Las cosas que pueden pasar tras un café
Jana tiene la prueba de la traición y la palanca perfecta para destruir a Luz. Pero cuando la verdad sale a la luz, nadie sale indemne. Entre lágrimas, ambiciones políticas y deseos reprimidos, Rosa y Juan descubren que el final de una historia es solo el comienzo de otra más intensa.
Lo ocurrido el finde anterior aún estaba pendiente de una explicación, y Rosa no ha dejado pasar el tiempo para intentar entenderlo. El martes, acorrala a Jana en el bufete hasta que ésta cede y acepta ir a tomar un café después del trabajo.
-A ver, Jana, cuéntame de una vez qué pasó la otra noche. ¿Porqué te fuiste corriendo de casa dejando a todos plantados y preocupados?
-Mira, Rosa, entiendo que quieras entenderlo, pero es que…
- ¿Es que qué, mujer, por qué tienes tantos reparos? ¿Acaso no están las amigas para ayudarse?
- Sí, claro, pero es que… Mira, verás: en realidad creo que debería contártelo, pero el problema es que no es mi secreto. Sin embargo, creo que no está bien que tú no lo sepas.
- ¿A qué te refieres? Te juro que no entiendo nada. ¿Cómo que no es tu secreto? Lo que yo quiero saber es por qué, en medio de una cena fantástica, cuando tan bien lo estábamos pasando en el karaoke, de repente, coges el bolso, ocultas el rostro y te marchas sin dar ninguna explicación. Jana, cariño, tienes que entender que esté preocupada. ¿Acaso te ocurrió algo? ¿Acaso te llegó alguna mala noticia?
-No, Rosa, no es nada por el estilo. Y yo estoy bien, no te preocupes. Creo. O al menos lo estaré. Pero no me ocurrió nada. Lo que pasó fue que… Buf, cómo me cuesta. Me siento mal, pero es que a la vez creo que se aprovechan de ti y tienes que saberlo, así que ahí va:
-Jolines, niña, suéltalo ya, ¡que me tienes intrigadísima!
- Si te acuerdas, la cuestión es que fui al baño. Tenía la regla, así que antes pasé por el recibidor para coger de mi bolso mi neceser para asearme. Y desde ahí fui al baño que me quedaba más cerca, que es el del fondo del todo, al que casi nunca va nadie. Y ahí…
- ¿¿Qué pasó??
-Abrí la puerta y me encontré de bruces con Luz de rodillas en el suelo, haciendo... haciéndole el sexo oral a Juan.
- ¿¿¿Qué???
-Así es…
- ¿Estás segura, nena? No puede ser, pero si ambos están…
- Sí, ya lo sé, ambos están casados. Pero te lo aseguro, no me equivoco. Por eso mismo, cuando lo vi me quedé de piedra. No me lo podía creer, Rosa, muy muy heavy. De hecho, justo cuando entraba, Juan se estaba corriendo. Y con el susto que se llevaron al sentir que la puerta se abría… el semen de Juan impactó en toda la cara de Luz. Lo vi, Rosa, fue muy fuerte. Te puedo decir que incluso vi el semen volar hasta pegarse a sus mejillas, y luego resbalar.
- ¡Joder! ¡Esto es fuertísimo!
-Lo sé, no me lo puedo quitar de la cabeza…
-De acuerdo, pero en todo caso, sigo sin entender por qué esa situación provocó que te fueras de casa como si te hubieran clavado un puñal en el corazón. Disculpa si me meto donde no me llaman, pero solo se me ocurre pensar que… ¿es que hay algo entre tú y Juan?
- ¡Por Dios, no! Yo sí que no le haría esto a mi marido. Yo estoy bien, muy bien. Es justamente esto… Sé que cuesta de entender, pero ver a los dos, tan casados y felices, y ver lo que vi… en tu casa, haciendo lo que hacían con toda tranquilidad… Te lo juro, tal como lo vi, me dio la impresión de que si lo hacían en tu casa rodeados de amigos es que lo hacen cuando les da la gana.
-Estoy alucinando, Jana… no me lo puedo creer. Pero bueno, luego volvemos a esos dos, pero antes, insisto, no entiendo que te afectara tanto. Confía en mí, mujer…
-No puedo, Rosa, no puedo. Vas bien encaminada al pensar que hay algo de lo que vi que me afecta en lo personal de un modo profundo, pero no te lo puedo contar. Sí que puedo tranquilizarte, al menos, y decir con toda sinceridad que ni hay ni ha habido ni deseo que jamás haya nada entre yo y Juan, ni tampoco, faltaría más, entre yo y la furcia de Luz.
-HAHAHAHA
-Pero soy una mujer casada, una mujer fiel, y me parece abominable lo que hicieron. ¿Lo entiendes, Rosa? Ver a Juan meterle los cuernos a su mujer fue como si viera a mi marido ponérmelos a mí, ¿Sabes? Me dejó helada. Y lo de Luz, joder, es que no tengo ni palabras. Y me jode por todos y sobre todo por ti que eras la anfitriona, que nos usen a todos como excusa ante sus familias para entonces hacer lo que hicieron. Se han aprovechado de ti, Rosa, se han aprovechado de todos. Nos han usado como tapadera para romper con lo más sagrado, para destrozar sus familias. Y yo no puedo verlo, simplemente... no puedo.
-Bonita, Jana… no te preocupes cariño. Tú no has hecho nada malo. Ven, déjame darte un abrazo.
