Xtories

Historias del complejo turístico (44)

Diego sabe que Gonzalo está en todos lados. Y cada vez que lo ve, siente que pierde el control. Esta noche, al llegar a casa, la verdad lo espera en la puerta.

jejen6.9K vistas9.4· 21 votos

La historia de Diego

Capítulo 2

Mi conclusión fue que todas las tardes de ese mes, sabiendo que Marcela iba en ese horario, también lo haría Gonzalo.

El jueves siguiente, día en que también Marcela iba al gimnasio, no pude salir antes del estudio, para ver si lo que había ocurrido el martes, se volvía a repetir.

Cuando llegué a casa, Marcela me esperaba con el mate preparado, y me contó que ese día había ido un rato antes al gimnasio, para no salir a la misma hora que Gonzalo, y que se había vuelto a casa caminando como todos los días.

Para que mentir, escuchar eso me dejó algo más tranquilo, al parecer, a Marcela tampoco le entusiasmaba la idea de que ese tipo le insistiera en traerla a casa.

Estaba pensando en aparecer el siguiente día de gimnasio y encontrarlo solo cara a cara, ya vería.

Pasó ese mes, y con Marcela, ya no hablamos más de Gonzalo.

Los primeros días del mes siguiente, un martes que pude salir antes del estudio, me fui para el gimnasio, esperaría que Marcela se fuera para casa, y me quedaría hasta que saliera ese tipo para hablar con él.

Llegué quince minutos antes de la hora de salida de Marcela, el inconfundible Mercedes Benz descapotable de Gonzalo, no estaba en la puerta, di un par de vueltas manzana, para ver si había estacionado en alguna otra calle, y al no ver su auto por ningún lado, decidí irme para casa, no quería que Marcela pensara que la estaba controlando, viéndome ahí sin avisarle.

Que luego del mes de prueba, Gonzalo no continuara yendo al gimnasio, me tranquilizó un poco.

Algún qué otro día, me volví a pasar por el gimnasio, minutos antes de que saliera Marcela, pero no volví a ver el auto de Gonzalo por el gimnasio, y de a poco me fui olvidando de ese tema, probablemente habría sido casualidad que ese tipo apareciera por allí.

Un par de meses después, salí del estudio al mediodía para ir al banco, y le avisé a Marcela que la pasaba a buscar cuando salía del trabajo, para almorzar juntos y luego llevarla hasta casa.

Me dijo que le encantaba la idea y luego del banco fui a la distribuidora.

Grande fue mi sorpresa, cuándo a llegar a la puerta, vi el auto de Gonzalo estacionado en el frente, ya le conocía la patente, ¿qué hacía Gonzalo allí? La puta madre este tipo está en todos lados! Dije en voz alta.

Vi salir a Marcela, y al verme a unos metros más atrás, se acercó con una sonrisa.

-MARCELA: Hola mi amor! Qué linda sorpresa! Me encantó la idea!

-DIEGO: En el banco estuve tan solo unos minutos, y se me ocurrió que podíamos almorzar juntos mi cielo!

-MARCELA: Hiciste muy bien!

Arranqué el auto, y cuando pasamos delante del auto de Gonzalo le pregunté:

-DIEGO: ¿Ese es el auto de Gonzalo?

-MARCELA: Sí! Justo hoy me enteré que es el hijo de uno de los accionistas de la empresa, y vino a una reunión de directorio, en lugar de su padre, qué tiene algunos problemas de salud!

-DIEGO: ¿Sabía que trabajabas acá?

-MARCELA: Se enteró hoy cuando me vio, no sabía, nunca viene a la empresa!

La puta madre pensé, si esto es coincidencia, me cago en las putas coincidencias! Ahora sabiendo que ella trabaja acá, seguramente se va a aparecer todo el tiempo.

-DIEGO: Te digo la verdad Marcela, me hincha bastante las pelotas que en cada lugar que vos vas o estás, aparece este tipo, me jode verlo hacerse el canchero con vos!

Y en tono amable y con una sonrisa, me miró y me dijo:

-MARCELA: ¿Estás celoso mi amor? No te pongas mal, sabés que no le doy pelota, que es un pesado!

-DIEGO: No se trata de celos! Su sonrisita me saca la cabeza!

-MARCELA: Tranquilo corazón! No te pongas mal que nunca pasó, ni pasará nada!

Trató de no darle importancia a mi comentario, y luego cambiamos de tema, aunque a mí no se me iban esos pensamientos de la cabeza.

