Historias del complejo turístico (47)
Diego creía conocer a su esposa, pero las carpetas ocultas de una computadora revelan una vida secreta de humillaciones y engaños. Ahora, con el corazón roto y la rabia encendida, decide que la venganza no será violenta, sino calculada: infiltrarse en la vida de la novia inocente de su amante para hacerlos pagar.
La historia de Diego
Capítulo 5
Cuando abrí la carpeta, me mostraba todos los directorios encontrados que habían sido eliminados de la computadora, y lo primero que vi en aquellos archivos, hizo que me corriera un frío por la espalda.
Entre las carpetas recuperadas, dentro del directorio usuarios, había una carpeta llamada "Gonza" y otra "user".
No entendía nada, si esa computadora había sido de Carolina, porque tenía un usuario "Gonza", y ya me puse muy nervioso.
Claro estaba que esa computadora no había sido de Carolina, sino de Gonzalo, Ahora… ¿por qué Marcela tenía una computadora que había sido de Gonzalo? La puta madre que lo parió! Más claro, echale agua!
Ya la sangre me hervía, el corazón se me aceleró y mi cabeza era un remolino de pensamientos que se agolpaban, ninguno de ellos, con buen pronóstico, ¿por qué me había mentido diciendo que había sido de Carolina? Inevitablemente, me vivieron a la cabeza tantas veces que los había visto conversar y reírse, esa complicidad que me carcomía la cabeza.
Hice doble clic sobre esa carpeta “Gonza”, y como en todas las computadoras, dentro estaban las carpetas de documentos, imágenes, descargas, música, videos y todas las demás carpetas del perfil de usuario.
Abrí la del escritorio y tenía un montón de documentos y de carpetas, fui mirando cada una de esas carpetas sin encontrar nada extraño, en realidad, nada de lo que estaba buscando que me confirmara lo que me suponía.
El tipo era bastante metódico y tenía todo ordenado por fechas y nombres.
Luego abrí la carpeta de documentos, allí también había muchas carpetas por año y dentro otras carpetas y documentos también ordenadas por meses.
Tampoco encontré nada allí que tuviera que ver con Marcela.
Abrí la carpeta de descargas, la de imágenes y las de videos y no encontraba nada de lo que suponía iba a encontrar.
Pero seguía preguntándome, ¿por qué Marcela tenía esta máquina y me había mentido diciéndome que era de Carolina?
Seguí abriendo carpeta tras carpeta, que dentro tenían otras carpetas, y no encontraba nada.
Luego entré en el usuario “user” y dentro de la carpeta escritorio, estaba el video de Isa, que Marcela había descargado de su teléfono, le hice doble clic, y me di cuenta de que el video estaba completo.
El hecho de no encontrar nada “sospechoso” o probatorio de algo entre mi esposa y Gonzalo, me había tranquilizado un poco, pero de todos modos, Marcela me tendría que explicar al volver, por qué tenía ella esta notebook.
Nuevamente se había instalado en mi cabeza, la sombra de ese tipo, ¿nunca me lo podré sacar de encima?
Pensaba en el momento que volviera Marcela y le cuestionara esto, y trataba de imaginar cuales podrían llegar a ser sus explicaciones, aunque estaba seguro de que ninguna de ellas me dejaría conforme.
Tenía todos aquellos datos en mi disco rígido externo, ya en algún otro momento con más tiempo, fisgonearía en la vida digital de este tipo, al menos en lo que allí guardaba.
Cerré todas las carpetas que había abierto y me disponía a desconectar el disco rígido, cuando una carpeta en el disco “C” de la máquina, me llamó la atención, no era una de las clásicas carpetas del Windows, era una carpeta llamada “zdem”, que extraño pensé, le hice doble clic y la abrí.
Dentro había varias carpetas cada una con el nombre del año, supuse, seis en total, de 2014 hasta 2019.
Abrí la carpeta 2014, había una carpeta “fotos” y otra “videos”.
Y mis peores temores se hicieron realidad en ese doble clic, dentro de la carpeta fotos, había varias fotos de Marcela tomadas a la distancia, de frente de espalda, supongo que fotos hechas sin que ella lo supiera, y claramente se veía que eran en la facultad.
En la carpeta videos, varios videos de pocos segundos de Marcela caminando con una compañera, otro de ella caminando hacia él de frente y otros, de ella caminando en dirección opuesta a él, donde le enfocaba el culo.
Todo eso no hacía más que confirmar el sabido interés que tenía ese tipo por Marcela desde esa época.
En la carpeta 2015, el último año de la carrera, donde ya éramos novios con Marcela, además de las carpetas “fotos” y “videos”, había otra de nombre “chat”, y esa fue la que abrí primero.
