Concupiscencia
Despierta desnudo junto a la hermana de su esposa, con el cuerpo marcado por un acto que no recuerda y la furia de su mujer en la puerta. No hay excusas para el olvido, solo la evidencia de la traición. Para salvar lo que queda de su matrimonio, aceptarán una solución tan desesperada como prohibida: devolver el dolor con el mismo placer.
Tenía el nombre de un grupo musical mexicano, Camila. Ella me embrujó cuando la vi hace más de 6 años, y mucho más cuando se presentó de blanco en el altar el día que nos casamos. De eso ya casi 2 años, donde como cualquier matrimonio hemos tenido sus buenos y malos momentos, hoy estábamos en uno de nuestros mejores, habíamos logrado muchas cosas juntos y la vida nos sonreía.
Con nuestras carreras resueltas y con algo de dinero en el bolsillo, la vida era de lo más tranquila y apacible. Paseábamos, viajábamos y principalmente follábamos como locos, por lo que no podía pedir más. Nuestra complicidad y apertura nos habían hecho una pareja sólida y llena de compromiso, por lo que nos contábamos todo.
-... en serio Ricky, no me voy a enojar – me insistía Camila mientras me preguntaba de mi vida antes de conocerla.
- Como crees que te voy a contar algo así. Te vas a enojar y luego me costará un montón hacerte de a buenas... No...
- Porfa, no me digas que tú no sientes curiosidad. Si quieres empiezo yo...
- ¿Es en serio? - pregunté algo confundido con esa insistencia de saber de nuestros antiguos novios.
- Para que no me digas que no, yo te voy a contar.... Mi experiencia más loca fue cuando en una fiesta de la empresa donde trabajaba hasta antes de conocernos, salí a tomar un poco de aire al balcón y pude ver en vivo y en directo como un par de amigos estaban follando en el parqueadero.
- ¡No! - dije sorprendido de lo que me contaba – Pero ¿Dónde estaban?
- Ellos en el parqueadero, desde el balcón no pudieron verme, pero yo a ellos sí. Estaban en el costado entre los autos, el guardia estaba lejos y nadie los observaba, al menos eso pensaron ellos. Ella recostada sobre el auto, abierta de piernas y él follándola muy duro y fuerte de pie frente a ella.
- ¿Y tú que hiciste? - la curiosidad morbosa me picó y no pude dejar de preguntar.
- Pues yo... yo la verdad me hice un dedo sobre el vestido, pero luego ya metí mi mano en mi interior y me masturbé como loca. Nunca había visto a dos personas follando y eso me excito mucho. Me corrí como una loca unos minutos después de que ellos habían terminado.
No podía creer esa faceta voyeur de mi esposa, pero claro creo que yo hubiera hecho lo mismo de ser el caso. De mi parte tuve que confesarle como hace unos años había terminado haciendo el amor con mi anterior novia en el balcón de un hotel, mientras un grupo de gente festejaba el año nuevo en la piscina. No nos habían visto, pero esa sensación de libertad y exhibicionismo era algo que en mi relación pasada había sido un motor fundamental el momento de la intimidad.
Camila me pidió todos los detalles, incluso llegué a pensar que se había excitado con mi vivencia, pero entendía que lo que quería saber eran todos los detalles de lo sucedido. Al final de esa tarde nos terminamos revolcando como un par de amantes lujuriosos, que no se habían visto en mucho tiempo.
Pese a todo nuestro compromiso y complicidad, siempre habíamos ido creciendo poco a poco, éramos una pareja muy estable, con buenos amigos y una relación muy buena entre nuestras respectivas familias. Así, yo me llevaba espectacularmente con la hermana de mi esposa; Sofía, una chica igual de hermosa que mi esposa, unos tres años más joven, aun soltera y mucho más extrovertida que mi mujer.
Junto con Sofia nuestro círculo de amigos se mantenía muy activo, por lo que las fiestas y las salidas a divertirnos eran muy frecuentes. Éramos un grupo algo reducido, pero si muy social e incluso digo yo dispuesto a bromear entre todos. Esto nos permitía mantener el buen ambiente y la camaradería, incluso cuando algunos se habían casado con parejas fuera del círculo, ya que casi todos siempre congeniábamos.
