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Historias del complejo turístico (42)

Juan creía que la distancia era su única salvación, pero Ana no se conforma con los mensajes. Cuando ella aparece en su puerta con una mochila y una confesión, el tiempo se detiene. Esta noche, el amor que esperaron tanto finalmente se hace carne.

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La historia de Juan Segundo

Capítulo 6

Y segundos después, la escuché gritar.

-ANA: Hijo de puta! Yo llamándote como una pelotuda con el tobillo hecho mierda, y vos en nuestra cama con la puta de mierda esta!

-ANALIA: ¿A quién le decís puta de mierda?

-LORENA: Vos callate la boca pelotuda, porque te bajo todos los dientes!

-RICARDO: Ana! Escúchame!

-ANA: No te escucho una mierda hijo de puta! Se van los dos a la concha de sus madres!

-RICARDO: Ana por favor escúchame!

-ANA: Cállate forro de mierda! Sacame a esta puta de acá antes de que le arranque todas las mechas!

Y eso fue lo último que escuché, salí del departamento, y me senté en la escalera, un par de escalones más arriba, sin saber qué hacer.

Se seguían escuchando gritos, pero ya no entendía muy bien lo que Ana decía.

Decidí que ya nada tenía que hacer yo allí, y bajé por las escaleras hasta la planta baja, salí del edificio y subiendo a la moto, me volví para mi casa.

Imaginé que Ana, estaría viviendo un momento de mierda, pero nada tenía yo que hacer allí.

Unos minutos después, me llegó un mensaje.

-ANA: ¿Te fuiste Juanse?

-JUAN: Si Ana, creo que no tenía que estar ahí, es una situación de pareja, y no creí correcto estar en medio, además en un par de horas, tengo que ir a trabajar.

-ANA: Hubiera querido hablar un rato con vos!

-JUAN: Quizás en otro momento! Lamento lo que pasó, lamento mucho que te hayas encontrado eso!

¿Que si hubiera querido quedarme para abrazarla en esa situación? Por supuesto, pero ese momento era de ella y su relación con su esposo, no hubiera podido quedarme allí y decirle que ya lo sabía, qué hacía tiempo estaba al tanto de lo que ella se había enterado esa madrugada.

También hubiera querido apoyarla en ese momento por el tema de su tobillo, supongo que necesitaba de alguien que le diera una mano, y yo estaba dispuesto de mil amores, pero era un momento difícil, en qué ella tendría que tomar una decisión, y yo necesitaba estar al margen.

Durante todo el día estuve pensando en lo que pasó, no sabía cómo se resolvería la situación entre Ana y su esposo, si realmente Ana decidiría divorciarse, recordé en ese momento, que ella había dicho que no podría perdonar algo así.

El panorama había cambiado, si finalmente Ana se terminaba divorciando, quizás existiría la oportunidad de hacerle caso a Mercedes, pero no tenía bien en claro cómo resultaría todo, ni lo que pueda llegar a pasar por la cabeza de Ana luego del divorcio, si es que existía divorcio. El tiempo lo dirá.

Por lo pronto, seguiría manteniendo cierta distancia con ella, no sabía cómo se resolvería la cuestión.

Al salir del trabajo por la tarde, la llamé por teléfono para ver cómo andaba y le pregunté si necesitaba algo.

Me dijo que por el momento no necesitaba nada, y me comentó que había armado la cama de una plaza de la otra habitación, qué había sacado toda su ropa del placard y todas sus cosas de la habitación que compartía con su esposo, y que había cerrado la puerta dejándola cómo estaba.

Los días siguientes, le mandé mensajes interesándome por su tobillo, pero nunca hice alusión de lo que había pasado esa noche, ni de cómo había quedado la relación con su marido, y ella tampoco comentó nada sobre el tema.

Tenía mucho quilombo en mi cabeza, pero no quería pensar ni sacar conclusiones, en cada pareja la relación es muy particular, y no sería descabellado que la infidelidad, sea perdonada y vuelvan a estar juntos.

Pensando en eso, decidí dejar de escribirle, solo le contestaría si ella lo hacía.

El trabajo en el estudio iba muy bien, incluso cobré una parte de la comisión por la venta de una casa que yo había mostrado y aconsejado al comprador.

En el mes de julio, los socios del estudio, me llamaron para tener una reunión conmigo.

Cuando entré a su despacho, me dijeron que estaban muy conformes con mi trabajo, y que tenían pensado abrir una oficina en Pinamar, para comenzar a desarrollar proyectos allí, y como vivo solo, me ofrecieron ir a esa ciudad unos meses, juntos con tres compañeros más.

No tenía nada que me atara a Mar del Plata, bueno, en realidad sí, pero eso que me ataba, era justamente lo que hacía que me quisiera alejar de allí.

Les dije que si todo iba bien, tenía intenciones de volver a la facultad el año siguiente, y me dijeron que de ser así, podría volver a trabajar en Mar del Plata. Además, en Pinamar me ofrecieron un lugar para vivir, un departamento a dos cuadras de la oficina.

Acepté y los primeros días de agosto, me mudé a Pinamar.

Javier, uno de los compañeros, tenía una casita en Valeria del Mar, y allí se iría a vivir con Esteban otro de los compañeros.

Emilia, la otra chica, tenía una tía viviendo allí, y en un principio, iría a vivir con ella.

Había pasado una semana en la que habíamos dejado en funciones la oficina, los socios del estudio vinieron un día, y quedaron muy conformes, y ese día, hubo un servicio de lunch, a modo de inauguración de la sucursal del estudio en Pinamar.

Al día siguiente, después de un tiempo, me sorprendió un mensaje de Ana, yo seguía pensando en ella, pero había empezado a imaginar que el contacto poco a poco se iba a perder, el mensaje decía.

-ANA: Hola Juanse! ¿Cómo estás? Espero que muy bien! No sé si estás aun en Mar del Plata o la vida te ha llevado por otros lugares. Espero que todo vaya bien en tu vida y que el universo me dé alguna vez la oportunidad de volver a verte. Te extraño y te mando un beso enorme.

Para que decir que ese mensaje me trastocó la cabeza, no quise contestar en el momento, estaba en la oficina, a minutos de encontrarme con una persona para ir a mostrar una casa en venta.

Llegué al departamento pasada las cuatro de la tarde, y mientras me tomaba unos mates, me puse a pensar que contestarle, luego de ir y venir pensando que decir, le contesté.

-JUAN: Hola Ana! También espero que estés muy bien! Estoy viviendo y trabajando en Pinamar desde principio de mes. Muy conforme con el trabajo, y pensando en retomar la carrera el año próximo. Espero que todo en tu vida vaya bien, te lo merecés. Te mando un beso!

Leí varias veces el mensaje y sin dudarlo más, se lo envié.

Su respuesta fue inmediata.

-ANA: Como pasaron tantas horas, creí que no me contestarías, y en verdad eso me puso algo triste. En mi vida las cosas no van muy bien, pero bueno, quizás algún día te pueda contar.

