Un despiste me condujo a mi sumisión (3)
Carmen no pide permiso, ordena. Y él, en lugar de resistirse, se arrodilla. Entre la comida masticada, el látigo y la humillación más profunda, descubre que su verdadera libertad está en perderlo todo.
Me dispuse a prepararle el almuerzo. Ella, mientras daba tragos a su copa mientras me ridiculizaba riéndose de mi estado y en lo que Ella me iba a convertir.
¿Sabes una cosa mi perro?, voy a hacer de ti el sumiso y esclavo más perfecto y envidiado de todos los que existen. Y como no, lo mejor de todo es que yo, Carmen, seré la más deseada y envidiada por poseerte.
Estaré encantado de contribuir a su deseo, mi Ama Carmen.
Haré que estés encantado, como muy bien dices.
Por cierto, mañana modificarás en el ordenador la cuenta de ingreso de tu nómina y la domiciliaras en la mía que luego te daré yo. Siendo mi esclavo no necesitarás nada más que lo que yo considere que puedas necesitar. Mi pensión no es muy elevada y con la tuya mi nivel de vida aumentara. Me gusta viajar.
Así lo haré mi Ama Carmen.
Por cierto no sé si te he dicho que me gusta reunirme aquí en casa con mis amigas para pasar buenos ratos. Ellas conocen mis gustos respecto a la dominación. Algunas de ellas los comparten y siempre hemos fantaseado con tener un esclavo, lo que haríamos con él cuando lo tuviéramos. Pero eran solo fantasías hasta ahora. No quiero imaginar lo que dirán cuando sepan que te tengo a ti como esclavo. Van a querer usarte y se van a volver locas.
Como Usted desee, le pertenezco por entero.
Ya lo sé, y no dudes nunca a quien perteneces.
Tengo hambre, a ver si terminas ya.
Puse la mesa y le serví la cena a mi Señora.
Y tu, mi esclavo ¿tienes hambre?
Un poco mi Ama. Me encantaría acompañarle, si Usted me lo permite.
Claro que si, eres mi esclavo y me gusta que estes cerca de mi compartiéndolo todo. Ve y tráete un plato, te daré de mi comida.
Fui a por un plato a la alacena y lo coloqué en la mesa junto al suyo. Esperé a que terminara Ella y me sirviera parte de su comida como me había dicho.
Toma, ya puedes cenar, ahí tienes tu cena.
Creía que iba a compartir conmigo la cena que le había preparado pero cuando tuve frente a mi el plato me di cuenta que no era así. El plato contenía parte de la comida que le había servido pero después de masticada y escupida de su boca dejando ver hilos de saliva que la hacían repugnante. Tarde un poco en tomar el tenedor y empezar a comer.
¿Es que no te gusta esclavo?, te lo he preparado especialmente para ti y estoy esperando ver cómo te lo comes y me agradeces que te lo haya preparado. Has de saber algo. Cuando te mando algo no me gusta esperar, has de obedecer de inmediato y no es eso lo que has hecho cuando te he mandado comer lo que con todo mi cariño te he preparado.
Tomó el paquete de cigarrillos, se encendió uno y me miró echándome el humo directamente de su boca a mi cara a la vez que mi cara fue sacudida por dos bofetones. Por su edad deduje que había fumado desde siempre ya que además de su voz muy grave era su tos cada vez que daba una calada al cigarro y el carraspeo de su garganta como queriendo expulsar la mucosidad que contenía su garganta.
Acércame el plato joder. Me has cabreado.
Le acerqué el plato y dándole una calada al cigarro su tos se hizo presente escupiendo una madeja verdosa de su boca en mi plato.
Ya puedes mezclarlo todo y comértelo. Y esta vez espero que no me hagas esperar. Ahora vengo perro asqueroso y desobediente. Te voy a enseñar lo que es obediencia ya que si no lo hago desde un principio vamos a ir mal.
Cuando se fue de la cocina me dispuse a comer lo que me había preparado mi Señora. Solo acercarlo a mi boca me producía un asco terrible que me producía arcadas como para vomitar. Hube de mentalizarme mucho y pensar que era mi Ama, a la que voluntariamente me había entregado, la que me lo había preparado y le debía gratitud por haberlo hecho. La única forma de agradecérselo era comiendolo todo antes de que volviera.
Veo que te está gustando, ¿verdad?. Pero no creas que por haberte puesto ahora a comer te vas a librar de un buen correctivo. Después de aplicártelo te aseguro que la próxima vez no dudarás en obedecerme. ¿Está bien claro?
