más peligroso. Al contrario de lo que me imaginaba, aceptó, sin mostrar mayor interés en ir juntos a un congreso de tres días. El médico jefe de la otra sala también iría con uno de sus enfermeros, algo que me ayudaba, porque era un colega.

Mi esposo me apoyó como siempre lo hacía, y resolvió en esos días ir a visitar a sus padres.

Al llegar al hotel empezaron los problemas. Allí habían entendido que Rolo y yo éramos pareja y nos asignaron una sola habitación para ambos. Debido al congreso, el hotel estaba desbordado, no quedaba una habitación libre, y luego de reclamar y reclamar, lo único que logré fue que en lugar de cama matrimonial fueran camas separadas.

—Ana, tranquila. Ambos nos hemos visto desnudos, y algo más, pero no ocurrirá nada. Absolutamente nada, que tú no quieras. Tienes mi palabra.

Lo enfrenté, miré sus ojos, estaban tranquilos, y eran sinceros.

—Mejor así Rolo, hemos venido a un congreso a trabajar, no a disfrutar.

Ese día mantuvimos una hora de presentación, luego almuerzo, toda la tarde trabajo, y quedamos libre en la tarde noche. Al terminar nos juntamos, Ramirez el otro médico, los dos enfermeros y yo. Querían ir al bar. Decliné justificando que estaba cansada, no quería beber, y que el alcohol me llevara a otras situaciones.

—Ana yo me quedaré un rato en el bar. De esa forma tienes la habitación sola para ti, puedes bañarte, o lo que desees, y acostarte tranquila, sin mí, dando vueltas en el mismo lugar.

—Gracias Rolo—, se lo agradecí. Fue un gesto de consideración. Podría entrar al baño y salir, sin preocuparme de ser vista, sin ropa o algo similar.

Ya en la habitación, me bañé, me acosté en la cama más cercana a la ventana, y me dispuse a leer los folletos recibidos del laboratorio.

Pasado un rato subió Rolo hasta la habitación. —Ya estás acostada. Yo me ducharé. y también me acostaré enseguida—, y diciendo esto entró al baño.

Cuando salió, lo hizo desnudo, con una toalla que envolvía sus partes íntimas, y con el torso y piernas a la vista.

—Ana he salido así, porque estoy acostumbrado a dormir desnudo.

Se quitó la toalla, y entró entre sus sábanas. Yo trataba de concentrarme en lo que intentaba leer, sin lograrlo. Mis pulsaciones crecían. Allí a mi lado tenía un hombre desnudo, con el cual había follado semanas antes, con el torso desnudo, y sólo una sábana tapando el resto.

Intenté iniciar una conversación normal, pero no hubo tema que pudiera romper la tensión existente. Y esa tensión aumentó cuando de reojo vi que bajaba una mano, la metía bajo las sábanas, y parecía que estaba acariciando su miembro.

—Perdona Ana, estando solos en esta habitación de hotel, recordando lo ocurrido en el hospital, me será muy difícil dormir, y necesitaré descargarme y aflojarme.

—Por mí, si quieres hacerte una paja, puedes hacerlo. No miraré.

—Gracias por comprenderlo—, y a continuación retiró sus sábanas, quedando todo su cuerpo desnudo sobre la cama, y comenzó a masturbarse despacio.

—¡Noooo! ¡Rolo que haces!

—Te dije que necesitaba descargarme, y me dijiste que podía hacerme una paja. Pues estoy tratando de hacerlo, y no sé si lo lograré.

Su miembro comenzaba a erguirse, su mano derecha lo envolvía, sin apretarlo, subía, pasaba su pulgar sobre el prepucio, y bajaba despacio, dejando a la vista una cabeza bien formada, brillante, rosada. En resumen, hermosa.

—¿Te gusta? Cuando follamos no tuviste tiempo de admirarla.

—Rolo por favor…No digas eso. Lo que pasó, pasó, y nada más—, no podía quitar la mirada de sus movimientos y de su polla, y una leve puntada llegó desde el fondo de mi vagina.

—Lo sé, sólo estoy tratando de ponerle morbo a este momento para intentar eyacular, descargarme, y poder descansar. No creo que pueda, nunca he podido masturbarme solo, hasta el final, con otra persona presente.

Era cierto, no había tenido tiempo de admirarla. Era un hermoso miembro, ni grande ni pequeño, grueso, firme, algunas venas, no muchas, lo enroscaban desde la base, y luego surgía una cabeza gloriosa, perfecta. Y mi vagina comenzaba a mojarse.