Las cosas no iban muy bien en su vida, ¿qué significará eso? No había dicho nada más, y pensé, ¿qué hago, le pregunto o no le pregunto qué es lo que no va bien en su vida? ¿Hasta donde quería interesarme por lo que le estaba pasando?

No podía mentirme a mí mismo, en verdad quería saber si se había divorciado del tarado de Ricardo, y decidí volver a contestar.

-JUAN: ¿Ya estás bien del tobillo?

-ANA: El tobillo sí, de hecho volví al trabajo, y en este momento es lo único que me da alguna satisfacción en mi vida.

Seguía sin decirme nada de su relación con Ricardo, ¿se habría divorciado o seguiría con él? ¿Lo habría perdonado? Quería saber, pero no quería preguntar, pero decidí ser un poco más ameno.

-JUAN: Sé que pasaste por una situación difícil, y comprendo que te puedas sentir mal, a veces la vida te da un cachetazo cuando menos lo esperás y de quien menos pensás, pero te puedo asegurar que todo pasa, que el dolor que puedas sentir, también pasa.

Su respuesta llegó un momento después.

-ANA: Lo que pasó aquella noche, me enojó mucho y me dolió más todavía, no me esperaba una traición así, y lamenté muchas veces que hayas tenido que estar ahí. Pero también me di cuenta que solo me dolió la traición, el sentirme la estúpida del cuento, no sufrí el engaño como te tocó sufrirlo a vos, creo que en ese momento, me di cuenta de que lo que me mantenía junto a Ricardo, no era el amor que creí sentir por él, y de hecho, aunque el divorcio fue muy complicado, necesité cerrar esa etapa de mi vida, y analizar realmente lo que me estaba pasando.

-JUAN: Me alegro que no hayas sufrido tanto como yo, eso no se lo deseo a nadie, y te puedo asegurar que la vida te dará otra oportunidad de ser feliz.

-ANA: ¿A vos te la dio?

-JUAN: Creo que me dio una nueva oportunidad, pero la situación era muy complicada, pero bueno…, algo tendré que aprender de ello.

-ANA: Mientras me recuperaba del tobillo, me tomé una semana y me fui sola a Sierra de la Ventana, necesitaba volver a tomar control de mi vida, necesitaba fuerzas para volver a empezar. Y ahí me di cuenta de muchas cosas, me sinceré conmigo misma y me replanteé muchas cosas de mi vida.

-JUAN: A veces hay que tomar un poco de distancia de las cosas para verlas con un poco más de claridad.

-ANA: Y así fue! Tomar distancia me sirvió para darme cuenta que es lo que extraño y que es lo que necesito para mi vida. Pero al volver a la realidad, me encontré firmando el divorcio y enterándome que el que yo creí que me quería, tenía relaciones con su ex desde hacía mucho tiempo, y que además, no había pagado las cuotas del departamento, también que estafó a la empresa donde trabajaba y se fugó con ese dinero, supuestamente a Paraguay, y cómo si fuera poco, con la mujer embarazada.

-JUAN: Uff! Que joyita!

-ANA: ¿Cómo pude ser tan tarada?

-JUAN: No fuiste tarada! No tuviste nada que ver en las decisiones de él! Pero por lo menos pudiste darte cuenta!

-ANA: Y no solo me di cuenta de eso, y te digo en verdad, hoy es lo que menos me preocupa, por suerte pude saber lo que estaba pasando y al día de hoy, casi que me alegro de que así fuera.

-JUAN: Ahora toca barajar y dar de nuevo! Tu vida sigue y espero que de la mejor manera!

-ANA: Por cierto, ya he leído dos veces el libro, y en algún momento, me gustaría devolvértelo, sé que es importante para vos.

-JUAN: Tranquila! Es importante para mí, pero hay cosas más importantes, es tan solo un lindo recuerdo de mi madre!

-ANA: Y he leído una y mil veces la frase escrita en lápiz al final del libro, creo que eso es lo que me empuja a seguir adelante. ¿Lo escribiste vos?

Recordé lo que había escrito, y se me aceleró el corazón.

-JUAN: Así es!

-ANA: Es muy importante para mí esa frase!

-JUAN: Me alegro! Que sirva para seguir adelante, es lo único que importa.

-ANA: Espero verte algún día! Ya sabés donde vivo! Te mando un beso grande!

-JUAN: Que todo vaya para mejor en tu vida! Te mando un beso!

Se me volvió a complicar la cabeza, volvía Ana a estar al frente de mis pensamientos, y me di cuenta que mis sentimientos por ella, seguían intactos, intactos y con cierta esperanza.

Los días pasaban y no podía dejar de pensar en Ana, quería volver a hablar con ella, pero a la vez no quería hacerme ilusiones, pero los primeros días de septiembre, me volvió a llegar un mensaje suyo.

-ANA: Hola Juanse! ¿Cómo estás? Espero que muy bien! La última vez que hablamos, me quedé mal porque solo hablamos de mí, no te pregunté por vos y por tu trabajo.

-JUAN: Hola Ana! ¿Cómo estás vos? Mi trabajo…, aquí en Pinamar, en la oficina que el estudio de Mar del Plata abrió en agosto, en verdad estoy muy conforme, es un buen trabajo.

-ANA: ¿Y te mudaste definitivamente a Pinamar?

-JUAN: Sigo teniendo mi departamento de Mar del Plata, tengo pensado volver a la facultad el año que viene, sí todo va bien, claro!

-ANA: Qué bueno!

-JUAN: Ya veremos qué tiene el universo preparado para mí, pero por lo pronto en el estudio me dijeron que si retomo la Facultad, puedo volver a trabajar en Mar del Plata.

-ANA: Quizás cuando vuelvas a Mar del Plata, nos podemos ver algún día! Quiero devolverte el libro.

-JUAN: Tranquila, sé que está en buenas manos!

-ANA: Te cuento algo de mí, después del divorcio, y con las deudas que tenía el departamento, decidí venderlo. Saldé la deuda, y compré uno más pequeño, de tan solo un dormitorio. Me pasó como a vos en tu casa de Avellaneda, ya no quería seguir viviendo ahí, ni en esa habitación y menos que menos durmiendo en esa cama, también vendí todos los muebles, me quedé solo con los que eran míos. También tuve que empezar a trabajar más horas en el hospital, tan solo con la guardia no me alcanzaba para vivir, así que ahora en vez de la guardia, trabajo todos los días desde las ocho de la mañana, hasta las cuatro de la tarde.

-JUAN: Tenés menos tiempo libre ahora!

-ANA: En parte mejor, me pesa mucho estar todo el tiempo sola!

-JUAN: Tranquila, ya la vida te pondrá a alguien en el camino!

-ANA: Por el momento no quiero a nadie más en el camino…, quizás algún día… si los planetas se alinean!

-JUAN: Nunca pierdas las esperanzas! Sos una buena mujer, con buenos sentimientos, trabajadora y con un hermoso carácter, ya aparecerá alguien que te quiera de verdad!

