Ese accidente que lo cambió todo (6)
Claudio nunca imaginó que la mujer de sus sueños estuviera casada con el hombre que considera su amigo. Al verla junto a Carlos en la fiesta, el corazón se le detuvo: la mentira tenía nombre y apellido. Ahora, con la verdad en la punta de la lengua y un traslado a la costa como excusa, debe decidir si arriesga todo o deja que la traición cumpla su curso.
Capítulo 6
A mediados del mes de Abril, Carlos me llamó por teléfono para invitarme a otra cena de amigos, pero me excusé en ese mismo momento diciéndole que no estaría en la ciudad ese viernes, ya que me iba de viaje el fin de semana, no me cuadraban esas cenas con prostitutas, que además costaban un dineral que prefería gastar en otra cosa.
Y en los últimos días de ese mes, cuando revisaba mi correo electrónico, me encontré con un mail suyo, al abrirlo vi que era una invitación, diseñada a manera de tarjeta, con el logo de su empresa que decía:
“Queridos amigos, me complace comunicarles qué TresInstall ha conseguido las Certificaciones ISO 9000 y 9001 y es un buen motivo para celebrarlo. Los espero el 11 de mayo en el salón Delay a las 20 horas.”
Al final del mail, solicitaba confirmar asistencia antes del día cinco de mayo, por lo que inmediatamente confirmé la mía, a pesar de no querer saber nada con él, serviría quizás para conseguir nuevos clientes, y por qué no, para comer y beber muy bien.
Finalmente había conseguido las certificaciones y tendría que volver a verlo, aunque siendo en un salón y ante tamaño evento, no haría de las suyas.
Mirando en Internet, vi el salón en cuestión, y era uno de los de más alto nivel, al menos por las fiestas que publicitaban en su página web.
Sin dudas la situación ameritaba ir bien vestido, por lo que me pondría el traje gris oscuro que tengo con una camisa blanca o rosa, aunque probablemente sin corbata.
*
Salí de compras, para esa fiesta compraría unos zapatos nuevos, los que tenían eran de hacía varios años y quería modernizar mi look.
Finalmente me compré una corbata, aunque lo mío no es vestir de etiqueta, la ocasión lo ameritaba e iría de punta en blanco.
Caminaba de regreso a la camioneta cuando desde la vereda de enfrente escuché mi nombre, al mirar vi que era Anabela.
Cruzó la calle y me saludó con un beso.
-Hola Claudio! Qué bueno verte!
-Hola Anabela, ¿cómo estás?
-Muy bien! Salí a dar un vuelta, a ver vidrieras! ¿Vos cómo andás?
-Todo bien! Comprando zapatos! Tengo una fiesta coqueta!
-¿Tenés tiempo? ¿Tomamos un café?
-Bueno, dale!
Fuimos hasta un bar a unos metros y nos sentamos, pedimos los café y conversamos un rato, me contó que su hija estaba en Córdoba con su padre hasta la semana siguiente y si quería podíamos ir para su casa.
Me parecía una linda mujer y con buena onda, pero nada más, no sentía esa atracción que me lleve a estar con ella, y para no rechazarla, le dije que estaba conociendo con una chica, que era reciente, pero que podría llegar a algo más, y ahí su actitud cambió, como que salió del modo conquistadora.
Luego de conversar por casi una hora, nos despedimos y volví para casa.
Ya en casa, en el grupo de whatsapp, les comenté a mis amigos de la fiesta y de la ropa que me pondría, y por supuesto me tuve que aguantar las cargadas, y ante su insistencia, les prometí una foto de mi look antes de ir a la fiesta del pirata, como decían ellos, en referencia a las andanzas que les había contado de Carlos.
*
Ese día de la fiesta, al llegar del trabajo, comí algo, y sabiendo que me acostaría tarde, me dormí una siestita.
Después de un rato de mate y lectura, a eso de las siete y media me fui a bañar y a afeitar.
Finalmente me puse la camisa blanca, que quedaba mejor con la corbata en la gama del bordó, me saqué una foto frente al espejo y la mandé al grupo de mis amigos.
Momentos después, me llegaron sus comentarios, elogiosos por cierto, incluso diciendo que no parecía yo con traje y corbata.
Me peiné, un poco de perfume y a eso de las ocho y media salí de casa rumbo al salón.
Estacioné la camioneta a una cuadra y caminé hasta la puerta del salón, donde había bastante gente hablando y fumando, sin dudas, antes de entrar.
Luego de atravesar las puertas de vidrio que se abrieron automáticamente al acercarme, el salón tenía un gran hall con una hermosa lámpara colgante.
Luego de atravesar el hall, dos puertas de madera labrada, permitían el ingreso al salón, y que atravesé luego de anunciarme y que esas dos simpáticas señoritas verificaran mi nombre en la lista.
Al entrar en el salón, ya había mucha gente dentro, y al reconocer a varios de los empleados de la empresa, me acerqué a saludarlos.
A unos metros vi a Cristian y a Nacho, me acerqué a saludarlos también, y me quedé conversando con ellos.
El salón era inmenso y estaba elegantemente decorado, todas las mesas redondas tenían un mantel blanco hasta el piso, y las sillas también estaban cubiertas con una tela blanca.
Sin duda un servicio de alto nivel, a juzgar por la elegante presentación de las mesas que en el medio tenía un delicado arreglo floral con una vela encendida.
La gente seguía entrando, yo calculaba que en ese momento habría más de trescientas personas.
