Creí que no, pero sí (3)
Guillermo creía que la tenía bajo control total, pero no calculó la fuerza de la amistad que florecía detrás de su espalda. Cuando la verdad salta a la luz, la línea entre la protección y la destrucción se vuelve peligrosamente delgada.
Capítulo 3
Valeria
Desde hacía unos días andaba con problemas en mi teléfono, por momentos se desconectaba y me quedaba sin servicio, lo reiniciaba y volvía a funcionar, se lo comenté a Guillermo y poca bola me dio, pero un buen día dejó de hacerlo, por lo que decidí ir a la empresa de telefonía para ver si me lo podían solucionar.
Llamé a Guillermo desde el teléfono fijo para decirle que iría al centro a solucionar el tema del teléfono, pero no me contestó, bueno… casi como siempre.
Me cambié y caminando me fui a la parada del colectivo, estaba esperando ya hacía como diez minutos, cuando una moto se detuvo, me asusté por un momento, hasta que al sacarse el casco vi que era Sebastián, nos saludamos y cuando le conté mi problema, me dijo que él también iba al centro y se ofreció a llevarme en la moto.
Dudé un momento, más que nada por si alguien me veía irme con él, pero terminé aceptando cuando sacó otro casco de debajo del asiento.
Me llevó hasta la empresa de telefonía y al llegar me contó que iba al centro a comprarse ropa y zapatillas, me dijo que me esperaba y que luego de hacer sus compras podría llevarme de vuelta a casa, y aunque dudé, pensé que así volvería más rápido que en el colectivo.
Caminamos una cuadra hasta la casa de ropa donde él tenía que ir.
Aunque estaba algo nerviosa, más que nada por si alguien pudiera verme con él, entramos al local, pero no me quedé a su lado, me puse a mirar también la ropa y zapatillas que tenían exhibidas, para que no pareciera que íbamos juntos.
Me sentía mal haciendo eso, pero me daba miedo estar junto a él y que alguien me viera.
En un momento me acerqué y vi que no se decidía entre dos pares de zapatillas, me miró con una sonrisa y me preguntó por cuál de las dos, le dije que las blancas y fueron esas las que se terminó comprando.
A pesar de los nervios, me sentía bien, sin dudas Sebastián podría ser mi amigo, no había nada en él que me hiciera sentir incómoda.
Cuando salimos de la casa de ropa, caminando esa cuadra hacia donde había dejado su moto, conversando de la ropa que se había comprado, pero antes de llegar, me sorprendió invitándome a tomar un café.
Me puse más nerviosa aún, en verdad no estaba haciendo nada malo, tan solo sería tomar un café con un amigo, pero dudé…
Dudé pero terminé aceptando.
***
Sebastián
Te quería contar algo que me tiene entusiasmado! Pero si no podés no pasa nada…
-Dale! Pero no tardemos tanto…
Me imaginé que quería estar en su casa para cuando volviera el simpático de su marido.
Caminamos tan solo media cuadra, entramos en un bar, pedimos dos café y mientras lo traían le conté:
-Desde ayer empecé a trabajar como profe ayudante en la primera del club…!
-Qué bueno! Justo lo que querías!
-Un profe de la facu del año pasado está en el cuerpo técnico, le comenté lo que me gustaría hacer y dos días después me lo ofreció! Y encima me pagan!
-Buenísimo! Todavía no te recibiste y ya conseguiste algo de lo que te gusta! Te felicito Seba! Me alegro mucho!
La escuchaba y por su expresión me daba cuenta que en verdad se alegraba!
-Gano un poco más, pero por favor no le cuentes a tu esposo! No sea cosa que me aumente el alquiler!
Se rió y yo con ella, por Dios, que hermosa es cuando sonríe…
-Quedate tranquilo que no le digo nada!
Nos trajeron el café, conversamos un par de cosas más y le dije de irnos, no quería que tenga problemas con su marido.
Caminamos hasta la moto, nos pusimos los cascos y fuimos para casa.
Cuando estábamos a unas cuadras, me dijo que la dejara en la avenida, claramente porque no quería que alguien la pudiera ver llegar conmigo y le fuera con el cuento al simpático.
Paré, me dio el casco y nos despedimos.
