Mi Judit. Acto I Cap. 1
Agustín sabe que Rodri es un problema, pero no imagina que el pasado de Nerea esté tan vivo. Entre la lujuria de su novia y la presencia del ex, la noche promete ser más que una simple cena.
Acto I Capítulo 1
-¿Qué quieres decir amor, cómo que retomar el contacto?- Preguntó Fran.
-Coño pues eso… Rodri me ha dicho de quedar algún día y tomar algo. Por los viejos tiempos- Respondió Nerea.
Yo permanecí callado. Estaba flipando. Y aguantar más a Rodri me apetecía lo mismo que una patada en los cojones. Pero no estaba con ganas de más bronca.
La que rompió el silencio fue Judit:
-Bueno, con todo lo que ha pasado antes… joder tía. ¿De verdad? ¿Y ahora?
-Ya bueno, yo qué sé. Tampoco lo vemos nunca, habrá aprovechado ahora para…
-No Nerea no. Digo que porque nos lo dices ahora. Tía… Quizás no es el momento. Quizás eh…
-Vale Jud, no te pongas así. Ya me he disculpado ya está. Y a Rodri se le habrán escapado sus tonterías y ya. No le demos más vueltas- Respondió Nerea.
-¿Y cuándo te lo ha dicho? No recuerdo que…- Decía Fran, pero su novia le cortó:
-Joder pues cuando fuiste a la barra, antes que estos dos bajaran.
-Ah ya… es que Agus tiene razón en que es bastante insoportable. No paraba de hablar de él y de sus mierdas. Apenas le hacíamos caso- Dijo Fran finalmente.
-Bueno, que le den por culo a ese. Nos vamos- Dije yo, queriendo tanto dejar de hablar de ese tío como evitar que Nerea pudiera dar pie a alguna sospecha de lo ocurrido en el baño.
Nos despedimos rápidamente y me fui con Jud hacia el parking. De camino, me dijo:
-Al final lo de irte con tus padres…
-Nada, era el calentón- Dije.
-Ya ya… ahora el calentón es otro eh jajaja- Me dijo ella, dándome una palmada en el culo.
-No me tientes que te dejo sola… a ver quién te da lo tuyo- Le dije, riendo.
-Bueno pues quizás Ro… Robo un consolador y listos- Soltó Judit.
Me la quedé mirando extrañado, sin hacerle demasiado caso. Ella me besó apasionadamente y ya en el coche, nos dirigimos a casa.
Nuestro sueño era comprarnos un pisito en Madrid. Pero era una tarea más difícil que hacer el pino sin manos. Así que decidimos alquilar uno en las afueras. Fue nuestra segunda residencia desde que vivíamos juntos, ya que la primera fue un piso compartido con Fran y Nerea. Apenas estuvimos un par de meses, convivir con la novia de Fran era inaguantable.
-Por fin en casa… vaya día- Dije, resoplando y acostándome en el sofá.
-Pues recupera energía que en nada voy a por ti- Me miró picarona Judit, quitándose rápidamente el vestido y yendo hacia el baño.
La imagen de su gran culo, solamente cubierto por un pequeño tanga, me volvía tan loco como el primer día.
Judit volvió y la vista no hizo más que mejorar. El sujetador negro apenas cubría la mitad de sus enormes pechos. Verla en sujetador ponía directamente duro a cualquiera. Pero cuando se lo quitó y dejó sus tetas en libertad, cayendo con todo su peso, mi polla dio un respingo. Había observado ese movimiento infinitas veces. Y aún así, ese bote que hacían al liberarse, ese ligero bamboleo por el andar de Judit, me ponían a tono.
Y mi novia seguía acercándose, llegando a mi posición y subiendo a horcajadas sobre mí. Entonces me susurró:
-¿Ya toca no?
Yo simplemente asentí y me dejé hacer.
Judit se tiró atrás levemente y me empezó a quitar los pantalones. Nuestra vida sexual era bastante buena, pero como todo en la vida, mejorable.
