La mujer del jefe (modificado)
En la fría elegancia de Niza, la distancia entre el deber y el deseo se desvanece. Cuando el jefe se aleja, Andrés y Natalia descubren que la pasión no conoce jerarquías corporativas, y que un establo puede ser el escenario de un secreto que cambiará sus vidas para siempre.
Hay que indicar que este relato fue editado por el que suscribe en otra sección de relatos, que otros han reproducido posteriormente. Esta es la versión corregida.
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Andrés, contaba por la fecha en que ocurrieron los hechos que vamos a relatar con la edad de cincuenta y cuatro años, casado con Melisa, era padre de cuatro hijos. Dado su carácter de ejecutivo, perteneciente al Consejo de Administración de una gran empresa, solía viajar con relativa frecuencia por asuntos de la misma.
El presidente del Consejo de Administración y dueño de las acciones de la sociedad era D. Ramiro. Persona, que contaba con más de sesenta años, y que recientemente había contraído matrimonio con una bella mujer, bastante más joven, que contaba con treinta y ocho años, conocida por Natalia. Esta joven, es de esas mujeres que hacen enloquecer a cualquier hombre, con su sola presencia. Es lo que se dice una verdadera “hembra”.
Y ello se ponía de manifiesto, cuando aquella visitaba la empresa o en alguna comida social. La presencia de la misma levantaba pasiones entre los directivos y personal de la empresa, pero jamás nadie osaba realizar comentario alguno sobre ella, salvo el típico saludo y ofrecerle el respeto, al ser la señora del jefe de la empresa.
Cierto día, Ramiro y su esposa fueron invitados a una fiesta de inauguración de una marca comercial por parte una empresa internacional de renombre, la cual se celebrará en una hacienda privada en los alrededores de Niza. El Jefe planteó la necesidad de que acudieran otros dos directivos del Consejo de Administración, ofreciendo la posibilidad de que fueran acompañados de sus respectivas parejas. Uno de esos directivos, a los que Ramiro requirió para que le acompañaran fue Andrés.
La empresa les preparó todo lo necesario para el desplazamiento y hospedaje, tanto del otro directivo como el de Andrés y su esposa. Sin embargo, llegado el día se la salida, un problema familiar impidió a la esposa de éste acompañarle.
Una vez trasladados a Niza, se hospedaron en el hotel asignado al efecto. El día de la celebración se personaron en la Hacienda, constatando Andrés que la esposa del Jefe llevaba por vestimenta un traje bajo, bastante escotado de una sola pieza de una elegancia notable. Dicho vestido se ajustaba perfectamente al cuerpo de la mujer y poseía una abertura a un lado, dándole una carácter de suma elegancia y cierta seducción. Andrés pudo comprobar que el atrevido escote del traje, el cual dejaba entrever los hermosos pechos de la joven, quedando bastante impresionado.
Dicho ejecutivo jamás había osado dirigirle ninguna clase de cumplidos a la misma, y menos delante de su marido. Sin embargo, en esta ocasión, aprovechando el alejamiento temporal de Ramiro, se acercó a la misma para saludarle, atreviéndose a expresarle que esa noche se hallaba muy elegante y bella, alabando el traje que había escogido.
Natalia quedó sorprendida, ya que no estaba acostumbrada a que los ejecutivos de su marido se atrevieran a manifestarle esta clase de cumplidos o elogios. Gratamente sorprendida agradeció a Andrés sus palabras: Gracias Andrés. ¡Es la primera persona que se fija en mi en toda la tarde!
El hombre le contesto galantemente: ¡Deben estar ciegos!, ya que sin lugar a duda es la mujer más bella de la fiesta.
La joven casada, volvió a sorprenderse, añadiendo con una sonrisa: ¡Andrés me ha alegrado Vd. la tarde!, ya que lo estaba pasando muy aburrido. Ya ve, mi marido solo va a sus asuntos de la empresa, y me deja tirada en medio de un montón de gente que apenas conozco.
El hombre la contesto: Vd. sabe que en estas fiestas es normal que personas tan importantes como su marido aprovechen para estrechar lazos comerciales, que a buen seguro beneficiaran a la empresa.
-Ya lo sé, pero ello no deja de ser bastante injusto.
En ese momento hizo su aparición el otro compañero del consejo de administración que le había acompañado junto a su esposa, y los cuatro comenzaron a hablar de vanidades, durante un cierto espacio de tiempo.
Tras el catering, se sirvió unas copas de licor, y luego un baile amenizado por una orquesta contratada al efecto. El compañero y su esposa dijeron incorporarse al baile, quedando Natalia y Andrés solo en la mesa.
En un momento dado, Natalia le pregunto: ¿Vd. no baila?
-si, pero no tengo pareja. Mi esposa no pudo acompañarme. Además, permítame indicarle que, estoy mejor con Vd., que con esos ejecutivos que no hacen sino hablar de negocios.
