Historias del complejo turístico (46)
Creía haber recuperado el amor de su vida y la felicidad de una familia nueva, pero las sombras del pasado no se borran tan fácil. Cuando los archivos borrados de su esposa empiezan a recuperar su forma, Diego comprende que la paz que creía tener era solo una ilusión.
La historia de Diego
Capítulo 4
Me desperté después del mediodía y me fui a correr, era una mierda lo que estaba sintiendo, pero no quería estar en casa con ella.
Cuando volví aún dormía, me preparé un café y me senté en el piso del balcón a tomarlo, cuando se levantó la escuché ir a la cocina, supongo que a preparar algo para comer.
Después se sentó en la cocina y escuchaba desde el balcón el sonido de los mensajes llegándole a su teléfono, no podía saber si ella los estaba contestando, el sonido del mensaje enviado, no alcanzaba a escucharlo.
En un momento, la escuché enviando un audio, no entendía de qué iba la conversación, ni con quien estaba hablando pero dijo, “Debe haber ido a correr, hoy no puedo, me quedo en casa, ya anoche llegué muy tarde y estaba despierto”.
Me levanté del piso y entré al estar, cuando fui para la cocina, ella ya no estaba, había ido al baño y podía escuchar el agua de la ducha.
Entonces decidí salir de casa y dar una vuelta para poder pensar, ni el teléfono llevé, había quedado sobre la mesita de noche. ¿Qué era lo que no podía hoy? ¿Con quién estaba hablando? ¿Encontrarme despierto al llegar había sido inesperado para ella? Seguramente, y por eso fue que me tuvo que decir que la había traído Gonzalo.
Caminé un buen rato antes de volver a casa, casi que no quería volver y que hiciéramos como que nada estaba pasando.
Cuando volví, Marcela no estaba, y sobre la mesa, había una nota que decía, “Fui a tomar un café con Agustina, tiene un problema, vuelvo en un rato”.
Me quedé sentado un rato en el sillón pensando, lo que estábamos viviendo, se estaba transformando en lo que no deseaba para mi matrimonio, mentiras, cosas ocultas, días esquivándonos por la casa, ¿tenía sentido seguir así?
En este tiempo varias veces me cuestioné si aún estaba enamorado de Marcela, y mi respuesta fue siempre que sí, aunque me estaba costando mucho manejar nuestra relación de esta manera.
Pero..., ¿ella seguía enamorada de mí? Y por primera vez me empecé a pensar en la separación, aunque que sabía que me costaría una decisión así.
Muchas veces necesité buscar el punto de inflexión, ese momento en que nuestra relación cambió, para hacer la qué es en este momento, y sin temor a equivocarme, podría asegurar qué fue cuando mi padre decidió vender el estudio, creo que Marcela tenía muchas expectativas de que el negocio fuera mío, y de esa forma tener una vida más parecida a la de su amiga Carolina, qué a mi ver, era lo que más le atraía, una vida cómoda y con ciertos lujos, que nuestros ingresos en este momento, no nos permitían.
A pesar de trabajar todo el día, siempre estaba buscando una nueva posibilidad, un nuevo trabajo qué nos permitirá vivir más holgadamente, cambiar nuestra casa, el auto, unas buenas vacaciones, y para nuestros momentos de esparcimiento, salidas, entretenimientos y ropa, a Marcela le encantaba comprarse ropa, de hecho el lado suyo del placard, estaba mucho más repleto de ropa que el mío.
Antes de estos cambios en nuestra relación, habíamos tocado el tema de tener hijos, y en ese momento, habíamos acordado esperar un par de años, para poder disfrutar los dos solos de nuestra vida.
Desde aquella vez, no habíamos vuelto a tocar el tema, y me quedé pensando ¿qué diría yo, sí en este momento Marcela me planteará el buscar un hijo?
No estaría seguro de mi respuesta, ¿sería ella la madre indicada de mi hijo? ¿Sería este el momento adecuado para traer un hijo al mundo? ¿Con todas estas dudas? Creo que no.
Pasaron algunas semanas dónde las cosas parecían volver a sus carriles normales, Marcela había dejado las clases de tenis, supongo que porque Carolina también las había dejado, y solo seguía yendo al gimnasio, y al llegar a casa, siempre la encontraba.
En los meses siguientes, las salidas nocturnas, de a poco fueron menguando, y aunque yo seguía manteniendo cierta distancia volvimos a tener algunas salidas.
En ese momento pensé, que quizás ese tiempo de fiestas y salidas, se había calmado entre sus amigas, quizás por sus parejas, por sus trabajos, o tan solo por el pasar de los meses.
Tiempo después, volvimos a nuestras cenas de los sábados en la noche en algún restaurante, para luego volver a casa y hacer el amor, y en esas veces, era Marcela quien me buscaba.