Mi novia era insaciable y aunque yo no me quedaba atrás, quizás por la rutina o por el trabajo, mis ganas habían disminuido un poco. Sin apenas darnos cuenta habíamos pasado de hacer el amor dos o tres veces al día, a echar un polvo rutinario antes de dormir y poco más.
-Ufff- Fue lo único que salió de mi boca, cuando Judit ya empezaba a masturbarme con sus suaves manos.
Yo también me quité la camiseta, quedando así completamente desnudo salvo por las bambas. Judit seguía poniendo duro mi pene con sus manos, ese que tantas sesiones de placer le había dado. Un pene de tamaño estándar, quizás algún centímetro superior a la media. Nunca me lo había medido. Nunca tuve quejas ni complejos, así que estaba satisfecho. Obviamente los había visto de más largos y gruesos en muchas duchas, pero nunca entré en comparaciones.
-Ostia puta Jud… Me matas…
Y es que mi novia ya me la había puesto dura, por lo que había empezado a usar la boca. Nos conocíamos a la perfección, también en el sexo. Y ella sabía bien como hacerme un oral bien satisfactorio.
Agarraba la base de mi pene con su mano derecha, mientras con la izquierda me estimulaba los testículos. Mientras con la boca, subía y bajaba por toda la longitud de miembro. De forma lenta y suave. Sensual.
-Joder… ufff- Solté. Entre eso y mi cara, Judit sabía que estaba a punto. Tampoco tenía quejas de mi aguante, aunque era consciente que con ella quizás me costaba más aguantar.
Tenía algo especial, ya no solo por su físico, que me ponía a mil en cada polvo. No importaban los cientos que habíamos echado, cada uno era intenso y espectacular. Y es que si con la boca ya me había dejado temblando, eso solo era un preludio de lo que estaba por venir.
Judit se apartó el tanga a un lado y volvió a subirse a horcajadas, clavándose mi polla entera sin previo aviso.
-Juuuud….joder espera.
No me hizo ni caso, empezó a subir y bajar lentamente. Si seguía así, no duraría nada.
-Jud para… ¡Jud en serio!
-Vaaaale, tómate tu tiempo- Dijo finalmente ella, subiendo y dejando mi polla al aire.
-Ya sabes que solemos jugar un poco más… tu coño…
-Ya ya… claro que lo sé. Me ha venido así, me apetecía cabalgarte. Aunque no aguantes mi ritmo tsss- Me dijo riendo, mientras se acostaba en el sofá y se terminaba de quitar el tanga.
-Nadie puede seguirte Jud, me has reventado con la boca jajaja- Respondí, acercándome a ella y besándola.
-Tienes razón… mmm… Es que me he alargado un poco con la mamada- Me decía entre besos
-Tus mamadas deberían ser eternas- La besé en el cuello y me abalancé hacía su coño.
-Ahh… Sí amor…
Empecé a devorarlo con ansia, aunque no era mi acto favorito. Prefería mil veces más recibir sus atenciones, penetrarla o incluso devorarle esos tetones. Pero necesitaba recuperarme un poco y darle placer a ella.
-Ufff así así sigue- Exclamaba Jud, mientras yo seguía moviendo mi lengua por su rosado coño. Ambos teníamos nuestras partes casi siempre totalmente depiladas, a excepción de alguna época en la que nos descuidábamos un poco. Pero disfrutábamos más del sexo de esta forma.
Su coño lucía increíble, sin un pelo y lubricando tanto por si mismo como por mi saliva. Lo seguía devorando, haciendo movimientos con la lengua y observando de reojo como Judit cerraba los ojos y se mordía los labios.
-Bueno, me toca- Dije, dejando mis artes orales y poniéndome de pie.
Mi novia, con las mejillas rojas del placer y mirándome con una gata en celo, me dijo:
-¿No quieres que… te cabalgue?