-Gracias Valeria por el consejo! No me decidía por una zapa!
-No hay por qué! Para eso están los vecinos!
Me hizo reír diciéndome lo que yo le había dicho ya varias veces.
-Y gracias a vos por el viaje y por el café! Suerte en el nuevo trabajo!
-Muchas gracias!
Guardé la moto y fui para casa y cuando estaba llegando, justo estacionaba un auto en la puerta, del que bajó el simpático de Guillermo. No conocía su auto, tomá vos el abogado… se bajó de un Audi A4, y por supuesto, hizo como que no me vio para no saludarme, por suerte...
Menos mal que no llegamos juntos.
Cada vez más, Valeria me parecía una mujer interesante, su sonrisa me encantaba, su mirada franca también y su voz suave mucho más… La puta madre… tranquilizate Seba…! es una mujer casada…!
No volví a verla sino hasta los últimos días del mes de marzo, era una tarde de calor, preparé el mate y me fui al patio.
Me senté a la sombra a matear y escuchar música de mi celu, mientras leía un apunte de la facu.
Terminó una canción y me pareció escuchar ruido de agua, bajé el volumen para prestar atención al ruido, creyendo que me había olvidado la canilla abierta, pero el ruido venía de la canaleta del techo.
Me paré, miré hacia arriba y me di cuenta del problema, el tanque de agua que está sobre el techo, se estaba desbordando, sin dudas se había roto o trabado el flotante.
Dejé todo en el piso, y trepando por la ventana del dormitorio hasta la pared del vecino, logré subir al techo.
Caminé hasta el tanque, y me di cuenta de que el flotante estaba trabado, saqué la tapa y lo destrabé, con lo que el agua dejó de correr.
Lo volví a tapar y en ese momento miré hacia la casa de mis vecinos, para encontrarme a Valeria en su patio, tomando sol boca abajo sobre una lona en el pasto, con una bikini blanca, desprendida en la espalda la parte de arriba, la verdad me sorprendí, y gratamente. Valeria tenía un hermoso cuerpo, delgada pero con unas armoniosas curvas, un culito de lo más lindo, y esa bikini le quedaba de maravilla.
Tan solo pude verla un momento, no quise seguir ahí, sobre todo por no saber si estaba el pelotudo de su marido, no fuera cosa que me enganchara mirando hacia su patio, con su mujer tomando sol en bikini.
Desde ese momento, la imagen que tenía de Valeria, que sin conocer su cuerpo me agradaba mucho, ahora sin dudas me quitaría el sueño.
Bajé del techo y me volví a sentar en el patio, me quedé pensando en lo hermosa que me parecía mi vecina, lástima que tuviera unos años más… y marido…
Al menos hasta que terminara la facultad, al club iba los lunes, miércoles y algunas veces los viernes, otras los sábados, dependiendo del día que jugara el equipo.
Aunque Mariano me dijo que no era necesario, las veces que el equipo jugaba de local, iba a ver el partido, me gustaba también, ver el trabajo de Mariano en esos momentos, quería aprenderlo todo.
Después de esa visión de Valeria desde el techo, que me quedó grabada en la retina, pasaron varias semanas sin cruzarla, fue recién el mediodía de un sábado de principios de mayo, que nos encontramos en el supermercado, y por primera vez, nos saludamos con un beso en la mejilla.
Hablamos un momento, me preguntó por mi trabajo y le conté un poco.
Antes de que fuera para la caja, le dije que cuando quisiera y tuviera tiempo, pasara por casa a tomar unos mates, me agradeció, pero estaba seguro de que no iría, por temor a que su marido lo supiera.
El trabajo en el club me gustaba cada día más y poco a poco fui incorporándome al grupo, que me aceptó cómo uno más, incluso me invitaban a salir con ellos, claro, cuando no había partido al día siguiente.
Una tarde de viernes, a eso de las tres de la tarde, escuché que golpeaban la puerta del departamento, sin dudas era Valeria, no veía a su agradable pareja, golpeando con tal delicadeza.
Al abrir la puerta, me encontré con su sonrisa, la puta madre, no me sonrías así…
Con un plato en la mano me dijo:
-Hola Seba!
-Hola Valeria! ¿Cómo estás?
-Muy bien! Hice un budín y…
-Pasá, pasá por favor!
