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Historias del complejo turístico (39)

Él la mira en silencio, sabiendo que cada gesto es un abismo. Ella busca compañía en él, sin saber que su corazón ya no le pertenece a su esposo. Esta noche, la verdad saldrá a la luz.

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La historia de Juan Segundo

Capítulo 3

Le di un largo trago, y no pude evitar pensar en voz alta, así es damas y caballeros, distinguidísimo público, definitivamente y sin lugar a dudas, estoy perdidamente enamorado de Ana!

Sí, ya lo sé, es un amor imposible, Ana está casada, pero no pude evitarlo, cada vez que me mira a los ojos, su mirada me llega hasta el corazón, cada vez que me sonríe, me alegra el alma. Lo que siento por ella, en nada se parece a lo que sentí alguna vez por Marisa.

Lo que hice esta noche puede entenderse quizás como una locura, el tipo podría haber estado armado, pero tan solo me salió hacerlo, hacerlo por ella, y estoy plenamente seguro de qué por ella podría hacer mil locuras más.

Con ese sabor agridulce me fui a acostar, y por supuesto, me dormí pensando en ella, sabiendo que este sentimiento tenía que quedar bien guardado dentro de mí.

Qué difícil veo los tiempos por venir, verla casi todos los días, hablar con ella, perderme en su mirada, y disfrutar de su sonrisa, va a ser muy difícil, pero así es la vida, y nada voy a hacer o decir que pueda traerle problemas, no me lo perdonaría.

Lo único que tendría qué hacer, es todo lo posible para que ella no se diera cuenta, estoy seguro que de saberlo, las cosas no serían como hasta ahora.

El domingo me levanté cerca del mediodía, era el día de mi cumpleaños, tomé unos mates, y como no tenía ganas de cocinar, decidí salir y comer algo por ahí.

Antes de salir, pasé por lo de Mercedes, me había dicho que pasara un momento para saludarme.

Toqué el timbre en su departamento y me abrió con una sonrisa.

-MERCEDES: Hola Juanse! Feliz cumpleaños querido! Pasá un minuto!

Entré a su departamento y nos sentamos en la mesa del comedor.

Hablamos un momento y Mercedes se levantó, fue hasta su habitación y volvió con una bolsa.

-MERCEDES: Tomá nene! A ver si así andás un poco más arreglado!

-JUAN: No hacía falta ningún regalo!

-MERCEDES: No seas boludo y agarrá esto! Si no te gusta la podés cambiar!

Abrí la bolsa y me encontré con una hermosa chomba de color azul!

-JUAN: Está buenísima Mercedes! Me encanta! Muchas Gracias!

-MERCEDES: A ver si andás más presentable y te da bola!

-JUAN: ¿Quién Mercedes?

-MERCEDES: No te hagas el boludo, que sabés muy bien de quien te estoy hablando!

Me quedé un momento más con Mercedes, hasta que su hija vino a buscarla para almorzar con ella, luego fui hasta mi casa a dejar el regalo.

Bajé al subsuelo y salí en la moto, el auto de Ricardo no estaba, ¿habrían salido juntos a almorzar? Que daría yo por qué almorzáramos juntos y luego paseáramos por la ciudad, creo que sería el hombre más feliz de Mar del Plata, pero como ya tenía claro, eso era algo inalcanzable.

Volví al edificio cerca de las cinco de la tarde, me preparé el mate y me fui a la terraza.

Divagaba en mis pensamientos entre mate y mate, cuando Ana apareció en la terraza, con un alfajor de chocolate en la mano, que tenía clavado en el medio una velita encendida.

-ANA: Hola Juanse! Feliz cumpleaños!

-JUAN: Hola Ana! Muchas gracias!

-ANA: Tres deseos y a soplar!

No hicieron falta tres, unos solo bastaba, aunque lo veía imposible. Soplé la velita y Ana me saludó con un beso en la mejilla.

-JUAN: ¿Cómo sabías que era mi cumpleaños?

-ANA: Por la foto de tu documento en la pizarra de novedades!

Ni recordaba esta foto escaneada de mi dni, que la administradora había pegado cuando empecé a trabajar, para que los vecinos supieran quien era yo.

-JUAN: Gracias Ana! Es un lindo gesto!

-ANA: Supuse que no tendrías festejo de cumpleaños, y quise que no pasara desapercibido!

-JUAN: Sos muy amable!

Nos sentamos en la terraza a tomar mate y compartir el alfajor. No hubiera esperado algo así, desde que no estaban papá y mamá, y desde la separación, nadie había recordado mi cumpleaños, al menos nadie tan importante para mí. En verdad fue una caricia al alma.

Una hora después nos despedimos, ella tenía que volver a su casa antes de que volviera su esposo.

Recién volví a verla el martes temprano cuando se iba para la guardia, me saludó a la pasada, iba con el tiempo justo y no intenté retenerla.

Ese día decidí dejar de fastidiar a su esposo, ¿qué razón tenía? Creo que ya nada tenía sentido, confirmar que su esposo le era infiel, no me servía de nada, pensar que un día ella se enterara y decidiera dejarlo, era una posibilidad remota, y lejos de mi alcance.

Faltaban un par de días para Navidad, y estaba sentado en las mesas de la terraza tomando unos mates, cuando la vi venir.

-ANA: Me supuse que estarías acá!