-Me apetece follarte viendo tu culo, ven aquí- La cogí rápidamente por los hombros, la giré y la tumbé sobre el sofá.
-Ehh… jajaja. Cómo se nota que haces fuerza en el gym eh- Dijo Judit.
-Tss que te pensabas- Dije, satisfecho por sus palabras.
Ella, totalmente estirada boca abajo, se alzó un poco y se puso a cuatro patas:
-Venga, ya tardas…
Me abalancé hacia ella y lo primero que hice fue amasar su culo.
-A ti también se te nota eh…
-¿Te gusta así? ¿O mejor antes?- Me preguntó. Yo seguía amasando sus nalgas. Primero una, después la otra, después ambas a la vez. Mis manos no abarcaban ni en broma esas grandes masas, por lo que las pasaba por toda su superficie y de vez en cuando apretaba con fuerza.
-Tu culo siempre ha sido una delicia Jud, aunque sí se te nota más firme- Le dije mientras le besaba el cuello, sin dejar las atenciones a su trasero.
Mientras también le restregaba mi polla por su raja, hasta que ella no aguantó más:
-Venga amor… fóllame joder.
Dicho y hecho. Me incorporé un poco más, me la sujeté y la metí de un solo empujón.
-Pfff, dameee- Seguía bufando ella.
Entonces dejé de atender su culo y desde esa posición le agarré las tetas. Con Judit a cuatro patas, la caída que tenían era espectacular. Dos auténticos misiles de infinita longitud. Nunca me cansaba de esas vistas. Y menos de su tacto.
-Sí… sabes cómo me gusta… sigue sigue- Decía Judit mientras yo empezaba a amasar sus enormes pechos.
Apenas podía amasar la base. Las apretujaba con suavidad, las subía y bajaba. Su maleabilidad era mi perdición. Estaba literalmente jugando con ellas, moviéndolas de todas las formas posibles. Y Judit, disfrutando de mis caricias y acometidas:
-Bfff… me las vas a gastar jajaja… sigue joder.
Vaya que si seguí. Aceleré el ritmo de mi penetración, mientras empezaba a jugar también con sus pezones.
-Diosss… Así así…
Judit no era mucho de gritar en el sexo. Gemía como cualquiera, sobre todo cuando se corría. O en momentos puntuales, así como sus suspiros y ruidos similares. Y solo gritaba cuando estaba muy muy cachonda. Por suerte para nuestra privacidad, porque las paredes de esa casa eran de papel y no hacía falta cabrear a los vecinos.
Aunque uno de sus puntos débiles eran sus pezones, hiper sensibles. Cuando se los retorcía con más ímpetu de lo normal, Judit no podía evitar gemir:
-AHH… para para…bfff cabrón. No me hagas gritar cabrón…
Sabía que si seguía apretando sus pezones, mi novia llegaría a la fina línea que separa el dolor del placer máximo. Pero decidí dejarlos y seguir amasando sus tetas.
Estaba otra vez a punto de correrme, así que decidí salirme de su interior. Judit se tumbó boca arriba y yo me lancé sobre ella, devorando su boca.
Mientras, amasé sus pechos con mis manos durante varios segundos. Después, empecé a besarle el cuello y usé mi mano derecha para masturbarla.
-Sigue así… ah ah sigue sí…
Hice caso a sus súplicas y aceleré el ritmo de mi masturbación. Con mi mano izquierda, seguía amasando su pecho izquierdo, bajando también lentamente hacia su barriga y volviendo a subir.
Tras un par de minutos así, aun sabiendo el riesgo de ese movimiento, me puse encima de ella en posición de 69. El riesgo era que mi aguante estaba al borde de romperse. Aún así, me apetecía. Y me había recuperado un poco, por lo que no dudé en guiar mi polla hacia su boca a la vez que empezaba a devorarle el coño.
-Mmm glp glp glp
Entre las habilidades succionadoras de mi novia y esos ruidos que hacía, apenas tardé un par de minutos en estar al borde el orgasmo.