En esa época su amiga Carolina, empezó a salir con un muchacho muy adinerado, hijo de un empresario de la construcción, varias veces nos invitaron a cenar, o a comer en su casa o un asado en su campo, y tan solo un par de meses después, se terminaron casando.

Por supuesto nos invitaron a la fiesta, qué se hizo en un importantísimo hotel cinco estrellas de la ciudad de Buenos Aires.

Para esa noche, Marcela tenía un vestido hermoso que le había regalado Carolina, de color gris claro, largo hasta los tobillos, con un escote redondo que dejaba un hombro libre, por lo que se había colocado un corpiño sin breteles, el vestido era ajustado, y marcaba exquisitamente su figura, acompañó su atuendo con unas sandalias blancas de taco alto, el más alto que le conocí hasta ese momento, una pequeña cartera blanca, y una gargantilla plateada haciendo juego con los aros y la pulsera.

Por la tarde había ido a la peluquería, le habían hecho un peinado con su pelo recogido con unas finas trenzas, sostenido por una coleta blanca, y dejando sueltos unos mechones en los costados de su cabeza.

Se maquilló lo necesario, no suele usar mucho maquillaje, tampoco le hace falta, tan solo delineó sus ojos, y un suave brillo en los labios.

Cuándo terminó de arreglarse, estaba deslumbrante y se lo dije:

-DIEGO: No podés estar más hermosa mi vida! Ese vestido te queda excelente! Estás divina! Creo que esta noche voy a ser la envidia de muchos!

-MARCELA: Vos también estás muy bello! Ese traje te queda hermoso! Sos tan lindo con traje y corbata!

Yo llevaba puesto un traje gris oscuro, una camisa blanca, y una corbata bordó, zapatos negros y un pañuelo bordó asomando del bolsillo del traje, a juego con la corbata.

Fuimos en nuestro auto directamente a la iglesia del barrio de Palermo, dónde sería el casamiento.

La entrada de la iglesia ya estaba colmada de gente, tuvimos que estacionar a un par de cuadras.

Cuándo pudimos entrar al templo, nos tuvimos que ubicar bastante atrás, estaba repleta de invitados.

Luego de la ceremonia, la tradicional lluvia de arroz a la salida, y los saludos y felicitaciones a los novios, nos fuimos hacia el hotel dónde sería la fiesta.

Todo pintaba para ser una noche espléndida, pero como si fuera a propósito, en el salón estábamos comiendo unos canapés y una copa de champagne, cuando lo vi entrar, por suerte acompañado de una mujer. ¿Acá también tenía que estar este tipo?

Ese momento no nos vio, y creo que Marcela tampoco lo vio a él, ella estaba de espaldas, solo rogaba que entre tanta gente no nos encontráramos.

Las mesas ya estaban servidas, la gente aún permanecía de pie, esperando la llegada de los novios, qué estarían haciendo las tradicionales fotos luego de la boda.

Cuarenta minutos después, llegaron y saludaron a todos los presentes, el abrazo de Carolina con Marcela fue terminable.

-MARCELA: Amiga te deseo toda la felicidad del mundo!

-CAROLINA: Me siento súper feliz Marce! Todo esto es una maravilla!

-MARCELA: Cuánto me alegro corazón!

-CAROLINA: Estás hecha toda una diosa nena! Ese vestido te queda hermoso!

y mirándome a mí, dijo:

-CAROLINA: Vos también estás muy elegante Diego! Creo que son la pareja más linda de esta noche!

-DIEGO: Eso no es verdad Carolina! Por lejos la más linda de esta noche es la novia!

-CAROLINA: Gracias Dieguito! Sos un amor!

Los novios siguieron saludando a los invitados, y luego nos ubicaron en nuestras mesas.

El salón era enorme, y las elegantes mesas, eran redondas para diez personas cada una, con manteles blancos hasta el piso, al igual que las sillas, también cubiertas con telas blancas.

En nuestra mesa, por suerte, había otros amigos de Carolina y Marcela, cuatro parejas en verdad muy agradables, por suerte Gonzalo, no estaba en ella.

Una vez que nos ubicamos, el batallón de mozos y mozas, no atendieron de maravillas todo el tiempo.

Como ya habíamos empezado tomando champagne, decidimos seguir tomando lo mismo, y cada vez que nuestras copas se vaciaban, los mozos las volvían a recargar.

La comida era estupenda, todo de alta cocina, pequeñas porciones en diferentes platos.

