Historias del complejo turístico (45)
Diego sabe que algo no anda bien, pero no tiene pruebas. Solo tiene sospechas, mentiras y la imagen de Gonzalo en cada rincón de la vida de Marcela. Esta noche, en lugar de preguntar, decide espiar. Y cuando el auto de Gonzalo se detiene frente a su casa a las cuatro de la mañana, la duda se convierte en una obsesión que lo devora.
La historia de Diego
Capítulo 3
Se acercó a mí, me dio un simple beso en los labios y se fue.
No entendí que había pasado, porque ese trato hacia mí, ¿tan solo por preguntarle eso?
Terminé de preparar la comida que estaba haciendo, pero apenas probé bocado, ¿esta situación habría sido para no contarme que la había traído Gonzalo?
No le diría nada de que lo había visto, quería saber si mi esposa me decía las cosas o me las ocultaba.
Si ya tenía la mosca detrás de la oreja con haberlo visto en la puerta de casa, la actitud de Marcela, me había terminado de descolocar, llevándome inexorablemente hacia la desconfianza.
Junté y lavé todo lo que había usado para hacer la comida, y luego decidí salir a dar una vuelta, a caminar un rato, necesitaba despejarme y tratar de entender lo que estaba pasando en la relación con Marcela.
Volví a casa a las cuatro y media de la tarde, Marcela aún no había llegado, ¿Cómo se extendió el almuerzo?, pensé. ¿Luego habría salida en la noche también? Y quise suponer que no.
Pensando en que quizás, si volvía de buen humor luego del almuerzo con sus amigas, y que en la noche no saldría con ellas, la podría invitar a cenar a algún lindo restaurante, para pasar un buen momento juntos, y si todo iba bien, terminar nuestra noche haciendo el amor.
Busqué el teléfono de un restaurante qué nos gustaba, y llamé para hacer una reservación para esa noche.
Marcela volvió a eso de las seis de la tarde, cuando entró yo estaba sentado en el sillón, mirando un partido de fútbol.
-DIEGO: Hola Marce!
-MARCELA: Hola Diegui!
Su tono de voz había cambiado, no era el mismo del mediodía.
-DIEGO: ¿Cómo estuvo el almuerzo?
-MARCELA: Re bien! Pero viste como son estas! Terminamos de comer, pero nos quedamos charlando un montón!
-DIEGO: Me imagino!
-MARCELA: Diego, perdóname por cómo te contesté hoy al mediodía, justo estaba discutiendo con una de las chicas, y me la agarré con vos! Perdóname por favor!
-DIEGO: No pasa nada! Había pensado en que quizás esta noche podríamos salir a cenar, hice reservaciones en el restaurante que nos gusta, ¿qué te parece?
-MARCELA: Perdón amor que no te avisé, pero esta noche es el cumpleaños de una de las chicas del gimnasio!
-DIEGO: Ah! Bueno…! Otra vez será!
-MARCELA: Perdón amor! Ya habíamos quedado con las chicas!
En verdad no me cayó muy bien, aunque no dije nada, me sentí relegado al último escalón en sus planes.
Tomamos unos mates conversando del almuerzo, y luego se fue a bañar.
A eso de las ocho y cuarto, salió de nuestra habitación cambiada, lista para irse.
Con un vestido color cuero que nunca le había visto, y sin temor a equivocarme, era el más corto que la había visto puesto, tan solo le llegaba a medio muslo, con un cinturón en la cintura, y un escote amplio.
-DIEGO: No te conocía ese vestido!
-MARCELA: Se lo regalaron a Carolina, pero no le gustó cómo le quedaba, me dijo que me lo probara, y cuando vio cómo me quedaba me lo regaló, ¿me queda bien?
-DIEGO: Realmente muy bien! Estás hermosa!
-MARCELA: Gracias corazón!
Le pregunté si quería que la llevara a algún lado, pero me dijo que Carolina la pasaba a buscar, también me dijo que con Carolina volvería al regreso.
Cuando salía, bajamos juntos, con la excusa de ir a comprar una cerveza, quería saber si en verdad era Carolina quien la venía a buscar.
Esperé en la vereda junto a ella unos minutos, y en verdad era Carolina quién venía a buscarla, quien al verme se bajó del auto para saludarme, para ver que también venía con un vestido muy corto, y con bastante más escote qué el de Marcela.
Nos despedimos y se fueron. Fui a comprar la cerveza, y la tomé comiendo algo de lo que había preparado al mediodía.
Después me tiré en el sillón a ver unos capítulos de la serie que seguía, y cuando quise acordar, eran las tres de la mañana.
Miré un capítulo más, pensando que en cualquier momento llegaría Marcela, pero esa madrugada batió su propio récord.
