Deuda aplazada
Lleva veinte años casada y creyendo que su vida íntima está resuelta, hasta que el destino la enfrenta con el hombre que la hizo temblar por primera vez. La deuda de placer pendiente está por pagarse, y esta vez, nadie los detendrá.
Antes de casarme tuve varios novios, desde las épocas infantiles hasta ya entrados los 20s, puedo contar por lo menos quince novios. En esa época, bastante conservadora, parte de los 80s y 90s, en materia de sexo no pasábamos de besos, caricias y manoseos o masturbación, pero no desnudos totales ni mucho menos penetraciones. Así fue para mí mi juventud y mis aventuras amorosas.
Siempre teníamos que buscar un momento de descuido de nuestros padres, para poder darnos placer, sin que fuéramos descubiertos. Esa sensación de que nos iban a descubrir agregaba adrenalina a mis encuentros eróticos con mis novios de turno.
Ya a los 28 años, me he casado y desde entonces he estado con mi marido y no he tenido relaciones por fuera del matrimonio, hemos superado varias dificultades y retos, pero he de reconocer que he sido muy feliz con mi esposo y mis hijas. En lo referente a nuestra vida íntima, pues creo que está en los estándares de una relación de más de veinte años, aunque creo que no podría calificarla de aburrida tampoco.
Mi esposo, desde hace algún tiempo, de vez en cuando ha incluido en nuestros momentos eróticos, porno que busca por internet. Esto no es que me gusto del todo, en particular aquellos videos que, en mi opinión, degradan a la mujer. Aunque hemos visto algunos, que la verdad me ha excitado al verlos y eso lo nota mi esposo pues cuando me acaricia mi zona intima, me encuentra bastante mojada, y eso a él le fascina.
Hace algunos meses, precisamente viendo uno de estos videos, leí el título que tenía, el cual me llamó la atención, pues era algo así como “Encuentro con mi ex novio de la universidad”, y aunque el video como tal, pues era una pareja teniendo relaciones, el solo imaginarme que era de una mujer casada teniendo sexo con un exnovio, me llenó de morbo. En esa oportunidad, al ver el video, me sentí más húmeda que en otras oportunidades, tanto así que mi esposo lo noto, pero claro no le comenté lo que el video me había calentado.
Cris, me dijo mi esposo, veo que hoy has estado mas excitada que otras veces….te ha gustado el actor del video jajaja. Solo asentí con mi cabeza y lo complementé con un ¡ajá! Pero la verdad fue el título del video lo que puso a mi mente a volar.
Y es que, por esos días, aprovechando la modalidad de trabajo en casa, salí temprano para comprar en el supermercado del centro comercial algunas cosas que faltaban. Caminando por el centro comercial vi a cierta distancia un hombre de unos 50 y tantos años, con algo de gris en el cabello, bien plantado como decía mi madre sobre los hombres guapos, y me quedé mirándolo unos momentos. No era solo lo atractivo que le vi, sino que estaba tratando de recordar por qué le encontraba conocido. Seguí en mi camino, pero a los pocos metros le reconocí, era Alejo, el último novio que tuve antes de mi esposo!
Alejo fue un novio que conocí cuanto tenía unos 25 años, él es un par de años mayor y trabajaba en ese entonces en una entidad del gobierno. La verdad era muy apuesto y tenía mucho éxito con las mujeres. Duramos en nuestro noviazgo algo más de un año, pero las circunstancias de la vida, y su éxito con las mujeres, nos alejaron hasta que terminamos.
Como lo comenté antes, durante mis noviazgos, la parte íntima, siempre se limitó a unas caricias y besos, y cuando la oportunidad lo permitía, a lo máximo que llegábamos era que él me besaba los senos y me consentía mi cuquita hasta que lograba un orgasmo. Era un maestro en hacerme sentir cosas con sus manos y sus besos en mis pezones. En contraprestación, pues le aflojaba el pantalón y le masturbaba hasta hacerlo venir. Claro él siempre quería más, pero mi forma de ser no me permitía llegar a niveles superiores. Pero, aun así, la pasábamos bien, ya que aparte de esos momentos, Alejo era de muy buen humor, un gran bailarín, un conversador inigualable y sobre todo muy respetuoso.
