Tocando la Gloria (II)
La alianza en su dedo y el silencio de su hijo no fueron suficientes para detener la pasión. Lo que comenzó como un roce en la piscina se convirtió en una necesidad insaciable que los llevó a cruzar el umbral de la discreción.
Gloria había vuelto a vibrar. Hacía mucho tiempo, quizá demasiado, que ningún hombre conseguía hacerla desear tanto tener una polla dentro de su cuerpo, y su vecino Daniel lo había conseguido.
Aquella tarde, en la pista de tenis de la urbanización, su amiga Elena le dijo que hacía rato que un hombre las observaba desde su terraza, que más bien la observaba a ella en concreto. Desde ese momento, Gloria se fijó más en el espectador anónimo, en la distancia le pareció un hombre interesante, maduro y bien cuidado.
La sorpresa fue mayúscula cuando, tras la marcha precipitada de su amiga, Gloria decidió bajar sola a la piscina para darse un relajante baño, tras el bullicio que durante la tarde se producía en aquél lugar. Apenas unos minutos después de llegar ella lo hizo alguien más. Desde su escondida ubicación, Gloria comprobó que se trataba del espectador anónimo de la tarde. Y sí, como ya le había parecido, el hombre era atractivo, un maduro con aspecto de seductor o, al menos, con el aspecto que a ella le gustaba, su sexo reaccionó al verle nadar en la piscina, y le hizo decidir dar un paso más, para conocer a su vecino. El paso, como pudimos ver en el capítulo anterior, terminó en una buena sesión de sexo.
Aquella noche, ambos se despidieron con un beso, subiendo cada uno por separado a su casa. Poco les importaba si alguien les había visto y reconocido, seguro que fue así, pues no evitaron gemir de forma sonora y clara.
Pero desde aquella noche, aunque no habían vuelto a cruzarse ni a verse, Gloria deseaba volver a tener a Daniel entre sus piernas. Deseaba mamar de nuevo su poderosa polla y sentir de nuevo la suave corrida de aquél en su cuerpo. Ahogaba sus ganas y su deseo masturbándose a diario, todas las noches, antes de dormir, plácidamente acomodada en su cama, suspirando y gimiendo del mismo modo en que lo hizo aquella tórrida noche.
Para Daniel, aquél encuentro también había supuesto un punto de inflexión en su vida. Hasta entonces jamás se había planteado la posibilidad de tener una amante, de conocer a ninguna otra mujer que no fuera su esposa, a pesar de que con ella apenas mantenía relaciones sexuales, las cuáles, además de esporádicas, eran convencionales y aburridas.
Desde su encuentro con Gloria deseaba volver a estar con ella, conocerla más, compartir momentos del día y, sobre todo, compartir su cuerpo y su placer. Pero no habían vuelto a coincidir, por lo que tomó una decisión: no tenía su número de teléfono, ni siquiera tenía claro cuál era la vivienda de Gloria, sabía que vivía en la planta segunda, pero no sabía cuál era su vivienda, por lo que, tras escribir una breve nota, bajó a lugar que ocupaban los buzones de correos y buscó su nombre, si había actualizado su nombre en el buzón de su vivienda, no le costaría encontrar a una Gloria. Y lo hizo, su apartamento era el 2º B. Dejó la nota, dentro de un pequeño sobre, en el buzón y se marchó a comprar algunas cosas.
A la vuelta del trabajo, Gloria encontró un pequeño sobre en su buzón, sin remitente. Lo recogió y subió a su casa, dejándolo sobre la mesa del salón. Se descalzó y se desnudó, mientras preparaba el baño para darse una ducha. En ese momento, semidesnuda, recordó que había dejado el sobre anónimo en el salón. Fue a por él y lo abrió:
“Hola Gloria, soy Daniel. Perdóname por esta intromisión, pero desde que nos conocimos la otra noche, no he podido sacarte de mi cabeza, ni de otras partes.
Me gustaría poder invitarte a cenar. Poder compartir una velada contigo, como unos amigos que comienzan a conocerse.
Te dejo mi número de teléfono para que, si lo deseas, puedas responderme.
Con todo mi cariño, Daniel”.