Aunque me fui a la cama la escuché llegar pasadas las cinco y media de la mañana, y por supuesto se esfumaron mis intenciones de hacer el amor con ella esta noche, y de salir a almorzar a algún lugar en unas horas.
Entró haciendo poco ruido, y se fue al baño directamente, escuché la ducha, pero no la escuché salir ni venir a la cama, me quedé dormido en ese momento.
Me desperté a las once y media de la mañana, y ella dormía como siempre, con una bombachita y una remera sin mangas.
Me hice unos mates y me senté en la cocina a tomarlos.
Supuse que no sé levantaría a almorzar y no la desperté.
Cerca de las cinco de la tarde, había vuelto a preparar el mate y me había sentado en la cocina, cuando la escuché salir de nuestra habitación y venir hacia la cocina.
-MARCELA: Buen día mi amor!
-DIEGO: Buenas tardes, querrás decir!
-MARCELA: ¿Qué hora es?
-DIEGO: Faltan cinco para las cinco!
-MARCELA: Qué tarde! ¿Tanto dormí?
-DIEGO: No te quise despertar para almorzar, dormías como una piedra! No te escuché llegar anoche!
-MARCELA: Me trajo Carolina como a las tres y media!
Me sorprendió su respuesta, ¿cómo sabía ella a la hora que yo me había acostado para mentirme de esa forma en la hora en que había llegado?, y entonces pensé. ¿Realmente habría vuelto con Carolina?
Qué no me contara que Gonzalo la había traído de su clase de tenis, y que me mintiera en la hora de su llegada, inevitablemente me hizo sospechar de ella, ¿habría más mentiras? ¿Habría otras cosas que me ocultaba?
A partir de ese momento, empezaría a estar más atento.
Después de tomar unos mates y comer algo se fue al baño, y como siempre con su teléfono.
Y en ese momento, se me dio por hacer algo que habitualmente no hacía, entrar al Instagram, y ver las historias y publicaciones de Marcela y de sus amigas.
Marcela había publicado varias fotos de la noche anterior en lo que supuse era un restaurante, y luego en un bar.
Varias fotos de un montón de chicas sonriendo a la cámara, algunas de ellas que yo no sabía ni quiénes eran, supongo que compañeras del gimnasio.
Luego miré las publicaciones de Carolina, tenía varias fotos en sus historias de esa noche, fueron pasando una tras otra, me llamaba la atención que Marcela no estuviera en ninguna de ellas, pero después de que pasaran diez o doce fotos, detrás de las tres chicas que se estaban haciendo esa selfie, se la veía a Marcela, hablando con un hombre, apoyado en una barra. Al hombre no se le veía la cara de frente, incluso ampliando la foto, pero estaba casi seguro de que era Gonzalo.
Bastó ver las fotos publicadas por otras de las amigas, para confirmar que el tipo ese era Gonzalo, por la ropa fue que me di cuenta, aunque en aquella foto no aparecía con Marcela, pero eso confirmaba que esa noche habían estado en el mismo lugar.
Después de ver esas fotos, supe que Marcela ya no me contaba sus cosas, ni donde iba ni con quién, y me sentí el más pelotudo del mundo.
Pensé en que tendría que hacer, ¿preguntarle directamente si me estaba ocultando cosas? ¿Si tenía algo con Gonzalo? Me parecía que llegar a eso, me haría quedar como un controlador y un celoso, inseguro de su lugar como hombre, y que las cosas entre nosotros irremediablemente cambiarían, pero tan solo eran sospechas, a pesar de que ese tipo coincidía en muchos lugares con mi esposa, no tenía ninguna certeza de que entre ellos pasara algo a mis espaldas, o al menos quería creer que no.
En ese momento no supe cómo encarar la situación, como manejar esto que me estaba pasando, como comportarme con Marcela, y mi primera reacción, fue poner yo también cierta distancia con ella, y cuando salió del baño, yo estaba en el balcón, mirando a la nada y pensando.
Decidí que en este momento saldría a dar una vuelta, no importaba dónde, y dejarla sola en casa.
Marcela se volvió a cambiar con ropa de estar por casa, eso significaba que no tenía intenciones de salir.
Fui a nuestra habitación, me puse ropa deportiva, un par de zapatillas y fui hasta la cocina dónde estaba Marcela.
-DIEGO: Vuelvo en un rato!
-MARCELA: ¿A dónde vas?
No me cayó bien la pregunta, ella salía todo el tiempo, incluso en los momentos que yo estaba en casa.
-DIEGO: Voy a correr, hace mucho que no hago nada!
Le di un pico, y salí de casa.
Caminé sin rumbo fijo por un par de horas, eran las siete y media de la tarde, y no sabía si volver a casa.