Mirando las mesas, pude ubicar a Gonzalo, que por suerte estaba bastante alejado de nosotros, supongo que Marcela no lo habría visto aún, porque no me comentó nada.

Luego de esa tanda de platos las luces del salón, se fueron atenuando, hasta quedar encendida solo la de los laterales, la música ambiental hasta ese momento, pasó a ser música para bailar, delante de un cortinado, que supongo sería una especie de escenario, una estructura metálica llena de luces de colores, comenzó a iluminar la pista de baile, y mucha gente se puso a bailar.

Marcela hablaba con una de sus amigas sentada a su izquierda, y en un alto de la conversación, le pregunté si quería bailar, alegre ya por el champagne, me dijo que sí, y de la mano fuimos hasta la pista de baile.

Bailamos como media hora, nos reímos mucho, en verdad la estaba pasando muy bien, Aunque siempre echando un vistazo para ver qué hacía Gonzalo.

Las luces del salón se fueron encendiendo poco a poco, y todos los invitados volvieron a sus mesas.

Hubo otra tanda de platos gourmet, por supuesto con más champagne, y luego otro momento para bailar.

Cuando regresamos a la mesa, necesité ir al baño, cuando volví unos minutos después, Gonzalo estaba sentado en mi lugar hablando con Marcela, ambos sonriendo.

Me acerqué y lo saludé con cara de pocos amigos y con gesto serio.

-DIEGO: ¿Vos también estás invitado?

-GONZALO: Hola Diego! Justamente hablábamos eso con Marcela, qué casualidad encontrarnos aquí!

-DIEGO: Realmente!

-GONZALO: Bueno, los dejo parejita! A seguir disfrutando de esta tremenda fiesta! Nos vemos Marcela! Hasta luego Diego!

Se fue caminando hacia su mesa y yo me senté en mi lugar.

-DIEGO: Este es como la mugre! Está en todos lados! ¿Qué mierda tiene que venir acá?

-MARCELA: No seas malo! Se conocen por la empresa, justo eso me estaba contando!

Ya me había mosqueado un poco, creí que entre tanta gente no lo cruzaríamos, pero el tipo siempre aparece.

En ese momento comenzaron a servir los postres, un montón de variedad de cosas dulces, una más deliciosa que la otra.

Luego de los postres llegó la hora del brindis, volvieron a llenarnos las copas de champagne, y los novios frente a una pequeña mesa con la torta, y sus copas de champagne, brindaron con todos los invitados y luego entre los dos cortaron la torta, cómo se estila habitualmente, tomando ambos el cuchillo y haciendo el primer corte.

Luego se volvieron a apagar las luces del salón, y empezó otro momento de baile, eran como las dos de la mañana, y en el escenario se presentó la banda de música tropical del momento, cuánto dinero debe de haber costado esta fiesta, pensé.

Con la música de la banda todo el mundo fue a bailar, comenzaron los novios bailando en el centro de todos los invitados, y luego se armó el baile entre todos.

Casi una hora duró el show, y durante ese tiempo estuvimos bailando con Marcela, en varias oportunidades miré el salón buscando a Gonzalo, pero no lo veía por ningún lado, quizás tuviera suerte y ya se habría ido.

Cuando la banda dejó de tocar, haciendo como último tema, uno lento dedicado a los novios, todos volvimos a nuestras mesas.

Nos volvieron a servir bebidas, y en ese momento Marcela me dijo que necesitaba ir al baño, le pregunté si la acompañaba o la esperaba en la mesa, y me dijo que la esperara, que ya volvía.

Cuándo se fue en dirección a los baños, miré hacia la mesa de Gonzalo, y allí estaba él, conversando con otro hombre.

El chico que estaba a mi lado, esposo de una de las amigas de las chicas, comentó algo de la fiesta, y nos pusimos a conversar.

En un momento volví a mirar hacia la mesa de Gonzalo, y él no estaba allí.

Quizás me estaba persiguiendo, pensando que ese tipo intentaría algo con Marcela en algún momento, hasta me sentía mal por pensar eso, y no porque desconfiara de Marcela, si no porque me daba la impresión de que este tipo no desaprovechaba ninguna oportunidad para acercarse a ella.

Marcela tardaba en volver, cosa que no suele ser extraño, seguramente el baño de mujeres estaría lleno, todas acomodándose luego de tanto baile.

La vi aparecer desde el pasillo de los baños, casi media hora después, caminando hacia mí, me venía mirando y sonreía, quizás por el champagne qué había tomado, pensé.