Una sonrisa sincera y cálida se dibujó en el rostro de Gloria. Él también la echaba de menos y quería volver a encontrarse con ella. La estaba invitando a cenar, a conocerse, a conversar y compartir. Gloria hacía años que era muy reacia a ese tipo de relación. Su experiencia con los hombres había sido un desastre, dejándole como secuela su profunda aversión a profundizar en la relación con cualquiera de los que había conocido. Pero Daniel la hacía sentirse de modo distinto. Bien es cierto que apenas habían hablado, que su conversación no fue con palabras, si no con sus cuerpos, pero le sintió de un modo completamente distinto a cómo había sentido hasta ese momento a los hombres con los que había compartido sexo y placer.
Se duchó, con la calma y serenidad que da la satisfacción de sentirse deseada por un hombre al que ella también deseaba. Se duchó y, aprovechó la ducha para de nuevo autocomplacer su cuerpo, acariciando y estimulando su vagina y clítoris, hasta lograr extraer hasta la última gota del néctar de su pasión y deseo.
Relajada, en todos los sentidos, envuelta aún en un albornoz, releyó la nota de Daniel, y memorizó su número de teléfono entre los contactos del suyo. Pasados unos minutos, decidió responderle mediante whatsapp:
- Hola Daniel, soy Gloria. Ya tienes mi número de teléfono. Estaré encantada de cenar contigo. Cuando quieras, sólo tienes que decírmelo. Un beso.
Gloria Había aceptado el órdago de su vecino. Estaba dispuesta a dar ese paso más que, hasta la fecha, y desde hacía mucho tiempo, no era capaz de dar.
Daniel recibió el mensaje de Gloria. El guante que él le había lanzado había sido recogido y aceptado. Así que, aprovechando que su vecina estaba receptiva, respondió al mensaje de aquella:
- Gracias por responder tan pronto. Si te apetece, podríamos salir esta noche. Conozco un sitio que está mu bien. Si llamo, nos darán una buena mesa. La comida es buena y el ambiente relajado y tranquilo.
Apenas un minuto después Gloria respondió:
- Me parece perfecto, me pongo en tus manos. Pero no quiero ser la comidilla de nadie, ya nos expusimos bastante el otro día. ¿Te parece bien que nos encontremos en el aparcamiento, a las 21:30?
Daniel leyó el mensaje de Gloria pensando que tenía razón. La noche en que se conocieron poco les importó si les veían u oían, probablemente en la oscuridad y estando en el último rincón de la piscina, costase mucho reconocerles, pero cabía la posibilidad. Si ahora, además, les veían entrar o salir juntos, serían objeto de comentarios por parte de algunos de los vecinos. Y él estaba casado, aunque su matrimonio fuera un tanto peculiar.
- Estoy de acuerdo. Te espero en la plaza 16, es la mía, a las 21:30. Un beso –respondió Daniel.
Gloria le respondió con un icono de beso, y ambos aprovecharon el tiempo que restaba para acicalarse y vestirse para la cita.
Daniel eligió un pantalón estrecho, de color beige claro, con un polo en tono azul celeste. Gloria un vestido veraniego de tirantes, con estampado de pequeñas flores sobre fondo blanco, con escote en forma de caja, y ajustado por la cintura.
A las 21:25 de la noche Daniel estaba esperando junto a su vehículo, en la plaza 16 del parking subterráneo del edificio. A las 21:30 en punto apareció Gloria. Nada más verla, Daniel sintió que algo dentro de su cuerpo comenzaba a bullir.
- Buenas noches, estás guapísima Gloria –dijo Daniel, antes de darle 2 besos a su acompañante en las mejillas.
- Buenas noches. Tú tampoco estás nada mal –respondió Gloria.
Daniel acompañó a Gloria hasta la puerta del copiloto, para abrirla e invitarla a sentarse dentro. Rodeó el vehículo, se acomodó en él y partieron hacia la nueva noche que tenían por delante. Había hecho la reserva en tiempo exprés en un pequeño y coqueto restaurante, en el centro de la ciudad. Allí le conocían por haber ido en alguna ocasión con motivo de su trabajo. Cómo ya anticipó, les prepararon una mesa un poco apartada del resto.
Daniel tenía la necesidad de comportarse como todo un caballero, mientras que Gloria se sentía enormemente halagada de que su acompañante lo fuera. Él ayudó a Gloria a sentarse a la mesa, retirándole la silla y ayudándola a acercarse a la mesa, una vez sentada.
Tras sentarse los dos, Daniel le preguntó a Gloria qué le apetecía tomar mientras decidían qué cenarían.
- ¿Qué te apetece beber, Gloria?
