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Lésbicosmar 2023

Paola y Emma 8

Paola nunca imaginó que su 'maldición' la llevaría a la cama de la hija del director, ni que Aldo, un chico que no cae bajo su control, sería la única variable que no puede manipular.

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Una vez que Paola cumplió con las órdenes de Emma, después de que también se “alimentara” y faltando algunos días para que iniciaran las clases, Emma le ordenó a Paola llevar a su madre para cumplir con su parte del trato, al llegar las recibió la madre de Emma con un atuendo bastante revelador, una blusa semitransparente dejaba ver su sujetador de media copa qué debido al tamaño de sus tetas el sujetador apenas le cubría, incluso se distinguía parte de sus areolas por arriba del sujetador. La madre de Emma las miró y tratándolas de manera normal dijo que debía salir, pero Emma las esperaba en el sótano, Paola y su madre entraron, mientras Paola bajaba las escaleras pensó si Emma la obligaría a alimentarse con algún nerd enfrente de su madre o si tendría alguna otra sorpresa preparada.

En el sótano, Paola vio a Emma esperándolas, su semblante no era el mejor, la notaba cansada y un poco molesta. Por un momento pensó en preguntarle que le había pasado, pero temiendo que Emma lo tomara como una burla o posible amenaza, prefirió mantenerse callada y que fuera Emma quien llevara la conversación.

—Bienvenidas. —Musitó Emma.

—Gracias, ama.

—Acuesta a tu madre en la cama. —ordenó Emma con un tono de voz fatigado—. Que no se diga que no cumplo mi parte del trato, aunque estoy muy cansada, haré lo que me corresponde, sin embargo, esto tomará algún tiempo.

—Se lo agradezco, ama, aguardaré pacientemente.

Emma hizo un gesto de aprobación y comenzó a “trabajar” en la mente de la madre de Paola. Poco después de comenzar manifestó un disgusto.

—Su mente no está como yo la había dejado y tampoco seguiste las indicaciones al pie de la letra, tal como te dije que deberías de hacer para que recordara las cosas.

—Seguí las indicaciones al pie de la letra, ama, fue difícil, pero no me salté ni un solo paso, la profesora estuvo supervisándome y ayudándome también.

Emma meneó la cabeza en gesto de desaprobación.

—Lo que pasará a continuación son dos cosas primero: esto requerirá un mayor esfuerzo de mi parte, pero no se puede aplazar y segundo; tu madre quedará con algunas secuelas, no recordará cosas o palabras, yo no quería que esto fuera así, pero la profesora y tu perrita, par de tontas. No pueden hacer nada bien.

Paola no entendía en que se había equivocado, pero como estaba en juego la memoria de su madre igual se disculpó.

Pasaron horas hasta que Emma terminó, preguntó si habían llegado en el auto de la madre de Paola y esta al contestar afirmativamente, le ordenó a la madre de Paola que esperara a su hija dentro de él, ella obedeció dejando solas a Emma y Paola.

—Mi parte del trato está completo, te repito que no recordará todo y tendrá algunas lagunas, atiéndela bien y tenle paciencia. En cuanto lleguen a su casa haz que duerma, mañana por la mañana estará casi normal. —Emma dejó de hablar, se apoyó sobre la cama, el esfuerzo la había debilitado bastante—. Ahora estoy muy cansada, déjame sola.

—¿Puedo ayudarla en algo?

—Solo necesito descansar.

Paola no quiso debatir más, así que se despidió brevemente y dejó sola a Emma.