Si mi Ama Carmen.
Pues cuando termines te colocas echado sobre el espaldar de la silla.
Me puse como me había ordenado y Ella tomando unas correillas ató mis manos y mis pies a la silla estando totalmente inmóvil. Era una postura muy humillante al estar totalmente inmóvil y ofrecido a su capricho. Sentí como una de sus manos acariciaba mi espalda y mi culo.
Es una pena que tan pronto te tenga que marcar. No creía que tendría que hacerlo.
Mientras me hablaba su mano dejaba caer el látigo sobre mi cuerpo una y otra vez hasta quedar echado completamente en el suelo y dolorido.
Espero que este correctivo té haya hecho reflexionar sobre lo que significa la obediencia para mi.
Si mi Señora Carmen, le pido perdón por mi actitud.
Una de sus manos acarició mi cabeza y la otra cogiéndome por la barbilla me levantó hasta su altura propinándomela un sonoro bofetón acompañado de unas muy dulces palabras.
No me gusta azotarte por gusto pero has de comprender la necesidad de aplicártelos si quiero que seas un buen esclavo. ¿Porque tu también deseas ser perfecto para mi, verdad?
Por supuesto mi Señora Carmen.
Así me gusta, que coincidamos no solo en gustos sino e métodos para alcanzarlos. Ahora recoge todo y dejas la cocina limpia. Quiero que te dediques a mi. Te espero en mi dormitorio.
Cuando terminé me fui desnudo y a cuatro patas hasta su dormitorio. Allí estaba mi Ama echada en la cama fumándose un cigarrillo y en ropa interior, con unas bragas y sujetador negro a juego con unos encajes y sus piernas cubiertas por unas medias de rejilla del mismo color.
¿Te gusta mi cuerpo?
Mucho mi Ama.
No podría decir que su cuerpo era perfecto ya que era más propio de su edad pero ver su cara me hacía considerarlo excitante y sensual.
Como has tardado y no tenia a mano un cenicero he tenido que echar la ceniza al suelo.
Ahora mismo lo limpio, mi Ama.
Se giró sobre la cama para deleitarse viendo como mi lengua lamía el suelo recogiendo la ceniza de su cigarrillo.
Me encanta verte ahí tirado como un vulgar perro. Ahora arrodíllate.
Tomó una especie de embudo con un tubo flexible que introdujo en mi boca.
Sujétalo que voy a lavarte la boca para que puedas lamerme. Eres muy guarro, mi perro.
Se levantó, abrió sus piernas y colocó el embudo entre ellas para comenzar a orinar. Era una orina muy concentrada, con un fuerte sabor mezcla de dulce y salado y muy abundante. Me costó tragarla toda conforme orinaba conteniéndola hasta poder tragarla.
-¿Lo has tomado todo?, veo que aún te queda un poco. Te ayudaré a tragarlo.
Diciendo esto de su boca dejó caer en el embudo y sobre la orina que quedaba un escupitajo verdusco y espeso. Era así porque tras beber toda su orina comenzó a deslizarse por el tubo y hasta mi boca pudiendo saborearlo muy poco a poco.
- Bien ya has tomado tu cena, ahora échate a los pies de la cama y me despiertas sobre las nueve.
Con la correa del collar amarrada a su cama me eché sobre una colchoneta de perro que había dispuesto a su lado. Me costó dormirme ya que estaba bastante excitado al verla echada en la cama cuando entre y aún me duraba. Me hubiera gustado poder masturbarme y así aliviar la tremenda erección pero no podía hacerlo, no tenia su autorización y me había dejado muy claro que mi placer estaba controlado por Ella en todo momento. Así conseguí dormirme hasta que un rayo de luz me despertó. Me puse arrodillado y me dispuse a contemplarla. Solo verla ya me excitaba, la adoraba de una forma exacerbada y entregada, era mi Ama, mi Dueña.
Veo que te has despertado ya, mi perro. Hoy nos espera un día muy intenso, sobre todo para ti. Me llamó ayer mi amiga, la que estaba aquí cuando llegaste ayer pero que no pudiste verla por deseo expreso de ella. Hoy tampoco la verás, me ha dicho, pero si la sentirás y escucharás.
Haré que hoy con mi comportamiento se sienta Usted orgullosa de este, su posesiones.
Eso espero. Pero ahora coge el embudo de anoche y te lo colocas en la boca. No puedo aguantarme más.
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