Ese accidente que lo cambió todo (7)
Claudio lleva meses observando a Marisa desde lejos, sabiendo que ella es la esposa de un hombre que la traiciona. Mientras construye una conexión real con Mariana, su vecina, espera el momento en que Marisa descubra la verdad. Pero cuando la confrontación llega, Claudio se queda parado, sin saber si su silencio fue una traición o su única forma de amar.
Capítulo 7
Salimos para Mar del Plata el miércoles temprano en la mañana, el domingo ya tenía preparado gran parte de lo que me iba a llevar, ropa de abrigo y de verano, mi notebook, varios libros y la bicicleta, me iba a encantar pedalear por lugares de esa ciudad que no conocía.
Salimos de la empresa, un camión con todos los materiales y herramientas, una camioneta en la que iban los dos ingenieros y que quedaría allá, Mario en su auto, ya que él volvería, y yo en mi camioneta con todas mis cosas.
Llegamos a Mar del Plata al mediodía, al ir tras el camión, demoramos un poco más.
Descargamos todas las cosas en el galpón y luego con los dos jóvenes ingenieros, nos fuimos para las que serían nuestras casas durante esos meses.
Bajé todas mis cosas y en tres viajes subí todo, incluida la bicicleta, y luego de que Marcos y Esteban, acomodaran las suyas, buscamos un lugar para almorzar.
En esa semana, Mario se ocupó de contratar a los operarios, en un principio, serían diez, luego ya se vería si hacían falta algunos más, tendrían una contratación mensual, renovable hasta que la obra se finalizara, cobrando sus haberes semanalmente.
Una mañana nos presentamos con Mario en el lugar donde debíamos trabajar, una obra anexa de una empresa de manufactura de productos de mar, donde luego se montaría una planta de envasado.
Hablamos con la gente de la empresa, y Mario acordó que el lunes siguiente, primeros días de agosto, comenzarían las obras, y Mario se quedaría en un principio, en el hotel donde estaba hasta el martes o miércoles de la semana siguiente.
Esa misma tarde, cuando fui a mi nueva casa desde el galpón, subí en el ascensor una mujer de unos treinta y siete o treinta y ocho años, que al ver que presionaba el botón del cuarto piso, me preguntó:
-¿Vivís en el cuarto piso?
-Así es! A partir de hoy!
-Bueno! Seremos vecinos, vivo en el otro departamento del cuarto!
-Mucho gusto! Soy Claudio!
-Yo soy Mariana! Un gusto!
Llegamos al cuarto piso y cada uno fue hacia su puerta, despidiéndonos con un “nos vemos”.
Los días de esa semana no volví a cruzarla, recién la volví a ver el sábado en la tarde, luego de salir a pedalear un rato. Estaba en la pequeña terraza que compartíamos, separada por un muro bajo, sentado con el mate y un libro, cuando la vi salir de su departamento.
No me vio al salir, iba vestida con un short de jean y una remera, claramente sin corpiño, por el movimiento de sus tetas y con un balde con ropa en la mano, comenzó a colgarla en la soga de la terraza.
Dejé de mirarla, para que no se sintiera “invadida”, pero luego de unos minutos, fue ella quien al verme allí sentado me saludó:
-Buenas tardes vecino!
-Hola Mariana! ¿Tocó lavar ropa hoy?
-Los sábados aprovecho y hago un par de lavados! Hoy está lindo y se va a secar rápido!
-Todavía no me toca eso! Pero seguro en unos días!
Siguió en lo suyo y luego volvió a entrar a su departamento, a pesar de saludar y conversar esas palabras, me parecía una mujer algo seca, como con poca onda, y si su departamento era como el mío, asumí que también viviría sola.
Mentiría si dijera que no pensaba en Marisa, tan solo de imaginar que algún encuentro, aunque fortuito, me permitiera volver a verla, me daba cierta tristeza, sobre todo, sabiendo que algo podría pasara en su matrimonio y yo quizás ni me enteraría.
*
La obra comenzó, y con eso mi trabajo, en esa primera etapa, instruyendo a los operarios en el uso de los dispositivos y medidas de seguridad, haciendo que cumplan con todos los cuidados.
A partir de la semana siguiente, Mario venía los jueves y se volvía para La Plata los viernes por la tarde, yo me ocupaba además, de pagarles a los operarios sus sueldos semanales los viernes a última hora, por lo que depositaba dinero en una cuenta de un banco de allí, y yo se lo transfería a cada empleado al terminar la jornada.
Los sábados y domingos, me gustaba pedalear por la ciudad, algunas veces para un lado y otras en sentido contrario, un día por la costa, y otro adentrándome en esa enorme urbe, conociendo barrios de distintas clases sociales, el centro y los barrios de gente adinerada, con casas impresionantes.
