Xtories

Lo que la app une...

Clara siempre creyó que el amor llegaría por la puerta de entrada, no por una notificación en la pantalla. Pero cuando la voz cálida de un desconocido empieza a recorrer su cuerpo desde el silencio de su habitación, la clásica se convierte en algo mucho más peligroso y excitante.

Lgbcn5.9K vistas

LO QUE UNA APP UNE…

Dedico este relato a mis incondicionales lectoras. Ellas saben a quienes me refiero…

******

Clara no se lo podía creer. Estaba extasiada con una respiración agitada, sudando, desnuda sobre una cama que acababa de sufrir una batalla de sexo épica. Se quería girar y volver a abrazar a ese regalo que los Dioses le habían enviado. ¿Dónde había estado el resto de su vida? Ese Hombre (para ella lo resumía todo, un sueño hecho realidad) tampoco se movía apenas, sólo la respiración fuerte le indicaba que estaba vivo. También empapado de sudor y otros fluidos. Para ella estaba para mojar pan, para abrazarlo y no soltarlo nunca.

No, definitivamente no se podía mover. Los músculos de su estilizado cuerpo se negaban a ejecutar las órdenes de su cerebro. Así que activó lo único que podía hacer: su memoria…

TRES SEMANAS ANTES

-Va, Clara, que puede ser divertido, así conoces gente, que ya toca.

-Que no, Sara, que yo no soy de buscar tíos, y menos en una aplicación de teléfono. Yo no busco sexo por sexo, ya me conoces, soy muy clásica

-Clásica, clásica… repitió Sara con desdén. Vamos a ver, se trata de una aplicación que si no os marcáis como os gustáis los dos, no se habla con esa persona. Además, así te alegras la vista, mujer. Que ¿cuánto hace que no follas?

-Calla, calla, que tu siempre lo centras todo en follar. Ha de haber algo más, química para poder hacer algo.

-Pues busca la fórmula aquí, dijo Sara cogiendo el móvil de Clara, y dándole a bajar la aplicación

Tras un rato de ajustes y subir alguna foto no comprometedora, y un texto en el que indicaba que ella no era de las de sexo de una sola noche, enseguida empezaron a entrar imágenes de hombres. Muchos con poca ropa, exhibiéndose. Clara los iba descartando todos, a pesar de las quejas de Sara, que ya había encontrado 3 candidatos por lo menos, ya que ambas amigas estaban mirando la misma pantalla de móvil.

Apareció un hombre maduro bien vestido. Antes que Clara pudiera decir algo, Sara lo marcó con un “me gusta”, y a continuación la pantalla marcó que había un match. Clara puso los ojos como platos, mientras Sara aplaudía contenta.

-Tu primer ligue, a ver si responde.

Y casi como por reflejo de sus palabras, aparece un mensaje: “Hola chochito… me gustas… follamos?”

Clara estaba indignada. A Sara casi se le escapa el pis de la risa. Ya no respondió, y Sara le enseñó cómo borrar a quien no le gustara.

Le dieron ok a tres más, de los cuales dos volvieron a responder en términos más o menos idénticos al primero. Pero hubo un tercero que saludó muy correctamente, con preguntas de tanteo.

-¿Ves? Hay gente para todo, hasta sosos como tú, rió Sara. Clara le dio “like” a ese hombre porque le pareció de cara afable, complexión delgada. Aunque llevaba perilla, y eso no sabía si le gustaba o no, tenía una sonrisa franca, y no se le veía raro.

-Venga, respóndele alguna cosa, le espetó Sara. Aunque sea un hola. Clara obedeció a regañadientes. Un mísero “hola” fue su gran frase.

- El hombre respondió casi al instante. Le dijo que estaba trabajando en una multinacional, y que estaba divorciado desde hacía unos 4 años. Se le veía sincero, y en esa breve conversación no mencionó nada de sexo. Al menos un punto a favor, pensó Clara.

El tema decayó, y ambas amigas se despidieron hasta el próximo encuentro. Sara aún le dijo que a ver si para cuando se vieran le daba novedades, con un gesto obsceno que a Clara hizo ruborizarse. Pero sonrió.