- No lo sé, ¿qué me recomiendas? –respondió ella, clavando sus ojos en los ojos de Daniel.
- Si te gusta el vino, tienen un vino blanco excelente. Es suave y afrutado. Puede suponer un buen inicio de velada.
- Pues si esa es tu recomendación, me fiaré de ti –dijo Gloria risueña.
Cuando el camarero se acercó, Daniel pidió dos copas de vino blanco de la bodega determinada de la que había hablado. Mientras esperaban a ser servidos, comenzaron a hablar mientras hojeaban la carta para la cena.
- ¿A qué te dedicas? –preguntó Gloria.
- Soy asesor legal. Trabajo para una pequeña empresa que, a su vez, es contratada por empresas más grandes cuando requieren asesoramiento específico para temas concretos –respondió.
- Suena muy interesante, se te ve un hombre interesante –dijo ella.
- No te dejes engañar por las apariencias. A veces es un trabajo tedioso y desagradecido. No es muy agradable cuando tu propio cliente desconfía de lo que le dices, porque no es lo que quiere oír, y acaba montándote una bronca, que no tiene ningún sentido.
- Sí, supongo que, como todo en la vida, tiene su lado oscuro.
- Y tú, ¿a qué te dedicas? –preguntó Daniel.
- Me dedico al marketing –dijo ella.
- Eso sí que debe de ser interesante. Y complejo. Supongo que deberás hacer profundos estudios de mercado, gustos, demanda, oferta, grado de satisfacción…
- Así es. Es complejo, a veces interesante y sorprendente por los resultados que obtienes y los datos que acabas manejando. Pero, a veces, también es aburrido. También nos encargan el estudio de ciertos productos y mercados, y el cliente se empeña en darnos a nosotros el resultado que debemos obtener. Si la realidad difiere de lo que quieren ver, también la toman con nosotros, -respondió Gloria.
- Pues empatamos a 1, -dijo Daniel, mientras levantaba su copa para iniciar un brindis-. Quiero que brindemos por nosotros, por nuestra naciente amistad, que espero y deseo que se acreciente con el tiempo.
- Yo brindo por lo mismo, y para agradecer haberte conocido. Eres un hombre interesante.
- Tú también eres una mujer muy interesante, Gloria: eres guapa, educada, inteligente, dinámica, y…, bueno que el sexo contigo fue maravilloso –añadió Daniel tanteando el terreno.
- Gracias. También tú me pareces un hombre muy culto, educado, atractivo y lo mismo digo: la otra noche contigo será inolvidable.
Permanecieron en silencio apenas un minuto, sopesando la importancia de lo que el uno y el otro acababan de decirse. Era evidente que había atracción entre ellos, más allá del calentón del día previo, ambos se gustaban, tanto físicamente como por la forma de comportarse y expresarse. Fue Daniel quién, antes de seguir avanzando, quiso sincerarse con Gloria:
- Antes de que haya malos entendidos, debo decirte algo: estoy casado.
- Lo sé, -respondió Gloria señalando con sus ojos la alianza de Daniel.
- Vaya, mujer observadora –dijo él.
- Sí, suelo serlo, es una de mis características –respondió ella -. Si te sirve de algo, ya vi tu alianza el otro día. Antes de que… comenzara todo.
De nuevo el silencio. Daniel pensó que, si Gloria ya se había dado cuenta de que estaba casado y, aun así, quiso tener sexo con él, es porque, realmente, a ella no le importaba mucho.
- Yo también debo decirte algo –dijo Gloria-. No estoy casada, pero sí tengo un hijo de una relación que mantuve hace muchos años. Me hicieron mucho daño, y no he querido volver a compartir mi vida con nadie. No era capaz. He tenido sexo, cuando he querido y podido, pero sin querer conocer de verdad a la otra persona. Simplemente por el hecho de satisfacer mi necesidad de sentirme mujer.
- Vaya, siento que te hicieran daño. Creo que eres una buena mujer. Una persona que no merece el daño que hayan hecho –respondió Daniel.
- Gracias –respondió Gloria, alargando una de sus manos hasta acariciar la de él.
A continuación el camarero volvió para tomar la cuenta de lo que iban a cenar. De nuevo Gloria se dejó asesorar, y de nuevo Daniel decidió por los dos. La cena fue apetitosa y ligera, acompañada por más vino que, para el paladar de Gloria, era realmente exquisito. La conversación continuó por temas cotidianos y poco profundos. Pero las miradas de ambos empezaban a vislumbrar cierto ardor. Ardor que fue creciendo con la noche.