Volví mi mirada otra vez hacia Alejo, y observé que no estaba acompañado, compraba una café en la tienda y solo compró uno. Así que sabiendo que estaba solo, entre a la tienda y de manera casual, “me encontré” con él. Me reconoció inmediatamente y me saludo de manera muy especial y afectuosa. Me invitó un café y hablamos como por cuarenta minutos, recordamos viejos tiempos, pues no nos veíamos desde hace mas de veinte años, él no usa redes sociales, entre otras razones por su trabajo, ya que lleva unos casos de investigación judicial en una entidad del gobierno, y claro, está expuesto a cierto nivel de amenazas. Intercambiamos los números de celular y quedamos en mantener el contacto.
La verdad fue un momento muy grato, y me sentí muy feliz por volverle a ver. Me comentó que siempre ha seguido trabajando en el mismo sitio, claro avanzando en sus responsabilidades. Que estaba separado desde hace un par de años y que tenía un par de hijos, ya terminando sus estudios universitarios. Como siempre su charla fue muy interesante, y a medida que estaba hablando, me fijé en su aspecto físico, que la verdad con el pasar del tiempo, se ve más maduro, interesante y seguro de sí mismo. Como aquellos hombres que saben lo que quieren. Su cabello ya con algo de gris, pero aún abundante, su rostro fuerte pero atractivo y sus lentes, le complementaban bastante bien. Adicionalmente se veía que hacía ejercicio o por lo menos que no tenía kilos de más. Claro, aunque estaba con ropa casual, se veía perfectamente vestido.
En lo personal, a mi edad, pues creo que me mantengo, aunque claro, los años han dejado su marca, y reconozco que Alejo fue muy especial al decirme que me veía muy bien y que el paso del tiempo ha sido benigno conmigo. Claro, Alejo siempre ha sido muy galán, aunque tal vez tenga un poco de razón.
Dos semanas después, estando yo en mis labores cotidianas, me llegó un mensaje de whastapp, era Alejo que me estaba saludando y me proponía que tomáramos un café para continuar recordando los viejos tiempos, ya que, en la primera ocasión, el tiempo se pasó muy rápido. Me tomé unos minutos en contestar, pero finalmente acepté la invitación. Nos encontramos hacia las cuatro de la tarde en el mismo café, hablamos casi dos horas recordando anécdotas y preguntándonos mutuamente por los amigos de la época. Fue un rato muy especial. Me acompaño al parqueadero del centro comercial, hasta mi carro. Al despedirnos, me rodeó con sus brazos por mi cintura y me acercó delicada pero firme mente hacia él me habló al oído y me dijo:
Criss, no sabes lo que me ha gustado encontrarte de nuevo, y recordar nuestras vivencias, pero quiero que también recuerdes lo bien que la pasábamos tú y yo cuando estábamos solos, cómo nos acariciábamos y nos dábamos placer. Quiero que mientras te duermes esta noche, recuerdes también esos momentos. Luego me miró fijamente a los ojos, me sonrió y me dio un beso en la mejilla, pero bastante cerca a la comisura de mis labios, lo sostuvo por un par de segundos y luego se despidió y se marchó.
Una vez que recobré la cordura, luego de ese comentario y de ese beso, me fui conduciendo a la casa, pero mi cabeza no hacía sino repetir la tarea que me había solicitado Alejo. Al ir a la cama, parecía un zombi, estaba como un autómata y prontamente me metí en la cama. Mi esposo no notó mi estado, pues estaba concentrado en su serie. Apagué la luz de mi mesa de noche y me recosté, y claro, empezaron a llegar a mi mente ésos momentos que me hacían sentir mucho placer, cómo desabotonaba mi blusa, liberaba mis senos y les acariciaba hasta que mis pezones se ponían duros, mientras me daba uno de ésos besos que me transportaban al otro mundo, luego sin dejar de besarme bajaba su mano hasta mis piernas y se iba haciendo camino para acariciar mi sexo, levantaba mi falda y luego hacía a un lado mi rompa interior, me hacía deslizar un poco en el sofá, y sin pronunciar palabra, con su mano me indicaba que abriera un poco mis piernas. Era un maestro con sus manos, sabía cómo, en donde, y a que ritmo estimular mi clítoris y poco a poco introducía sus dedos en mi vagina, con tal movimiento que a los pocos minutos me sentía venir, era muy intenso y me tocaba aferrarme a él para controlar mis espasmos y que mis gemidos no alertaran a mis padres, que usualmente estaban en su habitación.