Faltaban unos metros para que llegara a la mesa, y del mismo pasillo lo vi salir a Gonzalo y dirigirse a su mesa.

La puta madre, me distraje tan solo un momento, y el tipo venía caminando desde el mismo lugar que Marcela.

Llegó a la mesa y se sentó a mi lado, claramente se notaba que se había corregido el maquillaje.

-MARCELA: Parece que todas las mujeres nos hubiéramos puesto de acuerdo para ir en el mismo momento al baño, estaba repleto!

-DIEGO: Me imaginé! Después del baile todas se fueron a retocar el maquillaje!

-MARCELA: Tal cual! Estábamos todas en la misma!

Y con tono sarcástico le dije:

-DIEGO: Supongo que Gonzalo también se fue a retocar el maquillaje! Lo vi salir también del pasillo!

-MARCELA: No seas así! Habrá ido al baño también! Olvidate de Gonzalo!

La fiesta continuó, sirvieron café con unos bombones y whisky para quién quisiera, yo decidí no tomar, a pesar de que me gusta mucho, pero ya había tomado champagne, y teníamos que volver en el auto para La Plata.

Hubo otro momento de baile, y tanto Marcela como yo, decidimos no tomar más alcohol, ella quiso un jugo de naranja, y me acerqué a la barra a buscarlo, junto con un botellín de agua para mí.

En la barra había bastante gente, y cuando me entregaron las bebidas, volví para la pista pero Marcela no estaba donde la había dejado.

Miré hacia todos lados buscándola, pero no la veía por ningún lado, y lo primero que hice fue mirar la mesa de Gonzalo, que tampoco estaba, ¿dónde mierda se metió Marcela?

Me quedé parado a un costado de la pista con las dos bebidas en la mano, mirando hacia todos los costados, la puta madre, me volví a sentir para la mierda.

Un momento después, ella apareció por detrás de mí.

-MARCELA: Acá estoy amor!

-DIEGO: ¿Dónde estabas? No te veía por ningún lado!

-MARCELA: Estaba en aquella mesa, justo vi a Fernanda, una chica conocida y fui a saludarla!

Le entregué su bebida y bailamos un rato más.

Esa noche por suerte ya no volvimos a cruzarnos con Gonzalo, y casi a las seis de la mañana, cuando la mayoría de los invitados se empezaba a retirar, Marcela me dijo de irnos.

Nos acercamos a saludar a los novios, y también nos despedimos de sus padres.

Ya entrado el día, llegamos a La Plata, reventados los dos, pero de todas formas, nos hicimos el amor antes de acostarnos, había fantaseado toda la noche, con quitarle el vestido y disfrutar de su hermoso cuerpo.

Luego de la boda, los novios se irían de viaje de luna de miel a Londres, París y Milán por un mes, definitivamente esa gente no se andaba con chiquitas.

A partir de este momento, Carolina se convirtió en la amiga millonaria de Marcela, al volver de su viaje de bodas, nos invitaron a cenar una noche en su nueva casa, una impresionante mansión en un barrio privado, con todos los lujos y comodidades, un amplio parque con una pileta inmensa, y hasta una pileta climatizada en el interior.

Marcela alucinaba con todo aquello, conociéndola, estaba seguro que moriría por vivir de esa manera.

Un par de semanas después, Carolina trajo a Marcela a casa en su nuevo auto, que por supuesto era un Mercedes Benz, para no ser menos que su marido.

En las fiestas de fin de año, el ánimo en casa de mi padre, no estaba para festejos, y solo nos juntamos a cenar con él la noche de Navidad, para la fiesta de fin de año, Carolina nos invitó a su casa, yo no estaba muy seguro de ir, pero Marcela me terminó convenciendo.

Quizás estuviera perseguido, un poco inseguro, pero lo único que deseaba esa noche, es que el pelotudo de Gonzalo no estuviera en esa fiesta.

Pero cómo últimamente mis deseos, venían saliendo al revés, cuando llegamos a la casona de Carolina, el auto de Gonzalo estaba estacionado en el jardín del frente. La puta madre, hoy también este tipo acá, pensé. La casa es enorme, seguramente habría mucha gente, pero sería imposible no cruzarse con este tipo.

Era una noche de calor, Marcela iba con un vestido de verano, floreado que le había regalado Carolina, casi hasta las rodillas, con la espalda descubierta, con dos partes de tela que se cruzaban en el escote y se ataban a la nuca, por lo que esa noche iba sin corpiño.