-JUAN: Hola Ana, ¿cómo estás?

Al llegar a dónde estaba sentado, se acercó y me saludó con un beso en la mejilla.

-ANA: Hola Juanse! Estaba por tomar unos mates, y decidí subir, si estabas nos tomábamos unos mates juntos.

-JUAN: Hiciste muy bien, aquí a la sombra está muy lindo!

Conversamos un rato sobre varias cosas, y luego me preguntó:

-ANA: ¿Dónde vas a pasar las fiestas?

-JUAN: Acá, salvo que algún vecino decida hacer un asado esa noche, había pensado que si nadie usa la parrilla ese día, me podría hacer un asadito para mí.

-ANA: ¿Y vas a estar solo?

-JUAN: Seguramente! La Navidad desde que no están papá y mamá, en verdad me da lo mismo, y el fin de año desde que estoy acá, después de cenar me voy a la playa, a recibir el año mirando el mar.

-ANA: Qué pena que estés solo!

-JUAN: Es así mi vida Ana! No tengo familia y vivo solo, ni siquiera está Mercedes para hacernos compañía mutuamente, me dijo que se va a Córdoba con la hija el veintidós, y vuelve a mediados de enero.

Conversamos un rato más, y tuve que volver al trabajo.

El veintidós, antes de que Mercedes se fuera, pasé a tomar un café con ella y a desearle unas felices fiestas, y antes de despedirnos, Mercedes fue hasta su habitación y volvió con una bolsa.

-MERCEDES: Tomá, lo dejó Papá Noel para vos!

-JUAN: No hacía falta otro regalo Mercedes!

-MERCEDES: Quería hacerte un regalo, sos muy bueno conmigo y es lo menos que podía hacer!

-JUAN: Muchas gracias Mercedes! Espero pases unas felices fiestas y pasees mucho por Córdoba!

-MERCEDES: Vos también hijo! Aunque me da pena que te quedes solo! Ella todavía no puede!

-JUAN: ¿Ella quién Mercedes?

-MERCEDES: ¿Quién va a ser tarado? Ana!

-JUAN: Mercedes! Ana está casada!

-MERCEDES: Ya lo sé Juanse, pero se te nota a kilómetros de distancia, y ella seguro ya se debe haber dado cuenta! Es cuestión de tiempo no más! Hacele caso a esta vieja! No pierdas las esperanzas! Vi como te miraba el día qué me encontraste en el piso!

-JUAN: Vos sí que sos una vieja loca Mercedes!

Esta vez el regalo era una camisa de tela cuadrillé celeste muy linda.

-JUAN: Gracias Mercedes! Es hermosa!

-MERCEDES: Más vale que la uses!

-JUAN: Sí viejita, ya me la vas a ver puesta!

Me despedí de Mercedes, y me dejó pensando, ¿tanto se me nota? ¿Realmente se habrán dado cuenta a Ana de lo que me pasa con ella?

Ese mismo día por la tarde, estaba en el palier de entrada, cuando Ana entró al edificio.

-ANA: Hola Juanse ¿cómo estás?

-JUAN: Hola Ana muy bien, ¿y vos?

-ANA: Haciendo compras!

-JUAN: Y si las fiestas son para eso!

Hablamos un momento más y subió a su departamento.

Para la noche del veinticuatro de diciembre, como nadie utilizaría las parrillas, compré carne, un poco más como para qué me quedara para el día siguiente, y varias cervezas, me iba a hacer un asado, y a las doce desde la terraza, vería los fuegos artificiales. Tremendo plan el mío!

A eso de las ocho de la noche, subí y prendí el fuego tomándome una cerveza.

Las luces de la terraza estaban apagadas, solo había prendido la que está en la parrilla.

Mientras se prendió el fuego me senté en una de las mesas a tomarme la cerveza y a pensar.

Aunque vivo solo, y es así mi vida, me bajonean un poco las fiestas, las familias se reúnen y pasan buenos momentos, pero bueno... es lo que tocó.

No había hablado con Ana, y no sabía que hacía ella esa noche, si estaría en su casa, o iría a casa de alguien más.

Estaba en esas elucubraciones mentales, cuándo a mis espaldas, escuché su voz, y no voy a mentir, se me aceleró el corazón, ¿qué hacía Ana acá a esta hora?

-ANA: Hola Juanse!

-JUAN: Hola Ana! ¿Cómo estás?

-ANA: Cómo no te encontré en el departamento, me imaginé que estabas acá.

-JUAN: Ya está el fuego prendido, estaba por poner la carne, ¿Ustedes cenan acá?

-ANA: Yo sí, Ricardo la Nochebuena cena con su madre y sus hermanos.

-JUAN: Perdón por la pregunta, pero…, ¿vos no vas con tu marido?

-ANA: Mi suegra no me quiere, nunca me quiso, ella quería que Ricardo se casará con su ex novia, y para ir, y estar ella y yo con mala onda, hace ya años que no voy, solo fui una vez, y la pasé muy mal, mi suegra toda la noche con cara de culo. Después de ese día, le dije a Ricardo que no iría más, que fuera solo, él estuvo de acuerdo, y así lo hacemos desde hace unos años.

-JUAN: ¿Y para año nuevo?

-ANA: Para año nuevo se queda acá!

-JUAN: ¿Y con quién cenás esta noche?

