Xtories

Creí que no, pero sí (4)

La casualidad los puso frente a frente en un salón de profesores, pero la tensión no era académica. Él la miraba como si el tiempo no hubiera pasado; ella, con lágrimas en los ojos, le devolvió la mirada que siempre le robó el aliento. ¿Qué pasa cuando el vecino que te salvó de la soledad vuelve a tu vida?

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Capítulo 4

Sebastián

Lo pensé mucho y lo primero que hice la mañana del día siguiente, fue esperar a que el hijo de puta saliera, para seguirlo, quería ver donde trabajaba y lo que hacía durante el día.

Lo seguí hasta un edificio cercano a los tribunales de la ciudad, sin duda allí tendría el estudio.

A eso de las doce del mediodía, volvió a salir con el auto, lo seguí hasta un restaurante donde se encontró con una mujer, posiblemente por trabajo.

Volvió a salir dos horas después y llevó a esa mujer hasta una casa, quizás donde vivía y luego volvió al estudio.

A eso de las cuatro de la tarde lo vi salir nuevamente y lo seguí, a unas diez cuadras paró en una esquina y una mujer joven se subió al auto.

Como imaginé en ese momento, fueron a un hotel alojamiento en Gonnet y casi dos horas después, los vi salir.

Lo seguí hasta que dejó a la mujer nuevamente en el centro, luego de allí, fue para su casa.

Te agarré hijo de puta!

Al día siguiente lo volví a seguir, pero no vi nada raro, pero el viernes volvió a levantar a la misma chica en la misma esquina y volvieron al mismo hotel.

Esta vez, saqué varias fotos con mi teléfono, donde se veía claramente la patente del auto, a la chica subiendo, entrando al hotel, horas después saliendo y más fotos de cuando la chica bajó de su auto en el centro.

Esta vez no seguí al hijo de puta, seguí a la chica, que luego de caminar un par de cuadras, tomó un taxi hasta una casa de la zona norte de la ciudad.

Recordé la dirección, ya vería si podía averiguar quien vivía allí, no sé por qué, pero me dio por pensar que esa mujer también estaba casada y se encontraban a escondidas de sus respectivas parejas.

La semana siguiente, bien temprano en la mañana de ese jueves, me fui para esa casa, me paré en le esquina, haciendo como que tenía un problema en la moto, hasta que a eso de las nueve de la mañana, se abrió el portón, un hombre de unos cuarenta y largos o cincuenta años sacó el auto, cerró y se fue.

Discretamente lo seguí para encontrarme con que ese hombre llegaba al mismo edificio donde trabajaba el hijo de puta, marido de Valeria, ¿Serían compañeros? ¿Su jefe? ¿Un cliente?

Eso también tendría que averiguar.

No tardé mucho en saber algo más, tan solo hasta el sábado al mediodía, di varias vueltas por la casa y vi salir a eso hombre con la mujer que había ido al hotel con el hijo de puta y una pequeña de seis o siete años.

Fueron a un restaurante y luego al bosque, donde llevaron a pasear a la niña.

¿Sabría ese hombre lo que pasaba entre su mujer y el hijo de puta?

No sabía qué hacer con toda esa información, me daba mucha bronca que ese tipo fuera tan hijo de puta, tan controlador, tan celoso con Valeria, pero por otra parte, le metía los cuernos con otra mujer o vaya a saber si con alguna más.

No sabía si sería lo correcto meterme en esos líos de pareja, no solo la de mis vecinos, también la de esa otra mujer y su esposo, no dejaba de pensar en que este tipo es abogado y puede andar en cosas raras con gente rara, después de todo estaría metiendo la nariz donde nadie me había llamado, ni nada tenía que ver con esa gente.

Pasaron varias semanas sin ver ni saber nada de Valeria, no la veía ni al entrar ni al salir del departamento, ni había vuelto a pasar por casa, pero no podía dejar de pensar en ella, la puta madre Sebastián! ¿Habiendo tantas mujeres te tenés que fijar justo en ella?