La mujer se lo agradeció con su mirada. La conversación entre ellos se fue haciendo más amena hasta derivar en comentarios sobra la propia vida privada de cada uno. Durante la misma, ella le comentó a Andrés que todos pensaban que se había casado con Ramiro por el dinero, pero que no era cierto. Que ella lo quería, aunque le reprochaba que anteponía siempre su trabajo a ella.
La conversación se fue haciendo más animada en el plano personal, y Andrés en un momento dado le llegó a preguntar: ¿Han pensado tener hijos?
-¡claro que sí. ¡Al menos ese es nuestro deseo! le contestó aquella algo sorprendida, Pero, a veces creo que mi esposo pone poco empeño en ello, terminó por reconocerle.
-Cuanto antes mejor. Seguro que le llegará la oportunidad.
Ella volvió a retomar esa conversación indicándole: Lo deseo ardientemente, pero Ramiro siempre indica que no tenga prisa, que podemos esperar, como si tuviera miedo a las obligaciones que ello conlleva.
-Bueno. Yo tengo cuatro hijos y son lo mejor que me ha pasado en la vida. Además, seguro que ello ayudará a fortalecer su matrimonio.
Andrés constató que el tema de la prole tenía bastante preocupada a la mujer, ya que no cesaba de hablar sobre ello. Las copas y la confianza que había adquirido con el hombre, le llevaron a comentar que “no tomaba ningún anticonceptivo con la esperanza de que en uno de sus encuentros con su marido, pudiera quedar embarazada”. Decía que el entusiasmo de su marido era escaso, e incluso llegó a dudar que el semen de Ramiro tuviera la calidad suficiente para procrear, dado su edad.
Ante esa incertidumbre, el hombre le pregunto: ¿han acudido a un facultativo? Seguro que existen tratamientos que pueden ayudar y solucionar cualquier problema a respecto. Hoy en día los tratamiento están muy avanzados.
La mujer estaba tan metida en la conversación, y evidencio que las copas de licor la habían desinhibido, hasta el punto de que Andrés percibió que el tema de los hijos le afectaba bastante, ya que, en su osadía, llegó a confesarle que su marido se negaba a visitar a un médico para tal menester. Añadió que Ramiro era bastante conservador y que acudir a un facultativo por este motivo, era tanto como poner en duda su hombría.
Andrés terminó por animarla, indicándole que seguro que cuando menos lo esperara llegaría ese momento feliz. Pese a ello, la mujer no se sintió muy convencida de que ese momento pudiera llegar.
En ese instante hizo su aparición Ramiro, quien les manifiesto: Tengo que acompañar al anfitrión a su oficina que estaba a varios kilómetros de aquí para tratar unos asuntos y ver unos proyectos que tiene en mente, donde nuestra empresa podría participar. ¿Quieres acompañarme? Le preguntó a su esposa.
Ella, lo miro y le contesto: ¿Ramiro… va el resto de las mujeres?, Aquel le reconoció que solo irían hombres. Entonces ella terminó por decirle: y, ¿qué voy a hacer yo sola entre tanto hombre, que solo van hablar de negocios? Creo que será mejor que te espere aquí.
Ramiro lo comprendió. Entonces se dirigió a Andrés y le indico: Andrés, haga el favor de comprobar que mi esposa se encuentre bien, y, si le necesita para algo, préstele su ayuda.
Andrés quedó sorprendido, ya que él nunca dejaba que nadie estuviera con su mujer, pero era evidente que el negocio que tenía entre manos era sumamente importante, como para permitir que otro acompañara a su mujer. Ramiro se aprestó a indicarle que así lo haría y que se fuera tranquilo.
Tras la marcha de Ramiro, continuaron hablando en el salón del banquete. Al rato, Natalia se sintió algo acalorada en aquel recinto tan cerrado y con tante gente, y antes de que le diera un sofoco le pidió a Andrés si podía acompañarla fuera. El hombre se aprestó a ello. Al salir se percataron de la existencia de unos jardines bastante frondosos y extensos, por lo que decidieron pasear por los mismos con la finalidad de que la mujer se relajara, y hacer tiempo hasta la llegada de su
Empezaron a caminar por entre aquellos jardines, hablando de varias cosas, cuando se dieron cuenta que habían alejado bastante de las instalaciones donde se celebraba la fiesta.
No obstante, cuando estaban pensando en volver, se percataron de que se encontraban cerca de unos establos, que dedujeron eran la caballerizas. Habían escuchado que el anfitrión tenía unos magníficos ejemplares. Al acercarse más, escucharon sonidos de caballos relinchando. Llevados por la curiosidad, ambos decidieron acercarse más a dichas instalaciones, adentrándose, hasta llegar al lugar de donde provenían aquellos relinchos.
Pronto llegaron a un amplio patio, donde pudieron comprobar la existencia de un semental negro, majestuoso, el cual andaba detrás de una yegua, a la cual estaba hostigando. Se acercaron aún más, y ella le pregunto: ¿qué hace ese semental? ¿por qué motivo molesta a la yegua? ¿parece que quiere morderla?
