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Historias del complejo. Segunda serie. (14)

Iris siempre confió en Pablo, pero la presencia repentina de su madre en sus vacaciones y las miradas furtivas entre ambos empezaron a tejer una red de secretos. Mientras ella busca su lugar en la academia y consuela a un amigo herido, no sospecha que la traición más dolorosa la espera en el umbral de su propia casa.

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La historia de Iris

Capítulo 6

Cuando escuché el auto que entraba, salí a recibirlo, y me encontré con una sorpresa, Pablo no venía solo…

Mi madre venía con él!

Pablo bajó y vino a abrazarme y a besarme, y al oído le dije:

-IRIS: ¿Y esto?

-PABLO: Me dijo de venir, ¿qué le iba a decir?

Tras saludar a Pablo, saludé a mi madre, que había bajado un momento después.

-INES: Hola hija! Aproveché y me vine unos días con ustedes!

Había pensado disfrutar los días que nos quedaban con Pablo, pero hubo un repentino cambio de planes.

Pablo bajó el bolso de mi madre y lo llevó dentro de la casa, los dos se fueron a cambiar, y nos sentamos a tomar mate y a comer lo que había preparado.

Pablo se había puesto su short de baño solamente, y mi madre venía con un vestido de verano y supongo que con su malla debajo.

Luego de comer conversamos un rato, y Pablo me dijo de darnos un chapuzón en la pileta.

Estábamos los dos en el agua, y mi madre se quedó sentada en una de las reposeras.

En un momento se quitó el vestido, y me sorprendió verla con una bikini blanca, nunca había visto a mi madre con una bikini, siempre había usado esos trajes de baño de mujeres mayores, de una pieza color negro, pero ahora esa bikini era totalmente diferente, y debo de reconocer que a pesar de su edad, mantenía muy bien su cuerpo.

La parte de abajo, dejaba la mitad de su culo afuera, y la de arriba, dejaba ver el tamaño y la forma de sus pechos, ¿y este cambio? Pensé. ¿Será porque ya no está papá?

Aunque fue fugaz y disimulada, me di cuenta de la mirada de Pablo a mi madre.

Se volvió a sentar en la reposera, se puso protector solar en el cuerpo y se recostó a tomar sol.

Siendo sincera, no me hacía mucha gracia la presencia de mi madre, sobre todo porque nos cortaba nuestra intimidad, me sentía mucho más cómoda estando sola con Pablo.

Salimos del agua y también nos sentamos a tomar sol, nos pusimos bronceador mutuamente con Pablo, y estuvimos conversando hasta que cayó el sol, aunque por momentos solo lo hacían Pablo y mi madre.

Pablo y yo dijimos de ir a bañarnos y entramos a la casa, y mi madre lo hizo luego.

Ella fue quién decidió que saliéramos a cenar los tres, y por supuesto eligió el lugar.

Luego de cenar en un restaurante muy coqueto, volvimos para la casa.

Esa noche no hicimos el amor, Pablo no me buscó, supongo que por el cansancio del viaje, y yo tampoco lo busqué, no estaría cómoda haciéndolo con mi madre en la habitación de al lado.

El domingo también salimos a almorzar, y luego volvimos a la casa y estuvimos toda la tarde en la pileta.

Ese día mi madre se puso otra bikini, de color azul, y un poco más pequeña todavía.

Nos volveríamos a La Plata al día siguiente, seguramente luego del almuerzo, como para llegar de día aún a La Plata, ya que al día siguiente mi madre y Pablo tenían que volver a trabajar.

Esa noche tampoco hicimos el amor, y me sentí un poco frustrada, quería aprovechar esos días que eran nuestros últimos días de vacaciones.

Esa tarde volví a pescar a Pablo un par de veces mirando a mi madre.

El lunes luego de desayunar, preparamos todas nuestras cosas, luego de almorzar nos volveríamos para La Plata.

Fuimos a almorzar, por supuesto al restaurante que eligió mi madre, ya con todas las cosas cargadas en el auto, y a eso de las dos de la tarde, volvimos al auto para emprender el regreso.

Me sorprendió mi madre sentándose en el asiento de adelante junto a Pablo, iba a decir algo, pero decidí callarme la boca, que haga lo que quiera.

Por supuesto Pablo tampoco dijo nada, sentía como que no podía enfrentarse a mi madre.

Llegamos a La Plata a eso de las seis y media de la tarde, dejamos a mi madre en su casa, y nos fuimos para la nuestra.