En las pocas salidas nocturnas con sus amigas, solo una, a lo sumo dos al mes, su horario de regreso, no era más de las doce y media o una de la mañana, incluso en algunas salidas, cuándo le preguntaba sí quería que la llevara o la fuera a buscar, me decía que sí, y yo lo hacía de mil amores.
En esos momentos, empecé a bajar la guardia, a relajarme un poco, a volver a enfocarme en mi matrimonio como hacía tiempo atrás.
Un lunes por la mañana, Marcela me dijo que el sábado en la noche era el cumpleaños de Martín, el esposo de Carolina, y que nos habían invitado.
Por supuesto, lo primero que vino a mi mente, fue que nuevamente me tendría que bancar la presencia de Gonzalo, aunque en estos últimos tiempos, ni lo había visto, ni había sentido hablar de él.
Y yo le dije que si esa noche estaba Gonzalo, prefería que pasáramos a saludar a Martin por la tarde, pero me dijo que no le diera importancia, que me olvidara de Gonzalo, y que hacía tiempo que no sabía de él.
No sabíamos que regalarle a Martín, al ser gente de mucho dinero, es difícil pensar en un regalo.
Varias veces habíamos hablado con Martín de música y le dije a Marcela que le parecía si le regaláramos unos vinilos de Charly García y Serú Girán que había visto en una casa de música, y le pareció una buena idea.
En esa semana, una tarde al llegar a casa, Marcela me dijo si no la acompañaba a comprarse algo para el sábado, y le dije que sí.
Por supuesto no fuimos a las casa de ropa de marca, y se compró un vestido.
Estaba hermosa esa noche, el vestido era largo hasta los tobillos, sin mangas, y tan solo unas tiras de tela a manera de breteles, claramente se notaba que iba sin corpiño porque además, el vestido tenía la espalda descubierta.
Con una chaquetita corta arriba y unas sandalias de taco bajo, estaba realmente hermosa, y se lo dije:
-DIEGO: Estás muy linda con ese vestido!
-MARCELA: Gracias Diegui! Vos también estás muy bonito!
Yo iba con un pantalón azul, una chomba bordó a juego con las zapatillas también de color bordó.
Llegamos a casa de Carolina, como siempre había un montón de autos, por consiguiente, dentro habría un montón de gente.
Entre los autos, no estaba el de Gonzalo, y cierta tranquilidad se apoderó de mí, si ese tipo no estaba, por fin podría disfrutar tranquilamente de una fiesta.
Entramos y fuimos saludando a todas las personas que conocíamos, como en todas las fiestas, había más de cien personas.
Cuando encontramos a Martín, lo saludamos con un abrazo y le entregamos el regalo, que por supuesto le encantó.
Al igual que en veces anteriores, las mesas estaban dispuestas en el jardín debajo de los gazebos, esa noche sería todo servicio de lunch, y los mozos iban y venían con bocados, sándwiches de miga y bebidas.
Miré hacia todas las mesas, y definitivamente no veía a Gonzalo por ningún lado, que bueno!
La fiesta estaba estupenda, excelente comida como siempre, mucha bebida, después de una tanda de comida, volvieron a montar la estructura metálica, armando la pista de baile, pero antes de que el dj comenzará con la música para bailar, hubo un espectáculo de magia realmente excelente.
Luego empezó el momento de bailar, y bailamos con Marcela por bastante tiempo.
Nos sentamos en los sillones a descansar y a tomar algo, junto con Carolina, Martín y un par de parejas más.
Luego fuimos a la barra a buscar un par de bebidas y bailamos otro rato. Hacía tiempo que no disfrutaba de una fiesta así con Marcela, tan tranquilo y con mi cabeza en paz.
Después de bailar y reírnos por casi una hora, nos volvimos a sentar en los sillones, donde varias personas conversaban, en un momento se acercó Martín, preguntándonos si la estábamos pasando bien, y se quedó un rato hablando con nosotros y con las demás personas.
En un momento de la conversación, uno de los hombres le comentó a Martín, que hacia un par de días, lo había llamado Gonzalo desde Portugal, y qué le había contado que seguiría allí unos meses más.
No quise preguntar desde cuando Gonzalo estaba fuera del país, pero en mi cabeza me pregunté, mal pensado de mí, si en algo eso tenía que ver, con las pocas salidas nocturnas de mi esposa, en verdad una mierda llegar a pensar así de mi esposa, pero bueno...
Quizás el tipo, con suerte, se quedara mucho tiempo en Europa, y dejara ese fantasma de atormentarme.
El resto de la fiesta estuvo excelente, más baile, más bebidas, y Marcela hasta le preguntó a Carolina, si le permitía mostrarme su salita de juegos, y mientras veíamos esa habitación con Marcela, me decía que algún día le gustaría tener algo así en nuestra casa.
Y el solo hecho de pensar todo lo que ocurría allí, mi cabeza ratonera, me hizo imaginar, estar haciendo el amor allí con Marcela.