En el fondo del salón había una mesa también redonda, que por la ubicación supuse que sería la que ocuparía Carlos y los directores de su empresa.
Recorriendo el lugar con la mirada, no había visto a Carlos, quizás aún no había llegado.
Los meseros y meseras, impecablemente vestidos, recorrían el salón entre la gente ofreciendo bebidas.
El encargado del galpón de la empresa de Carlos, se acercó a saludarme, y mientras comentábamos sobre la elegancia de la fiesta, casi al fondo del salón lo pude ver a Carlos, que de espaldas a mí, y con una mujer a su lado, conversaba con un grupo de cinco o seis personas.
Un momento después me fui acercando para saludarlo y felicitarlo por la certificación y por la impresionante fiesta.
Me faltaría unos seis o siete metros para llegar a él, cuando miró hacia atrás y me vio, giró su cuerpo y dijo mi nombre.
-Claudio! Qué gusto verte mi amigo!
En ese momento la mujer que estaba a su lado, elegantemente vestida con un trajecito de pollera y blazer, con el pelo recogido, y zapatos de taco alto, se giró también hacia mí.
El corazón se me detuvo un momento, y luego se puso como loco, esa mujer no era ni más ni menos que Marisa, y en esos cuatro o cinco pasos que me quedaban para llegar a ellos, me pregunté, ¿qué hacía ella ahí?
Al reconocerme, puso cara de sorpresa, con un gesto como nervioso, sin dudas también preguntándose, qué hacía yo en esa fiesta, algo pasaba y ante la duda, decidí hacer como que no la conocía.
Llegué hasta Carlos y me saludó con un abrazo.
-¿Cómo estás Claudio? Qué bueno verte!
-Muy bien Carlos! Felicitaciones por la certificación! Y sobre todo por esta fiesta, es impresionante!
-Gracias Claudio! Esto había que celebrarlo! Te presento a Marisa, mi esposa!
Y siguiendo en mi postura de no conocerla, le dije:
-Es un gusto conocerla Marisa!
-El gusto es mío!
Nos saludamos con un beso formal en la mejilla, y luego Carlos me presentó al resto de las personas, explicándoles quién era yo.
De reojo miraba Marisa, y sin dudas estaba tensa, podía intuir que no había hablado de mí con su esposo.
En esos minutos, en medio de esa charla sobre la fiesta, por mi cabeza pasaban muchas cosas, y entendía unas cuantas cosas más, con razón Marisa me había dicho que no estaban bien las cosas con su marido, si su marido se cogía cuánta mujer se le cruzaba por delante.
En un momento quedamos dos hombres, Carlos, Marisa y yo, hablando cosas al pasar, hasta que Carlos, se disculpó un momento y se fue a saludar a unas personas.
En ese momento, los dos hombres también se retiraron y quedamos sólo Marisa y yo, y ella me dijo:
-No sabía que conocías a Carlos!
-Y yo no sabía que eras la esposa de Carlos! Trabajé en su empresa con el plan de seguridad e higiene, lo conocí el año pasado!
-Cuando te vi no entendía nada, y en verdad me puse nerviosa, nunca hablé de vos con él...
-Me lo imaginé al ver tu cara, por eso hice cómo que no te conocía.
-Y te lo agradezco, quizás se lo tendría que haber contado, pero la comunicación entre nosotros, no está siendo muy fluida desde hace bastante tiempo!
-Entiendo! Y quedate tranquila, que no le diré que nos conocemos!
-Para mí va a ser mejor...
En ese momento volvió Carlos, y se unió a nosotros, apoyando su mano en mi hombro, como si de un amigo se tratara, entonces dije:
-Me contaba tu esposa qué es odontóloga, y también de sus consultorios!
-Y es muy buena en lo suyo!
-Claudio me contaba del trabajo que hizo en tu empresa!
-Un trabajo excelente!
Acotó Carlos, que nuevamente se alejó para saludar a otras personas, sin duda era el protagonista de la noche.
Volvimos a quedar solos y me dijo:
-Te imaginarás las ganas que tengo de estar acá, pero tenía que estar... la verdad, preferiría estar en casa comiendo tranquilamente con Ester.
-Digamos que tampoco estoy fascinado por estar aquí, pero en este tipo de eventos siempre se conoce gente, y puede salir algún cliente para mi trabajo.
-¿Vos cómo estás? Hace tiempo que no hablamos!
-Es verdad! yo como siempre, trabajando todas las mañanas, algunas tarde, pedaleando los fines de semana y leyendo cuando tengo tiempo.
-Qué bueno! Por cierto… estás muy elegante con el traje!
-Gracias! Vos también estás muy elegante!
En ese momento se volvió a acercar Carlos, y nos dijo que la gente ya empezaba a ubicarse en las mesas, y como pensaba, él y Marisa estarían en esa mesa de la cabecera, y yo en la mesa dieciséis, la que me habían asignado, al confirmar mi nombre en la lista.
Me despedí de ellos y fui a buscar mi mesa, donde me encontré a Cristian, a Nacho y a Eugenio, los tres con sus esposas o novias.
Conversamos de varios temas, los veía hablar y sonreír distendidamente con sus esposas y recordaba esas fiestas, donde se acostaban con prostitutas y ni se acordaban de ellas.
Un momento después, comenzaron a servir la comida, unos canapés y bocaditos salados, variedades de fiambres, quesos y frutos secos, con champagne por supuesto, todo de primera calidad y verdaderamente exquisito.