Andrés se puso algo agitado y nervioso ya que no sabía cómo contestarle. Se había percatado que el “semental quería montar a la yegua” y, como esta se estaba haciendo de rogar, la mordisqueaba para que accediera a ser montada.
Cuando se lo explicó a la mujer, aquella se quedó bastante ruborizada con la respuesta. Pero su rubor aumentó cunado se percataron que el semental negro blandía un enorme pene, que colgaba majestuoso entre sus patas traseras y, con una notoria erección.
Ella, agitada y sin dar crédito, exclamo: ¿eso no será lo que pienso que es? Andrés, con una sonrisa se avino a contestarle: ¡va a ser que sí! Evidentemente es el pene del caballo.
- ¡¡, Pero… es enorme!!, si eso le entra a la yegua la va a matar. ¡Si parece que mida más de un metro!
Andrés se quedó nuevamente nervioso ante las preguntas y expresiones de aquella mujer. No obstante, se avino a explicarle que, aunque era grande, la vagina de la yegua se adaptaba perfectamente a dicho cipote, y lo aguantaría sin problemas.
En ese momento, observaron como el caballo se subió sobre las patas traseras de la yegua, blandiendo su enorme pene, e intentó penetrarla, pero aquella se movió y no logró acertar. Una y otra vez se subía sobre la misma y realizada la misma operación, sin conseguirlo.
Andrés se dio cuenta que aquella situación lo estaba poniendo bastante nervioso, agitado y sin querer, se estaba forjando una erección entre sus pantalones. Para colmo, tenía la presencia de una mujer tan hermosa y bella como la mujer de su jefe, y eso lo terminó de excitar.
Observó lo colores del rostro de Natalia, que denotaba que estaba igualmente excitada con el encuentro sexual de aquellos animales. Su cara estaba como encendida, acalorada y sus cachetes enrojecidos.
Ella en su nerviosismo, sin levantar la mirada de aquella escena exclamo: ¡ese semental está que no puede más, si la yegua no se deja la va a matar a mordidas!
Andrés recordó que normalmente un hombre ayuda al caballo dirigiendo su pene hacia la vagina de la yegua para que este la pueda penetrar y así se lo indicó aquella, haciéndole saber que lo más probable es que el semental se hubiera soltado y al notar que la yegua estaba en celo, se acercó hasta la misma.
Ante la apreciación de su acompañante, Natalia lo mira un poco curiosa y le pregunta inocentemente: ¿cómo sabe que está en celo?
El hombre, sin poder contenerse le contesta: ¡¡Pues por el olor que desprende su vagina! Los caballos tienen un olfato muy especial para ello.
Sorprendentemente, Andrés escucha que la mujer exclama entonces en voz baja, pero perfectamente perceptible por el mismo: ¡Qué pena que los hombres no tengan ese olfato tan definido, al menos sabrían cuando deseamos estar con ellos y cuando no!.
Sorprendido por su comentario, Andrés no pudo contenerse, y le manifestó a la mujer, con cierto atrevimiento: -bueno, la verdad es que ciertos hombres tienen un olfato muy parecido, y pueden detectar cuando la mujer es receptiva y cuando no.
Ella enrojeció y le miró intrigada, y agitada, preguntándole: ¿Que dice Andrés?. ¿no me estará diciendo que Vd. es uno de esos hombres?
Muy vanidoso, Andrés no perdió oportunidad de demostrar su tacto con las mujeres y le comentó abiertamente: Natalia, ¡creo que en muy pocas ocasiones he fallado en mi veredicto. ¡Se lo puedo asegurar!
Natalia quedo como impresionada. Su cara se encendió. Su nerviosismo fue mayor ya que, le constaba que en esos días estaba en su período más fértil, y temía que aquel hombre se hubiera percatado de ello. Por otro lado, el espectáculo que estaban contemplando era de lo más morboso.
En ese momento la erección de Andrés se hizo patente en su pantalón, extremo que la mujer pudo contemplar, aumentando su enrojecimiento. Pero, aún le queda algo más por experimentar esa tarde. Por toda respuesta, el hombre en un acto de osadía incomprensible, le dijo: ¿quiere que le diga lo que pienso sobre cuál es su estado actualmente?
La mujer lo miró a la cara, y le reprochó por primera vez su falta de respeto, diciéndole: ¿Andrés no cree que se está pasando? ¿No creo que esa sea una pregunta para realizar a una señora casada como yo?
-Lo siento Natalia. Retiro lo dicho. Me puse algo nervioso, No he querido ofenderla. Intento justificarse, comprendiendo que había cometido una idiotez, y que se había propasado.
La mujer no le contesto. No obstante, miraron hacia donde se hallaban los animales, comprobando que es ese momento el semental volvía a subir sobre la yegua, y de un certero golpe le logró meter más de la mitad de su pene en la vagina de aquella. Luego, la siguió penetrando, hasta que termino por introducirle su cipote totalmente. Tras ello se retiró de las ancas traseras de la yegua, mientras soltaba varios chorros de semen por su cipote, relinchando, como signo evidente de que había logrado cubrir a la yegua.