Estaba realmente hermosa, y en verdad ya quería volver a casa, para hacerle el amor con el vestido puesto.

En la casa habría cerca de cien personas, cómo les gustan las fiestas a esta gente, volví a pensar en mi interior.

Fuimos saludando a la gente, mientras nos dirigíamos al jardín, acompañados de Carolina.

Seguimos saludando a la gente que allí estaba, hasta que nos cruzamos con Gonzalo, qué caminó hacia nosotros con un vaso en la mano.

-GONZALO: Hola parejita! ¿Cómo andan? ¿Cómo andás Marcela?

Saludo a Marcela con un beso, y a mí con un apretón de manos, que se lo devolví con bastante fuerza.

-MARCELA: Hola Gonzalo! ¿Cómo estás?

-GONZALO: Muy bien por suerte! Disfrutando de esta fiesta!

-DIEGO: Mucha gente la verdad!

-GONZALO: Así es esta gente! Les gustan las fiestas! Los dejo, espero que disfruten!

-MARCELA: Nos vemos Gonzalo!

Un mozo que pasó cerca de nosotros con una bandeja, nos ofreció unas bebidas, los dos tomamos una copa de champagne.

Las mesas estaban dispuestas en el jardín, bajo un enorme gazebo, junto a la amplia pileta, y del otro lado, un montón de sillones y mesas bajas, bajo unos gazebos más chicos también blancos, iluminados solamente por unas velas clavadas en el césped.

Por suerte Gonzalo no estaba en nuestra mesa, aunque en esta oportunidad, pude darme cuenta que no estaba acompañado por ninguna mujer, solo esperaba que no se le ocurriera acercarse.

Comimos en una primera instancia, unos canapés una gran variedad de bocaditos salados, y luego sirvieron un exquisito asado, acompañado por excelentes vinos tintos.

Después de un rato los postres, y cerca de las doce, llegaron las copas de champagne para recibir el año nuevo con un brindis.

El año nuevo comenzó con el choque de nuestras copas, y minutos después una batería de fuegos artificiales, disparados desde el fondo del enorme parque.

Levantaron todas las mesas, desarmaron el gazebo en unos minutos, y montaron una estructura metálica con luces, para qué minutos después, el dj comenzará a poner música para bailar.

Por supuesto estuvimos bailando con Marcela un buen rato, junto con la mayoría de los invitados, en una de las puntas de la pileta, había una barra con dos barman sirviendo toda clase de tragos y bebidas.

En un momento necesite ir al baño, y le preguntamos a Carolina donde estaban.

Nos dijo que había en los vestuarios, en uno de los costados de la pileta, o también dentro de la casa en la planta baja, detrás de la cocina.

Vi que en el baño de los vestuarios no había mucha gente, y fui a ese, no quería dejar mucho tiempo sola a Marcela, ese tipo seguramente estaría esperando la oportunidad para acercarse.

No demoré mucho en el baño, y cuando salí Marcela hablaba con Carolina, y Gonzalo estaba alejado de ellas hablando con otro hombre.

Me senté con ellas y estuvimos charlando de la fiesta.

Luego volvimos a bailar con Marcela otro rato, y media hora después, me dijo de volver a sentarnos, le habían empezado a doler los pies por los tacos altos.

Estábamos sentados conversando y mirando lo que ocurría en la fiesta, cuándo Gonzalo se acercó a nosotros, con esa sonrisa de triunfador que siempre tiene, y que a mí me rompe bastante las pelotas.

-GONZALO: ¿Cómo la están pasando parejita? ¿Hermosa fiesta verdad?

-MARCELA: La verdad que sí!

-DIEGO: Muy bien!

-GONZALO: Quizás me permitirías bailar un momento con Marcela, no he podido aún bailar con ninguna mujer, tan solo un par de canciones, ¿podrás darme el gusto Marcela?

-MARCELA: Estoy reventada Gonzalo!

-DIEGO: Le duelen los pies por los tacos!

Le dije intentando zanjar sus intenciones de bailar con Marcela, pero el tipo siguió insistiendo.

-GONZALO: Sácate los zapatos Marcela! Mira cuántas mujeres lo han hecho!

Marcela me miró como esperando mi respuesta.

-MARCELA: Perdón Gonzalo pero no!

-DIEGO: No quiere bailar Gonzalo!

-GONZALO: Por favor! No puede ser que no haya podido bailar con nadie hasta ahora! No es forma de arrancar el año!