En una de esas salidas frecuentes, estuvimos mi esposa, su hermana y un par de amigos que eran pareja. Silvia y Marcos, ellos vivían en otra ciudad por motivos de trabajo, pero cada cierto tiempo nos podíamos reunir para pasarlo bien. En esa noche que nos habíamos reunido, Sofía no tenía novio en esos momentos pero fue de igual forma, por lo que las parejas estábamos dispar, pero no nos complicamos y salimos a bailar y comer algo todos juntos ya que ellos se marcharían temprano en avión al extranjero por un proyecto muy importante, por lo que esa noche sería la de despedida ya que no los veríamos en un mes.
Pero todo se nos descontroló, Marcos llevó unas pastillas de un compuesto sintético que nos prometió ponernos en honda sin perder el conocimiento, grave error, por lo que con serias dudas aceptamos a tomarla y comenzó la perdición. Bailamos como locos y bebimos como cosacos. Recuerdo perfectamente cuando llegamos a nuestra casa y aún buscábamos algo más para beber, las risas y el algarabío supongo enfadó a más de un vecino.
La noche transcurrió entre risas y juegos, pero de un momento a otro las cosas se salieron de control, cuando desperté, no recordaba nada de lo sucedido; me encontraba en el cuarto de invitados acostado, desnudo y con un dolor de cabeza terrible, mi cuerpo aún no podía reaccionar bien y me encontraba muy mareado, el cuarto me daba vuelta, por lo que saqué una pierna y poniéndola en el suelo logré que el techo se detenga, me sentía fatal. A mi lado, el cuerpo de Camila, me abracé a ella como pude e intenté dormir nuevamente.
Supongo que habrían pasado algunas horas desde que mi primer intento de despertar fue en vano, cuando un grito de mi esposa fue el detonante de que me hizo brincar de forma abrupta y sin contemplación.
- ¡Eres un desgraciado ¡- me miraba con ojos llenos de furia, yo apenas y me daba cuenta de mi existencia, por lo que no entendía nada. – ¿Cómo has podido hacer algo así?
- ¿Qué pasa mi amor? – intenté una aproximación ya que no entendía sus motivos de enojo. – ¿Se rompió algo? Seguro no fui yo…
- Ningún mi amor idiota, ¿acaso no te das cuenta de nada? – En ese instante un cuerpo se movió a mi lado y mi corazón se detuvo.
- No griten así - se levantó Sofía desarreglada y somnolienta, pero pronto se dio cuenta del problema en el que estábamos.
La pelea estalló en ese momento, Camila nos insultaba desde la puerta y nosotros desnudos en la cama no sabíamos que responder, explicábamos sin saber cómo habíamos terminado juntos en aquella cama y mucho menos si algo había sucedido entre nosotros. Los gritos de mi esposa resonaban por toda la casa, hasta cuando sin obtener respuesta clara de nuestra parte nos dejó solos lanzando la puerta, obviamente no sin antes lanzarnos algunos objetos que tuvo a mano.
Con pudor nos vestimos con la ropa tirada en el cuarto, casi sin mirarnos y sin saber que había sucedido. No recordaba absolutamente nada después de que estábamos con nuestros amigos bebiendo la noche anterior. Apenas y recordaba imágenes inconexas de eventos, pero nada me hacía pensar que pudiera haber sucedido algo con Sofía.
- ¿Qué paso anoche? – me preguntó finalmente Sofía ya una vez vestida. - No recuerdo nada.
- Yo tampoco me acuerdo de como llegamos aquí, pero no creo haya sucedido nada. - Miré mi polla y para mi sorpresa pude ver que estaba algo pringosa, señal casi inequívoca de que había tenido sexo la noche anterior, aquello me provocó un sentimiento de angustia terrible, ya que estaba cada vez más claro que algo pudo haber sucedido entre nosotros.
- Pues yo no sé... – mire a mi cuñada mientras creo ella también tanteaba a su entrepierna y su pelo, no sé si notó algo raro. – Tampoco recuerdo nada.
Una vez vestidos callados, habíamos pasado de una relación entre cuñados a un extraño sentimiento de pudor y vergüenza. Al final me quedé solo en casa ya que Sofía se marchó inmediatamente después de que estuvimos decentes. Yo miraba la sala algo desbaratada de la fiesta que tuvimos, pero principalmente vi como en nuestro cuarto, la cama estaba deshecha, seguramente mi esposa había dormido sola allí.