Paola subió al auto y trató de poner sus pensamientos en orden, lo que le llevó algunos minutos. Cuando estaba lista para regresar a casa, vio a la profesora ingresar a la casa de Emma, deseo que Emma no fuera tan agresiva con ella y si estaba mal entonces la ayudara. Mientras conducía, Paola pensó por qué no le deseaba mal a Emma por los malos tratos que le había dado, en ese momento giró el auto y miró a su madre, entonces pensó que tal vez Emma dentro de su retorcida ideología tenía cierto código, algún límite que no cruzaba o ciertas acciones que aborrecía cumplir. Se percataba de que Emma tenía mucha más experiencia que la profesora, lo que implicaba que Emma tenía su maldición incluso antes de comenzar el ciclo escolar, y aunque ella y sus amigas llegaban a gastarle bromas y burlarse de ella, Emma nunca tomó represalias siendo que para ella sería muy sencillo ordenarles parar de hacerle bromas u ordenarles cualquier otra cosa. Por otro lado, ahora entendía como sus planes más crueles que llegó a preparar en contra de Emma, nunca se consumaron. Emma toleraba y dejaba que le pasaran algunas cosas, tal vez para mantener su fachada. Una vez que llegaron a casa, Paola hizo todo lo que Emma le dijo, con cuidado guio a su madre hasta su habitación y la acostó, Paola también se fue a dormir esperando lo mejor para el día siguiente.

A la mañana siguiente, la voz de la madre de Paola la despertaba como recordaba que pasaba cada día, sin embargo, esta vez Paola notó que la voz de su madre era un poco diferente. Paola fue a ver a su madre que por un momento se quedó sin decir nada, era como si pensara bien lo que debía decir.

—Hija, deberías de apurarte o se nos… hará tarde.

—¿Ma estás bien?

—Sí, bueno, no sé como explicarlo, me siento como si no fuera yo.

—¿Ma?

—No te preocupes, estoy bien, no pasa nada, y si pasa algo ten por seguro que te avisaré, ¿de acuerdo?

—Está bien.

Paola regresó a su habitación a cambiarse, pasado algún tiempo escuchó que su madre la apresuraba para que no se les hiciera tarde para ir al instituto y a trabajar. Paola tuvo que recordarle que eran vacaciones.

—En serio, vaya, las vacaciones se van muy rápido. ¿Cuántos días nos quedan?

—Tres contando el fin de semana.

—Bueno, y qué podemos hacer en estos tres días.

—Ma, quedamos que hoy iríamos al parque. —Fue lo primero que se le ocurrió decir a Paola para que su madre no sospechara y comenzara a pensar que había pasado en esos días.

Su madre actuó como si hubieran acordado ir al parque desde hace días.

—Cierto, perdona, ando un poco distraída.

En cuanto estuvieron listas, la madre de Paola se detuvo por un momento de nuevo como si el pensar necesitara el uso de toda su concentración.

—Hija, no sé dónde están las llaves del auto, no lo recuerdo.

—Las llaves las tengo yo ma. ¿Nos vamos?

—Si… sí, vámonos.

Paola le dijo a su madre que ella manejaría, ya que estando de vacaciones ella no necesitaba manejar. Cuando llegaron al parque le pidió a su madre que por mínimo que fuera si se sentía indispuesta le dijera. Su madre asintió.

Mientras paseaban y Paola dejaba que su madre se alejara un poco, sin perderla de vista un chico se le acercó y con la guardia en alto lo trató de manera cortante.

—Hola, me he llenado de valor y he decidido hablarte, disculpa mi atrevimiento.

—Hola. —Fue lo único que dijo Paola, pero pensó que no debía ser enviado de Emma, pues su cara no le era familiar y parecía algo nervioso e inseguro.

—Espero no interrumpir algo, recuerdo que hace algunos días viniste con esa mujer, —señaló a su madre— y con otra, esa vez te veías algo decaída, hoy luces mucho mejor.

—Sí. —Paola pensó que tal vez se trataría de un acosador, miró rápidamente a su alrededor y había bastante gente a la que pedir ayuda si es que su maldición no actuaba de manera adecuada o en caso de que su madre se acercara.

—Creo que te estoy molestando, te pido, me disculpes, solo te quería decir eso, que hoy te ves mucho mejor, y no es que ande mirando a todo mundo, pero sin duda tú destacas, por sobre todas las demás personas, eres muy guapa. Bueno, espero que si nos vemos en otra ocasión no desconfíes de mí.

—Espera, tienes razón, he estado un poco estresada en estos días, y eso me hace desconfiar de la gente, pero creo que debo darme una oportunidad.

—Me llamo Aldo, encantado de conocerte.