Dos días después, al levantarme mientras tomaba unos mates después de bañarme, sonó el timbre, atendí el portero eléctrico y del otro lado escuché “cartero!”

Caminé por el pasillo, al abrir la puerta el cartero me entregó el sobre, me hizo firmar la planilla y mientras caminaba por el pasillo de vuelta, fui abriendo el sobre, para encontrarme con un telegrama que me avisaba que al terminarse el contrato, en un par de meses, no sería renovado, con lo que tendría que buscar un lugar para mudarme.

Por un lado me daba lo mismo donde vivir, pero por el otro, el solo hecho de pensar en que ya no volvería a ver a Valeria, me hizo sentir un hueco en el estómago.

¿Qué te pasa boludo? ¿Entendés que es una mujer casada? Con un forro, pero casada…!

Para las fiestas de fin de año me fui a Magdalena, a pasarla con mis viejos y con los amigos de allí.

Me quedé tan solo hasta el diez de enero, a pesar de que el trabajo en el club aún no arrancaba, ni tenía que estudiar, tan solo trabajar haciendo entregas, me volví al departamento, me quedaba cada día menos tiempo allí y aunque sin tenerlo en claro, quería volver a ver a mi vecina, aunque sabiendo lo que podía pasar si el marido se enteraba de que nos habíamos visto, necesitaba verla, saber que estaba bien, que ya no la había vuelto a golpear.

Ese último viernes de enero volví a seguir al marido de Valeria, para volver a verlo ir al hotel con esa mujer, sin dudas la cosa seguía igual.

Comenzó el mes de febrero, el último mes en el departamento, comenzó la actividad en el club y empecé a buscar un lugar para mudarme.

Por Mario, el carnicero, fui a ver un departamento a la vuelta de donde vivía, era en un tercer piso de un edificio de cuatro pisos, la ventaja era que podía tratar directamente con la dueña, seguía en el barrio y podía seguir guardando la moto en el garaje de la carnicería.

Lo fui a ver y aunque era bastante más grande, tenía dos dormitorios, el precio estaba bien.

Me terminé decidiendo y arreglé con María Marta, la dueña, hija de italianos, viuda, de unos cuarenta y pico de años, que vivía en una casa casi enfrente a la casa de mis futuros ex vecinos.

Muy simpática la mujer, que al ser conocida de Mario de años en el barrio, éste le había hablado de mí, muy bien al parecer, por lo que firmamos un contrato, tan solo entre nosotros y me dio la llave del departamento para que me pudiera ir mudando, aunque aún faltaban diez días para el mes de marzo.

Un par de días después, le hice una limpieza a fondo y empecé a llevar mis cosas, podía llevar todo yo solo, para lo único que necesitaría ayuda, sería para trasladar la heladera, pero que los amigos del primer departamento, me ayudaron a llevar, subirla y dejarla ya instalada.

Ese mismo día, faltando tres días para el mes de marzo, dormí por primera vez en mi nueva casa.

Al día siguiente compré pintura y me dediqué a pintar el departamento que dejaba.

Dos días tardé y luego de terminar, lo limpié de punta a punta, corté el pasto del fondo, hasta le lustré los pisos, ahora el tema era devolver la llave, ¿le tocaría timbre? ¿Los llamaría por teléfono? No sabía qué hacer, pero quería que viera con sus propios ojos cómo le dejaba el departamento, no sea cosa que se le ocurriera luego decirme algo.

El último día de febrero, salí del departamento con todas las cosas de limpieza que aun me quedaban, las llevé al departamento nuevo y a eso de las cinco de la tarde, toqué el timbre de la casa de mis vecinos.

La puerta se abrió y una Valeria con semblante triste, me miró y me dijo:

-Hola Seba!

-Hola Valeria!

-Ya sé que te tenés que mudar… ¿Ya conseguiste donde vivir?