Maldita bebida, no había pretendido acostarme con mi cuñada, pero a esas alturas las cosas eran evidentes, y lo peor de todo es que mi esposa nos había visto juntos en la cama, desnudos y con evidencias de habernos acostado. Tomé el teléfono al menos un par de veces sin que pudiera decidirme el marcar a Camila, ¿qué le podría decir?, acaso debía disculparme de algo que no sabía ni siquiera como pasó. No encontraba las palabras correctas para poder hablar con mi esposa.
Había pasado el día entero, cerca de anochecer Camila regresó a casa, encontrándome sentado en un sofá con una cerveza que no llegué a terminar y que yacía como una acompañante en el peor día de mi vida. Mi esposa apenas entró, fue a nuestro cuarto, tomó un par de cosas ante mi angustia pensando que iba a marcharse, pero finalmente se fue al dormitorio donde cerró la puerta con llave y puso el televisor a alto volumen. No me dirigió ni una mirada tan solo, podía comprender cuan enojada estaba, pero ella no podía saber que, desde mi perspectiva, yo nunca le había sido infiel.
Fue la peor noche de mi vida, la pasé en el sofá de la casa, que, aunque cómodo, no permitía que mi cabeza descansara ya que me llenaba de imágenes de mi esposa dejándome, pidiéndome el divorcio, con peleas y reclamos, nuestras familias destrozadas, incluso la relación de Camila y Sofía deteriorada o rota, cuando ellas siempre habían sido tan unidas. Tras un interminable duermevela, me levanté temprano el domingo y cuando acababa de preparar café, pude ver que mi esposa se había levantado ya.
- Hola – dijo ante mi sorpresa y asombro, ya que, aunque se la veía vestida y lista para un domingo cualquiera, su rostro estaba cansado y sus ojos con clara muestra de haber derramado más que un rio de lágrimas.
- Hola… - respondí algo cortado por su tranquilidad.
- ¿Tienes café? – preguntó mientras se sentaba.
- Claro, ya te pongo una taza.
Nos sentamos juntos, aquello era algo inquietante ya que no sabía que decir, por lo que opté por callar un momento y esperar que ella fuera quien comenzara nuevamente el reclamo que seguramente no sería tan explosivo, pero si sería mucho más mordaz.
- ¿Te gustó acostarte con mi hermana?
- No… bueno, yo no recuerdo nada… - dije apenas mi única defensa.
- Ella tampoco recuerda nada… ¿Qué conveniente no? – su rostro no mostraba la furia del día anterior, pero si un rencor incomparable.
- Es verdad, no recuerdo que sucedió… Yo nunca haría eso con tu hermana.
- ¿Con otra sí?
- ¡No!, con ella ni con nadie. No he estado con nadie más desde cuando nos conocemos.
- ¿Se han acostado juntos otras veces?
- ¡No! Ya te dije que no, no me he acostado con nadie más.
- No sé, ahora estoy muy confundida Ricardo, esto me supera, es demasiado… Voy a irme donde mis papás un tiempo…
Quería gritarle que no me deje, y que no representaba nada si yo no lo recordaba ya que jamás en mi sano juicio la hubiera engañado, pero las palabras no salieron de mi boca. Estaba claro que ella quería un tiempo para pensar, pero eso me llenaba de miedo ante una futura ruptura, pero en ese momento no encontré otra opción que aceptar su decisión.
Aquella misma tarde y con una maleta de viaje, vi salir a mi esposa de nuestra casa, dejándome solo con mis miedos y un arrepentimiento ante un hecho que no recordaba haber cometido. Acaso el no recordarlo implicaba un desagravio ante el hecho de que me había acostado con la hermana de mi esposa. No lo creía, pero finalmente aquello era lo más terrible, ya que no podía arrepentirme de algo que no sabía que había cometido.
Camila me pidió tres días para poder pensar, que la dejara en paz y no la llamara, que ella misma iba a comunicarse conmigo. Por lo que, con cara de haber sido aplastado por un camión, fui durante ese tiempo al trabajo, donde mi desempeño se vio afectado ante el hecho de que mi mente volaba por otros rumbos.