Andrés excitado ante aquella visión le dijo a la mujer: ¿Lo ha comprobado? A pesar de entrarle toda, no le ha pasado nada a la yegua. ¡Yo diría que hasta le ha gustado!, ¿no ve como está trotando?
Natalia seguía encendida, y su agitación parecía que le iba a dar algo. Se encontraba acalorada, sofocada diciendo: Uf estoy acalorada. Será mejor que salgamos de aquí cuanto antes.
El hombre lo comprendió y le dijo: claro. Por supuesto.
Con la finalidad de ver mejor el espectáculo se habían subido a un pórtico, como una especie de pasillo grande, desde donde tenían una vista perfecta del espectáculo. Pero, cuando pretendían salir del lugar donde se encontraban, la mujer comprobó que, su vestido se había enganchado con al algo. Nerviosa al ver que no podía destrabarlo, se le indicó a su acompañante. Andrés investigó la causa, comprobando que la parte trasera del traje estaba enganchada a unos alambres que estaban sueltos, que habían atravesado la tela. Le solicitó que no se moviera si no quería que se le rompiera el traje.
Sin embargo, verificó que para poder retirar los alambres tenía que pegarse casi completamente a la mujer, indicándole que no le quedaba más remedio que introducir su mano por debajo del traje para intentar destrabarlo y evitar que se rompiera la tela. ¡La mujer se agito!. Dicha agitación se hizo más notable, cuando el hombre le sugirió que iba a tener que remangarse el traje por la cintura.
- ¿está seguro que es necesario? -le pregunto ella, pensando que el hombre podía estar intentando aprovecharse.
-No veo otra forma de evitar que se rompa el traje. ¿pero Vd es la que decide? - le contesto aquel.
La mujer se lo pensó. No podía ir al establecimiento con tanta gente con el traje roto. Sería tanto como levantar sospechas. Por ello le miró y le contesto: “si no hay otra forma, hágalo, pero espero que sea un caballero y trate de no mirar”.
Ramiro se acercó totalmente a la mujer, casi pegando su cuerpo al de ella, para luego meter una mano por la abertura lateral del traje, y poco a poco fue subiendo hasta localizar el lugar donde se encontraba enganchado el alambre. Aquella fue una sensación escalofriante, tanto para la mujer como para el hombre. Andrés percibió claramente el calor que desprendían los muslos de la mujer, a medida que iba subiendo. Tuvo que pasar la mano pegada al muslo hasta llegar cerca de la cadera.
Natalia se sobresaltó cuando percibió la mano del hombre posarse sobre el muslo derecho, viendo cómo aquella iba subiendo. Se percató asimismo que con dicha acción el hombre le estaba viendo su entrepierna y la pequeña tanga de que llevaba puesta ese día. Es más, le estaba mostrando integralmente su trasero, cubierto únicamente por la parte trasera de la tanga, que era únicamente un hilo dental que se metía entre sus nalgas desnudas. ¡Nunca había pensado que una situación similar pudiera ocurrirle!
Andrés por su parte, notaba como su verga de endurecida por momentos ante aquel espectáculo. Al ser tan ceñido el traje de la mujer, le pidió permiso para poder levantar su parte baja y subirlo hasta la misma cintura. Aquella no le contesto, limitándose asentir con la cabeza. ¡Estaba muerta de vergüenza!.
El hombre se había tenido que agachar un poco para poder realizar la maniobra, por lo que, al subir el vestido, quedó ante su vista la minúscula tanga de color blanco, casi transparente, que permitía visualizar su pubis bien recortado y tremendamente negro. Se deleitó contemplándolo, constatando que era tan fina y transparente aquella tela, que podía distinguirse claramente los labios del coño de aquella hembra. Pero, su mayor sorpresa fue comprobar, la mancha que aparecía reflejada en dicha penda, precisamente en la zona en contacto con la raja de su coño. Evidencio que ¡aquella mujer estaba excitada y bastante mojada!
La situación no era para menos. El espectáculo vivido había terminado por excitar a Natalia. Saber que el hombre le estaba pasando la mano por su muslo desnudo y le estaba contemplando su vagina, era algo sumamente morboso, y que le llevo a calar su tanga con la lubricación de sus fluidos.
Un nuevo estremecimiento siguió cuando sintió la mano del hombre pasar por la parte trasera, rozando sus nalgas, hasta llegar al lugar donde el alambre estaba enganchado con el traje.
Con sumo cuidado, Andrés lo fue desenganchando, pero recreándose en el contacto con el cuerpo caliente de aquella hembra. Ante aquel calor que desprendía se dijo: ¡¡Esta mujer tiene que estar hirviendo! En ese momento paso por su mente la posibilidad de que pudiera estar ovulando, o en sus momentos fértiles, ya que por esas fecha a las mujeres les solía subir la temperatura corporal de forma ostensible. ¡Su pene ya no cabía dentro de su pantalón! Era consciente que el acercamiento a la mujer, aquella tenía irremediablemente que haber percibido su abultamiento.
