Xtories

El marido de la vecina ii

Silvia espera la llegada de su marido con una mezcla de culpa y lujuria incontrolable. Lleva dentro el secreto de la mañana y una promesa de placer prohibido que solo ella conoce. ¿Podrá Berto soportar la intensidad de una esposa que ya ha sido poseída por otro?

perenquen26K vistas8.6· 16 votos

Tras lo ocurrido en la mañana con el vecino, Silvia esperó ansiosa y con una morbosidad añadida, la llegada de su esposo. Había cometido su primera infidelidad matrimonial copulando con el joven vecino, y ahora pensaba volver a follar, pero esta vez con su esposo, pero conservando aún el semen del vecino dentro de su vagina.

A tal efecto, se colocó un comisión de dormir, únicamente con su braguita, sin sostén, y en esa lid recibió a su esposo. Aquel nada más llegar, se quedó sorprendido en la forma en que lo recibía su mujer.

-Vaya forma de recibirme… ¿No me digas que estas pidiendo guerra? Le preguntó Berto su esposa, sonriendo.

-¿Tu qué crees?. Te voy a dejar comer primero para que recuperes fuerzas, pero luego tienes que emplearte a fondo conmigo. Y no quiero nada de escusas, de reuniones ni llamadas.

-Ya veo que estas bien caliente. Le comentó aquel, quien tras quitarse el traje que llevaba, se puso algo mas distendido y marchó a la cocina para almorzar.

Al acabar de almorzar, la mujer le sirvió el café en la sala. En ese momento aprovechó para sentarse encima de los muslos de su esposo, comenzando a besarlo y realizando movimientos sexy, al tiempo que le metía mano entre las piernas para palpar el sexo de su esposo. Al instante comprobó que el mismo estaba excitado, y su pene ya mantenía una erección notable. Pronto le retiró el pantalón corto que se había puesto dejándolo completamente desnudo de medio abajo, sentado en el sofá. Observó el pene del mismo, que, aunque estaba erecto, se dio cuenta que no tenía comparación con el del joven vecino. No obstante, comenzó a jugar morbosamente con aquel, hasta que, en un momento dado, apartó su braga a un lado, procurando que su esposo no viera los restos de semen que habían descendido hasta depositarse en dicha prenda. Y, sin más, acercó su concha a la altura del pene de su esposo y se fue dejando caer.

Dada la lubricación que poseía y especialmente la cantidad de semen que aún le restaba depositada dentro de su panocha, fue suficiente para que se una sentada se clavara completamente la daga de su pareja. Al momento se percató que el pene de su esposo era una miniatura en comparación con la del vecino, no solo en longitud sino especialmente en grosor. Mantenía su vagina tan dilatada por las cogidas de la mañana, que apenas sintió la entrada del pene de Berto. No obstante, fingió sentirse atravesada, emitiendo sus clásicos gemidos y hasta gritos, que satisfizo a su esposo, el cual comenzó a abrazar la misma mientras aquella realizaba los movimientos de subir y bajar sobre su falo. Oh si Berto… así… dame más… ooo

Berto esta sorprendido con la facilidad con la que su mujer se había ensartado su pene. Notaba sumamente dilatada la vagina de su esposa, achacándolo a la calentura que aquella tenía, sin percatarse de la realidad. Aunque no se dio cuenta, la mujer logró visualizar mirando entre sus piernas, como el falo de su marido mostraba algunos restos blanquecinos, que pronto identificó como restos de semen del vecino que se adherían al pene de su esposo. Eso la terminó de encelar, y comenzó a saltar estrepitosamente sobre la polla de su esposo, sintiendo como al poco tiempo, se venía en una corría singular, no tanto por la fogosidad de la cogida, sino por la morbosidad de saber que estaba siendo follada por su esposo con semen de otro en su vagina.

Tras acabar se recostó sobre el sofá sin que se saliera el falo de su panocha, quedando en plan misionero sobre dicho sofá, instando al esposo a continuar fallándola. Aquel comenzó a penetrarla, y tras unos cuantos bombeos, como era casi de costumbre, pronto se vino dentro del coño de su mujer. Oh si mi amor… así córrete… vente dentro… oo sii… on cabronazo vas a terminar llenándome….

La mujer fingió bastante, pese a que apenas sintió el vertido del semen de su esposo en su dilatada y lubricada vagina. Cuando por fin, acabó, aquel se salió de ella, mostrando su pene que se había arrugado bastante, pero mostraba signos de semen por toda ella. Ella observó su vagina, mostrándosela al marido, donde salía algunas gotas de semen. Hizo esfuerzos para que brotara el semen acumulado del interior de su vagina, y ello sorprendió a Berto, ya que casi nunca había visto que descendiera su semen por la abertura del coño de su mujer tras una eyaculación suya.

Morbosamente, la mujer le dijo: ¡oh cabronazo! ¡Hoy me has llenado…! ¡se ve que tenías ganas!… ¿has visto como me has dejado? Mientras le mostraba restos de semen, y los labios vaginales aún inflamados.

Tras besarlo, se fue a duchar. Ya en la ducha, se tocó un poco al saber que tenía dentro de su vagina el semen de dos hombres al mismo tiempo. Se sonrió, al pensar que, no solo le había puesto los cuernos a su esposo con el vecino, sino que lo había incitado a poseerla, aún con semen de aquel dentro de ella.

continuara