En el momento en que retiraban los platos de la entrada, les envié un mensaje al grupo de mis amigos, mandando una foto de la mesa:
-Esta fiesta es a todo culo!
Enseguida me llegaron sus comentarios y luego les dije:
-No lo van a creer! Carlos me presentó a su esposa… ¿saben quién es la esposa de Carlos?
Instantáneamente me preguntaron quien era, seguramente pensando en que la conocían, pero no se los dije inmediatamente, y Pablo mandó:
-Dale boludo! Decí quien es! No te hagas el misterioso!
Y Gabriel preguntó:
-¿Quién es Clau! Dale!
Entonces decidí decirles:
-Es Marisa!
-¿Qué Marisa? ¿La Marisa que te chocó? Jodeme boludo! Que chica es esta ciudad, por Dios!
Escribió Pablo, y Miriam preguntó:
-¿No sabías nada vos? ¿Nunca hablaste de su mujer con el tipo ese?
-Ni idea tenía, estoy tan sorprendido como ustedes, pero después les cuento bien!
No podía creer aún que esa mujer de la que me estaba enamorando fuera la esposa del tipo este, pobre Marisa, tiene unos cuernos grandes como una casa.
Un rato después, llegó la hora del plato principal, una carne rellena con una guarnición de papas con crema, y por supuesto con más champagne, aunque también había vinos, cerveza y bebidas sin alcohol y una barra al costado del salón donde preparaban tragos.
Terminado el plato principal, mientras algunos se habían levantado para buscar un trago de la barra, me vibró el teléfono con la llegada de un mensaje y creí que sería del grupo, pero al mirar la pantalla, vi que era de Marisa y al abrirlo decía:
-Ya me quiero ir! Él es el rey de la fiesta y yo estoy acá de adorno.
-Me imagino! Si te digo la verdad, también me iría, aunque tengo que reconocer que la comida es excepcional!
-Eso sí! Lo que debe haber salido esto…
-Sin dudas!
No recibí más mensajes, y al mirar para su mesa, vi que hablaba con una mujer de unos cincuenta años que parada a su lado.
No quería estar todo el tiempo mirando hacia su mesa, a decir verdad, no quería verla junto a Carlos, que sin lugar a dudas, no merecía a esa mujer a su lado.
Luego vinieron los postres, una variedad de cosas dulces, una más rica que la otra, ya había aflojado con el champagne, no quería beber mas alcohol, ya que tenía que volver a casa manejando, por lo que lo dulce, lo acompañé con agua.
No podía dejar de pensar en todo lo que sabía de ese matrimonio, él, un gran pirata y Marisa, una buena mujer, al menos hasta donde yo conocía, que nunca le había hablado a su marido de mí o de los encuentros y conversaciones que habíamos tenido.
Luego de los exquisitos postres, llegó la hora del brindis, los meseros sirvieron nuevas copas de champagne para todos los presentes, y una vez que terminaron, una chica le alcanzó un micrófono a Carlos, el protagonista de la noche, para que hiciera su discurso.
Comenzó agradeciendo la presencia de todos, luego habló de los beneficios de la certificación y de los proyectos de futuro para la empresa.
Por último propuso un brindis y terminó diciendo que ya era hora de divertirse, por lo que la música para bailar empezó a sonar.
A esa altura de la noche, el alcohol comenzaba a mostrar sus efectos en muchas de las personas presentes, con una algarabía que se iba adueñando de los diferentes grupos.
Mucha gente salió a bailar cuando las luces del salón bajaron su intensidad para darle paso a las de color que al ritmo de la música se encendían y apagaban, como si de una discoteca se tratara, y a mí ya me daban ganas de irme a casa.
Me quedé en la mesa sentado, en un momento quedé solo, miré mi teléfono, la una y cuarto de la mañana. Luego miré el salón, la gente, las luces, en otro momento de mi vida, sin dudas estaría bailando y riendo con un trago en la mano, pero esa noche, sentía que no daba para más, ya había cumplido, había comido y bebido como un príncipe y ya era hora de partir, con mi desazón a cuestas, ya había fingido por demasiado tiempo.
Miré hacia la mesa de Marisa y Carlos y la vi también sola, observando vaya uno a saber qué, y me imaginé que estaría deseando irse, tanto como yo.
Observándola a la distancia, no podía dejar de pensar en su situación, ella preocupada, hasta decepcionada de su matrimonio, y su marido cogiéndose todo lo que se mueve, ¿tendría que contarle todo lo que sé?
Decidí esperar a que Carlos volviera a su mesa, en ese momento me acercaría y me despediría de ambos, para no hacerlo por separado, no me interesaba que Carlos me viera hablando con su esposa, aunque supongo que ni se daría cuenta.
No lo veía por ningún lado, y se me ocurrió pensar que andaría por ahí cogiéndose a Fabiana o a alguna otra.
Casi a las dos de la mañana, lo vi acercarse a su mesa, de pie junto a Marisa, le dijo algo, Marisa negó con la cabeza y en ese momento decidí acercarme.
Caminé hasta su mesa, Carlos aún seguía parado junto a Marisa con una copa en la mano, pero ya no hablaban, él miraba la fiesta y sonreía mientras bebía.
Al llegar a la mesa, Carlos me vio y me dijo:
-Claudio! ¿Qué tal la fiesta?
Y para seguir inflamando su ego, le dije:
-Impresionante Carlos! Realmente un espectáculo!
-Sí, ¿verdad?