Fue en esas primeras salidas que saqué varias fotos y subí una al Instagram, y mis amigos rápidamente pusieron sus “me gusta” y comentarios.
Me llevaba muy bien con los dos ingenieros, pero al ser más jóvenes y sin compromisos, sus movidas no eran las mías, los viernes y sábados por la noche salían, y según me contaban, algunas veces volvían ya con la luz del día. Bendita juventud.
Como habíamos quedado, hablaba con mis amigos todas las semanas, con uno, con el otro o con ambos si se juntaban a cenar y nos íbamos poniendo al día de lo que hacía aquí y ellos de cómo iban las cosas allí. En verdad los extrañaba, al no tener una, ellos eran mi familia.
*
La obra iba a buen ritmo, aunque jóvenes, los dos ingenieros trabajaban muy responsablemente, teniendo a Mario, informado permanentemente de los trabajos.
Un sábado en la mañana de mediados de septiembre, luego de tomar unos mates, estaba por salir a pedalear, cuando sentí que golpeaban despacio la puerta de mi departamento. Creí que era Marcos o Esteban, pero al abrir, vi que era mi vecina.
-Buen día! Perdón que te moleste, pero necesitaba pedirte un favor! Quizás me puedas ayudar…
-Buen día Mariana! Sí claro, decime!
-Tengo una rueda pinchada en mi auto y la verdad no sé cómo se cambia, ¿me podrás ayudar?
-Claro que sí!
Tomé las llaves de mi departamento y bajamos juntos. En el ascensor me dijo que tenía que llevar a su madre a un estudio y que si llamaba al auxilio no iba a llegar a tiempo.
Su auto estaba en el estacionamiento interno del edificio, abrió el baúl y de él saqué el auxilio y el cricket para levantar el auto.
Diez minutos después, ya estaba cambiada la rueda y le dije:
-No te olvides de pasar por una gomería! Ya me ha pasado de volver a pinchar con el auxilio colocado!
-Sí, después del estudio de mi mamá, la arreglo! Muchas gracias!
-Nada que agradecer vecina!
Ella salió con su auto y yo subí a buscar mi bicicleta, esta vez, pedalearía para las playas del sur.
Esa tardecita, al volver a casa, me crucé con Marcos y Esteban que salían del edificio, se iban a tomar una cerveza y me invitaron, pero les dije que estaba reventado de pedalear todo el día.
Antes de despedirnos, me hicieron recordar que en octubre había un fin de semana largo, de cuatro días y que le dirían a Mario de irse a La Plata esos días.
Ya en casa, pensé que también podría ir, más que nada para ver a mis amigos, quizás los chicos se podría ir conmigo y luego volver los tres, ya vería.
El domingo por la mañana, a eso de las nueve y media, estaba con el mate y un libro sentado en la cama, cuando golpearon la puerta.
Al abrir, me encontré a mi vecina, vestida con el short y una remera como el día de la terraza, y con una sonrisa, la primera que le veía y con un paquete en la mano.
-Buen día Claudio!
-Hola Mariana, buen día!
-Te quería agradecer el favor de ayer! Son unas medialunas!
-No hacía falta! Las acepto con la condición de que tomemos unos mates y las comamos entre los dos!
Creo que dudó un momento, pero me dijo:
-Bueno dale!
-Pasá por favor! Sentate!
Se sentó en la mesa y mientras yo arreglaba el mate, conversamos un poco.
-¿Hace mucho que vivís acá?
-Poco más de un año! Desde que me separé… antes vivía con mi novio… ¿Vos sos de Mar del Plata?
-No, vivo en La Plata, pero trabajo para una empresa que está haciendo una obra en la zona del puerto y estaré aquí algo así como ocho meses!
-¿Y después te volvés?
-Sí! Me encanta Mar del Plata, pero seguramente me volveré cuando termine la obra!
Conversamos poco más de una hora, y me pareció una mujer amable y simpática, lo contrario de la imagen que me había hecho de ella.
Me contó que había dejado a su novio, cuando lo encontró en la cama con otra mujer, un día que volvió antes de su trabajo como enfermera en una clínica privada.
A partir de esa charla, cada vez que nos veíamos, la mayoría de las veces uno a cada lado del muro en la terraza, conversábamos de varios temas.
*
Un miércoles por la tarde de principio de octubre, volvíamos de la empresa con Marcos y Esteban y me comentaron del fin de semana largo, que tenían pensado ir para La Plata, y les dije que no estaría mal, que lo había hablado con Mario y que si nos íbamos, podrían ir y venir conmigo en mi camioneta. Al día siguiente hablé con Mario por teléfono y se lo confirmé, me dijo que esa semana corta no vendría y que nos podíamos tomar esos días para ir a La Plata.
Ese sábado por la tarde, les escribí a mis amigos para contarles que iría para La Plata el fin de semana largo y me dijeron que me esperaban con un asado el viernes en la noche, y también la llamé a Marcela, para avisarle que estaría el viernes en casa, por si tenía que firmar algún papel.