Y tomándola de la mano, la hizo poner de pie, y casi que la arrastró a la zona donde todos estaban bailando, me paré como para agarrarlo del brazo y que soltara a mi esposa, pero Marcela me miró como diciendo, "Perdón", y así fueron los dos a bailar.

Por supuesto no me hacía ninguna gracia, estaba yo que explotaba por dentro, pero tampoco era cuestión de montar un numerito delante de todos, aunque ganas no me faltaban.

Al llegar le soltó la mano y bailaron un momento separados, pero al cambiar de canción, se pegó a ella y la tomó de la cintura, Marcela apoyó su mano en el antebrazo de él, y empezaron a moverse al ritmo de la música.

El se acercaba y le decía algo cerca del oído, ella no respondió pero se sonreía.

Terminó esa canción, y bailaron también la siguiente, ya la sangre se me empezaba a calentar, deseaba que fuera Marcela quién terminara con todo aquello, pero viendo que la cosa seguía, me acerqué a ellos y tomando la mano de Marcela, la hice girar hacia mí diciendo.

-DIEGO: Con permiso!

-GONZALO: Aquí te la devuelvo Diego! Gracias Marcela!

Dijo con esa sonrisita que me pone de los nervios y dando media vuelta, se fue caminando hacia la barra.

-MARCELA: Perdón amor! No lo pude evitar!

Quizás fue por mi cara de mosqueo, que Marcela dijo aquello, y luego me tomó de la nuca con su mano y seguimos bailando.

-MARCELA: Con vos es con quién prefiero bailar, aunque me duelan los pies.

Y se abrazó a mi cuello, y la tomé de la cintura, bailamos varias canciones bien pegados, y luego abrazados volvimos a sentarnos.

Ya quería que terminara aquella fiesta, aunque la estábamos pasando muy bien, no soportaba tener a ese tipo cerca.

Estábamos sentados y en un momento se acercó Carolina, habló un momento con Marcela, y me dijeron que las esperara un momento.

Fueron hacia el interior de la casa y yo me quedé conversando con uno de los esposos de otra amiga.

En un momento de la conversación, miré a la gente y no vi a Gonzalo, y eso me comenzó a inquietar, ¿estaría dentro de la casa también?

Casi media hora después, volvieron Marcela y Carolina desde dentro de la casa, y cuando se sentó a mi lado, me contó lo que le había mostrado Carolina dentro de la casa, habían hecho junto a su cuarto, una habitación según me dijo, para jugar con Martín, toda forrada en cuero rojo, con una enorme colchón a poca distancia del piso como de cuatro metros por cuatro metros, unos grandes sillones también rojos uno a cada lado de esa cama, luces de colores, un mueble con bebidas y “juguetes” y espejos en las paredes y el techo.

Cómo se ve que les sobra el dinero pensé!

A eso de las cinco de la mañana, nos volvimos para casa, dejé de lado lo que había pasado con Gonzalo, quería llegar a casa y hacer el amor con Marcela, tal como lo había imaginado, quitarle su bombachita, y hacerle el amor con ese vestido puesto.

Antes de subir al auto, Marcela ya se había sacado los zapatos, y de camino fuimos comentando la fiesta.

-MARCELA: Hermosa fiesta ¿no?

-DIEGO: La verdad que sí, salvo por un pequeño detalle…

-MARCELA: ¿Cuál amor?

-DIEGO: ¿Cuál va a ser? Gonzalo! ¿Tiene que estar en todos lados?

-MARCELA: No pienses en eso amor! Olvidate!

Entramos en casa, la abracé y la besé apasionadamente, metí las manos por debajo de su vestido, y le bajé lentamente la tanguita.

-MARCELA: Qué impaciente está mi amor esta noche!

-DIEGO: Imaginé toda la noche, llegar a casa y hacerte el amor con ese vestido puesto, estás muy sexy con él!

Ni siquiera llegamos a la cama, cuando mi mano llegó a su vulva, ya la encontró bien húmeda ya, ¿venía tan excitada como yo?

Se sentó en el sillón, y levantándole el vestido, mi boca fue directamente a su entrepierna, sacándole el primer orgasmo con mi lengua.

Sin sacarme el traje, me desprendí el pantalón me lo bajé y me senté en el sillón, haciendo que ella se sentara directamente en mi erección.

Me cabalgó deliciosamente, le desaté las tiras del vestido dejando sus tetas al desnudo, se las besé y chupé sus pezones mientras ella se movía sobre mí, y en el momento que tuvo su segundo orgasmo, eyaculé en su interior.