Antes de pasar, se acercó a mí y nos saludamos con un beso.
-Como aquella vez me dijiste que pasar a tomar unos mates, no quería venir con las manos vacías…
-Qué bueno! Hiciste muy bien! Ya pongo la pava!
Me fui a la cocina y preparé el mate mientras comentábamos cosas del día, de la temperatura y cosas triviales.
Ya con el mate, probé el budín y estaba excelente.
-De limón! Está buenísimo!
-Sí, me salió rico!
Mientras mateábamos, le conté del club, del trabajo, de lo entusiasmado que estaba, y ella me contó de su trabajo en la escuela, de los chicos, de lo que tenía que renegar a veces, ya que le daba clases a adolescentes.
También me contó un poco de su historia, de su familia, de su adolescencia, de sus amigas de años, a las que veía poco, ya que a su marido no le caían muy bien, incluso me contó que del grupo de cuatro chicas que eran amigas desde la escuela secundaria, se juntaban a cenar una vez al mes, pero ella ya no iba, solo lo hacía cuando se juntaban por la tarde a tomar un café.
La miraba mientras me contaba todo eso y cada vez me sentía más atraído por ella, que claro está, no tenía una buena vida.
También pensé que tomar esos mates y conversar un rato conmigo, la sacaba un poco de su realidad, que a medida que me contaba cosas de su vida, me parecía que el marido le prohibía demasiadas cosas, la controlaba demasiado.
Llegó la hora en que ya me tenía que ir al club, me hubiera quedado conversando con ella, pero también sabía que querría volver a su casa antes de que el tipo llegara.
Le agradecí el budín y la charla y salimos los dos, caminamos por el pasillo, nos despedimos con un beso en la mejilla y entró a su casa.
A partir de ese día, casi todos los viernes venía a tomar mate, y siempre con algo que ella misma había preparado, y así fuimos ganando confianza, aunque nunca quise preguntarle por la relación con su marido, nuestras conversaciones eran como de amigos, aunque día tras día sentía más atracción hacia ella.
***
Valeria
Esa tarde luego de que Sebastián me llevó al centro y me invitó a tomar un café, estaba más que nerviosa al volver, lo único que rogaba era que Guillermo aún no hubiera llegado a casa.
Por suerte llegué un rato antes que él, y mientras le cebaba unos mates, le conté que había ido al centro a solucionar lo de mi teléfono, que lo había llamado pero no me había atendido, y aunque no puso buena cara, no me dijo nada.
Al día siguiente, mientras hacía algunas cosas de la casa, me quedé pensando en lo que había ocurrido el día anterior, algo tan normal como ir al centro a hacer compras y tomar un café con un amigo, me ponía nerviosa tan solo de imaginar la reacción de Guillermo si lo supiera.
Pero a pesar de eso, me había sentido cómoda con ese chico, tan amable y considerado, con su forma tan amena de hablar, su buena onda y su respeto hacia mí, me sentía a gusto conversando con él, sin dudas un buen chico.
En casa, desde que nos habíamos mudado, teníamos una línea de teléfono fija, y desde hacía un tiempo, Guillermo me llamaba a esa línea.
Al principio no le di importancia, pero luego me di cuenta que lo hacía con cualquier excusa, si hacía falta alguna compra o me pedía que me fijara de alguna carpeta que se había dejado en casa o decirme que se retrasaría, cualquier motivo servía para saber si yo estaba en casa.
Guillermo conocía perfectamente mis horarios, sabía a la hora que volvía de la escuela cada día que daba clases, y varias veces sonaba el teléfono de casa, a los pocos minutos de haber llegado.
Unas semanas después, una tarde de jueves se me ocurrió que quizás podría aceptar la invitación de Sebastián de pasar por su casa a tomar unos mates, lo podría hacer los viernes a eso de las dos de la tarde, y volver una hora después, me gustaba conversar con él, y esos días Guillermo siempre llegaba a casa más tarde.
Decidida, el viernes por la mañana, compré todo lo necesario para hacer un budín y golpearle la puerta, por supuesto haría dos, uno dejaría en casa, no fuera cosa que Guillermo entrara y sintiera olor a torta y no hubiera torta en casa.