-ANA: Eso espero!

-JUAN: Tené fé! Quizás cuando menos lo pienses, aparece!

-ANA: Gracias Juanse, como siempre, me gusta hablar con vos! Espero poder volver a verte alguna vez!

-JUAN: Quizás cuando vuelva a Mar del Plata!

-ANA: Dale! Me encantaría! Te mando un beso grande!

-JUAN: Un beso para vos también!

A mediados del mes de Octubre, viajé a Mar del Plata para inscribirme en la Facultad y pasar por mi departamento para ver si todo iba bien, fue un viernes y me quedaría hasta el domingo a la tarde para llegar a Pinamar antes de que se hiciera de noche.

Pensé una y mil veces si decirle a Ana que estaría en Mar del Plata, de saberlo, seguramente querría que nos encontremos, y yo no estaba seguro de lo que quería, volver a verla me produciría un montón de cosas nuevamente, y si lo que ella necesita es un amigo, creo que no podría con eso.

Además aún tenía esa rara sensación, como de culpa, de haber sabido antes que ella de las infidelidades de su marido y no habérselo contado.

Finalmente decidí no avisarle, ya vería si al estar de regreso el año entrante, ese encuentro se podría dar.

A mediados del mes de noviembre, arreglamos las vacaciones de verano entre los compañeros, nos tomaríamos de a uno los días, para que no se resintiera el trabajo.

A mí me tocó la segunda quincena del mes de diciembre, y decidí volver al complejo de Gabriel y Mora esos días, y recibir allí el año nuevo.

Decidí hablar directamente con Gabriel por teléfono, en vez de hacer la reserva online.

-JUAN: Hola Gabriel!, soy Juan Segundo, ¿me recordás?

-GABRIEL: Hola Juan! Claro que sí! Que gusto escucharte! ¿Cómo va todo?

-JUAN: Todo bien, por suerte! Te llamaba para ver si tenías lugar para la segunda quincena de diciembre!

-GABRIEL: En las plataformas no, pero hay una unidad disponible!

-JUAN: Perfecto! ¿La podré reservar?

-GABRIEL: Por supuesto! Decime desde que día.

-JUAN: Desde el quince de diciembre, con salida el primero de enero, ¿puede ser?

-GABRIEL: Claro que sí! Ya estás anotado! Lo único que me falta es saber si la reserva es para una persona o para dos.

-JUAN: Solo para mi Gabriel! Vuelvo a ir solo!

-GABRIEL: Estaba casi seguro que esta vez vendrías acompañado, pero bueno…, tiempo al tiempo! La próxima vez será!

-JUAN: Ya veremos!

-GABRIEL: Bueno Juan! Gracias por volver a elegirnos y te espero el quince! Te mando un abrazo!

-JUAN: Gracias Gabriel! Un abrazo! Y saludos a Mora!

-GABRIEL: Serán dados! Nos vemos!

El trabajo en la oficina crecía día a día, y los socios decidieron tomar más personal, entraron dos chicas nuevas, Yamila y Brenda, y en sus primeros días de trabajo nos turnamos con los compañeros para enseñarles todo.

Les conté a los compañeros donde había reservado, les conté como era y lo bueno que estaba, y entré en la página web, para mostrarles las fotos.

Faltaban un par de días para el quince, cuando Ana me mandó un mensaje!

-ANA: Hola Juanse! ¿Cómo va todo?

-JUAN: Hola Ana, trabajando los últimos días antes de mis vacaciones!

-ANA: ¿Cuándo las tomas?

-JUAN: Del quince de diciembre hasta el primero de enero!

-ANA: ¿Y te vas a algún lado?

-JUAN: Reservé en el complejo de La Lucila del Mar, donde estuve la otra vez!

-ANA: Que bueno! Espero puedas descansar! ¿Volvés a la facultad nomás?

-JUAN: Así es! Ya me inscribí en Octubre!

-ANA: ¿Estuviste en Mar del Plata? Qué lástima, de haber sabido, quizás nos podríamos haber encontrado para devolverte el libro.

-JUAN: Tranqui, no pasa nada!

-ANA: Bueno, espero que pases unas hermosas vacaciones! Perdón por la indiscreción, pero…, ¿te vas solo?

-JUAN: Si, solo otra vez!

-ANA: Como me dijiste vos, ya aparecerá alguien que te quiera de verdad! Te mando un beso!

-JUAN: Otro para vos!

Me hubiera encantado poder decirle si quería venir conmigo esos días, pero creo que las cosas no están dadas como para eso, ya el tiempo lo dirá.

La noche del catorce de diciembre, como yo no iba a estar en Pinamar para mi cumpleaños ni para las fiestas, nos juntamos a cenar con los chicos y las chicas para despedir el año.

La cena estuvo estupenda y me pareció que Yamila me miró varias veces de cierta forma, un poco más allá de lo laboral, pero claro, me hice el desentendido, no tenía por el momento, ninguna intención de ir más allá de ser compañeros de trabajo.

El quince llegué al complejo a eso de las dos de la tarde con la moto y mi mochila cargada de ropa y libros, toqué el timbre y el portón se abrió.

Entré con la moto y Gabriel me esperaba bajo el alero, al llegar, bajé de la moto y apoyé la mochila en uno de los bancos.

Gabriel se acercó y nos saludamos con un abrazo.

-GABRIEL: Hola Juan! Bienvenido!

-JUAN: Hola Gabriel! Gracias, es un gusto volver a verte!

-GABRIEL: Igualmente! Espero la pases muy bien estos días!

-JUAN: Seguro que así será! Por eso es que he vuelto!

Entramos en la oficina, llenó los papeles, le pagué la estadía con la tarjeta de crédito, y me acompañó hasta mi cabaña por esos días.

-GABRIEL: Seguro ya te acordás de todo, pero cualquier cosa, me llamás o tocas timbre en el comedor! Te dejo para que te acomodes!

-JUAN: Gracias Gabriel! Luego nos vemos!

Acomodé mi ropa en el placard, y me fui para la playa, era un día de sol y calor, especial para meterse un rato al agua.

Volví a eso de las cinco de la tarde, me di un baño, y me senté a leer con el mate, a la sombre en el costado de la cabaña.

Tenía empezado desde hacía tiempo, el libro “Cien años de soledad” de García Márquez, y me enfrasqué en la lectura por un par de horas.

Un rato después, cuando terminó de regar las plantas, se acercó Gabriel y estuvimos conversando un rato, le conté de mi trabajo y también que estaba viviendo en Pinamar.

-GABRIEL: ¿Juan Cómo van tus cosas? Las del corazón digo!

-JUAN: Por el momento todo igual, pero ha habido novedades, ella descubrió que su marido le era infiel, en el momento en que él estaba con su amante en su casa, luego de eso se terminó divorciando, y vendiendo la casa.

-GABRIEL: Y tus sentimientos siguen igual?