-Lo sé, Rosa, pero te juro que es superior a mí. No quiero volver a verlos. Jamás. Se han acabado estas cenas de amigos, para mí. Invítales a ellos, si quieres, y a Nives y a Samuel, pero a mi no. Nunca, jamás.
-Te entiendo cariño, y si es lo que deseas, que así sea…
*********
Rosa, una vez en posesión de los hechos, se toma unos días para pensar en ello detenidamente. Recuerda como al principio de todo esto, antes de empezar con las cenas con el grupito, el día que conoció a Juan en la fiesta de Carnaval intentó ligar con él, sin éxito. Recuerda, y ahora ata cabos, cómo las dos veces que bailaron, al acabar Juan se esfumó y reapareció cerca de una mujer rubia que poco después conocería como Luz. ¿Es que ya entonces las cosas iban así? No lo cree, porque, en esa fiesta, Juan parecía más que receptivo al flirteo con ella misma.
La pregunta es, sin embargo, qué hacer ahora. Y no hay manera de decidirlo sin hablar con los protagonistas. Al fin y al cabo, lo hicieron en su propia casa, así que tiene derecho a, por lo menos, tener una conversación sobre el tema. Hoy, Rosa ha quedado esta vez con Juan, que de los dos es quien de verdad le intriga e interesa.
-Juan, ¿cómo estás?
-Muy bien, Rosa, ¿y tú? Me encanta este café al que me has traído. Es muy muy cuco. Y muy tranquilo.
-Sí, lo sé.
-Y bien, dime, Rosa. ¿De qué querías hablar?
-Mira, voy a intentar no irme con rodeos. Seguramente no te sorprenderá… si, seguro que no. El caso es que sé lo que ocurrió el sábado pasado en mi casa, Juan.
-Ah, ya… Jana te lo contó, imagino, ¿no es cierto?
-Así es, sí.
-Joder, ya le vale. Podría meterse en sus asuntos, que cada uno tiene bastante con sus vidas.
-Juan, tienes que entenderlo. Tu y yo, o yo y Luz, nos conocimos hace unos meses y hemos hecho una piña muy bonita, pero Jana y yo somos amigas y compañeras de trabajo desde hace por lo menos nueve años, ¿Sabes? Ella creyó que yo debía saber lo que iba ocurriendo en mi casa cada vez que quedábamos.
-De acuerdo, Rosa, puedo hacerme cargo. Pero entenderás que me siento juzgado sin que nadie me haya dado la oportunidad de explicarme.
-Claro que lo comprendo, Juan, y por eso quería hablar contigo. ¿Te gustaría explicármelo?
- ¿Rosa, pero es que... explicarte qué?
-Pues porqué cada vez que quedábamos con los amigos te encerrabas en el baño con Luz para jugar a los médicos, por ejemplo, haha. Lo digo en broma porque ya sabes que a mi ni me va ni me viene, yo no soy parte afectada. Pero si vas a hacer travesuras en mi casa al menos mantenme al tanto, haha.
-Bueno, lo primero es aclarar que eso no pasaba “cada vez que quedábamos”. Era la primera vez, y ahora está claro que la primera y la última.
- ¿No os habíais liado nunca antes? Venga va… no me lo creo. Si ya en Carnaval se notaba una tensión no resuelta.
- No he dicho eso. Lo que he quería decir es que no nos liábamos en tu casa cada cena. Ni en la de Samuel, ni en la de Nieves. Sí, lo reconozco, no era la primera vez, pero siempre había sido en sitios neutrales. Discúlpame por haberte metido en todo esto.
-Que va, ¡tranquilo! Ya ves, por lo que a mi respecta, tú eres un hombre adulto y ella una tía hecha y derecha, haced lo que os plaga, haha. Pero entonces dime: si ya llevabais tiempo siendo más discretos, ¿Qué os pasó esa noche?
-Buf, eso es muy difícil de explicar, Rosa. Lo de Luz y mío ha sido algo tempestuoso y para nada fácil. No es una situación tan sencilla. No es que disfrute siendo infiel, de hecho jamás quise serlo. Aún ahora me siento fatal, y reconozco que hay un conflicto muy fuerte dentro de mí. Y dentro de Luz igual, te lo aseguro. Pero a la vez… hay una fuerza que cada vez me cuesta más contener.
- ¿Sientes algo por Luz? ¿Estás enamorado de ella?
-No, no, no es eso… O quizás sí, no lo sé. Pero en todo caso, ese no es el tema.
-Hahahaha yo diría que sí que lo es un poquito, ¿no?
-No…. A ver, como te lo explico. Tú has estado casada, Rosa, igual lo entenderás. ¿No te pasó que en algún momento todo parecía una injusticia? Que tu marido dejó de darte alegría, dejó de ser fuente de vida, ¿y más bien se convirtió únicamente en una responsabilidad? Yo me siento así, es difícil de explicar.
-Joder, Juan, venga ya, no me vengas con este topicazo. Sí, yo también he estado casada y mi ex justamente se montó la misma película. Si estás mal con tu mujer, ¡pues hablas con ella, no te buscas una amante!
- ¿Y crees que no lo he intentado, Rosa? He intentado hablar con ella mil veces, por no decir las que he intentado hacer revivir la chispa… Pero no hay manera, ¡no hay manera! Incluso es peor, porque lo que ocurre invariablemente es que me hace sentir culpable por querer ser feliz, culpable por querer tener sexo con mi mujer… Ya sé que es difícil de entender sabiendo lo que sabes, Rosa, pero antes de llegar aquí he pasado por meses y meses de soledad, de tristeza, de vacío. Y entonces apareció Luz y…
-Y os llenasteis mutuamente esos vacíos.