Volvimos al jardín y seguimos bailando, hasta casi las seis de la mañana, qué nos volvimos para casa.
Al llegar, creo que los dos estábamos deseosos, cerramos bien las persianas y las cortinas para que no nos entrar a la luz del día, y nos hicimos el amor cómo hacía tiempo, casi un par de horas nos estuvimos amando, y al menos yo, me volví a sentir pleno, volví a sentir esa conexión que teníamos con Marcela en la cama.
Tres orgasmos me dio Marcela esa mañana, eyaculando en su interior en el último.
Y cómo hacía tiempo no ocurría, lo volvimos a hacer, a las tres de la tarde cuando nos despertamos, el día estaba lluvioso, y no nos levantamos de la cama.
Las semanas fueron pasando, y volvíamos a estar como al comienzo de nuestra relación, al menos yo así lo sentía.
Cada momento en que no trabajaba, me volvía para casa, había vuelto a tener ganas de estar con ella en casa, ya ni siquiera salía por las tardes con Carolina, tan seguido cómo antes.
Unos meses después, como si Marcela hubiera escuchado mis pensamientos de meses atrás, volvió a sacar el tema de tener un hijo, me sentía tan bien nuevamente con ella en esos meses, qué le dije que podríamos intentarlo. Desde que la conocía, ella tomaba pastillas anticonceptivas, y quedamos de acuerdo, en qué dejaría de tomarlas, en un par de meses, intentaríamos que quedara embarazada en el mes de octubre o noviembre, para que nuestro hijo naciera en julio o agosto, y no tener que pasar el verano con un embarazo avanzado.
Esos dos meses qué nos quedaban hasta buscar el embarazo, fueron de los mejores de nuestra relación, al menos para mí.
Una tarde al llegar de trabajar, me esperaba con el mate preparado, y mientras mateábamos, me dijo que una amiga de Carolina había abierto un centro de estética.
-MARCELA: Carolina estuvo en la inauguración del local, y como para darle un empujón de trabajo, le reservó una depilación definitiva integral para mí amor, ¿te gustaría que me depile toda?
-DIEGO: ¿Toda, toda?
-MARCELA: Toda! La conchita también!
-DIEGO: Me encantaría!
-MARCELA: Así de paso, si quedo embarazada, para el momento del parto, ya la tengo preparada!
-DIEGO: Me parece perfecto! Y mientras tanto creo que la voy a disfrutar mucho!
-MARCELA: Creo que yo también!
Unos días después, al llegar a casa del trabajo, me encontré a Marcela con un vestido súper sexy puesto, pegado al cuerpo, tan corto que apenas le tapaba el culo, y con un escote de infarto, dónde claramente se veía que no tenía corpiño debajo.
Me tomó por sorpresa y me preocupó por igual, creí que se estaba preparando para salir, a lo que ya me había desacostumbrado, y de ser así, de esa forma tan provocativa, que para mí era demasiado.
-DIEGO: ¿Vas a salir?
-MARCELA: No mi amor! Hablando con Carolina, le conté que dentro de poco dejaría de cuidarme para buscar un embarazo, y me regaló un montón de ropa, y te lo digo con sus palabras, "Estos modelitos son para que estés bien zorra para Diego, para te pegue unas buenas cogidas, y te haga un lindo bombo!
Sonreí aliviado, y viendo toda la ropa que había sobre la mesa, incluidos unos conjuntos de ropa interior de infarto, le dije:
-DIEGO: Sí me esperas así cada vez que vengo de trabajar, me parece que te voy a embarazar aunque sigas tomando las pastillas!
Nos reímos los dos, la abracé, la besé apasionadamente, y ahí mismo en el sillón del estar, le hice el amor con el vestido puesto.
Unos días después, al llegar a casa, la encontré con un tapado largo puesto y unos zapatos blancos de taco alto, no entendí nada, no hacía frío como para estar tan abrigada, me miró con una sonrisa, y se abrió el tapado.
Debajo solo tenía un conjunto de ropa interior blanco, súper chiquito y con transparencias, dándome cuenta por el encaje de su pequeña bombachita, que su conchita estaba completamente depilada.
-MARCELA: Te estaba esperando!
No terminó de decir eso, cuando mi erección ya era notoria dentro del pantalón.
-DIEGO: Muero por estrenarla!
Se sacó el tapado y dio una vuelta completa para mostrarme su hermoso culo totalmente a la vista, ya que la bombachita apenas era un triangulito pequeño.
Me fue quitando la ropa hasta dejarme desnudo, y fuimos hasta la habitación, y le hice el amor con el conjunto puesto.
El primer orgasmo se lo saqué con la boca, saboreando esa delicia de conchita depilada, haciendo a un lado la tanguita.
