Xtories

¡Eres una puta! – ¡Si soy una puta!

El toque de queda los encierra juntos en su casa, pero la verdadera jaula es la cama de invitados. Ella vino a arreglar su computadora; él vino a reclamar lo que considera suyo. ¿Está preparada para ser su puta personal durante todo el confinamiento?

Armando Casas10K vistas8.7· 6 votos

Lo recuerdo como si fuera ayer. En todo el mundo daban las noticias sobre como un virus empezaba a masificarse. Yo estaba en mi penúltimo periodo en la universidad y recién, a principios de enero de 2020, habita terminado una relación de poco mas de seis meses. Ella me había traicionado y aunque era uno de los mejores sexos de mi vida no podía tolerarlo más.

Sin embargo, esta historia parte desde antes, cuando aún estaba con ella, Angie. Ella era bajita, menudita, cabello castaño, blanca, pecosa y culiaba como los dioses. Era toda una bomba. Estando con ella conocí a una chica en la universidad que me pareció muy simpática, intercambiamos números, pero no hablamos mas de ahí. Yo respetaba que estaba en una relación, además estaba bien servido con mi chiquita adicta al sexo.

Retomando el inicio, en enero terminé con Angie e inicié un nuevo periodo académico en la universidad. Ahí me encontré en un curso con ella, con Jineth. Comenzamos a hablar y notamos cierta química entre ambos. Un día de tanto hablar me confeso que yo le gustaba. Ella me atraía. El COVID seguía siendo una amenaza. Entre charla y charla me di cuenta de que su computador no estaba funcionando bien y en la universidad nos habían dicho de la posibilidad de iniciar clases virtuales. Esta fue una oportunidad para invitarla a mi casa y arreglarle su equipo.

Aprovechamos que en Colombia, específicamente en la región donde nos encontrábamos, habría un toque de queda de prueba con un día festivo adicional. Ella aceptó venir a mi casa y en principio quedarse desde el viernes en la noche que iniciaba la restricción hasta el martes en la mañana que finalizaba.

Recuerdo que la recogí cerca de la parada del bus donde ella debía llegar y fuimos a mi casa. Ella se había vestido con una ropa que yo le había dicho que me gustaba como lo que quedaba. Jineth, una chica blanca, delgada con un culo acorde a su físico, pecho medio se veía preciosa y me dio buena espina que se vistiera como le había dicho que me gustaba.

Llegamos a mi casa y después de las presentaciones iniciales con mis familiares iniciamos el proceso del computador e iniciaba el toque de queda. Hablamos y hablamos y hablamos. Pusimos una película, inicio la química, roces, contacto visual. En un momento, cerca de las 9 de la noche sentí unas ganas impresionantes de besarla y se lo dije. Tal fue mi sorpresa cuando me dijo que podía hacerlo.

Electricidad. Ese beso fue un rayo que me recorrió por completo. Seguimos besándonos y poco a poco, mientras su computador instalaba el sistema operativo, mi familia se iba a la cama. Quedamos solo los dos en mi estudio, en la cama de invitados que tengo ahí.

A la media noche el beso se convirtió en caricias, la calentura era irresistible y comenzamos a desnudarnos. Le quite la ropa, me quito la ropa. Me peque de sus tetas rosadas con pezones café oscuro. Jineth gemía suavemente por el miedo a que nos escuchara. La puerta estaba cerrada y el televisor funcionando con alguna película que en realidad ya no importaba. La besé por todo lado y ella hizo lo mismo. Sus gemidos eran deliciosos y a mi oído.

En cierto punto ya no aguanté más y quería metérsela hasta el fondo. Sus labios inferiores estaban rasurados, eran rosados y muy suaves. Su humedad y calor me encendieron. ¿me pongo condón? Le pregunté. ¡No! Tengo la pila, dame así. Entro como mantequilla. Se la metí hasta el fondo y comencé a bombear, suavemente. Era delirante. Jineth cerraba los ojos y gemía. Se puso colorada. Su delgadez me permitía controlarla pues mis 100 kilos y 181 de estatura la movían fácilmente. Terminé en ella sin ningún reparo mientras me decía sin pedírselo que era mía. Ella logro terminar dos veces pues su humedad la delataba, sin embargo yo quería más. Esa flaca me tenía loco. Mi pene no perdió erección y yo la volteé, la puse en cuatro y la ensarté de un solo golpe.

Jineth volvió a gemir mientras a mi ya no me importaba que nos escucharan. El choque de nuestros cuerpos era delicioso. La nalguee y deje mi manota marcada en esas nalgas blancas mientras se la metía sin cesar. Dada mi primera corrida mi aguante fue mas efectivo. Mi amante no pudo sostenerse más y cayó colocando sus hermosas tetas en la cama mientras con una mano trataba de remitir sus gemidos. Eso solo hizo que su culo quedara en pompa y facilitara mi labor. En mi mente pensé en que ese culito apretadito también sería mío ese fin de semana. La tomé del pelo y la levanté acelerando mis envestidas y aumentando el sonido que salía de su boca. ¡Eres una puta! – ¡Si soy una puta! Y se corrió ¡Mi puta! Termine diciéndole, me corrí me levanté de la cama, tome mi ropa y me fui a mi habitación dejándola con el culo rojo por mis nalgadas, débil por sus corridas y chorreando mi leche por entre sus piernas.

Llegué a mi habitación y tomé el celular. Por WhatsApp le dije que se preparara por que ese fin de semana le daría la misma o más dosis cada día pues era mi putita personal. Me dijo que le parecía. Lo que ni ella ni yo sabíamos era que por decisión del presidente de Colombia íbamos a estar encerrados mas de las 3 noches pactadas. Eso ya es tema para siguientes relatos.