Luego era yo la que le devolvía el favor. Le daba besos apasionados y le iba aflojando el cinturón y bajando un poco su pantalón, lo suficiente para que su miembro pudiera salir. Le acariciaba por encima de su ropa interior y me gustaba sentir como su pene se iba poniendo más duro y grande, luego le liberaba y quedaba a merced de mis manos. Le masturba suavemente y a diferentes velocidades y también le acariciaba sus huevos, eso lo ponía a mil. Cuando se venía, recibía su descarga en las manos para no mojar el sofá ni la ropa, claro no funcionaba del todo bien, le daba un beso, y mientras él se arreglaba el pantalón, yo iba al baño a limpiar sus fluidos de mis manos.
Recuerdo que a Alejo le encantaban mis senos, a decir verdad, a todos mis novios las parecían muy sexys y siempre me los apreciaban mucho, pero era Alejo quien lograba con sus caricias en mis senos y pezones ponerme en una calentura máxima, y así quedaba yo a su disposición.
Esa noche dormí profunda y placenteramente, me levanté al siguiente día con una cara sonriente e iluminaba todo a mi alrededor.
Parece que anoche tuviste un sueño húmedo, anotó mi esposo mientras preparaba el desayuno.
Me hizo sonrojar, y solo le comenté que por qué decía eso, y el solo respondió que me sintió gemir y que vio como dormía con mis piernas abiertas. Le comenté que era su imaginación, que yo no recordaba nada, y que lo más probable era que él había visto eso en sus sueños, y cambié el tema.
Pasaron unos días, cuando volví a recibir un whatsapp de Alejo, aparte de saludarme y desearme los buenos días, me preguntó si había hecho la tarea que me planteó en el parqueadero del centro comercial. Mi corazón se aceleró, no hay que ser muy perspicaz para saber que la situación me generaba sentimientos encontrados, por un lado, mi corazón palpitaba por la emoción de que me haya contactado y que, al preguntarme sobre la tarea, me venía a la mente lo momentos que vivimos y que tanto me excitaban. Por el otro lado era consciente que mantener el juego, podía abrir una puerta de la cual no sabía que consecuencia me podría traer, pero de todas maneras la calentura si era increíble.
Finalmente, le conteste que sí, pero que como había pasado tanto tiempo, pues que no recordaba mayores detalles. Así, con esa respuesta, esperaba que ya no me preguntara más y que cambiara de tema, pero la verdad, no fue así. Me contestó que él si recordaba nuestros encuentros y que me invitaba a otro café y él me ayudaba a refrescar la memoria. Me planteó que nos tomáramos un café el siguiente viernes a la hora acostumbrada. Mi reacción me sorprendió al darme cuenta cómo mis dedos aceptaron antes de que yo tomara la decisión.
Faltaban dos días para la cita, y no me podía concentrar en mis actividades, me sorprendía frecuentemente pensando en cómo sería esa cita, y lo extraño, pero a la vez lo excitante que sería hablar con Alejo de esos recuerdos, veinte años después. ¿Estaría ante una premonición de un encuentro con un exnovio, como lo señalaba en video que en su momento vimos con mi esposo?
Esa noche en la casa, luego de cenar y ya en la habitación, mi esposo estaba cariñoso, había llevado unas copas de vino y estaba buscando sus videos porno en la televisión, por mi parte acepté la iniciativa, hicimos el amor, la pasamos bien pero mi mente siempre estuvo en otro lugar en el espacio y en el tiempo. La situación que vivía me confundía, estando en casa o en mis labores diarias, me sentía en el presente, pero cuando pensaba en Alejo o nos encontrábamos para charlar, me sentía en mis años juveniles. Luego de hacer el amor y ya a punto de dormirme, mi esposo me comentó que tenía un viaje de trabajo el viernes y que aprovecharía para pasar al pueblo donde vivía sus padres, ya ellos en su edad de retiro, para visitarles y acompañarlos en el fin de semana.