De camino le comenté a Pablo:

-IRIS: La verdad es que no me sentí cómoda con mi madre estos días, hubiera preferido disfrutarlos solo con vos!

-PABLO: Cuando me dijo de ir conmigo a Pinamar, no pude negarme, no supe que decirle!

-IRIS: Ya me di cuenta que no le decís que no a nada! Se sentó adelante y no dijiste nada!

-PABLO: ¿Qué iba a decir?

Miré hacia adelante y ya no dije más nada!

Esa noche en casa tampoco hicimos el amor, creí que Pablo tendría necesidad de encontrarnos, pero no, pensé que estaría cansado del viaje.

Los días que quedaban de el mes de enero, Pablo tuvo que trabajar normalmente, incluso tuvo que hacer un viaje de tres días a Córdoba, por supuesto fue con mi madre.

Yo aproveché para terminar de definir los proyectos que le presentaría a Roberto, cuándo nos reuniéramos a principios de febrero, antes de los concursos.

Arrancó febrero, y ya tenía todo listo para la reunión, Roberto me mandó un mensaje, diciendo que nos reuniríamos en su estudio, con el jefe de trabajos prácticos y los ayudantes de cátedra.

Roberto estaba seguro que ganaríamos el concurso, y además de definir el proyecto para la oposición, armamos el plan de trabajo para el año lectivo.

Al ver mis proyectos, Roberto eligió uno de ellos para el concurso, sin dudas estaba muy bien, y entre los dos lo defenderíamos.

El concurso fue el quince de febrero, nuestra propuesta fue la mejor, y el tribunal de evaluación, nos dio como ganadores, lo que significaba que durante los próximos cinco años, seríamos la cátedra titular de la materia.

Esa misma noche, Roberto nos invitó a todos a comer un asado en su casa, para festejar el concurso.

Nos dijo que podríamos ir con nuestras familias, y por supuesto esa noche le dije a Pablo que me acompañara.

Durante la cena Roberto, dijo unas palabras de elogio para mi proyecto, y también que estaba orgulloso de que estuviera en su equipo.

Cuándo volvíamos para casa, Pablo me dijo que estaba orgulloso de mí y de mis logros, y esa noche volvimos a hacer el amor, aunque no fue una sesión muy larga, ya que Pablo tenía que trabajar al día siguiente.

En el mes de marzo comenzaron las clases, y poco a poco Roberto me iba dejando su lugar, las clases teóricas que siempre las daba él, comencé a darlas yo, la verdad es que me sentía muy cómoda dando clases, tanto que un par de meses después, Roberto a algunas clases, directamente no iba.

Por lo que me contaba Pablo, la empresa iba muy bien, cada vez tenían más trabajo, y eso además, significaba cada vez más viajes.

Para las vacaciones de invierno de ese año, le había dicho a Pablo de volver a Las Leñas, y me dijo que iba a hacer lo posible para poder tomarse una semana de vacaciones, pero que no estaba seguro, porque había mucho trabajo.

En mis clases me sentía cada vez más cómoda y feliz, definitivamente me gustaba dar clases de arte, y creo que a mis alumnos también, por el interés que me prestaban y por la interacción que se generaba en cada una de mis clases, pero prepararlas, también me implicaba un tiempo, algunos días me iba a la cueva, y me pasaba la tarde allí preparando las clases, pero volvía a casa antes de la hora de cenar, para esperar a Pablo con la comida, aunque venía cada vez más tarde, pero varias noches a la semana, tenía que cenar yo sola.

En las vacaciones de invierno, Pablo no pudo tomarse días, incluso en la primera semana, tuvo que viajar con mi madre a Entre Ríos por cuatro días.

Creí que estando en casa esas dos semanas, nos veríamos un poco más, pero en verdad Pablo pasaba muchas horas fuera de casa.

Fue para esa época, en qué nuestro tiempo libre se vio afectado, y por supuesto también nuestra sexualidad, de hacer el amor al menos una o dos veces por semana, pasamos a hacerlo cada dos o tres semanas, y yo por supuesto, cubría mis necesidades corporales masturbándome, no sé por qué, pero bastante a menudo.

Varias veces que intenté buscar a Pablo para hacer el amor, su cansancio derrumbó mis expectativas.

En el mes de agosto, luego de las vacaciones, Agustín me mandó un mensaje preguntándome si podía llamarme por teléfono, le dije que me diera diez minutos que salía de la facultad y cuando salí, fui yo quien lo llamó.

-IRIS: Hola Agus! ¿Cómo estás?

-AGUSTIN: Hola Iris! Ahí voy! Han pasado muchas cosas y necesitaba hablar con vos!

