Xtories

La Destartalá 2

La comisaría murmura, pero en la intimidad del apartamento de Álex, las reglas cambian. Mónica no ha venido por la cena; ha venido por lo que quedó pendiente. Esta Nochebuena, nadie se irá a dormir solo.

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El lunes se volvieron a ver en la comisaría, Álex la saludó amablemente, como cada día, ella le devolvió el saludo con una sonrisa, Mónica se acordó en ese momento del beso en los labios que ella forzó, si en un beso así, casi un beso robado y fugaz, sentí sus labios melosos, con otro tipo de beso se me caen las bragas, pensaba mientras sonreía.

Álex siguió con su ‘formación’ de casos antiguos, era una mañana tranquila, como todas, hasta que fue al cuarto de baño a mear, un compañero suyo, el subinspector Soria, lo estaba haciendo cuando él ocupó el meadero continuo.

-¿Qué tal Soria?- Saludó Álex.

-Ya sabes, como siempre.

Contestó su compañero escapándosele una risilla. Álex se dio cuenta.

-¿Pasa algo?- Preguntaba Álex al notar cierto cachondeo en la cara de Soria.

-No, no, que va.- Contestaba riendo abiertamente.

Álex giró la cabeza mirándolo seriamente, el compañero también le miró, allí estaban, mirándose los dos con la chorra en la mano.

-Vale, perdona, es que esta mañana ya ha corrido la voz por la comisaría de lo del viernes.

-¿Qué pasó el viernes?- Preguntaba inocente Álex.

-Venga va, no hace falta que disimules, todo el mundo sabe que el viernes fuiste a la cena del ayuntamiento con Mónica, supongo que después te la follarías, yo había apostado por ti en la porra.

-¡Soria hostia! ¿Qué coño dices? ¿Y qué cojones es eso de la porra?

-A ver, tenemos información de la buena, sabemos que la invitaste a la cena, porque ella sola no podía ir, la tenía que invitar alguno de los… los enchufados en ese grupo selecto qué vais cada año.

-¡Me cago en la puta! El puto novato de la puerta se ha chivado.- Se quejaba Álex. Soria reía.- ¿Y eso de la porra?

-Hace tiempo que los compañeros apostábamos quien se tiraría a Mónica, yo estaba seguro que serías tú, claro, tenía información privilegiada de la agente García…

-¿García? ¿Qué pinta García en esto?

-¡Coño Álex! Parece mentira que seas inspector tío, García es la única agente femenina aparte de Mónica, son amigas, ella me explicó que Mónica le había dicho que le gustas, bueno, que de hecho eras el único que le gustabas de la comisaría.

-¡Putos chismorreos!

-Oye, que no pasa nada, es normal que te folles a alguien como Mónica, está muy buena.

-Que yo no me he follado a Mónica, a ver si te enteras, salimos, sí, fuimos a la cena, sí, pero ya está, la dejé en su casa y fin.- Se enfadaba Álex.

Los dos salieron del meadero, se lavaban las manos en silencio.

-¿Así? ¿No? ¿Nada de nada?- Preguntaba Soria decepcionado.

-Nada de nada, podéis seguir con la porra ¡Cabrones!

-Escucha Álex, estamos quedando todos para ir a tomar algo un día de estos, para celebrar las fiestas de invierno y la Navidad.

-Mira Soria, no me toques los cojones.

Álex salió del baño y fue directamente a la entrada, buscaba a Mónica, el mostrador estaba vacío, miró al chaval de la puerta.

-Tú, chivato de mierda ¿Dónde está Mónica?

-Haciendo su descanso, señor ¿Pasa algo?

-Pasa, pasa… que tú eres un puto chivato, ya hablaremos.

Álex salió escopeteado, entró en el pasillo que llevaba al parking y abrió una puerta, dentro había un par de mesas, en un lado un mueble con una máquina de café, sentada, comiendo algo, Mónica lo miraba con los ojos muy abiertos, se había sorprendido de la entrada tan efusiva de Álex.