Tenía unos nervios que ni yo entendía, volvía a verla quizás por última vez y en su mirada me podía dar cuenta que estaba triste, seguramente no porque yo me fuera, sino por la vida de mierda que estaba viviendo junto a ese tipo.

-Sí de hecho ya me mudé, tan solo vine a dejar las llaves y que tu esposo vea que todo está bien en el departamento.

-Perdón por todo…

-No tenés que pedirme perdón por nada! En todo caso yo te tendría que pedir perdón por lo que te tocó pasar por lo de esa tarde en el centro!

-No fue culpa tuya… nada pasó ese día… tan solo fuimos al centro a hacer compras…

-Lo sé… pero las consecuencias para vos fueron una mierda…

-Ya está… no te preocupes por eso…

Lo pensé, pensé si le diría lo que estaba pensando, y sintiendo, teniendo en claro que esa sería la última vez que nos veríamos, se lo dije:

-En verdad me preocupás vos… me parecés una mujer hermosa, con una hermosa forma de ser, con buen carácter, buenos sentimientos y no merecés vivir la vida que estás viviendo, perdón que me meta en tu vida, pero luego de esas charlas pude darme cuenta como sos y como pensás…

En ese momento dos lágrimas corrieron por su mejilla, las limpió con sus pulgares y me dijo:

-¿Podés entrar por el pasillo? Salgo por la otra puerta…

Abrí la puerta del pasillo y caminé esos metros hasta la puerta de su casa, que un momento después se abrió, quedándose parada con lágrimas aún en sus ojos.

-Seba, me apena mucho que te tengas que ir… desde que te conocí me pareciste un buen chico… y un buen inquilino y vecino… lamento que te vayas… te hice entrar por acá porque quería darte un abrazo, agradecerte que te preocuparas por mí… en verdad no tengo a nadie que lo haga, y vos casi sin conocerme lo has hecho… muchas gracias…

Dio un pequeño paso hacia adelante y me abrazó. Correspondí a ese abrazo con el corazón acelerado, no me era indiferente su intención de abrazarme, hasta lo sentí como un pedido de ayuda, no sé… se me cruzó eso por la cabeza…

Nos separamos un momento después y me dijo:

-Sería mejor que las llaves se las entregues a él, para que vea el departamento…

-Vine a esta hora por eso, creí que ya estaba…

-Los viernes suele venir un poco más tarde…

En ese momento pensé, claro, viene más tarde porque se está cogiendo a otra en el hotel, pedazo de hijo de puta… aunque por supuesto no se lo dije.

-Bueno… en ese caso vuelvo más tarde, ¿a qué hora decís?

-Supongo que tipo ocho ya estará acá…

-Ok! Vuelvo a esa hora!

-En ese momento no nos veremos…

-Ya lo supuse…

-Por eso me quería despedir de vos ahora… Espero que todo vaya bien en tu vida… que puedas lograr lo que deseas!

-Perdón por lo que te voy a decir, yo espero lo mismo, que puedas sacarte de encima a un tipo así! Te merecés una vida mejor!

Me volvió a abrazar con lágrimas en los ojos y me despedí de ella, para que mentir, aguantando las mías.

Salí por última vez por ese pasillo y me fui a mi nueva casa.

***

Valeria

Luego de esa tarde no volví a ver a Sebastián, sabía que para el mes de marzo ya no viviría en el fondo, pero en parte lo agradecí, desde que vivía él allí, las cosas con Guillermo habían empeorado.

Terminaron las clases y ya estaba todo el día en casa, solo fui a la escuela los días en que tenía que tomar examen a los alumnos que no había aprobado durante el año.

Ese fin de año fue muy triste, sola en casa, tan solo salía a hacer unas compras y luego hacía las tareas de la casa, miraba televisión o leía algún libro.

La última semana de diciembre, Guillermo me dijo que por trabajo tenía que ir a Mar del Plata por dos días, y lejos de preocuparme o lo que fuera, estaría unos días sola y tranquila.