-IRIS: Contame Agus!

-AGUSTIN: Mis peores sospechas se hicieron realidad!

-IRIS: ¿Qué pasó Agus?

-AGUSTIN: ¿Recordás lo que hablamos hace unos meses sobre Lautaro?

-IRIS: Sí claro!

-AGUSTIN: Un día hablando con mi madre, me contó que Paula salía con Lautaro a pasear, casi todas las tardes mientras yo estaba en la ferretería. Una tarde me fui como todos los días para abrir el negocio, pero me quedé en la esquina de casa, para ver qué hacía Paula. Media hora después salió con Lautaro en el cochecito y la seguí.

A seis cuadras de casa, en una plaza se encontró con un tipo, y se saludaron con un beso en la boca, hablaron un momento, y el tipo alzó a Lautaro, lo sostuvo en sus brazos por un rato y jugaba con él. No me hizo falta pensar demasiado, el tipo era de piel morena, y dos más dos son cuatro, claramente Paula se veía con el padre de su hijo.

-IRIS: ¿Y qué hiciste?

-AGUSTIN: En este momento no hice nada, después de ver todo aquello me fui para el negocio, pero cuando llegué a casa a la noche, después de cenar y de que mi madre se fuera a la cama, cuándo Lautaro se durmió le dije que tenía que hablar con ella. Supongo que ya se la veía venir por la cara que puso. Le dije que la había visto con un tipo en la tarde, y que ese tipo tenía en brazos a Lautaro, y sin rodeos le pregunté si era el verdadero padre. La muy cínica se puso a llorar y me terminó confesando, que ese hombre era el padre de Lautaro, que lo había conocido hacía un tiempo, pero que el tipo está casado y tiene dos hijos, por eso no podían estar juntos.

-IRIS: Ay Agus!

-AGUSTIN: Te digo la verdad Iris, me sentí el más pelotudo de todos! Le dije que ya no quería que estuviera en mi casa, que ya no quería saber nada más con ella, qué era una hija de puta por haberme hecho creer qué Lautaro era hijo mío, por haberme usado de esa forma, qué ya no merecía mi respeto, y le di un día para que se fuera de mi casa. Entre lágrimas me preguntó a dónde iba a ir, y le dije que ese era su problema, que volviera a casa de su madre, o que se fuera con ese tipo, ya no era mi problema!

-IRIS: Como quisiera estar ahí con vos!

-AGUSTIN: Es lo único que quisiera! Un abrazo tuyo!

-IRIS: ¿Cuándo pasó todo esto?

-AGUSTIN: Hace un par de días, de hecho ya no está en casa, pero el tema es Lautaro, me encariñé con él, aún sabiendo que podría no ser mi hijo, no lleva mi sangre, pero lleva mi apellido.

-IRIS: Que situación Agus!

-AGUSTIN: Antes de irse, me dijo que el tipo quería reconocer a Lautaro como su hijo, y te juro que aunque me duela, creo que va a ser lo mejor para él! Que crezca sabiendo quien es realmente su padre.

-IRIS: Ni bien pueda, me voy a hacer una escapada para verte y darte un abrazo, si puedo este mismo fin de semana!

-AGUSTIN: Gracias Iris por estar siempre!

-IRIS: ¿Cómo está tu mamá?

-AGUSTIN: Ahí va la vieja! Que querés que te diga, no la veo bien, desde que no está papá la veo triste, como apagada, sin ganas de hacer nada!

-IRIS: Me imagino lo que debe extrañarlo! Mandale mis saludos!

Hablamos un momento más, y cuando cortamos, lo llamé a Andrés para preguntarle si me podía llevar a Gesell el fin de semana, ir el sábado y volver el domingo. Por supuesto me dijo que sí, y a la noche cuando llegó Pablo se lo comenté mientras cenábamos.

-IRIS: Pablo, hoy hablé con Agustín, hace unos días se enteró que no es el verdadero padre de su hijo, Paula quedó embarazada de un tipo que está casado!

-PABLO: No te puedo creer! Que hija de puta! ¿Y se lo encajó a Agustín?

-IRIS: Sí! No lo pudo creer! Cuando vi las primeras fotos de Lautaro, lo bien muy morenito, ni Agustín ni Paula son morenos y me llamó la atención, hace unos meses lo hablamos con Agustín, él sospechaba lo mismo, y la descubrió encontrándose con el tipo!

-PABLO: Que garrón!