-Pero ya tengo que irme, mañana, bueno en un rato, tengo que arrancar, a las nueve tengo que ir a ver un trabajo!
-Qué pena que tengas que irte! Esto está en lo mejor!
-Realmente! Pero si no descanso un poco, tendré un día complicado! Pero gracias por la invitación, y nuevamente felicidades por la certificación!
-Gracias Claudio! También pusiste tu parte para conseguirla!
En ese momento dirigí la mirada a Marisa, que nos veía hablar, y le dije:
-Ha sido un gusto conocerte Marisa! Y felicitaciones a vos también!
-Gracias Claudio! También fue un gusto conocerte!
-Bueno… Los dejo! Qué sigan disfrutando esta fiesta!
Y Carlos dijo:
-Gracias por todo Claudio! La próxima cena te aviso!
-Dale! Nos vemos!
Con gesto amable, me retiré hacia la salida, antes de atravesar las puertas de madera hacia el hall de entrada, miré hacia su mesa y vi que Marisa volvía a estar sola y miraba hacia la puerta, momento que aproveché para enviarle un mensaje.
-Chau Marisa! Espero que todo vaya bien! Un beso!
-Chau Claudio! Espero que al menos la hayas pasado bien!
-Digamos que sí! Aunque esta parte de la fiesta prefiero perdérmela!
-La verdad que yo también! Desde que llegué que me quiero ir… pero bueno…
-Qué termines bien la noche!
-Gracias! Un beso!
Me subí a la camioneta, pensando en que si al igual que yo, no tenía ganas de estar en esa fiesta, podríamos haber estado conversando relajadamente en cualquier otro lugar, que iluso…
*
El lunes llegué al trabajo como cada mañana, y Mario, Mario Caballero, el dueño de la empresa, en el momento en que se iba, me avisó que al día siguiente a las nueve de la mañana tendríamos una reunión, pero no me dijo sobre qué tema.
Lo primero que se me ocurrió, fue que habría algún trabajo nuevo, quizás habría que contratar más personal, pero tocaba esperar hasta el día siguiente para saber de qué se trataba.
Esa misma tarde, les escribí a mis amigos en el grupo, invitándolos a cenar a casa el viernes, desde que supe que Marisa es la esposa de Carlos, no dejo de pensar en todo lo que sé de él, y quería el consejo de mis amigos sobre si tenía que hablar con Marisa para ponerla al tanto de las infidelidades de su marido.
Mis amigos aceptaron y les dije que yo cocinaría, que no tenían que traer nada, cómo era invierno iba a preparar un guiso de lentejas, qué bien sé que a todos les gusta.
*
Al día siguiente a las nueve en punto estaba en la oficina de Mario, al entrar, creí que también estaría los jefes de sección, pero sólo estaba él.
-¿Cómo estás Claudio? Sentate por favor!
-Todo bien Mario, ¿vos?
-Con novedades y por eso necesitaba hablar con vos!
-¿Algún trabajo nuevo?
-Así es! Y uno bastante grande!
-Tenés que contratar más gente?
-Te cuento! Hubo una licitación de un montaje para una empresa en el puerto de Mar del Plata, y salimos adjudicados. Es una obra que demanda entre seis y ocho meses, voy a alquilar un galpón y montar una oficina en Mar del Plata. Por eso necesitaba hablar con vos, quiero una persona de confianza allá y te quería proponer que esa persona seas vos, por supuesto con otro ingreso. No te pido que me contestes ahora, conozco tu situación familiar, y por eso te lo propongo, pero entendería si no aceptaras.
-Por el tema familiar no hay problema, ya sabés que no tendría que dejar aquí a nadie, pero de todas formas dejame pensarlo y te doy una respuesta.
-La idea es contratar gente de allá, de aquí tan sólo mandaría a un par de ingenieros, y si aceptás, vos como mi mano derecha. Yo viajaría todas las semanas, pero con los trabajos acá y la familia, se me complica estar allá todo el tiempo.
-Lo entiendo Mario! Es mucho tiempo lejos de la familia, si yo tuviera una, no estaría seguro de aceptar. ¿Y a partir de cuándo sería?
-El plazo de comienzo de obra según el pliego de la licitación, es de treinta días a partir de la adjudicación, pero yo me voy la semana que viene para alquilar el galpón, si es posible con alguna oficina, y también dos departamentos, uno para vos, si aceptas claro, y el otro para los dos ingenieros.
-Bueno Mario, te agradezco el ofrecimiento, lo pienso y te avisó.
-Tranquilo, pensalo y el lunes me decís!
Esa propuesta me dejó pensando, era una buena oportunidad, con un mejor ingreso, y casi sin gastos.
Otro tema más qué hablaría con mis amigos en la cena del viernes, pero no me disgustaba la idea, además Mar del Plata me encanta y vivir unos meses allí, no estaría nada mal.
Casi que tenía tomada la decisión para el jueves, después de todo, como mucho serían unos ocho meses.
El jueves al salir del trabajo, compre todo lo necesario para el guiso de lentejas, y lo prepararía esa misma tarde, para que al día siguiente estuviera aún más rico.
El viernes por la mañana, estuve tentado de decirle a Mario que aceptaba su propuesta, pero quería la opinión de mis amigos.
Los primeros en llegar fueron Pablo y Miriam con los chicos, trayendo un postre helado y unos minutos después, llegó Gabriel con Paula y su pequeña, trayendo un par de botellas de vino tinto y bebidas gaseosas para los peques.