En casa ya, se preparó la cena, y tras recoger todo, se puso en el sofá a ver la tele. Tenía el teléfono al lado. Vio que había un mensaje desde la aplicación. Aún se pregunta por qué lo abrió. Era del mismo hombre.

-“Disculpa si te molesto, me cautivó la sonrisa de tu foto. Querría saber algo más de ti”

Clara valoró esas palabras. No era un salido como los otros. Pero tenía dudas. Hace tiempo que no se veía con nadie, aún a pesar del tiempo transcurrido, recordaba el dolor de un traumático divorcio, y el final de una relación más cercana en el tiempo. Se debatía entre responder e ignorar.

Tardó dos días en responderle, aceptando un “quid pro quo”, a cada información que él le pidiera, ella tenía derecho a pedir lo mismo. Así ella supo que también tuvo un matrimonio convulso que acabó mal, su trabajo absorbente y poco agradecido, gustos y disgustos. El hombre le escribía siempre con corrección, y a pesar de alguna bromita cargada de segundas intenciones, en esas primeras conversaciones a nivel de pantalla ella se empezó a sentir a gusto. Tanto, que ella, sorprendentemente, le propuso intercambiar los teléfonos para hablar de manera más próxima. Aceptó casi inmediatamente enviando a Clara el número.

Su voz era cálida y aparentaba seguridad. Poco a poco iban cogiendo confianza. Clara tuvo que reconocer a Sara que ese hombre le atraía. Casi sin darse cuenta entraron en una dinámica de desearse buenos días al despertar, hablar a la hora de la comida, y largas conversaciones por la noche. Pero aún no se habían visto. Lo deseaban ambos, así lo reconocían, pero el trabajo de ambos era duro y sin horarios muchas veces, incluso fines de semana. Clara empezó a sentir algo más que amistad por ese hombre. Se lo imaginaba desnudo a su lado, diciéndole cosas que la entonaran, caricias, besos… Y seguían sólo por videoconferencias o por teléfono. Se enseñaron los pisos donde viven, cada día se conocían más, hasta que él dijo algo que no había comentado nunca…

-También escribo relatos eróticos

Clara aún no sabe lo que pasó. Un hormigueo empezó a nacer en su vientre, y una humedad empezó a manchar su fina braguita de color violeta oscuro. Él no se lo había dicho antes para no espantarla, según reconoció. Le indicó dónde los publicaba, pero ella le pidió que le leyera uno. Él no se amilanó, y aceptó el reto.

Esa cálida voz llevaba a Clara a imaginar que era la protagonista. Era una historia de intercambios de parejas. LA chica se lo pasaba muy bien siendo el objeto de placer de los 4 actores, y Clara no pudo evitar masturbarse mientras escuchaba el relato. Tuvo dos orgasmos en los 10 minutos de lectura. Él reconoció que la experiencia le había gustado mucho y que luego haría lo mismo.

Esa confesión llevó a otras, mutuas. Clara le dijo que había ido a clubs de parejas, y él que había hecho tríos con otras parejas. El morbo se iba apoderando de ambos. Él ya no ocultaba cuánto la deseaba, y se atrevió a idear relatos sobre la marcha porque ambos los disfrutaban. Pero les faltaba algo. Él quiso invitarla a cenar el viernes. Ella dijo que no, mantuvo la intriga un rato, para que él pensara que no quería quedar. Finalmente lo dijo:

-Mejor te vienes a mi casa y cenamos aquí.

-Vale, traeré vino, dijo él

Clara estaba nerviosa. Había invitado a un desconocido a su casa. ¿Y si le hacía algo malo? Pero ahora ya estaba hecho, aunque pensó que, faltando 4 días, si notaba algo raro, lo cancelaría.

Fueron pasando los días, y la cita se mantuvo. Clara se tomó el día libre en su trabajo para hacer zafarrancho general, ir a la peluquería y tomar un baño relajante. Mientras se ponía la ropa interior, se miraba en el espejo. La imagen le devolvía una figura espléndida, delgada con unas piernas torneadas, vientre plano y pechos levantados y turgentes. El 5 delante le sentaba estupendamente, pero más aún lo que en estos días hacía: sesiones de sexo virtual. Sus dedos buceaban en su vulva húmeda con cada relato con que él le regalaba los oídos, y se sentía bien. Hasta en su trabajo le comentaban que la veían más radiante. Su cabellera rizada brillaba aún más. Sí, se sentía bien consigo misma. La lencería negra se complementó con un vestido negro entallado de tirantes, medias que se aguantan solas a la altura del muslo, y zapatos de aguja que tenía desde hace años por estrenar.