Una vez terminada la cena, y pagada la cuenta, Daniel preguntó a Gloria si la apetecía ir a tomar algo, una copa en algún local en el que pudieran bailar. Ella respondió que sí entusiasmada con la idea, hacía muchísimo tiempo que no iba a bailar con un hombre, y Daniel le pareció la compañía perfecta.
Se acercaron andando a un local muy cercano, apenas a 150 metros del restaurante. Aunque caminaron separados, lo hicieron tan cerca el uno del otro, que sus brazos se rozaron en varias ocasiones, mientras que el aroma de sus perfumes inundaron el olfato del otro.
Una vez en el nuevo local, que estaba bastante lleno de gente en su mayoría más jóvenes que ellos, pidieron un combinado de ron con cocacola cada uno. Para poder hablar, dado el ruido reinante, tuvieron que acercarse mucho el uno al otro, hasta el punto de sujetar Daniel por la cintura a Gloria, y ésta pegar tanto su cara a la boca de él que, al hablarse, casi rozaron sus mejillas con sus labios. Todo ello comenzó a provocar que la tensión sexual entre ambos volviera a crecer.
Tras dar algún trago a sus bebidas, Daniel dejó los vasos sobre una pequeña mesa, y tiró de la mano de Gloria para conducirla hasta la pequeña pista de baile. Allí los dos bailaron la música que sonaba en ese momento: música pop de moda, y rodeados por bastante más gente, aunque sus ojos no veían más que al otro. La siguiente canción era una salsa. Daniel no era un consumado bailarín, pero se atrevió a intentarlo. Su sorpresa fue mayúscula cuando comprobó que Gloria bailaba como una ligera mariposa.
Ambos disfrutaron del baile, moviéndose con gracia y acompasando sus pasos como si llevaran bailando juntos toda la vida. En varias ocasiones sus cuerpos se rozaron, hasta el extremo de que, la creciente erección de Daniel se hizo notar en el cuerpo de Gloria. Los pudieron disfrutar de aquel baile como hacía mucho tiempo que no lo hacían. Al finalizar la canción, y evidentemente cansados por el esfuerzo, salieron de la pista, no sin antes Daniel darle un pico en los labios a Gloria, que ella aceptó encantada.
Terminaron cada uno con el contenido de su copa y decidieron que era el momento de poner fin a la noche. Al día siguiente ambos debían trabajar.
La vuelta a casa transcurrió de nuevo con una animada conversación, en la que Daniel narró algunas de las últimas anécdotas ocurridas en su trabajo, demostrando ser un buen orador, divertido y con mucho sentido del humor. Gloria no podía parar de reír con cada una de las historias que le escuchaba contar y, en varias ocasiones, colocó su mano con cariño sobre el muslo de su acompañante.
Cuando el vehículo enfiló la última curva para entrar en el parking del edificio, entre ambos se hizo el silencio. La noche estaba llegando a su fin. Y aunque ninguno de los dos quería que terminase, era ya suficientemente tarde.
Daniel maniobró hábilmente con el vehículo, una vez cruzada la puerta de entrada del parking, para aparcarlo en su plaza. Se desabrocharon los cinturones de seguridad, pero ninguno de los dos abrió la puerta.
- Ha sido una noche muy agradable, Daniel. Te agradezco muchísimo tu invitación –dijo Gloria con su bonita sonrisa en los labios.
- Gracias a ti por aceptarla. Desde luego será otra noche inolvidable contigo –respondió Daniel.
Gloria se giró y accionó la maneta de su puerta para salir del vehículo, pero en ese momento Daniel, en un arrebato súbito, la sujetó por los hombros, haciéndola girar para besarla de nuevo, pero esta vez no fue un pico como antes, esta vez sus labios besaron con mucho más ahínco, sus manos abrazaron y acariciaron el sinuoso cuerpo de Gloria y su lengua pronto fue recibida por la lengua de Gloria, en un beso cargado de erotismo y deseo.
Las manos de Gloria tampoco permanecieron quietas, y bajaron con velocidad desde la cara de Daniel, por su pecho, hasta alcanzar a tocar la erección que se marcaba en su pantalón.
