Un despiste me condujo a mi sumisión (14)
No es solo obediencia, es entrega. Cuando las puertas se cierran y las correas se tensan, el límite entre la vergüenza y el placer se desvanece en el silencio de una habitación reservada.
Mis Amas se sentaron en un apartado sobre unos sillones muy confortables. Un chico se acercó a Ellas para ver lo que deseaban.
Nos vas a traer dos gimtonic y un bol para el perro con agua, por favor.
El bol era para mi. Me quedé sorprendido de ver con qué naturalidad lo habían pedido y de que tuvieran esos bol para quien los pidiese. Pude ver como por la sala había otros hombres y mujeres que disponían también de un bol a sus pies.
Carmen, mientras nos los sirven podemos darnos una vuelta y ver qué tal está el ambiente, ¿te apetece?
Si claro. A él le dejamos aquí y así tenemos reservado el sitio.
Merche me acarició la cabeza diciéndome que vendrían enseguida.
Ahora venimos perrito.
Quedé en el suelo con las dos correas atadas a una abrazadera que había sujeta al suelo. Me sentía plenamente un perro, su perro y está naturalidad me hacía sentir bien. Así echado en el suelo pude contemplar a todo el personal. Viendo el ambiente deduje que se trataba de fiestas privadas donde el carácter era el BDSM.
Carmen está muy animada la reunión. Creía que no se iban a convocar más ya que la última no estuvo muy concurrida.
Si, me gusta mucho. He visto mucha gente que hacía tiempo no veía.
Un matrimonio se acercó a saludar a mis Amas. Se besaron y se abrazaron.
Vemos que tenéis un sumiso, cuánto nos alegra. ¿Hace mucho que lo tenéis?
No, solo unos meses, pero es como si lo tuviéramos de toda la vida. Os digo esto porque nos conoce como nadie, es totalmente obediente y no tiene ningún tipo de límite.
Increíble, normalmente es necesario bastante tiempo para reeducarlo a tu gusto.
Si, es cierto hemos tenido mucha suerte. Pero, ¿queréis sentaros con nosotras?
Si claro, muchas gracias.
Yo, echado en el suelo, pisado por mis Amas y en medio de ellos los miraba y por un lado me sentía ridículo de estar allí. Pero por otro miraba a mis Amas y me sentía muy bien de ser tratado como lo que había deseado siempre.
Cerdito, ¿no sabes saludar a este matrimonio amigos nuestros?
Unos tacones finísimos y muy altos se posaron ante mi cara. Eran las botas de esa Señora que era de la edad de mis Amas y bien entrada en carnes, de hecho el corsé que llevaba de cuero hacía resaltar sus redondeces así como sacaba sus pechos de su encierro.
¿Porque le llamáis así, por lo cerdo que es?
Si, lo toma todo y a nada le hace asco si proviene de nosotras. ¡Abre la boca y ofrécenosla!
Abrí mi boca y la fui ofreciendo a cada uno de ellos que escupieron en ella. Después seguí besando las botas de su amiga.
Realmente me ha encantado que sea así de cerdo. Yo le haría tomar de todo.
Ya lo ha tomado y olido si a eso te refieres.
No me digas Carmen. ¿Ya?. No sabes como me gustaría comprobarlo por mi misma.
Pues ayer mismo Carmen se encontró mal y estuvo vomitando por la mañana. Os podéis imaginar como lo limpio.
¡Que me dices!
Por supuesto que lo hizo. Ya me ocupé yo de que lo hiciera.
La amiga de mis Amas ante lo escuchado decidió comprobarlo por ella misma. Se inclinó hacia adelante y dejó caer sobre la caña de su bota un escupitajo voluminoso y denso que comenzó a deslizarse hacia abajo. Una señal de su mano me lo dijo todo.
A ver que tal lo limpia vuestro cerdo.
Acerqué mi cara a su bota e inicié con mi lengua una lamida de su escupitajo con el fin de que no llegara al suelo y pudiera enfadar a mis Amas.
Muy bien, cerdo. Me encanta vuestro esclavo por lo sumiso y servicial que es. ¡Que maravilla!, ¡yo quiero tener uno como él!
Pues a nosotras nos ha costado encontrarlo así es que os animamos a que no dejéis de buscar. Seguro que habrá alguno como el nuestro.