Por las dudas de que los pequeños no quisiera comer guiso de lentejas, también preparé unas milanesas con papas al horno.
Antes de que llegaran, ya había puesto a calentar el guiso, para no tener que esperar.
Mientras dábamos cuenta de la pequeña picada con unas cervezas, les dije:
-Hace un par de días, Mario, el dueño de la empresa, me llamó a una reunión, para decirme que había ganado la licitación de una obra en Mar del Plata, y me propuso ir a trabajar allá! Por supuesto con un mejor sueldo, y viviendo en un departamento pagado por la empresa, qué les parece?
Me miraban todos, y Pablo fue el primero que preguntó:
-¿Y por cuánto tiempo Clau!
-Entre seis y ocho meses!
Y Gabriel pregunto también:
-¿Y el sueldo lo justifica?
-La verdad es que sí, más del doble de lo que gano ahora!
-Yo creo que es una buena oferta, si me lo hicieran a mí, creo que no dudaría en aceptarla! Buen sueldo y con la vivienda paga, yo ni lo dudo! Vos qué pensás?
-Pienso igual, lo único es que los voy a extrañar mucho!
-Son sólo unos meses boludo! Ni lo pienses! Decile que sí! De última te vamos a visitar en el verano!
-Supongo que también podré venir algún fin de semana! No creo que se trabajen los sábados y los domingos!
-Bueno, para este verano armamos las vacaciones en Mar del Plata!
Dijo Miriam!
-Tenés razón! Hace años que no vamos!
Dijo también Paula
Si bien ya casi tenía tomado la decisión, fue importante para mí el apoyo de mis amigos.
Pero la cosa no quedó ahí, luego de tocar el tema del trabajo, fue Gabriel quien me preguntó:
-Bueno, ahora contanos el tema de tu amiguito Carlos, que resultó ser el marido de Marisa.
-Qué decirles…, la verdad es que no me lo esperaba, y les soy sincero, estoy en una encrucijada, tengo una relación con Marisa que no sabría muy bien cómo definir, más allá de lo que me pasa con ella, ni siquiera puedo decir que somos amigos, y por el otro lado, conozco las andanzas del pirata de su marido, y no porque me las hayan contado, sé muchas cosas por su propia boca, y muchas otras que he visto con mis propios ojos... El dilema es, ¿tendría que ser yo quién le cuente a Marisa de las muchas infidelidades de su marido?
-Es un tema Clau! Los problemas de pareja, son de la pareja, y muchas veces los terceros, terminan quedando mal parados.
Dijo Pablo, y Gabriel opinó también:
-¿Sabés a ciencia cierta, qué Marisa no está al tanto de lo que hace su marido? Muchas mujeres lo saben pero igual siguen con esos hombres, porque les da lo mismo, o porque ellas hacen lo mismo, o por la situación económica, por el qué dirán, o un montón de razones más, y si estuviera en tu lugar, creo que no me metería, sobre todo teniendo una relación con el tipo…
A lo que Paula agregó:
-Gabi tiene razón! No tendrías que ser vos quien se lo diga! Teniendo relación con Carlos, quedarías como un alcahuete!
-Y si al tipo se le pudre todo con Marisa, vas a quedar en el medio y puede llegar a culparte a vos!
Acotó Miriam.
-Ella lo tendría que saber por otro lado o descubrirlo ella misma…no sé…
Dijo Pablo, a lo que les contesté:
-Eso mismo vengo pensando, después de todo he visto más veces a Carlos que a Marisa, y tienen razón, si yo se lo digo a Marisa, y ella le dice que fui yo, el tipo se la va a agarrar conmigo… pero por otro lado me jode que le esté pasando eso! Ustedes ya saben lo que me pasa con Marisa…
-Sí es una cagada! Pero me parece que vas a tener que tener paciencia, si Carlos fuera un desconocido para vos, sería una cosa, pero teniendo relación con él, yo la verdad no me metería en medio…
Si bien venía pensando las cosas así, el escuchar la opinión de mis amigos, me terminó de convencer de que no sería yo quien se lo dijera, aunque en el fondo comencé a pensar en alguna forma de que lo pudiera llegar a saber o al menos sospechar.
Luego de cenar, juntamos y ordenamos entre todos, como siempre, y nos sentamos a tomar un café en los sillones, mientras los niños jugaban sobre la alfombra.
Luego de que se fueran para sus casas, me quedé sentado en el sillón, pensando en que una de las opciones que podría tener, sería hablar con Ester, sabiendo la relación que tiene con Marisa, quizás podría, no digo contárselo, pero al menos sembrarle alguna duda.
*
El lunes al llegar al trabajo, fui directamente a ver a Mario y le confirmé que aceptaba ir a Mar del Plata, por lo que estuvimos hablando un rato sobre como vendría el armado del obrador allí.
El jueves de esa semana, iría con Mario a Mar del Plata, ya tenía en vista un galpón desocupado que en el frente tenía dos oficinas, y los dos departamentos en la zona de Punta Mogotes. La idea de Mario era cerrar el tema de los alquileres, para empezar a llevar lo que se necesitaría para ese montaje.
Si se resolvía el tema entre el jueves y el viernes, el lunes siguiente ya empezaría a mandar herramientas, máquinas y materiales, y a contratar los empleados necesarios, y yo ya me trasladaría para quedarme allá en esa semana.