A mi esposo, que desde la mañana estaba en su viaje, le había comentado que por la tarde había quedado con unas amigas de ir a tomar algo y pasar el rato, a él le pareció bien y me deseó que me divirtiera con ellas.
Eran casi las cuatro de la tarde, muy próxima a la hora convenida con Alejo para nuestro café del recuerdo. Llegué algo tarde por el tema de tráfico, y como estaba lloviendo, no llevé mi carro, pues odio conducir bajo la lluvia. El taxista me dejo a la entrada del centro comercial y tuve que apresurar el paso para no mojarme. Entré al café, Alejo ya estaba sentado en la mesa, me disculpé por el retraso, el se levantó y me saludo con un beso en la mejilla, nuevamente muy cerca a mis labios, no dije nada, simplemente le sonreí. Levantó su mano y me secó una gota de lluvia que bajaba por un mechón de mi pelo. Encontré ese gesto muy especial, así era él.
La charla inició con temas triviales, como el clima y el tráfico, luego ordenamos un par de bebidas calientes, pues el clima estaba con muy baja temperatura. Luego empezaron a salir los temas de nuestra época de noviazgo, de la música que nos gustaba, de nuestras salidas a las discotecas, de los paseos con amigos y de las salidas a cine, entre otros planes. Fue entonces cuando empezaron a salir las anécdotas de nuestras experiencias excitantes, pues fue en nuestra primera salida a cine que nos empezamos a permitir mas acercamientos, dada la oscuridad de la sala, y tal vez por que la película tuvo un par de escenas un poco subidas de tono, que empezó a subir nuestro deseo. Me encontraba con mi cabeza apoyada en su hombro, y el me abrazaba y su mano quedaba colgando muy cerca de mi seno, en un pequeño movimiento que hice para acomodarme, su mano me rozó, pero en ése momento para mi sorpresa, no la retiró de mi seno, creo que espero unos segundos para ver mi reacción, pero no me opuse a su intención, empezó a mover suavemente sus dedos sobre mi pezón, que no tardó en ponerse duro, pasaron así unos minutos, y cuando la luz de la sala se oscureció aún más por la escena de la película, yo empecé a acariciarle por encima del pantalón sintiéndole por primera vez su pene ganando su erección.
En medio del recuerdo de esa cita a cine, ambos sonreíamos y nos mirábamos ligeramente sonrojados, yo adicionalmente sentía el mismo cosquilleo por todo mi cuerpo, como aquel día en el cine. Alejo ordenó un par de copas de vino tinto, para animar más la conversación.
Continuamos con nuestros relatos, riendo y señalando las cosas que hacíamos para que no nos descubrieran en nuestras familias, lo que aumentaba la emoción de nuestros encuentros. Recordamos la vez que su familia viajó a su casa de campo en clima caliente, y que su madre llamó a la mía para que me dejara ir con ellos, y que ella personalmente me cuidaría. Soltamos nuevamente la carcajada, aumentada quizá por el efecto del vino. En ese paseo, la verdad la pasamos muy bien, solo íbamos sus padres, su hermana y nosotros. Sus padres se quedaron en su habitación, obviamente yo compartí la habitación con su hermana, y Alejo se quedaba en una habitación que también funcionaba como una especie de estudio. Uno de los días, amaneció haciendo mucho calor, por lo que me desperté temprano. Sali de la habitación y sentí ruidos en la cocina, allí estaba la mamá de Alejo quine me saludo con los buenos días y me ofreció un vaso de jugo de naranja. Hablamos unos minutos sobre el calor que estaba haciendo y me comento que iban a aprovechar que era temprano para ir con su esposo al pueblo a comprar unos víveres. Me comentó que me sintiera tranquila de preparar algo de desayuno y que, si quería, que pasara un rato en la piscina, lo que me llamó la atención.