-IRIS: Tal cual! Pobre Agustín! Encima la mamá, no anda bien de salud, y hablé con Andrés para que me lleve el sábado a Villa Gesell, es mi amigo y quiero hacerle el aguante, está re mal!

-PABLO: ¿Este fin de semana?

-IRIS: Sí, voy el sábado y vuelvo el domingo, ya arreglé con Andrés para que me lleve y me traiga!

-PABLO: Ok!

No me pareció que puso buena cara, pero bueno, el viaja y está más días fuera de casa de lo que estoy yo, por un par de días que estuviera solo, nada le iba a pasar.

Me puse de acuerdo con Andrés para salir el sábado temprano para la costa, nos iríamos a las siete o siete y media de la mañana.

Creo que a Pablo no le cayó muy bien mi viaje, esa mañana del sábado, ni siquiera se levantó a desayunar conmigo, aunque estaba despierto, se quedó en la cama.

Decidí no desayunar en casa, me llevé el equipo de mate para ir mateando con Andrés en el camino.

Terminé de preparar mi bolso y me despedí de Pablo que seguía en la cama.

Andrés ya me esperaba en la puerta, me subía al auto y salimos, le dije de comprar unas medialunas para tomar mate en la ruta, y paramos a comprarlas.

De camino a la costa, mientras mateábamos, le conté lo que había pasado con Agustín y que ese era el motivo de mi viaje.

-ANDRES: Es un buen chico Agustín, ¿verdad?

-IRIS: Es muy bueno, yo lo quiero mucho y me da mucha pena lo que le tocó vivir, para colmo desde la muerte de su papá, su mamá no levanta cabeza, está muy triste, la ve cada vez más apagada!

-ANDRES: No es para menos! A mí me costó mucho tiempo reponerme de la muerte de mi esposa, fueron muchos años juntos, y te juro que me costaba mucho cada día despertarme solo, por mucho tiempo sentí que mi vida ya no tenía razón de ser, mis hijos ya están grandes, hacen su vida desde hace tiempo, y el tenerlos lejos, fue más duro aún!

-IRIS: ¿Cuántos años hace que falleció tu esposa?

-ANDRES: Van a hacer once años en abril! Y te juro que no hay día que no piense en ella, y aunque parezca un loco, muchas veces, solo en casa, me siento y le cuento mis cosas mirando su foto, cosas de viejo!

-IRIS: Te entiendo Andrés! Si fueron muchos años, debe ser muy duro!

-ANDRES: Pero te digo la verdad, creo que pude seguir adelante por tu papá, él nunca me dejó solo, estuvo siempre ahí, cada vez que me caía, él estaba conmigo! También a él lo extraño!

-IRIS: Y yo! No hay día en que no quisiera tenerlo a mi lado, contarle mis cosas, escuchar sus consejos, tomarnos esos mates de la tarde y contarle mi vida!

-ANDRES: ¿Cómo va tu vida con Pablo?

-IRIS: Te soy sincera Andrés, mi vida con él va bien, aunque últimamente nos vemos poco, la empresa le ocupa casi todo el día, y a veces hasta los fines de semana.

-ANDRES: ¿Te trata bien?

-IRIS: Si, no puedo decir que alguna vez me haya tratado mal, aunque por momentos quisiera que no le dijera que sí, a todo lo que dice mi madre, no sé…, creo que no se anima a contradecirla en nada!

-ANDRES: Si alguna vez llega a tratarte mal, me gustaría que me lo cuentes, nunca se lo permitiría, creo que le debo eso a tu papá!

-IRIS: Gracias Andrés! Sé que puedo contar con vos!

-ANDRES: Siempre!

Conversamos durante todo el viaje, me gusta mucho hablar con Andrés, en muchas cosas me hace acordar a papá, sobre todo por su forma de ver la vida, en verdad me gusta tenerlo cerca, es un buen hombre y sé que se preocupa por mí, de corazón.

Llegamos a Villa Gesell antes del mediodía, buscamos un hotel y tomamos una habitación para cada uno.

Dejé mis cosas en la mía, y le mandé un mensaje a Agustín, diciéndole que ya estaba en Gesell, me respondió al instante, diciéndome si quería pasar por la ferretería y cuando cerraba, ir a almorzar en su casa.

Le dije que sí, y Andrés me llevó hasta el negocio, antes de bajar, me dijo que por cualquier cosa lo llamara, le agradecí y nos despedimos.

Entré en la ferretería y Agustín estaba atendiendo a una persona, cuando terminó, pasé detrás del mostrador y nos saludamos con un abrazo, Agustín con lágrimas en los ojos, me hizo llorar a mi también.