Ese fin de semana, feriado con día puente, no trabajaríamos ni el viernes ni el lunes, por lo que nos podríamos ir el viernes por la mañana y regresar el lunes por la tarde.
El viernes por la noche, luego de cenar, me senté en el sillón a leer con un café, me faltaba poco para terminar el libro, y al no tener que madrugar al día siguiente, lo terminaría esa noche.
Ah eso de las once y media de la noche, mi teléfono empezó a sonar, era un tono de llamada, y me preocupé por la hora, y lo primero que me vino a la mente, fueron mis amigos.
Fui hasta la mesita de noche, donde lo tenía cargando y al ver la pantalla, me di cuenta que era Ester quien llamaba, y me preocupé aún más.
Inmediatamente atendí.
-Hola Claudio! Perdón por la hora!
-Hola Ester! ¿Cómo estás?
-Espero no haberte despertado, necesitaba comentarte algo.
-Claro Ester! No me despertaste, estaba leyendo! ¿Pasó algo?
- No, quédate tranquilo, pero necesitaba decirte que hoy mientras cenábamos, hablando con Marisa sobre su matrimonio, le pregunté si no sospechaba de que Carlos estuviera con alguna otra mujer, me dijo que alguna vez lo pensó, sobre todo por la distancia que había entre ellos en los últimos meses, y me dijo que podía llamarte a vos, ya que conocías a su marido, para preguntarte si en alguna de las veces que lo habías visto, habías notado alguna situación con otra mujer. Seguramente mañana o en estos días te va a llamar.
-Te agradezco Ester por avisarme.
-Perdón por meterme, pero si vos le contás lo que sabés de Carlos, y ella en algún momento lo confronta, quizás se lo termine contando, y no sea cosa que Carlos se la agarre con vos, por eso es que quería que estuvieras al tanto.
-Qué decirte Ester, de no saber esto, quizás en una conversación con ella se lo hubiera terminado contando, pero tenés razón, tampoco conozco demasiado a Carlos, como para saber su reacción.
-Por eso, sería mejor que estés al margen y por ahora no le cuentes nada.
-Quédate tranquila, si me llega a llamar, no le diré nada.
-Bueno... ¿Y vos cómo estás? Cómo van las cosas en Mar del Plata?
-Todo bien Ester, trabajando en la semana, y los fines de semana pedaleando por la ciudad, luego las cosas de la casa, lectura y series, nada del otro mundo!
-Bueno hijo no te molesto más! Espero sigas bien!
-Gracias Ester, vos también!
-Te mando un beso hijo!
-Otro para vos!
Cortamos la llamada y me quedé pensando, al parecer, Ester le había plantado la duda, pero sería mejor mantenerme al margen, aunque tuviera que mentirle si me llamara.
Terminé de leer el libro y me fui a la cama a eso de la una de la mañana.
El domingo salí a pedalear por la costa, en dirección a las playas del sur, y mentiría si dijera que no estaba atento al teléfono, estaba seguro de que Marisa me llamaría, pero en el momento en que no estuviera con su marido.
Volví al departamento, y luego de almorzar me senté en la terraza, a leer en la sombra, comenzaba un nuevo libro, con el mate y el teléfono a mi lado.
Se me ocurrió mirar una página deportiva, para ver si ese día jugaba Boca Juniors, y mirando los partidos de la fecha, ese día jugaba de local a las veinte horas, por lo que dos o tres horas antes, Carlos podría irse de su casa, y en ese momento Marisa sin dudas me llamaría.
Y mi suposición no falló, faltando minutos para las cinco de la tarde, mi teléfono sonó con la entrada de un mensaje, al ver la pantalla, vi que era de Marisa.
-Hola Claudio, ¿cómo estás? ¿Te podré llamar?
-Hola Marisa! Si, claro!
Un instante después entró la llamada.
-Hola Marisa! ¿Cómo estás?
-Hola Claudio! Perdón que te llamé, hacía tiempo que no hablábamos...
-Es verdad! ¿Cómo van tus cosas?
-Bueno... como siempre... te llamé porque necesitaba preguntarte algo.
-Sí dale!
-Anoche mientras cenábamos con Ester, me preguntó algo que en alguna ocasión me he preguntado yo también, si no sospechaba de que mi marido estuviera con otra mujer, y sí lo pienso, por como están las cosas, no sería nada descabellado.
-Entiendo...
-Y como vos lo conocés y has estado varias veces con él, quería preguntarte si en alguna oportunidad, has visto alguna situación con otra mujer, o algo que te haga pensar en que pueda haber otra mujer en su vida.