Ya me dolía el pecho y sentía que mi cabeza iba a explotar, toda clase de pensamientos, padsaron por mi mente en esos pocos segundos.
Dentro, también ordenados por fecha, estaban las conversaciones que había tenido ese tipo con Marcela por el chat de la cuenta de correo electrónico, y al leer esas conversaciones, el alma se me partió al medio, eran varias conversaciones diferentes, donde entre otras cosas, se ponían de acuerdo para encontrase, lógicamente a espaldas del pelotudo.
En varios chat, le decía lo que podrían hacer al verse, lo que le gustaría que se ponga, y que él le iba a comprar algo sexy para el encuentro.
Eran un montón los chat, y los leí solo por arriba, para luego abrir la carpeta de fotos y ver a Marcela ya en primer plano y sin dudas, consciente de que la estaba fotografiando.
El puñal en el medio del pecho, llegó cuando vi la primera foto de Marcela con un conjunto de ropa interior muy sexy, posando para la foto, en varias posiciones, para luego ver fotos de ella completamente desnuda mirando a la cámara, de pie, de frente, de espalda, en una cama boca arriba, boca abajo y en diferentes posiciones.
Luego abrí la de videos, y ya nada me iba a indignar más, en el primero estaba Marcela en una cama, desnuda, masturbándose y preguntándole si así le gustaba. No terminé de verlo, luego otro de ella a cuatro patas siendo cogida desde atrás por el tipo, donde se le veía la cara, y luego de unos minutos, en un momento el tipo gira el teléfono y enfoca su cara.
Ya todo estaba dicho, la hija de puta me metía los cuernos con este otro hijo de puta desde que éramos novios.
Me sentí el más pelotudo del mundo, estaba totalmente indignado, lleno de ira, no terminaba de procesar lo que estaba viendo, ¿Cómo pude vivir en esta vida de mentira? Si todas las carpetas tenían contenido similar, quería decir que durante toda nuestra relación, Marcela me cagó con este hijo de puta!
Mi cabeza era un hervidero, dolor, rabia, decepción, todo un coctel de sentimientos que no hacía más que querer agarrarlos a los dos, y matarlos a golpes de puño por hijos de puta!
Por supuesto miré las carpetas de los años siguientes, para darme cuenta de lo hija de puta que había sido Marcela conmigo, hice memoria en muchas de las escenas de las fotos y los videos para darme cuenta cuantas veces me había mentido, cuantas veces había estado con ese hijo de puta, incluso estando ella conmigo.
Leyendo algunos chat, supe que toda esa ropa que traía a casa, no se la había regalado Carolina, se la compraba el tipo y le pedía que se la pusiera cuando a él se le daba la gana.
También enterarme de que aquella primera vez que fue a su casa, supuestamente acompañando a su amiga Vanina, había ido para coger con él, aunque en ese momento no éramos novios, pero de todas formas ya me había mentido.
Que había sido él quien la había hecho entrar en la distribuidora donde trabaja, y que en un montón de oportunidades, salía del trabajo para ir a coger con él.
Había videos de los dos cogiendo en la oficina donde trabaja, en el baño del gimnasio, en los vestuarios del club de tenis.
Chat entre ellos dos, donde se dirigían a mí llamándome “cornudo”, “cornudito” o “guampudo”.
Que el mismo día en que nos casamos por la tarde, que supuestamente se la pasó en la peluquería, estuvieron cogiendo por más de dos horas, que hija de mil puta!
Que ese mes que el tipo fue al gimnasio al que iba Marcela, era para cogérsela en los vestuarios, que en la fiesta de casamiento de Carolina, él le había comprado ese vestido para que se lo pusiera, y que habían cogido en el momento que ella había ido al baño y recordé lo que había demorado en ese momento.
También me enteré que en aquella fiesta de fin de año en casa de Carolina, el hijo de puta se rió de mí bailando con Marcela, y que luego cuando entraron a la casa, se la cogió en esa habitación que tienen para sus juegos, por supuesto todo muy bien documentado con sus respectivos videos.
En los chat, Marcela hablando mal de mí, cuando le contaba que mi padre había vendido el estudio y que yo era un pelotudo con pocos huevos por no evitarlo.
También que en esa época en que yo sospechaba pero no tenía certezas, cuando salía por las noches con sus amigas, terminaba siempre cogiendo con él antes de volver a casa, que aquella noche de parejas cuando yo no fui con ella, fue Marcela quien lo llamó a él y terminaron cogiendo antes de volver.
Que aquella noche que la vi llegar mientras me fumaba el cigarrillo en el balcón, antes de bajar del auto, se la había chupado y se había tragado todo.