Ese verano no nos fuimos de vacaciones, según me dijo tenía mucho trabajo y se tomaría unos días recién en marzo o abril.

De Sebastián no supe más nada, hasta finales de febrero, estaba en casa cuando a eso de las cinco de la tarde sonó el timbre.

Vi que era él y le abrí la puerta, me dijo que venía a devolver las llaves, pero como todos los viernes, Guillermo aún no había vuelto.

Conversamos un momento y me contó que ya se había mudado y yo, estando todo el día en casa, ni siquiera me había dado cuenta, también me dijo que estaba preocupado por mí, por lo que estaba viviendo y que no me lo merecía.

Me daba mucha pena que se tuviera que mudar culpa de los malditos celos y el mal carácter de Guillermo, Sebastián era un buen chico, con el que sin dudas podríamos haber sido amigos.

Un momento después, sabiendo que quizás fuera la última vez que lo vería, le pedí que entrara por el pasillo.

Abrió la puerta y caminó por el pasillo, yo desde casa, abrí la puerta y ahí hablamos un momento más.

Ya frente a frente no pude evitar las lágrimas, le dije que me apenaba que se tuviera que ir, y le agradecí la forma en que se preocupaba por mí, casi sin conocerme.

Después me salió darle un abrazo, que él correspondió, apretando mi cuerpo al suyo.

Me dijo que volvería más tarde, para entregarle las llaves a mi marido, y antes de que se fuera, nos volvimos a abrazar por última vez.

Lo vi salir, cerrar la puerta del pasillo y volví a entrar a casa.

Sentada en la cocina, me quedé pensando en él y en ese abrazo que tan bien se sintió, quizás no pueda explicarlo, pero a pesar de todo lo que estaba pasando en mi vida, lo sentí como un momento de paz, no sé… como de sentirme protegida.

A pesar de no habernos conocido demasiado, esas charlas bastaron para darme cuenta que era un hombre con un gran corazón y con buenos sentimientos.

“Te merecés una vida mejor” me dijo, y sentí en ese momento que tenía razón, la vida que estaba viviendo junto a mi esposo, en nada se parecía a la que siempre había anhelado.

***

Sebastián

Mirando por la ventana de mi dormitorio, me di cuenta que desde allí, podía ver el frente de la casa de Valeria casi completo, y con el mate en la mano, me quedé esperando que el malnacido ese llegara a su casa.

Lo vi llegar casi a las siete y media de la tarde y en ese momento pensé que estaría deslechado por esa mujer.

Esperé unos minutos, pero quería entregar las llaves antes de que se hiciera de noche, para que pudiera ver bien el departamento.

Bajé, caminé esa cuadra y toqué el timbre, esta vez fue él quien abrió la puerta con su mejor cara de asco, sin siquiera saludar le dije:

-Vengo a dejar las llaves!

-Ok!

Fue su sola respuesta, con las llaves que le acababa de dar, abrió la puerta del pasillo y me dijo:

-A ver como quedó el departamento!

Caminé detrás de él por el largo pasillo, pensando mientras pasaba por su casa, que del otro lado de esa pared, estaba la mujer que me había movido las estanterías como ninguna otra, pero que tendría que olvidar, para seguir con mi vida.

El tipo entró al departamento, encendió todas las luces, lo recorrió de punta a punta, miró todo, incluso abrió todas las puertas y cajones del bajo mesada, abrió y volvió a cerrar todas las ventanas, salió al patio miró todo y volvió a entrar, no encontraba nada para decirme y por dentro me sonreía.

-Listo!

Tan solo eso fue lo que dijo, pero como para joderlo un poco le dije:

-Si está todo en orden, firmame un documento que lo diga!

Me miró con cara de asco, pero me dijo:

-Esperá acá!