-JUAN: No te puedo mentir, sigo enamorado de ella, hemos tenido varias conversaciones, siempre por mensajes, y en alguna de ellas me dijo qué le pesaba la soledad, y cuando le dije que ya aparcería alguien que la quiera de verdad, me dijo que no estaba buscando nada, ni quería que nadie se cruzara en su camino.

-GABRIEL: Será por el tema de su separación, no es algo fácil de procesar.

-JUAN Pero por otro lado, me ha dicho que me extraña y qué le gustaría volver a verme. Cuando me fui del edificio, le dejé un libro que me había regalado mi madre, y varias veces que hemos hablado, me ha dicho que quiere que nos encontremos para devolvérmelo.

-GABRIEL: Quizás el querer devolverte el libro, sea un pretexto para verte!

-JUAN: Seguramente, pero sé que de encontrarnos, le debería contar que yo estaba al tanto de las infidelidades de su marido, y tengo miedo que lo tome a mal.

-GABRIEL: No creo, supongo que podrá entenderte! Quizás deberías decírselo, sacarte ese peso de encima y ver qué pasa.

-JUAN: Quizás tengas razón! Lo voy a hablar con ella, cuando vuelva.

-GABRIEL: Y permíteme darte un consejo, tu amor por ella lleva tiempo, y sigue allí, quizás necesites expresarlo y ver qué pasa, si ella no siente lo mismo por vos, podrás seguir adelante, podrás saber que no va a funcionar, y seguir con tu vida, si no, vas a quedar anclado en esta situación. Bueno Juan, como siempre un gusto conversar un rato!

-JUAN: Gracias Gabriel! Me hace bien hablar con vos, creo que es otra de las razones por la que he vuelto!

El veintiuno de diciembre, era mi cumpleaños, y la noche anterior, recordaba el último cumpleaños, ese día hubiera sido un día más, de no haber sido por Ana, por ese gesto tan sencillo, qué me alegró el alma.

Ese día me levanté como cualquier día y fui al comedor a desayunar, Mora y Gabriel trajeron el desayuno, y en la bandeja, traían una pequeña torta, poco más grande que un alfajor, con una vela encendida.

-GABRIEL: Feliz cumpleaños Juan!

-MORA: Que los cumplas muy feliz!

-GABRIEL: Que todos tus deseos se cumplan y que la vida te de esa alegría!

Ese gesto me emocionó hasta las lágrimas, y poniéndome de pie, recibí el saludo de los dos.

-JUAN: Muchas gracias Mora! Gracias Gabriel, son muy amables los dos! ¿pero como sabían que hoy era mi cumpleaños?

-GABRIEL: ¿Recordás que la primera vez que viniste, escaneamos tu documento, de allí agendamos los cumpleaños de todos nuestros turistas, y si coinciden con su visita, tenemos este pequeño gesto, además de una cena por cuenta del complejo.

-JUAN: Muchas gracias! Realmente me sorprenden ustedes!

-GABRIEL: Lo mereces Juan! Esperemos que pases un buen día!

Y comenzaron a cantarme el feliz cumpleaños, al que se agregaron las personas que estaban desayunando, incluso algunos, se acercaron a saludarme con un beso o un apretón de manos.

Después de desayunar, me fui un rato a caminar por la playa, recibí varios saludos, que en verdad no esperaba, uno de ellos, de Eugenia, la hija de Mercedes, también de Mirta, y de un par de vecinos del edificio.

Sabía bien que en algún momento, Ana me saludaría, mentiría si dijera que no quería recibir su saludo.

Volví de la playa, comí algo, y me senté a leer a la sombra.

Después de leer casi una hora, me fui otro rato a la playa, por supuesto me llevé el teléfono, por si Ana me llamaba o me mandaba un mensaje.

Volví cerca de las cinco de la tarde, entré a darme un baño, y cuando salí, sonó el teléfono de la cabaña y al atender, el que llamaba era Gabriel.

-GABRIEL: Perdón Juan, hace un rato te vi llegar de la playa, ¿podrás venir un momento al comedor?, es por el tema de la cena de esta noche.

-JUAN: Sí Gabriel! Me acabo de bañar, dame cinco minutos que me cambio y voy!

-GABRIEL: Tranquilo, te espero!

Me terminé de secar y me cambié, volví a mirar el teléfono, pero no estaba el saludo que esperaba.

Salí de la cabaña y caminé esos cincuenta metros hasta el comedor.

Las luces estaban apagadas, solo lo iluminaba la luz del día que entraba por las ventanas, y solo una pequeña luz al fondo, sobre la mesa donde habitualmente están las cosas del desayuno.

Toqué timbre, y un momento después Gabriel me abrió la puerta.

-GABRIEL: Pasa Juan por favor! Sentate y espérame un momento!

-JUAN: Sí, claro!

Me senté en una mesa, y Gabriel volvió a la cocina por donde había venido.

En ese momento me quedé pensando, que quizá el tema sería elegir el menú, o preguntarme si quería cenar aquí o en la cabaña, pero un momento después, escuché una voz detrás de mí, a la distancia, qué dijo:

-ANA: ¿Creíste que me había olvidado?

Y antes de darme vuelta, el corazón se me aceleró de tal manera, que creí se me saldría del pecho, por supuesto reconocí esa voz.

Me puse de pie y me di vuelta en un solo movimiento, y en dirección a mí, venía caminando Ana.

Me quedé inmóvil, petrificado, hacia meses que no la veía, y me pareció más hermosa que nunca, su hermosa sonrisa y su dulce mirada, me volvieron a atrapar como cada vez.

-ANA: Feliz cumpleaños Juanse!

-JUAN: Ana! Qué sorpresa!

-ANA: ¿Buena o mala?

-JUAN: Hermosa!

Por fin llegó hasta mí, me abrazó y me dio un beso en la mejilla.

-ANA: Feliz cumple!

Me miró a los ojos, y me derretí, me perdí en su mirada como tantas veces, no me salían las palabras, estaba muy nervioso, y con el corazón a mil pulsaciones por minuto.

-JUAN: ¿Cómo supiste que estaba acá?

-ANA: Busqué en internet la dirección de tu trabajo y fui a Pinamar, tus compañeros me dijeron dónde estabas, aunque los tuve que convencer, no me querían decir nada!

-JUAN: ¿Y te viniste para acá?

-ANA: No quería que pasaras solo tu cumpleaños!

-JUAN: ¿Me creerías si te dijera, que estoy feliz de verte?

-ANA: No tanto como yo!

-JUAN: En estos días estuve pensando, en ir a Mar del Plata para vernos, necesitaba hablar con vos de algo que nunca te dije.

En ese momento se acercó Gabriel, y con una sonrisa en su cara, me dijo que la cena era a las veintiuna horas, aquí en el comedor o en la cabaña, dónde yo lo prefiera, le dije que si no había problemas, en un rato le decía.

Salimos con Ana al parque, y mientras caía la tarde, nos sentamos en uno de los bancos del parque.