Cuando dejé de lamer su bota sentí un tirón de mi correa. Era mi Ama Carmen que me atrajo hacía Ella.
¿Os apetece que vayamos a un reservado?
Por mi si. ¿Te apetece a ti, Carmen?
Claro que si, después de tanto tiempo me apetece disfrutar como hacíamos antes al acudir a estas reuniones?
Pues entonces vamos.
Se levantaron todos llevándome tras ellos a cuatro patas y tirado por la correa de mi Ama Carmen. El suelo estaba todo enmoquetado por lo que mis rodillas no sufrían tanto como en casa. Mientras nos dirigíamos al reservado los que allí estaban me miraban como envidiando a mis Amas por la posesión de la que disfrutaban. Cuando llegamos al reservado pude ver que se trataba de una habitación muy amplia rodeada de espejos con una cama redonda muy grande en el centro. En un lado había una mesa con una perchas en la pared de la que colgaban todo tipo de instrumentos de tortura, látigos de varios tamaños, palas y fustas. Sobre la mesa había pinzas, plug y cinturones de castidad además de varios tipos de arneses con strapones de varios tamaños. A un lado había un armario en el que había calzado y ropa de cuero negro.
¿Que os parece este reservado que nos ha proporcionado?
Nos encanta por su amplitud y la decoración. ¿Os habéis dado cuenta que hay una cruz al fondo?, tendremos que usarla, ¿no?
Claro que si, pero primero nos vamos a cambiar.
Abrieron el armario y se vistieron con ropa muy ajustada y muy fetiche. Mis Amas estaban súper atractivas con esos corpiños de cuero negro que resaltaban sus hechuras de cuerpo haciéndolas muy sensuales y atractivas. En cuanto a su amiga vistió con unas braguitas de cuero y un sujetador a juego Todas Ellas se calzaron botas altas de tacones finos y altos que las hacían más imponentes. En cuanto al marido simplemente se desnudó quedando así.
Merche, a este cerdo, ¿como le vestimos?
Pues mejor lo desvestimos, ¿no os parece?
Carmen tiró de mi correa haciéndome levantar. Entre las manos de las tres me desvistieron dejándome sobre el suelo totalmente desnudo. Así, sin nada encima me llevaron a la cruz y me ataron a ella.
Creo que esto le favorecerá. ¿No crees tú Carmen?
Era su amiga la que con una de sus manos estrangulaba mis testiculos y los estiraba hacia abajo para así rodearlos de una anilla gruesa que cerró sobre ellos. Quedaron colgando y bien estirados dándoles una idea a las otras que cogieron unas pesas unidas con cadenas y las colgaron de la anilla haciendo que se estiraran mucho más.
Pobrecito, no os dais cuenta del dolor que sufre con estas pesas que le habéis colgado.
Carmen las tomó en sus manos haciendo que el estiramiento fuera menor. Haciendo esto acercó su cara a la mía y sonriéndome soltó las pesas dejándolas caer lo que me produjo un dolor increíble al que respondí con una sonrisa y dándole las gracias.
¡Muy bien Carmen! Voy a encargarme de sus pezones mientras vosotras seguís con ese entretenimiento.
El entretenimiento consistía en estar sentadas frente a mi y mientras fumaban un cigarrillo daban golpes con la punta de sus botas a las cadenas colgantes de las pesas para hacerlas oscilar y balancearse de un lado a otro. Mientras la amiga de mis Amas se encendió otro cigarrillo y me hizo tragar el humo, los escupitajos y la ceniza. Se colocó frente a mi para hablarme.
Ahora somos nosotras las que estamos disfrutando pero comprenderás que mi marido tiene derecho también a pasarlo bien, ¿lo entiendes, verdad?
Si, señora.
El marido estaba en un extremo de la habitación completamente desnudo. Seguramente estaría esperando poder intervenir. Yo mientras atado a la cruz no dejaba de mirar a mis Amas. Sus caras me lo decían todo. Estaban felices conmigo por mi obediencia y mi comportamiento.
¿Que os parece si dejamos que mi marido participe también? El pobre no hace más que mirar y como la tiene que le va a explotar.
Claro que si cariño, por supuesto.
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