Salió del departamento y unos minutos después, volvió con un par de hojas, me las dio sin decir nada leí que decía que el departamento se entregaba en condiciones, bla, bla, bla, y le dije que me lo firmara.

Lo hizo tan solo con un gancho, cuando me lo dio le dije:

-Aclaración y DNI por favor!

Me volvió a mirar con más cara de asco y con el seño fruncido, pero aclaró su firma y puso su número de documento.

-Listo!

Me dijo volviendo a entregarme el papel, le firmé la otra copia y salí del departamento sin siquiera decir hasta luego.

Dejé abierta la puerta del pasillo y caminé hasta mi nueva casa, pedazo de amargo! Ojalá pagues por lo mierda que sos!

Pasaron unos días y poco a poco me fui olvidando del desagradable encuentro con ese tipo, aunque no podía dejar de pensar en Valeria.

Esa mañana me levanté para ir a la facultad para saber cuánto demoraría el título, ya quería empezar a buscar trabajo en alguna escuela de ser posible, por las mañanas.

Una tarde hablando con Mariano durante el entrenamiento, le comenté que empezaría a buscar trabajo como profe en alguna escuela y me dijo que él me podía dar algunos contactos que aún le quedaban de cuando había sido profe en secundaria.

Me pasó un par de nombres y teléfonos, diciéndome que vaya de parte suya, que dijera que trabajaba con él en el club y que cualquier cosa lo llamaran, él se encargaría de dar buenas referencias mías, se lo agradecí y al día siguiente me preparé un curriculum con el certificado provisorio de la carrera concluida y el título en trámite y me fui a esas escuelas.

Eran dos escuelas privadas, donde sé que se entra por contactos, no como en las públicas, que se entra por puntaje.

En la primera de ellas, el director me atendió muy amablemente, me pidió el curriculum y me dijo que por el momento no tenían vacantes, pero cuando se produjera una me llamarían.

En la segunda, la directora también muy amable, me dijo que a más tardar en un par de meses necesitaría un suplente para una de las profesoras que sacaba licencia por maternidad, de momento solo tenía eso para ofrecerme, y le dije que estaba perfecto, que cuando me necesitara tan solo me llamara.

Cada vez que estaba en casa, con el mate en la mano, me la pasaba mirando por la ventana del dormitorio hacia la casa de mis antiguos vecinos con la esperanza de ver a Valeria, aunque sea entrando o saliendo de su casa, pero tan solo pude ver un par de veces llegar o salir al pelotudo.

No sé muy bien por qué, pero una tarde de viernes, quise saber si ese tipo aún seguía encontrándose con esa mujer para ir al hotel y no fue muy difícil comprobarlo, como en otras ocasiones, levantó a esa mujer en una esquina del centro y la llevó al hotel de siempre, con gracia pensé que ya lo conocerían de sobra y le harían descuento por cliente habitual, pero no podía dejar de pensar en que ese tipo le seguía metiéndolos cuernos a Valeria y ella sin enterarse, ¿lo habrá imaginado alguna vez? ¿Imaginaría lo que su amable y simpático esposo hacía cada viernes?

Tenía que dejar de pensar en ella, pero me costaba mucho, a cada momento me daban ganas de verla, de saber cómo estaba.

***

Valeria

Esa tarde Sebastián volvió cuando Guillermo ya estaba en casa, tocó el timbre y fue él quien abrió, fueron al departamento y un rato después, Guillermo entró en casa por la puerta del pasillo.

-Este pendejo del orto! Una nota quiere le firme el pelotudo!

Ni siquiera le pregunté lo que pasaba, pero me reí por dentro, lo vi sentarse en su computadora, escribir algo y luego imprimir unas hojas.

Antes de volver a salir, de camino a la puerta del pasillo, lo escuché decir:

-Pendejo de mierda! Por fin se va!

Al rato volvió a entrar y dejó un papel sobre la mesa, pensé en ese momento que algo le habría pedido Sebastián para ponerlo de tan mal humor, y me reí sin que él me viera.