-ANA: Sola!

-JUAN: No cenes sola! ¿Me permitís invitarte a cenar? Yo también iba a cenar solo, pero si querés, nos podemos hacer compañía?

Y su sonrisa hizo de esa Nochebuena, la más feliz desde que no están mis padres.

-JUAN: ¿Te gusta el asado?

-ANA: Me encanta!

-JUAN: Compré un montón de carne, chorizos y una molleja!

-ANA: Me gusta todo eso!

-JUAN: Perfecto! Marche asado para dos! Voy a buscar la carne y ya la pongo al fuego! ¿te tomás una cerveza?

-ANA: Sí claro!

Entré al departamento sin poder terminar de creer como en unos minutos había cambiado mi cena de Nochebuena, y con una sonrisa, volví con la carne y un par de cervezas.

-ANA: ¿Con qué acompañas el asado?

-JUAN: Con ensalada!

-ANA: Yo la preparo, ¿te parece?

-JUAN: Por supuesto! Para el asado ando más o menos bien, pero para la ensalada soy un desastre!

Puse la carne al fuego, y volvimos a entrar al departamento a preparar la ensalada, llevándonos las cervezas.

-JUAN: Fíjate en la heladera, y hacé la ensalada que más te guste! Algunas cosas tengo!

Abrió la heladera y sacó varias cosas, una palta, tomate, cebolla, lechuga y una naranja.

-JUAN: ¿Naranja?

-ANA: Vos déjame a mí! Vas a ver qué ensalada!

Nos tomamos la cerveza preparando la ensalada y conversando.

No podía entender como el tipo este es tan pelotudo! Ana es una mujer muy agradable, y el tipo no hace nada frente a su madre. Definitivamente, creo que no está enamorado de ella. ¿Ana seguirá enamorada de él?

No pienses esas cosas Juanse, no te hagas ilusiones! Creo que si no estuviera enamorada de él, ya se hubiera separado.

Ana terminó de preparar la ensalada, y volvimos a la terraza con otra cerveza.

Di vuelta la carne y nos sentamos a conversar.

-JUAN: ¿Puedo decirte algo? Espero no lo tomes a mal!

-ANA: Claro!

-JUAN: No entiendo cómo tu esposo te deja sola en una fecha cómo esta, ¿no puede hablar con su madre y hacerla entender que eligió casarse con vos?

-ANA: Es algo complicado, cuándo conocí a Ricardo, estaba de novio con Analía, eran novios desde la adolescencia, hija de un matrimonio amigo de los padres de Ricardo. Las dos familias siempre creyeron que se terminarían casando. Yo no fui quien se metió en el medio, yo sabía que él tenía novia, y nunca me acerqué a él. Tiempo después fue el quién se acercó a mí, y me dijo qué se había peleado con su novia, pero para su madre, la culpable de que se peleara fui yo, y nunca quiso o pudo entenderlo, y desde entonces nunca le he caído bien. Y yo la verdad, antes que pasarla mal, prefiero quedarme sola.

-JUAN: Bueno, por lo menos esta noche no cenás sola, ¿y vuelve esta noche?

-ANA: No, se queda en casa de su madre, también almuerza con ella mañana, y supongo que vendrá a la tarde o a la noche.

-JUAN: ¿Vive aquí en Mar del Plata la madre?

-ANA: No, Ricardo es de Luján, y su madre vivió toda su vida allí.

Me sentía mal por ella, su marido no le daba el lugar que le correspondía, ¿no tiene huevos para enfrentar a su madre y que entienda qué Ana es su esposa? La va de cocorito con ese carácter de mierda, le es infiel y la pone en segundo plano, creo que Ana no se merece eso, es una mujer amable y con buenos sentimientos, y este salame no la valora como debiera.

Qué ganas me dan de contarle lo que hace este tipo mientras ella trabaja...

Cuando estuvo la carne, nos sentamos a comer allí mismo, en las mesas de la terraza.

-ANA: Qué bueno está el asado! Hacía un montón que no comía un buen asado!

-JUAN: La ensalada también está muy buena! Nunca se me hubiera ocurrido algo así!

Conversamos mientras cenábamos, y cuando terminamos de comer, cerca de las once de la noche, juntamos y ordenamos todo.

Nos volvimos a sentar en la terraza, y faltando unos minutos para las doce, Ana fue hasta su departamento.

Unos minutos después, volvió con una botella de champagne y dos copas.

-JUAN: ¿Champagne también?

-ANA: ¿Y por qué no? ¿Te gusta el champagne?

-JUAN: Sí claro, aunque no tomo muy a menudo!

-ANA: Yo tampoco, pero es una buena ocasión, una hermosa noche, un rico asado, y una buena compañía!

Me dio la botella para que yo la abriera, a las doce en punto, empezaron los fuegos de artificio.

Serví las dos copas, y chocándolas, nos deseamos Feliz Navidad.

¿Qué más podría pedir? Bueno sí, podría desear un varias cosas más, pero tenía los pies sobre la tierra, sabía que no había oportunidad de pensar en algo más, aunque allí sentados, bajo ese cielo estrellado, hubiera deseado abrazarla para no soltarla más, y dar mi vida para hacerla la mujer más feliz del mundo.