Luego le chupé las tetas sin sacarle el corpiño, y después la penetre en varias posiciones, hasta que tuvo dos orgasmos más.
Pero la seguí penetrando en la posición del misionero hasta que eyaculé en su interior en el momento en que tenía otro orgasmo.
En esos momentos me volví a sentir pleno, sentía que me había vuelto a reencontrar con el amor de mi vida.
El último día de septiembre, Marcela me mostró la tableta de las pastillas, me dijo que ya dejaría de tomarlas, y esa noche volvimos a hacer el amor apasionadamente, su conchita depilada me tenía fascinado.
En el mes de octubre empezamos a hacer los deberes, de no tener ningún problema ninguno de los dos, seguramente quedaría embarazada en la próxima ovulación, y vaya si cumplimos, ese mes hicimos el amor varias veces por semana, y en verdad estaba deseando que quedara embarazada, sentía que era el momento.
En ese mes Marcela tuvo varias salidas con sus amigas, pero en verdad la preocupación ya no era la de antes, aunque en alguna salida había vuelto algo tarde de madrugada, no me sentía atormentado cómo hacía un tiempo, estábamos en un buen momento, y por mi cabeza ya no pasaba el forro de Gonzalo.
En el mes de noviembre, como un relojito, tuvo su primera falta, y unos días después compramos un test de embarazo.
Al día siguiente al despertarnos, fue al baño y se hizo el test, para momentos después, abrazarnos los dos llorando, viendo las dos rayitas rosadas.
En unos meses seríamos padres!
Lo que sentía en esos momentos, me volvía a hacer el hombre más feliz del mundo.
Cuándo Marcela se lo contó a Carolina, le dijo que eso había que festejarlo, y ese sábado organizó una cena en su casa con todos los amigos y amigas.
Esa semana, fuimos a visitar a mi padre para contarle que iba a ser abuelo, y la noticia lo llenó de alegría, y al día siguiente, fuimos a casa de los padres de Marcela, para contarles también a ellos que serían abuelos, y el alboroto fue mayúsculo.
Llegó el sábado y Marcela estaba hermosa, con un vestido largo hasta los tobillos, una remerita de tirantes blancas sin corpiño debajo del vestido, una chamarrita corta y unas sandalias blancas sin taco.
Llegamos a lo de Carolina, un poco más tarde que el resto, a propósito me dijo Marcela, para que cuando llegáramos ya estuvieran todos.
Cuando entramos había un montón de gente, nos aplaudieron al entrar, y nos empezaron a saludar y a felicitarnos, por suerte entre las personas no estaba el tipo este.
La reunión estuvo estupenda, y hasta nos regalaron un babero a cada uno con el nombre del otro.
Cuando volvimos a casa, nos hicimos el amor muy tiernamente, y acabamos los dos, después nos quedamos dormidos y abrazados.
Los dos primeros meses de embarazo, Marcela me decía que no se daba cuenta de que estaba esperando un hijo, se sentía como siempre, sin ninguna molestia ni sensación diferente, incluso siguió haciendo vida normal, saliendo con sus amigas algún fines de semana por la noche, la única diferencia era que no tomaba alcohol y que ya no iba al gimnasio.
Pero fue a mediados del mes de enero, entrando en el tercer mes, cuando los síntomas del embarazo se hicieron sentir, náuseas, vómitos, cansancio, mareos, acaloramientos repentinos, y ganas de hacer pis a cada rato.
Poco más de un mes estuvo con esos malestares, pero bueno, poco a poco fueron cediendo, y por suerte, en los controles todo iba bien.
En la ecografía del cuarto mes, supimos que sería una niña, y después de elegir entre varios nombres, decidimos que nuestra hija se llamaría Isabela.
Hasta el quinto, casi sexto mes de embarazo, Marcela hizo vida normal, incluso en las salidas nocturnas con sus amigas y otras conmigo.
Cuando la panza se empezó a hacer notar, Marcela tenía sus días, supongo que por algunos cambios hormonales, algunos días estaba tranquila, y otros andaba un poco alterada.
En esos meses, nuestros encuentros íntimos, decayeron bastante, pero yo lo veía algo lógico en su estado.
En el último mes de embarazo, la doctora le mandó a hacer reposo, en el control la había encontrado con la presión un poco alta, y a partir de allí, Marcela tomó licencia médica en su trabajo hasta el momento del parto.
Isabela nació el veintitrés de julio, y por supuesto presencié el parto, fui yo quien puso a Isabela en el pecho de su madre, y también quién cortó el cordón, en ese momento era el tipo más feliz del universo.
Después de un par de días en el hospital, volvimos a casa, para comenzar nuestra vida como familia, para comenzar a ser padres de nuestra hija Isabela.
Me había guardado las vacaciones del trabajo, para cuándo nuestra hija naciera, por lo que estuve todo el tiempo en casa, los primeros veinte días de vida de esa adorable criatura que me tenía embobado.