Varios viernes fui al departamento de Sebastián, y en verdad la pasaba muy bien, podía hablar de todo con él, de sus cosas y de las mías, incluso me hacía reír con sus ocurrencias, el único tema del que no hablábamos era de mi matrimonio con Guillermo, ni de él por supuesto, como tampoco Sebastián me contaba de sus relaciones, lo único que sabía era que no tenía novia.
No sentía en esos momentos que estuviera haciendo nada malo, si Guillermo no fuera tan controlador conmigo, sin dudas se lo contaría, no me sentía bien haciéndolo a escondidas, pero estoy segura de que si lo supiera, ardería Troya.
Cada día me sentía más acotada en mi vida, me gustaría trabajar más, tener más cursos, la docencia es lo mío y sentía que podía dar más de mí, sumado a eso, la actitud de Guillermo de un tiempo a esta parte, no me hacía sentir cómoda, hasta dejé de salir con las chicas a cenar o a tomar una cerveza, tan solo las veía si nos juntábamos a tomar un café por la tarde.
Estando tanto tiempo sola en casa, muchas veces pensaba en la vida que llevaba, bastante diferente de lo que hubiera pensado, no me gustaba el papel de ama de casa de hace cincuenta años, que esperaba al marido en su casa, aunque me terminaba sintiendo así.
Tengo claro que lo que gana Guillermo es más que suficiente para vivir, y cómodamente, pero me quiero sentir útil, tener un ingreso, estudié para ser profesora, es lo que me gusta y siento que no lo estoy haciendo.
***
Sebastián
Era ya el mes de septiembre, faltaba cada vez menos para terminar la carrera, como otros viernes, esperaba que viniera Valeria a tomar unos mates y conversar, pero llegó la hora de irme al club y no había venido, pensé que quizás tendría cosas que hacer o que su marido estaría en la casa.
Pasó todo el mes de septiembre y ningún viernes volvió a pasar, y se me dio por pensar que el marido de alguna forma se había enterado y por eso dejó de venir.
Extrañaba esos mates y esas charlas, bueno… para qué mentir, extrañaba ver a mi vecina, aunque tenía en claro que no podría pasar de ser quizás un amigo y ya.
Me extrañó también no haberla cruzado ningún día, ni siquiera haberlos escuchado hablar o discutir cuando entraba o salía por el pasillo.
Alguna vez, cuando había alquilado el departamento, había guardado el teléfono de Valeria, pero no me animaba a escribirle, por temor a que el tipo le revisara el teléfono, siempre pensaba que si era tan celoso y controlador como Valeria me había dicho, no sería de extrañar que lo revisara.
Pasó también el mes de octubre sin si quiera cruzarme con Valeria y me preocupaba el no saber si todo estaba bien con ella.
Una tarde de mediados de noviembre, salía para el club y miré hacia el frente de su casa, la persiana estaba levantada, y detrás de las cortinas, me pareció ver a alguien mirando hacia afuera, fue tan solo un momento, el auto del tipo no estaba, por lo que supuse que era Valeria.
Pero sin dudas, no quería ni saludarme, si me había visto salir, al menos me podría haber saludado con la mano, no sé… no entendía que había pasado… pero bueno, ella tenía a su esposo y yo no era más que el inquilino.
Terminé las cursadas, tan solo me faltaba rendir dos exámenes finales para terminar la carrera y los rendí a mediados de diciembre.
Cuando aprobé el último final, mis padres vinieron de Magdalena, también estaban mis amigos y varios de los chicos del club.
Al salir con el nueve que me habían estampado en la libreta universitaria, abracé a mis viejos que no paraban de llorar de alegría.
Luego todos me saludaron y felicitaron, antes de salir a la calle, donde como es costumbre, me enchastraron con huevos, con esos aerosoles de color que se usan en las fiestas de carnaval, espuma y un montón de porquerías más.
Luego de eso, la tradicional caravana hasta la Catedral de la ciudad, con todos los autos haciendo sonar las bocinas.
Fotos, mas huevos, hasta fuegos artificiales llevaron mis antiguos vecinos, y luego para casa, donde luego de darme un baño bien dado, nos comeríamos todos un asado para festejar.