Aldo extendió la mano lo justo para no tratar de parecer invasivo. Paola, por su parte, pensaba que Aldo parecía atractivo en cierto punto y el hecho de que se fijara en ella sin haber utilizado su maldición, podría significar algo. Paola se presentó y correspondió el saludo, estrecho su mano y brevemente lo miró a los ojos antes de regresar su mirada a donde estaba su madre.

—Veo que en verdad te preocupas por ella.

—Es mi madre y no la ha pasado bien estos días, tiene algún tipo de… amnesia.

Aldo pareció interesado al escuchar el problema de la madre de Paola, que aún se debatía en cuanto podía confiar en Aldo.

—No quiero involucrarme, pero tengo un conocido que también tiene problemas mentales, sé que es difícil y también sé que toda ayuda es valiosa, y bueno, no tienes por qué confiar en mí, pero igualmente te ofrezco mi apoyo o algún consejo si estás interesada.

—Gracias.

Paola observó nuevamente a Aldo fugazmente, luego su madre se acercó a ellos.

—¿Quién es tu amigo?

—Es… —Paola no sabía como responder a esa pregunta, no quería hacerle las cosas más difíciles a su madre.

—Soy Aldo, y no creo que seamos amigos, aún, solo nos hemos visto un par de veces por aquí y hasta hoy tuve el valor de hablar con su hija, bueno, no deseo interrumpir y quitarles su tiempo, espero verte otra vez por aquí, que tengan buen día.

Paola agradeció que Aldo tuviera el tacto para tratar la situación de su madre de manera que no le causara problemas, su madre dijo que deseaba irse porque tenía hambre, sentía como si no se hubiera estado alimentado bien en las vacaciones.

Esta vez la madre de Paola insistió en conducir, y Paola no tuvo argumentos para oponerse. La madre de Paola se tomó su tiempo en recordar como es que se manejaba, pero en cuanto comenzó a andar pasó poco tiempo hasta que lo hizo de forma natural, después de comer ambas regresaron a su casa.

—¿Y entonces tú y el chico?

—Aldo. —Paola supo qué al rectificar tan rápido a su madre y decirle el nombre era porque Aldo había causado bastante interés en ella.

—Sí, Aldo, te gustó, ¿verdad?

—¡Ma! —Protestó Paola.

—Te conozco hija. —dijo su madre acompañada de una sonrisa—. Y no deberías de limitarte por mí, yo estoy bien.

—No es eso ma, —Paola no quiso contarle sobre su situación reciente—. Pero tienes razón, me pareció agradable, tal vez lo vuelva a ver.

—Solo cuídate hija.

Paola volvió a ir al parque el día antes de regresar a clases, esperó ver a Aldo, pero fue tiempo perdido, este no apareció, Paola se prometió que no valía la pena pensar tanto en un chico que vio escasos minutos, aunque le pareció simpático.

Al día siguiente Paola y su madre regresaron a su rutina diaria, Paola notó la gran mejora de su madre, cada vez tenía menos lapsos en los que pensaba demasiado las cosas, eso le dio tranquilidad, lo que hizo que su regresó al instituto fuera una carga menos.

En el instituto Paola buscó instintivamente a Emma, también vio caras nuevas, los del nuevo curso, Paola comenzó a divagar un poco y recordó como había desfilado desnuda por ese jardín y pasillos, entonces se preguntó si quienes la habían visto la reconocerían o ya habría pasado el momento, deseó que fuera lo segundo. Sus cavilaciones la llevaron a preguntarse cuántos de esos nuevos estudiantes caerían bajo las garras de Emma o siquiera sabían que existía algo que podía controlarlos o terminar con su vida estudiantil con una sola palabra, cada pensamiento hacía que Paola pensara cosas más turbias, tan concentrada estaba que no percibió cuando un chico trataba de llamar su atención hasta que lo tuvo enfrente.

—Sabes, eres fácil de encontrar, tu belleza y esa gargantilla hacen que destaques casi en cualquier lugar, así te vi la primera vez en parque y también te reconocí la siguiente vez.

—Aldo, claro, debí imaginarlo, eres de nuevo ingreso. —Dijo Paola mientras llevaba su mano hasta su cuello y tocaba la fina gargantilla y pensaba que si Aldo era de nuevo ingreso, entonces debía ser menor que ella.