-¿Tienes prisa?- Le preguntaba Mónica con una sonrisa.

-Menos cachondeo ¿Sabes que todo el mundo se ha enterado de que fuimos a cenar?

-Sí, esta mañana me lo ha preguntado García mientras nos cambiábamos y se lo he confirmado.

Le contestaba Mónica, mientras mojaba una magdalena en el café con leche.

-¿Y también te ha explicado que están haciendo una porra para acertar quien te va a follar primero en esta comisaría?

-No, eso no me lo ha dicho.- Respondía Mónica mirándole a los ojos.

-Pues lo están haciendo los cabrones.- Se quejaba Álex, a la vez que se sentaba delante de Mónica.

-Que hagan lo que quieran. Tú podrías haber sido el primero en follarme si hubieras querido.

-Ya lo sé Mónica, no hace falta que me lo recuerdes.

A Álex se le notaba tenso con aquella conversación.

-Este fin de semana me encontré con Reme por mi barrio, vivimos cerca.- Quiso cambiar de conversación Mónica.

-¿Reme? ¿Qué Reme?

-¡Coño Álex! Reme, la chica de la cena, una de los becados, parece mentira que puedas ser inspector con la memoria que tienes.

-¡Ah sí! ¿Es vecina tuya?

-No, vecina no, vive cerca, en el mismo barrio, es lógico, queda muy cerca de la universidad.

-¡Ah!

-Sabes, es muy buena chica, caminamos un rato juntas y me explicó su historia, es huérfana, nunca conoció a sus padres, estuvo en varios orfanatos hasta que le dieron la beca para estudiar aquí, está contenta y parece feliz.

-Supongo que aquí tiene amigos y libertad para hacer lo que quiera.

Se hizo un silencio. Los dos se miraban, Mónica volvió a sonreír.

-¿Ya te han dicho que iremos a tomar algo un día de estos?

-Me lo ha dicho el subinspector Soria, sí.

-Supongo que vendrás.

-¿No tendrás turno de guardia?

-¿Ya me estás evitando?

-No, no, te lo preguntaba porque en los días festivos solo se quedan en la comisaría el personal mínimo, a los novatos os toca siempre.

-Ya lo he hablado con el novato, yo vendré por la mañana y él por la tarde, por la noche solo se quedará la telefonista.

-¡Vaya! Qué bien organizado lo tenéis. Solo te recuerdo que tú eres tan novata como él.

-¡Ah no! El novato es él.

Los dos reían, Álex se levantó.

-No te vayas todavía, siéntate por favor.- Le pidió Mónica. Él volvió a sentarse en la silla.

-¿Quieres tener conversación mientras desayunas? ¿Es eso?

-Sí, claro, dime una cosa, hoy es Nochebuena ¿La pasarás en familia?

Álex la miraba sin decirle nada. Mónica esperaba alguna respuesta.

-Mañana, mañana, día de Navidad comeré con mis padres…

-¡No me jodas! ¿Vas a pasar solo la Nochebuena? No me lo creo.

Álex se encogía de hombros.

-¡Tú eres muy raro, eh!

-¿Por qué? Me gusta estar solo…

-Sí ya entiendo que te pueda gustar estar solo, mirar tus cosas, como haces con esos casos en la comisaría, que los miras con tranquilidad y a tu ritmo ¡Pero hombre! En Nochebuena, una noche tan señalada ¿No tienes amigos o alguien con quien pasarla?

-Mónica, tú no puedes hablar, tampoco conoces a tanta gente.

-¡Hombre! Acabo de llegar como aquel que dice a la ciudad, y aun así, estoy segura que conozco más gente que tú. Mira, esta mañana mismo, la agente García, mientras nos cambiábamos, me ha dicho que si no tengo donde ir, que me invitaba a su casa con su marido y los niños ¿A ti te ha invitado alguien?

-A mí no me invita nadie porque ya me conocen, saben que les diré que no.

-Qué raro eres tío.

-Pues a mí no me parece que sea tan raro.

-Anda que no ¿Pero tú te lo has pasado bien alguna Nochebuena?