Poco a poco los fuegos artificiales fueron mermando, y fue volviendo el silencio de la noche. Noche que deseaba que no terminara nunca, le veía relajada, a gusto, creo que estaba donde había deseado estar, había sido ella la que había venido en busca de mi compañía, y me sentí alagado.

¿Qué puede estar pasando por su cabeza en este momento? ¿Y en su corazón?

Cuando quise acordar, nos habíamos tomado la botella de champagne, conversando de muchas cosas, de mis estudios, de los suyos, de su familia, de la mía, de los libros que leo, de los que ella lee, de películas y series, pero no hablamos de su matrimonio, de la relación con su esposo, como si hubiera necesitado dejar por un momento de lado esa parte de su vida.

Mentiría si dijera, qué no me estaba muriendo por abrazarla, por besarla, por sentirla contra mí, pero tengo que reprimir todos esos impulsos, no me sentiría bien luego de intentar algo así, podría complicarse todo, sobre todo para ella, algo así podría confundirla y quizás eso haría que se terminara alejando de mí, cosa que no soportaría.

No lo pude evitar, me enamoré de ella como nunca me había enamorado de ninguna otra mujer, y me tocaría amarla en silencio, a la distancia, sabiendo que nunca podría estar a mi lado.

Sin dudas podría estar hablando con ella toda la noche y no me cansaría, esa forma pausada de hablar que tiene, no hace más que endulzar cualquier conversación, y siento que lo que me pasa con ella, es muy, pero muy diferente a lo que sentí por Marisa.

Es mucho más profundo, ni siquiera he imaginado su cuerpo, a esta altura no me importa si tiene buenas tetas o buen culo, su sonrisa me puede, la forma en que me mira me atrapa, y no puedo dejar de mirar esos ojos color café qué me tienen hipnotizado.

La noche estaba fresca, y le dije si quería seguir conversando adentro, me dijo que sí y entramos a tomar un café.

Cuándo nos quisimos dar cuenta, terminado el café, estaba amaneciendo, qué noche tan distinta a la que había pensado, sin lugar a duda, esa noche estaba siendo uno de los mejores momentos de mi vida, aunque tuviera que callar lo que me pasa.

-ANA: Bueno Juanse, me voy a ir para casa a dormir un poco, no sé a qué hora vendrá Ricardo.

-JUAN: Por supuesto, te entiendo, y espero no tengas problemas por esto.

-ANA: No creo que le cuente, como tampoco él me va a contar lo que haya pasado en casa de su madre, seguramente será un día más.

-JUAN: Gracias Ana por esta hermosa noche!

-ANA: Gracias a vos Juanse, en verdad lo disfruté, hacía mucho tiempo que no tenía una conversación tan linda, y por cierto el asado estaba muy rico!

-JUAN: Te voy a copiar la receta de la ensalada, también estaba buenísima!

La acompañe por la escalera hasta la puerta de su casa, y sin esperármelo, me dio un abrazo y un beso en la mejilla.

-ANA: Hasta la próxima Juanse!

-JUAN: Nos vemos Ana! Que descanses!

-ANA: Voy a dormir como un angelito! Vos también descansá!

Entró a su departamento y yo subí al mío.

Por el momento no tenía sueño, preparé el mate, y me fui a la terraza.

No podía parar de pensar en ella y en la maravillosa noche que había pasado.

Tenía una mezcla de sentimientos, ese amor que siento por ella y la tristeza de saber qué es un imposible, después de los mates me fui a la cama.

Me despertó la conversación de unos vecinos qué harían un asado en la terraza, Miré mi teléfono y vi que eran las doce del mediodía.

Me levanté, preparé unos mates y me senté en el sillón lógicamente recordando la noche anterior.

Ese día no volví a verla, seguramente estaría con su esposo, como debe ser, o quizás el marido ejemplar estaría aún con su madre.

Recién la volví a ver el martes por la mañana, cuando salía para su trabajo.

Me saludó a la pasada, porque iba justa de tiempo.

Si para navidad, había estado sola, sabía que para el año nuevo, el que iba a estar solo era yo, no había chance de que su esposo la volviera a dejar sola.

Antes del treinta y uno de diciembre, solamente nos cruzamos, y por momentos, me pareció que no tenía intenciones de hablar conmigo, solo nos saludábamos amablemente, y eso para mí, a estas alturas tenía gusto a poco.

El treinta y uno en la noche, las parrillas volvían a estar desocupadas, pero no estaba seguro si volvería a prender fuego, claramente no tenía la expectativa de volver a cenar con Ana, y demás está decir qué eso, más lo escueto de los últimos encuentros, me bajoneó un poco.

Pero la cosa es así Juanse! Deberías preguntarle a tu corazón, ¿por qué ella?

Finalmente decidí prender el fuego, esta vez puse un pollo mientras me tomaba una cerveza, y volví a preparar la ensalada qué había preparado Ana, aunque en verdad no me salió tan rica.

Para las once de la noche, ya había terminado de cenar y había juntado y limpiado todo, dejé el pollo en la parrilla, para que siguiera caliente, por si después me daba ganas de seguir comiendo.

No tenía ganas de ir hasta la playa a recibir el año nuevo, y me destapé otra cerveza.

Esa cerveza, no fue la única, le siguieron tres más, y además, tenía una botella de champagne en la heladera, ¿qué iluso verdad? ¿La compraste imaginando qué podrías brindar con ella? Mala idea Juanse! Si la destapás, te la vas a tener que tomar vos solo!