Puntual como un reloj suizo, el interfono sonó a las 21 horas. Ella abrió corriendo, y se dio el último retoque ante el espejo del recibidor mientras él subía por el ascensor. Le abrió la puerta, y lo primero que vio fue un ramo de flores, luego un traje entallado, de buen corte con una corbata conjuntada, y por último una cara con perilla que sonreía mientras le daba las buenas noches. En la otra mano llevaba una bolsa con dos botellas de vino. Hubo unos segundos en que el mundo se paró, hasta que ella reaccionó y lo invitó a pasar.

La cena transcurrió deliciosamente, tenían conversación, uno enfrente del otro. Seguramente nunca recordarán qué tomaron, pero sí las miradas y gestos.

Decidieron tomar el café en el sofá. Ella lo deseaba, él también. Pero ninguno daba el paso. Fue el único silencio incómodo de la velada, antes de que él se decidiera a romper el hielo:

-Me muero por descubrir a qué saben tus labios

Fue el pistoletazo de salida. Un acercamiento tímido, un roce de labios antes de que él la abrazara y sus lenguas se entrelazaran. Clara suspiró y se apretó contra él. Estaban de lado, pero él la subió entre sus rodillas para que se sentara encima. Ella le rodeó con sus brazos mientras permitía que él accediera a su culo por encima del vestido. Ella lo miraba y le daba piquitos mientras deshacía el nudo de la corbata. Se iban desnudando el uno al otro como podían, hasta quedarse él en boxers y ella con la lencería negra.

-Me gusta lo que veo, dijo él sonriente

-Me gusta lo que veo, dijo ella sonriente

Se fundieron en un largo beso mientras él le quitaba hábilmente el sujetador y separaba sus braguitas para acariciar en sexo caliente, húmedo, con poco vello, anhelante. Ella le apretó la cara entre sus senos, que él lamió con fruición. Poco tiempo le dejó. Ella necesitaba tocar y sentir su virilidad en sus manos. No le defraudó. Caliente, vivo, duro. Lo miró a los ojos y empezó a arrodillarse entre sus piernas. Su boca cálida acogió el miembro duro, la lengua le hacía estremecer, y le acariciaba el cabello mientras ella acompasaba un ritmo de bombeo con su boca. Él la detuvo y la levantó. La besó apasionadamente y la llevó en brazos a la cama.

Allí él le quitó su tanga empapado, y se amorró a su caliente sonrisa vertical, saboreando todos sus flujos mientras ella se retorcía de placer abriendo aún más sus piernas para facilitar la lamida tan maravillosa que le estaba regalando. Ella puso los ojos en blanco cuando sintió la punta de la lengua profanar su roseta del culo, y estalló en un orgasmo como nunca antes lo había sentido.

Desmadejada, confusa, intentaba recuperarse del orgasmo cuando sintió una barra caliente que iba entrando en ella, poco a poco, permitiendo que su coñito se adaptara al grosor, hasta llegar al fondo de su vagina, desplegándola como nunca antes nadie se lo había hecho.

Una vez acoplados al máximo, ella rodeó su cintura con las piernas, mientras él empezaba un mete-saca lento al principio, y salvajemente después. Los gemidos inundaron la habitación. Él la abrazaba y le besaba el cuello mientras ella arañaba su espalda y le iba regalando un orgasmo múltiple, contrayendo los músculos vaginales hasta que él la inundó. Sentir el primer chorro candente mojar su cerviz le provocó otro orgasmo. Se sentía flotar.

Era ya las tres de la madrugada cuando se separaron del largo abrazo lleno de sexo. Ella mojó las sábanas con la simiente que salía de su interior, pero se sentía feliz, cansada, pero con más.

No sabía si era amor, eso lo deberá ir descubriendo más adelante, pero cuando se miraron el uno al otro entre jadeos tras el largo maratón sexual ella se estremeció y logró darle un beso en los labios…

Fin