Diario de mi vida
Las vacaciones llegaron y, mientras todos se iban de viaje, él se quedó. Lo que empezó como juegos inocentes en el sofá se transformó en una confesión de deseos prohibidos, desnudez y una conexión física que cambió todo para siempre.
DIARIO DE MI VIDA
Cuando llegaron las vacaciones la diversión no bajo de ritmo, ya que Enrique fue el único de la pandilla que no salió de vacaciones. Cuando su mamá salía al trabajo yo llegaba alrededor del medio día y aprovechábamos para jugar y disfrutar.
Desde el primer día que estuvimos solos platicábamos de todo lo que se nos ocurría, para terminar en el sofá y mientras yo quedaba boca abajo y se la chupaba, él se entretenía metiendo sus manos bajo mi falda, levantándola y acariciándome las nalgas y metiendo su dedo en mi ano, de poco a poco para que no me doliera.
Pasaba su mano por mis labios y dejaba de hacerlo mientras aumentaba el ritmo de la mamada para darle a entender que deseaba que siguiera metiendo su dedo; solo metía la mitad dentro de mí mientras los dos disfrutábamos.
Ese día se la estuve chupando tanto tiempo que termine adolorida de la mandíbula pero con mi ración de semen en la boca, lo que me provocó mucha risa.
El segundo día me dijo algo que no esperaba, ¡quería que fuera su novia por esas vacaciones! Y para no desilusionarlo le dije que si, y sin que me lo pidiera me hinqué y le baje el cierre y su pene salió para encontrar su lugar dentro de mí boca. No sé porque a los chicos les gusta que mientras se las mamas los mires a los ojos, pero es muy gracioso observar las caras que hacen mientras tienes su cosa en la boca.
Le dije que si era su novia nos teníamos que conocer bien, así que comencé a quitarme la ropa y quedar en cueros. Es tímido pero también se desnudo, y no me desagrado verlo así, ya que aún y cuando estaba pasadito de peso lo único que deseaba era su miembro para mí sola.
Me dejaba que me montara encima de él, haciendo que su pene rozara mi concha; mientras me movía el me masajeaba las tetas y me tocaba las nalgas. No sé porque lo hice pero le di la espalda y paré mi trasero, no dijimos nada pero su lengua me recorrió todo el culo y sentí como una descarga eléctrica cuando lo hacía, no quería que terminara de hacerlo pero creo que le dio asco porque paró.
La sensación de estar desnuda con Enrique me daba mucho morbo, me gustaba que me besara y me manoseara, que me tratara de masturbar mientras yo gemía quedito, sus manos eran torpes pero me hacían sentirme en la gloria, esa tarde desee que me lo hiciera pero pudo más mi miedo de quedar embarazada que mi excitación.
Esas tardes en su casa, desnudos y felices, me dieron una dicha que no puedo explicar. No es guapo y sin embargo mis ojos siempre iban a parar a su miembro erecto, no es grande pero era para mí nada más.
Cuando le pedía que me dejara chupárselo no tenía ningún pretexto para decirme que no lo hiciera, sentir en mi boca ese pedazo de carne caliente y húmedo me llenaba de excitación, hasta el punto en que de tanto tenerlo en mi boca me la llenaba de su leche.
Algunas veces iba a su casa sin ropa interior, para que nada más al llegar me quitaba la ropa y le pedía que me tocara, no mejoró mucho con el tiempo pero lo que si le enseñe, bueno a medias, fue a que me masturbara con sus dedos. No puedo mentir diciendo que tuve un orgasmo con él, pero si en mi habitación cuando en la noche recordaba nuestros juegos y su semen resbalando por mi cara.
Tal vez no le gustaba pero me agradaba la sensación de tener su dedo hurgando entre mi culo, tratando de entrar en esa cavidad estando recargada en la mesa y sintiendo sus manos recorrer mi cuerpo.
El último día de las vacaciones le propuse que jugáramos a que me quitaba la virginidad por atrás; no lo creía hasta que yo misma me puse en cuatro separando con mis manos las nalgas, enseñándole donde quería que lo intentara. La verdad es que no supo como hacerlo pero la sensación de sentir como trataba de meterme su cosa me hizo tener muchos sueños húmedos.
Terminó vaciándose en mis nalgas algo apenado, pero con un beso le quite esa cara de tristeza. Todavía me anime a estársela chupando mientras lo veía a los ojos y hacía entrar y salir su cosa de mi boca, no se corrió pero la dureza de su miembro se fue poco a poco. Lo acaricie durante un buen rato hasta que le pedí que guardara un recuerdo de esas vacaciones porque era nuestro último día como novios: le regalé unos calzones y me tendí en el piso con las piernas bien abiertas y sonriendo para que me tomará una foto con su laptop.
Al recordar esto sonrió y pienso que tal vez debí entregarle mi virginidad, pero con el tiempo obtuve lo que deseaba: tenerlo dentro de mí.
Salu2 y luego vuelvo a escribir.
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