En esos días, nuestra casa fue un desfile de gente, mi padre, los padres de Marcela, y los amigos y compañeros de trabajo, tantos regalos recibió Isabela en esos días, que ya no sabíamos dónde guardarlos, y Marcela me decía que tendríamos que buscar un departamento más grande.
En las primeras semanas nos preocupamos porque Marcela parecía no tener mucha leche y consultando con la doctora, Isabela tuvo que comenzar a tomar leche de fórmula, y entonces nos turnábamos en las noches para alimentarla.
Marcela no había engordado casi nada durante el embarazo, pero a los tres meses de nuestra hija, volvió al gimnasio, quería recuperar su figura rápidamente, aunque yo le decía que estaba muy bien.
Cuando yo tuve que volver a trabajar, en los momentos en que Marcela tenía que salir, Juliana, una chica vecina que era estudiante, se quedaba cuidando a Isabela.
En esos primeros meses, nos fuimos adaptando, sobre todo a los horarios de nuestra hija, pero nuestra vida como familia iba cada día mejor.
La veía crecer y me parecía mentira como pasaba el tiempo de rápido.
Al no depender Isabela del pecho de su madre, Marcela volvió a trabajar a la distribuidora a mediados del mes de diciembre, por las mañanas llevábamos a nuestra hija a un jardín maternal y Marcela la iba a buscar al mediodía cuando salía del trabajo.
Por las tardes, cuando Marcela tenía que salir y yo no había llegado aún, Isabela se quedaba con Juliana hasta mi llegada o la de ella.
Días antes de las fiestas, Marcela me dijo que saldrían con las chicas para despedir el año, y esa madrugada volvió algo tarde, cerca de las tres de la mañana, y me encontró dormido en nuestra cama con Isabela a mi lado.
Las fiestas de ese fin de año fueron muy lindas, todos pendientes de nuestra hija y llenándola de regalos.
En ese verano, no pudimos irnos de vacaciones muchos días, con los gastos de Isabela, tan solo nos pudimos escapar un fin de semana largo a Mar del Plata, a la casa que habían alquilado mis suegros.
Durante esos días de calor, muchas tardes en que yo tenía que trabajar, Marcela se iba a casa de Carolina a disfrutar de la pileta, y varias veces, al terminar mi trabajo, la iba a buscar.
La veía a Marcela en bikini, y parecía mentira que hubiera estado embarazada hasta hace menos de un año, su cuerpo había vuelto a estar hermoso como antes, incluido su abdomen.
La única diferencia, eran sus tetas, que luego del embarazo habían quedado un poco más grandes, pero por el hecho de no darle de mamar a nuestra hija, estaban en perfecta forma.
Una de esas tarde al llegar a casa de Carolina, vi el auto de Gonzalo y ya me dio por las pelotas, lo único que deseaba era que Marcela no estuviera en bikini, que se hubiera puesto algo encima.
Pero como tantas otras veces, mis deseos suelen resultar lo contrario.
Cuando Margarita, la chica que trabaja en casa de Carolina, me abrió la puerta y me acompañó hasta el parque, me encontré a Marcela con Carolina y dos amigas más, todas en bikini y a Gonzalo en short de baño y a otro chico que no conocía, conversando con ellas.
Me acerqué y los saludé a todos, dejando a mi esposa para el último turno, ya que me sentaría a su lado.
Me sentía como sapo de otro pozo, llegando de trabajar todo el día muerto de calor, y toda esa gente adinerada, disfrutando de una tarde de sol y pileta.
Conversamos un rato, aunque ganas no tenía, Margarita me trajo algo fresco para tomar, cosa que agradecí muy amablemente, en verdad había llegado bien acalorado.
Por suerte un rato después llegó Martín y la conversación se desvió hacia él.
Marcela dijo un rato después de volvernos para casa y en verdad, era lo que estaba deseando desde que había llegado.
Durante el viaje de vuelta a casa, no hice ningún comentario sobre Gonzalo, malhumorado cómo estaba, ya ni quería hablar ni pensar en él.
Antes de que terminara el mes de enero, Marcela salió una noche con las amigas, y yo por supuesto, me quedé con Isabela en casa.
Esa noche volvió a las cuatro y media de la mañana, recién me había vuelto a dormir, luego de darle la mamadera a nuestra hija, pero me desperté cuando llegó.
Cómo hacía tiempo, al entrar en casa, fue directamente al baño y la escuché darse una ducha antes de acostarse, no sé por qué pero en ese momento, me vinieron a la cabeza recuerdos de aquellos tiempos, que en verdad no quería volver a vivir.
Faltaban unos meses aún, pero ya estábamos pensando en el festejo del primer año de Isabela, buscando algún lugar para hacerlo, y viendo cuántas personas podríamos invitar, y sobre todo haciendo números, sabíamos que una fiesta así nos saldría unos cuantos pesos.