—Así es, aunque aquí entre nos, perdí un año, pero estoy consciente de eso, así que esta bien si te burlas de mí.

Paola solo lo miró, pero no supo que responder, trataba de descifrar que era la expresión de Aldo.

—Mal chiste, bueno, te importaría decirme en que edificio está mi salón y qué hay en los demás.

Paola miró la hoja de Aldo, lo guio hasta su aula mientras le explicaba sobre los alrededores. Aldo quedó complacido y agradeció a Paola.

—Gracias, te lo pagaré, que te parece si en algún receso comemos algo.

Paola asintió vagamente sin darle importancia y se dirigió a su aula, en cuanto entró notó que Emma tampoco estaba ahí. Pasaron las primeras dos clases sin novedad, después de eso y ya creyendo que Emma no estaría ese día en el instituto, Paola se relajó un poco, se dirigió a la cafetería para comer algo, ella había olvidado lo que le había dicho Aldo pero él no, y justo cuando ella iba a ordenar, apareció Aldo.

—Yo invito, gracias por lo de hace rato.

—Gracias. —Dijo Paola volviendo en sí, y enfocándose en el momento.

Una vez que ambos tuvieron su comida, buscaron un lugar donde sentarse y estar tranquilos.

—¿No te importa que te vean comiendo con uno de nuevo ingreso?

—Esa sería la menor de mis preocupaciones. —Contestó Paola.

La comida estuvo bien, Paola la disfrutó gracias a la compañía de Aldo, que sin querer tocó el tema de su aspecto.

—Veo que te gusta mucho usar gargantillas… —Aldo no terminó de decir su frase al ver el repentino cambio en la actitud de Paola.

Después de un pequeño silencio incómodo, Aldo continuó hablando.

—Vaya, creo que es un tema sensible, lo siento, pero solo te diré que sin importar los motivos, te luce muy bien y ya no tocaré ese tema. —terminó de decir Aldo con una sonrisa.

Paola se sintió bien con sus palabras y ambos regresaron a sus respectivas clases, en el siguiente receso Paola se encontró con la profesora de camino a los baños.

—Buenas tardes, Paola, hoy te ves más animada —la profesora la vio con más detenimiento—, también lo sientes, ¿cierto?

—Hola profesora, ¿sentir qué?

—La ausencia de Emma, son pocas las ocasiones como estas y todo es menos estresante para mí y para todos en general.

—Oh, sí, creo que si profesora debe ser eso.

—Bueno, aprovechemos este día.

Sin más, la profesora terminó de arreglar su maquillaje y salió del baño. Paola pensó que entonces todo se debía a la ausencia de Emma, aunque muy en el fondo deseaba que lo que sentía por Aldo no fuera efecto de la ausencia de Emma. Tomando el concejo de la profesora, Paola decidió aprovechar el día, sin olvidar el trato que tenía con Emma, en el transcurso del día hizo uso de su maldición tal como había pactado, excepto cuando Aldo estaba cerca de ella, y, sin embargo, seguía sintiendo que ambos estaban interesados en el otro.

Al día siguiente Emma volvió a faltar al instituto, lo que eran buenas noticias para todas aquellas personas sobre quienes dominaba, Paola y los demás lo tomaron de la mejor manera y comenzaron a sentirse más libres.

Paola sentía que la atracción hacia Aldo crecía cada vez más, la profesora, los vio conviviendo en más de una ocasión y le preguntó si usaba su maldición para que fuera su nuevo novio.

—No profesora, con Aldo no he usado mi maldición, creo que él es diferente.

—Si no estás usando tu maldición, con él, sobre quien lo haces, entonces.

—Solo he coqueteado con cualquiera, no tengo un objetivo fijo.

—Te importaría ayudarme entonces, usarías tu maldición con una persona específica.

—¿Debe alimentarse de nuevo?

—¿Qué? No, acordamos no tocar ese tema, aunque recuerdo que me sentía vulnerable y usaste tu habilidad en ese encuentro en mí y me hiciste el rato más agradable, pero me estoy desviando. Mira, yo quiero aumentar de puesto, según los estatutos, debo de hacer méritos académicos, los cuales he cumplido a la perfección, pero el director se niega a reconocerlo y ascenderme.