-Qué decirte Marisa…, lo he visto y he hablado con Carlos varias veces, pero solo por temas laborales, ya te digo, ni siquiera sabía cómo se llamaba su esposa, y salvo en el brindis de fin de año, todas las veces lo vi en su empresa, y en verdad, nunca presté atención, ni me di cuenta de nada con otra mujer, en varias de esas conversaciones, la que ha estado es su secretaria, Fabiana, haciéndome pasar, o sirviéndonos un café, pero solo eso...
-Perdón que te llamé para esto, pero luego de hablar con Ester me quedé pensando...
-Marisa, creo que si estuviera en tu lugar, quizás prestaría más atención a lo que hace mi esposa y con quién, sutilmente me interesaría por sus cosas, no sé…, saber dónde va cuando sale y con quién... no sé, yo quizás haría eso, y luego vería.
-Tenés razón! Y gracias por el consejo! Vos cómo andás?
-Trabajando siempre, aunque ahora lo estoy haciendo en Mar del Plata!
-¿Estás en Mar del Plata ahora?
-Así es! Desde agosto! La empresa en la que trabajo, está haciendo una obra en el puerto, y me vine a trabajar esos meses aquí!
-¿Y cuándo termina el trabajo te volvés?
-Hoy te diría que sí, pero esta ciudad me gusta mucho, quizás en unos meses cambie de opinión!
-Claro…
-Lo que más me ata a La Plata, son mis amigos, qué son mi única familia, pero bueno... ya el tiempo lo dirá...
-Me alegro de que estés bien! Y perdón por este llamado!
-No tengo nada que perdonarte Marisa, los fines de semana no trabajo, y hoy luego de pedalear un rato, estaba sentado en la terraza leyendo!
-Que bueno…! Bueno Claudio, me alegro de haberte escuchado! Te mando un beso!
-Otro para vos Marisa! Que todo vaya bien!
-Gracias Claudio! También para vos!
Cortamos la llamada, y me quedé con una mezcla de sentimientos, bastante mal por tener que mentirle, y con una sensación que no podría explicar, como qué a ese tipo se le va a pudrir todo, y bien merecido que lo tiene, si no quiere a su esposa, que la deje.
Me llamó la atención de que no quisiera seguir hablando, sin dudas por su cabeza estaban pasando otras cosas, y no tenían que ver conmigo, y aunque hubiera querido hablar otras cosas con ella, esas conversaciones interesantes que hemos tenido, entendí que el motivo de su llamada la tenía preocupada, ya el tiempo lo dirá...
*
Nos pusimos de acuerdo con Marcos y con Esteban y salimos para La Plata ese viernes bien temprano, a las siete de la mañana, ya estábamos cruzando la ciudad para tomar la ruta dos, la idea era llegar antes del mediodía a La Plata para aprovechar al máximo los días.
Entré a casa y todo estaba como lo había dejado, por supuesto no tenía nada en la heladera, pero al ir a la cocina, me encontré con una nota de Marcela sobre la mesada que decía: “Te dejé algo en la heladera. Un beso”, y al abrir la heladera, me encontré un fuente de pastel de papa, que solo tendría que calentar.
Inmediatamente la llamé para agradecerle, y aprovechamos para ponerme al día de los temas contables e impositivos.
Luego hablé con mis amigos, para ponernos de acuerdo para esa noche, el asado sería en casa de Pablo, y nos repartimos las compras como siempre.
Después del delicioso pastel de papa, salí a pedalear un rato por la ciudad, que a pesar de ser tan diferente a Mar del Plata, recorrer sus calles, con los árboles a pleno, daba gusto.
Hice las compras para esa noche, junto con algunas cosas para comer en esos días, me bañé me cambié y temprano me fui para casa de Pablo, ya quería verlos, abrazarlos y decirles lo que los había extrañado.
Ya todos reunidos me llenaron de preguntas, aunque nos comunicábamos muy seguido y les contaba muchas cosas, me preguntaron si no había conocido alguna mujer por allá, como para entretenerme un poco.
Les conté de mi vecina, pero que no me veía teniendo nada con ella, aunque cada vez hablábamos más.
También me preguntaron por Marisa, y les dije que tan solo habíamos hablado hacía unos días, pero les conté del llamado de Ester, y de que no le había dicho nada de lo que sabía de su marido.
Luego de cenar, ya en la sobremesa, les conté que no descartaba la idea de irme a vivir a Mar del Plata, que me encantaba la ciudad, que lo único que me frenaría para tomar una decisión así, serían ellos, que los consideraba mi familia.
Los cuatro me dijeron que me dejara de joder, que si sentí que mi futuro podía estar en esa ciudad, que tomara la decisión, que a pesar de la distancia, ellos estarían siempre cerca, y me lo empecé a pensar de verdad, aunque lo primero sería conseguir un trabajo allí, de algo tenía que vivir.
De decidirme, podría vender mi casa y comprar una allí, aunque los recuerdos de Pilar estaban en cada ambiente de esa casa, ella estaría siempre en mi corazón, y si ese fuera mi futuro, supongo que donde ella esté, lo vería con buenos ojos.