-AGUSTIN: Que falta me hacía este abrazo!

-IRIS: Acá estoy corazón! Todo va a estar bien! Ya vas a ver!

Media hora después, cerró el negocio y compramos algo para comer de camino a su casa.

Al entrar, su mamá estaba sentada en el sillón con la mirada perdida en algún lugar, me apenó mucho verla así, y recordé lo que me había contado Andrés durante el viaje. Que difícil sería también para ella.

La saludé con un abrazo y esbozó una leve sonrisa, se alegró de verme y lo primero que me preguntó, fue hasta cuando me quedaba, cuando le dije que volvería a La Plata al día siguiente, me preguntó que por qué me quedaba tan poco. Le dije que el lunes tenía que volver a trabajar, que solo había podido venir el fin de semana.

Y me mató lo que me dijo, “cuando te tomes vacaciones, venite más días, me gusta que estés acá”

La abracé y no pude evitar las lágrimas, y por supuesto le dije que ya vendría a visitarla más días, aunque en realidad no sabía cómo haría.

Luego de almorzar los tres, Amalia se fue a descansar un rato y nos quedamos conversando con Agustín.

-IRIS: Contame como estás vos!

-AGUSTIN: En verdad, pasan los días y voy creyendo que fue lo mejor, claro estaba que no tenía una relación con Paula, y saber que Lautaro no es mi hijo, me dolió mucho, pero estoy pensando que quizás sea lo mejor para él, aún no es consciente de quién soy yo, y creo que será mejor para él, crecer teniendo relación con su verdadero padre.

-IRIS: ¿Volviste a hablar con Paula?

-AGUSTIN: Me mandó ayer un mensaje para decirme que el padre quiere reconocerlo como su hijo y que tenga su apellido, y creo que es lo correcto, lo único que espero es que se haga cargo de él, que sea realmente su padre, que nada le falte, esa criatura no tiene la culpa de nada!

-IRIS: ¿Y dónde está viviendo Paula?

-AGUSTIN: Volvió a casa de su madre! Me imagino la que se le habrá armado cuando volvió y tuvo que dar los motivos! Pero bueno, tiene que hacerse cargo de lo que hizo!

-IRIS: Esto va a pasar! Tenés que encontrar la forma de seguir con tu vida!

-AGUSTIN: Te digo la verdad, no sé para donde tendría que ir mi vida, no fue mi decisión venirnos para acá, lo entendí en su momento, pero no sé si quiero que mi vida siga aquí, y es más, sigo con la ferretería porque es lo que nos da de comer, pero no es lo que quisiera hacer toda mi vida.

-IRIS: ¿Y qué te gustaría hacer Agus?

-AGUSTIN: No pude seguir estudiando, no tuve esa posibilidad, quizás en algún momento me decida a estudiar, por el momento no lo sé, pero más que una ferretería, me gustaría tener un remis y hacer viajes empresariales, a aeropuertos y esas cosas, me gusta mucho más andar por la calle que estar todo el día metido en la ferretería.

-IRIS: ¿Quisieras volver a La Plata?

-AGUSTIN: Es lo que me gustaría!

-IRIS: Quizás lo puedas hablar con tu mamá, tal vez ella también quiera volver a La Plata, podrías vender la ferretería y comprar un remis, si es eso lo que querés hacer!

-AGUSTIN: Es una de las posibilidades que he estado barajando, no lo he hablado con mi vieja todavía, mi papá está enterrado en el cementerio de acá, mamá me pide seguido que la lleve a dejarle unas flores, no sé si se querrá volver.

-IRIS: Agus, quiero que me prometas algo!

-AGUSTIN: Decime!

-IRIS: Cuando empecé la facultad, mi papá me abrió una cuenta en el banco y me fue depositando dinero todos los meses en esa cuenta para mis estudios y a partir de que comencé a cobrar en la facultad, también deposito allí mi sueldo, hay mucho dinero en esa cuenta, y podés contar con él cuando lo necesites! Prometeme que si te hace falta para algo, lo que sea, lo vas a tener en cuenta!

-AGUSTIN: Muchas gracias Iris! Pero no hace falta! Ese dinero es tuyo!

-IRIS: Me conocés, sabés que no me importa el dinero, uso lo necesario para vivir y esa cuenta tiene mucho dinero que puede servir para que puedas hacer lo que querés hacer! Prometeme!

-AGUSTIN: Está bien! Te lo prometo! Pero no tengo en claro como seguirá mi vida! Te prometo que cuando tome alguna decisión, te voy a poner al tanto!