Cuando salieron de la casa, entre a mi habitación a ponerme el vestido de baño, sin despertar a la hermana de Alejo, salí a la piscina y me acomodé para tomar el sol un rato. En ese momento llegó Alejo, aún en su pijama de pantalón corto y una camiseta, y tomaba también un vaso de jugo. Me levanté a saludarlo, le dí un beso y el me abrazó por la cintura, sentí que me acercó hacia él y sin dejar de besarlo, sentí que su pene estaba erecto. Lo miré a los ojos, y solo me contesto que era una erección matutina. Nos seguimos besando y nos fuimos animando, me llevo detrás de unos arbustos a lado de la piscina, que nos daban algo de privacidad, aunque quedábamos ya al limite de la propiedad vecina, Alejo de indicó que no había problema, ya que los vecinos no estaban por esos días.
Me empezó a acariciar mis senos encía de mi vestido de baño, luego me pidió que bajara la parte superior de mi vestido para dejar mis senos descubiertos, Alejo empezó a besar mis pezones. A mi me daba algo de nervios pues en cualquier momento podía aparecer su hermana o podrían regresar sus padres del pueblo. Él no le dio importancia a mi preocupación y siguió en su juego. Luego movió mi traje de baño, para que mi cuca estuviera a disposición de su mano. Empezó a tocarme el clítoris, lo cual hacía bastante bien, y su mano de daba todas las señales, me indicó que abriera un poco más las piernas y luego introdujo dos dedos en mi vagina y empezó a masturbarme suavemente, yo estaba de volaba de la excitación, miraba al cielo despejado y sentía como mi sexo se iba humedeciendo cada vez más. Bajé mi mirada hacia el frente, y ví, como a unos diez metros, detrás de los arbustos de la propiedad vecina, a un señor de unos cincuenta años con los ojos bien abiertos y una cara de morbo que no podía con ella. Alejo estaba concentrado en su tarea de masturbarme y besar mis tetas y no había visto al señor, quien parecía el jardinero de los vecinos. Yo no hice ni dije nada, ya estaba a punto de venirme y adicionalmente ver que con el placer que estaba sintiendo no solo estaba complaciendo a Alejo sino también a un voyerista, esa situación me gustó mucho. Percibí a través de los arbustos que el jardinero se estaba masturbando, apreciando nuestra escena, en ese momento tuve un orgasmo increíble, tanto así que se me escapo un gemido algo fuerte. Alejo me miró y me dijo que si me había gustado.
Luego de mi orgasmo, liberé el pene de Alejo que estaba a más no poder, me arrodillé y empecé a hacerle sexo oral durante un rato. Alejo estaba de espalda al jardinero, por lo cual no notaba su presencia. Le seguí masturbando y miré por un lado hacia donde estaba el jardinero, y allí continuaba masturbándose. Alejo me indicó que estaba por venirse y me dijo que si podía venirse en mis senos. Empezó a eyacular y todo su semen cayó en mis senos; mientras Alejo se recuperaba y yo me organizaba como podía otra vez mi vestido de baño, miré hacia donde estaba el jardinero, pero ya no estaba, me imagino que se vino, y luego se retiró plácidamente a sus oficios. Mi sentimiento fue grandioso, me sentía plena, de que de alguna manera hubiera dado placer a dos hombres al tiempo. Quien lo hubiera pensado.
Al escuchar mi versión del viaje, Alejo me miraba sonriendo y asombrado, pues él nunca supo lo del jardinero. Efectivamente era la persona que se encargaba de los jardines de ambas casas. Nunca volví a saber de él, pues tampoco regresé a dicha casa de campo. Alejo comento que el jardinero tiempo después se había mudado del pueblo y que la familia había vendido la casa. Sus padres y su hermana, tampoco se enteraron de dicha aventura; y así eran siempre nuestros momentos de intimidad, aprovechando esos espacios que nos daban algo de privacidad.
En esa época, mi pensamiento era que no podía ser penetrada por ningún hombre que no fuera mi esposo, pues así fue la formación tradicional que recibí, y Alejo siempre respetó mi forma de ver las cosas. Claro dicha convicción, no excluía explícitamente que no podía tener cierto tipo de intimidad……. Jajajaja nos miramos y soltamos la carcajada de recordar mi manera de pensar.
Tomamos otra copa de vino y así recordamos muchas anécdotas adicionales. Estaba yo tomando un sorbo, cuando sentí la mano de Alejo sobre la mía, que la tenía sobre la mesa. Antes de yo bajar la copa, me miró fijamente a lo ojos y me dijo: Criss, creo que nos falto vivir los nuestro en su momento, siempre has sido una mujer muy deseable y eso no ha cambiado, desde que nos encontramos de nuevo hace unas semanas, no hago sino pensar en como hacerte mía. Me gustaría que me aceptaras que fuéramos a un sitio más privado. ¿Qué opinas?