Intenté hablar con Sofia, pero no me respondió, apenas un mensaje de texto donde me indicaba que estuviera tranquilo y que esperaba que las cosas se arreglaran con su hermana. Yo solo quería saber si ella había recordado algo más de lo sucedido, pero no pude más que enviarle mensajes también, donde le explicaba lo sucedido con su hermana y mi actual situación. Camila solo me consoló y me dijo que todo saldría bien, que su hermana entendería y todo volvería a ser como antes. No le creí.
De Silvia y Marcos no tuve noticias ya que ellos iban a viajar el sábado, tenían un trabajo de fotografía de la naturaleza, ya que esa era su pasión y se pasarían al menos 15 días fuera de conexión con el mundo, de acuerdo con lo que ellos mismos nos contaron. Esta iba a ser su primera gran asignación y estaban emocionados de poder vivir una aventura así. Al fin de cuentas esa fue la razón por la que fuimos a festejar de primera instancia.
Al fin de todo, estaba solo. Por lo que no pude hacer más que esperar la llamada de mi esposa para intentar nuevamente explicarme y lograr que entienda que jamás la había traicionado. Mi espera no tardó mucho y a la noche del miércoles Camila vino a la casa directamente, al principio todo fue algo muy extraño ya que yo no quería topar el punto crítico que nos afectaba, era algo raro ya que yo mismo esperaba este momento, pero ahora la perspectiva de que todo se fuera al diablo, me dejaba un sinsabor muy difícil de llevar.
-… creo que debemos hablar muy seriamente Ricardo, - dijo ya mi esposa ante mi insistencia de hablar de cualquier otra cosa.
- Lo se… - contesté ya resignado, obviamente los ojos de mi esposa me mostraban una clara muestra que las siguientes palabras me producirían mucho dolor, aunque no sabía finalmente cuánto.
- No he podido pegar los ojos desde aquella noche. Estos días han sido muy duros para mí y creo que para ti también.
- Te juro que no te he sido infiel… Si pasó lo que creemos que pasó con Sofía yo no recuerdo, te lo juro mi amor.
- Lo se Ricardo y entiendo que sucedió, pero eso no cambia nada. Ustedes se acostaron juntos y tuvieron sexo… Me puedes negar eso.
- Pues no recuerdo… no sé qué pasó.
- Hablé con Sofía… ella me dijo que, aunque no recuerda nada, sabe que tuvieron algo ustedes dos. Por eso digo que entiendo lo que pasó, tal vez entre tú y mi hermana siempre ha habido alguna atracción, por lo que por efecto del alcohol y las drogas esa noche lo llevaron a cabo.
- Es que no ha sido mi culpa… - dije gimoteando, ante la evidencia de lo sucedido.
- Como te digo Ricardo, aquello no cambia nada. Estoy segura de que ustedes se gustan y es algo que no se me sale de la cabeza.
- No yo nunca… - dije, pero internamente tenía que reconocer que Sofía era muy hermosa y atractiva, y aunque nunca había intentado algo con ella, eso no la hacía menos deseable.
- No te mientas, si hubieras tenido la oportunidad, y la tuviste, te hubieras acostado con ella. Y al parecer ella también, de lo que conversamos, a ella también le gustabas.
Aquellas palabras estaban dejando huella en mi mente, y aunque yo amaba a mi esposa, el saber que a una chica tan hermosa como Sofía le parecía atractivo me llenó de algo así como orgullo y me elevó el ego. Aunque ahora visto así, pues no era una buena noticia. Estuvimos con Camila charlando con una asepsia increíble, ya que mi esposa estaba muy tranquila, a pesar de todo lo que estábamos viviendo.
Preparé café y mientras lo tomábamos, pude ver como mi esposa estaba intranquila y muy nerviosa. Seguramente había tomado una decisión muy dura de aceptar, pero que supongo a ella misma le costaba digerir. De mi parte y aunque con miedo, me sentía tranquilo de que aquella conversación pudiera arreglar el tremendo entuerto que se había formado. Finalmente, y tras un sorbo de amargo café, mi esposa me soltó a bocajarro su terrible decisión.