-Me lo paso bien en mi casa.

-Solo.

-Claro.

-Me quedo y ceno contigo.

-¿Qué?

La cara que se le puso a Álex, hizo que Mónica se meara de risa.

-No entiendo esa risa.

-Es por tu cara, tendrías que vértela.

-Eeee, mira Mónica, tú seguro que ya tenías planes, no los cambies por mí.

-Esta tarde tendría que conducir más de trescientos kilómetros, cenar con mis padres, dormir en su casa y mañana comer con toda la familia, y por la tarde volver. Prefiero quedarme a cenar contigo, ir a casa de mis padres mañana para almorzar con todos y volver.

-Lo que te digo, no hace falta…

-Yo compraré la cena, cerca de donde vivo hay una tienda de comida para llevar que cocinan de maravilla, ahora llamaré para reservarla, tú te cuidas de las bebidas, vino y cava ¿Vale?

-Mónica por favor…

-Supongo que en tu casa tendrás algo para tomar unas copas después, no sé, whisky o gin tonic, algo ¿O tampoco bebes nada?

-Vale, de acuerdo, ya veo que no me vas a hacer ni puto caso.

-Ni te haré caso ni te podrás librar de mí. Esta Nochebuena la pasarás acompañado.

-¡Joder! Muy bien, te pasaré por el móvil mi dirección, ven cuando quieras.

-Ya la sé, está en tu ficha de la comisaría.

Álex la miraba contrariado, no había tenido ni tiempo de pensarlo, lo cierto es que por primera vez en muchos años, había quedado con una persona para cenar juntos en Nochebuena. Se volvió a levantar de la silla

-¿Ya te vas?

-Sí, voy a seguir con mis cosas.

Álex se acercaba a la puerta de salida.

-Álex- Llamó su atención Mónica, él se giró.- Gracias por invitarme el viernes, estuvo muy bien.

-Ya me lo agradeciste, yo también me lo pasé bien.

Álex salió de la habitación, Mónica seguía comiendo, pensando, mejor nos lo podíamos haber pasado, te hubiera comido de arriba abajo, querido. A ver si esta noche tengo más suerte.

Mónica conducía sobre las ocho y media de la noche, al pararse en un semáforo llamó a Álex.

-Hola.

-Hola Álex, te llamo para avisarte que ya estoy de camino, en diez minutos estaré aquí.

-Bien, te esperaré en la calle.- Álex colgó. Mónica miraba la pantalla del coche comprobando que la llamada ya no estaba activa.

Que seco que es el colega ¡Hostia! Se decía a ella misma en voz alta. Un poco más tarde circulaba por la calle donde vivía Álex, lo vio en la acera, haciéndole una señal con la mano para que lo viera, era una calle de casas con su jardín, algunas no muy grandes y otras con más espacio, realmente parecía un barrio muy tranquilo, una zona que le viene al pelo para vivir a Álex, pensó Mónica.

Aparcó justo delante de Álex, la calle casi estaba vacía de coches. Bajó Mónica, miró a Álex, vestido con un vaquero y un jersey de lana fino, no le quedaba mal, pero para celebrar una Nochebuena, no sé, pensó Mónica. Él se acercó para saludarla, la vio vestida con un abrigo largo cerrado que no le dejaba ver más, ella le agarró la cara dándole un piquito en los labios.

-Espero que no te moleste que te salude con un piquito.

-Mientras no lo hagas en la comisaría o en lugares públicos me vale.

-¡Álex tío! Que lo acabo de hacer en medio de la calle ¡Hombre!

Álex miraba para un lado de la calle, después miraba para el otro, Mónica también lo hacía, no se veía ni un alma.

-¿Esta calle te parece un sitio público?

Mónica reía, Álex tenía razón, parecía una calle después de un apocalipsis zombi o algo así. Abrió el maletero, Álex agarró la bolsa de la comida para aquella noche, ella se agarró a su brazo, igual que caminaban el día de la cena del ayuntamiento por la calle. Entraron en el jardín.