Pero bueno, todo podría terminar entonces con una buena borrachera de año nuevo.

A las doce en punto, decidí descorchar el champagne, llené una copa y brindé mirando al cielo, por ustedes papá y mamá! Y por vos Ana, porque seas feliz!

Apagué todas las luces de la terraza, los fuegos de artificio, estaban en su máximo esplendor, iluminaban de colores la noche marplatense, lo que no lograban iluminar era mi corazón. Qué pensamiento tan cursi! Dije en voz alta, y me reí de mí mismo.

A esa copa la siguió otra, y otra más, ya eran casi la una de la mañana, y mirando la botella pensé, le deben quedar dos copas, la termino y a la cama!

Bienvenido año nuevo! Dame universo, lo que creas que merezco!

Me escuchaba a mí mismo, y solo me reía, sin dudas, las cervezas y el champagne estaban haciendo lo suyo.

Me senté en el piso de la terraza, mirando las estrellas, sorbo a sorbo iba terminando la copa. Dos más Juanse! Solo dos copas más!

La noche poco a poco, iba retomando el silencio, las luces se iban apagando, y mis ojos, lentamente se me iban cerrando, tanto como mis esperanzas de poder, en algún momento, exteriorizar lo que estoy sintiendo.

Pero en la casi oscuridad de la terraza, una dulce voz conocida rompió el silencio de la noche, sorprendido, abrí los ojos y la vi caminar lentamente hacia mí.

-ANA: ¿No me digas que te terminaste toda la botella?

-JUAN: Ana! ¿Qué hacés vos acá?

Hablábamos mientras se acercaba hasta dónde yo estaba. Me puse de pie, la verdad bastante mareado y encendí una de las luces.

Estaba con una pollera larga color cuero, hasta los tobillos, con unas sandalias blancas sin taco, una camisa blanca y un chaleco sin mangas, abierto por delante, el pelo suelto y un collar plateado, estaba realmente hermosa y se lo quería decir.

-ANA: Pasé por tu departamento, pero no estabas, y supuse que podrías estar aquí!

-JUAN: Permitime decirte que estás muy linda!

-ANA: Muchas gracias!

-JUAN: Aún queda un poco de champagne!

-ANA: No podía dejar de brindar con un amigo por el año nuevo!

En su mano traía una copa, le serví champagne y volví a servir en la mía.

-ANA: Feliz año nuevo Juanse!

-JUAN: Feliz año nuevo Ana! Espero que sea un gran año para vos! Qué el universo te brinde todo aquello que desees!

-ANA: También para vos Juanse! Que sea el mejor año de tu vida!

Chocamos las copas y bebimos los dos, Ana apoyó la suya en la mesa, y acercándose a mí con sus brazos abiertos, me dio un abrazo, que por supuesto correspondí.

La emoción me sobrepasó, y no pude evitar las lágrimas, eran de alegría y de tristeza a la vez, tenía tan cerca a la mujer que amo, pero a la vez tan lejos.

Y al darse cuenta, con voz de preocupación me dijo:

-ANA: Ey Juanse! ¿Qué pasa? ¿Por qué esas lágrimas?

¿Que podía decirle? ¿Qué mis lágrimas eran una mezcla de sentimientos? ¿Qué eran de felicidad por tenerla a mi lado, pero tan inalcanzable? ¿Por la bronca de haberme enamorado de una mujer imposible, pero que me llega tan adentro?

Y le tuve que mentir, no podía ser sincero con ella.

-JUAN: No, nada! Estaba pensando en mis viejos, y con las cervezas y el champagne que tengo encima, seguro me aflojé!

-ANA: Ay Juanse!

Y me volvió a abrazar, y yo también, aunque no como quisiera.

-JUAN: ¿Y vos qué haces acá a esta hora?

-ANA: Fuimos con Ricardo a un restaurante donde preparaban una cena de fin de año, con brindis incluido, y por casualidad, Ricardo se encontró con dos amigos de Lujan que vinieron a Mar del Plata a pasar las fiestas, uno soltero y el otro recién divorciado, y Ricardo no tuvo mejor idea que invitarlos a nuestra mesa, y lo que iba a ser una cena para nosotros dos, terminó siendo para cuatro.

-JUAN: Pero volvieron temprano!

-ANA: Los dos amigos se vuelven a Lujan después del mediodía, y pasada la hora del brindis, dijeron de ir a algún bar a tomar algo. Ricardo me preguntó si me parecía bien, pero yo le dije que fuera con sus amigos, que no tenía problema, que prefería venir para casa porque estaba cansada y así ellos podían hablar tranquilos. Así que, Ricardo y sus amigos me trajeron, y se fueron a tomar algo a algún bar.

-JUAN: Yo justamente le estaba diciendo a mi otro yo, que terminado el champagne, me iba a dormir!

-ANA: ¿Cenaste solo?

-JUAN: Con mi otro yo! Perdón si se me traban un poco las palabras, antes del champagne me había tomado algunas cervezas!

Y nos reímos los dos.

-JUAN: ¿Estuvo buena la cena?

-ANA: ¿Te digo la verdad? No! Había sushi que no me gusta, y después un lomo con champiñones que para mí estaba muy rojo, me gusta la carne más cocida! Lo que comí fue la ensalada, pero la verdad, me quedé con hambre!