No en vano, el hombre disponía de una tranca nada despreciable, que en estado de máxima erección podía alcanzar tranquilamente los 22 cm y poseía un diámetro superior a los 6 cm, con unas venas que recorrían la misma, y que la hacían aparentar más gruesa.
Pese al nerviosismo que invadía a la mujer, inconscientemente pareció unirse más al del hombre, como si realmente se estuviera restregando en el mismo. Ello, incidía notablemente en el comportamiento de Andrés, que cada vez estaba más excitado, y esos nervios le impedían acabar el trabajo de desenganchar el vestido. No obstante, con un poco de delicado trabajo, logró desenganchar el alambre, indicándole posteriormente que se fuera dando la vuelta para poder continuar dicho trabajo.
¡Aquello era todo un espectáculo de lo más morboso! Natalia tenía remangado el vestido más arriba de la cintura, y al darse la vuelta, quedó con todo su trasero prácticamente desnudo y solo cubierto por aquella pequeña prenda, que además se metía en su culo, dejando sus preciosas nalgas a la vista del hombre.
Cuando por fin tenía casi desenganchado el alambre por esa parte, fueron sorprendidos por el ruido de unas personas que venían hablando, y que parecía ser dos hombres, que se acercaban al establo por donde ellos se encontraban.
La mujer se puso muy nerviosa, diciendo su acompañante que no deseaba que la vieran en aquel trance y además con él, y mucho menos en aquel establo. Y era lógica su reacción, ya que podían pensar que allí estaba ocurriendo alguna situación erótica.
Ella misma, decidió esconderse. Viendo una especie de tableros de madera colocados en forma vertical reposados sobre una pared, que dejaban un hueco, el cual permitía resguardarse de la vista de los posibles visitantes, decidió esconderse allí. Andrés fue el primero en entrar y luego lo hizo la mujer. Una vez dentro, comprobaron la necesidad de que la mujer tuviera que agacharse, por la estrechez del habitáculo, lo que motivo que quedara a entera disposición del hombre el trasero desnudo de Natalia, ya que, con la premura, no había tenido tiempo de arreglarse el traje, el cual se mantenía ceñido a la cintura. Al ser de una costura tan ceñida, no pudo bajarlo, y con los nervios y temor a ser vista, decidió entrar, tal y como estaba.
El pequeño habitáculo resultó ser sumamente estrecho, quedando el hombre detrás y colocándose la mujer delante, dejando todo el trasero en contacto con el pantalón del hombre. Al tener que mantener un posición inclinada, pronto aquella vio que no podía sostener una posición tan incomoda, por lo que terminó por recostars encima de los muslos del hombre. Esa acción motivó que su trasero quedara en contacto directo con el abultamiento del pantalón formado por el pene del varón. Solo les separaba la tela del pantalón, ya que aquella tenía todo su trasero desnudo, salvo su pequeña tanga.
Constataron que los hombres se acercaron hasta donde ellos se encontraban, quedándose a escasa distancia de los mismos. Enseguida, comprobaron que eran dos hombre que iban hablando, percatándose de que, al menor movimiento o ruido, aquellos se darían cuenta de su presencia. ¡La mujer no iba a permitir que la localizaran allí!, especialmente con otro hombre y en aquella compostura. ¡Hubiera sido un verdadero escándalo!
Mientras los hombres hablaban por fuera, ellos se mantuvieron en el habitáculo. Pero la posición en que se encontraban era sumamente incomoda. La mujer estaba en contacto permanente sobre el pantalón del hombre, y con la lubricación de su vagina, la cual trasparentaba claramente la humedecida tanga, dio lugar a que se comenzara a humedecer los pantalones de Andrés. Cuando aquel se dio cuenta de ello, se quedó algo preocupado ya que iba a terminar con los pantalones algo claros que llevaba con una preocupante y evidente mancha a la altura de su bragueta. Constató que aquella mujer debía estar muy caliente, ya que lubricaba tanto que traspasaba la tanga que llevaba puesta. Él se había percatado que tampoco llevaba salva slip, por lo que sus jugos estaban en contacto directo con aquella tela sumamente transparente, y traspasaban la misma.
¡Andrés empezó a preocuparse! Era la mujer de mi jefe, pero aquella situación, con el trasero de la mujer encima de su pene, y viendo que encima le estaba empapando el pantalón, lo aceleró poniéndolo más arrecho. Tras pensarlo durante unos momentos, se arriesgó, y haciendo que pretendiera colocarse mejor, lo que realmente hizo fue bajarse el cierre del pantalón y extraer su verga totalmente envarada como un auténtico misil. La mujer se había vuelto a subir un poco, y cuando áquel la hizo volver a la situación anterior, se vio sorprendida con que su trasero desnudo, entró en contacto con la desnuda tranca del mismo.
Andrés percibió la agitación de la mujer, observando que aquella hizo ademán de reprocharle, pero la cercanía de los hombres la reprimió. Intentó volver a la posición anterior levantándose un poco, pero pronto se dio cuenta que no podía permanecer así, volvió a sentarse sobre los muslos del hombre.