Previendo que pudiera haber algún problema por los ruidos, ese día por la mañana, envié un mensaje al teléfono de Valeria, avisando que si aprobaba el examen me recibía y que en la noche mi familia y mis amigos estarían en casa para festejar con un asado.
Por respuesta tan solo recibí un “ok”, con lo que supuse que el que contestaba era el esposo de Valeria, aunque creía que ese era el número de ella.
No hubo demasiado bochinche, como era una noche de calor, el asado lo comimos en el patio del fondo y a pesar de que hubo música, baile y más huevos, supongo que mis vecinos no deben haber escuchado nada.
Esa noche mis viejos no se quedaron en casa, no tenía lugar para que se quedaran, les había contratado una habitación en un hotel, al que luego de la fiesta, Miguel los llevó en su auto.
La que si se quedó, fue Marcela, una amiguita con la que ya habíamos estado un par de veces, aunque no pasó gran cosa esa noche, estaba reventado.
Al día siguiente, almorcé con mis viejos, paseamos un rato por la ciudad y luego se volvieron para Magdalena.
Al llegar a casa, a eso de las seis de la tarde, al abrir la puerta del departamento, me encontré con un papel, escrito con marcador, que decía tan solo “FELICITACIONES PROFE”, sin dudas dejado por Valeria.
Leyéndolo, aún sin cerrar la puerta, no entendía que había pasado, meses hacía que ya no la veía.
Queriendo averiguar algo, decidí que le golpearía la puerta, me aseguraría de que su esposo no estaba, y le golpearía la puerta del pasillo.
***
Valeria
Me gustaban esos viernes de mates y charlas con Sebastián, pero nunca imaginé lo que se me vendría.
Fue un viernes que cuando Guillermo llegó, ya vi que venía con gesto contrariado, preparé el mate y antes de tomar el primero, me dijo:
-El viernes pasado te llamé y no estabas acá, hoy también te llamé y tampoco estabas…
-No debo haber escuchado el teléfono… me hubieras llamado al móvil…
-¿Dónde carajo estabas Valeria? Y ni se te ocurra mentirme!
Se paró frente a mí, mirándome a los ojos con cara de enojo
-Decime la verdad carajo! ¿Dónde estabas?
-El viernes pasado no me acuerdo, seguro haciendo alguna compra…
-¿Y hoy donde carajo estabas?
No sabía que contestarle, no podía decirle que había estado tomando unos mates con Sebastián, pero tampoco podía ocultárselo, seguramente se daría cuenta, y decidí contarle una media verdad.
-El chico del fondo me preguntó por una costurera en el barrio, necesitaba hacerle arreglos a su ropa… estaba en el pasillo conversando, seguramente por eso no escuché el teléfono…
-¿Estabas hablando con ese pendejo de mierda?
Y en ese momento, sin siquiera imaginarlo, sin creer que pudiera ser capaz, mi esposo, con quien había decidido casarme, con su mano abierta me dio un cachetazo.
-¿Qué te dije yo? No tenés nada que hablar con ese tipo!
No me dolió tanto el golpe como su actitud, nunca lo hubiera creído.
Luego me tomó de la cara, mirándome a pocos centímetros, con la cara desencajada.
-¿Te queda claro?
Muerta de miedo por su reacción, imaginando que la cosa no había terminado ahí, tan solo me salió decirle:
-Sí…
-No me paso el día trabajando para que vos andes pelotudeando por ahí, hablando con cualquier tipo! Y menos con el pendejo del orto ese!
-No hice nada… ¿por qué me pegas?
-Callate! Es la última vez que hablás con ese pendejo!
Ya no dije más nada, las lágrimas me caían sin control, estaba como en shock, muerta de miedo y me fui al baño y me encerré ahí a llorar.
Cuando salí del baño, casi una hora después, fui a la cocina a empezar a preparar la cena, y un momento después, Guillermo entró, me abrazó desde atrás y al oído me dijo:
-Espero te haya quedado claro! Vos sos mía y de nadie más! No me vuelvas a mentir! No sabés de lo que soy capaz! Y desde ya te digo que a ese pelotudo no le voy a renovar el contrato!