A partir de ese día no supe más nada de Sebastián y en verdad me daba pena no volver a verlo.

Los días fueron pasando y parecía que Guillermo estaba un poco más tranquilo, como si al no estar Sebastián viviendo en el fondo, tenía algo menos por lo que preocuparse.

Varias veces, sola en casa, me encontré pensando en Sebastián, ¿dónde estaría viviendo? ¿En qué estaría trabajando? ¿Le estaría yendo bien? En verdad extrañaba esos mates y esas charlas con él.

Una mañana al llegar a la escuela, antes de que comenzara mi clase, se acercó la directora y me dijo que tenía un par de cursos más para ofrecerme, una profesora del turno tarde se jubilaba y sus horas quedaban vacantes, eran tan solo dos días por semana por la tarde, le dije que lo pensaría, que le daría una respuesta al otro día.

No quería decirle que sí de una, tenía que hablarlo primero con Guillermo, pero me entusiasmaba la idea, pasaba muchas horas yo sola en casa y esos cursos me vendrían bien.

Esa tarde cuando Guillermo llegó a casa, se lo comenté.

-Hoy a la mañana, la directora de la escuela me ofreció dos cursos más, de una profesora que se jubila, serían dos días por la tarde y me gustaría tomarlos…

-¿Por qué? ¿Te hace falta plata? ¿No te alcanza con la que gano cada mes?

-No es eso… me paso muchas horas sola acá… además me gusta dar clase…

-¿Y las cosas de la casa?

-Van a estar hechas como siempre, son tan solo dos horas y media, dos días a la semana…

-¿Tantas ganas tenés de rajar de acá?

-No! No es eso! Estudié para dar clases… me gusta hacerlo… me hace bien…

No me dijo nada en ese momento, se levantó y fue, supongo que al baño.

Mientras cenábamos, me preguntó:

-¿Y por cuánto tiempo?

-¿Las horas?

-Sí!

-Definitivo! La profesora se jubila… si no las tomo yo, se las ofrecerá a otro profesor…

-Veremos! Vamos a probar! Si veo que la casa sigue en orden, vemos! Si no se corta!

-Está bien! Todo va a estar como siempre!

Me puse contenta, aunque no lo demostré frente a él.

Al día siguiente, le confirmé a la directora que aceptaba y casi un mes después, comencé a dar clases también por las tardes.

Esos dos días, no volvía a casa, me quedaba en la escuela, almorzaba algo allí y luego daba las clases de la tarde.

Ya al segundo día, Guillermo me dijo que me iría a buscar por la tarde, sin dudas quería controlarme también, lo que hacía a la hora de la salida.

No me importaba, después de todo, tenía más horas y me ahorraba la vuelta a casa en colectivo.

***

Sebastián

Llegué del club esa noche, entré a casa dejando el bolso en el sillón, caminé hasta el dormitorio, me asomé y la vi, con esa sonrisa que tanto me gusta y su cara de deseo, desnuda sobre mi cama, diciéndome que me estaba esperando.

Sin dudarlo, me saqué rápidamente la ropa, ya con una erección le dije que me daría una ducha, pero estirando su mano me dijo que luego nos duchábamos juntos, que necesitaba volver a sentirme y por eso me había esperado así.

Me acosté junto a ella, que no tardó en agarrarme la pija, masturbarme lentamente mientras su lengua recorría mi boca jugando con la mía, mientras yo acariciaba sus duros pezones, para luego de ese beso decirme:

-Metémela ya Seba! Tengo muchas ganas de sentirte dentro de mí!

-Que calentita estás Vale!

-Muy!

Me recosté sobre ella y mi pija encontró su conchita al instante, para con un movimiento de cadera, perderse completamente en su interior, mientras chupaba sus tetas y sus pezones.

El mete y saca fue lento, pero profundo, su mirada de placer se perdía en la mía y a punto de su orgasmo me dijo:

-Te amo Seba! Qué feliz me hacés!