Tras un par de minutos comiéndose la boca de forma desaforada y pasional, Gloria dijo:
- Vamos, subamos a mi casa, tienes que apagar el fuego que ha vuelto a nacer en mi.
- ¿No está tu hijo en tu casa? –preguntó Daniel
- No, está con los abuelos pasando unos días, podremos tenernos sin problema.
No dijeron más. Volvieron a sacudirse sus lenguas con energía y volvieron a manosear sus cuerpos antes de salir precipitadamente del vehículo y tomar el ascensor hasta la segunda planta. En el ascensor continuaron con compartiendo sus bocas y su lengua, Daniel manoseó y acarició el culo y las tetas de Gloria, aún sobre la ropa. Gloria recibía aquellas atenciones sintiéndose arder, invadida por el deseo, y dejando que sus manos exploraran el cuerpo masculino que tenía ante ella.
Gloria abrió como pudo la puerta de su vivienda, con Daniel pegado a su cuerpo. Nada más traspasar la puerta, éste comenzó a desnudarla, dejando caer los tirantes de su vestido para besar su cuello, deslizando su boca por la piel perfumada de Gloria hasta cubrir la parte de sus pechos que no estaban tapados por el sujetador. A continuación bajó la cremallera trasera del vestido, y éste cayó al suelo para mostrar el resto de la ropa interior de Gloria: Sujetador y braguita blancos. En el sujetador se marcaban perfectamente sus pezones.
A su vez, Gloria logró quitarle el polo para acariciar su pecho y excitar los pezones con el suave contacto con sus dedos. Se besaban a borbotones, se acariciaban constantemente, jadeaban, se deseaban…
Gloria comenzó a desabrochar el pantalón de Daniel, mientras él empezó a bajarle la braguita. El pantalón acabó cayendo, debajo vestía con un bóxer muy ajustado, en el que se marcaba de forma notable una verga de buen tamaño que no tenía ningún secreto para Gloria. Casi a la vez, Daniel logró quitarle la braguita y empujó a Gloria hasta un trozo de pared libre, haciéndola apoyar su espalda en ella, mientras él se arrodilló entre sus piernas, y sin más preámbulos, lanzó su lengua contra el clítoris y el coño de su amante. El sabor de los primeros fluidos, llenó su boca, era un sabor agradable y adictivo. Tras morder el clítoris con sus labios y muy suavemente con sus dientes, Daniel introdujo su lengua en el coño ardiente y empapado de Gloria, haciéndola estremecer de placer, mientras ella misma se encargada de acariciar y estimular sus propios pezones, en un doble placer que la estaba haciendo volver a sentirse en el cielo.
Tras varios minutos de sexo oral, en el que Gloria creyó que perdería la cordura, Daniel introdujo dos de sus dedos en aquel coño excitado y abierto, iniciando un rápido e intenso mete y saca, a la vez que su boca seguía devorando el clítoris con avidez sobrenatural.
Apenas dos minutos después Gloria sintió un tremendo orgasmo recorrer su cuerpo, paralizando y agarrotando sus manos y piernas. Sólo pudo gemir de placer. Sólo pudo cerrar con fuerza sus muslos, mientras sus manos se aferraron a la cabeza de Daniel, tratando de tenerle lo más dentro posible de su cuerpo, a la vez que sus fluidos inundaron la boca de su amante, no para saciar su sed, si no para despertar aún más su hambre.
Cuando Daniel comprendió que Gloria estaba absolutamente exhausta por el placer que había sentido, alzó su cuerpo y besó de nuevo su boca, compartiendo el sabor de sus fluidos con su propietaria.
Gloria, tras unos minutos de relajado beso, alargó su mano hasta tomar la verga de aquel hombre que conseguía llevarla de aquel modo a la locura del placer. Seguía erguida, dura y caliente. De modo instintivo ahora fue ella quién le empujó hasta uno de los sillones, haciéndole sentar, para colocarse ella entre sus piernas, de rodillas en el suelo, e introducir su polla en la boca.
La chupó y lamió con deleite, con auténtica devoción. Primero sujetándola con las manos. Poco después dejando que solo la boca se hiciera cargo de ella, subiendo y bajando por toda la longitud de aquel maravilloso falo, presionando y succionando con sus labios, hasta hacerla crecer y endurecer aún más.
Ahora era Daniel quién enloquecía de placer, sintiendo como su polla era engullida una vez tras otra por la boca sedienta de Gloria, a la vez que esta, recuperando de nuevo su estado anterior, volvía a acariciar su coño y clítoris con sus manos.