Pero una tarde al llegar del trabajo, me encontré a Carolina en casa tomando mate con Marcela, y en ese momento, Carolina nos dijo:
-CAROLINA: Diego, me contaba Marcela que estaban buscando un lugar para festejar el cumpleaños de Isabela, y yo le decía que lo podemos hacer en casa, hay lugar de sobra, y si ustedes me lo permitieran, me gustaría regalarle el cumpleaños, correr con todos los gastos de lo que ustedes quieran hacer, aunque no lo soy oficialmente, me siento como la madrina de Isabela, y estaría encantada de que ustedes aceptaran!
La miré a Marcela, sin terminar de entender lo que había escuchado.
-DIEGO: Caro, te agradezco mucho el ofrecimiento, pero no podemos aceptar todo eso, es muy costoso! Ya organizaremos la fiesta que podamos!
Marcela no decía nada, seguramente ya se imaginaba el cumpleaños de Isa en casa de Carolina.
-CAROLINA: Diego, sabés muy bien que el dinero no es problema, y que además nos encantan las fiestas en casa, has visto que cualquier motivo es bueno para hacer una fiesta, imagínate para mí lo que significa el primer año de Isabela! Es la hija de mi hermana, ¿qué menos puedo hacer? ¿Para qué quiero el dinero si no es para momentos como este? Dale! Decí que sí! Lo hacemos como ustedes quieran, con la gente que ustedes decidan!
-MARCELA: Dale Diegui! Va a ser lindo!
Y en ese momento me di cuenta que Marcela quería hacerlo! ¿Qué otra opción me quedaba? Creo que Marcela ya lo tenía decidido con Carolina, solo faltaba que yo lo supiera y diera mi aprobación.
La idea no me terminaba de cerrar, quizás hubiera preferido hacer una pequeña fiesta, la que pudiéramos pagar, la familia y con algunos amigos, pero terminé aceptando.
-DIEGO: Está bien! Lo hacemos en tu casa!
Ya me imaginaba una fiesta a todo lujo, con un montón de invitados, como es lo normal en cada fiesta en la casa de Carolina.
En las semanas siguientes, con motivo de los preparativos para el cumpleaños, Marcela salió casi todas las tardes, quedándose Isabela conmigo o con Juliana.
El día de su cumpleaños era un viernes, y la fiesta se haría ese mismo día por la noche.
Unos días antes, al llegar a casa, Marcela me mostró la ropita que había comprado para Isa, y en otra bolsa ropa que Carolina le había regalado a Marcela para esa noche, me la mostró, pero no pude ver cómo le quedaba.
Iríamos a casa de Carolina a eso de las cinco de la tarde, los invitados estaban citados para las nueve de la noche, pero queríamos llegar temprano para terminar de preparar todo lo que hiciera falta.
Marcela se llevó la ropa en un bolso, se cambiaría para la noche en casa de Carolina.
Cuando llegamos no había mucho por hacer, había un batallón de gente haciéndolo todo.
No me terminaba de sentir cómodo, más que los padres de quién cumplía años, parecíamos invitados a esa fiesta, y Carolina parecía la anfitriona.
Las dos mujeres terminaron de dar todas las indicaciones, para que todo quedara listo.
Además de nuestras familias y amigos, imaginé que también habría otros invitados, como siempre, aunque Marcela me había dicho que solo los amigos.
A eso de las ocho de la noche, Marcela se fue a cambiar, me había mostrado el vestido, pero no se lo había visto puesto aún.
Al verlo, me había parecido poca tela, pero ya me había acostumbrado a que Marcela vistiera ropa provocativa.
Faltando diez minutos para las nueve de la noche, las vi salir a Carolina y a Marcela ya cambiadas, y en verdad estaban vestidas como para un casamiento de gala.
El vestido de Marcela, de color verde agua con bordados en todo el frente, le llegaba a medio muslo, la pollera era con volados, fruncido en la cintura con una especie de faja de tela blanca, desde donde salían dos tiras de tela, separadas entre sí que cubrían sus tetas y que se ataban en la nuca.
Al verla, por supuesto me di cuenta que iba sin corpiño, y cuando dio un giro para que la vea, la espalda estaba descubierta desde la cintura hasta arriba.
Tenía unos zapatos de taco alto blanco, un pañuelo blanco como de gasa, atado al cuello, y el pelo recogido con una hebilla también blanca.
Para que mentir, estaba tremendamente sexy, aunque me parecía bastante atrevido para el motivo de la fiesta.
Lógicamente no le dije nada de esto, solo que estaba hermosa.
Isabela también estaba hermosa con su vestidito floreado, unos zapatitos blancos y una tiara blanca de pequeñas flores en su cabeza.