Me puse a correr por uno de los parques donde toda la gente va a correr, y a eso de las ocho y media volví a casa.
Marcela estaba preparando la cena, la saludé y me fui a dar un baño.
Mientras me bañaba pensaba que hacer, ¿inventarme una salida y dejarla con la comida, como ella lo había hecho? No me salía ser así, y decidí cenar en casa, y luego irme a la cama.
Cené muy poco, en comparación con lo que suelo comer habitualmente, incluso me ofreció una cerveza y le dije que no.
Durante la cena hablamos poco y de temas poco trascendentes, tan solo comentando algunas cosas qué veíamos en la televisión.
Luego de cenar, Marcela me dijo si quería tomar un café, pero le dije que no, que estaba cansado y ya me iba a la cama.
A diferencia de otras veces, ni siquiera le ayudé a juntar la mesa y a lavar los platos.
Me acosté pensando en lo que estaba sintiendo, por momentos no sabía muchas cosas de mi esposa, claro está, porque me la paso trabajando todo el día intentando mantener nuestro estilo de vida.
Durante esa semana, decidí llegar a casa todos los días cerca de la hora de la cena, y en las conversaciones con Marcela, decidí no preguntarle cómo iban sus cosas, ni que había hecho durante el día, quizás evitando que me mintiera.
El viernes de esa semana, al salir del estudio no tenía ningún trabajo particular, pero no quise volver a casa hasta la hora de cenar, muy probablemente Marcela saldría con sus amigas, y me imaginaba llegar y encontrarla ya cambiada lista para irse.
De camino a casa, me inventé una salida, el cumpleaños de un compañero de trabajo, en el caso de que ella saliera con sus amigas, intentaría seguirla y ver de que van sus salidas nocturnas.
Al llegar a casa, la encontré cambiándose aún, y le pregunté si podría utilizar el baño, por si ella aún tenía que usarlo.
Mientras me sacaba la ropa para ir al baño, le dije:
-DIEGO: En un rato nos juntamos con los compañeros de trabajo, es el cumpleaños de Maximiliano, uno de los chicos.
-MARCELA: Esta noche cenamos con las chicas, te iba a decir si querías venir conmigo!
-DIEGO: ¿De qué pinto yo entre todas tus amigas?
-MARCELA: Es que hoy habíamos dicho de salir con las parejas!
-DIEGO: Qué pena! Si me hubieras avisado antes! Ya arreglamos con los chicos!
-MARCELA: No pasa nada, igual no todas las chicas tienen pareja!
-DIEGO: Otra vez será!
Y me fui al baño a darme una ducha.
Cuando salí ya estaba cambiada, peinada, maquillada y perfumada, con otro vestido que no conocía, pero esta vez no pregunté, ni le dije que estaba linda.
Yo me puse un pantalón azul que uso de vez en cuando, una camisa rosa, y unos zapatos náuticos, en verdad iba vestido demasiado elegante, como para un cumpleaños entre compañeros, pero así lo quise.
Le pregunté si quería que la llevara a algún lado, pero me dijo que había arreglado con Carolina y el marido, qué la pasaban a buscar.
Me peiné y me perfumé, cosa que no es muy habitual en mí, y dándole un simple pico para no despintarle los labios, me fui de casa.
Me subí al auto, di una vuelta manzana y me estacioné en la esquina, sobre la calle transversal a la nuestra, desde donde podría ver si realmente era Carolina quien la venía a buscar.
Quince minutos después, vi pasar el auto de Carolina y efectivamente quién manejaba era su esposo, pararon en la puerta de casa, y Marcela subió al auto.
Los seguí a prudente distancia por unos veinticinco minutos, hasta un restaurante en City Bell, una localidad al norte de la ciudad. Me estacioné unos cincuenta metros más atrás entre dos autos, para que no me viera.
Me sentía un tipo patético, siguiendo y espiando lo que hace mi esposa cuando no está conmigo.
Bajaron los tres del auto, y se encontraron en la puerta del restaurante, con cuatro chicas y dos hombres, qué estaban esperando.
Minutos después, llegaron dos chicas más, y luego otra pareja.
En verdad no me había mentido, salía con amigas y sus parejas.
Un momento después entraron al restaurante, supongo que estarían esperando qué les asignaran la mesa.
Me quedé en el auto pensando que hacer, no tenía sentido seguir allí, me iría a comer a algún lugar, y luego volvería a casa a eso de la una de la mañana.
Pensando dónde ir, me quedé unos minutos más dentro del auto, luego le di marcha, y cuando estaba por salir, vi pasar el auto de Gonzalo.
¿Sería casualidad? Claro que no! Volví a parar el auto y apagué las luces.