-Juud… Juuuud para para para- Le dije, apartando rápidamente su coño de mi boca.
Esperaba que ella hiciera lo mismo con mi pene, pero para nada. Apretó bien fuerte mis glúteos con las manos y se la metió entera, aguantando así unos segundos. Mientras, movía la lengua por donde podía. Y el que no pude más fui yo:
-OSTIAAAAAAAA AHHHH AHH… joder…ah
Ambos nos recompusimos en el sofá. Vi como Judit me miraba, sonriendo. Me guiñó un ojo, abrió un poco la boca. Vi ahí dentro todo mi semen. La volvió a cerrar. Tragó. Y la volvió a abrir. Boca vacía.
-Deberías verte la cara, tonto jajajaja.
-Me matas Jud… me matas. Y estás para hablar de caras… estás… joder te follaba mil veces- Respondí.
-Eso espero campeón. Te doy 5 minutos, que aún no me he corrido. ¡Este coño no se va a mojar solo!- Se dio unas ligeras palmadas en sus partes, a la vez que se estiraba en el sofá y consultaba su móvil.
La imagen de mi novia espatarrada en el sofá, abierta de piernas y toda sudada. Con el cabello despeinado, las mejillas sonrosadas y una pequeña gota de semen cayendo por sus labios. Con ese panorama, no tardé demasiado en volver a estar listo para el segundo “Round”.
Los polvos con Judit eran así. Intensos, esporádicos, morbosos. Hacía lo que quería cuando quería. Disfrutaba del sexo del primer al último segundo. Cualquier técnica, cualquier pose. Daba igual, lo que surgiera. Con ella cada sesión de sexo era como un huevo sorpresa, no sabías qué te iba a tocar. Y yo encantado.
No había perdido el apetito sexual, pese a que llevábamos ya 7 años de relación. La empezamos cuando ella tenía 21 y yo 23. Y Judit seguía siendo la misma máquina sexual del primer día. Rozando la ninfomanía quizás, pero la satisfacía siempre que tenía ganas, por lo que no era ni mucho menos un problema para mí.
Solamente la rutina, estrés del trabajo y falta de tiempo libre, nos privaban de estar todo el día copulando como conejos. Días de un polvo, días de dos, de tres… Si uno tenía ganas lo decía. Y el otro casi nunca decía que no. Y si decíamos que no, sabíamos que realmente no había ganas y sería mejor dejarlo para el día siguiente. Sin enfados ni reproches. Una vida sexual plena.
-Bueno qué, dejarás de mirarte el pito y me empotrarás o…
-Qué sí joder ya estoy “ready”- Respondí.
Judit se quedó tumbada boca arriba. Yo, me puse encima de ella y la penetré, empezando con un ritmo suave. Volví a amasarle los pechos y la barriga. A besarle el cuello, mientras seguía follándomela con un ritmo pausado.
-Siii… así así… como me gusta… siii.
Callé sus suspiros con un largo morreo, para después comerle ambas tetas. Primero la izquierda, después la derecha. No me cabían en la boca ni en broma, pero me centraba en sus pezones y hacía círculos con la lengua para darle mucho placer.
Mi novia era muy sensible a todo eso, así que lo aprovechaba al máximo para complacerla y avanzar su orgasmo. No es que tuviera prisa, al contrario. Me pasaría horas follando con Judit. Pero el aguante de uno no es infinito.
Seguimos así unos minutos, intercambiando besos y caricias. Y manteniendo el ritmo de la penetración. Hasta que finalmente Judit se masajeó un poco el clítoris con mi polla aún dentro.
-Ah… AHHHH AH AH AH AHHHHH… JODERRR JODERRR AAAAAAAAHHHH ufffff…
Tras correrse, se quedó unos segundos con la mirada perdida. Yo disminuí mi ritmo para no correrme, ya que sabía lo se venía.