-IRIS: De verdad quiero que cuentes con eso, sabés lo que te quiero y si puedo hacer algo para que estés bien, sabés que lo voy a hacer!

Se acercó a mí y me dio un abrazo, me agradeció el estar siempre en su vida y yo por supuesto le dije que siempre estaría, y que también quería tenerlo siempre en la mía.

Llegó la hora en que tenía que volver al negocio, le avisó a su mamá y nos fuimos caminando.

Me quedé toda la tarde con él, conversando entre cliente y cliente, contándole como me iba en la facultad.

A la hora de cerrar, lo ayudé a entrar todas las cosas y volvimos para su casa, de camino hicimos algunas compras, y mientras Agustín cocinaba, me quedé charlando con Amelia.

-AMELIA: Me alegra verte hija!

-IRIS: A mí también Amelia, cada vez que hablamos con Agus, le pregunto por vos y te mando saludos, ¿Te los da, o se olvida?

-AMELIA: Siempre me cuenta cuando habla con vos y sí, quedate tranquila que siempre me dice que me mandaste saludos!

-IRIS: Se que debe ser muy duro para vos, a mí me pasa algo parecido con mi papá, no hay día en que no lo extrañe!

-AMELIA: Fueron muchos años juntos! No puedo acostumbrarme a que no esté!

-IRIS: Lo sé Amelia! Pero por suerte los tenés a Agus!

Miró hacia la cocina para ver si Agustín nos estaba escuchando y bajito me dijo:

-AMELIA: Me dolió por él, pero por suerte se sacó a esa atorranta de encima, se notaba a la legua que no se querían y para colmo saber que el hijo no era de él, me enojó mucho más! Es un buen chico y quisiera que sea feliz! Se lo merece!

-IRIS: Ya lo sé Amelia! Ya todo va a estar bien! Esto va a pasar!

-AMELIA: ¿Te puedo decir algo? Comentario de vieja quizás, no me hagas caso, pero siempre creí que ustedes iban a terminar juntos!

-IRIS: Yo lo quiero mucho a Agus, pero nuestras vidas han tomado caminos diferentes!

-AMELIA: Ya sé que lo querés, siempre lo quisiste, y él también a vos! Y te puedo decir que cuando está con vos es otro, hasta sonríe! Veo que no es feliz y no sé qué hacer para ayudarlo.

-IRIS: Ya todo va a estar bien Amelia, ya vas a ver que de a poco va a mejorar su vida y estoy segura que podrá ser feliz!

-AMELIA: Dios te oiga hija!

Antes de cenar, le mandé un mensaje a Andrés, diciéndole que cenaba en casa de Agustín, y que luego él me llevaba para el hotel.

Cenamos los tres, veía a Amelia un poco más animada y eso me hizo sentir bien, también lo veía mejor a Agustín, ¿tenía razón su mamá y le hacía bien verme?

Luego de cenar, Amelia se fue a su habitación, se despidió de mí muy cariñosamente como siempre, preguntándome si me vería el domingo, por supuesto le dije que sí, y se fue con una sonrisa.

Nos quedamos conversando con Agustín hasta casi las tres de la mañana, los domingos no abría la ferretería desde hacía un tiempo, era el único día que se tomaba de descanso.

Me llevó en su auto hasta el hotel y nos despedimos con un abrazo y un beso hasta el día siguiente.

El domingo me levanté a las nueve de la mañana, le mandé un mensaje a Andrés y desayunamos juntos en el hotel, y después me llevó hasta la casa de Agustín.

Le avisé a Agustín y cuando llegamos, me esperaba en la puerta, Andrés bajó a saludarlo y lo hicieron con un abrazo.

Me despedí de Andrés y entramos a la casa, me sorprendió ver a Amelia en la cocina, Agustín me había dicho que ya ni de cocinar tenía ganas, pero estaba amasando para hacer unos fideos caseros.

-AMELIA: Hola hija! Sé que te gustan! Estoy haciendo unos fideítos, ya tengo la salsa en el fuego!

-IRIS: Siempre me gustaron tus fideos Amelia! Qué buena idea tuviste!

Agustín nos miraba y sonreía.

Después de conversar un rato, Agustín me dijo de acompañarlo a hacer una compra y salimos conversando.

-AGUSTIN: Cuando me dijo que iba a amasar unos fideos, no lo podía creer! Desde que falleció papá que no tenía ganas de cocinar!

-IRIS: Me alegro que tuviera ganas de hacerlo!, Estoy segura que poco a poco irá mejorando, supongo que cuando también te vea mejor, estará más contenta también!