-… después de pensarlo, solo veo dos opciones – en ese instante trague saliva. - nosotros intentamos salir adelante como pareja con terapia y vemos si realmente puedo perdonarte o nos separamos definitivamente.
- Yo estoy dispuesto a lo que sea. Como te dije no ha sido mi intención serte infiel. Pero si crees que con eso podemos salvar lo nuestro, yo estoy dispuesto.
- El problema es con Sofía - me indicó mi esposa - No sé cómo perdonarla después de lo sucedido.
- Pues también con terapia... Ella tampoco tuvo la culpa. Te lo aseguro.
- No lo sé Ricardo... ella... bueno ella siempre te ha visto con ojos de deseo. Y aunque yo sé que no ha sucedido más nada entre ustedes, esa espina sé que me va a matar.
Me quedé atónito ante la noticia de que Sofía sentía sensaciones muy fuertes para conmigo, nunca lo hubiera imaginado, ya que siempre habíamos sido no digamos amigos, pero nos llevábamos muy bien. Con mi esposa quedamos en seguir terapia y aunque la reconciliación no sería inmediata, al menos no se presentaba la separación como una alternativa inmediata. Acordamos que Camila se quedara con sus padres durante este tiempo y cuando estuviéramos listos, volveríamos a vivir juntos.
Al siguiente día me desperté mucho más animado, al menos el bache había pasado, pero nada más lejos de la realidad. Todo iba a cambiar al medio día cuando recibí una llamada de Sofía. Me preguntó qué había pasado con su hermana y si las cosas estaban bien. Le conté el acuerdo y ella me dijo que también había hablado con mi mujer. Al principio pensé que tal vez las cosas se podrían arreglar mejor, pero estaba equivocado.
Había conversado con Camila y las cosas creo que se salieron de control, ella se ha puesto muy alterada ya que finalmente habían charlado de todos los temas que no se habían resuelto entre ellas y lo sucedido entre nosotros la noche anterior había sido la gota que ha derramado el vaso.
-... si se enojó mucho con otras cosas entre nosotras y ahora cree que me acosté contigo para joderla. ¿Puedes tu creer esto?
- ¿Pero qué tienen entre ustedes? ¿Acaso no siempre se han llevado bien?
- Si, pero... ya sabes, entre hermanas siempre hay algún nivel de rivalidad, y no somos la excepción, por lo que creo que esto está sacando de quicio a Camila. Llegó a decirme que si tanto quería estar contigo pues que nos quedemos juntos y que ella seguirá su vida.
Sofía continuó comentándome lo sucedido entre ellas y todo el drama que habían guardado desde que eran adolescentes. Yo pensaba que era una broma aquello, pero en realidad mi cuñada tenía una voz que me hacía pensar lo apesadumbrada que estaba. Yo intenté comprender mejor todo esto, pero como que era demasiada información de su vida de hermanas y por tanto no comprendía del todo.
- Al final terminó echándome de la casa de mis papás, por lo que inclusive ellos estaban asustados con todo su comportamiento.
- Por favor... no las entiendo. - dije consternado y con serias dudas que el acuerdo que habíamos llegado con mi esposa llegara a buen puerto.
- ¿Ya te llamó? - preguntó mi cuñada, mientras sonaba justo en ese momento el timbre de la puerta.
- No, pero supongo que ha venido a verme. Ya te contaré que sucedió.
Justamente era mi esposa, estaba de pie justo en la puerta de la casa, su mirada no era conciliadora, más bien estaba rabiosa. Entró a trompicones al salón y de pie en medio de los sillones me miró con furia.
- Seguro la perra de mi hermana ya te llamó ¿verdad?
- Si... bueno acaba de...
- Claro, y tu como buen perro faldero le contestas a la primera en lugar de colgarle. Tu al igual que ella están jugando conmigo. Son tal para cual.
- Cálmate un momento...
- No me vengas con eso de cálmate... Ya estoy calmada...
- Pero – pude ver sus ojos y preferí dejarla hablar, finalmente ella había venido a decirme algo y yo en ese momento sabía que no era bueno.