El pene del hombre quedó en horizontal, y los muslos de la mujer quedaron casi abrazando las dimensiones de dicha pieza. Estaba sentada sobre el vástago del varón. El hombre realizó una serie de movimientos, como si se estuviera restregando contra el coño de la mujer. Dado que la prenda era bastante trasparente y una tela muy fina, la gran lubricación de la mujer llevo a mojar con aquella jugos el pene. De hecho, los labios vaginales de la mujer quedaron abrazando el pene del hombre, ya que la tela era bastante débil.
En un momento dado, la mujer se puso tan agitada que se vio obligada a preguntarle de forma áspera, moviendo la cabeza hacia atrás: -pero ¿qué hace? ¿Cómo se atreve?
Andrés no le contestó. Ella al incorporarse un poco evitando aquellas fricciones, hizo que el pene del varón volviera a poner en vertical. Al intentar la mujer descender, Adrián aprovechó para tirar un poco de la tanga hacia un lado, dejando los labios vaginales totalmente libres y desprotegidos. Ello facilitó que, al descender aquella, la cabeza del pene quedara a la entrada del coño de Natalia, llegando a entrar un poco. La mujer instintivamente se volvió a levantar al sentir como el manubrio del hombre se metía en su vagina. oh que hacer…
Pero Andrés estuvo atento, y tiró de las caderas de la mujer hacia abajo, logrando con el descenso de la misma que su vagina se tragara la casi totalidad de su cipote.
Uhhh oooo- emitió un gemido entrecortado la misma, al sentir como la polla del hombre se incrustaba dentro de su coño. Para colmo su vagina era algo estrecha, por lo que las paredes de su misma tuvieron que hacer un esfuerzo y dilatarse al máximo para permitir el paso de aquella lanza. ¡Su coño no estaba acostumbrado a las dimensiones de un pene de aquella características!. Pese a todo intentó emitir un grito, pero el hombre fue cauto y le puso la mano derecha en su boca, al tiempo que, con un certero golpe de riñones, le terminar de alojarle completamente su daga hasta los mismos testículos.
Natalia quedo como petrificada, con todo aquel enorme falo dentro su vagina. Intentó volver a quitarse, pero el hombre la sujetó, al tiempo que se movió revolviéndose y con ello toda su polla dentro de la mujer. La mujer no le quedó otra que, aceptar la situación, pegando su cuerpo lo máximo al pecho del hombre, casi desfallecida por el intenso dolor en su vagina.
Andrés era un hombre experimentado, y sabía que debía esperar a que la vagina de la mujer de acostumbrada a las dimensiones de su vástago. Cuando constato que aquella parecía relajarse, la tomó por las caderas y comenzó a hacerla hacer subir y bajar, tenido como eje su pene, constatando que la concha de aquella se adaptaba mejor a las dimensiones de su pene.
Natalia, por miedo a ser escuchada no articulaba palabra, solo gestos. ¡No se creía lo que le estaba ocurriendo! Estaba ahora empalada por uno de los ejecutivos de su marido, que además disponía de un miembro bastante respetable. Estaba muy caliente, y notó como la entrada de aquella barrena, en el fondo le gustó. Sentía como entraba y salía aquel pistón de su vagina, lubricándola cada vez más. Pese a todo, aceptó la situación, intentando disfrutar de una follada no prevista, coadyuvando en los movimientos de subida y bajada. Pero su éxtasis llegó pronto, cuando observó como el hombre le agarraba sus pechos con una de sus manos, que, al ser un lugar bastante erógeno y sensible para ella, le llevó a alcanzar su primer orgasmo de la tarde.
Al sentir como la mujer contraía su vagina, en un intento de triturar su tranca, el hombre aceleró sus arremetidas contra el coño de aquella, haciendo que pronto convulsionara y culminara su orgasmo. Se dio cuenta que los jugos de la mujer, bastante abundantes, descendían por su tranca hasta llegar a sus bolas mojándolas totalmente, así como parte de su pantalones.
La mujer gemía entrecortadamente, pero tan bajo que, era difícil ser percibidos por los hombre de afuera. Cuando concluyó su orgasmo, permaneció sentada sobre los muslos del hombre, con su coño albergando en tu totalidad del cipote de aquel. En ese momento, nota como aquel, introduce sus manos por el amplio escote de su vestido, tirando del mismo y sacando fuera sus pechos, que quedaron totalmente desnudos al no llevar sujetador. Pese a su nueva agitación, no hizo nada, permitiendo que el hombre comenzara con manos a manosear sus pechos a placer, tirando de los pezones con los dedos, y constatando la dureza de los mismos.
Andrés había comprobado que los hombres se habían marchado, pero él quería continuar follando aquella hembra, aunque fuera la mujer de su jefe. Quería darle toda la caña que su cuerpo aguantara. El color del coño de la mujer, pese a estar quietos, lo encelaba, y hacía que su cipote no se bajara ni un ápice.