-Y, a ver, ya por curiosidad… ¿qué es lo que era tan especial? ¿Lo hace tan y tan bien, eso de ponerse de rodillas y comértela? Hahaha.
-¡Qué bruta eres, Rosa!
-Nada, lo digo por curiosidad femenina. Si hay algo que aprender, estoy interesada, que ya sabes que yo estoy libre y sin compromiso y hago lo que me da la gana, haha.
-El sexo era increíble, sí, pero no se trataba de si lo hacía de una manera o de otra, ya lo sabes. No tenemos quince años.
-Lo sé. Se trataba de que os compenetrabais.
-Exacto.
-Si es que lo entiendo, Juan, no te creas. Pero como mujer a quien ya se la han colado dos veces, qué quieres que te diga…
-Lo sé, Rosa. Yo no me justifico. Sé lo que he hecho. Sé que está mal. Pero también te diré una cosa: no pienso volver a sentirme un muerto en vida como hasta hace unos meses. Todo lo que ha ocurrido desde el invierno pasado, tanto mi historia con Luz como también haberte conocido a ti y al grupito, me ha devuelto la vitalidad. No es cada día, pero ahora sé que habrá ocasiones en que podré volver a ser un hombre despreocupado que puede reír y disfrutar de la vida. Gracias, Rosa. Quiero decirte una vez más que agradezco que nos hayamos encontrado.
-Bueno, Juan, en cuanto al grupo, no creo que te dé muchas satisfacciones más. Jana no quiere volver a veros, así que ella se ha borrado. Y Nieves… eso te lo digo en secreto, no se lo cuentes a nadie. Nieves esa noche acabo acostándose con Samuel. Después de que Samu insistiera durante meses, al final lo consiguió. Pero parece que no fue muy bien, y ahora ella se siente fatal y no quiere volver a verle. En cambio, él le manda mensajes casi cada día, y ella está en plan ghosting total. En fin, que del grupo… ya solo quedamos tú y yo, haha.
-Si es así, que así sea. Y quiero insistir que, al menos, me siento agradecido por ti.
-Cállate ya, tontorrón, y dame un buen abrazo. De amigos eso sí, ¿eh, pillín? haha.
Rosa y Juan se abrazan, pero ella, ligeramente excitada por todo lo hablado, no resiste el impulso de pegar a él su voluminosa delantera de tal modo que la sienta en todo su esplendor.
*********
Jana sintió un considerable alivio al compartir lo que llevaba escondido en el buche con Rosa, pero no ha sido suficiente. La escena presenciada sigue martirizándola, tanto por la escabrosidad de los hechos como por la carga emotiva personal que no quiso confiar en su amiga. A su cerebro se presenta una vez tras otra la imagen ridícula de Luz en el momento de verse sorprendida. Su diminuto cuerpo con la falda arrugada por la cintura prostrada ante él, su cabeza girando por acto reflejo al escuchar el resorte de la puerta, su ojo cerrándose in extremis al recibir el certero chorro de esperma. Y pensar que ella era su amiga…
Han pasado los días y ha comprendido que esas imágenes no desaparecerán de su mente por si solas. El problema, de hecho, no son las imágenes sino los recuerdos que movilizan cuando se presentan. El pasado resucita ante ella y la atormenta, y todo por culpa de Luz, “su amiga”. No puede tolerarlo más, su indignación crece con el paso de los días, y por eso la ha citado hoy a la hora del café.
-Hola Luz.
-Hola Jana, yo… permíteme que te explique lo que viste.
-Luz, no.
-No es lo que parece…
-Ahórrate el esfuerzo, Luz. No me interesa una mierda lo que vayas a decir. Si te he citado hoy es para hablar yo, no para escucharte a ti.
-De acuerdo, Jana, pero me dejarás que…
-Que te he dicho que no, hija de… Mira, Luz, te recomiendo que escuches lo que he venido a decirte y que luego cada una se vaya por su lado antes de que pierda los nervios.
-¡Joder, Jana! Pero me merezco explicarme, ¿no? Vale que lo que viste fue muy fuerte pero tampoco entiendo cómo te afecta tanto, pero ya que parece que para ti es tan importante, pues me merezco una oportunidad de explicarme y quizás así todo tome otro cariz.
-Que te calles de una vez, ¡pedazo de puta! He venido con un objetivo únicamente, que es decirte una cosa. Si no la quieres escuchar allá tú, pero te garantizo que será mil veces peor para ti, ¿lo entiendes de una vez?
-Jana, tía, pero…
- ¡Basta coño! Mira, es muy sencillo: quiero que se lo cuentes a tu marido. Alberto se merece saber la verdad. Yo no puedo y no voy a ser cómplice de este engaño. Es así de sencillo. O se lo cuentas, o se lo contaré yo. Te doy exactamente una semana de tiempo. ¿Me has escuchado?
- ¿¿Qué?? Pero ¡tú quien te has creído que eres! ¿Es que acaso eres perfecta? Te puede gustar más o menos, pero ¿quién eres tú para meterte en mi vida? ¿Es que lo que viste te afecta de algún modo o qué? Ah, estás pillada por Juan, ¿Verdad? ¿Es eso? ¿Lo quieres para ti? Pues te jodes, Juan es mío, solo mío, ¡y él solo me quiere a mí!