Gonzalo estacionó unos metros delante del restaurante, bajó solo, y caminó en dirección a la puerta, ¿este tipo también acá? ¿Seguramente habrá venido sabiendo que yo no estaría?
Cuándo entró, decidí irme, ¿qué más podía hacer? ¿Entrar y montar un numerito? No estaría mal, pero no me pintó! No soy así.
De haber sabido que Gonzalo también estaría, hubiera venido con ella, que pelotudo.
Mientras me alejaba del restaurante, pensé en que un par de horas después, le podría mandar un mensaje a Marcela preguntándole dónde estaba, para ir con ella, quizás en un intento de marcar mi lugar.
Volví a la ciudad, y me senté en una parrilla a cenar.
Me comí una porción de asado y me tomé un vino, raro en mí, pero me tomé toda la botella.
A eso de las doce de la noche, quizás animado por el vino que me había tomado, le mandé un mensaje a Marcela.
-DIEGO: Terminamos de cenar y los chicos se van a un bar, si pinta, decime donde estás y voy para allá.
Esperé un rato su respuesta, aún sentado en la mesa de la parrilla, después de diez minutos, pagué la cuenta y me fui.
Volví a City Bell para ver si aún estaban en el restaurante, pero no estaban allí ni el auto de Carolina, ni el de Gonzalo, con lo que supe que ya se habrían ido a otro sitio.
No hubo respuesta de Marcela a mi mensaje, seguramente habrá pensado, "te fuiste con tus compañeros, jodete".
Decidí volver a casa, por si luego del restaurante, Marcela hubiera vuelto, pero no fue así, al llegar a casa no había nadie.
Me senté un rato en el sillón y cerca de las dos de la mañana, me fui a la cama.
Hasta que me dormí, estuve pendiente del teléfono, por si llegaba su mensaje, pensando en que si así fuera, iría donde estuviera, y me sentí un boludo.
La escuché entrar a las cuatro y treinta y cinco de la mañana, como tantas veces, la escuché ir al baño, se dio una ducha, y cuando vino al dormitorio, fingí estar dormido.
¿En verdad no había visto el mensaje? ¿O no lo había respondido a manera de castigo?
Me desperté a las once de la mañana, con un poco de dolor de cabeza por el vino, me tomé un café, me puse ropa deportiva y salí de casa.
Caminé y troté por más de tres horas, volví a casa a eso de las tres de la tarde y Marcela estaba en la cocina, comiendo un sándwich y tomando mate.
-MARCELA: Hola Diegui! ¿Saliste a correr?
-DIEGO: Así es!
-MARCELA: No escuché tu mensaje anoche! Lo vi cuando estaba volviendo!
-DIEGO: No te escuché llegar! había tomado bastante vino y me desmayé!
-MARCELA: ¿No fuiste al bar con los chicos al final?
-DIEGO: No, les dije que hoy me tenía que levantar temprano para trabajar, y estuve un rato esperando tu respuesta!
-MARCELA: Perdón amor! Lo tenía en la cartera y no lo escuché!
-DIEGO: Me imagino…!
La dejé allí y me fui a dar un baño, y mientras me bañaba pensé que no me había dicho a qué hora había vuelto, ni con quién.
Luego del baño, me cambié y me puse a hacer unas cosas de la casa.
Marcela iba de aquí para allá, como si quisiera hacer o decir algo, pero parecía que no sé animaba.
Después de reparar la persiana de la ventana del estar, le dije a Marcela que llevaría el auto a lavar.
Me volvió a mirar como queriendo decirme algo, pero no lo hizo.
Volví a casa y guardé el auto a eso de las ocho y media de la noche, Marcela estaba preparando la cena, si algo me quería decir, seguramente lo haría durante la comida.
La saludé y me fui para el baño, mientras hacía lo mío, volví a mirar los Instagram de Marcela y de sus amigas, y en la primera foto que vi, una selfie tomada por Marcela, con todos los asistentes a la cena detrás de ella, estaba sentado Gonzalo junto a Marcela. ¿Sería eso lo que me quería contar?
Sí era eso, le daría la oportunidad durante la cena.
Seguí mirando las fotos publicadas, para ver varias fotos en casa de Carolina, las reconocí inmediatamente.
Marcela solo había publicado una foto con Carolina y un par de chica más en el restaurante, y luego una en la puerta, supongo que cuando terminaron de cenar y salieron del lugar.
Las otras dos amigas que sigo y Carolina, habían publicado fotos en la casa, y en un par de ellas se veía a Gonzalo también.
Salí del baño y mientras ella servía en una fuente la comida, fui poniendo la mesa.