*
No recordaba los días en que Marisa atendía por las tardes y llamé a la clínica preguntando, como un paciente, en que días y horarios atendía, tenía en mente hablar con Ester, pero me quería asegurar que Marisa no estuviera en su casa.
El miércoles sería el día, Marisa atendía hasta las cinco, con lo que me daba tiempo hasta las cinco y media.
Ese día salí de la empresa y me fui directamente para City Bell, a casa de Marisa.
Toqué el timbre a las dos menos veinte, y solo esperaba que Ester no estuviera durmiendo la siesta.
Un momento después, escuché su voz por el portero eléctrico.
-¿Quién es?
-Hola Ester! Soy Claudio! Nos conocimos en Mar de las Pampas!
-Ah sí! Claudio! Ya te abro!
Un momento después la puerta se abrió y salió sonriendo al reconocerme, caminó esos metros que separaban la casa de la reja, y al llegar a ella dijo:
-Claudio! Qué sorpresa…
-Hola! ¿Cómo estás Ester?
-Muy bien hijo! ¿Qué te trae por acá?
-Necesitaba hablar con vos!
-Claro! Vení, pasá!
-Perdón Ester, pero… ¿podrá ser en otro lugar? Preferiría no entrar…
-Me estás preocupando hijo! ¿Todo bien?
-Sí Ester! En el consultorio seguramente! Por eso vine, tan solo necesitaba hablar con vos!
Me miró no entendiendo lo que pasaba, pero finalmente me dijo:
-Esperá que voy a buscar las llaves!
Volvió a entrar a la casa y un momento después, salió con un manojo de llaves y una cartera, cerró la puerta, luego abrió la reja, salió y volvió a cerrar, caminamos hasta la camioneta y le dije:
-Si querés podemos ir a tomar un café o podemos hablar en la camioneta! No te quitaré mucho tiempo…
-Que será lo que me querés decir hijo… me tiene intrigada… hablamos en la camioneta, pero a unas cuadras de acá!
-Está bien!
Subimos a la camioneta, hicimos algunas cuadras, me detuve en el lateral de un club de la zona, antes de llegar al Camino Centenario, y detuve el motor.
-Ester, seguramente Marisa te haya contado que nos vimos la otra noche en la fiesta de la empresa de Carlos…
-Sí, me lo contó al día siguiente, pero después del mediodía que Carlos se fue a la cancha! No sabía que conocías a Carlos.
-Sí, lo conocí en noviembre del año pasado y en febrero le hice un trabajo importante en su empresa, para el tema de la certificación. Con él nunca hablamos de su esposa, y con Marisa, bueno… hablamos algo sobre cómo estaban las cosas en su matrimonio, pero nunca me dijo como se llamaba su marido, por lo que nunca los relacioné!
-Marisa nunca habló de vos con Carlos, yo misma le dije que no hacía falta que lo hiciera, después de todo Carlos no le cuenta con quien se encuentra y con quien habla…
-El tema es… como decirte… un poco delicado…. y por eso lo quería hablar con vos!
-¿Qué pasa hijo?
-Lo que pasa es que Carlos le ha sido y le es infiel a Marisa, y no con una mujer, con varias, y no te digo esto por haber escuchado comentarios, además de habérmelo contado él, yo mismo lo vi, con mis propios ojos, en su empresa con su secretaria en el brindis de fin de año, y en una cena de amigos a la que me invitó, en la que con sus amigos contratan prostitutas…
-Perdón, pero que hijo de puta! Con razón lleva tanto tiempo sin tocar a Marisa, y ella haciéndose problemas, angustiada por su matrimonio, y este malnacido acostándose con otras!
-Por eso necesité hablar con vos! Cuando me enteré que Carlos era su esposo, te digo la verdad, me quise morir, Marisa no se merece algo así, al menos hasta donde yo la conozco…
-Marisa es así como la conocés! Es adorable, con un corazón inmenso y unos sentimientos muy nobles, sabés lo que la quiero, y muchas veces se me dio por pensar en que Carlos tenía otra mujer, aunque nunca se lo dije a Marisa, no quería influenciarla con mis sospechas, porque solo eran eso, nunca lo encontré en nada raro, se ve que se cuida de que nadie lo vea…
-No me gusta que le esté pasando eso, me ha dicho de la distancia con su marido, pero en esa fiesta entendí el por qué y no me gusta.
-Mirá hijo, el día de su cumpleaños, cuando volvió a casa y me contó del regalo, del café que habían tomado y de la torta con la velita, aunque no se lo dije, pensé que esa clase de detalles de un hombre para con una mujer, tienen dos razones, que quiera llevarla a la cama o que esté enamorado. Marisa siempre me dijo que eras muy educado y respetuoso, que nunca hacías ningún comentario fuera de lugar o insinuante, y cuando te conocí en Mar de las Pampas, me di cuenta como la mirás, como la tratás, como la respetás, y eso quiere decir que estás enamorado de ella, ¿o me equivoco?
-No te equivocás Ester, me encuentro muchas veces pensando en ella, queriendo verla, escucharla, verla sonreír, pero siempre supe que es una mujer casada, por eso nunca hice o dije algo que le diera a entender otra cosa, por eso no quería acercarme tanto, y por eso me duele lo que le pasa.
-Ay hijo… que distinto sos! Y nunca me lo dijo, pero sé que Marisita te tiene en su consideración!
-Pensé mucho en que hacer, y llegué a la conclusión de que Marisa debería saber lo que hace su marido, pero no debo ser yo quien se lo diga, conozco también a Carlos.