Videos en el que se veía como se la metía por el culo, y ella le pedía más, y no solo eso, un video bastante largo donde ella cogía con dos tipos, el hijo de puta este y otro más que yo no conocía, y se la cogían por todos lados, por supuesto sin usar preservativos.
Que la idea de que se depilara la concha había sido de él, quien además la había pagado y por supuesto, se la había estrenado, y yo como un boludo pensando que era para mí.
¿Cómo se puede ser tan hija de puta? ¿Cómo puede una persona mentir por tanto tiempo? ¿Cómo pude ser tan ingenuo?
Enterarme de cosas tan depravadas, premeditadas con tanta malicia, con la clara intención de humillarme y sin ningún remordimiento, no paraban de sorprenderme, de desquiciarme.
En esos momentos en que como un pelotudo creí que volvíamos a estar bien, era porque el tipo se había ido a Europa, ¿cómo pude creerme todo lo que pasó?
Pero lo que realmente me terminó de devastar hasta las lágrimas y para lo que no estaba preparado, fue leer en un chat entre ellos, donde el hijo de mil putas le preguntaba a Marcela si “¿el cornudo ya sabe que Isabela puede que no sea su hija?” y la respuesta de Marcela, “callate boludo, nunca lo tiene que saber”.
A todo lo que estaba sintiendo, se le sumaba que quizás no fuera el verdadero padre de Isabela, no pude evitar las lágrimas de dolor, toda mi vida era una mentira, ¿Por qué Marcela había hecho todo esto conmigo? Si no quería estar conmigo, ¿por qué no me dejó y se fue con él?
Y como frutilla del postre, enterarme de que el vestido del cumpleaños de Isabela, no solo lo había comprado él, sino que además le había dicho que lo usara esa noche, y que en el momento que había ido al baño, porque según ella no se sentía bien, se la había estado cogiendo.
Mi cabeza era un quilombo, una mezcla de sentimientos, que al pensarlos, lo único que quería era terminar con todo.
Mil cosas pensé, matarlos a ambos sería lo justo, por hijos de puta, pero Isabela, a pesar de que quizás yo no fuese el padre, era ajena a todo lo que había hecho la gran puta de su madre.
Ya no sabía cuál de los sentimientos mandaba en mi cabeza, la decepción, el rencor, el odio, la venganza, la ira, ¿cuál sería mi reacción al tenerla frente a mí?
Que ganas tengo de ir a cagar a trompadas a ese hijo de puta hasta que no le quede ni un diente!
Claro estaba que mi matrimonio se había terminado en ese momento, y que esa puta de mierda no volvería a entrar en mi casa.
Me levanté y fui a la heladera, me tomé una cerveza de una y destapé otra, volví al comedor, saqué el disco rígido con toda esa información, y apagué la notebook.
Me senté en el sillón a pensar que hacer, y lo primero que vino a mi cabeza, fue vengarme!
¿Carolina estaría al tanto de todo lo que hacía Marcela? Sin dudas! ¿La había encubierto en sus andanzas? Seguramente!
De ser así, es tan hija de puta como Marcela, tan falsa como ella, pero..., ¿y Martín? Siempre me pareció un buen tipo y teníamos un buen trato, si resultara ser que él también estaba al tanto de mis cuernos, formaría también parte del montón de hijos de puta que se rieron de mí en todos estos años.
También decidí hacer una prueba de paternidad, necesitaba saber si Isabela era realmente mi hija, aunque el sentimiento que tenía por ella, nada tenía que ver con mi sangre o mis genes.
Por qué no decirlo, yo si me enamoré de ella, a pesar de haber sido un estúpido, me enamoré de ella, creí que con ella viviría toda mi vida, que pobre iluso!
Si yo no hubiera descubierto todo esto, ¿alguna vez Marcela me lo hubiera contado? ¿Me lo hubiera reconocido todo?
Claro que no! El hijo de puta no quería una relación con ella, de haber sido así, ya me hubiera dejado para irse con él.
Serenate Diego! ¿Cómo sigue todo esto? Cuando Marcela vuelva, la echás a la mierda? Ya todo se rompió!
Ella nunca sabría lo que descubrí en la notebook, a menos que yo se lo diga, no me enorgullece sentir esto, pero necesitaba que paguen de alguna manera por lo que me han hecho, la violencia, sin dudas me llevaría a tener problemas, denuncias, hasta podría terminar en la cárcel, ya que puede pagar los mejores abogados.
Con Marcela, creo que la tenía un poco más fácil, el tipo no se la llevaría a vivir a su casa, según entendí, tiene una novia. ¿Le pagaría un lugar para vivir y la mantendría? No estoy seguro, claro está que para lo único que la quería era para cogerla cuando le venía en ganas, muy distinto es mantener a una mujer con una hija.