Trajo la comida a la mesa y me preguntó si quería una cerveza, le dije que no, que me estaba cuidando y solo tomaría alcohol los viernes o los sábados.
La veía con intenciones de decir algo, creo que buscaba el momento de la conversación adecuado, quizás esperando que yo le preguntara algo de la cena de la noche anterior.
Cómo veía que no arrancaba, decidí preguntarlo yo.
-DIEGO: ¿Cómo estuvo anoche la cena?
-MARCELA: Buenísima! En verdad la pasamos muy bien! Qué lástima que no pudieras ir!
-DIEGO: Una pena no haber sabido antes, pero ya había arreglado con los chicos que iba al cumpleaños, y cuando dijeron de irse al bar, se me ocurrió que ustedes después de la cena irían a tomar algo y por eso te mandé el mensaje!
-MARCELA: Me hubiera gustado que vayas! Qué lástima no vi el mensaje!
Y ahí me di cuenta, qué no me estaba diciendo la verdad, para la hora en que publicó la foto a la salida del restaurante, yo ya le había enviado el mensaje, al mirar su teléfono, lo tendría que haber visto, otra mentira y van...
-DIEGO: Será la próxima vez! No hubiera tenido problemas en ir!
Y lancé la pregunta, que quizás estaba esperando que hiciera.
-DIEGO: ¿Quiénes fueron?
En ese momento pensé que tenía la oportunidad de decirme que Gonzalo había estado en esa cena, no sé si recordaba que seguía a sus amigas en Instagram, porque recuerdo que cuando ellas me habían empezado a seguir, yo también comencé a seguirlas y en ese momento, se lo había contado a Marcela.
Me fue nombrando a todas las parejas, a todas las qué me nombró, las había conocido en el casamiento de Carolina, pues habían estado en nuestra mesa, luego me nombró a tres chicas que fueron solas, y creí que me diría que también estaba Gonzalo, pero no lo nombró y siguió haciendo comentarios sobre las chicas.
En este momento bajé la mirada, y supongo que debo haber cambiado el semblante de mi cara, porque hizo un pequeño silencio en su relato, y me terminó diciendo lo que yo ya sabía.
-MARCELA: El que también estuvo, pero yo no sabía que iba a ir, fue Gonzalo.
En este momento volví a levantar la vista y la miré directamente a los ojos.
-DIEGO: Qué raro...
Fue mi respuesta, y se hizo otro silencio.
-MARCELA: ¿Raro por qué?
-DIEGO: No sabía que era parte del grupo de amigas, ¿pareja de quién es Gonzalo?
Y creo que me pregunta la descolocó, y por un momento creí que estaba pensando su respuesta, ¿me mentiría otra vez? ¿Me diría que fue con alguna de las chicas? A estas alturas, no me quedaba otra que pensar qué había ido porque allí estaba Marcela, y bien contento se habrá puesto el hijo de puta, al darse cuenta que yo no estaba esa noche.
-MARCELA: Fue solo, su novia tenía otro compromiso!
-DIEGO: Claro... ¿y después dónde fueron?
Hizo otra pausa, y volví a darme cuenta que estaba armando su respuesta, ¿me diría que fueron a casa de Carolina? ¿Qué Gonzalo también había ido? Y en mi interior pensé, no me vuelvas a mentir Marcela! No hagas qué sospeché más de lo que ya sospecho! Porque claro estaba que si no me decía que Gonzalo había ido a casa de Carolina, sería porque algo había ocurrido. ¿Me diría realmente quién la trajo a casa? Porque habiendo otros invitados, no creo que Carolina estando en su casa, volviera a salir para traerla.
-MARCELA: Dijeron de ir a un bar a tomar algo, pero cuando llegamos estaba repleto, y Carolina dijo de ir a su casa, así que fuimos todos para allí!
-DIEGO: Me imagino! Allí tienen más bebidas que en un bar!
Y solté una sonrisa irónica.
-MARCELA: A Carolina y a Martín les encanta recibir gente en su casa, ya sabés, en vez de dar vueltas buscando un bar, decidimos ir para allí!
Y esperaba la otra confirmación, que me dijera que Gonzalo también había estado en casa de Carolina, y como si se hubiera imaginado lo que estaba pensando, me lo confirmó.
-MARCELA: La verdad la pasamos muy bien, pero Gonzalo estaba imbancable, después de un par de tragos, no paraba de hablar boludeces!
Y allí fue mi dardo.
-DIEGO: Gonzalo también fue, claro, que boludo…
-MARCELA: Fuimos todos!
-DIEGO: Y hubo baile y todo me supongo!
-MARCELA: Sí! Un rato después vinieron otros amigos y amigas, y éramos como veinticinco!