Y acerté, ya que Judit me la sacó de su interior, me empezó a morrear y dimos un giro en el sofá. Me empujó, dejándome estirado boca arriba. Se subió encima y se la metió en un instante. Y empezó a cabalgar como si no hubiera un mañana.
Yo ya estaba fuera de mí, intenté agarrarle el culo pero en pocos segundos empecé a bufar como un loco. Yo la conocía bien a ella, pero ella a mí igual. Vio mi reacción y se salió rápidamente, terminando con una paja descomunal que me hizo ver las estrellas. Parte del chorro fue a su cara, cuerpo y manos. Y otra parte al sofá.
-Bueno, pues habrá que limpiar jajaja- Dijo Judit, tras sentarse y leer el móvil.
-Primero deja… deja que resucite- Respondí.
-Jajajaja. Por cierto Nerea dice que…
-Ya verás…
-¡Calla tonto! Dice que mañana que es viernes podemos salir por ahí o algo…- Judit me contaba eso, mientras seguía tecleando en el móvil.
-¿Pero nosotros cuatro?
-Bueno… cinco si contamos a Rodri.
-¿Estás de coña no?- Dije, mirándola de reojo.
-Es brooooma. Los de siempre. Bueno Núria… y Marcos pues no obvio. Pero los demás. ¿Qué le digo?
-Está bien, dale- Dije finalmente, sin reírle la gracia.
Solíamos hacernos muchas bromas. Teníamos un gran sentido del humor. Pero el encuentro con Rodri no me había sentado nada bien. Y a veces Judit no sabía cuando parar.
…
Al día siguiente, recibimos grandes noticias del hospital. Núria nos llamó por la tarde para decirnos que Marcos ya estaba algo mejor. La intervención había ido bien, pero sobre todo el tratamiento estaba dando su efecto. Quedamos en que el sábado pasaríamos los colegas juntos a verlo.
-Otra vez aguantar al tonto a las trece…- Dije a mi novia por la noche, cuando nos estábamos arreglando para salir.
-¿Marcos?- Dijo Judit en broma.
-Ya sabes a quién me refiero…
-Quítatelo de la cabeza, tonto. No entiendo tanta obsesión. ¿Es porque es mi ex? ¿Por sus comentarios de ayer? No sabía que tenías la piel tan fina.
-No es eso Jud, ya lo hablamos. Es que sus aires… no sé. Me pone de mala ostia- Respondí, mientras me ajustaba el tejano que había elegido, de un azul similar a mi camisa.
-Tiene la polla pequeña, si es eso lo que te preocupa- Soltó ella, aun en pelotas enfrente del armario, intentando elegir las prendas.
-Juuuuuud…
-Es broooma. Pero es verdad que tiene el pito enano.
-Que me la pela su polla. No voy por ahí. No le soporto, sin más. Tenemos un grupo muy sano y ese tío me da malas vibras- Respondí.
-“Malas vibras” jajaja que modernito. Tú ni caso amor. A parte seguro que ni coincidimos. Lo del otro día fue una casualidad- Decía Judit, cuando finalmente encontró un conjunto de ropa interior negra que le convenció.
-Dios te oiga… como te gusta el negro eh.
-Pues sí… y la lencería también jajajaja- Dijo Judit, sacándome la lengua.
-Diez años mentales, confirmado.
-¿Qué te parece este vestido rosa? Muy llamativo quizás… muy escotado- Decía mi novia, con varias prendas en sus manos.
-Te puedes poner el mantel de la mesa de mi abuela de 20 sillas que seguirás enseñando las tetas- Me senté en la cama y empecé a toquetear el móvil, esperando a que Judit terminase de vestirse.
-Ja ja. Pero bien que te gustan… Pues nada decidido el vestido verde esmeralda.
-¿No querías el ros…
-Que te calles. Si tampoco me estás mirando- Me cortó Judit. Y tenía toda la razón. Estaría espectacular con cualquier prenda. Y no me preocupaba que fuera más o menos llamativa. Yo también luciría ese cuerpazo en su lugar.