Lo único que me frenaba en mi arranque de ira y locura, era Isabela, esa hermosa criatura nada tiene que ver con todo esto.
Se hicieron las seis de la tarde, y Marcela me envió un mensaje preguntándome si la iría a buscar, no lo respondí, que la trajera su amiga.
Me di un baño, me cambié y me fui. ¿A dónde? Ni yo lo sabía, pero no quería estar cuando ella llegara.
A propósito dejé mi teléfono en casa, para que no pudiera llamarme.
Me senté en un bar, me pedí una cerveza y empecé a pensar la forma de hacerlos pagar, el primero tenía que ser ese hijo de puta, tenía que encontrar el lugar donde pegarle, donde más le duela, sin meterme en quilombo por supuesto, tenía que usar toda su información de alguna manera.
No es que me enorgullezca este comportamiento, pero se han cagado en mí por tanto tiempo, que no se las pueden llevar de arriba.
Lo primero que se me ocurrió, es buscar en su información, sus contactos, telefónicos o correos electrónicos, también revisar si en algún lugar guardaba sus contraseñas.
No sabía aún de que manera utilizarlas, pero supongo que su imagen debe de ser importante para él y para sus negocios. Ese quizás podría ser un punto flaco.
Decidí que esa noche volvería a casa, y haría como que nada había ocurrido, llegaría tarde, y algo alcoholizado y si Marcela preguntaba, le diría que salí a caminar y me encontré con un amigo de la infancia y que se me fue la hora hablando y tomándonos unas cervezas.
Después de todo lo que me ha hecho, no tenía nada que reclamarme, ni yo nada que explicarle.
Llegué a casa a eso de las once y media de la noche, Isabela estaba durmiendo y Marcela sentada en el sillón mirando televisión.
Varias cervezas me había tomado antes de volver, como para anestesiar lo que estaba sintiendo.
-MARCELA: Diegui! Estaba preocupada! No sabía dónde estabas! Y te dejaste el teléfono acá!
-DIEGO: Salí a caminar un rato y me encontré con Marito y nos fuimos a tomar un par de cervezas!
-MARCELA: Me doy cuenta!
Me fui para el baño y luego directo a la cama, cuando Marcela se acostó, simulé estar dormido.
A la mañana siguiente, salimos como todos los días, la única diferencia fue que no quise desayunar con ella, fingiendo un malestar de estómago.
Esa tarde salí del estudio una hora antes y fui para casa, como Marcela no estaba, cuando Juliana se fue, me fui con Isa a un laboratorio para hacer la prueba de paternidad.
Nos hicieron un hisopado bucal a ambos y me dijeron que los resultados estaban en una semana o diez días.
Al día siguiente en vez de salir del estudio en mi horario habitual, le pregunté a mi jefe, si fuera de horario, me podía quedar usando mi computadora, le dije que al no tener una en casa, necesitaba hacer lugar en el disco rígido externo para las fotos de mi hija.
Me dijo que no había ningún problema, que hasta las ocho, hora en que se iba el último compañero, podría usarla sin problema.
Estuve esas cuatro horas escudriñando en toda la información del hijo de puta, aunque no volví a mirar nada que tuviera que ver con Marcela.
Encontré un archivo dentro de una carpeta dentro de otras, donde tenía copia de sus contactos de correo electrónico.
Seguí buscando, y encontré un backup de whatsapp de hacía tres meses, ya luego vería esos archivos.
Eran casi las ocho de la noche y Rolando me dijo que en minutos se iba.
Ya pensando en que tendría que continuar al otro día, de repente, en un archivo txt, dentro de una carpeta, encontré un montón de contraseñas guardadas, exportadas del navegador, cuentas de correo, sitios de internet y del home banking de tres cuentas de banco.
Sabía perfectamente que hacer uso de esa información y ser descubierto, me metería en problemas, era lisa y llanamente un delito, tenía que pensar muy bien todo.
También encontré un Excel con contactos telefónicos, y en una primera vista, vi los teléfonos de Marcela, de Carolina, de Martín, de los padres de Marcela y hasta el mío.
Ya me pondría a pensar, qué hacer con toda esa información.
También necesitaba averiguar quién era su novia, y cómo era la relación entre ellos, ¿estaría ella al tanto de lo que hacía este sujeto con Marcela? Cada pareja es un mundo, pensé, quizás cogen con otros cada uno por su lado.
Y para eso mi primer jugarreta sería tratar de entrar en su Facebook, el usuario y contraseña estaban en aquel archivo, pero sabiendo que la aplicación le avisaría, lo haría desde su antigua computadora, en el momento en que Marcela no estuviera en casa.