Mi corazón saltó, palpitaba a mil por hora, no pude sostenerle la mirada, miré el reloj, y todavía no eran las siete de la noche, todo alrededor iba en cámara lenta, Alejo no había quitado su mano de la mía, tomé otro sorbo de vino, y dije que sí. El mundo regreso a su velocidad normal, pero yo sentía como si flotara en las nubes. Alejo pidió la cuenta, salimos hacia el parqueadero, me sentía en otro mundo, recuerdo que reíamos mucho y Alejo iba haciendo monerías, se veía como un niño cuando le dicen de manera sorpresiva que se iban para un cine o un plan similar, todo eran risas y miradas cómplices.
Llegamos a un motel del norte de la ciudad, bajamos del auto e ingresamos a la pieza. Yo sentía escalofríos por todo el cuerpo, Alejo se quito el blazer, el reloj y dejó su celular en la mesita, yo observaba la habitación, la cual tenía jacuzzi, tv, mini bar, y la cama era tamaño King con un cubrelecho de color morado. Dejé mis cosas en la otra mesita, Alejo me dijo que no me quitara las joyas ni el collar de perlas que tenía puesto, le hice caso. Luego se me acerco por detrás y empezó a besar mi cuello y los lóbulos de mis orejas, mientras con sus manos exploraba mi cuerpo. Empezó a quitarme la blusa y cuando quedé solo con el brassier me giró, miraba mis tetas y me decía como las deseaba, me quito el brassier liberándolas, con sus manos me las acariciaba y jugaba con mis pezones, me miró y entendí que quería besarlas, con mi sonrisa el procedió, y empecé a excitarme como en aquellos tiempos juveniles, no había perdido la práctica y lo hacía como un experto. Bajó mi pantalón y quede en bragas. De igual manera, procedí a desabotonar su camisa y dejar así su torso desnudo, la verdad se veía muy bien, brazos fuertes, su pecho con vellos blancos y negros, y su abdomen bastante bien a pesar de paso de los años. Seguí con su pantalón, quedando solo con su ropa interior, le miré a los ojos, y me dijo que procediera, que me estaba esperando, yo sonreí y le acaricié su pene por encima de su ropa interior. Guau! Que sensación, su pene iba aumentando de tamaño rápidamente, no aguanté más y le retiré su interior, dejando libre a aquel amigo de hace tantos años, y que solo hasta ahora caía en cuenta de cuanto lo extrañaba. Le acaricié y le besé, a este momento ya estaba muy excitada.
Alejo me acostó en la cama y se hizo a mi lado, me miro durante unos segundos y sin pronunciar palabra empezó a besarme y acariciarme los senos, luego bajó su mano y la metió por debajo de mis panties, me acarició mi sexo, retiró mi ropa interior y quedamos ambos completamente desnudos. Allí estábamos en una nueva faceta, totalmente desnudos, excitados y en una habitación que nos daba toda la privacidad del mundo, solos él y yo.
Con su mano me indicó que abriera un poco mis piernas, empezó a acariciar mi clítoris y mi humedad quedó en evidencia, introdujo sus dedos y me empezó a masturbar de una manera espectacular. Se detuvo un momento, y me dijo: Criss, quiero estar dentro de ti y hacerte mía de una vez por todas, me lo debes desde hace muchos años. Un simple pero excitado sí, inició el pago de esa deuda mutua que teníamos.