-DIEGO: Me imagino! Lugar tienen de sobra! Y a esos dos les gusta la fiesta más que el dulce de leche!
Esbozó una sonrisa, pero podía ver en su mirada que aún había algo más.
-MARCELA: Si, se armó el baile y estuvimos bailando con los chicos!
-DIEGO: Y lógicamente, también con él!
-MARCELA: ¿Con quién?
-DIEGO: ¿Con quién va a ser? Si para la fiesta de fin de año, estando yo ahí, bailaste con él, me imagino estando sola…!
Y le sostuve la mirada en sus ojos, pero ella no pudo, eso lo confirmaba.
-MARCELA: Bailamos todos!
-DIEGO: Claro…!
Podía darme cuenta de la incomodidad de Marcela en ese momento, y decidí aflojar con las chicanas, ya no tenía sentido.
Comentó un par de cosas más, y luego cambiamos de tema.
Después de cenar, como todos los días, juntamos la mesa y ordenamos todo.
Marcela dijo que se iba a la cama, y yo le dije que me quedaba viendo un capítulo de la serie.
No me olvidaba que no me había dicho quien la había traído a casa.
Cuando llegué a la cama, Marcela ya dormía.
Los días siguientes seguí en esa tesitura, llegar tarde a casa, a la hora de cenar, y el viernes, una intempestiva salida con los compañeros de trabajo.
Me bañé, me cambié, me puse lo más elegante posible, me perfumé y despidiéndome de ella, que aparentemente esa noche no salía, me fui de casa.
La intención era que llegara a pensar de que estaba saliendo por ahí buscando tener algo con alguna otra mujer, quizás intentando que sintiera lo que yo sentía en sus salidas.
Sentía que no era eso lo que yo quería para nuestro matrimonio, por supuesto nunca le sería infiel, esa no es mi manera de ser, creo que en el fondo estaba buscando que se diera cuenta de que no me tendría a su lado eternamente, si las cosas entre nosotros no iban bien, que también tendría que poner de su parte para que siguiéramos juntos.
Cené solo en una parrilla y luego me fui a un bar donde se que se escucha rock nacional, mi predilección musical, no soy fan del reggaetón o la música latina que se escucha ahora.
Esa noche tocaba una banda local y me quedé a escucharla, saliendo del bar a eso de las tres y media de la mañana.
Al llegar a casa, creí que no encontraría a Marcela, que quizás habiendo salido yo, también lo habría hecho ella.
Pero al entrar al dormitorio, la encontré durmiendo plácidamente, y me acosté sin hacer ruido.
El sábado por la mañana cuando desperté, Marcela no estaba, a esa hora tenía sus clases de tenis en el club.
Me tomé un café, me puse ropa deportiva y salí a correr, antes de irme, le dejé una nota sobre la mesa, un escueto mensaje que decía, “Me fui a correr”
Mientras corría, fui pensando que si en la noche anterior Marcela no había salido, sin dudas lo haría esa noche, y pensaba si volver a simular una salida, ya vería que onda al llegar a casa.
Y así fue, llegué a casa cerca de las cinco de la tarde, y Marcela me dijo que esa noche festejaban el cumpleaños de una de las chicas que había sido el jueves.
Lo pensé un momento, pero en vez de decirle que salía, le dije que a eso de las ocho, iría a la casa de uno de los compañeros a darle una mano con su notebook que tenía problemas, por lo que antes de que ella se fuera, yo me iría de casa.
Me di un baño y me cambié, me vestí normal, no como para salir, y luego fue ella quien se baño y se comenzó a arreglar para su salida.
La volví a ver con un vestido que no conocía, de color bordó, bastante corto, con un cierre a cada lado que lo recorría desde las axilas hasta el final de la pollera, un escote redondo amplio que dejaba los hombros a la vista, tendría que llevar corpiño sin breteles, o directamente ir sin corpiño, por lo que veía, me parecía que llevaba corpiño sin breteles, aunque el bolado del cuello, no me permitía estar seguro. Esta vez no pregunté nada, seguramente se lo habría regalado Carolina, ni le dije que estaba hermosa con ese vestido puesto.
Antes de irme, le pregunté si necesitaba que la llevara a donde se encontrarían con las chicas, pero me dijo que una de las chicas pasaría a buscarla.
Me despedí de ella y antes de salir de casa, me preguntó si cenaría aquí, le dije que dependía del tiempo que me llevara arreglar la computadora de mi compañero, que si se hacía tarde compraría algo hecho por ahí antes de llegar, luego de eso, casi a las ocho y media de la noche, salí de casa.