-JUAN: Ana tengo que decirte algo, que quizás te tendría que haber dicho antes, pero en ese momento, creí que no debía hacerlo, y espero que puedas entenderme, que no lo tomes a mal y puedas perdonarme.

-ANA: Me estás preocupando Juanse, decime lo que sea!

-JUAN: Yo estaba al tanto de las infidelidades de Ricardo, desde mucho antes de que vos lo supieras, pero en ese momento sentí que no tenía que meterme en la relación de ustedes. Te digo la verdad, me daba mucha bronca que cada vez que vos te ibas a trabajar al hospital, él venía y se quedaba hasta el día siguiente con esa mujer, a propósito, para que me viera y supiera que yo estaba al tanto de lo que hacía, cada vez que entraban o se iban, yo hacía todo para que me viera. Incluso hice algo que seguramente no esté bien, el día que se fue a Uruguay, fui hasta el aeropuerto, no sé si sabrás, pero ese día al menos desde Mar del Plata, no se fue con sus compañeros de trabajo a Uruguay, se fue con esa mujer, la pasó a buscar por un hotel y fueron para el aeropuerto. Cuando me vio en el aeropuerto, me amenazó para que no abriera la boca, diciéndome que no sabía con quién me metía. Perdón Ana, te lo tendría que haber dicho antes, pero sentí que no debía meterme en tu matrimonio. Te pido perdón!

Se quedó un momento en silencio y supe que la había cagado, que se lo tendría que haber dicho antes, ella tendría que haberlo sabido, me sentí re mal.

-ANA: No tengo nada que perdonarte Juanse! Vos no tuviste responsabilidad en nada de lo que pasó, y no me voy a enojar con vos por no habérmelo dicho, la única diferencia hubiera sido que mis cuernos sean algo más chicos. Pero hoy te digo qué fue una suerte que me lastimara el tobillo esa noche. En ese momento me enojé y me dolió la traición, pero días después, casi que agradecí qué hubiera pasado, de lo que había sido mi matrimonio, ya casi nada quedaba, ni siquiera el buen trato, y hacía meses que ni me tocaba.

-JUAN: Perdón Ana!

-ANA: No me pidas perdón! Esa semana en Sierra de la Ventana, me sirvió para darme cuenta de muchas cosas, pero la más importante, fue darme cuenta de que en verdad, a otra persona es a la que necesitaba en mi vida, a la que no he dejado de extrañar, a la que pienso cada día y cada noche, con la que vienen a mi mente un montón de momentos, que por lejos han sido los más lindos de mi vida.

Y pensando en las palabras de Mercedes, esa vieja linda, se lo dije.

-JUAN: ¿Sabés Ana porque dejé de trabajar en el edificio?

-ANA: ¿Por qué?

-JUAN: Porque me enamoré perdidamente de vos, y no podía soportar verte a cada momento y no poder decírtelo! Estabas casada y quise alejarme para no sufrir, no soportaba verte con ese tipo!

-ANA: ¿Sabés una cosa Juanse? ¿Te imaginás porque estoy hoy acá?

-JUAN: Te juro que deseo con toda mi alma que sea lo que estoy pensando!

-ANA: Es eso corazón! Hace mucho tiempo me di cuenta qué te necesito a mi lado, qué es con vos con quién quiero tomar mate a cada rato, con quién quiero hablar, con quién quiero ser escuchada, a quién quiero abrazar y que me abrace, y a quién muero por decirle que lo amo.

Los ojos se me llenaron de lágrimas, tanto como a ella, su sonrisa era la más hermosa que le conocí, su mirada no mentía, me miraba con amor, y en esa mirada me sentí el hombre más feliz del mundo.

No pude más que abrazarla, sentir su cuerpo contra el mío, acariciar su cara y su pelo, tomarla con mis manos, una a cada lado de su cabeza, apartar un mechón de pelo, mirar esos ojos tan bonitos, llenos de lagrimas y acercar mi boca a la suya, encontrándose nuestros labios por primera vez.

El corazón se me salía del pecho, no podía creer que estuviera pasando.

Luego de ese primer beso, nos pusimos de pie y nos abrazamos, pero esta vez fue el primer abrazo, el primero de muchos, un abrazo distinto, y nos volvimos a besar, y a mirarnos a los ojos.

-JUAN: Si supieras cuanto esperé este momento!

-ANA: También yo! Por eso es que tenía tantas ganas de verte! Y por eso estoy acá, me di cuenta que es a vos a quien quiero a mi lado, con quien quiero compartir la vida!

-JUAN: Nada me hace más feliz Ana!

-ANA: Ni a mí, mi amor!

-JUAN: Otra vez…! Decilo otra vez!

-ANA: ¿Mi amor?

-JUAN: Sí! Me encanta escucharte decirlo!

-ANA: Y te lo voy a decir todo el tiempo mi amor!

-JUAN: ¿Dónde te gustaría cenar amor mío, en el comedor o en el departamento?

-ANA: En cualquier parte! Si es con vos, sentados en el pasto si querés!

-JUAN: ¿Te parece en el comedor?, así le pregunto a Gabriel si te podés quedar conmigo estos días, bueno si querés...

-ANA: Estos días y todos los que sigan! Siento que quiero vivir mi vida con vos!

-JUAN: Te aseguro que voy a hacer todo para que seas la mujer más feliz del mundo!

-ANA: Ya lo sé! Desde hace rato que lo veo en tus ojos!

Nos volvimos a abrazar y a besar, caminamos hasta el comedor abrazados y al llegar, nos dimos cuenta que Mora y Gabriel, nos miraban por la ventana.

-GABRIEL: Perdón chicos por estar mirando, pero no nos podíamos perder esto!

-JUAN: Gracias Gabriel! Te queríamos decir que cenamos acá en el comedor y que el otro plato te lo pago luego con la tarjeta.

-GABRIEL: No tenés nada que pagar, es tu cumpleaños y el complejo invita la cena para los dos!

-JUAN: Gracias Gabriel! También te quería preguntar…

-GABRIEL: Claro que sí, Mora ya les llevó más toallas y toallones, y por supuesto sin cargo alguno!

-JUAN: Por favor Gabriel, te pago la diferencia!

-GABRIEL: Ya está todo pago Juan! El verlos así, para nosotros es pago suficiente!

Fuimos hasta la cabaña, y me cambié de ropa, luego de bañarme solo me había puesto el short y una remera.

-JUAN: Corazón, ¿trajiste ropa?

-ANA: Algo de abrigo nada más, no sabía que me iba a quedar!

-JUAN: Mañana vamos a comprarte para estos días!

-ANA: Me va a gustar mucho salir de compras con vos!

-JUAN: También vamos a comprar otro casco!

-ANA: Me encanta la idea de andar en moto con vos, me gustó desde la primera vez que me subí!

-JUAN: ¿Te gustaría hacer algún viaje en la moto?

-ANA: Con vos me voy hasta Alaska en la moto! Podríamos ir a Villa Ventana! Me gustó mucho, es un lugar hermoso!