-Son bonitas estas casas, pero… ¿Tú estás seguro que vive alguien en ellas?

-Sí mujer, sí que vive gente, lo que pasa es que la mayoría es gente mayor, muchos de ellos seguro que se han ido a pasar las fiestas navideñas con su familia, por eso se ven muchas casas cerradas.

-Esta casa también está cerrada, podías haber abierto alguna ventana por lo menos.

-No vivo ahí, yo vivo aquí arriba, abajo vive la señora Satu, debe de haber salido a cenar con alguien.

Le decía Álex señalándole el segundo piso, Mónica levantaba la cabeza mirando la vivienda. Subieron por unas escaleras por el lado de la casa principal, Álex abrió la puerta dejándole pasar primero a su invitada. Mónica entró y se le abrió la boca de la sorpresa, suelo de parquet, paredes de madera, una chimenea de piedra con un fuego en un lado, delante una alfombra rodeada de un sofá con su mesita, al lado de la chimenea un mueble aguantaba una televisión, a los lados del mueble dos altavoces de suelo muy grandes llamaban la atención, igual que los diferentes dispositivos de música, amplificadores, tocadiscos de vinilo y otros aparatos que Mónica no sabía para que servirían, en unas estanterías, cientos de discos de vinilo y cd´s, al lado un piano de pared. A continuación, una mesa rústica y sillas, ya preparada con un mantel, los cubiertos, servilletas, platos, copas y una vela en medio, delante la cocina abierta, en la pared izquierda había un ventanal muy grande que dejaban entrar la luz, en la de la derecha, una puerta que daba a un pequeño balcón con vistas al jardín trasero de la casa, al fondo se veía una puerta. Por si fuera poco, todo estaba reluciente, limpio como una patena.

-¿No dices nada?- Preguntaba Álex, viendo que Mónica estaba impresionada.

-Me… me… me has dejado alucinada, es muy bonito este apartamento, y que limpio lo tienes todo, ya me gustaría a mí tenerlo así.

-Bueno, eso no es por mí, viene una señora dos días a la semana y me lo deja ‘niquelao’

-‘Niquelao’

-Sí, muy limpio…

-Ya lo entiendo hombre, te tomaba el pelo.

-Además, vivo solo y no ensucio mucho, solo vengo a cenar y dormir.

-Yo también vivo sola y estoy poco en mi casa, pero te aseguro que así no la tengo.

Reía Mónica.

-Bueno ¿Me das tu abrigo?

Le preguntaba Álex, ella se lo desabrochaba y él la ayudaba a quitárselo, abrió un armario, sacó una percha y lo colgó dentro ¿Cómo no va a tener la casa limpia este hombre? Pensaba Mónica mirando lo ordenado que era Álex. Él se giró, ahora a quien se le abrieron los ojos fue a él, el vestido de Mónica lo sorprendió, un vestido de fiesta, apretado al cuerpo, cortito, con dos piezas de ropa que le tapaban las tetas dejándole a la vista toda la parte central, sin sujetador, evidentemente.

-¿Te pasa algo?- Le preguntaba cachondeándose Mónica viéndole la cara.

-No pensaba que vendrías tan… tan… vestida de fiesta, vamos.

-Es Nochebuena hombre.

-Será Nochebuena, pero ya ves como voy yo.

-Tú no cuentas, no sabes divertirte, bueno, todos esos discos y esos altavoces, parece que te gusta la música.

Álex caminaba con la bolsa de la comida para dejarla en la cocina.

-¿Quieres un vermut?

-Vale.- Contestaba Mónica.

Álex preparó los vermuts y se sentaron delante del fuego.

-Te preguntaba si te gusta la música.

-Eso no es de buena policía.- Reía Álex.

-Ya sé que te gusta ¡Coño! Solo hay que ver los discos que tienes, es para que me cuentes algo.

-Me encanta la música desde pequeño, colecciono música desde entonces, y toco el piano y la guitarra.

-¡No me jodas!

-Sí… y hasta canto.

-No me lo creo.