-Mira que eres imbécil, de verdad… Se me cae la venda de los ojos. No entiendo cómo me has caído bien hasta ahora. Eres una egoísta, una traidora y encima eres imbécil. ¿Juan, dices? A mi Juan me la suda, idiota. Haz lo que quieras con él. Y haz lo que quieras con tu vida también, ahora ya me da igual. Sois tal para cual.
- ¿Entonces es Alberto? ¿te gusta mi marido? Pero si ni siquiera lo conoces… ¿Te gusta por sus artículos y sus apariciones en TV? Coño, sí, ahora caigo como lo defendías la otra vez… ¿en serio? ¿En serio estás colgada de mi marido y vienes a darme lecciones sobre fidelidad conyugal? Qué vas a saber tú de felicidad, ¡pedazo de reprimida!
-A Alberto ni lo mientes, ¿me escuchas? Con Juan haz lo que quieras las buenas personas no se merecen que las apuñalen por la espalda, Luz. Eso sí que no. Y Alberto no se lo merece. De hecho, Alberto no se merece estar con alguien como tú, pero eso ya es su decisión. Así que ya sabes. Te doy la oportunidad de que seas sincera y le expliques la verdad. Lo que pase después entre vosotros ya será cosa vuestra.
Jana coge sus cosas, se levanta, y se va hecha una exhalación. Antes de desaparecer por la esquina, vuelve hacia Luz otra vez y repite:
-Tres días, Luz. Tres días para que seas por una vez una buena esposa. Tres días para que seas sincera con tu marido, o te juro que le llegará la noticia por otro lado. Tú misma.
Cuando se queda sola, Luz, que para nada se esperaba esta furibunda andanada de su otrora amiga, se derrumba y estalla en silenciosas lágrimas. Parece que al final sus pecados la han alcanzado y que la hora del juicio ha llegado.
******
Al día siguiente, Luz, que apenas ha conciliado el sueño, insiste a Juan para verse un segundo después de comer y antes de volver al despacho. Aún no sabe qué hará respecto a las amenazas de Jana, pero cree que, puesto que también le afectan, Juan tiene que estar al corriente.
-Juan, Jana lo sabe todo.
-Ya lo sé, Luz, es evidente… No sé cómo se lo tomó, de momento no me ha dicho nada. Pero Rosa me contó que parece que le impactó mucho.
-Conmigo sí que ha hablado, Juan. Ayer. Esto es lo que necesitaba contarte. No entiendo por qué, pero es como si descubrir lo nuestro la hubiera vuelto loca. Como si le fuera la vida en ello. Y no entiendo por qué, la verdad. Lo primero que se me ocurre es pensar que ella sienta algo por ti, pero lo negó categóricamente. -mientras Luz se prepara para compartir las malas noticias con su amante, la voz se le quiebras y las manos le tiemblan.
- Pero ¿qué es lo que te ha dicho exactamente, princesa?
-Lo va a soltar, Juan, lo va a soltar. – y de nuevo Luz se viene abajo y prorrumpe en lágrimas. Juan la toma delicadamente entre las manos. Se muere de ganas de abrazarla y besarla para consolarla, pero no puede hacerlo en público. – Lo va a contar todo. ¡Se lo va a contar a Alberto si no se lo cuento yo misma antes de dos días!
Juan no acaba de comprender nada y, al no saber qué decir, permanece en silencio. ¿Por qué Jana se lo ha tomado tan a la tremenda cuando ella no se ve afectada en absoluto? ¿Por qué Luz está tan histérica?
-Lo voy a perder, Juan, lo voy a perder, ¿me entiendes? -explica Luz entre sollozos. - Alberto me va a dejar… me va a repudiar… y yo lo quiero, lo quiero con toda mi alma, ¿Sabes?
Juan no entiendo nada y se siente dolido. ¿Si Luz quiere tanto tantísimo a Alberto como ahora perjura, por qué le ha perseguido a él tantas veces? Tampoco es que él mismo esté enamorado de Luz ni que quiera dejar a su esposa para irse con ella, pero se siente herido de que la propia Luz pone al miserable Alberto tan por delante suyo. Y en paralelo, ver a su dulce Luz completamente rota sin siquiera tener la posibilidad de tomarla en sus brazos le resulta un peso insoportable.
- ¿Qué quieres que hagamos, Luz?
- No lo sé, Juan, estoy… estoy hundida. No quiero perder a Alberto, ¿sabes, cariño? Ni a mis hijos… ¡son mi familia!
-Claro, Luz, lo entiendo perfectamente… - aunque no, Juan no entiende nada. Si tanto le duele la perspectiva de perder a su familia, ¿cómo es que en la misma frase le llama “cariño” a él? Todo eso empieza a recordarle las interminables discusiones que tuvieron cuando él quiso poner punto a final al primer capítulo de su aventura, años atrás. Luz, siempre tan fogosa, siempre tan emocional, absolutamente incapaz de ver las cosas en perspectiva y dejándose llevar por las emociones mas primarias. Qué diferente de la mujer sensata y brillante que siempre ha admirado laboralmente… La Luz personal, cuando las cosas van mal dadas, es un tornado que esparce caos a su alrededor.
Juan empieza a tener miedo de las reacciones de Luz, y a pesar de que desea ayudarla, también desea alejarse de la espiral de reacciones desmesuradas que siempre la rodean.