-JUAN: Listo! Ya tenemos destino para el próximo viaje!

No podía estar más feliz, esa misma noche, pasaríamos nuestra primera noche juntos, no me importaba si hacíamos el amor o no, me daba lo mismo, ya tendríamos tiempo, me sentía feliz, sabiendo que mañana amaneceríamos juntos.

Nos cambiamos y fuimos a cenar, Mora y Gabriel nos atendieron como a unos reyes, hasta compartimos con ellos una botella de champagne, brindando por mi cumpleaños y por nuestra nueva vida.

Luego de la cena, como la noche estaba linda, le dije a Ana si quería que fuéramos a la playa, me dijo que sí y nos fuimos a caminar un rato a la orilla del mar.

A las once y media de la noche volvimos al departamento había llegado el momento de pasar por primera vez la noche juntos.

Entramos a la cabaña, nos volvimos a abrazar y a besar.

-JUAN: Si supieras cuántas veces imaginé este momento!

-ANA: Y yo mi cielo!

Ana se quitó la remera que llevaba y luego el jean, yo hice lo propio y quedamos ambos en ropa interior, nos volvimos a abrazar y acaricié tu espalda suavemente, volver a tocar su piel, me emocionó hasta las lágrimas, estoy hecho un llorón pensé, pero era de felicidad.

Nos volvimos a besar, y me dio un poco de vergüenza, mi erección no se hizo esperar.

Luego del beso, Ana me miró con una sonrisa

-ANA: Creo que alguien más me quiere conocer!

Me puse colorado como un tomate!

-JUAN: No lo pude evitar!

-ANA: Me encanta! Es una hermosa señal!

-JUAN: No me importa si hacemos el amor esta noche, tan solo con despertarme a tu lado me alcanza!

-ANA: Quiero que sepas bien cuánto te amo y cuánto he deseado este momento!

Nos volvimos a besar y esta vez ya no me dio vergüenza qué sintiera mi erección contra su cuerpo.

Mis manos en su espalda desprendieron el corpiño, Ana movió sus brazos para quitárselo y por primera vez veía sus hermosas tetas.

Yo me saqué el bóxer, y ella su bombachita.

Desnudos los dos nos vimos por primera vez, y el comentario de Ana me causó gracia.

-ANA: Le iba a decir mucho gusto a tu amiguito, pero veo que es un amigote!

Nos volvimos a abrazar y a besar, y caminamos hasta la cama.

Nos acostamos y nos volvimos a abrazar acariciando nuestros cuerpos.

Qué hermosa sensación sentir su cuerpo por primera vez, tenía entre mis brazos la mujer más hermosa del mundo.

La pasión poco a poco empezó a aumentar, y mi mano bajo hasta su entrepierna, acariciando su prolijamente recortado vello púbico, llegando a su vulva ya mojada, su mano también llegó hasta mi miembro y lo acarició suavemente.

-ANA: Es muy grande Juanse, como tú corazón!

Mis dedos recorrieron todos sus pliegues y no hizo falta más que unos minutos de caricias, para que me entregara su delicioso primer orgasmo.

-ANA: Ay mi cielo....! Cómo te amo!

-JUAN: Y yo mi amor!

Besé suavemente sus hermosas tetas, recorrí sus pequeños pezones con mi lengua, para terminar chupándolos suavemente.

Su cuerpo me tenía obnubilado, no podía dejar de admirar su belleza.

Llevé mi cuerpo sobre el suyo, apoyando mis codos en la cama, sus manos acariciaban mi espalda y mi cabeza, Mientras nos fundimos en un beso apasionado.

-ANA: Te necesito dentro mío corazón!

-JUAN: No tengo preservativos!

-ANA: No hace falta mi amor! Necesito sentirte plenamente!

Moví mi cadera buscando que mi glande se ubicará en su entrada, entre mis líquidos y los suyos, sentía resbalar mi pija entre sus labios.

Frote varias veces su clítoris con mi glande, para luego empezar a penetrarla.

Fui despacio, lentamente, la lubricación de su conchita me permitía avanzar poco a poco, no quería ser brusco, sí le había parecido grande, no quería qué le resultará incomoda la penetración, salía un poco y volvía a entrar, así por un buen rato, luego de varias idas y venidas, mi erección se perdió completamente en su interior.

La amaba sin haberla tocado, y estar dentro de ella me hacía tocar el cielo con las manos.

El vaivén fue lento, suave, yendo y viniendo entre besos, nuestras lenguas libraban una deliciosa batalla.

-ANA: Así mi vida! Cuánto lo deseaba!

Poco a poco fui acelerando el ritmo, sus manos apretaban mi espalda y bajaban tomándome del culo, acompañando mis embestidas.

-ANA: Viene otro amor! Sí! Seguí...! Así!

Y su orgasmo llegó, le temblaban las piernas pero no me detuve, solo aminoré un poco el ritmo, permitiéndole que lo disfrutara.

No podía creer estar aguantando tanto, creí que acabaría al poco de comenzar, pero estaba tan compenetrado en darle placer, qué sin quererlo, estaba aguantando más de lo pensado.

Volví a acelerar las embestidas, y unos minutos más tarde, me dio otro terrible orgasmo.

-ANA: Sí mi amor! Sí! Es todo para vos!

Me quedé quieto un momento, hasta que terminarán sus temblores, luego abrazándola, me giré en la cama quedando ella sobre mí, sin sacar en ningún momento mi erección de su interior.

Nos besamos apasionadamente, nos dijimos una y mil veces que nos amábamos.

Luego de un momento, enderezó su cuerpo apoyando sus brazos en mi pecho, y comenzó a moverse sobre mí.

Hacia adelante y hacia atrás, hacia arriba y hacia abajo, haciendo círculos con su cadera, dándome un placer exquisito.

Me enderecé flexionando mis piernas, para que quedara sentada sobre mí.

Se abrazó a mi cuello, la tomé con ambas manos del culo, y empecé a mover su cuerpo, llevándolo hacia arriba, y dejándolo caer sobre el mío.

En un momento fue ella quién aceleró sus movimientos, y su orgasmo se hizo escuchar, sus gemidos eran música para mis oídos, no pude contenerme más, no habían cesado aún sus temblores, cuando acabé profundamente en su interior, también entre jadeos.

Su cuerpo se aflojó, y quedamos abrazados en esa posición, nos miramos a los ojos, y nos volvimos a besar.

-ANA: Nunca en mi vida tuve más de un orgasmo! Esto fue maravilloso!

-JUAN: Realmente maravilloso! No puedo amarte más! Creo qué es la primera vez que hago el amor! Y amo tus orgasmos!

Nos acostamos abrazados y acariciándonos, no podía sentirme más pleno, con la mujer que tanto amo y sintiendo el mayor placer de mi vida.

Conversamos un momento y nos quedamos dormidos.

No sabía qué hora era cuando me desperté, tampoco me importaba, estaba feliz de despertarme a su lado.