-AGUSTIN: Creo que esto lo has conseguido vos! No sé que hablaron ayer, pero hoy se levantó diferente!

-IRIS: Y sii fue así, me alegro que se haya levantado bien, los dos se merecen estar bien!

-AGUSTIN: Gracias Iris! ¿Te he dicho lo importante que sos para mí?

-IRIS: Ya lo sé! Vos también lo sos para mí!

Y ahí en el medio de la calle, se acercó y me abrazó, por supuesto correspondí ese abrazo.

Los fideos estaban para chuparse los dedos y se lo dije.

-IRIS: Cómo siempre Amelia! Estos fideos son una locura!

-AMELIA: Ya sabés! Cada vez que vengas te voy a esperar con unos fideos!

-IRIS: Voy a venir más seguido entonces!

-AMELIA: Por mi cuando quieras hija!

Pasamos un domingo muy tranquilo, después del almuerzo, Amelia fue a descansar un rato y con Agustín juntamos y ordenamos todo, y después, nos sentamos a tomar un té y a conversar en el sillón.

A las cinco de la tarde, le mandé un mensaje a Andrés para que me fuera a buscar.

Cuando Amelia se levantó tomamos unos mates los tres hasta que Andrés me vino a buscar.

Me despedí de ella en la casa, agradeciéndome la visita y dándome un hermoso abrazo y un beso.

Agustín me acompañó hasta el auto, y antes de subir, nos abrazamos, nos dimos un beso y nos dijimos cuanto nos queremos.

Se saludaron también con Andrés y emprendimos el regreso.

Durante el viaje, le conté de estos días en casa de Agustín y de las ideas que él tenía para su vida.

Andrés me dijo que si vendía la ferretería, probablemente podría comprar dos o tres coches y ponerlos a trabajar como remis, que sin dudas podría vivir muy bien de eso, que incluso si volviera a La Plata, él lo podría ayudar con la compra de los autos y contactarlo con clientes.

Llegamos a La Plata a las once y media de la noche, me despedía de Andrés agradeciéndole el haberme llevado y su compañía.

Entré a casa y todo estaba apagado, creí que Pablo ya estaría durmiendo, pero al entrar en nuestra habitación, me encontré nuestra cama vacía, seguramente al estar solo habría salido con sus amigos.

Me di un baño y me metí en la cama.

Lo escuché llegar cerca de la una de la mañana, cuando entró en la habitación, lo saludé y me contó que venía de cenar con sus amigos.

Hablamos un momento del viaje y luego nos dormimos.

A partir de ese fin de semana, hablábamos seguido con Agustín, para ver como andaba él y como estaba su mamá, lo hacíamos dos o tres veces por semana, por teléfono o tan solo por mensajes.

Las clases en la Facultad iban cada vez mejor, cada vez me gustaban más y cada vez le ponía más empeño al prepararlas.

Roberto me dijo luego de una de las clases, que hasta a él le encantaban mis clases, que se notaba mi pasión por el arte, y me dijo que ese año sería el último, que presentaría antes de fin de año los papeles para su jubilación, pero que me quedara tranquila que aunque se jubilara, siempre podría contar con él.

Al jubilarse, me dijo que yo quedaría como la titular de la cátedra, el jefe de trabajos prácticos sería el adjunto y la ayudante más antigua, ocuparía ese lugar.

Aunque me gustaba trabajar con Roberto, estaba feliz, nunca hubiera creído que a mis veintiséis años, sería titular de una cátedra en la facultad de arte.

Llegué a casa y me encontré a Pablo con cara de preocupación.

-IRIS: Hola Pablo! ¿Qué pasa? ¿Por qué esa cara?

-PABLO: Hola Iris! Una de los inversores del proyecto de Rosario se bajó y voy a tener que volver a ir, seguramente mañana o pasado mañana!

-IRIS: Bueno amor! No te pongas mal! Seguramente lo podrás resolver!

-PABLO: Eso espero! Es un desarrollo grande y necesitamos esos fondos!

Cenamos mientras me contaba del problema, y cuando terminamos, le conté que a partir del año siguiente, sería la titular de la cátedra porque Roberto se jubilaba.

A diferencia de otras veces, no estuvo tan efusivo, pero se lo atribuí a la preocupación por su trabajo.

Al día siguiente se fue para Rosario, por supuesto fue con mi madre, se irían por dos días.

Se acercaba el fin de año y con los compañeros de la cátedra, empezamos a preparar la despedida de Roberto, pensamos en hacer una fiesta en casa o en la casa de algún otro compañero para los primeros días de diciembre, ya lo definiríamos cuando se acercara la fecha.