Fue un fin de semana hermoso, no solo cenamos ese viernes, también lo hicimos el sábado en la noche en casa de Gabriel, pasamos la tarde del domingo en la República de los Niños y almorzamos todos juntos en un restaurante de City Bell el lunes, antes de mi regreso a Mar del Plata.
A las cuatro de la tarde, nos encontramos con Marcos y Esteban en Plaza Moreno y emprendimos el viaje a Mar del Plata, y antes de llegar al departamento, cenamos los tres en una pizzería de la zona de calle Güemes.
*
Cada vez me gustaba más la ciudad, salía a recorrerla los fines de semana en la bicicleta, y si tocaba lluvia, lo hacía en la camioneta, viendo los distintos barrios, tan diferentes unos de otros, sobre todo los que estaban más lejos de la costa.
Así fue que fui descubriendo zonas en las que podría vivir, de hacerlo allí, prefería algún barrio no muy cerca del centro, pero a poca distancia de la playa, barrios como La Perla, o un poco más allá como Parque Camet, también la zona de Barrio Los Troncos, prefería una zona de casas bajas, sin tantos edificios como en el centro, para que no hubiera tantos problemas para estacionar.
En cada una de esas salidas, sacaba un montón de fotos con mi teléfono, y la que más me gustaba, la publicaba en el Instagram.
En verdad no le prestaba mucha atención a la aplicación, a diferencia de mis amigos que se la pasaban viendo historias y publicaciones, en mi tiempo libre, prefería leer, siempre había un libro a mano.
*
Con Mariana mi vecina, la relación se iba estrechando cada vez más, varias veces nos tomábamos unos mates, en su departamento o en el mío, y así nos fuimos contando cosas de nuestras vidas, incluso almorzamos un par de veces juntos un par de domingos, uno en su terraza y el otro en la mía, aunque nunca le había contado aún, sobre mi vida con Pilar, o de Marisa.
Un sábado en la tarde, tomábamos unos mates en casa, lloviznaba en ese momento y en un momento de la conversación, me preguntó:
-Claudio, perdón por lo que te voy a preguntar, y espero no te moleste, y si no me querés responder lo voy a entender…
-Vos preguntame y yo te digo, no creo que me moleste, así que dale nomás! Preguntá!
-¿Vos sos gay?
No pude evitar la risa, aunque sabía por dónde venía la pregunta, nunca había intentado nada con ella, a pesar de que estábamos solos los dos.
-No Mariana, nos soy gay!
-Y si lo fueras estarías en tu derecho…
-De hecho nunca te lo conté… estuve casado, pero mi esposa falleció hace poco más de dos años, y… no llegamos a tener hijos…
-Cuanto lo siento! Perdón por preguntar!
-Tranquila! Así es la vida…
-Me salió preguntarte porque me llamó la atención que estando solos los dos, compartiendo cada vez más tiempo juntos, nunca me propusieras o intentaras nada!
-Tenés razón! Y no es porque no me parezcas una mujer atractiva, que lo sos!
-No soy tu tipo…
-No se trata de eso… y te voy a ser sincero, cuando nos conocimos me pareciste medio seca, pero cuando empezamos a tratarnos, me di cuenta que sos una mujer interesante, buena onda, y permitime que te lo diga, con un hermoso cuerpo… pero tengo que contarte además, que hace un tiempo, antes de venirme, una mujer se cruzó en mi vida…
-¿Y te enamoraste de ella?
-Algo así! Digamos que es un poco… complicado. ella está casada…
-¿Y le fue infiel a su marido con vos?
-No, no haría algo así… es más… ella ni siquiera imagina lo que me pasa a mí, nunca hice ni dije nada… además conozco al marido… una novela turca digamos…
Ahí fue ella la que se rió.
-Cuando dejé a mi novio, no quise saber nada con los hombres, pero luego fui aflojando, tengo un par de compañeros de trabajo que me andan atrás, pero no quiero mezclar los tantos, no quiero nada con gente del trabajo, después se terminan yendo de boca y se enteran todos… no gracias!
-Tal cual!
-Y te digo la verdad, en este momento no pienso en una relación seria, quizás en un tiempo sí, pero ahora preferiría algo sin compromiso, ¿me entendés?
-Claro! Algo casual sin sentimientos de por medio! Algo así tuve con una mujer amiga de mis amigos, pero fueron solo un par de encuentros sexuales, nada más…
-Eso justamente! Me da un poco de vergüenza decírtelo, pero también tengo mis necesidades…
-Te entiendo, también me pasa, pero por ahora me entretengo solo, al menos en este momento, luego se verá…
-Claro… si no pasa nada con esa mujer, tendrás que mirar para otro lado…
-Así es! Y ya que estamos en plan sincerarnos, con mucho gusto miraría para tu lado…
-Cuando quieras! Tan solo me lo tenés que decir, que ganas no me faltan!