Después de eso, nos fuimos a la cama, nos sacamos toda la ropa, y nos dormimos desnudos y abrazados.

A pesar de esa sombra, qué significaba para mí la cercanía de Gonzalo, la relación con Marcela seguía cada vez mejor.

Este verano, nos fuimos la última semana de enero a Mar del Plata, y pasamos unos días estupendos.

En el mes de febrero volvimos a la normalidad, Marcela volvió a trabajar en la distribuidora, y yo en el estudio.

Desde que no estaba mamá, las cosas en el estudio se venían complicando un poco, sobre todo en las licitaciones y los contratos, ya que mamá era la encargada de todo aquello.

Muchas veces le dije a papá que yo me podría encargar de todo eso, que poco a poco me podría ir poniendo al tanto de lo que hacía mamá, pero mi padre es un poco terco en esas cosas, y le costaba delegar esas responsabilidades, aún siendo yo su hijo, y pensando en que en algún momento él dejaría de trabajar, yo quería estar al tanto de todo, en ese momento sería yo quien llevaría las riendas del estudio.

Nuestra situación económica, no era holgada, ambos teníamos nuestros salarios, lo que no nos permitía grandes cosas, y Marcela siempre me decía qué en el momento en que mi padre se retirara, y quedará yo a cargo del estudio, nuestra vida podría ser mucho más holgada, y que por fin nos podríamos dar los gustos, sobre todo los de ella.

En esa época además del gimnasio, empezó clases de tenis con su amiga Carolina, los lunes, miércoles y viernes, iba al gimnasio y los martes, jueves y sábados por la mañana, iba al club de tenis.

Las cosas en el estudio seguían sin andar del todo bien, habíamos perdido una importante licitación provincial, y el trabajo se resintió bastante.

Uno de los empleados más antiguos del estudio, tuvo un entredicho con mi padre por temas de trabajo y la relación entre ambos se fue tensando hasta que mi padre decidió despedirlo.

El despido significaba la indemnización de los años de trabajo, pero la cosa no quedó allí, y el ahora ex empleado, le hizo un juicio a mi padre, por algunos años que había trabajado sin estar declarado legalmente como empleado.

El abogado de mi padre, lo convenció de que llegara a un arreglo monetario con el ex empleado, para no llegar a una instancia judicial, qué sabiendo de antemano que la iba a perder, le significaría un tiempo después, un montón de dinero mayor. Eso, sumado a la indemnización, diezmó el capital del estudio, haciendo tambalear la continuidad de los trabajos.

Unos meses después, y viendo que la situación del estudio no repuntaba, mi padre decidió venderlo, en esta oportunidad, sin siquiera habérmelo consultado.

Por un lado lo entendí, el estudio sin mamá no era lo mismo, y supongo que tendría miedo que las cosas vayan para peor, y quedarse a su edad, con una mano atrás y la otra adelante.

Con el dinero de la venta del estudio, pago a los empleados qué decidieron no seguir trabajando con el nuevo dueño, todo lo que les correspondía, incluido a mí.

En los últimos tiempos, me había interesado por la parte tecnológica del estudio, era yo quién se ocupaba de la instalación y mantenimiento de todas las computadoras y los equipos gráficos, con esos conocimientos, ya conseguiría trabajo en algún otro lugar.

Cuándo Marcela se enteró de la venta del estudio, le cayó muy mal, y la tuve que frenar, cuándo empezaba a hablar mal de mi padre, más allá de que tampoco estaba contento con la venta del estudio, seguía siendo mi padre y dueño de hacer con sus bienes lo que él decidiera.

La relación entre nosotros, por primera vez estaba algo tensa, con Marcela diciéndome, que por culpa de mi padre, tendríamos que cambiar nuestro estilo de vida.

Yo le dije que no se preocupara por eso, qué con mis conocimientos podría conseguir algún buen trabajo en otro lugar.

Con el dinero que había recibido de mi padre luego de la venta, nos pudimos mantener algunos meses, en los cuales estuve buscando algún otro trabajo, pero no lograba conseguir uno, en el que por lo menos ganará lo mismo que con mi padre.

Casi tres meses después, conseguí un trabajo cómo dibujante digital en un estudio de arquitectura e ingeniería, entraba a las nueve de la mañana, y salía a las cuatro de la tarde.

El sueldo no estaba mal, pero no llegaba a mi salario anterior, y fue entonces cuando comencé a hacer trabajos particulares reparando computadoras y equipos gráficos.