Ella entonces, hecho la cabeza hacia atrás, y le dijo casi al oído, como suplicando: oh, Andrés… ¿qué me ha hecho? ¡Se has aprovechado de la situación! Me has tomado en el peor momento: creo que estoy ovulando. ¡que locura!
-Lo siento Natalia, pero me has puesto muy arrecho. Tienes un cuerpo, y un trasero que vuelve loco a cualquiera. Y en esta posición….
-Estas loco. Soy la mujer de tu Jefe. ¿Qué crees que pasara cuando lo sepa? Le recriminó aquella, con un cierto aire de amenaza.
-¿Y quien se lo va a decir?. Además, “sé que ha disfrutado”. ¡Su coño sigue caliente y pidiendo más polla!.
-pero que dices ooo
Apenas terminó de hablar Andrés, arremetió de nuevo contra el coño de aquella casada, viendo como su polla se deslizaba ahora más suavemente dentro de aquella caldera en ebullición. La mujer se sorprendió, pero pronto colaboró colocándose un poco en posición inclinada para que aquel semental pudiera continuar penetrándola como mayor facilidad, arremetiendo una y otra vez, martillando sin piedad la vagina. Natalia se había percatado igualmente que los hombres se habían marchado, pero no dijo nada. Pero, ahora comenzó a gemir entrecortadamente mientras el ejecutivo la atravesaba una y otra vez. ¡Estaba volviendo a disfrutar de aquella follada, que, aunque no prevista ni permitida, la necesitaba!
-oh si sigue…oooo me vas a reventar oo siii
No tardó mucho en volver a experimentar el placer de un nuevo orgasmo, en aquel lugar tan singular, y ante un extraño que no era su marido. El hombre la siguió penetrando con gran énfasis, viendo que ya emergía por el interior de su nabo el líquido elemento. ¡Su semen solicitaba ser inmediatamente liberado!
Antes de que la mujer pudiera decirle nada, sintió la primera lechada contra las paredes de su vagina. En ese momento se percató que el ejecutivo se estaba corriendo dentro de ella. Pero, ella estaba en sus momentos fértil: ¡oh la iba a dejar embarazada, y no era su esposo!
Oh, no…. ¿lo estás haciendo dentro? oo que locura..
El semen de varon salía a borbotones de su pene, rociando sin para el coño de aquella caliente hembra. Torrentes de leche salían disparadas contra las paredes de la vagina de aquella fémina, alcanzando pronto su útero, e inundándolo. Oh si.. que corrida.…..uf…te voy a llenar el coño Natalia….siii
Entre los estertores, la mujer sentía como el semen del varón llenaba su vagina. Se daba cuenta que jamás su marido la había cogido con tanto ímpetu, ni con una verga tan grande. Por otro lado, presentía que iba a resultar fecundada, ya que la eyaculación del semental estaba siendo bastante copiosa. Sentía el fluir del semen dentro de su concha.
Tras terminar, la mujer se volvió a sentar totalmente rendida sobre al hombre, permaneciendo así durante unos minutos, con todo el nabo de aquel aún dentro de su vagina. Andrés la tenia abrazada desde atrás, mientras sentía el calor de aquella mujer y el que desprendía su propia vagina. Luego le indico: Los hombres parece que se han retirado. Ya podemos salir.
La mujer despertó de aquel letargo, se incorporó y observó aún con su traje remangado a la cintura, su vagina, por la cual resumía restos del semen del varón. Su coño estaba bastante abierto y enrojecido por la inflamación: nunca aquel había sido follado por un pene tan dimensionado.
Una vez de pie, la mujer se gira, y se gira hacia el hombre que intentaba cerrar el cierre de su pantalón e intentó aflojarle un tortazo. Andrés, que en el fondo se espera una reacción similar, y por ello estaba atendo. Logró detener la mano de la mujer, haciendo que la retirara hasta detrás de su cuerpo, y acercándose más a la mujer la propino un soberano beso en la boca. Tan desprevenida tomo a la mujer que aquella no tuvo más remedio que aceptarlo, viendo como quedaba casi sin respiración por la intensidad del beso. Ella logró empujarlo, pero el hombre volvió a la carga y la logró besar nuevamente pese a sus protestas. Sin embargo, Andrés percibió un cambio de actitud, ya que la mujer comenzó a colaborar respondiendo al beso, logrando entrelazar ambas lenguas en la boca del otro de forma acalorada.
Cuando el se retiró, lo miro, y le dijo: ¡Te dije que estaba ovulando! ¿Como se te ocurrió correrte dentro? ¿Puedes haberme embarazado? ¿Qué le digo a mi marido si aparezco preñada de ti?
El ejecutivo, la mira, y le indica: ¡no me arrepiento lo más mínimo! Un polvo a una mujer como tú, merece una buena corrida dentro. Además, si tienes dudas, esta noche el echas un polvo a tu marido y así no sabrá si el hijo es suyo o no.
Ella le contesta: lo tienes todo pensado. Luego mira su vagina, aun chorreando resto de semen y le dice: ¡Me has dejado mi vagina más abierta que nunca! ¡Seguro que mi esposo lo va a notar!