Durante la cena no hablé, ni siquiera lo miré, mil cosas pasaban por mi cabeza, nunca creí que Guillermo pudiera haber cambiado tanto, en nada se parecía al Guillermo con el que me casé enamorada, ¿cómo había llegado a esto? Yo no hacía nada malo, tan solo conversaba con el vecino, y no entendía por qué lo odiaba tanto…
Por supuesto no volví a ir los viernes a tomar mate con él, solo salía para ir a trabajar y volver o a hacer alguna compra, Guillermo llamaba cada tarde para ver si estaba en casa, pero ya nada volvió a ser igual con él, durante días tan solo hablaba lo necesario, ni siquiera le preguntaba por su trabajo o por sus cosas, ni volví a sonreír con él.
Desde hacía un tiempo, otro aspecto de nuestra relación había ido cambiando también, y mucho… nuestra sexualidad, de ser un lindo momento, pasó a ser una obligación, y cada vez más distanciados los encuentros, pero luego de ese día del cachetazo, ya no quería ni que me tocara.
En el mes de diciembre, me llegó un mensaje de Sebastián y al verlo se me paró el corazón, menos mal que Guillermo no estaba en casa.
En el mensaje Sebastián decía que rendiría su último examen final y haría una reunión en su casa luego del examen.
Tan solo le contesté “Ok” y borré inmediatamente el chat con él, solo esperaba en ese momento que no hicieran mucho ruido, Guillermo se pondría violento si había fiesta en el fondo. Decidí no decirle nada, si no hacían mucho ruido ni se enteraría.
Una tarde miraba por la ventana cuando lo vi salir, seguramente no entendería el por qué había dejado de ir a tomar mate con él, pero seguramente sabría que era por Guillermo.
No me animé siquiera a saludarlo, tenía miedo que también se pusiera violento con él.
Al día siguiente, al entrar Guillermo en casa dejó su maletín sobre el sillón y vino rápidamente hacia mí con rabia en la cara, me miró con odio y sin decirme nada, me tomó del cuello.
-¿Por qué mierda me mentís? ¿Quién carajo te creés que sos para andar con un tipo por el centro?
-No sé de que hablás…
-No te hagas la pelotuda! Un amigo me dijo que te vio en calle nueve caminando con un tipo!
Y ahí llegó el primer cachetazo.
-¿Con quién carajo estabas? Si no me lo contaste es porque habrás hecho algo con ese tipo!
¿Quién carajo era ese tipo?
No podía parar de llorar, no creía estar viviendo algo así
-Hablá carajo! ¿Quién era ese tipo? Decime quien es porque te cago a trompadas!
No sabía si estaba al tanto de todo y estaba queriendo saber si le decía la verdad, tenía tanto miedo en ese momento, que temblando le contesté:
-El vecino del fondo…
Y ahí me pegó dos cachetazos más, aún más fuerte que el primero, sentía la cara ardiendo y no podía parar de llorar.
-Hija de puta! Otra vez con ese pendejo de mierda! ¿Quién te creés que sos? Puta de mierda! Yo partiéndome el culo trabajando y vos revoleando la concha por ahí con ese pelotudo!
-No hice nada…
-¿Nada? Te parece nada! Ir por ahí, paseándote con otro! Puta de mierda!
Y me dio otro cachetazo más
-Me vuelvo a enterar que siquiera lo mirás y te mato! Escuchaste! Te mato a vos y al pendejo del orto ese! ¿Te queda claro?
No podía dejar de temblar ni de llorar, no podía ni contestar, cuando vi que volvía a levantar la mano, giré la cabeza y el cachetazo fue al ojo, haciendo que por el dolor me doblara, me agarró del brazo con violencia y me arrastró hasta el sillón donde me empujó y caí sentada, me hice un bollito y me quedé ahí llorando.
No sabía con quien estaba viviendo, nunca creí que fuera de esa manera, nunca creí que fuera capaz de ser tan violento, de pegarme…
***
Sebastián
Esperé hasta el viernes, como ya no cursaba, salí temprano de casa y me quedé en la esquina, conversando con Mario, el carnicero, contándole que me había recibido, de mis viejos, del asado, de los amigos y de mi trabajo, todo eso haciendo tiempo para ver cuando el esposo de Valeria salía de su casa.
A las nueve menos cuarto lo vi sacar el auto, cerrar el portón e irse.