Esos trabajos los hacía luego que salía del estudio, con lo que algunos días llegaba a casa, casi a la hora de cenar.

Fue una época bastante extraña, sobre todo en la relación con Marcela, como que no perdonaba a mi padre por haber vendido el estudio, y por haber cortado su ilusión de ser los dueños y vivir una mejor vida.

Marcela seguía con su vida, gimnasio, clases de tenis, todos los meses ropa nueva, y las salidas con sus amigas, que poco a poco se fueron incrementando, antes era un par de veces al mes, pero en este último tiempo, salían todas las semanas, incluso algunas veces, también los sábados en la noche, que siempre era el día de nuestras salidas.

Con compañeras del gimnasio, amigas de la facultad, compañeras de trabajo y de la escuela de tenis, siempre tenía alguna ocasión para salir con sus amigas.

Las salidas de los viernes, solían ser las más extensas, lo normal era que volviera a las dos o tres de la mañana, no así la de los sábados, en qué solía llegar como muy tarde a la una de la mañana.

Poco a poco fui consiguiendo más clientes particulares, lo que hacía que por semanas, tuviera que trabajar todos los días al salir del estudio, incluso hasta algunos sábados por la mañana.

Luego del cambio de trabajo, nuestra relación no volvió a ser la misma, el vernos la mayoría de los días, tan solo por las noches, hizo que compartiéramos mucho menos, aunque nuestro nivel de vida seguía siendo el mismo.

Uno de los aspectos que más se resintió en nuestra relación, fue nuestra intimidad.

Era normal que cuando salíamos a cenar los sábados por la noche, al volver nos hacíamos el amor, pero las noches en que ella salía con sus amigas, al volver, a pesar de que a veces la esperaba despierto, no conseguíamos encontrarnos sexualmente.

Ese tema me empezó a preocupar, el sexo no lo es todo en una pareja, pero para mí es una parte importante, lo considero una conexión especial entre dos personas que se aman.

Hacía tiempo que no sobrevolaba sobre mí, el fantasma de Gonzalo, pero fue un sábado en la mañana, en qué al terminar un trabajo fui hasta el club de tenis a buscar a Marcela para almorzar juntos, y encontrarme el auto de Gonzalo en el estacionamiento del Club, ¿tan chica es la ciudad, para que venga al mismo club de tenis que Marcela?

Me cayó tan mal ver el auto de ese tipo allí, que decidí no esperar a Marcela y volverme para casa.

Y mayor fue mi sorpresa, cuando vi desde la ventana del comedor, qué el auto de ese tipo paraba en la puerta de casa, y de él bajaba Marcela.

¿Desde cuándo este tipo iba a jugar al tenis allí? ¿Y desde cuándo traía a Marcela a casa luego de sus clases?

Me sentí un pelotudo, sin saber qué hacer, ¿le preguntaba a Marcela por Gonzalo? ¿O esperaba a ver si ella me lo contaba?

Siempre me decía Marcela, que luego de las clases, era Carolina quién la traía hasta casa, ¿me contaría esta vez que la había traído Gonzalo?

Decidí esperar a que ella me lo contara, las cosas venían tensas entre nosotros, y no quería generar una situación de conflicto, ni parecer un marido inseguro.

Antes de que entrara en el departamento, me metí en la ducha, cuando salí de bañarme, estaba en la cocina tomando un poco de agua y mirando su teléfono.

-DIEGO: Hola mi vida! ¿Cómo le fue a mi Navratilova hoy?

Y en un tono no muy común en ella, sin siquiera responderme el saludo, me dijo:

-MARCELA: No me cargues Diego! Sabés que estoy aprendiendo!

-DIEGO: No te estaba cargando! Era tan solo una forma de preguntarte cómo te había ido!

-MARCELA: Bien! como siempre!

-DIEGO: No era para que te enojes!

-MARCELA: Bueno! Mejor así!

Y luego de decir eso, se fue para nuestra habitación, y minutos después, la escuché entrar al baño.

Me puse a preparar algo para almorzar y la escuché salir del baño e ir para nuestra habitación.

Cuando volvió a la cocina, venía cambiada, peinada y maquillada.

-DIEGO: ¿Salís? ¿No almorzar aquí?

-MARCELA: Quedamos con las chicas para almorzar! Vuelvo en un rato!

Se acercó a mí, me dio un frio beso en los labios y se fue.

Continuará…

Continúa en