-JUAN: En la parrilla queda pollo! Debe estar caliente aún!

-ANA: ¿En serio?

-JUAN: Sí! esperá que te traigo un plato!

-ANA: No, no traigas! lo como con la mano!

Y acercándose a la parrilla, le sacó una pata al pollo, y la empezó a comer.

-ANA: Está buenísimo! Otra que sushi! Pero no me dejes comiendo sola!

Me reí, le saqué el muslo al pollo y me puse a comer con ella.

Después de la pata, le siguió el muslo, en verdad tenía hambre!

-JUAN: Me quedó ensalada también! Hice la que hiciste vos el veinticuatro!

-ANA: ¿En serio?

-JUAN: Espera que te traigo!

Entré al departamento, y salí con la ensalada y servilletas para que pudiera limpiarse las manos.

-JUAN: No me salió tan bien como a vos!

La veía comer el pollo con la mano y me daban ganas de abrazarla, no puede ser tan linda! Ese acto tan simple de comer con la mano, ahí, parada delante de la parrilla, no hacía más que hacerme verla como la mujer más sencillamente hermosa del mundo.

-ANA: El pollo está buenísimo!

Después de que se comiera la otra pata de pollo, nos sentamos a tomar una cerveza y a conversar.

-ANA: La verdad es que me gustó más comer el pollo con la mano, que el sushi y el lomo en un lugar coqueto.

-JUAN: La belleza de las cosas simples! Al menos para mí!

-ANA: ¿Te tomas vacaciones en enero?

-JUAN: El otro día Mirta me preguntó lo mismo, no sé si será la segunda quincena de enero o la primera de febrero, quiero volver a Avellaneda, y ver cómo está mi casa allí.

-ANA: ¿Desde qué estás en Mar del Plata nunca volviste?

-JUAN: No, nunca! Por eso es que quiero ir, debe parecer una casa abandonada, bueno es una casa abandonada. Solo espero que nadie se haya metido adentro! Le pedí a un vecino que cualquier cosa me avisara, pero me ha llamado varias veces, diciéndome que todo estaba en orden.

-ANA: ¿Vas a volver para acá?

-JUAN: Hoy te digo que sí! Pero en verdad no sé muy bien!

Y Al escuchar eso, en su cara hubo un gesto que llamó mi atención, por un momento se le desdibujó la sonrisa.

¿Acaso estaba preocupada por si ya no volvía?

Pero inmediatamente su cara volvió a ser la de siempre, esa carita que me mira atenta a lo que digo.

Cerca de las tres de la mañana, me dijo que ya se iba para su departamento, y lo entendí perfectamente, no sea cosa que llegara el simpático y no la encontrara, esa sería una situación por la que ni yo quisiera que pasara.

La acompañé hasta su departamento, y antes de que entrara, me dio un abrazo y un beso en la mejilla.

-ANA: Que esté sea un buen año para vos Juanse!

-JUAN: También para vos! Que descanses!

-ANA: Vos también!

Volví a la terraza, junté y ordené todo, y con una cerveza me senté en el sillón.

Juanse, cómo estás! Enamorado hasta los huesos querido!

Y recordé sus palabras, "no podía dejar de brindar con un amigo". Supongo que los que han estado en mi lugar, entenderán lo que se siente cuando la persona que amas te ve como un amigo, es una sensación dulce pero amarga a la vez, esa persona se siente cercana a vos, pero no en la forma que vos quisieras. Y en mi caso, no tenía remedio, Ana es una mujer casada, y ni siquiera tengo en claro lo que puede llegar a sentir por mí.

Quizás sea tan solo eso, un amigo, un hombre qué la entiende, que la escucha, con el que puede conversar de cualquier cosa y que de algún modo, está pendiente de ella.

Juanse, las cosas están así planteadas y no te queda otro camino, estar cerca de ella como amigo, o alejarte tratando de olvidarla.

Irremediablemente, este amor no correspondido, tarde o temprano será un dolor, qué no estoy seguro de poder soportar.

Arrancó el mes de enero, y cuando Mirta vino a cobrar las expensas, le dije que me tomaría mis vacaciones en la segunda quincena de enero.

Me dijo que no había problema, que tenía un reemplazante para esos días.

No volví a cruzarme con Ana, sino hasta cuatro días después, era el sábado por la mañana, casi el mediodía, hora en que comienza mi descanso, los sábados solo saco la basura en la noche, pero por las tardes no trabajo.

Estaba sentado en la mesa del palier de entrada, cuando Ana entró con varias bolsas de compras.

-JUAN: Hola Ana, Buenos días!

-ANA: Hola Juan Buen día!

-JUAN: ¿Te ayudo con las bolsas?

-ANA: Ay sí! Por favor! Me pesan un montón, caminé varias cuadras con las bolsas, no me dan más las manos!

Tomé las bolsas de sus manos, y caminamos hacia el ascensor.

-ANA: Para colmo hace tremendo calor hoy!

-JUAN: La verdad que sí!

Subimos hasta su piso, abrió la puerta de su departamento y entramos los dos.

Dejé las bolsas sobre la mesada de la cocina y me agradeció muy amablemente.

-ANA: Gracias Juanse! Me dolían los dedos!