Ese tema quedó allí, luego de que se fuera para su casa, me quedé pensando en que debe creer que soy un boludo, me estaba diciendo abiertamente que tendría sexo conmigo, y yo le esquivé al bulto como un campeón.
Pero en mi cabeza las cosas estaba así, quizás luego me arrepienta y Mariana ya esté con otro, pero bueno… no podría estar con una mujer pensando en otra… no me sale, que boludo ¿no?
*
El trabajo seguía a buen ritmo, Mario venía los jueves y se volvía los viernes, y estaba más que conforme con nuestro trabajo, tanto del mío, como del de Marcos y Esteban.
En una de las conversaciones que solíamos tener, un viernes de mediados de noviembre, antes de que volviera para La Plata, me dijo que estaba pensando montar una sucursal de su empresa aquí, ya que había varias posibilidades de otros trabajos, incluso otro para la empresa en la que estábamos trabajando.
Aproveché la oportunidad, para decirle que me encantaba la ciudad, y que podría evaluar el mudarme y trabajar aquí.
Antes de subir a su auto, me dijo que más adelante volveríamos a hablar del tema, si se daba lo de montar una subsidiaria en Mar del Plata, quizás podría seguir trabajando para su empresa en esta ciudad.
Volví al departamento, estando en la puerta, me encontré con Mariana y nos quedamos conversando un momento, salía a hacer unas compras y me preguntó si necesitaba algo de la verdulería o la carnicería, pero le dije que por el momento no.
Seguimos hablando unos minutos más y en ese momento llegaron Marcos y Esteban, que me saludaron y les presenté a Mariana, diciéndoles que vivía junto a mí en el cuarto piso.
Quedamos un momento hablando los cuatro, Mariana se fue a hacer sus compras y nosotros tres entramos al edificio.
*
Ya se terminaba noviembre, y ese viernes veinticinco, dejaría una marca en mi almanaque, a las once de la noche, el tono de llamada de mi teléfono, me hizo pensar que podía ser Ester, y no me equivoqué.
-Hola Ester, ¿cómo andás?
-Hola Claudio! Perdón por la hora! Pero te quería contar algo…
-Decime Ester, ¿qué pasó?
-Todavía nada! Pero mañana sí! Mientras cenábamos, Marisa me contó que hace tiempo, después de que hablara con vos, habló del tema también con sus amigas, y le dieron la idea de seguirlo, pero que no fuera ella quien lo siguiera, así fue que el hermano de una de sus amigas y otro chico, siguieron por casi un mes a Carlos en sus motos, les sacaron un montón de fotos y hace un rato Marisa me las mostró. Una carpeta con muchas fotos, de Carlos con sus secretaria yendo a un departamento cerca de la empresa, y saliendo un par de horas después varias veces por semana, a los besos y toqueteos, también fotos con otra mujer, cuando supuestamente se iba a la cancha a ver a Boca, y también fotos de encuentros con otra mujer en un restaurante, para salir a los besos e irse a un hotel. Todo ordenado por fecha, eran como cincuenta fotos!
-Uff! Qué momento Ester! ¿Y Marisa como está?
-La verdad, bastante tranquila! Creo que ya se lo imaginaba, y me dijo que mañana mismo hablaría con él, le mostraría todo eso y le dirá que se va a divorciar, que ya no quiere seguir casada con él.
-Bueno… creo que él se lo buscó… y si se divorcian, podrá estar con cuanta mujer le dé las ganas!
-Me dijo que mañana mismo saca sus cosas de la casa, y que ya tiene un departamento para irse, hasta que resuelva donde vivir definitivamente.
-En verdad no me alegra que su matrimonio se termine, pero dadas las circunstancias, tarde o temprano iba a pasar!
-Yo te digo… por fin se decidió… ya no podía verla así, tenía que dejarlo y seguir con su vida, que al lado de él, no era vida…
-Me magino! Solo espero que no haya problemas cuando hable con él!
-Eso mismo pienso yo, de hecho le dije que no me iba, que me quedaba en la casa, por cualquier cosa!
-Hacés bien! No sea cosa que se ponga como loco y haga alguna boludez…
-Que no se le ocurra, aunque vaya presa, le llega a poner un dedo encima a Marisita y le rompo la cabeza de un sartenazo!
-Tranquila Ester! Si ves que la cosa se pone áspera, decís algo, si no dejalos que lo resuelvan ellos!
-Sí! Quedate tranquilo! Pero por las dudas me voy a quedar en la cocina!
-Ok Ester! Cualquier cosa me avisás! Y por favor no digas que hablaste conmigo, al menos por ahora que Marisa no sepa que hablamos!