-Recuerda que vamos a tomar algo… tampoco vamos a la boda de tu prima eh.
-¡Que sí tonto! Pero para un viernes noche que salimos…jolín. Con tanta vida adulta llegamos al viernes hechos polvo y ya nunca hacemos nada- Tras decir aquello, Judit se puso los tacones. Ya faltaba menos.
Tenía razón en que cada vez, con el paso de los años, salíamos menos. Aún así, era algo natural por la edad, trabajo, gustos, etc. Tampoco es que fuéramos muy fiesteros, pero en nuestra época universitaria sí que había bastante descontrol.
Tras esa etapa, con amistades yéndose a otras ciudades o simplemente desapareciendo por mil motivos, se formó el grupito definitivo. Un grupo con el que nos íbamos muchas vacaciones juntos, quedábamos algunas tardes para tomar algo y algún que otro fin de semana para ir a la discoteca.
Núria era la menos asidua a quedar, sobre todo por su trabajo. Aunque su marido Marcos, por suerte, sí que solía venir a todo. Era mi gran apoyo y nos entendíamos muy bien. Le iba a echar mucho en salta en su tiempo en el hospital.
Después Nerea y Fran, que se apuntaban a literalmente todo. Y finalmente Judit y yo, que también solíamos salir siempre que podíamos.
Estas 3 parejas formábamos el núcleo del grupo, aunque también había otros miembros algo menos asiduos.
-Amoooor, ¿Cómo estoy?
-Follable- Respondí.
-Sigues sin mirarme… tú a lo tuyo eh… paso.
-Juuud qué quieres que te digas… estás fenomenal como siempre- Me levanté de la cama y le di un largo morreo.
-Eso, tú jódeme el color de los labi…
La interrumpí dándole un azote en el culo y me dirigí a la puerta.
-Ya verás cuando volvamos… Sentí a lo lejos. Me reí por dentro, deseando regresar a casa para follármela.
Bajamos al parking y subimos a mi coche, el único que teníamos. Una chatarra de segunda mano, pero que cumplía con nuestras necesidades. Solamente lo usaba yo para ir a la oficina. O para nuestras salidas con amigos y demás. En cuanto a Judit, aunque tenía carné de conducir, una compañera de trabajo llamada Juana vivía cerca y siempre la llevaba. Y cuando no coincidían, tenía el transporte público.
Mi novia curraba gestionando redes sociales de varias empresas, así que muchas veces podía incluso trabajar desde casa. No tenía el mejor sueldo del mundo, realmente muy pocos licenciados podían ganarse bien la vida en esa época. Pero entre ambos sueldos podíamos pagar bien el alquiler y los gastos, sin grandes lujos pero llegando a fin de mes.
Llegamos al bar que solíamos frecuentar, aparcamos y nos encontramos con Arturo, otro colega del grupo.
-Qué pasa Arturito… cuánto tiempo…
-Ostia colega, te veo muy Agustín jajajajajaja- Nos chocamos la mano y después Judit le dio dos besos.
Arturo era el más alto de todos. Alrededor de 1,90. No estaba muy gordo, pero no era ni mucho menos delgado. Su vida sedentaria se le notaba. Y con el pasar de los años, aún iba a peor. Aún así, supongo que por la altura, no daba esa sensación de obesidad. Tampoco era muy agraciado en sus rasgos faciales, algo brutos. Pero era un trozo de más y el más cachondo de todos. O si no el primero, el segundo.
Porque justo detrás venía Paco, el verdadero “showman” del grupo. Paquito como le solíamos llamar. Muy originales los apodos.
-¿Cómo estás mi alma?... Ostia creo voy tan pedo que veo doble illo.
-Pero qué dices Paquito, es que vengo con Jud- Respondí.
-Por eso illo por eso, que veo a cuatro HAHAHAHAHA.