Al dejarla hablar Camila pudo desahogarse de todo lo que había hablado con su hermana y finalmente me comentó que Sofía guardaba cierto tipo de atracción para conmigo, y que seguramente ya me había soltado los perros anteriormente, pero como yo era muy menso, no me había dado cuenta. Yo intenté defenderme, pero nada podía sacarla de su idea. Finalmente me dijo que lo de la terapia se cancelaba y que lo mejor sería divorciarnos.
Traté de hacer que entre en razón, pero no me fue posible. Nunca había visto a mi esposa tan alterada y cerrada, hasta que al final se fue sin decirme nada más, dejándome claramente la instrucción que no la busque, que ella intentará calmarse y poner las cosas en frio. Que lo del divorcio ya lo decidiríamos, al menos eso conseguí.
Me quedé nuevamente en mi casa, solo y con la angustia de que las cosas se habían ido al traste. Intenté llamar a Sofía y no me atendió, seguramente ella también estaba inquieta con lo sucedido y no quería poner más pretextos a Camila para que se altere. Finalmente me fui a dormir tratando de no pensar en lo que se vendría a futuro.
Los siguientes días lo pasé mal, pero al menos el saber que Camila no quería divorciarse me ayudó a mantener la calma y no desesperarme. Como fue su pedido, no intenté contactarme con ella, pero si me mantenía atento al teléfono a todas horas. Finalmente, el sábado en la mañana Camila me mandó un mensaje, indicándome que nos veríamos en un restaurante cercano a la casa y que allí hablaríamos. No sabía que sentir, si contento o preocupado, ya noté a mi esposa con un aire más calmado, pero eso no era garantía de nada, ya que en cualquier momento podría desatarse una tormenta.
Cuando nos encontramos en el restaurante, mi sorpresa fue mayúscula al ver llegar juntas a Sofía y Camila, nos saludamos sin casi contacto físico, apenas un estrechón de manos y nada más. No quería una escena de celos en el restaurante, pedimos unos tragos y algo de picar y nos dedicamos al tema que nos había traído aquí.
Camila estaba mucho más calmada y accesible, hablo de todo lo que había sentido en esa semana y todos los exabruptos que había dicho. Nos pidió disculpas por su maltrato, pero nos dijo que para ella la situación era muy conflictuada. Por un lado, indicó que quería mucho a Sofía y que nunca podría dejar de ser su hermana, y que también me amaba, pero el que nos hayamos acostado juntos no nos lo podía perdonar.
-... sé que no va a ser fácil, pero necesito sacarme el rencor que llevo o me voy a morir. - dijo mi esposa.
- Yo le he propuesto una remediación - me dijo Sofía directamente a mí. - No me gusta, pero creo que es una solución.
- ¿A qué se refieren? - dije casi comiéndome las uñas.
- Que vamos a cerrar esto pagándonos con la misma moneda. – respondió Sofía, ante la duda que tenía Camila de decirlo. - Camila se va a desquitar de nosotros acostándose con otro hombre... pero no cualquiera sino Martín.
- Pero... - me quedé boquiabierto, no entendía como esa idea tan estúpida podría arreglar algo. - pero...
- Lo hemos pensado y es la única forma de que este veneno que tengo no nos corroa a todos. - dijo mi esposa mirándome a los ojos - Sofia lo ha propuesto y creo que tiene razón, es la única forma de que podamos seguir adelante. Así todos quedamos a mano y podremos olvidarnos de todo y hacer como si nada hubiera pasado.
- ¡No! ¡No! Esperen un momento.
Estaba en estado de shock, como iba a permitir que mi esposa se acueste con otro hombre, y peor me sentí cuando me comentaron que el tal Martín era un ex novio de Sofía y que la había engañado y dejado por otra. Ella me contó que había quedado muy dolida de aquel rompimiento. Al final Sofía reconoció que si se había enamorado hasta las patas de aquel pelafustán y pasó cerca de un año para poder recuperarse del todo de la ruptura, pero creo que no fue tan así y sentía algo por él.
Me preguntaba si realmente aquello iba a funcionar, si mi esposa en verdad nos perdonaría a los dos de aquel desliz, aunque tenía mis dudas, suponía que era posible el que todo su rechazo y furia se vean mitigados de aquella forma. Lo que no entendía era el motivo por el cual ella quería hacerlo con el tal Martín, pero al fin y al cabo al menos tenía una posible solución.
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