-Vos me hacés feliz Vale! Cómo ninguna otra mujer! Te amo Vale! Siempre te amé!

Con su respiración agitada me dijo:

-Seguí que te acabo! Seguí mi amor! Acabemos juntos!

-Te voy a llenar esa conchita mi amor!

-Sí! Llename toda! Acabame adentro que me gusta mucho! Sí… Ahhh….

Me desperté sobresaltado, la puta madre, que sueño… me parecía tan real…

La erección que tenía daba pruebas de eso, no recordaba si alguna vez había tenido un sueño tan excitante, pero justo tenía que soñar con Valeria… día tras día tratando de no pensar en ella y se me aparecía en sueños… y que sueño la puta madre… sin dudas fue obra de mi subconsciente.

Casi dos meses después, recibí la llamada de la directora de la escuela, preguntándome si estaba disponible para la suplencia de la que me había contado, le dije que sí y me dijo que pasara por la escuela para el tema de los papeles.

La suplencia en cuestión, era por tres meses, el tiempo en que a la profesora titular le correspondía la licencia por maternidad, y que comenzaría en dos semanas.

Mentiría si dijera que no estaba nervioso, la directora me dijo los cursos y horarios en que tendría que dar clases, eran cinco cursos de primero, segundo y tercer año de secundaria, chicas y chicos entre los trece y los quince años, todos por la mañana y tendría que ir tres veces a la semana.

Antes de que Eliana Barrios, la profesora titular tomara su licencia, fui una mañana a la escuela para hablar con ella, que me pusiera al tanto de las planificaciones de los cursos, para seguir su plan de trabajo, y ese día me presentó a sus alumnos, diciéndoles que yo sería su suplente.

Resultó ser una chica muy amable, que a sus treinta años, esperaba su tercer hijo, un varoncito, luego de dos niñas de cinco y tres años.

Dos semanas después, bastante nervioso, comencé mi carrera docente, estaba más que feliz, tanto como mis padres, cuando se los conté ese fin de semana mientras comíamos un asado el domingo al mediodía.

Tuve una buena acogida de los chicos, que por suerte no daban problemas, siguiendo los trabajos que Eliana había planificado, y agregando algunas prácticas para hacer más amenas las clases, como juegos en grupo al comenzar la clase.

Luego de un mes de trabajo, estaba súper contento, sin dudas dar clases me gustaba mucho, casi sin quererlo, estaba haciendo las dos cosas que me gustaban, profe en escuela y profe en un equipo.

En los días libres, y los fines de semana, seguía con la aplicación de delivery, mi intención era poder ir ahorrando unos pesos para cambiar la moto o si la cosa iba bien, poder comprar un autito.

Un par de semanas después, al llegar a la escuela, la directora me informó de una reunión de capacitación para profesores, sobre educación sexual integral, que dos veces al año se hacían para reforzar el tema en todas las materias.

La reunión sería a la hora del receso de mediodía, entre ambos turnos, el jueves de esa semana.

Ese día no me tocaba dar clases, pero le dije a la directora que allí estaría.

Llegué ese jueves faltando minutos para las doce del mediodía, hora en que estábamos citados los docentes.

La reunión se haría en un salón con un proyector y pantalla, que los profesores utilizan para clases especiales.

Cuando llegué al salón, ya había un montón de profesores, muchos que no conocía, que ni me los había cruzado.

Entré con mi carpeta en la mano y con la ropa deportiva que suelo usar para dar las clases, miré a todos los profesores que ya estaban sentados y en ese recorrido visual, se me aceleró el corazón, sentada al fondo del salón, conversando con otra profesora, estaba Valeria.

Si bien me había comentado de su trabajo, de su experiencia con los chicos de sus clases, nunca me había dicho en que escuela trabajaba, y en ese momento, agradecí las casualidades.