Esa tarde llegué y Marcela no estaba, como casi todos los días, Juliana estaba cuidando a Isabela, cuándo Juliana se fue, encendí la notebook, abrí una pestaña privada del navegador, y probando su usuario pude entrar en su Facebook.
En pocas fotos y publicaciones, supe quién era su novia y la relación que tenían, se los veía muy enamorados, comentándose las fotos muy románticamente, qué mentiroso hijo de puta!
También miré el Facebook de su novia, Martina González Pose, en verdad una hermosa mujer, pero salvo que sean una pareja abierta, la pobre tiene unos buenos cuernos, ya qué con la única mujer qué había visto a este tipo, en la fiesta de casamiento de Carolina en Buenos Aires, claramente no era ella.
Coincidentemente y para fortuna de mis planes, tenía un negocio de servicios gráficos para indumentaria, hace estampados, serigrafía, sublimaciones y otros servicios. En su Facebook tenía publicaciones de su local comercial, del cual tomé la dirección, ya le haría una visita para ofrecer mis servicios.
Volviendo a su Facebook, vi varias fotos de los contactos femeninos del hijo de puta y a casi todos ellos, les puse me gusta y algunos comentarios subidos de tono en sus publicaciones, sobre todo las que estaban exhibiéndose o en fotos atractivas, mi primera maldad.
Cerré el Facebook, apagué la compu y me quedé jugando con Isabela.
Al día siguiente pasé por una casa de telefonía, y me compré otro teléfono con una nueva línea, mi intención era pasar por el local de Martina, y ofrecer mis servicios, dejarle este nuevo número, por las dudas que su novio pudiera reconocer mi número de siempre.
Estaba tan ciego por el enojo y el dolor, que quería joderlo de alguna forma en que le duela, como me está doliendo a mí.
Esa tarde salí del estudio y fui directamente a su negocio, al entrar la reconocí rápidamente, estaba sentada en un escritorio detrás del mostrador.
Me atendió un empleado, y pregunté por el dueño del local, el muchacho se acercó, habló con ella, que levantó la vista para verme y luego de un momento, se puso de pie y se acercó hasta mí.
-DIEGO: Buenas tardes señora, mi nombre es Ariel, andaba por aquí, y decidí entrar para ofrecerle mis servicios, me especializo en reparación de maquinarias gráficas de todo tipo e instalación de computadoras y equipos para trabajos gráficos y de diseño.
-MARTINA: Qué tal Ariel, mi nombre es Martina y soy la dueña del negocio.
-ARIEL: Mucho gusto Martina. Seguramente tengas a alguien que resuelva tus problemas con los equipos, pero de todas formas quería dejarte mi teléfono, por si en alguna ocasión llegaras a necesitar algún servicio.
-MARTINA: Tenemos un chico que nos ayuda con los equipos, pero… ¿vos tenés idea de reparar un plotter? Tenemos un equipo de ploteo que es relativamente nuevo, pero dejó de funcionar y no hemos podido solucionarlo, de hecho estoy pensando en comprar uno nuevo.
-ARIEL: Te propongo algo, permitime ver el equipo y te digo si tiene solución, sí existe la posibilidad de hacerlo funcionar, este servicio será sin costo, ¿te parece?
-MARTINA: ¿Podés verlo ahora?
-ARIEL: Sí claro, si vos me lo permitís.
-MARTINA: Pasa por favor, es aquel!
Pasé detrás del mostrador, y Martina me acompañó hasta el equipo, me explicó lo que pasaba y volvió a su escritorio.
Lo encendí, vi las luces que se mantenían encendidas, y conociendo el problema, se lo solucioné en cinco minutos.
Me acerqué al escritorio, y le dije:
-ARIEL: Perdón Martina!
-MARTINA: ¿No sirve más? ¿Tengo que comprar otro no?
-ARIEL: No, no es necesario! Ya está funcionando, probalo por favor!
Me miró con cara de asombro, y probó el equipo, al ver que funcionaba correctamente, me miró con una sonrisa.
-MARTINA: No lo puedo creer, ¿sos mago? El chico que viene siempre hace como tres semanas que no lo puede hacer andar, y vos lo hiciste andar en cinco minutos!
Con mi mejor sonrisa, y con el trato más amable del que fui capaz, humildemente le dije:
-ARIEL: Hace ya tiempo que me dedico a esto, y conozco bastante la mayoría de los equipos del mercado, y también de los programas de diseño.
-MARTINA: No sabes la alegría que me da! Ya Pensé que tendría que comprar un equipo nuevo! Por favor decime cuánto te debo.
-ARIEL: Habíamos quedado en que este servicio era sin costo, lo único que pretendería, sería que anotes mi teléfono, y cuando tengas algún otro problema, si es posible, me llames!