Cómo la vez anterior, me estacioné con el auto a la vuelta de casa, para ver quien la venía a buscar, me daba lo mismo que fuera cualquiera de sus amigas, lo único que me preocupaba era que la fuera a buscar Gonzalo, de ser así, por casualidad en ese mismo momento llegaría a casa, ¿la excusa? Ya se me ocurriría sobre la marcha.
Casi a las nueve de la noche, un auto que no conocía, paró en la puerta de casa, vi salir a Marcela y subirse a ese auto.
Arranqué y la seguí, luego de veinte minutos de viaje, estacionaron frente a una casa que no sabía de quién era y yo me estacioné a unos metros más atrás, solo quería ver quien bajaba del auto con ella, y esperar un rato para ver si aparecía el auto de Gonzalo.
Marcela bajó primero, y del lado del conductor, bajó otra chica que yo no conocía, o al menos por la distancia no me daba cuenta quien era.
Luego de un momento, entraron a la casa, pero desde mi ubicación, no pude ver quien había abierto la puerta.
Me sentía un estúpido allí, intentando ver que hace Marcela, queriendo saber, creo que solamente, si a esa casa iba a ir también Gonzalo.
No podía seguir así, a pesar de no tener ninguna prueba de algún desliz de Marcela, salvo un par de mentiras, me sentía de esa manera, cómo buscando confirmar que mi esposa me era infiel, sentirme así de perseguido, me estaba llevando a hacer estas boludeces.
Pensé que tendría que sentarme con Marcela de una buena vez, cara a cara y hablar lo que me estaba pasando, lo que estaba sintiendo, veía todo esto como un sinsentido en una relación de dos personas adultas, necesitaba aclarar las cosas para seguir adelante o para dejarlo definitivamente.
Después de más de una hora de esperar, pensé que ya era tiempo suficiente, supongo que ese tipo no aparecería por allí esa noche.
¿Estaba esperando que apareciera para no sentirme tan boludo haciendo esto?
Todo un lio en mi cabeza, y si lo pensara fríamente, que ese tipo rondara a Marcela o que se apareciera en tantos lugares donde ella estaba, no quería decir que me estuviera siendo infiel con él, quizás al tener amigos en común no le quedaba otra que verlo, ya en un par de oportunidades, Marcela me había dicho que no le hacían gracia su presencia y sus comentarios, aunque eso, bien podría decirlo para dejarme tranquilo, aunque si hubiera sido su intención, no lo había conseguido.
Casi veinte minutos después, y viendo que ese tipo no daba señales de hacerse presente en ese cumpleaños, me volví para casa.
De camino compré algo para comer y varias latas de cerveza, me sentaría a ver la serie hasta que me venciera el sueño o la cerveza.
Miré varios capítulos y pasadas las tres de la mañana, junté y ordené todo, apagué el televisor y las luces y cuando me estaba yendo a la cama, me vinieron unas terribles ganas de fumarme un cigarrillo.
Había dejado de fumar hacía más de tres años, me las arreglaba bastante bien aguantando las ganas de fumar, pero cuando tomaba alcohol, esas ganas se incrementaban terriblemente, incluso sabía que en el último cajón del mueble del lavadero, había un atado de cigarrillos que un plomero había dejado olvidado hace un tiempo, en ocasión de un arreglo.
Aún me quedaba una lata de cerveza, pasé por la heladera, saqué la lata, y fui al lavadero a buscar un cigarrillo.
Abrí la lata, le di dos sorbos y salí al balcón a fumarme el cigarrillo.
Al encenderlo, sentí esa sensación que tenía guardada, aunque no olvidada, no tenía intención de volver a fumar ese atado diario de tiempo atrás, pero en alguna ocasión como esta, me daría el gusto.
Disfruté cada pitada, viendo la soledad de la madrugada, la calle solo iluminada por los faroles de la cuadra y el silencio que solo existe a esa hora.
Terminé el cigarrillo y queriendo no dejar rastros en casa de “mi pecado”, lo arrojé a la vereda.
Me quedé un rato en el balcón, mirando a la nada, solo luces a lo lejos, y disfrutando el fresco de la madrugada.
Miraba a lo lejos, cuando un sonido de automóvil, me hizo girar la cabeza hacia la dirección en que vienen los autos, a casi dos cuadras había doblado un auto y se acercaba a baja velocidad con las luces encendidas.
El corazón se me empezó a acelerar, cuando ese auto blanco, conocido, importado, de alta gama, paró en la puerta de casa, el auto de Gonzalo, y toda esa paz y tranquilidad se me fue a la mierda en un par de segundos.
Marcela no bajó inmediatamente del auto, seguramente ¿conversando?, estuvo unos minutos dentro.
Desde el balcón no podía ver que ocurría dentro del auto, y en ese momento, no sé si me interesaba, que volviera con ese tipo a casa, ya me ponía de bastante mal humor.