La miré dormir por un buen rato, hasta que al abrir sus ojos, me vio mirándola y su sonrisa me dio los buenos días.

-ANA: Buen día amor!

-JUAN: Buenos días mi cielo! ¿Descansaste?

-ANA: Como un angelito amor mío, Después de una noche maravillosa!

Mire en mi teléfono y eran las nueve menos veinte de la mañana, Ana fue al baño, y verla irse desnuda, fue algo de lo más hermoso.

Después fue mi turno, hice lo mío y volví junto a ella a la cama.

-ANA: Me tendría que dar un baño!

-JUAN: Me encantaría bañarte!

Su sonrisa me dio el ok, y fuimos a bañarnos juntos.

Disfruté lavar su cabeza, su cuerpo, acariciándola con el amor que le tengo.

Luego fue su turno, y no pude evitar la erección.

-ANA: ¿El soldado está listo para otra batalla?

-JUAN: Para todas las vengan!

Nos secamos y volvimos a la cama, volvimos a hacernos el amor, como si fuera la primera vez. Dos orgasmos me dio Ana en esta ocasión, y yo ya no pude aguantar más, junto con su segundo orgasmo, volví a eyacular en su interior.

Nos volvimos a duchar y nos cambiamos para ir al desayuno.

Llegamos pasadas las once de la mañana, pensamos que ya era tarde para el desayuno, pero nos recibió Mora con una sonrisa, nos sentamos, y nos sirvió el desayuno.

En verdad teníamos hambre, seguramente por el desgaste físico.

Por la tarde salimos con la moto y fuimos a San Bernardo, compramos otro casco para ella, y luego fuimos a comprar ropa, unas remeras, ropa interior, un short, un jean, una bikini y unas sandalias playeras.

Caminar con ella tomados de la mano, me parecía increíble, algo tan soñado que se estaba haciendo realidad.

Almorzamos en San Bernardo y luego volvimos al complejo.

Nos cambiamos para ir a la playa, pero al ver a Ana con su bikini blanca, nos tuvimos que retrasar un par de horas.

Hicimos el amor todos los días, algunos días, hasta tres veces y cada vez me parecía más hermoso.

Nos dimos cuenta que la atracción era explosiva, para ambos era algo novedoso, y por supuesto, maravilloso, cada encuentro era más placentero que el anterior.

Una tarde incluso estando en la playa, nos excitamos de tal manera poniéndonos protector solar, que tuvimos que volver a la cabaña a hacernos el amor.

Tanto en la cena de Navidad como en la de año nuevo, Mora y Gabriel nos invitaron a cenar con ellos.

Para la cena de fin de año, éramos un montón, el hijo de Gabriel con su novia, la hija de Mora con su novio, María, una amiga de Mora y Gabriel, con sus dos hijas, y un señor mayor llamado Aurelio.

En verdad la cena estuvo estupenda, y fuimos todos a recibir el nuevo año a la playa junto al mar.

¿Qué más puedo pedirle a la vida?

En ese brindis elevé mi copa al cielo, por mamá, por papá y por la vieja loca de Mercedes, y brindé con el amor de mi vida con un abrazo y un beso.

Ana tenía una semana más de vacaciones, y el primero de enero nos fuimos del complejo y volvimos para Pinamar, Ana se quedaría ahí conmigo.

Hablé con los socios del estudio, les expliqué mi situación y volví a trabajar en Mar del Plata.

Dejé el departamento que estaba alquilando, y me mudé al de Ana, pero en el mes de febrero, Ana puso en venta su departamento, con ese dinero más el dinero de mi casa, compramos una casita con un pequeño fondo también por el barrio de La Perla, a los dos nos gustaba esa zona, y tras remodelarla, proyectamos un ambiente para mi futuro estudio, si todo iba bien, poco a poco me independizaría del estudio.

Ana volvió a cambiar su horario de trabajo, y regresó a las guardias, hacía dos por semana, los martes y los jueves, y así nos quedaba más tiempo de estar juntos.

Aprendió a manejar la moto, y la usábamos los dos, yo la llevaba a ella, o ella me llevaba a mí.

En el mes de marzo, volví a clases en la facultad, si todo iba bien, en poco más de un de año, sería arquitecto.

Para los días de Semana Santa, nos fuimos en la moto hasta Sierra de la Ventana, un viaje de poco más de cuatrocientos kilómetros, donde nos turnamos para manejar, Ana estaba enamorada de la moto.

Nos fuimos el jueves bien temprano y volvimos el lunes siguiente.

Una aventura maravillosa, donde la pasamos realmente muy bien, paseando con la moto por las sierras, caminando mucho, amándonos mucho. Fueron pocos días, pero los disfrutamos a pleno, sobre todo en el plano sexual, donde la pasión y el amor fueron protagonistas, no faltó hacernos el amor al aire libre en una zona alejada al pie de la sierra, una hermosa locura, pero con ella quería hacer todas las locuras que se nos ocurrieran.

A la vida, a Dios, al destino, al universo, a todos ellos le agradezco que aquella mañana en Avellaneda, ese colectivo viniera para Mar del Plata, no fue solo un viaje de cinco horas, fue un pasaje a mi nueva y maravillosa vida.

Para las vacaciones de invierno, esta vez sí, hice una reserva para dos personas en el complejo de Mora y Gabriel! Y durante esos días la pasamos muy bien, y antes de irnos, les dijimos que quizás la próxima, la reserva sería para tres!

Fin.

Epílogo

Habíamos terminado de almorzar con Mora, y nos sentamos a conversar a la sobre del alero del comedor.

La gente iba y venía de la playa, otros sentados a la sombre de los árboles y varios chicos en la pileta, cuando sonó el timbre.

Al mirar hacia el portón, no alcancé a ver ningún auto, solo una chica, con anteojos de sol y una mochila colgando.

Me acerqué caminando hasta el portón y sin abrir, la saludé amablemente.

-GABRIEL: Buenas tardes señorita! ¿En qué puedo ayudarla?

-SEÑORITA: Buenas tardes caballero! Necesitaba hacerle una consulta!

-GABRIEL: Dígame usted!

SEÑORITA: Me podría usted decir, si aquí se encuentra hospedado Juan Segundo Pérez Parra.

-GABRIEL: Espero entienda usted señorita, que por políticas de privacidad de este complejo, no podemos dar información de nuestros huéspedes.

-SEÑORITA: Lo entiendo perfectamente caballero, yo vivo en Mar del Plata, vine hasta Pinamar buscándolo y en su trabajo me dijeron donde estaba hospedado, tan solo necesito verlo un momento. Me conformaría tan solo con que usted pudiera, sí es tan amable, tan solo avisarle que necesito verlo un momento, y puedo esperarlo aquí en la vereda.

Ya sabía perfectamente quién era, sin lugar a dudas era Ana, y que se haya venido desde Mar del Plata, pasado por Pinamar, y llegarse hasta aquí, no era tan solo para devolverle el libro.

En el fondo me puso contento por Juan, que ella estuviera preguntando tan educadamente por él, significaba algo, y decidí ser un poco más amable.