Sin embargo, cuando después de pagar se refugian en el área de aseo para que pueda recomponer su figura, Juan sostiene su chaqueta y bolso mientras ella se lava las manos y, observándola desde atrás, no puede evitar sentir otra vez el pinchazo del deseo. Con su torso reclinado hacia adelante, la falda de tubo negra que lleva hoy marca su culazo y Juan se excita. Ha disfrutado tanto follándola desde atrás y tomándola de la cadera para ensartar su polla entre éste par de nalgas divinas… ¿significa todo esto que ya no tendrán ocasión de hacerlo otra vez? ¡Joder, por favor, no!
Cuando luz acaba de asearse, se gira hacia Juan y éste le ofrece sus pertenencias de vuelta. Luz, aún con los ojos hinchados, le sonríe tiernamente y le abraza.
-Gracias por entenderme, cariño – dice ella.
- De nada, Luz – responde él.
-Gracias, amor, eres el mejor – replica ella.
Instantes después, sus labios se juntan una vez más, sus lenguas se encuentran de nuevo y sus manos devoran la distancia que las separa del cuerpo del otro para fundirse en un abrazo.
“Gracias, amor” decía Luz en el reservado de la cafetería. “De nada, nena”, responderá él cuando dentro de unas dos horas alcancen el segundo orgasmo juntos en la intimidad de la habitación de un hotel.
Con este último polvo, Juan ha acabado de hacer las paces con la idea de que, después de todo, sí, es un adúltero. Luz, con quien tiene una química especial, no es una mujer a quien ame. Y sin embargo, cómo disfruta haciendo el amor con ella. ¿Es tan malo, después de todo? Sí, es cierto: vivir de este modo quiere decir que su mujer vive engañada. Pero también lo es que él la hace feliz. Nadie sale perjudicado por el hecho de que, de vez en cuando, el deseo que siente por Luz sea satisfecho. Y, no nos engañemos, deseo por otras mujeres lo sienten todos los hombres. La única diferencia en su caso es que lo satisface sin que nadie salga perdiendo. Sería, paradójicamente, si no lo satisfaciera, cuando todos saldrían peor: Luz se perdería los mejores polvos de su vida, él estaría de mala leche contínua y su esposa tendría que aguantar su frustración y sus eternamente rechazados intentos de añadir un poco de picante a la vida sexual conyugal.
Definitivamente, mejor follarse a Luz.
*****
-Alberto, tengo que decirte algo importante - le dice Luz a su marido al día siguiente. Le ha insistido tanto como ha sido necesario hasta conseguir que hoy, como una de las rarísimas excepciones en que ocurre, han comido juntos en casa.
-Dime, querida.
-No es fácil decirlo, porque nunca pensé que yo fuera a hacer algo así pero… te he engañado.
-Ehh… ¿Qué quieres decir?
-Que me he acostado con otro hombre, Alberto. – y, otra vez más, esta la definitiva y con más motivos que nunca, Luz estalla en llanto mientras confiesa sin escatimar ningún episodio su larga infidelidad con Juan.
Alberto, muy tocado, también llora. No se lo esperaba en absoluto. La sorpresa sazona el dolor insoportable causado por la noción de que su mujer se podría ir y abandonarle. ¡Cómo somos los humanos! Después de años de pasividad, Alberto muestra por fin sus sentimientos. Vuelve a ser el hombre tierno y vulnerable para quien Luz era todo su horizonte, vuelve a colmarla de besos y súplicas. Desesperado le pide que no le deje, pero Luz calla.
Quisiera dejarle e iniciar una vida con Juan. Ahora sí que lo tiene claro. Pero la claridad no sirve de mucho ante la fuerza de las convicciones morales. Quisiera hacerlo, pero siente que no puede. El matrimonio es sagrado, diría su madre. Una buena esposa siempre debe estar al lado de su marido, diría el cura, su confesor. Ahora que finalmente ha aceptado que es a Juan a quien ama y es con Juan con quien quisiera estar, Luz se asoma al precipicio por el que siente que debe empujar sus deseos. Empujarlos por el acantilado hasta que se estrellen, para quedarse con su marido.
-Yo también tengo una cosa que contarte, pastelito mío. -la sorprende ahora Alberto. – Me han ofrecido formar parte de la candidatura del Partido de la Gente para las elecciones municipales, que como sabes va a ganar.
- ¿En serio, Alberto? ¡Enhorabuena, cariño, te lo has ganado! ¡Es un logro increíble!
-Sí. Como número dos. Solo por detrás de Camilo Ochoa, de quien se supone que se jubilará antes de que acabe la próxima legislatura. Con lo cual, yo sería el delfín. El número dos ahora, y el candidato en la próxima legislatura.
-Alberto, guau, estoy impresionada. Pero tu no formas parte del partido, ¿Cómo ha sido esto?
- Justamente. Me quieren como independiente, como una figura de prestigio para renovar la imagen del partido después de que Camilo lleve al frente más de veinte años y de sus diversos escándalos sociales. Mis artículos en prensa han sido mi carta de presentación. La gente del partido valora mucho que voy a ser una figura nueva para el partido, pero a la vez ya conocida y admirada socialmente. Es la oportunidad de nuestras vidas, pastelito mío.
-Es increíble, amor. Lo vas a conseguir. Vas a llegar a alcalde, y yo voy a estar a tu lado, si me perdonas por todo lo que he hecho. Te juro, amor mío, que nunca más te voy a fallar.