-Después de cenar te canto algo.

Se hizo un silencio, se miraban a los ojos, a Álex se le notaba algo incomodo.

-¿Qué has hecho esta tarde?- Preguntaba Mónica para acabar con el silencio.

-He hablado con mis padres y luego me ha llamado Soria.

-¿Soria te ha llamado?

-Sí, para felicitarnos la Navidad y esas cosas, él y su mujer Susan, una gran mujer, siempre le digo que con lo capullo que es él no entiendo cómo le aguanta su mujer.

Los dos reían.

-Yo también he hablado con mis padres, después he llamado a Reme.

-Parece que estás haciendo amistad con ella.

-Sí, es buena chica… y me da pena la vida que ha tenido la verdad, la ha tratado tan mal y a ella se le ve tan feliz. También me ha llamado García.

-¡Coño García! Así toda la comisaría sabrá que hoy cenamos juntos.

-Pues sí.

Volvían a reír.

Entre los dos colocaron la comida que había traído Mónica en unas bandejas, Álex abrió una botella de vino, se sentaron en la mesa y cenaron con una agradable conversación, después retiraron la cena y se sirvieron los postres, Álex abrió una botella de cava.

-¿El baño?- Preguntó Mónica.

Álex la acompañó, abrió la puerta del fondo.

-A la derecha hay un vestidor, a la izquierda tienes el baño y delante está mi habitación.- Informó Álex a Mónica volviendo a la mesa.

Cuando salió Mónica, Álex servía el cava en las copas. Brindaron, se comieron el postre y se sentaron con lo que quedaba de cava en el sofá, siguieron con su conversación, hubo un momento que Mónica levantó un dedo, pidiendo la palabra.

-Me has dicho que me cantarías algo.

-¿No prefieres seguir hablando?

-¿Ya te estás escaqueando?

-Vale, cantaré algo, pero no te rías ¡Eh!

Álex se levantó, se acercó al piano, Mónica lo miraba con atención, bueno, en realidad le miraba el culo, que buen culo tiene el cabrito, pensaba. Álex se sentó en el piano, levantó la tapa y empezó a tocar, a Mónica le sonó la entonación rápidamente, Álex tocaba ‘Someone You Loved’ de Lewis Capaldi. Cuando empezó a cantar, a Mónica se le abrieron los ojos y la boca, Álex tenía una voz increíble, entonaba de puta madre, parecía el mismísimo Lewis Capaldi cantando. Cuando acabó la canción, Mónica se levantó aplaudiendo, agarró las dos copas de cava y fue al lado de Álex, le entregó su copa y brindaron, las dejaron encima del piano.

-Toca otra por favor.- Le pidió Mónica.

Álex se apartó un poco del asiento para que Mónica se sentara a su lado, ella se sentó y le pasó una mano por detrás acariciándole la espalda. Él empezó a tocar de nuevo, volvió a sorprender a Mónica, esta vez cantando ‘All Of Me’, de John Legend.

Esa música, esa voz melosa, hizo que Mónica fuera dejando caer su cabeza sobre el hombro de Álex, cerró los ojos y disfrutó de la voz de su compañero. Al acabar, Mónica abrió los ojos, se encontró con los de Álex, se dieron un piquito, después otro, el siguiente ya fue un beso como debe ser, y el tercero se metieron la lengua hasta la garganta. Cuando se separaron las boca.

-Mónica, yo no quiero hacerte daño, en estos momentos no…

Mónica le tapó la boca con la mano.

-En estos momentos, me vas a hacer mucho daño si no me llevas a tu cama.