—No creo que seducir al director sea bueno y menos si Emma no lo tiene ya bajo su control, por algo debe ser.

—No claro que no, eso es pensar frontalmente, y si algo he aprendido de Emma es que no debes actuar de manera directa a menos que no tengas opción. Lo que te propongo es que seduzcas a su hija, no tendrás problema con eso, ¿verdad?

Paola recordó sus encuentros anteriores con la profesora y Emma, no había tenido un encuentro completo, así que respondió que no tendría problema.

—Bien la usaremos para chantajear al director y obtener lo que merezco.

—Ya sé que Emma no está, pero supongo que ella se opone a que usted tenga ese aumento, ¿cierto?

—Emma dice que el lugar en el que estoy es lo mejor para mí, pero pienso que eso no es del todo cierto, pienso que el lugar en el que estoy es lo mejor para ella.

Paola pensó por un momento sobre la situación de la profesora. Era la primera vez que ella le pedía ayuda, siempre era al revés, también la profesora la había ayudado con su madre y a no sentirse sola mientras pasaba por esa difícil situación. Paola aceptó y la profesora le dio todos los datos sobre la hija del director y le contó el resto de su plan. Paola se sorprendió un poco al entenderlo y saber que tal vez Emma si reprimía la forma de pensar de la profesora, pues le parecía un buen plan.

Sin demorar más, al día siguiente Paola y la profesora comenzaron su plan, que no supuso gran desafío para ambas, Paola sedujo fácilmente a la hija del director hizo que cediera a acompañarla al mismo hotel de la vez anterior, donde la profesora ya tenía todo preparado. Dentro de la habitación, Paola ocultó su rostro bajo una máscara, pues la chica no se consideraba lesbiana, y solo quería experimentar, así que Paola decidió ocultar su cara para que la chica solo viera su boca y ojos, y así se explayara un poco más.

Comenzaron besándose, a Paola le resultó incómodo al inicio por la máscara, pero también le pareció interesante la experiencia. La chica besaba a Paola primero temerosa, pero después se fue soltando más hasta que Paola comenzó a sentir como había pasión en los besos de la chica, Paola correspondió y también besó de forma apasionada a la chica, mientras se mantenían muy cerca, Paola sentía como la chica la jalaba hacía ella cada vez más hasta que sus cuerpos chocaron, la chica la intentó apretar más, Paola sentía la fuerza, pero al ser la chica más pequeña que Paola, también era más débil. Cuando Paola estuvo con Emma, esta poseía las mismas proporciones que ella, así que estaba a su igual y cuando estuvo con la profesora y el tipo gordo, no se pudo enfocar tanto en la profesora, pero aun así el cuerpo de la profesora era más robusto que el de ella, así que Paola se dejó estrujar por la hija del director, pues le resultó agradable la sensación de apego que demostraba la chica. Una vez que sus bocas se separaron, la chica un poco apenada desvió la mirada mientras balbuceaba algo que Paola no entendió y debió preguntar de nuevo, la chica aun sin mirar a Paola solo habló más fuerte.

—¿Te puedes desvestir?

A Paola le resultó graciosa la petición, pero mantuvo la compostura para no menospreciar el valor de lo que la chica le pedía.

—Claro, pero… —Paola colocó su mano en el mentón de la chica y la movió hacia ella— me gustaría que me vieras mientras lo hago

Paola desabotonó su blusa poco a poco, libero sus hombros haciendo que la blusa se deslizara por su cuerpo hasta el piso, la chica miraba atenta, Paola continuó con su pantalón, el quitárselos fue menos artístico, pero la mirada de la chica siguió fija en el cuerpo de Paola, estando solo con su ropa interior Paola se acercó a la chica para desnudarla, la chica se opuso, entonces Paola tomó la mano de la chica y recorrió desde su cuello, pasando por sus hombros hasta llegar a la parte superior de sus tetas.

—Se siente bien, ¿cierto? Ahora yo quiero sentirte. —Dijo Paola, mientras su mano buscaba el acceso al pecho de la chica.