-Tan tonto como siempre- Soltó Judit, sonriendo.
Terminamos de saludarnos y fuimos dentro del bar.
Paco, a diferencia de Arturo, podía ser algo cargante. Su carácter andaluz se dejaba notar, era imposible que se tomase nada en serio. Al contrario que su novia, Patricia. También andaluza, pero mucho más serena y calmada. Trabajaba en otra ciudad, por lo que no la solíamos ver tanto.
Ambos eran muy guapos, eso sí. Paco tendría mi estatura, aunque con más masa corporal. Espalda ancha, se notaba la natación que practicó durante muchos años. Y con un físico bien cuidado, con unos brazos bastante anchos también. Y de cara bastante atractivo. Con su pelo moreno engominado, su perilla y unos ojos azules que destacaban en su rostro.
Pese a su buen físico, belleza y arte, su novia Patricia no era tan agraciada. Sin llegar al 1,60 pero pesando lo mismo que su pareja. Su vida sedentaria se le notaba claramente. Tampoco tenía el rostro más bello posible. Pero era simpática.
-¿Dónde te has dejado a la Megan Fox?- Le dije, una vez sentados en la mesa.
-Me cago en tos tus muertos Agustín jajaja. No todos podemos tener este pibón ya lo sé… no me lo eches en cara- Me dijo Paco, cogiendo la mano de Judit y dándole un beso a la misma.
-A mi no me toques bicho- Respondió ella en broma.
-Qué sosa eres mi vida… y nah la Patri en su casa viendo la tele o yo qué sé. Otra sosa.
-Joder Paco, como te oiga…- Le respondió Arturo.
-¡Que te calles tú también! Y a ver si te echas ya parienta que debes tener la mano derecha… ay esa mano…
Todos nos reímos tras ese comentario de Paco.
Estuvimos un rato de charla y bebiendo unas copas, hasta que Judit dijo:
-¿Y los demás? Porque fue Nerea la que me dijo de quedar.
-Yo qué sé morena, yo he venido por las cervezas no por Nerea jajaja- Respondió Paco.
-Bueno… porque está ocupada que si no… Dije yo, a lo que Arturo añadió:
-Más bien porque está muy por encima del nivel de Paco jajaja, lo otro es secundario.
Volvimos a reír todos, mientras esperábamos la llegada de la pareja restante.
-¿Te acuerdas de la tía esa… la pelirroja esa que estaba con el tontainas? ¿Cómo se llamaba?- Preguntaba Paco.
-Pff… no sé… Dije.
-Sí illo, esa que estaba tan buena en la uni, con curvas. “Mu” blanquita ella. Creo que tenía nuestra edad… o quizás algo menos. Iba algún curso por abajo. ¿No te acuerdas Judit?- Le preguntó Paco.
-A mí no me liéis, que en esa época yo estaba con otra gente.
-Ay es verdad chiquilla, que eres una impostora jajaja- Respondió Paco.
-Lo que no sé es como nos sigue aguantando… como sería el otro grupo para que prefieras este- Añadió Arturo.
-No os subáis tanto… lo hago por este de aquí. Que yo con los otros estaba de perlas- Decía Judit, señalándome y dando otro sorbo a su cerveza.
-Bueno… menuda panda también… suerte que los apartaste Jud- Le dije yo, consciente del tipo de amigos que tenía mi novia en la universidad y lo poco que le convenían.
-Que sí que tus amigos me importan tres pepinos, ¡Yo estaba hablando de la pelirroja esa!-Chilló Paco, en broma.
-¿Aina?- Dije yo.
-Joé… creo que sí. Marcos y Núria sí la conocían más, ya les preguntaré por el nombre. El caso, resulta que me he “enterao” que…
-¡Qué pasa familia!- Escuchamos una voz detrás de nosotros, que cortó la anécdota de Paco.
Nos giramos de golpe y ahí estaba Rodri, cogiendo a Nerea por la cintura.
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