—A esta hora no puedo irme de la habitación y dejarte solo para que puedas masturbarte—, le dije.

—No quiero que te vayas. Al contrario, quiero que me ayudes, necesito que me ayudes.

—¡Rolo no voy a hacerte una paja!

—Ana hemos follado, nos hemos corrido juntos, y he eyaculado dentro de ti. Esto sería algo mínimo comparado con lo anterior, y yo podría descansar. Si no me corro no podré dormir teniéndote a mi lado, y recordando todo lo que hicimos, y como gozamos.

Yo lo recordaba muy bien. Rolo había logrado que tuviera un fuerte orgasmo, y luego también logró todo lo demás, y evocarlo provocaba que siguiera mojando mi vagina, y excitándome. Tenía una hermosa polla a un metro de distancia, y estaba en todo su esplendor.

Recordé que solo tenía las bragas puestas, aún así, retiré mis sábanas, y fui hasta su cama.

—Recuéstate Rolo, y abre las piernas.

Hizo lo ordenado, soltó su miembro, se acostó a lo largo de la cama, y su polla quedó apuntando hacia arriba.

Me trepé a la cama, y me arrodillé entre sus piernas. Tomé con mi mano derecha aquel miembro, y lo apreté apenas, para sentir su consistencia. Estaba duro y firme. Llevé mi mano arriba iniciando la paja solicitada, y con la mano izquierda tomé sus testículos, los que estaban calientes, y compactos, pronto se vaciarían.

—Ahhh… asi… sigue así.

Rolo emitió su primer gemido, terminó de recostarse y cerró los ojos. Era lo que yo esperaba. De esa manera la sorpresa sería mayor. Continué despacio, arriba y abajo, y con la otra mano, acariciaba y apretaba sus testículos. Su polla crecía, y la cabeza se hinchaba, entonces bajé mi cabeza, y cuando mi mano estaba en la base de su miembro, la engullí, metiéndome toda su polla en mi boca.

Inmediatamente sentí que erguía su cuerpo para mirar lo que ocurría, al tiempo que casi gritaba —¡Dios Ana….!, Eso quería…..Deseaba que me la chuparas…ahhh…… sigue, sigue… chúpamela por favor…..

Retiré mi boca, la apreté con los dedos y mirándolo le dije: —Aflójate que viene lo mejor.

—Ahhhh….por Dios… siiii….chupa, chupa….

El olor a sexo de su miembro y sus genitales, penetraba por mis fosas nasales, disparando contracciones en mi pelvis, y endureciendo mis pezones. Abrí mi boca, y volví a metérmela toda, luego la fui retirando despacio mientras la apretaba con mis labios, y chupaba con mi lengua.

Tenía un aroma y resabio que me gustaba, y me excitaba. Los calores bajaban a mi entrepierna, y me humedecía. Se puso dura como un hierro cuando sentí en mi lengua su líquido pre seminal lo tragué, si continuaba se iba a correr, por ello me detuve un momento.

—Por Dios Ana…sigue, no te detengas.

Lamí, pasando mi lengua por su tronco de abajo arriba. Volví a detenerme.

—Por favor….. ahhhh… no te detengas, sigue…., sigue por favor…chúpamela.

Lamí su huevos, desde el perineo hacia arriba, ambos, luego nuevamente el tronco hasta el prepucio.

—Por favor chúpala….ahhhh….quiero correrme….—. «Quiero correrme». El mismo pedido, con las mismas palabras, que yo le había dicho cuando semanas atrás el tenía sus dedos dentro de mi coño.

Entonces comencé a chuparla a conciencia. Cuando entraba en mi boca, mis labios bajaban por todo su miembro suave, y hasta el fondo de mi garganta, y al retirarla, lo hacía fuerte, apretándola con mi boca, y mi lengua, antes de sacarla. Una y otra vez; y una y otra vez. Rolo gemía fuerte, casi gritando.

—Agggg…., siiiiii….., sigue, chúpamela toda, así….; por favor sigue…, más fuerte….aggggg…..Me voy a correr…. ahhh…. ahora.

Sentí los primeros espasmos en mi mano, la que apretaba la base de su tronco, y comenzó a soltar chorros de semen, que yo tragaba, mientras no dejaba de chupar. Ahora el olor a sexo y semen lo envolvía todo.

Casi no salía más, aún así, continué mamándola más lento, sin retirarla de mi boca, quería vaciarla. Se fue calmando, continué suave, hasta que al final usé sólo la lengua. Lamí toda su cabeza, su tronco, de arriba abajo, despacio, disfrutándola. Dejé de relamer, y volví a chupar suave, con ansias, aquella enorme y preciosa cabeza, y finalmente la solté.