Conversamos un momento más y para disimular, le dije que le revisaría el aceite a la moto y la limpiaría un poco, cosa que en verdad terminé haciendo para hacer tiempo.
A eso de las diez de la mañana, me despedí de Mario y volví a casa.
Esperé un poco más y a eso de las diez y media, salí al pasillo y le golpeé la puerta.
No respondió y volví a golpear, esta vez un poco más fuerte y un momento después, escuché su voz detrás de la puerta.
-¿Sebastián?
-Sí Valeria! Perdón que te molesto, pero tengo un problema en el departamento…
-Dame un momento!
Supuse que se iría a cambiar, quizás aún estaba con la ropa de dormir.
Un momento después, me abrió, vestida como siempre, con su ropa holgada y para mi sorpresa con anteojos de sol, pensé en ese momento que recién se habría levantado, o que la había despertado, y le dije:
-Buen día Valeria! Perdón que te golpeara la puerta!
-Hola Sebastián! No hay problema! ¿Qué pasó en el departamento?
-En realidad no pasó nada, te toqué la puerta porque necesitaba hablar con vos.
-No creo que sea buena idea…
-Entiendo, pero me gustaría saber que pasó, de un día para otro, dejaste de venir a casa, ni siquiera nos hemos cruzado en meses, ¿dije o hice algo que te molestara?
En ese momento giró un poco su cabeza y entendí la razón por la que llevaba las gafas de sol.
-Valeria… ¿es lo que supongo? Por favor, te podrás sacar los anteojos!
-No hace falta! Ayer me golpeé con la puerta de la alacena que dejé abierta…
Claramente no era un golpe con la puerta, el hijo de puta del marido la había golpeado sin dudas.
-Valeria, por favor, decime la verdad! ¿Te golpeó?
No me contestó, pero vi rodar dos lágrimas por sus mejillas y eso fue suficiente.
-Que hijo de puta!
Dije ya completamente caliente!
-Cómo pudo ser capaz de algo así! Lo tenés que denunciar!
-No!
Dijo sobresaltándose!
-No pasa nada Sebastián! Andá tranquilo!
-Por favor! Sacate los lentes!
-No pasa nada!
-¿Por qué llorás entonces?
-Por favor Seba! Andá!
En un rápido movimiento le saqué los lentes para encontrarme con el ojo morado y el párpado hinchado!
-Hijo de puta! ¿Por qué te pegó así ese malparido!
-Por favor Seba!
-No tengas miedo! Lo vi salir! Contame por qué te hizo esto!
Y en ese momento explotó en llanto y no pude más que abrazarla. Se dejó abrazar y lloró desconsoladamente.
Me quedé en silencio, dejándola que se desahogara, hasta que un momento después, se separó y me dijo:
-Nunca me había levantado la mano… hasta hace un tiempo…
-Tranquila! Contame que pasó!
-Habitualmente me llama al teléfono fijo, para ver si estoy en casa, dos viernes me llamó y yo estaba en tu casa, ese viernes me dijo de todo y solo me salió decirle que había estado hablando con vos en el pasillo, que me habías preguntado por una costurera, lo primero que se me ocurrió… y me dio un cachetazo!
-Qué hijo de puta!
-Tengo miedo Seba! No quiero que nos vea! Por favor andate!
-¿Y esta vez por qué fue?
-Ese día que me llevaste al centro algún conocido de él, le dijo que me había visto con un hombre por calle nueve, y cuando llegó ayer me gritó, me amenazó y me obligó a contarle! Le juré una y mil veces que tan solo me habías llevado hasta el centro, nada más, me dio un cachetazo que me dejó los dedos marcados y después a los gritos me dijo que si se enteraba que te volvía a ver o a hablar con vos, me mataba a mí y te mataba a vos!
-Por Dios Valeria! No podés seguir con ese tipo!
-No es así todo el tiempo!
-Que maricón de mierda! Tenés que hacer algo Valeria!
-Tengo miedo Seba!
-Te entiendo… no debe ser fácil vivir con un tipo así… Pero no podés dejar que te trate así!
-Me amenaza con dejarme en la calle, ya me dijo que cuando se termine el contrato no te lo va a renovar, y que si te ve en alguna actitud sospechosa te mata! Tengo miedo que te haga algo!