-No hijo, yo te diría que no le digas nada a Marisa, ella lo tiene que saber de otra manera, no a través tuyo, si no Carlos se la va a agarrar con vos.
-Justamente por eso es que no sé qué hacer, me hace mal saber que vive en un matrimonio que no es tal, afligida por cómo van las cosas, mientras Carlos se acuesta con cada mujer que se le cruza por delante!
-A mí también me va a costar quedarme callada, pero voy a intentar de que al menos sospeche, que empiece a desconfiar y quiera averiguar por su cuenta.
-Carlos los martes y los jueves, sale de la empresa con su secretaria, y en las cenas con amigos, se acuesta con chicas contratadas por ellos, pero sé que lo hace también con otras mujeres, incluso de la empresa, él mismo me lo dijo.
-Bueno hijo, voy a hacer lo posible y cualquier cosa te aviso!
-Bueno Ester, gracias por escucharme!
-Fue un gusto volver a verte! Y cuando quieras pasá y hablamos!
-No sé si va a ser posible, mañana me voy a Mar del Plata por trabajo, vuelvo el viernes o el sábado, pero la semana que viene me voy por seis u ocho meses!
-¿Vas a vivir allá?
-Así es! Por eso pasé hoy a verte, no me quería ir así…
-Ay hijo! ¿Marisa sabe que te vas?
-No, no he hablado con ella desde la fiesta! Y no estoy seguro de decírselo…
-Dejame ver qué puedo hacer! Algo se me va a ocurrir! No puede seguir con un hombre así! Se merece a alguien que la quiera de verdad!
-Sin dudas!
-Bueno Claudio, ya tengo que volver, no quiero que llegue y no me encuentre!
-Sí, claro, ya te llevo!
-Pasame tu número de teléfono, y cualquier cosa te llamo o te escribo!
-Dale!
Anotó mi número de teléfono y me envió un mensaje, antes de bajar de la camioneta, me saludó con un beso y me dijo:
-Buen viaje! Que te vaya muy bien en Mar del Plata!
-Gracias Ester! Y gracias por escucharme!
Me fui para casa pensando en esa conversación, y casi arrepintiéndome de haberla tenido, al fin y al cabo me estaba metiendo en esa relación, y hasta sentí que había actuado deshonestamente, forzando que Marisa supiera de las andanzas de Carlos, que al saberlo, sin dudas terminaría en divorcio, y si así fuera, ¿esperaba tener alguna oportunidad con ella? Sin dudas me arrepentí en ese momento de haber hablado con Ester.
*
El jueves salimos con Mario para Mar del Plata bien temprano en su auto, quería estar allá al mediodía, buscar un hotel, almorzar antes de ir a ver el galpón, ya tenía concertada la visita a las dos de la tarde.
Ya había visto fotos del lugar, pero quería verlo personalmente antes de cerrar el alquiler, más que nada, el tema de la seguridad, dentro habría materiales, máquinas y herramientas.
Llegamos a “la feliz” a las doce del mediodía, buscamos un hotel y lo contratamos por una noche, si todo salía bien, al día siguiente volveríamos para La Plata.
Luego de un almuerzo más bien rápido, nos fuimos para el galpón, en la zona del puerto, a dos cuadras de la Avenida de los Trabajadores.
A las dos de la tarde en punto, llegó el hombre de la inmobiliaria, abrió el galpón y entramos.
El lugar no era muy grande, pero estaba bien para lo que habría que guardar, además de las máquinas y herramientas, entraba el camión y una de las camionetas que estarían allí durante la obra.
En uno de los costados, el portón, y en el otro una puerta a las dos oficinas que daban al frente.
A Mario le pareció bien, y de allí nos fuimos para la inmobiliaria para firmar el contrato y transferir los gastos del alquiler.
A las cinco de la tarde volvimos al hotel, descansamos un rato, me di un baño y fuimos a cenar a un restaurante.
A la mañana siguiente, iríamos a ver los departamentos, si eso también se resolvía, esa misma tarde nos volvíamos.
Dejamos las habitaciones del hotel y fuimos al edificio donde Mario ya había visto los dos departamentos.
Un pequeño edificio de cuatro pisos a tres cuadras del galpón, unos de los departamentos en el primer piso de dos dormitorios para los ingenieros y un monoambiente en el último piso para mí, ambos amueblados.
Mario me preguntó si me parecía bien y le dije que sí, tenía todo lo necesario, un amplio espacio rectangular, en un lado la cama de dos plazas, en el otro la zona de la cocina, con todo lo necesario y un baño completo, para esos meses, era más que suficiente.
El de los ingenieros también tenía todo, por lo que Mario le dijo a la chica que nos los estaba mostrando, que alquilaba ambos departamentos.
Fuimos a la inmobiliaria y se pactó un contrato inicial de seis meses, con prórroga mensual hasta que se terminara la obra.
Cumplidos los dos objetivos que se había propuesto Mario, luego de almorzar en un restaurante del puerto, nos volveríamos para La Plata.
Antes de emprender el regreso, decidí llamar a Ester, sabiendo que a esa hora Marisa estaba en su consultorio, me había quedado pensando en lo que le había dicho.
Busqué su número en mi teléfono y la llamé, al tercer tono de llamada me atendió.
-Hola Claudio, ¿cómo estás?
-Hola Ester! Muy bien! Perdón que te llame!
-Está bien hijo, no pasa nada, estoy sola, puedo hablar!