Andrés la observa, y sonriendo le dice: ¿Nunca habías tenido una polla como la mía? ¿verdad? He notado que eres algo estrecha, pero el placer de follarte ha sido mayor. Respecto a esa abertura, seguro que se volverá a cerrar de nuevo.
Ella notó que el nabo del ejecutivo, el cual aún continuaba fuera del pantalón, se estaba volviendo a endurecer. Extrañada, exclama: ¡que hijo de puta!... ¿no me digas que te estas otra vez empalmado? ¿No me lo puedo creer?
El hombre, la mira sonriente y le contesta: ¡eres tu la que me la pone así! Natalia, yo tengo una mujer como tu y me la estaría follando a todas horas del día. “Tendrías el coño como un colador.”
Ella entonces, por primera vez le miro sonriendo. Luego hace algo impensable: atrapa la polla del varón con su mano. Agitada, mira para todos sitios como intentando vislumbrar si había alguien, y agachándose un poco comenzó a darme una mamada.
Andrés se quedó anonadado ante el cambio de la mujer. Comprobó además que tenía una boca inmejorable para mamar pollas. Aquella metía su polla en la boca, y luego la lamía pasando desde el cabeza hasta los mismos testículos. Al llegar a estos los tomo en su mano, los sopesó y se extrañó, viendo que aún parecían estar llenos y no haberse corrido aún.
Cuando Andrés vio que su nabo estaba un una erección optima, le dijo: ¡¡te voy a tener que follar otra vez!
La mujer le dio una última lamida a la polla, y le contesto con cara enrojecida y llena de autentica lujuria: ¡pero, esta vez quiero que me claves mirando hacia el patio!
Andrés se sonrió. Y sacando a la mujer fuera, la puso cerca de una barandilla, aunque podían ser vistos por algún empleado, y le dijo: Ven putita. ¿Veo que te ha puesta arrecha el cipote del semental?
Ella se colocó mirando hacia el patio, y girando la cabeza le dijo: ¡Calla de una vez cabronazo! Mete tu polla de una vez y clávame como ese semental lo hace con la yegua.
-será un auténtico placer Natalia. “Te voy a montar como una buen yegua”. Uf que preciosidad de trasero tienes, y que coño…
La separó un poco más la tanga, y acercando su nabo la clavó de un solo golpe. Al momento, la mujer se retorció de dolor indicando: oh, ¿me la has metido de golpe? Que daño… “joder me vas a destrozar”. Pero luego girando la cabeza de nuevo le dice: pero no importa.. ¡¡Vamos rómpeme, dame caña!! ¡Rómpeme el coño! sigue así..
-será un placer putita, al tiempo que Andrés la comenzó a coger de forma escandalosa, arremetiendo con gran poderío contra el estrecha vagina de aquella mujer, volviendo apresar los pechos de aquella. La misma comenzó a soportar estoicamente las tremendas estocadas que le propinaba aquel tremendo semental.
La bombeaba de una forma escandalosa, hasta el punto de que le vinieron dos orgasmos casi seguidos. Observó que aquel macho no dejaba de penetrarla una y otra vez: tenía el coño enrojecido. Al poco percibió que el hombre estaba a punto de correrse de nuevo. En ese momento escuchó que aquel le preguntaba: ¡Me voy a correr de nuevo putita!…¡te la voy a echar toda dentro. ¡Te voy a dejar bien preñada mi amor! ¡te voy a llenar ese coñito nuevamente!
Ella fuera de si, presa de auténtica locura, le contesto: ¡si Andrés, córrete de nuevo dentro de mí! “Anda cabrón, préñame”: “Hazme el hijo que mi marido no ha querido darme, lléname como antes”.
Andrés no se lo pensó dos veces, y comenzó a lanzar su semilla dentro del coño ardiente de aquella mujer. Antes su propia sorpresa, volvió a descargar cantidades ingentes de semen en su coño, notando que brotaba por los laterales de la vagina al no poder contenerlo. Oh si que corrida oooo
Tras salir de ella, la mujer se giró y lo volvió a besar en la boca ardientemente. Luego se asearon como pudieron, secándose el pantalón Andrés, y volvieron a salón. A la media hora hizo su aparición el marido, marchando luego a sus respetivas habitaciones donde se alojaban. Y al día siguiente el regresó a su ciudad, sabiendo que ellos se iban a quedar unos días más en Niza.
Pasado unos dos meses, al llegar a la oficina un compañero del dice que Natalia estaba embarazada, y que el Jefe estaba muy contento. Se quedó anonadado. Aunque sospechaba que pudiera estar ovulando, tampoco lo llegó a creer del todo. Pero era muy probable que aquel embarazo fuera obra suya.
Natalia, aunque preocupada por su esposo, al saber que aquel, lo acogió con tanta ilusión, en el fondo de su corazón dio las gracias al ejecutivo. Aunque evidentemente nunca le dijo nada.
continuara
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