A finales de Noviembre, Roberto me dijo que lo habían invitado a una Jornada organizada por la universidad de arte de Buenos Aires, para exponer, los lineamientos de las diferentes facultades del país, me dijo que él expondría, pero que le gustaría que lo acompañara.

Por supuesto le dije que sí, también iríamos con otros dos compañeros.

La jornada era jueves y viernes, con cierre el viernes por la noche, con una cena de camaradería para todos los participantes.

Si bien Buenos Aires no está lejos, Roberto nos ofreció hacerse cargo de los costos de hotel desde el jueves, y volver el sábado por la mañana.

Los tres estuvimos de acuerdo, sobre todo para no tener que volver el viernes tarde luego de la cena.

Al llegar a casa se lo conté a Pablo, y le dije que me temía que Roberto me hiciera hablar a mí en esas jornadas, lo creía capaz.

A Pablo no pareció hacerle mucha gracia, me hubiera gustado que se pusiera contento por mi trabajo y mis logros, pero últimamente, estaba serio y algo distante, incluso en nuestra intimidad.

Terminaron las clases, tomamos los exámenes finales y ayudé a Roberto a preparar su exposición para la jornada de Buenos Aires, que sería la primera semana de diciembre en el auditorio de la facultad.

Le recordé a Pablo a mitad de semana que el jueves me iba a Buenos Aires, menos mal, porque no se acordaba, cada vez estaba como más desconectado de mí, y en ese momento pensé que quizás tendríamos que sentarnos a charlar sobre nuestra relación.

Preparé una pequeña maleta con ropa formal como para un par de días y el jueves nos despedimos por la mañana, antes de que se fuera a la empresa, yo me iba para Buenos Aires al mediodía.

Fuimos los cuatro en el auto de Roberto, pasamos por el hotel, dejamos nuestras cosas, nos cambiamos y también en el auto de Roberto, fuimos hasta la universidad.

La jornada comenzaba a las cuatro de la tarde, y a las siete era el turno de Roberto, y esa sería la última ponencia de ese día.

Escuchamos atentamente a las dos universidades que nos precedieron, y cuándo fue el turno de Roberto, creo que yo estaba más nerviosa que él.

Roberto era bien conocido en el ambiente académico del arte, antes de finalizar su presentación, no tuvo mejor idea que hacerme subir al estrado, y presentarme como su sucesora.

Por supuesto me morí de la vergüenza y se me subieron los colores, la verdad no me lo esperaba.

Después de la presentación, Roberto nos invitó a cenar en el restaurante del hotel donde nos estábamos quedando.

Luego de la cena, fuimos cada uno a nuestra habitación, nos volveríamos a encontrar para desayunar, y luego ir a la Facultad a las diez de la mañana.

Me di un baño y antes de acostarme, llamé por teléfono a Pablo, pero no me contestó, estaría en alguna cena de trabajo.

Al día siguiente estábamos desayunando las cuatro, cuando sonó el teléfono de Roberto, atendió la llamada delante nuestro, y por su cara me di cuenta que algo no estaba bien.

Al cortar la llamada, nos dijo que se volvería a La Plata porque su hermana mayor había tenido un accidente en su casa, se había resbalado en el baño, y la habían tenido que llevar al hospital.

Nos pidió disculpas, lo vi bastante nervioso, y decidí acompañarlo, aunque no suelo manejar, sí veía que Roberto no estaba en condiciones de hacerlo, yo manejaría su auto.

Los compañeros decidieron quedarse, y se volverían al día siguiente en colectivo.

Subimos a buscar nuestras cosas. Quince minutos después nos despedimos y emprendimos el regreso.

Aunque seguía nervioso, condujo todo el camino hasta el hospital donde estaba su hermana, por supuesto le dije que yo me tomaba un taxi hasta casa, que no se preocupara y que cualquier cosa que necesitara, no dudara en llamarme.

Desde la puerta del hospital, tomé un taxi hasta casa, llegué a las diez y media de la mañana, me sorprendió que estuviera aún el auto de Pablo, pensé que quizás ese día iba más tarde a la empresa.

Entré a casa, dejé mi maleta en el comedor, me saqué los zapatos que me molestaban, y subí a nuestra habitación, para ver si Pablo estaba allí o se había ido a la empresa sin el auto.

Al acercarme a nuestra habitación, escuché la voz de Pablo, pero lo que escuché, me paralizó.

Continuará…

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