-Tranquila que no tiene los huevos suficientes! Que se le ocurra tocarme y le desfiguro la cara a trompadas!
-No por favor Seba! No te metas con él! Es capaz de hacer cualquier cosa!
-Tranquila! No voy a hacer nada! Pero vos si tenés que hacer algo! No podés seguir viviendo así!
-Ya veré que puedo hacer! Pero por favor andá! Que de vez en cuando viene a cualquier hora para ver si estoy acá! Andá por favor! No quiero más problemas!
-Por favor Valeria! Cualquier cosa que precises me avisás! Tenés mi teléfono!
-Sí! Tranquilo! Yo te aviso!
Y casi echándome de su casa, cerró la puerta, entré a mi departamento re mal, no podía ser que ese tipo la maltratara así, no sabía que podía hacer, pero algo tenía que hacer.
En unos días terminaba el campeonato y tanto los jugadores como nosotros teníamos vacaciones hasta finales de enero, me iba a ir unos días a Magdalena y quizás a la costa, pero decidí quedarme, no soportaba que ese tipo tratara así a su mujer... que claramente no se lo merecía.
***
Valeria
Al día siguiente se fue sin desayunar y sin despedirse y yo me quedé en la cama, avisé a la escuela que me tomaba el día por problemas de salud y me quedé en casa, sin saber qué hacer, sin saber cómo salir de lo que me estaba pasando.
Me estaba tomando un té y escuché que golpeaban la puerta del pasillo, nadie más que Sebastián podía ser, me dio mucho miedo y estuve a punto de no abrirle, un momento después volvió a golpear y cuando le pregunté si era él, me dijo que tenía un problema en el departamento.
No supe que excusa ponerle, vestida con la ropa de andar por casa, le dije que me esperara un momento, fui a buscar mis anteojos de sol y le abrí.
Sebastián me dijo que no había ningún problema, que tan solo quería hablar conmigo, preguntándome si había hecho o dicho algo que me molestara, porque había dejado de ir a su departamento los viernes.
Le dije que no era buena idea hablar, que no había hecho nada que me molestara y creo que en ese momento se dio cuenta de los golpes porque me pidió que me sacara los anteojos.
No pude contener las lágrimas y dije lo primero que me salió, que me había golpeado con un mueble, pero por supuesto no me creyó.
Le dije que por favor se fuera, pero él mismo me sacó los anteojos y me vio como tenía la cara.
Me largué a llorar desconsoladamente, me abrazó y lloré abrazada a él.
Cuando pude calmarme un poco le conté todo, Sebastián no paraba de decir que era un hijo de puta, un maricón y cosas así de Guillermo, y yo no podía sino darle la razón.
Varias veces me dijo que tenía que hacer algo, denunciarlo, dejarlo, que no podía permitir que me tratara así, pero yo estaba muerta de miedo, y a esas alturas, lo creía capaz de cualquier cosa.
Le dije que era mejor que se fuera, no sea cosa que se le dé por volver y vernos hablando, le hice prometer a Sebastián que no diría ni haría nada, tenía miedo que también pudiera hacerle algo a él.
Se fue y me quedé llorando apoyada en la puerta del pasillo, ¿por qué me estaba pasando esto? ¿Por qué no pude darme cuenta de cómo era Guillermo antes de casarme con él?
Le tenía mucho miedo, pero no sabía cómo podía hacer para dejarlo…
Ni siquiera almorcé, ni hambre tenía, sentada en el sillón, me quedé pensando en lo bien que me había hecho el abrazo de Sebastián y su interés por lo que me estaba pasando… que diferente a Guillermo…
Continuará…
Continúa en
- Relato #220800— title-regex: contiguous parts (2 -> 3)
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La culpa la persigue, pero el miedo la vuelve calculadora. Cuando las amenazas llegan a su puerta, decide no huir: prepara la trampa.
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Jugando con fuego (Libro 4, Capítulos 7 y 8)
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Reconstrucción
Marcos no dice una palabra, pero su silencio pesa más que los gritos. Cuando la acusación de infidelidad estalla en el baño, el miedo se disipa y…
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Infidelidad virtual...
El consultorio médico es el escenario perfecto para una traición que va más allá de la infidelidad emocional.
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