Se levantaron, se pasaron las manos por la espalda y caminaron, llegaron al lado de la cama, se volvieron a besar con pasión. Mónica se desplazó los tirantes del vestido, se lo bajó un poco y cayó a sus pies. Que tetas tiene y que guapa está en tanga y zapatos de tacón, pensó Álex, mientras volvía a besarla acariciándole una teta. Mónica al sentir el contacto de la mano en su pecho, se le puso el pezón duro como una piedra, como toca este hombre, me está poniendo a cien, pensó. Ella le agarró el jersey por abajo levantándoselo y quitándoselo, siguieron con los besos, con las caricias, Mónica le desabrochaba sin prisas el cinturón y le bajaba la cremallera de la bragueta, hasta dejar caer el vaquero al suelo, luego, en medio de otro beso intenso, le acarició suavemente la polla por encima de la ropa interior. Álex, agarrándola por la cintura, la colocó suavemente sentada en la cama, le quitó los zapatos y ella se estiró. Él se quitó los zapatos y calcetines, estirándose al lado de Mónica, se volvieron a besar, las manos empezaron a recorrerse el cuerpo del otro, acariciándose, sintiéndose.

Álex bajó un poco la cabeza, le empezó a comer las tetas, lamiéndoselas, chupándole los pezones, ella jadeaba, le estaba encantando lo que hacía Álex, con aquella tranquilidad de quien sabe lo que está haciendo. Siguió bajando, le besó el chirri por encima del tanga, Mónica suspiró, sabía lo que vendría después, Álex le bajó y quitó el tanga, fue subiendo por los muslos lamiéndole la piel, hasta llegar al coño, las caricias de su lengua por los labios vaginales hicieron que Mónica gimiera suavemente. La lengua de Álex intensificó su trabajo, los gemidos eran más fuertes, hasta que ella se incorporó dándole la vuelta a Álex. Le quitó los calzoncillos, le agarró la polla y metiéndosela en la boca, le pegó un par de meneos que la dejó tiesa como una estaca, la pajeó un poco, pasó una pierna por encima del cuerpo de Álex, se acomodó bien, se apuntó la polla en la entrada de la vagina y lentamente se dejó caer penetrándose. Miró a los ojos a Álex.

-Los juegos previos me encantan, pero hace tanto tiempo que no… lo siento, tengo prisa.- Le decía Mónica a Álex, él reía.

Ella empezó a moverse, con dulzura, sin prisas, Álex cerraba los ojos, que bien folla esta mujer, pensaba. La respiración de Mónica se aceleraba, sus movimientos de cintura penetrándose como le interesaba, también se aceleraban, de golpe paró, Álex aprovechó y antes de que ella reemprendiera la marcha la giró, se puso él encima, en medio de las piernas de Mónica, ella las abrió todo lo que pudo, el se agarró la polla y se la metió en el coño, con decisión, de un buen pollazo, hizo que Mónica gritara de gusto, se fue moviendo dentro de ella, mientras la besaba y le acariciaba las tetas. Mónica pensó que con esos movimientos de Álex se iba a correr, demasiado tiempo pajeándose… y ya lo creo que se corrió, ella y él, los dos a la vez, como si hubieran follado toda la vida juntos.

Se miraron a los ojos, se dieron un besito en los labios, como si quisieran felicitarse por el polvo, a los dos le había sentado de maravilla, llevaban mucho tiempo a dos velas. Álex se levantó y fue a buscar la botella de cava y las copas, las acabó de llenar y brindaron. Él se estiró en la cama y ella apoyó su cabeza en el pecho de Álex.

-Me preocupa que puedas enamorarte o sentir algo por mí y yo no pueda corresponderte.- Le decía Álex.

-No te preocupes, ya entiendo que tú no quieres compromisos, a mí tampoco me interesan mucho la verdad, pero eso no quiere decir que nos lo pasemos bien ¿No?

-Si piensas así, por mí no hay ningún problema en que nos veamos.

Decía Álex, pensando que sería un idiota, si no se acostaba con aquella mujer tan espectacular y con la que tanta complicidad había descubierto que tenían en la cama. Un poco más tarde volvieron a follar, alargando más el polvo, en distintas posiciones, ella se volvió a correr encima de él y Álex lo hizo poniéndola a cuatro encima de la cama. Durmieron juntos y al día siguiente se despidieron después de desayunar, ella tenía que ducharse, cambiarse y darse una paliza de kilómetros para celebrar el día de Navidad con su familia.