—Ana…—. Le costaba hablar. Sabía, por sus espasmos, convulsiones, y la cantidad de su semen que me había tragado, que lo había hecho correrse en grande. —Ana....qué bien la chupas….Dios mío….

Me mantuve a su lado esperando su calma, mirando su cuerpo, y aquel miembro que comenzaba a aflojarse y descansar, y pronto también lo podría hacer su dueño.

—Ana ahora te lo haré yo, hasta que te corras.

Mi vagina estaba muy mojada, estaba excitada, también quería correrme, pero decidí que no lo haría Rolo.

Rolo se había sentado en su cama, pronto a ocuparse de mí. No lo dejé. Puse una mano en su pecho, mientras le decía: —No Rolo, ahora quiero que me mires.

Vi la sorpresa en su rostro, y sus ojos me siguieron mientras iba hacia mi cama, me acostaba boca arriba y me quitaba las bragas. El aún no comprendía que ocurría.

Levanté mis piernas, las abrí, subí mi mano izquierda a mi teta de ese lado y comencé a sobarla, apretándola, y también a mi pezón; y la derecha bajó despacio, para que Rolo tuviera tiempo de ver su recorrido, pasó sobre el abdomen, siguió hacia abajo, cruzó el pubis, y se detuvo entre mis piernas abiertas. Una vez allí, mi dedo mayor comenzó a girar sobre mi clítoris, hasta sentir que se hinchaba, luego lo metí junto con el índice dentro de mi coño lleno de mis jugos, y comencé a masturbarme como a mí me gustaba. Despacio al inicio. Ya lo haría con ímpetu y fuerte cuando lo necesitara.

Giré mi cabeza y al mirarlo le dije: —Mírame Rolo, mírame. Me gusta que me miren…ahhh….— Dejé escapar el primero de los muchos gemidos que vendrían a continuación. —Mírame…. Mírame…..me gusta que me miren cuando me masturbo….así….así….ahhh.

Mis dedos entraban y salían ya más rápidos, y mi otra mano tiraba y retorcía mi pezón hasta hacerme doler. El calor llegaba. Venía desde lo profundo de mi matriz, y ya casi lo abarcaba todo.

Enterré mis dedos dentro de mi coño, con fuerza, gimiendo más, y más fuerte. Y cuando sentía que el orgasmo llegaba, llevé la yema del dedo mayor a mi clítoris hinchado, y comencé a refregarlo fuerte y rápido. Luego volvía a meter ambos dedos hasta lo hondo, al mismo tiempo que levantaba y empujaba con mis caderas, ayudándome con ese movimiento que la penetración fuera lo más profundo posible, y lo hacía casi en forma salvaje, mientras mis caderas subían y bajaban.

Y una y otra vez. Todo mi cuerpo ardía, hervía de calentura, el orgasmo estaba llegando y perdía el control. En ese momento podían meterme lo que fuera, que no me importaría, mi cuerpo estaba desatado, y sólo quería correrme y gozar, y volver a correrme hasta morirme.

—Rolo mírame….mírame por favor…¡ahhh…..!—, y casi gritando lo dije. —¡Me corrooo….! Ahhh….. me voy a correr todaaaa…. Ahhhh….. me estoy corriendo toda para ti….ahhhh….ahora……mira…..

Las contracciones fueron violentas, empujaban, apretaban y soltaban toda mi vagina, y se desparramaban por todo mi cuerpo. Cerré fuerte mis piernas, apretando mi mano dentro de mi coño, y la mantuve allí, sintiendo como seguían cayendo aquellos espasmos, ahora más espaciados, y más calmos. Hasta que al final se apagaron. Había terminado de correrme.

Retiré mi mano lentamente, y la llevé a mi boca, donde chupé todos mis dedos, degustando el sabor de mi coño.

Cuando terminé pude mirar a Rolo. Estaba sentado en su cama mirándome, y en sus ojos se había instalado el asombro, y también el deseo.

—Me corrí para ti—. Le dije

Me cubrí con el edredón, cerré los ojos, y esperando que el sueño llegara, mis pensamientos recorrieron lo ocurrido.

Se la había mamado a Rolo, luego me había masturbado yo sola, sin ayuda, y nadie había penetrado mi cuerpo. No había sido totalmente infiel a mi esposo.

Por lo menos esta noche. Faltaba otra, y no sería fácil mantenerme igual, mis compañeros olfateaban una hembra. Presentían que era yo era una presa, e intentarían follarme.

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