Hacía días que no la veía, y en mi interior deseaba que me dijera de tomar unos mates, pero eso no ocurrió.

-JUAN: Bueno Ana, espero tengas un buen día, nos vemos!

-ANA: Gracias Juanse! Vos también! Nos vemos!

Salí de su departamento, y fui al mío.

Nuevamente volví a tener la sensación, de qué Ana estaba esquivándome, o al menos esquivando conversar conmigo, solo espero que no haya tenido ningún problema con el agradable de su marido.

No tenía nada para comer preparado en casa, y bajé a comprar algo.

Volviendo al departamento, decidí que después de comer algo me iría un rato a la playa, no tenía nada mejor que hacer.

Me preparé un sándwich y me senté a comerlo.

Me puse el short de baño, una remera, zapatillas y en la mochila, ojotas, protector solar, un par de frutas y una botella de agua.

Esperé el ascensor, y cuando subí, detuvo en el piso 11.

En esa fracción de segundo, lo que tardaron en abrirse las puertas, pensé, por favor que no sean Ana y Ricardo, no sería algo grato para mí.

Cuando la puerta se abrió, tan solo estaba Ana con un vestido playero, ojotas y un bolso colgando.

-ANA: Hola Juanse! ¿No me digas que vas para la playa?

-JUAN: Hola Ana! Así es!

-ANA: ¿A qué playa vas?

-JUAN: A alguna de las del Sur, las de acá deben estar llenas de gente!

-ANA: ¿Vas en la moto?

-JUAN: Sí!

-ANA: ¿Solo?

-JUAN: Así es! Solo con mi soledad!

-ANA: ¿Podré ir con vos?

-JUAN: Por supuesto!

Y esa sonrisa qué me atrapa, se dibujó en su rostro.

El ascensor llegó al subsuelo, y bajamos los dos, el auto de Ricardo no estaba, y asumí que estaba sola. Cómo le gusta dejarla sola! No entiendo!

Caminamos hasta la moto, le di el casco, le ayudé a abrocharlo y desde allí, salimos los dos del edificio.

Cómo en aquella noche, Ana me abrazó desde atrás, y en ese momento ninguna otra cosa me importaba.

Quince minutos después, llegamos a un balneario, dejé la moto y el casco, y caminamos los dos hasta la playa.

Por suerte no había tanta gente, me gusta la playa, pero no cuando está abarrotada de gente.

Encontramos un lugar, Ana de su bolso sacó una lona, y yo de mi mochila saqué la mía.

Las extendimos sobre la arena, y antes de sentarse, pasó lo que me temía, Ana se sacó el vestido, quedando solo con una bikini color turquesa.

No pude evitar mirar su cuerpo, era la primera vez que lo veía claramente, aunque su bikini no era nada escandaloso, y aquí es donde cabe la descripción de Ana, delgada, con el vientre casi plano, con una leve pancita, unas tetas medianas, y una hermosa cola que nunca hubiera imaginado.

Tan solo fueron unos segundos para confirmar, qué no solo era una hermosa persona, sino que además tenía un hermoso cuerpo.

También yo me saqué la remera, no era mi intención exhibirme, pero en la playa uno va solo con el short.

No soy un ejemplar masculino para admirar, pero el trabajo me ha fortalecido los brazos, las piernas, y a pesar de la cerveza que toma, no tengo panza, un cuerpo normal digamos.

De su bolso sacó el protector y se puso en todo el cuerpo, claro, menos en la espalda.

Yo hice lo mismo, y de mi mochila saqué mi protector, que también lo extendí por mi cuerpo, salvo la espalda.

Estaba por preguntarle si quería que le pusiera en la espalda, aunque me parecía un atrevimiento, pero Ana con total naturalidad, me dijo:

-ANA: ¿Te pongo en la espalda Juanse? Si no vas a quedar colorado como un tomate!

-JUAN: Por favor!

Y entregándole el pomo de protector, me lo puso por la espalda.

No puedo mentir, sentir sus manos en mi espalda, fue una hermosa sensación, que no quería que terminara nunca.

Y por supuesto mientras tanto pensaba que luego sería mi turno.

No hizo falta que se lo ofreciera, cuándo terminó con mi espalda, me entregó su protector, y no hicieron falta las palabras.

Puse un poco en mis manos, y lo desparramé en su espalda, teniendo especial cuidado de qué no sé notara lo que estaba disfrutando ese momento, y que mis manos no hicieran nada que pudiera incomodarla.

Después de eso se acostó al sol boca arriba, sosteniendo su cuerpo con los codos apoyados sobre la lona.

Yo lo hice boca abajo, mirando hacia dónde estaba ella, y nos pusimos a conversar.

-ANA: Ni que nos hubiéramos puesto de acuerdo! A pesar de estar en verano, no había venido a la playa ningún día, y aprovechando que hace tanto calor, decidí tomar un poco de sol viendo el mar.

-JUAN: Cómo hacía tanto calor, no quería quedarme en el departamento, yo tampoco había venido a la playa hasta ahora.

-ANA: Traje el mate! Cuando quieras me decís y lo empiezo.

-JUAN: Yo lo iba a traer, pero la tapa de mi termo no cierra bien, me iba a perder agua todo el camino.

-JUAN: ¿A Ricardo no le gusta la playa?

-ANA: Mucho no, varias veces me voy sola a playa Varese, por si en algún momento quiere bajar, estoy cerca, pero casi nunca baja.