-Claro, Lucita, yo te perdono a pesar de que lo que me has contado ha sido como un rayo partiera mi corazón. Te perdono instantáneamente porque te amo con locura. Además, y necesito que lo entiendas, de ahora en adelante voy a ser una figura pública, observada, espiada, analizada. Yo y mi familia. Tenemos que ser un ejemplo para toda la ciudad. No podemos permitirnos ni un desliz, ¿comprendes, amorcito?
-Sí, desde luego, me hago cargo. Es lo que significa estar en el ojo público.
-Exacto. El partido me ha dejado muy claro que, si no tuviera estabilidad familiar, no podrían ni pensar en mi candidatura. Ya han descartado a otros por razones similares. Te quiero y te necesito para que mi carrera siga adelante, Luz.
Y ahí es donde algo se despeña por el acantilado. Y no son solamente los deseos de Luz, sino con ellos desaparece en el vacío también su amor propio.
******
-Jana, tú ganas.
- Se lo has contado todo, o se lo cuento yo.
- Se lo he contado todo. Este mediodía.
- ¿Y te ha perdonado?
- ¿Y a ti que te importa? Me has obligado a hacerlo, a partirle el corazón a un buen hombre, pero no tengo porqué explicarte nada.
- No me lo expliques si no quieres, Luz. Pero no te equivoques: el corazón se lo partiste el día que te bajaste las bragas para otro hombre, no el día que se lo contaste. Eso solo era la consecuencia.
-…
-Sabes que tengo razón. El pecado fue la infidelidad, no la sinceridad.
-Vale ya, cabrona, déjame en paz de una vez, ¿vale? Me obligaste a decírselo, y se lo dije. Punto final. Ahora me ha perdonado y tú te aguantas, no has podido acabar con nuestra felicidad.
-Lo que no entiendes es que me alegro, Luz. Me alegro que te haya perdonado. No lo entiendo, pero me alegro. Espero que seáis felices. Espero que no vuelvas a equivocarte tanto otra vez. Alberto no se lo merece. Y, en realidad, tu tampoco. Adios, Luz. Os deseo lo mejor.
*****
-Amiga mía, me alegra escuchar que estás feliz con el desenlace. Cuando me contaste lo que viste en mi casa estabas un naufragio emocional. Me alegro muchísimo de ver que, después de todo, lo que ha ocurrido te aporta paz.
-Gracias, Rosa. Solo he podido confiar en ti, durante todo este tiempo. Gracias por todo, sin ti creo que me habría venido abajo.
-Estoy convencida que no, Jana. Eres una mujer fortísima, y lo sabes. Te admiro de todo corazón. Ahora bien, si insistes en estar tan agradecida, ¿sería mucho preguntar si te pido que me aclares de una vez qué demonios provocó que un lío entre dos personas ajenas a ti, como los hay a miles en esta gran ciudad, te impactara de tal manera?
-Esta bien, Rosa, te lo voy a contar. En realidad, te lo mereces. Me has brindado apoyo y me has permitido desfogarme cuando no tenía fuerzas para nada más, sin presionarme, y si ahora rehusara responderte sé que tampoco me presionarías más, y por todo ello mereces entender qué es lo que ocurrió en realidad. Además, ahora que ya está todo resuelto, ya estoy en paz y puedo hablar de ello.
-Soy todo oídos, Jana.
-Todo se remonta a mucho tiempo atrás, pero esto no lo super hasta tiempo después de que el grupito de amigos cogiera forma. Conocimos a Juan, Luz, Nieves y Samuel sin que yo pudiera ni sospecharlo, e hicimos muy buenas migas. Nos conocimos, lo pasamos bien, compartimos muchas veladas, comidas y cafés, etc. Y en una de ellas, fortuitamente, Luz nos explicó quien era su marido. Alberto Viózquez.
-Cierto. Y eso tiene que ver con…
-Alberto Viózquez fue mi primer novio.
- ¡Madre mía!
- Te hablo de muchos años atrás. Yo acababa de entrar a la facultad, apenas debía tener 18 años. Él era dos o tres años mayor. El caso es que lo conocí en la primera fiesta, apenas debía ser octubre, en pocas semanas nos enamoramos, empezamos a salir juntos… Con él perdí mi virginidad, Rosa. Alberto fue una persona importantísima en mi vida. Fue mi primer novio, fue mi primer amor de verdad, fue… lo fue todo para mí. Estuvimos juntos no más de un año, pero yo daba por sentado que un día él sería mi marido y el padre de mis hijos. Estaba loca por él, y él me trataba como un príncipe azul. Todo iba de maravilla.
-¿Qué ocurrió, entonces?