-No, no le conté nada! Quedate tranquilo! Y me dijo que no quiere que me quede en esa casa, que me vaya con ella, y le dije que por supuesto, que con Carlos no me quedaba ni loca!
-Bueno Ester! Espero que las cosas sucedan con tranquilidad, que no haya discusiones ni peleas!
-No creo, Marisita, le dirá lo que sabe y después nos iremos! Yo cualquier cosa te aviso!
-Bueno Ester! Cuidala!
-Claro! Para eso me quedo cerca! Te mando un beso y ya te contaré…
-Un beso para vos también! Y si no, tranquila, no pasa nada…
Cortamos la llamada y tenía el corazón acelerado, estaba nervioso como si fuera yo el que va a enfrentarlo, ya todo se sabía y ese matrimonio tenía las horas contadas, solo esperaba que el tipo no se pusiera violento ni nada por el estilo.
Me acosté y me levanté el sábado pensando, seguramente luego de ocurrido los hechos, Ester me llamaría para contarme, pero tampoco quería tener ningún tipo de expectativa por lo que ocurriera con Marisa, pero mentiría si dijera que no quería estar cerca de ella por si la cosa se complicaba, por suerte estaba Ester, que sabía que la iba a apoyar en todo momento.
Ese sábado no tuve noticias, ni tampoco el domingo, y llegué a pensar que nada había pasado, quizás Carlos no estaba en la casa y no habían podido hablar, o quizás Marisa no había podido confrontarlo, pero el martes por la tarde, a eso de las cuatro, me llegó un mensaje de Ester.
-Hola Claudio, ¿te puedo llamar?
-Hola Ester! Sí, claro!
Un momento después, entró la llamada y la atendí.
-Hola Claudio, perdón que te llame, no sabía si estabas trabajando, por eso el mensaje primero!
-Ya estoy en casa Ester!
-Te quería contar las novedades, no te pude llamar antes!
-Tranquila Ester, tampoco es que tenías obligación de contarme lo que pasa…
-Pero te lo quería contar!
-Ok, ¿y qué pasó Ester?
-Marisa lo encaró nomás ese sábado a Carlos, estábamos las dos en el sillón con el mate cuando apareció, Marisa había dejado la carpeta con las fotos bajo un almohadón, a su lado. Cuando Carlos saludó ya cambiado, dijo que salía a ver a un amigo y que almorzaría con él, me levanté y me fui a la cocina, aunque me quedé en la puerta escuchando, y Marisa le dijo: -¿Podemos hablar un momento antes de que te vayas? Y él le dijo que sí, y se lo largó de una: -Quiero que nos divorciemos! No pude ver la cara de Carlos, pero debe de haber sido de sorpresa, creo que no se lo esperaba, pero un momento después, no recuerdo bien las palabras, pero le dijo: -¿Qué te pasa? ¿Qué bicho te picó? Y Marisita, en un tono de voz tranquila le respondió: -Carlos, no tiene sentido este matrimonio, y lo sabés, sabés muy bien por qué te estoy diciendo esto. Y el cara dura le dijo: -No sé de qué estás hablando! ¿Qué es lo que sé muy bien? No sé a qué te referís! –Sabés muy bien, y me jode que te hagas el boludo! Hace meses que ni me tocás, y vas por ahí cogiéndote a cuanta mina se te cruza por delante! Y el sínico se hacía el desentendido y le dijo: Dejá de hablar pavadas Marisa! Me la paso trabajando todo el día y no estoy para que me vengas con boludeces. Pero Marisita seguía tranquila y le dijo: Quizás para vos son boludeces, pero para mí, es suficiente para no querer seguir siendo tu esposa! Y le dijo: -No sé quién te fue con esos cuentos, a quien haya sido, decile que se meta en sus cosas! Y Marisa le contestó: -Te di la oportunidad de decir la verdad, al menos una vez, de ser un hombre de verdad y decir las cosas de frente, ya me cansé de tus mentiras y hoy mismo esto se termina! –No sé de qué mierda estás hablando Marisa! Pensá bien lo que decís, y cuando vuelvo hablamos de nuevo! –Cuando vuelvas, ya no voy a estar acá! Hoy mismo me voy de esta casa! Y el tipo seguía sin decirle la verdad, supongo que Marisa quería que se lo reconociera, pero el tipo no decía nada, le seguía mintiendo en la cara, y creo que Marisa se cansó y le dijo: -¿El domingo pasado fuiste a la cancha a ver a boca? – Claro! Con mis amigos! –En todo caso lo habrás visto por televisión en la casa de la mujer de calle treinta y nueve, entre diez y once! Porque de esa casa no saliste! O la cena con tus amigos de los viernes, con ese desfile de prostitutas, también las tardes en el departamento con tu secretaría, o la cena con otra mina para después ir al hotel, ¿querés que siga? Y el tipo le dijo: -Quién te haya ido con esos cuentos, decile que se vaya a la mierda! Nada que ver! Y en ese momento ya no me aguanté y me asomé, lo vi a Carlos