-El otro día después de que hablamos me quedé pensando en que quizás no tendría que haberte dicho nada, te terminé metiendo en medio!
-No hijo! No pienses eso! Para mí fue bueno saberlo, me hizo entender muchas cosas!
-Hasta me sentí deshonesto al contártelo! No quiero que pienses que tengo alguna intensión de que el matrimonio de Marisa se rompa, por algún interés personal mío!
-No hijo, no! No pienses eso! Ya sabés lo que se suele decir, que el cornudo es el último en enterarse, y eso es una trastada, engañar a la persona que tenés al lado no está bien! Y que esa persona sea la última en enterarse o que ni siquiera lo sepa, es aún peor, Marisa vive engañada!
-No era mi intención meterte en medio, por eso necesité decirte que siento que hice mal en hacerlo…
-Miralo así hijo… si fuera un amigo o amiga tuya y vos sabés que su pareja le es infiel, ¿Qué harías?
-Seguramente se lo contaría o buscaría la forma de que lo supiera…
-Bueno! En este caso es igual, entiendo que te preocupa Marisa y no podés quedarte sin hacer nada, y eso está bien… Después se verá como resultan las cosas… pero quedate tranquilo… yo tampoco voy a hacer nada que pueda lastimar a Marisita! Por el momento, voy a poner el ojo en lo que hace Carlos y luego se verá…
-Perdón por todo esto Ester!
-Nada que perdonar hijo! Quedate tranquilo! ¿Estás en Mar del Plata?
-Sí, aunque ya nos volvemos, pero el martes o el miércoles ya me vengo a quedar aquí!
-Bueno hijo! Que todo vaya bien!
-Gracias Ester! Te mando un beso!
-Otro para vos! Cuidate!
Un momento después, nos subimos al auto de Mario y emprendimos el regreso a La Plata.
Llegamos casi a las ocho de la noche, Mario me llevó hasta la empresa, donde había dejado mi camioneta, y de allí me volví para casa, pensando ya en lo que me tendría que llevar para vivir esos meses en Mar del Plata.
Al llegar a casa, mandé un mensaje al grupo de amigos para confirmarles que el martes o el miércoles de la semana siguiente, ya me mudaba a la costa y rápidamente organizaron un asado para el sábado en la noche, a modo de despedida.
Ese encuentro con mis amigos fue, como cada vez, una noche hermosa, y no pude dejar de emocionarme cuando me decían lo que me iban a extrañar, aunque nos aseguramos que seguiríamos en contacto por el grupo, contándonos cosas y haciéndonos videollamadas al menos una vez por semana.
Paula fue la que me insistió para que me creara una cuenta en Instagram, para estar comunicados también por allí, para que subiera fotos y ellos pudieran verlas.
Ella misma la creó en mi teléfono, me preguntó si la dejaba abierta para que cualquier persona pudiera verla y le dije que sí, de todas maneras no publicaría cosas personales, no me gusta mucho eso, de hecho, desde hacía muchos años tenía una cuenta en Facebook, a la que entraba de vez en cuando, yo nunca fui de publicar muchas cosas, a la que sí le gustaba publicar seguido era a Pilar, y muchas veces entraba para ver las fotos, la mayoría de ellas de los dos, en diferentes situaciones, salidas, viajes, o tan solo en casa.
Cómo foto de perfil, elegí una que me había sacado Pilar, íbamos pedaleando los dos por la zona de Ignacio Correa, al sur de La Plata, ella iba detrás de mí en la ruta y desde allí la había tomado, tan solo se me veía de espaldas, con mi casco puesto, y con el sol de frente.
Nos despedimos con abrazos para todos, no puedo negar que se me estrujó el pecho, aunque pude contener las lágrimas, no era un adiós, tan solo un hasta luego.
Una nueva etapa en mi vida estaba comenzando…
Continuará…
Continúa en
- Relato #223603— title-regex: contiguous parts (5 -> 6)
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
Eloy y Marisa - 7
Eloy ya no puede soportar la mirada de su esposa, pero la convención los obliga a fingir felicidad.
Comparte:Infidelidad descubiertaTrio fffRelacion profesor alumna
- Hetero: General
Por que me apetecía
La casa rural parecía el escenario perfecto para el aburrimiento, pero la noche reveló secretos que nadie esperaba.
Comparte:Relacion profesor alumnaTrio fffDeseo reprimido
- Hetero: Infidelidad
El marido de la vecina ii
Silvia espera la llegada de su marido con una mezcla de culpa y lujuria incontrolable. Lleva dentro el secreto de la mañana y una promesa de placer…
Comparte:Infidelidad descubiertaTrio fffMirones que se involucran
- Hetero: Infidelidad
Mi amiga de la oficina - completa (06 - FIN)
El silencio de la oficina se rompe con el sonido de la piel contra la piel. Ella necesita un alivio urgente y él no puede negarse, pero el riesgo de…
Comparte:Infidelidad descubiertaRelacion profesor alumnaTrio fff
- Grandes Relatos
La escuelita de fútbol (6)
La línea entre la protección y el deseo se difumina cuando un infarto inesperado acerca a dos almas.
Comparte:Trio fffRelacion profesor alumnaMirones que se involucran
- Hetero: Infidelidad
Amiga... ¿me prestas a tu novio? 2
Sabe que su novia está apagándose, pero no imagina que la verdadera pasión lo espera en los brazos de su mejor amiga.
Comparte:Infidelidad descubiertaRelacion profesor alumnaTrio fff