- Fóllame –dijo Gloria, más como una súplica.
Ambos se levantaron del lugar que ocupaban. Gloria condujo a Daniel, completamente pegado a su cuerpo desnudo, hasta un dormitorio: el suyo. Allí él hizo que se apoyara contra la cama, dejando a su alcance su brillante coño por los fluidos que ya había expulsado, y su tentador culo.
Daniel no pudo resistir la tentación, metió su cara entre los muslos de la mujer y lamió con auténtica pasión y deseo el ano de ésta. Dejó que su lengua lo ensalivara, que se introdujera dentro él todo cuánto pudo, mientras con sus dedos acariciaba y masajeaba a la vez el clítoris y el coño de Gloria, la cual volvió a gemir de placer, tanto al sentir la lengua del hombre en su orificio como cuando sintió la estimulación ejercida sobre su sexo.
Con los dedos, Daniel arrastró parte de los fluidos que manaban del coño de Gloria, para depositarlos en el ano de ésta. A continuación se puso de pie tras ella, colocando la punta de gorda polla en la entrada del ano. Gloria no protesto, no se movió, no dijo nada. Le estaba dando vía libre. Y la aprovechó.
Comenzó a bombear despacio aquel culo delicioso que la vida había puesto en su camino. Poco a poco, con muchísimo cuidado para no hacerla daño, logró introducir parte del glande en el interior de su cuerpo, tirando con las manos de las caderas de ella, a la vez que bombeaba con la polla.
Unos minutos después lo había logrado: el glande estaba dentro, abrazado y succionado por el culo de Gloria, que lo estaba recibiendo con una mezcla de placer y dolor. Tras unos segundos de parón, para que el cuerpo de su amante se acostumbrase a la presencia de su verga, Daniel volvió a bombear, para introducirse del todo dentro de ella.
Poco a poco lo logró, y toda su polla se alojó en el culo de Gloria, moviéndose cada vez más deprisa, con más intensidad, a la vez que una de sus manos seguía sujetándola por la cadera, y la otra se apoderó de su coño y clítoris, absolutamente empapados e hinchados por la excitación.
Los gemidos de Gloria, al principio menos intensos y más cercanos al dolor, se transformaron en verdaderas muestras de placer. A sus gemidos les acompañaron los gemidos de Daniel, que comenzaba a sentir de verdad un placer inmenso e indescriptible, follando aquel culo, cálido y suave, a la vez que estrecho, que engullía y succionaba su propia polla con cada embestida.
El placer siguió incrementándose. Gloria sentía como aquella polla taladraba su cuerpo, lo llenaba, la obligaba a dilatar el ano para alojarla dentro de sí misma, llena de placer y deseo. Por sus muslos resbalaban los fluidos que no dejaban de salir de su cuerpo, excitado y estimulado por las caricias que Daniel le ofrecía sin parar. Sabía que iba a volver a correrse, se iba a volver loca de placer.
A su vez, Daniel, sin poder parar, no dejaba de bombear, cada vez más deprisa, con más intensidad, introduciendo su polla dentro de la mujer hasta el fondo, hasta sentir sus huevos golpear en sus nalgas, una y otra vez. Hasta que el movimiento se hizo imparable, hasta que llegó al punto de no retorno, previo al estallido final de la tormenta.
Apenas 2 minutos después, fue Daniel quién sintió un inmenso latigazo de placer, un latigazo que recorrió cada punto de su cuerpo, que hizo estallar sus testículos, vaciándose en varios potentes chorros, a través de su polla, que escupió todo su contenido dentro del culo de Gloria.
Ésta, al sentir la cálida descarga de Daniel en su interior, al escuchar su gemido final, acabó por correrse, llenando aún más los dedos de Daniel con el producto de su placer, con el néctar ácido y viscoso de su cuerpo.
El semen de Daniel, cuando sacó su polla del culo de Gloria, salió a borbotones de aquél, deslizándose suavemente por la parte interior de sus muslos, dónde se mezcló con los fluidos de su coño. Antes de echarse ambos sobre la cama, Daniel besó de nuevo el coño y el ano de Gloria, tratando de llevarse todos los fluidos y semen que pudo en sus labios y lengua. A continuación besó con renovada pasión la boca de su amante, para poder saborear juntos el resultado de su placer compartido.
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