parado, casi dándome la espalda y a Marisa, que en ese momento sacaba la carpeta y se la daba diciéndole: -Ahí están los cuentos! Tus cuentos! Lo único que falta es que me digas que el de las fotos no sos vos, que no es tu auto, que esa no es Fabiana, y que esas mujeres no son putas contratadas! Al final resultaste, no solo un flor de mentiroso y putañero, sino que también un cagón importante! Que no tiene los huevos para decir las cosas como son! Pero en el fondo, algo te tengo que agradecer, por fin me di cuenta la clase de tipo que sos, la verdad, un pobre tipo que por tener dinero o una empresa, se cree el dueño del mundo y no sos más que un pobre infeliz con plata, la verdad, patético! El tipo ya no dijo más nada, viendo la cantidad de fotos de esa carpeta, ya no pudo seguir mintiendo más y Marisa le dijo: -Ahora andá nomás! No hagas esperar a la putita de turno! Ya se comunicará mi abogado con vos! Y quedate tranquilo que solo me voy a llevar mis cosas! Si cuando volvés, aún está mi auto, andá a echarte un polvito con otra de tus minitas para hacer tiempo y volvés después! En ese momento se levantó del sillón, caminó por el pasillo hacia la habitación y yo fui tras ella. Escuché que la puerta de la casa se cerraba y volví para ver si se había ido y por la ventana del frente, vi que se subía a su auto y se iba.
-Qué momento Ester! Por suerte no hubo nada violento!
-Sí, por suerte! Ya tenía la sartén grande en la mano, y si se hacía el loco, se la partía en la cabeza!
-¿Y en ese momento dejó la casa?
-Fui para la habitación y estaba bajando una maleta del placard, me vio entrar, me dio un abrazo y me dijo: No vamos de esta casa viejita! Ya no más de este boludo! Llenamos dos maletas y varias bolsas con su ropa, llamó a sus amigas que media hora después vinieron, con más bolsas y cajas y entre todas fuimos sacando todo y cargando en los autos de las amigas y en el de Marisa. Toda su ropa, sus cosas personales, libros, notebook, lo de ella nada más, ni siquiera se llevó algunas cosas que él le había regalado. Y a eso de las tres de la tarde, nos fuimos de esa casa. Marisa abrió la ventana que está junto a la puerta de entrada, y una vez que salimos, cerró la puerta con llave y tiró la llave para adentro, y con la de la reja hizo lo mismo, cerró la reja y tiró la llave que quedó cerca de la puerta de entrada, no piensa volver más a esa casa.
-Qué momento Ester! ¿Y ya tenía donde vivir?
-Sí, un departamento amueblado de la hermana de una de las chicas de la clínica que está en Europa, es por unos días, y después, cuando nos quedamos solas me contó que ya estaba buscando una casa o departamento para comprarse!
-¿Y ella cómo está Ester?
-Qué querés que te diga… hasta contenta te diría… estos días tiene otra cara! Por fin se sacó a ese gusano de encima!
-Espero que todo sea para mejor Ester!
-Yo creo que sí, hijo… espero que sí! Bueno, no te molesto más!
-Sabés que no es molestia Ester! Solo espero que no tenga problemas con Carlos, que no se ponga en macho herido y le haga la vida imposible…
-Espero lo mismo! Qué desaparezca de la vida de Marisita! Ella se merece algo mejor…
-Ester, yo no la voy a llamar, bastante debe tener con todo esto… pero si se da la ocasión, le contaré las veces que hablamos y de lo que me has contado…
-Yo no le he contado que hablamos, quizás en algún momento se lo cuente, cuando las cosas estén más tranquilas, pero por ahora no…
-Está bien, gracias por llamar Ester! Espero que las cosas vayan bien! Cuidala!
-Eso dalo por hecho! Te mando un beso!
-Otro para vos Ester!
Cortamos la llamada y no podía dejar de pensar en lo que me había contado Ester, por fin Marisa se había sacado a ese tipo de encima, aunque en parte sentía cierta sensación de alivio, no tenía ninguna expectativa respecto de lo que sentía por ella.
Como le había dicho a Ester, no la llamaría, si fuéramos amigos, sin dudas lo hubiera hecho, pero la relación que teníamos ni siquiera podía considerarse una amistad, si no sintiera lo que siento por ella, ni siquiera me hubiera interesado meter la nariz en lo que ocurría en su matrimonio, pero tenía claro que ahora no era el momento de decir nada, sin dudas Marisa tendrá que lidiar con el fracaso de su matrimonio y recomenzar su vida de otra manera.
Con esos pensamientos, me preparé el mate y me senté a la sombra en la terraza, mirando el cielo y pensando... ¿y ahora?
Continuará…
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