Ella no me había visto, no miraba en ese momento hacia mi lado, busqué un lugar para sentarme, no quise hacerlo cerca de ella, no sea cosa que algún docente conociera a su marido y le contara que había hablado con ella.

Me senté, y en el momento que entraba la vice directora, quien daría la charla, Valeria miró en mi dirección y me vio.

La cara se le iluminó y su hermosa sonrisa hizo presencia, con cara de asombro me saludó con la mano, en el momento que la vice comenzaba la reunión.

Luego de unos comentarios, las luces se apagaron y la docente fue mostrando y comentando una presentación en la pantalla.

La reunión duró casi una hora, y luego de entregarnos una carpeta con el material de la capacitación, la dio por terminada.

Los profesores se empezaron a poner de pie y retirarse, poco a poco el salón fue quedando vacío, la profesora que hablaba con Valeria se despidió de ella y salió del salón, quedando solamente la vice directora y un chico que acomodaba el salón.

Valeria se acercó a mí con cara de sorpresa y una sonrisa, llegó a donde yo estaba y me dio un abrazo diciéndome:

-Que alegría verte Seba! No sabía que eras profe acá!

-Hola Valeria! También me alegra verte! Tampoco sabía que dabas clases en esta escuela! Nunca hablamos de eso!

-Es verdad! Pero nunca te crucé por acá! ¿Cuánto hace que estás?

-Hace poco más de un mes! Soy suplente de Eliana Barrios!

-Claro Eli está por tener a su hijito! Hablé con ella el último día que vino a trabajar! Nos conocemos desde hace años! Es un amor!

-Así que estaré tan solo estos tres meses!

-Si acá están conformes con tu trabajo, seguramente sigas trabajando, aunque sea haciendo suplencias! Contame como va tu vida! ¿Seguís en el club?

-Sí! Se puede decir que estoy haciendo lo que me gusta!

-¿Y seguís con el delivery?

-Sí, aunque no todos los días, solo en los momentos que tengo libres y los fines de semana!

-Qué bueno!

-Bueno… contame cómo estás vos… como va tu vida…

-Que decirte… siempre igual… te juro que esto es lo que me da un respiro… todo el tiempo estoy deseando que lleguen los días de clase… para salir un poco de casa… ahora doy clases también dos días por la tarde!

-Perdón por lo que te voy a preguntar… pero… ¿Sigue igual tu marido? ¿Te sigue tratando mal?

-Nada ha cambiado… que decirte… siempre deseando que todo vuelva a ser como antes, pero bueno… un poco más calmo todo… Hablemos de otra cosa! ¿Dónde estás viviendo?

-Sigo en el barrio! A la vuelta de tu casa!

-No sabía! ¿Por dónde?

-En el edificio de calle treinta y nueve! Le alquilo el departamento a María Marta!

-Ya sé cual es! Y la conozco a María Marta! Es dueña de casi todos los departamentos! No sabía que estabas tan cerca!

-Por Mario el carnicero lo conseguí! Y sigo guardando la moto en su garaje!

-Nunca te volví a ver por el barrio!

-Entre el club, ahora la escuela y las entregas, estoy poco por el barrio!

-Bueno Seba! Me encantó verte! ¿Qué días das clases?

-Lunes, martes y jueves! Los cursos que tenía Eliana!

-Claro! Qué tarada! Coincidimos solo los martes!

-Bueno! Nos veremos seguido entonces!

-Ya me tengo que ir!

-¿Te viene a buscar?

-Los días que vengo a la tarde sí, pero hoy me voy en un remís!

-Me imagino que él lo contrató, ¿verdad?

Y bajando la mirada me dijo:

-Sí! Y ya me debe estar esperando!

-Me gustó mucho verte Valeria!

-A mí también Seba! Sobre todo acá!

Me volvió a dar un abrazo y se fue.

Lo que son las casualidades, pensé… volvía a tener cerca a Valeria, con todo lo que eso significaba para mí.

Continuará…

Continúa en