-GABRIEL: ¿Usted es Ana verdad?

Y cuando se dibujó una sonrisa en su cara, lo entendí todo, su semblante cambió radicalmente, su sonrisa y su mirada me hicieron dar cuenta de que sin lugar a equivocarme, esa chica estaba enamorada de Juan.

-ANA: Así es! Eso significa qué Juanse está hospedado aquí, muchas gracias, es usted muy amable señor! ¿Podrá usted avisarle que estoy aquí? Es solo un momento!

Abrí el portón y le permití entrar, traía tan solo una mochila, e imaginé que si todo salía como lo estaba pensando, esta chica necesitaría algo más de ropa.

-GABRIEL: Me llamo Gabriel, y puede usted tutearme, el trato de usted me hace sentir muy mayor!

-ANA: Entonces también podés tutearme!

Caminamos en dirección al comedor, sabiendo que Juan estaba en la playa.

-GABRIEL: No es la primera vez que Juan viene al complejo, y hemos tenido muchas conversaciones, me ha contado muchas cosas de su vida, por eso es que sé quién sos. Y permitirme suponer, qué no has venido hasta aquí, solo para devolverle el libro.

-ANA: Es verdad! He venido por algo mucho más importante para mi vida!

-GABRIEL: Hace un rato, vi a Juan irse para la playa, no te digo que vayas a buscarlo, porque suele caminar para un lado o para otro, incluso a veces, no vuelve por la playa, muy probablemente, te sea difícil encontrarlo, si te parece, te propongo que lo esperes aquí en el comedor.

-ANA: Como usted, perdón como vos digas, he esperado bastante tiempo este momento, puedo esperar un poco más!

-GABRIEL: ¿Has almorzado?

-ANA: En realidad no, querías llegar lo antes posible, y de Pinamar me vine directamente para aquí.

-GABRIEL: Puedo ofrecerte un sándwich y algo para tomar mientras lo esperas, ¿te parece?

-ANA: No quiero causarte ninguna molestia!

-GABRIEL: No es ninguna molestia, no me quedaría tranquilo si no comés y tomás algo!

-ANA: Entonces se lo acepto! Perdón te lo acepto!

Fui hasta la cocina con una sonrisa y le preparé un sándwich de jamón y queso, una bebida gaseosa, y una ensalada de frutas.

Volví al comedor y mientras comía seguimos conversando.

-GABRIEL: Espero no importunar con el comentario, pero Juan me contó la situación difícil por la que tuviste que pasar en tu matrimonio.

-ANA: Es cierto, sobre todo por lo inesperado, pero hoy en verdad, te podría decir qué fue lo mejor que me pudo haber pasado, no sabía bien con quien estaba. Pero eso me hizo dar cuenta de muchas cosas, y en este tiempo que llevo sola, los terminé de confirmar.

-GABRIEL: Por lo que conozco a Juan, sé que es un buen chico, con buenos sentimientos, y con las cosas muy claras.

-ANA: Juanse es un amor de persona! Es respetuoso, muy educado y tiene un corazón enorme! Con el he pasado unos momentos hermosos, y en verdad lo extraño!

Si me quedaba alguna duda, escucharla hablar de Juan, me terminó de confirmar el amor que sentía por él, su mirada no mentía. Estaba pensando lo qué ocurriría en un rato cuando Juan volviera de la playa y se encontraran, me conmovió aún más, cuando sus ojos se llenaron de lágrimas.

-ANA: En este tiempo, me he dado cuenta, que es a él a quién quiero a mi lado, no sé que puede llegar a pasar, pero necesitaba decírselo frente a frente.

-GABRIEL: Hoy es el cumpleaños de Juan, no sé si sabías!

-ANA: También por eso estoy aquí, se lo qué extraña a sus papás, y quise qué no estuviera solo el día de su cumpleaños!

-GABRIEL: A todos nuestros huéspedes, si están aquí el día de su cumpleaños, les regalamos una cena, como un gesto de cortesía, y desde ya te digo, qué llegado el caso, podés cenar también con él, si es que así se dan las cosas!

-ANA: Te lo agradezco! Aunque no sé qué va a pasar cuando me vea.

-GABRIEL: Eso ya se verá!

Conversamos un rato más, cuando lo vi a Juan volver de la playa, Ana no podía verlo, porque estaba de espaldas.

-GABRIEL: Juan acaba de volver de la playa, y entrar a su departamento, ¿Qué te parece sorprenderlo?

-ANA: Sí, me encanta la idea!

-GABRIEL: Hagamos una cosa, yo lo llama por teléfono, y le pido que venga por algo relacionado con la cena, vos te quedas en la cocina, y cuando yo vaya para la cocina vos te apareces!

-ANA: Sí! sí! No va a entender nada, es más, le debe estar extrañando que no lo haya llamado por su cumpleaños!

Me acerqué hasta la cocina, y lo llamé por teléfono, me dijo que se cambiaba y venía.

Minutos después, cuando lo vi salir de su cabaña, le dije a Ana que se quedara en la cocina.

Le abrí la puerta del comedor y entró, le dije que me esperara un momento, y me fui para la cocina, fui a buscar a Mora, y cuando volví con ella, le presenté a Ana, y le dije que fuera con Juan.

Nos quedamos con Mora viendo ese momento, ya sabíamos lo que iba a pasar, y en verdad no me quería perder el encuentro.

La cara de Juan fue un poema, no entendía nada, pero en su cara se veía la felicidad.

Me acerqué y le dije a Juan, que la cena era a las veintiuna horas, y que podía hacerlo allí o en su unidad.

Luego de eso, salieron al parque y se sentaron a conversar en uno de los bancos.

Nos quedamos con Mora viendo toda la secuencia, y en el momento en que se abrazaron, me puse muy contento, se merecían estar juntos.

-GABRIEL: Amor esa chica se va a quedar aquí hasta el primero de enero!

-MORA: Por supuesto, ahora le voy a llevar más toallas y toallones, ¿sin adicionales verdad?

-GABRIEL: Así es corazón! Hagamos que estos chicos, pasen unos lindos días!

-MORA: Los podríamos invitar a cenar en las fiestas, ¿qué decís?

-GABRIEL: Por supuesto! Son muy simpáticos los dos y hacen una linda pareja!

Cenaron con nosotros en Nochebuena, y también en la noche de fin de año, ese día éramos un montón, Javi con Silvina, Brenda con Martín, María con sus hijas y el viejo Aurelio.

Fue una noche hermosa, fuimos a recibir el año a la playa, y luego volvimos al complejo para un brindis con los demás huéspedes.

El primero de enero al irse del complejo, Ana y Juan, se despidieron de nosotros con sentidos abrazos, sus caras lo decían todo, y por supuesto, estábamos más que contentos por haber puesto nuestro pequeño granito de arena.

Como siempre digo, las historias de amor me pueden! Y la historia de Juan Segundo y Ana, es una linda historia de amor.

jejen

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