No entiendo como este tipo no quiere compartir momentos con su esposa, qué poco le importa!

-JUAN: ¿Y hoy no te quiso acompañar?

-ANA: Es hincha de boca, y se fue a Buenos Aires con un amigo, duerme allá y vuelve mañana. ¿Vos de qué cuadro sos Juanse?

-JUAN: A pesar de haber nacido en Avellaneda, no soy ni de Independiente ni de Racing, soy hincha de River, como mi viejo!

-JUAN: También sos gallina! Mi papá era hincha de River, y por supuesto yo también!

-JUAN: ¿Fuiste alguna vez a la cancha?

-ANA: Fui varias veces con papá, y me encantaba!

-JUAN: Yo también fui varias veces con mi viejo, pero también muchas con amigos!

-JUAN: ¿Y con Ricardo nunca fuiste a la cancha?

-ANA: Alguna vez le dije de acompañarlo, aunque mucha gracias no me hacía ir a ver a Boca, pero me dijo que la tribuna era un mar de hombres, y qué siempre después del partido, se iba con los amigos a tomar algo o a cenar, y no le volví a insistir.

Después de conversar un rato al sol, estaba muerto de calor y le dije que me iba a dar un chapuzón, nuestras cosas no estaban lejos del mar, y ella también fue al agua.

Estuvimos un rato en el agua y luego volvimos a nuestras lonas, Ana se secó un poco y de su bolso sacó el equipo de mate.

Lo preparó y nos pusimos a tomar mate mientras seguíamos conversando.

Era Inevitable para mí, imaginar que estuviéramos disfrutando de un día de playa, pero no como vecinos, mi cabeza no dejaba de imaginar otra situación entre nosotros.

-ANA: Ricardo me dijo que los primeros días de febrero, tiene que viajar a Montevideo, la empresa donde trabaja, abrirá una sede allí, y se va con otros compañeros de trabajo entre una semana y diez días.

-JUAN: ¿Y no podrías ir con él?

-ANA: Se lo pregunté, justo en esos días voy a estar de vacaciones, pero me dijo que van a estar trabajando todo el día para poder terminar lo antes posible, que tienen que hacer muchas cosas, y que esperan que en esos días puedan terminar todo.

No sé por qué, pero en ese momento, me dio por mal pensar que el tipo no se iría solo, yo en su lugar, hubiera querido que mi esposa estuviera conmigo aunque sea en las noches, sobre todo estando de vacaciones, ¿se iría con su amante?

Qué mal pensado sos Juanse! Pero como dice el dicho, piensa mal y acertarás.

Entre sol, agua y mate, pasamos la tarde conversando, no me cansaba de hablar con ella.

Se terminó el agua caliente, y fui hasta el bar de la playa a buscar más, cuando volví me senté en chinito frente a ella, y ella hizo lo propio frente a mí, y así sentados, vaciamos el segundo termo conversando.

Después de un rato, Ana necesitaba ir al baño, y fue hasta el bar, debajo de este estaban los baños.

Mientras iba caminando, no pude resistir la tentación de voltear para verla, y al ver su andar en la arena, me pareció la mujer más hermosa de la playa.

Nos quedamos allí hasta las siete de la tarde, hora en que la gente ya empezaba a irse, y yo tenía que volver para sacar la basura.

Nos volvimos a vestir, y con las ojotas en la mano, caminamos los dos por la arena hasta el estacionamiento del balneario.

Nos calzamos, Ana se puso el casco, y volvimos para el edificio.

Entramos por la cochera, y subimos por el ascensor hasta su piso.

-ANA: ¿Ya tenés pensada la cena?

-JUAN: La verdad, no!

-ANA: Yo tampoco! Pero tenía ganas de comer pizza!

-JUAN: Qué rico! Hace mucho que no como pizza!

-ANA: Hay una pizzería en Güemes, dónde solemos ir con las compañeras de trabajo, están buenísimas! ¿Te pinta ir a comer una pizza ahí? La de pollo y roquefort es una locura!

-JUAN: Dale! Saco la basura, me doy un baño, me cambió y bajo.

-ANA: Seguramente voy a tardar más que vos, si te parece, cuando estoy lista, subo.

-JUAN: Perfecto! Te espero!

Fui hasta mi departamento, dejé las cosas y empecé a recoger la basura de los pisos, la saqué a la calle y volví al departamento.

Me bañé, me puse un jean y una camisa blanca, las zapatillas blancas y me senté a esperarla mirando un rato el Facebook, no soy de pasarme mucho tiempo en internet, y hace bastante qué no entró a esa red social.

No sé por qué, pero se me ocurrió buscar al marido de Ana, y cuando puse su nombre y apellido, apareció su cara en la foto de perfil, que agradable sorpresa!

Entré y me puse a mirar sus fotos, se ve que tampoco lo usa mucho, la última publicación databa de casi siete años atrás.

Después de mirar varias fotos, me sorprendí al ver una, no lo podía creer, aparecía él junto con la mujer que lo visita los martes.

Seguí viendo las fotos y los comentarios, para darme cuenta que esa mujer, era su ex novia.

Qué hijo de puta! Dije en voz alta, cogiendo cada martes con su ex novia, qué pedazo de sorete mal cagado!

Continuará…

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