Se puso de rodillas al frente de mí, me abrió las piernas con delicadeza y puso su pene erecto al frente de mi cuquita, que estaba muy húmeda. Empezó a tocar mi clítoris con su pene y así estuvo durante varios segundos, yo simplemente estaba que explotaba, luego apuntó la punta de su pene a mi entrada, y empezó a ingresar lentamente. Yo tenía mis brazos sobre mi cabeza, y mis piernas estaban abiertas a más no poder, el tiempo se volvió a ralentizar, solo tenia conciencia de cómo su pene se iba abriendo camino en mi vagina. Se me hizo una eternidad sentir que ya había entrado todo, en ese momento me miró a los ojos, y me dijo lo mucho que había soñado con esto. Yo le respondí con un beso, y empezó a moverse suavemente y poco a poco fue aumentando la velocidad, yo gemía en restricción alguna, mi primer orgasmo llego a los pocos momentos, gemí como nunca y sentí que ese orgasmo nunca iba a terminar, estaba tocando el cielo con las manos. Una vez me recuperé, Alejo me indicó que me volteara y quedara en la posición de perrito, el apuntó su pene a la entrada de mi vagina, y me penetró lo más profundo que jamás había sentido. Colocó sus manos en mi cadera y comenzó a aumentar su ritmo, llegué de nuevo con un contundente orgasmo y mis gemidos no fueron inferiores al placer que Alejo me estaba dando. Alejo empezó a aumentar su fuerza de penetración, lo que me indicó que estaba próximo a venirse. Sin que él me preguntara le dije que podía venirse dentro de mí. Se volvió como un toro, y aumento aún mas sus embestidas, era absolutamente suya. Se vino dentro de mí y gimió como un semental, en ese momento sentí otro orgasmo. Caímos rendidos en la cama, recuperando nuestro aliento.
Dormitamos un rato, yo tenía mi cabeza sobre su pecho y jugueteaba con mis dedos con los vellos de su pecho. Él tomó mi mano suavemente, y la colocó encima de su pene, me indicó que le masturbara como en los viejos tiempos, y así lo hice. Sentí cómo con mis movimientos, su pene volvía a ponerse duro. Alejo me pidió que le montara, así que me subí encima y con mi mano ayudé a su pene para que encontrara la entrada a mi vagina. En ese momento sentí una explosión de excitación, y ahora yo ponía el ritmo, Alejo acariciaba mis senos y luego chupaba mis pezones mientras yo aumentaba mis movimientos. Me sentía en la gloría, definitivamente Alejo entendía muy bien mis necesidades. Volvieron mis gemidos y claro un nuevo orgasmo. Alejo me miraba y sonreía, me preguntó que, si me estaba gustando, le contesté con un largo beso, mientras recuperaba energías.
Aún encima de él, empecé a moverme dejando mis tetas sobre su pecho, aumenté el ritmo con el fin de hacerlo venir de nuevo, me apretó las nalgas con sus manos mientras yo mantenía mis movimientos y le daba besos cortos. Sentí como aumento la presión de sus manos en mi cadera, indicándome que estaba por explotar, nuevamente le dije que se viniera dentro de mí, sentí como explotaba, pensé que nunca iba a terminar de eyacular. Le di un beso y caí rendida a su lado.
Al cabo de quince minutos, recuperé algo de mi energía, abrí los ojos, y en ese momento vi que en el techo de la habitación había espejos. Contemplé nuestros cuerpos desnudos, y a Alejo durmiendo plácidamente. No sabia si estaba en el presente o en el pasado. Si es el presente, entonces ¿acabo de ser infiel? Si estoy en el pasado, entonces ¿no fue una infidelidad? En ese momento, me ingresó un mensaje al celular, eran mis hijas indicándome que ya se iban a acostar. Estoy otra vez en el presente, me dije mentalmente. También caí en cuenta, que no había pensado en mi esposo en toda la tarde.
Desperté a Alejo y le comenté que debíamos irnos, así que nos organizamos y salimos del motel. Había sido una experiencia fenomenal y solo pensaba en llegar a mi casa, tomar un baño largo de agua caliente, y luego meterme en la cama con una última copa de vino. Alejo se ofreció a llevarme a mi apartamento, así que le dí las indicaciones, una cuadra antes detuvo el carro, puso las luces de parqueo, me dio en beso apasionado y me dijo que había sido un momento muy especial, y que se alegraba de haberlo vivido a estas alturas de la vida y, de manera jocosa, me agradeció por haberle dado ahora lo que le negé hace tantos años.
Me dejó en la portería de mi edificio y nos despedimos con un beso en la mejilla. Ingresé a mi apartamento, las luces estaban apagadas y todo en silencio, así que entré a la habitación.
La sorpresa fue enorme al ver a mi marido en la cama.
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