-MARTINA: ¿De verdad que no me vas a cobrar por haber reparado el equipo?
-ARIEL: Así es! Me gusta cumplir mi palabra!
-MARTINA: La verdad me sorprendiste!
-ARIEL: Martina, vivo de los servicios que le presto a mis clientes, me gusta que queden conformes, y que también me recomienden para conseguir nuevos clientes.
-MARTINA: ¿Computadoras también reparas?
-ARIEL: Sí, por supuesto! Todo tipo de computadoras!
-MARTINA: ¿Impresoras láser?
-ARIEL: También!
-MARTINA: ¿Licuadoras? Jaja, era en broma! La licuadora de casa no me funciona!
-ARIEL: Licuadoras no te puedo asegurar, pero la puedo ver!
La verdad era una chica muy simpática y agradable, no podía entender como estaba con semejante hijo de puta!
-MARTINA: Desde ya te digo, qué voy a anotar tu teléfono! Pero ya que no me cobraste por reparar el equipo, al menos permitirme invitarte un café!
-ARIEL: Un café te acepto!
-MARTINA: Manuela, nos traés dos café por favor!
Fuimos hasta su escritorio, y me senté frente a ella, creí que anotaría mi número en algún papel, pero tomó su teléfono, y me agendó. Mientras escribía, se sonreía.
-MARTINA: Te agendé como Ariel Licuadora!
Y los dos nos reímos.
Me envío un mensaje de WhatsApp, y me quedo su número.
Me tomé ese café con ella, hablando principalmente de mi trabajo y del suyo, creo que esos diez minutos, bastaron para que me tuviera en cuenta.
Al irme de su negocio, caminó conmigo hasta la puerta, me dijo que había sido un gusto conocerme, y me despidió con un beso.
Me fui caminando pensando que era una pena qué esa chica estuviera con semejante hijo de puta, y que si me volviera a llamar, trataría de ganarme su confianza, tanto como para hablar un poco sobre su vida, aunque empecé a pensar si todo esto no era una locura.
Hice tiempo hasta la hora de cenar para llegar a casa, Marcela me trataba como siempre, pero yo quería ni que me tocara, la miraba y no podía creer todo lo que me había hecho, y me seguía haciendo, pero lo peor era que no podía parar de pensar en que quizás no fuera el padre biológico de Isabela.
Por supuesto no volvería a tener relaciones sexuales con ella, y si ella me buscara, lógicamente, no me iba a encontrar.
Otra de las maldades que se me ocurrió, fue entrar en su cuenta de correo desde una computadora de un ciber y enviarle a todos sus contactos, un mail con una foto que había encontrado de él desnudo con una tanga blanca que era de Marcela, estaba junto con otras fotos donde ella la traía puesta, seguramente, se la habría puesto luego de estar cogiendo, en la que se le veía perfectamente la cara, y en el cuerpo del mail, solamente la palabra “disfrutando como más me gusta”.
Seguramente no me enteraría de las consecuencias de ese mail, pero bueno…
Pasaron un par de días, cada vez me costaba más seguir conviviendo con Marcela, estaba fuera de casa todo el tiempo posible, incluso los fines de semana, había vuelto a salir “con sus amigas", aunque sabía perfectamente, qué se iba a coger con ese hijo de puta.
Al día siguiente, por casualidad, al pasar por la puerta de la distribuidora donde trabaja Marcela, y estando el Mercedes Benz del hijo de puta estacionado en la puerta, sin querer se me derramó cierta cantidad de liquido de freno sobre la pintura del auto, una pena en verdad.
Supuse que tan solo serían unos días sin auto, pero molestarlo me era suficiente, solo me faltaba bajarle los dientes.
Si alguien me preguntara si había dejado de amar a Marcela, no sabría qué contestarle, pero ya no podía verla de la misma forma, no le deseaba el mal, bueno quizás tan solo un poco, pero no quería verla destruida, después de todo es la madre de Isabela, ya la vida se encargaría de darle lo que merece.
La semana siguiente, estaba en el estudio aún, cuando sonó mi nuevo teléfono, ya sabía que era Martina, solo a ella le había dado ese número.
-ARIEL: Ariel licuadora buenas tardes!
Y escuché su carcajada del otro lado.
-MARTINA: Hola Ariel! Me hiciste reír!
-ARIEL: ¿Cómo estás Martina?
-MARTINA: Muy bien por suerte! Tengo problemas con una de las computadoras, no la podemos hacer arrancar, ¿podrás pasar a verla?
-ARIEL: Por supuesto, si te parece en un par de horas puedo estar ahí!
-MARTINA: Sería buenísimo, es una de las que más usamos!