-No mucho, en realidad. La vida. Lo que ocurre a todo el mundo. Ocurrió que Alberto conoció a otra chica, se enamoró de ella y se desenamoró de mi. Sin más. Lo especial del caso es que tuvo la honestidad de contármelo a la cara, de dejarme a mi sin ni siquiera tener la certeza de que lo suyo con esa otra chica llegaría ni siquiera a empezar. Fue muy noble, la verdad. Hizo las cosas con mucha nobleza. Cuando llegó a la conclusión que lo nuestro no era lo que quería, me dejó a mi antes de traicionarme. Y luego, solo luego, lo intentó con esa chica. Esa chica era una becaria suya, una chica de mi mismo curso, que hizo todo lo que estuvo en sus manos para seducirlo. Y lo seduzco, ya ves, pero él quiso hacer las cosas como es debido y fue honesto conmigo antes de hacer nada con ella. Fue tan honesto que permanecimos amigos, al menos un tiempo. Así supe que después de cortar conmigo, rápidamente se fue a la cama con esa chica. Así supe que esa chica, una vez lo tuvo comiendo de su mano, se resistió a considerarse “pareja” durante mucho tiempo. Pero, lo más importante, así supe que esa chica le acabó poniendo los cuernos. Y eso destrozó a Alberto. Nadie lo sabe, pero cayó en depresión. Se tuvo que medicar, tuvo que cambiar cosas en su vida. Y una de esas cosas fui yo. Fruto de la terapia que hacía, llegó a la conclusión que mantener una amistad conmigo le recordaba demasiado todos los acontecimientos. Y además sospechaba, no sin razón, que yo aún pudiera tener alguna esperanza de que volviera conmigo. Una vez más, fue mui honesto: me explicó que eso no era una posibilidad y que, tanto por su bien como por el mío, era mejor romper la amistad. Y así fue, ese fue el fin de la historia. Pasó el tiempo, que todo lo cura, y conocí al que sería mi marido, con el cual me casé, creé mi familia y, en fin, el resto ya lo conoces. Pero por todo esto, cuando vi que la esposa de Alberto le traicionaba y de la manera más descarada que podría imaginarme, se me cayó el mundo a los pies.
-Dios mío, Jana, no puedo ni imaginar lo que debes haber sufrido…
-No, sufras, Rosa, es normal. Es historia antigua. Y que resultara que Luz era su esposa fue una auténtica casualidad, yo no tenía la menor idea. Ahora, me alegro de que se diera esa casualidad, porque me permitió tener un pequeño rol para poner fin al engaño. Que Alberto haya perdonado a Luz es su decisión, ahí no puedo entrar. Si es lo que a él le hace feliz, me alegro por él. Yo simplemente necesitaba hacer algo, no podía quedarme de brazos cruzados mientras sucedía lo mismo otra vez. Es mi manera de agradecerle desde la lejanía lo bien que me trató a mi en el pasado.
-Amiga mía, te admiro tanto… Eres una mujer buena, íntegra, fuerte y resistente. Y comprendo perfectamente la fuerza de las emociones que has compartido conmigo. Lo único que me gustaría decirte es, si me permites…
-Claro, Rosa, adelante.
-Procura no juzgarles demasiado estrictamente. Cierto es que Luz y Juan pudieron hacer las cosas mejor, pero ya sabes, como dicen en la Biblia, que arroje la primera piedra el que esté libre de culpa. Todos metemos la pata, a veces un poquito y a veces hasta el corvejón, y cuando lo hacemos es siempre sin querer. Nadie se equivoca a propósito. Lo que quiero decir es: entiendo tu rabia, pero déjala ir. Te hará bien, amiga mía, te hará bien.
-Tienes razón, Rosa, tienes toda la razón, pero me cuesta. Tú eres más despreocupada que yo.
-Puede. O quizás es que tenga otros intereses también.
*****
La tarde está nublada. El verano languidece como lo ha hecho el grupo de amigos. Hoy se reeditan las antiguas comidas en las que tantas cosas ocurrieron, pero ya solo quedan dos miembros: Rosa y Juan. Hoy, pues, comen solos en el apartamento de Rosa, que como es bien sabido es soltera. Huelga decir que, a su mujer, Juan solo le dijo que tenía comida del grupo de amigos, sin especificar que el grupo ahora solo se reduce a él y a una atractiva mujer de grandes pechos.
- ¿Cómo estás, Juan? - pregunta finalmente Rosa cuando ya atacan el café de después de la comida.
- ¿Por qué lo dices, Rosa? ¿Porque ahora Luz salga en los periódicos junto a su maridito, el hombre del momento?
- Claro. Me contaste que era Luz la que estaba más enamorada de ti que tu de ella. ¿Cómo te hace sentir que ahora traicione esos sentimientos por puro interés?
- Si te soy sincero, Rosa, me siento aliviado. Todo lo nuestro había entrado en un bucle del que era muy difícil salir. Demasiada lujuria, demasiada sinrazón.
- Visto lo visto, eso parece, haha. Oye, y viva la lujuria, haha
-Chin chin por la lujuria, haha. Gracias Rosa, por no juzgar.
-Cada uno vive su vida como quiere. Yo misma, he estado resentida con los hombres mucho tiempo porque mi ex me puso los cuernos a mí, pero luego me he pasado años encontrando placer en ligarme a hombres casados. Antes me decía a mi misma que yo era libre y que el que cometía una traición era el hombre. ¿Qué es peor? Ahora ya creo que en realidad da igual. Lo vivido es lo vivido, y eso es lo único que importa.
-No podría estar más de acuerdo.
- Por curiosidad, Juan… entonces, ¿tú no estás enamorado de ella? ¿Estás bien?
- En algún momento dudé de si lo estaba o no, porque nunca fue sexo por sexo sin más. Era sexo, sin duda, pero basado en una química y un entendimiento muy grandes que se fraguó paso a paso. Pero ya hace tiempo, mucho tiempo, que sé que no estoy ni podría estar enamorado de Luz. Somos demasiado diferentes. Su intensidad me abruma, me agota. Todo es demasiado complicado, y a mi me gusta hacer las cosas sencillas.