¿Qué haría? ¿Quedarme levantado y preguntarle con quien había venido? ¿Esperar que ella sola me lo contara?
Entré al estar, prendí el televisor y puse la serie que estaba mirando, que al entrar me encontrara allí para ver que me decía, luego volví a salir al balcón, el auto aún seguía allí, miré la hora y eran las cuatro y veinte de la mañana.
Marcela aún no bajaba del auto, y mi calentura no paraba de subir.
Minutos después la vi bajar, acomodarse el vestido y saludando con la mano, se dirigió a la puerta de entrada.
Escuché llegar el ascensor llegar a nuestro piso y un momento después, la llave girar en la puerta.
Cuando entró y me vio sentado en el sillón con las piernas apoyadas en la mesa baja, la cara se le transformó.
-MARCELA: Amor! Todavía despierto!
-DIEGO: La serie me tiene enganchado! ¿Qué hora es?
A propósito hice esa pregunta con gesto serio y mirando su reloj, me dijo:
-MARCELA: Casi cuatro y media.
-DIEGO: Mierda, cómo se pasa la hora! ¿Cómo estuvo el cumpleaños?
-MARCELA: Buenísimo! En verdad la pasamos muy bien! Había un montón de gente!
Había pausado la serie para prestarle atención, dejó su cartera sobre la mesa y se sentó en el sillón pero a cierta distancia!
-DIEGO: ¿De quién era el cumpleaños?
-MARCELA: De Narela Martínez Veiga!
-DIEGO: ¿Y dónde fueron a cenar?
-MARCELA: A ningún lado, el cumpleaños era en su casa!
-DIEGO: ¿Es del gimnasio esa chica?
-MARCELA: Sí, y también va al club de tenis!
-DIEGO: Ah!
Cómo veía que no me nombraba a Gonzalo, fui al grano con mi pregunta, era el momento de saber si me mentiría o me diría la verdad.
-DIEGO: ¿Te trajo Carolina?
-MARCELA: No, Caro se fue un poco antes porque no se sentía bien, me iba a traer Justina, pero al final se fue con uno de los amigos de Narela, me estaba por pedir un taxi, pero Gonzalo me insistió de traerme, que era muy peligroso venir en taxi a esta hora, y no me quedó otra que aceptar!
-DIEGO: ¿Gonzalo también estaba? No se pierde una ese tipo!
-MARCELA: Sí, con Martina su novia, ellos me trajeron!
No me cuadraba su explicación, Marcela había bajado del asiento del acompañante, no sería lógico que su novia fuera atrás en el auto, y si así hubiera sido, al bajar Marcela, su novia se hubiera pasado al asiento delantero.
Su explicación tenía mucho olor a mentira, pero no quería decirle que la había visto bajar del lugar del acompañante.
En otro momento, la hubiera buscado para hacer el amor, en verdad ese vestido le quedaba muy bien y se veía bien sexy con sus tacos altos y sus muslos y sus hombros a la vista.
Se fue para el baño, pero esta vez no se duchó, apagué todo y me metí a la cama, cuando ella se acostó, me dio un beso y se dio vuelta dándome la espalda, dando por terminada la noche, o quizás haciéndome ver que no tendríamos sexo.
Antes de dormirme, me quedé pensando, ¿hasta cuándo seguiría esta situación? ¿Hasta cuando este juego del gato y el ratón?
¿Cuáles eran mis opciones? ¿Preguntarle directamente si pasaba algo con Gonzalo? ¿O buscar la forma de saber a ciencia cierta si me era infiel con ese tipo?
Pensá Diego! Si estuviera pasando algo con Gonzalo, ¿crees que ante tu pregunta ella te lo diría? De ser así, su confesión haría que nuestra relación se terminara, y si eso es lo que Marcela hubiera querido, ya habría ocurrido.
No encontraba la forma de tener esa certeza, nunca me atrevería a rebuscar alguna prueba en su teléfono, ninguno de los dos miraba el teléfono del otro, ni siquiera sabía yo su contraseña, ni ella la mía, y era una barrera que no quería atravesar.
¿Seguir jugando al detective siguiéndola en sus salidas hasta pescarla en alguna situación comprometedora?
Eso no es vida!
Decidí, que continuaría manteniendo la distancia con ella, incluso en el plano sexual, no la buscaría, para ver su reacción. Haciendo memoria, las últimas veces que habíamos hecho el amor, había sido yo el que la había buscado. Veremos qué pasa con sus necesidades, si yo no propongo nuestros encuentros íntimos.
Me desperté después del mediodía y me fui a correr, era una mierda lo que estaba sintiendo, pero no quería estar en casa con ella.
Continuará…
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