-ARIEL: A eso de las cinco de la tarde estoy ahí, ¿te parece?
-MARTINA: Sí, claro! Gracias Ariel! Un cafecito te va a estar esperando!
-ARIEL: Perfecto! Nos vemos!
Minutos antes de las cinco, entré es su local, Martina se levantó de su escritorio con una sonrisa, y me recibió con un beso.
-MARTINA: Qué suerte que pudiste venir tan pronto, te digo la verdad al otro chico lo llamamos y tenemos que esperarlo por días!
-ARIEL: Tuviste suerte! Justo hoy en la tarde no tenía ningún trabajo! ¿Trajiste la licuadora?
Y se volvió a reír.
-MARTINA: Sí sabía que hoy venías la hubiera traído!
-ARIEL: Qué lástima! En vez de un café me hubiera podido tomar un licuado!
Y se volvió a reír a carcajadas, en verdad tenía una bonita sonrisa.
-ARIEL: ¿Cuál es la que no tiene ganas de trabajar Martina?
-MARTINA: Es ésta!
Y me acompañó hasta la computadora, apreté el botón de encendido, y miré en el monitor lo que hacía.
Rápidamente me di cuenta de que tenía un problema en el arranque del sistema operativo, seguramente algún archivo que no podía leer.
De mi mochila saqué un pendrive, lo conecté, y la reinicié.
Por suerte era lo que yo pensaba, y luego de ejecutar unos comandos, saqué el pendrive y volví a reiniciar la máquina.
Al momento arrancó correctamente.
-MARTINA: Sos bárbaro Ariel solucionás todo en cinco minutos!
-ARIEL: Todo sea por un rico café!
-MARTINA: Ya viene! Manuela, nos traes dos café por favor!
Nos sentamos a tomar el café en su escritorio y conversamos un momento.
-MARTINA: ¿Cuánto te debo Ariel?
-ARIEL: Mil quinientos pesos Martina!
-MARTINA: Perfecto!
Buscó en un cajón de su escritorio y me entregó el dinero.
-ARIEL: Muchas gracias!
-MARTINA: Gracias a vos por venir tan pronto!
-ARIEL: Quizás no todas las veces sea así, tengo mucho trabajo reparando licuadoras!
Se volvió a reír y me preguntó:
-MARTINA: Tengo problemas con el wifi en casa, ¿te ocupás de eso también?
-ARIEL: Si, claro!
-MARTINA: ¿Cuando podrás pasar s verlo?
-ARIEL: Decime que días estás en tu casa, vos o tu marido, cuando haya alguien paso!
-MARTINA: ¿Esa fue una forma de preguntar si estoy casada?
-ARIEL: Perdón! Nunca preguntaría algo así! Menos aun, a tan poco tiempo de conocerte! Pero además, no haría falta preguntarlo, ya me di cuenta que no estás casada!
-MARTINA: ¿Porque no llevo anillo?
-ARIEL: No por eso!
-MARTINA: ¿Y por qué entonces?
-ARIEL: Porque no tenés quien te arregle la licuadora!
Se volvió a reír, me miró aún sonriendo y me dijo:
-MARTINA: Podría estar casada con alguien que no sepa arreglar una licuadora!
-ARIEL: En ese caso, para salvar su honor, la hubiera llevado a reparar o te hubiera comprado una nueva!
-MARTINA: Me haces reír! Que deducciones las tuyas!
-ARIEL: Desde hace tiempo trato con mucha gente diferente, y he aprendido a darme cuenta cómo son las personas, aunque no en todos los casos la pego.
Como en mi caso, pensaba, que me estuvieron mintiendo por años.
-MARTINA: No, no estoy casada... Todavía! ¿Vos estás casado?
-ARIEL: Yo estoy casado,...todavía! Bueno Martina ya me voy, cualquier otro problema ya tenés mi teléfono!
-MARTINA: ¿Podrás pasar por casa el sábado a la tarde para ver el wifi?
-ARIEL: Sí claro! Decime a qué hora y paso!
-MARTINA: Acá cierro a la una, y después de una y media ya estoy en casa!
-ARIEL:¿Te parece tipo tres de la tarde? Así podés almorzar tranquila.
-MARTINA: Dale! A esa hora te espero! Ahí te mando mi dirección por mensaje!
-ARIEL: Perfecto!
Como la vez anterior, me acompañó hasta la puerta y nos despedimos con un beso.
Me subí al auto y me fui de allí, pensando en que me parecía una buena chica, y no se merecía los cuernos que le estaba poniendo el hijo de puta de Gonzalo.
No sabía desde cuando era novia de este tipo, pero hace un tiempo Marcela la había nombrado como su novia.