Pasadas las nueve, los invitados empezaron a llegar, fuimos recibiéndolos y saludándolos a todos, no paraba de entrar gente, muchos amigos y amigas de Marcela y Carolina, luego llegaron nuestras familias, nuestros amigos, y más amigos de las chicas.
Lo único que deseaba, era que Gonzalo no apareciera esa noche.
Pero como en otras veces, mis deseos suelen no cumplirse, y casi a las nueve y media, lo vi aparecer desde la casa, directamente a saludarnos.
En ese momento estaba con Isabela en mis brazos, me estrechó la mano y lo saludé con cara de pocos amigos, luego se acercó a Isabela, y la saludó por su cumpleaños con un beso en su cabecita, y por último, saludó a Marcela con un abrazo y un beso.
Ese gesto ya me fastidió, pero traté de enfocarme en la fiesta, y en nuestros invitados.
Cuando se alejó para saludar a otras personas, le dije a Marcela:
-DIEGO: La puta madre! ¿Qué hace este tipo acá?
-MARCELA: Es del grupo de amigos, ¿qué querés que le haga?
-DIEGO: Mínimamente habérmelo consultado! Si lo hubiera sabido, la fiesta no se habría hecho aquí!
-MARCELA: ¿Qué querés, qué lo eche?
-DIEGO: No sería mala idea! Si querés lo echo yo!
-MARCELA: No hagamos papelones amor! Ya está! Olvidate de él y disfrutemos del cumple de Isa!
Ya no sabía si podría disfrutarla, el solo verlo, ya me sacaba de mi eje.
Era una noche fría, pero en esta oportunidad el gazebo estaba cerrado, y calefaccionado por dentro.
La gente se fue ubicando en las mesas y los mozos empezaron a servir la comida.
Todo iba muy bien, Isabela había recibido un montón de regalos, y todo le llamaba la atención.
Luego de los primeros platos, hubo un descanso, y después de un rato sirvieron otras tandas de comida.
Estábamos con Marcela y Carolina sentados en una de las mesa, con Martín y nuestros padres.
Marcela se levantaba todo el tiempo, y pasaba por las mesas para conversar con los invitados, en un momento se acercaron mis suegros, que estaban al otro lado de la mesa, y estuvieron un rato conversando conmigo y disfrutando de Isabela.
Marcela volvió a la mesa y acercándose a mí con cara rara, me dijo al oído que iba un momento a la casa, que necesitaba ir al baño, pero no quería ir al de los vestuarios.
Seguí conversando con mis suegros y con otros invitados, hasta que un rato después la vi volver desde la casa.
Supongo que por el frío, venía con la chamarrita blanca puesta, y con una bandeja, con los suvenires del cumpleaños.
-DIEGO: ¿Estás bien amor?
-MARCELA: Si corazón, creo que algo no me cayó bien y tuve que ir al baño, pero ahora me siento mejor.
Un rato después sirvieron los postres, y más tarde fue el momento del brindis y de la torta.
Mi Isa, no entendía nada aún de lo que allí ocurría, pero estaba muy simpática esa noche, yendo de brazo en brazo.
Cerca de las doce de la noche, la fiesta ya estaba por terminar, nuestros padres y algunos invitados se retiraron, y nosotros lo hicimos cerca de la una de la mañana.
Por supuesto Carolina no nos permitió hacer nada, incluso nos dijo que al día siguiente con la camioneta de Martín, nos llevarían todos los regalos a casa, eran tantos que no entraban en nuestro coche.
Al llegar a casa, le pregunté a Marcela si se sentía mejor, Isa había llegado dormida, me dijo que sí, y acostó a la niña en su cuna.
Pensé que quizás podríamos disfrutar un rato juntos, aunque no lo veía muy probable, cuándo nos acostamos, Marcela se durmió inmediatamente, yo me quedé pensando, cómo en cada noche, recordando la fiesta, en la que por suerte, no había tenido que soportar a Gonzalo, conversando con Marcela o conmigo.
Al día siguiente por la tarde, vinieron Carolina y Martín con todos los regalos de Isabela, y tomando unos mates, comentamos la fiesta.
Les agradecí infinitamente, todo lo que habían hecho, y que nos hubieran prestado su casa para el festejo.
Les pregunté si querían quedarse a cenar, pero tenían un compromiso.
Después de esos días de preparativos y de la fiesta, volvimos a nuestra normalidad, los dos a trabajar.
Un par de días que no tenía trabajos particulares, llegué a casa, y Juliana cuidaba a Isabela, le pregunté a Juliana sí sabía donde había ido Marcela y me dijo que había salido con Carolina.
Esas veces, al volver, me mostraba lo que Carolina le había regalado, siempre era ropa bastante sexy, camisas, zapatos y ropa interior, que por supuesto pagaba Carolina, nuestro presupuesto no daba para eso.
Cómo se ve que no le cuesta ganar el dinero, pensé en mi interior.