La chica se resignó un poco, pero le gustó sentir el tacto de Paola sobre su piel, así que dejó que Paola le quitara la ropa. Paola dejó a la chica al igual que ella solo con su ropa interior. Ambos cuerpos no podían ser más diferentes, la chica no pudo evitar compararse y sentirse inferior. A los ojos de la chica el cuerpo de Paola era perfecto.

—Desearía tener tu cuerpo.

—Hoy es todo tuyo.

—No me refería a eso.

—Lo sé, pero eso de desear es un arma de doble filo.

Paola, para tratar de olvidar el tema de los deseos, besó nuevamente a la chica, empezando por la boca, pero después dirigió sus besos al cuello y hombros, cuando sus besos descendieron más, con sus manos desabrochó el sujetador de la chica, una vez hecho, Paola continuó besando, está vez las tetas de la chica. Paola comenzó rodeando sus tetas yendo hacia el centro con cada beso, se tomó su tiempo cuando llegó a las areolas de la chica, ahí no solo las besó sino que también las lamió, cuando la chica comenzó a dar pequeños gemidos apenas audibles, Paola paso a sus pezones, primero los besó, luego los lamió y cuando estos estuvieron firmes los chupo, alternando para atender ambos pezones, sus labios los mantenían aprisionados pasaba su lengua por la punta de cada uno, lo que hacía que la chica comenzara respirar de manera entrecortada. Paola puso sus dientes sobre un pezón de la chica, apretó lo suficiente para que la chica sintiera presión, pero no para lastimarla, entonces Paola mirándola a la cara, se separó manteniendo la boca un poco apretada, los pezones de la chica comenzaron a estirarse poco a poco, un gemido salió de la boca de la chica, Paola veía la cara de placer y se detuvo cuando la chica tuvo un reflejo y puso sus manos sobre la cabeza de Paola, entonces repitió el acto, pero con el otro pezón de la chica, esta vez habiendo medido la tolerancia se mantuvo en el punto exacto donde la chica obtenía placer y esa sensación estaba a punto de convertirse en dolor. La chica aguantó por un tiempo hasta que pidió detenerse a Paola, pues la sensibilidad de sus pezones había incrementado y comenzaba a sentir raro. Paola se detuvo y ahora fue la chica la que intentó devolverle el favor a Paola. La chica trató de imitar lo que había hecho Paola con ella, al quitarle el sujetador, la chica se llevó una sorpresa, al ver las tetas de Paola vio los piercings que adornaban sus pezones, eso hizo que la chica se detuviera y justo cuando Paola iba a retomar la acción, la chica toco las tetas de Paola, al continuar con lo que Paola había hecho con sus tetas le preguntó:

—¿Que se siente tener los pezones perforados?

—incrementan mi sensibilidad, impiden que dejen de estar duros, y me gusta como se ven adornados.

—¿Te duelen?

—Cuando te los haces, sí.

La chica trató de imitar lo que le había hecho Paola, todo excepto lo de estirarle los pezones. Paola, mientras disfrutaba como sus tetas eran estimuladas, siguió tocando y acariciando el cuerpo de la chica, que le gustaban las caricias en la cintura y en la parte interna de los muslos. Paola comenzó a estimular su entrepierna, apenas tocaba su clítoris, cuando la chica estaba llegando a su clímax, la chica intentaba copiar lo que hacía Paola y se detenía cuando la chica no tenía el suficiente tacto o era incómodo. Paola se detuvo cuando la chica estaba en su clímax, la chica se molestó un poco, pero Paola la convenció rápidamente de que se tranquilizaran un poco para que la siguiente vez que subiera su excitación disfrutaran más sus orgasmos, la chica entendió y de nuevo volvió a acariciarla. Paola sentía como la chica recorría con ambas manos la acentuada curva entre su cintura y su cadera y después dirigía su mano hacia atrás para sentir sus nalgas, que apretaba y agitaba un poco, Paola terminó recostándose boca abajo y la chica se puso encima de ella a la altura de sus piernas. Así la chica pudo delinear con sus dedos todo el cuerpo de Paola, su tacto era gentil, partiendo de su cuello recorría toda su espalda haciendo presión en los lunares del cuerpo de Paola.

—Tienes un cuerpo muy bonito.