Seguía sin tener ganas de volver a mi propia casa, solo lo hacía por Isabela.
Ese sábado a la mañana salí a correr, cuando volví, Marcela me dijo que esa tarde se juntaría con sus amigas, aunque ya nunca más le creí eso, seguramente se iría a coger con ese tipo.
Le dije que esa tarde tenía que trabajar, pensando que quizás diría de llevar a Isa con ella, pero me dijo que iría a buscar a Juliana, y eso confirmaba mi teoría.
Salí de casa antes de las dos de la tarde, ya haría tiempo por ahí, Martina vive en Gonnet, a quince minutos de casa.
Ese tiempo que esperé dentro del auto a que se hicieran las tres de la tarde, me puse a pensar en todo esto, ya nada tenía sentido, ya ni quería saber más nada con nadie.
Llegué a casa de Martina puntual a las tres de la tarde, durante el tiempo que esperé la hora estuve pensando en decirle la verdad, quizás no se merecía que le estuviera mintiendo así, pero eso significaría que se entere de lo que hace su novio. Ya veré!
Era una casa no muy grande, pero con poco tiempo de construida, de líneas modernas y con un jardín delante.
Toqué timbre y me abrió Martina vestida de andar por casa, un jean, una remera, zapatillas y su linda sonrisa.
-MARTINA: Hola Ariel! Qué puntual!
-ARIEL: Hola Martina! Siempre trato de ser puntual!
-MARTINA: Pasá por favor!
Entré a una hermosa casa, un gran estar comedor con un enorme ventanal al jardín trasero lleno de plantas y con una pileta.
No me sentía cómodo con seguir mintiéndole
-ARIEL: ¿Por donde está el aparato?
-MARTINA: Por acá, vení!
Me acompañó hasta el bajo escalera que va a la planta alta, y dentro de un mueble de madera, estaba el aparato.
Lo miré, vi las luces que tenía encendidas, y supe que estaba desconfigurado.
-ARIEL: Martina, ¿tendrás un notebook para prestarme? Hay que conectarlo y volver a configurarlo!
-MARTINA: Sí, ya te la traigo!
Volvió con la notebook, conecté el aparato y lo volví a configurar.
-ARIEL: ¿Qué nombre y contraseña le ponemos a la red?
-MARTINA: El que vos digas, me da lo mismo!
Configuré el aparto y lo volví a conectar.
Probé con la notebook la conexión y funcionaba perfectamente.
-ARIEL: Martina, por favor fijate si te podés conectar con el teléfono! La red se llama “Marhome” y la contraseña es “m1rt3n1”
-MARTINA: Que difícil!
-ARIEL: Es tu nombre reemplazadas las vocales por números!
-MARTINA: Tenés razón! Qué tarada! Si, ya me pude conectar! Buenísimo Ariel!
-ARIEL: ¿La licuadora?
-MARTINA: ¿En serio vas a revisar la licuadora?
-ARIEL: No te puedo garantizar nada! Pero puedo verla!
Fui con ella hasta la cocina, una moderna y amplia cocina, la licuadora estaba sobre una de las mesadas.
La desenchufé y la desarmé, rápidamente me di cuenta del problema, el cable de entrada de tensión, estaba desoldado.
Saqué el soldador de mi mochila, lo enchufé y esperé que se caliente.
Soldé el cable y antes de armarla, la enchufé y la encendí. El típico ruido del aparto, hizo que Martina me mirara de inmediato.
-MARTINA: No lo puedo creer! Sos una especie de MacGiver! Lo arreglás todo!
-ARIEL: Trato!
-MARTINA: ¿Un café?
-ARIEL: Dale!
En verdad no me comportaba como en los encuentros anteriores, no le hacía comentarios amables o graciosos, y por mi cabeza no paraba de pensar en que todo esto era una pantomima sin pies ni cabeza, no le encontraba ahora el sentido a lo que estaba haciendo, ¿vengarme a través de Martina? Ella nada tiene que ver en todo esto.
Me sentía yendo hacia no sé donde, y sin saber a ciencia cierta qué era lo que estaba buscando, mi vida ya estaba rota, sin remedio, nada de lo que hiciera me la devolvería, la paz, las ganas, los sueños y las esperanzas, todo lo que había estado viviendo desapareció en el momento en que lo supe todo.
Perdí el norte de mi vida, me quedé en un abrir y cerrar de ojos, sin una razón para seguir.
Luego de un rato, yo estaba algo cortado en la conversación, Martina se dio cuenta y me lo preguntó.
-MARTINA: El otro día en el negocio me dijiste que estabas casado, todavía…, hoy te veo…no sé… más serio, más callado, ¿tiene que ver con eso? Perdón por la pregunta!
Continuará…
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