Un par de semanas después, al llegar a casa por la tarde, me encontré a Marcela sentada frente a una notebook en la mesa del comedor.
-DIEGO: Hola corazón! ¿Y eso?
-MARCELA: Hola Diegui! ¿Te gusta? Carolina se compró una notebook nueva, y me regaló esta que ya no va a usar! Estaba pensando que nos vendría bien para bajar de los teléfonos las fotos y videos de Isa, ¿Qué decís?
-DIEGO: Vendría bárbaro para tener todas las fotos juntas! Tengo el teléfono lleno de fotos y videos de esta hermosura!
-MARCELA: Yo también! Me explota!
En verdad nos venía muy bien, hacía tiempo que venía pensando en comprar una, aunque sea usada, para guardar todas las fotos, y esta era mucho mejor que la que hubiéramos podido comprar.
A partir de ahí, Marcela muchas veces estaba con la notebook, sentada en la mesa, en el sillón, en la habitación, en vez de mirar películas o series en la tv, lo hacía en la computadora.
Una tarde al llegar, la vi con cara de preocupación, y le pregunté qué pasaba.
-DIEGO: Hola amor! ¿Qué pasa? ¿Qué es esa cara?
-MARCELA: Hola Diegui! Me parece que hice macanas con la compu, había empezado a bajar un video de Isa del teléfono, uno que es re largo y me ocupaba mucho lugar, creo que terminó de pasarlo, pero no lo encuentro por ningún lado, ¿se habrá borrado? Y mirando en el teléfono, veo que ya no está!
-DIEGO: Permitime ver!
Busqué el video por toda la compu y no pude encontrarlo!
-MARCELA: En un momento me preguntó si definitivamente quería eliminar el video y le dije que sí, pensando que lo eliminaba del teléfono! ¿Se puede recuperar? Era un video re lindo de Isa y no me gustaría perderlo!
-DIEGO: Si llegó a estar en la compu y se borró, seguramente se pueda recuperar, por las dudas no la uses por el momento, mañana traigo un programa para recuperar archivos eliminados, justo me olvidé en el trabajo, el pendrive donde lo tengo!
-MARCELA: Ya la apago!
El tema era que si se había eliminado, para intentar recuperarlo, había que evitar que se sigan agregando archivos, para que no se sobrescriba el disco rígido.
Al día siguiente me acordé de guardar el pendrive en mi mochila, pero luego del estudio tuve que ir a hacer un trabajo, y llegué casi a la hora de cenar.
-DIEGO: Hola amor!
-MARCELA: Hola Diegui! Ya casi está la comida!
Tomé en brazos a Isa, la llené de besos entre sus sonrisas y me entretuve un momento con ella.
-DIEGO: ¿Me da tiempo de darme una ducha?
-MARCELA: Para cuando salís ya está la cena lista.
Cenamos conversando de nuestro día de trabajo, y le comenté del programa para recuperar el video, pero que hoy no había podido llegar más temprano, al día siguiente también tenía trabajo luego del estudio, y le dije que lo haría el sábado o el domingo con más tiempo.
Me dijo que no había problema, que no tenía apuro.
El sábado por la mañana también tenía que trabajar, y Marcela me dijo que Carolina la había invitado a pasar el día en su casa, que si quería por la tarde cuando terminara de trabajar, que la fuera a buscar.
Cuando salí de casa el sábado en la mañana, llevé a Marcela y a nuestra hija a casa de Carolina, y de ahí me fui a hacer el trabajo.
Cuando llegué al negocio dónde tenía que hacer la reparación, el dueño me dijo que había tenido un problema en la instalación y no tenía energía eléctrica, y que hasta el lunes no tendría solución, le dije que no había problema que volvía el lunes por la tarde.
Pensando que hacer, decidí volver a casa y ponerme a trabajar con la notebook de Marcela.
Me preparé el mate y me senté a trabajar, le instalé el programa, y una de las opciones del software, era la recuperación de todos los archivos borrados, decidí usar esa opción, y cuando analizó primeramente el disco, el programa decía que la recuperación de archivos demoraría al menos tres horas, le di iniciar y lo dejé funcionando.
Vi que el canasto de ropa sucia estaba lleno y puse ropa en la lavadora, luego fui a hacer unas compras para comer algo.
Me preparé la comida, almorcé y cerca de las dos de la tarde, el programa ya había terminado.
Para ver todos los archivos recuperados, tenía que guardarlos en una unidad externa a la computadora, entonces conecté mi disco rígido y bajé toda la información allí, tardo casi cuarenta minutos.
Hice otras cosas en casa, volví a mirar al rato y la copia ya había terminado.
Cuando abrí la carpeta, me mostraba todos los directorios encontrados que habían sido eliminados, y lo primero que vi, hizo que me corriera un frío por la espalda.
Continuará…
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- Relato #194180— title-regex: contiguous parts (45 -> 46)
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