—Tú también tienes un bonito cuerpo. —Dijo Paola, dándose vuelta para mirar de frente a la chica y besarla.

Ambas chicas, habiendo sentido el tacto de la otra, acercaron sus cuerpos, Paola frotó sus tetas por el cuerpo de la chica mientras acariciaba su angosta espalda y cintura.

Paola llevó la mano de la chica a su entrepierna, mientras Ella hacía lo mismo con el cuerpo de la chica, la humedad de ambas facilitaba que ambas frotaran sus dedos por toda la zona, a Paola le gustaba que la chica lo hiciera firme, la chica, en cambio, prefería los estímulos más suaves. Los dedos de ambas jugueteaban tanto dentro como fuera, entre pliegues y también en sus respectivos clítoris. Cada una tenía una forma especial en la que le gustaba ser tocada, por lo que no pudieron lograr un ritmo para llegar juntas al clímax, la chica se entusiasmó y masturbó a Paola hasta que esta logró su orgasmo. Mientras se recuperaba, Paola catalogó su orgasmo como una buena experiencia, no fue tan intenso, pero si fue agradable. Ahora era el turno de la chica. Paola se entregaba por completo a darle placer a la chica, hizo que se recostara boca arriba, Paola se puso al costado derecho de la chica, puso su mano sobre su monte, doblo sus dedos que buscaron su clítoris, lo estimuló un poco y luego bajó más su mano, separó los labios vaginales de la chica e introdujo su dedo medio flexionándolo para lograr penetrarla. La chica reaccionó levantando un poco su pelvis, Paola lo tomó como una invitación para permitir que su dedo se adentrara más profundo. Paola movía su dedo simulando una penetración, pero también seguía flexionando su dedo, lo que a juzgar por la expresión en la cara de la chica le proporcionaba un gran placer, entonces Paola comenzó su siguiente paso del plan, bombardeó a la chica con preguntas que por la excitación respondía sin objeción, y cuando esta trataba de negarse, Paola la forzaba un poco bajando el ritmo o acelerándolo, entonces la chica pedía que Paola retomara el ritmo y respondía, cuando la chica contestó todo lo que Paola le preguntó, la llevó hasta el mayor éxtasis que su dedo podía provocarle, mientras frotaba su dedo rápidamente, con su otra mano estimuló el clítoris de la chica hasta que la hizo terminar. La chica sufrió varios espasmos, su cuerpo se contrajo casi sin control por algunos momentos, jadeaba y gemía, apretaba sus puños fuertemente, aun con su respiración entrecortada la chica tenía una cara de gratitud, Paola la miró y le dijo que si la experiencia le había parecido tan buena como a ella tal vez podían repetir y llegar más lejos la siguiente vez, Paola se acercó a la chica a su oído.

—Tal vez la siguiente vez podamos usar nuestras bocas para algo más que solo besarnos. —susurró Paola y mordió juguetonamente el lóbulo de la chica.

Un temblor recorrió a la chica. En ese instante Paola se vio obligada a dejar a la chica, pues así lo mandaba el plan, se vistió y saliendo del cuarto, se quitó la máscara, la profesora estaba fuera esperándola.

—¿Cómo te fue?

—Muy bien profesora, lo disfruté, tal vez la chica quiera repetir y yo estaré encantada.

—No creo que eso pase, a demás dudo que la chica tenga una actitud abierta hacia ti, ahora si me disculpas debo encargarme de mi parte del plan. —Dijo la profesora cerrando la conversación y entrando a la habitación.

Tres días después, la profesora mostraba la evidencia al director del encuentro entre Paola y su hija, el director le dijo que si intentaba chantajearla eso no serviría, pues estaba al tanto de las inclinaciones de su hija y, por otro lado, él la acusaría de fabricar y difundir el material sin consentimiento y entonces sería la profesora la afectada, cuando el director estuvo a punto de echarla de su oficina y amenazando con degradarla, la profesora comenzó a hablarle sobre las preguntas que previamente le había dicho su hija a Paola en la sesión de sexo, y mostrándole las pruebas que en esos días había dedicado a recabar, Después de que el director viera las evidencias no puso ningún obstáculo para el asenso de la profesora.

Continuará.

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