- En eso nos parecemos mucho más tú y yo. -Rosa, que lleva tiempo coladita por Juan, ahora ya sabe que no tiene ninguna razón para reprimirse. Y lo que está escuchando, la anima a empezar a buscar la complicidad de Juan.
- Sin duda, sin duda.
- Menos palabras, menos dramas, menos complicaciones, y más vida. Todo es más sencillo de lo que parece.
- No podría haberlo expresado mejor. La vida son dos días y hay que disfrutarla. ¡Brindemos por ello!
- ¡Chín chín! Y an así, no os podíais quitar las manos uno del otro y volvíais al catre una y otra vez, parece ser, ¿no?
- Hahaha, un caballero no cuenta estas cosas. Y yo soy un caballero.
- Desde luego. Un auténtico caballero. Y además lo pareces, Juan. Un caballero bien apuesto.
- Sabes lo más irónico de todo?
- Dime
- ¡Ella ni siquiera era mi tipo!
- Lo sé.
- ¿Lo sabes?
- ¡Desde luego! Luz era demasiada poca mujer para ti, Juan.
- Hahahaha
- Es verdad. Yo sé lo que te gusta.
-Ah sí? ¿Y qué es?, a ver…
Rosa se levanta y se sienta bien pegadita al lado de Juan.
-A tí lo que te pone es una mujer decidida.
-Aha.
-Con carácter.
-Vale, sí, vas bien encaminada.
-Con las ideas claras.
-De acuerdo…
-Voluptuosa, con curvas.
-Mmmmm, cierto.
-Silueta sinuosa
-Eso siempre ayuda, sí
-Labios carnosos
-…
- Unas tetas generosas y un escote sin tapujos… -Rosa se inclina ligeramente, ofreciendo sin vergüenza una panorámica immejorable por entre el ancho balcón de su camiseta.
-Rosa…
- ¿Sí o no?
- Eeeeh, pues… sí, la verdad es que la has descrito muy bien. ¿Y cómo lo sabes, si se puede saber?
-Bueno, cariño, porque por mucho polvo que hayas echado con Luz, desde que nos conocimos no me quitas ojo de encima… - Rosa se levanta y se sienta a tu lado, pegada a Juan.. - Sé que te gusto, Juan.
-Eres muy atractiva, es verdad. -Juan alza un brazo y lo coloca encima del respaldo del sofa, por encima del cuerpo de Rosa, abriendo su posición hacia ella.
- ¿Y sabes qué? – prosigue ella.
- ¿Qué?
-Tú a mi también me pareces muy, muy atractivo.
-¿Ah sí?
- Aha…
-A ver si adivino cuál es tu tipo:
-Estoy segura de que la clavas.
-Un hombre fornido
-Desde luego.
-Con vello
-Claro, quiero un hombre, no un niño.
-Seguro de sí mismo.
-Sí, por favor…
-Con voz grave y sonora.
-¿Qué más?, por favor… sigue, vas muy bien.
- inteligente.
-Aha…
-Y sin miedos ni tonterías – Y ahora Juan deposita su mano sobre el muslo descubierto de Rosa.
-No te has equivocado ni un pelo… - Rosa deja la suya encima de la de él y acaricia su brazo peludo.
- Rosa…
-Dime guapo
-Sabes que sigo casado, ¿verdad?
Rosa se acerca al oído de Juan y le susurra:
- Me importa una mierda… - Y volviendo a su posición original, replica a su turno: -
- Juan…
- Shhhhht, guapa.
Y sin dejarla acabar la frase, Juan vence la distancia y la besa.
Diez minutos más tarde, la escasa ropa del verano se encuentra repartida a lo largo del camino que lleva del sofá a la cama de Rosa, y mientras ella se sitúa a horcajadas sobre las piernas de Juan, declara:
- ¿Quieres follarme las tetas, nenito?
- Es la primera de las mil maneras en que quiero follarte, guapa.
Rosa lo hace con arte. Arrodillada ante Juan, hace aparecer y desaparecer el pollón de su amante entre sus jugosas carnes aderezadas con la cantidad justa de saliva y las lamidas eventuales a la puntita que sobresale. Al hacerlo siente una excitantísima sensación de poder. Sus pechos, estimulados al máximo, si bien no emiten placer en si mismo, envían a su cerebro señales de excitación de tal calibre que se siente que la menor brisa la puede hacer estallar. Juan, por su parte, tumbado debajo de Rosa se afana en acariciar sus grandes senos tanto como puede. Luz jamás habría podido hacer lo que Rosa le hace, y lo había deseado tanto... El orgasmo aún está lejos, pero está claro que van a llegar muchos.
-Juan, en 10 minutos voy a hacerte lo que Luz nunca pudo y te vas a olvidar de ella.
-Rosa, no pares, ya casi no la recuerdo. Esto si que es una mujer...
Y así es como la historia de Luz y Juan llegó a su final. Claro que, como siempre en la vida, el final de una historia simplemente supuso el principio de muchas otras.
********************************************
NOTA: Este relato es continuación Y FINAL de la saga de Juan y Luz. Estos son los capítulos anteriores:
1. Créeme, es mejor si no digo nada más
2. La fuerza del pasado y el poder de la rutina
3. Its beginning to look like Christmas
4. Hoy quiero portarme mal
5. Fantasías y dudas en días de Santa Claus
6. Suena demasiado bien
7. Los adultos también juegan a “Yo nunca nunca”
8. Detrás de los arbustos, en el centro de la ciudad
9. Que no se entere nadie
10. No me digas que no quieres
11. Se abre una puerta
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