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Historias del complejo turístico (23)

Llevaba años construyendo una vida sólida sobre el trabajo y la amistad, dejando el deseo en segundo plano. Pero cuando Mauro cruza su camino, la calma de sus rutinas se quiebra con una tensión que no puede ignorar. No es solo atracción; es la promesa de algo que ella creía haber dejado atrás.

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Comentario

Muchos lectores me han consultado sobre la historia de antecede a estos relatos.

Les comento que la historia que narra cómo fue que dejé mi vida anterior para cambiarme de ciudad y hacerme cargo del complejo turístico “Mi destino” está en esta web con el nombre “Sospechas y certezas” publicada por la autora lolalp, ya que en ese entonces tenía problemas para subirla con mi usuario.

Aprovecho para compartir con ustedes mi agradecimiento a todos los lectores que siguen estos relatos, a todos sus comentarios y principalmente a los incondicionales consejos, aportes y correcciones de la querida lolalp.

Prólogo

Hacía casi dos meses que habíamos decidido con Mora, comprar la camioneta. Para las compras del complejo, artículos de limpieza, alimentos, plantas, herramientas y demás, el auto muchas veces me obligaba a hacer más de un viaje.

Un vecino vendía su Toyota doble cabina con caja para comprar una más nueva y decidimos comprársela, no era una camioneta muy nueva, pero al tener caja, nos venía bien para todas las cargas.

Un domingo por la tarde, volvíamos para el complejo por la ruta once desde Pinamar, y Mora vio al costado de la ruta, una chica sola sentada en el pasto junto a una bicicleta.

-MORA: Pará Gabi, esa chica está llorando!

Puse las luces intermitentes y bajé a la banquina, retrocedí unos metros y Mora bajó de la camioneta.

Habló un momento con ella y cuando las dos se acercaban a la camioneta, me bajé para saludar.

Mora nos presentó, subimos la bicicleta a la caja y fuimos para el complejo.

Esa noche se quedó a dormir en el complejo, nos contó lo que venía ocurriendo en su vida y al día siguiente se fue con un amigo.

No supimos más de ella, hasta poco más de un año después.

Una tarde, después de asentar las reservas y contestar los mail, sonó el teléfono, y cuando me dijo quien era, la reconocí inmediatamente, nos visitaría por dos semanas en el mes de enero.

Y fue en esos días cuando pude completar su historia.

La historia de Marina

Primera parte

Desde muy chica, desde que tuve mi primera bicicleta a los seis años, gran parte de mi vida ha sido sobre dos ruedas.

Desde ese entonces, ha sido mi principal medio de trasporte, desde que tuve la “bici” quería ir pedaleando a todos lados, incluso a esa edad, quería hacer esas catorce cuadras hasta la escuela, allá en Villa Elisa donde vivíamos en ese entonces.

Me llamo Marina Anahí De la Fuente, nací allí, en esa localidad al norte de La Plata donde viví hasta mis once años.

Mi familia está compuesta por mi mamá Fernanda Morán, mi papá Luis Ismael De la Fuente y mi hermano más grande, casi cinco años mayor que yo, Rodrigo De la Fuente.

No sé por qué siempre me gustaron las bicicletas, mi hermano tenía una y siempre que podía, se la usaba, con su permiso o sin él, lo que me llevó varias veces a recibir las broncas de su parte.

Les insistí tanto a mis padres que quería una para mí, que para el día del niño de ese primer año de la primaria, me la regalaron.

No era nueva por supuesto, nuestra situación económica en esa época era bastante dura, mi papá trabajaba en el mercado regional de frutas y verduras, y mamá trabajaba de empleada doméstica por horas en varias casas de la zona.

En esa época, cuando salía de la escuela, me juntaba con los chicos y chicas del barrio y dábamos vueltas en bicicleta durante toda la tarde, hasta que caía el sol, mamá y papá me decían siempre que de noche no anduviera por la calle.

Recién al año siguiente, en mi segundo grado me permitieron ir a la escuela en la bici, y a partir de allí, fue mi medio de transporte hasta el día de hoy.

Gracias a mis padres pude estudiar, después de la primaria, nos mudamos a otro barrio de la periferia de la ciudad, esta vez al sur, en Arana, detrás del cementerio de la ciudad.

Mi padre había conseguido trabajo en un campo de esa zona y nos mudamos para allí.

Durante toda la escuela secundaria, seguí yendo en la bici, aunque iba en el turno de mañana y mamá siempre me decía que en invierno hacía mucho frio para ir en bicicleta, yo lo hacía igual.

Siempre me gustó recorrer la ciudad en la bici, mirar todo, conocer nuevas calles, me gustaba tomar diferentes caminos para elegir el más lindo.

Viviendo en Arana, terminé la escuela secundaria, mi hermano mayor había decidido no seguir estudiando y trabajaba con papá en el campo, yo quería estudiar enfermería y mis padres me dijeron que me pagarían los estudios, siempre y cuando lo hiciera responsablemente, es decir que no perdiera el tiempo.

Por supuesto les dije que así lo haría, no sé por qué siempre me había gustado ser enfermera, nadie en la familia lo era, pero desde chica quería serlo.

Me inscribí en la Universidad de la ciudad, la carrera era de tres años, con posibilidad de hacer dos años más y conseguir el título de licenciada en enfermería.

Los gastos de la facultad les implicaban a mis padres un gran esfuerzo, y decidí buscar un trabajo de medio tiempo para poder solventar parte de los gastos de mis estudios.

A mediados del primer año, conseguí, por una compañera de estudios, un trabajo en una casa de ropa, cursaba por las mañanas y trabajaba cuatro horas por la tarde, no era un gran sueldo pero cubría mis gastos en libros, útiles, fotocopias y demás cosa de la facu. Incluso me sobraban algunos pesos que les dije a mis padres que los aportaría a la economía de la casa, cosa que no aceptaron, como con mi trabajo no generaba gastos en casa, mis padres me dijeron que ese dinero lo ahorrara para lo que quisiera comprarme.

Con varios meses de ahorro, y vendiendo mi bici playera, compré mi primera mountain bike, rodado veintiséis con veintiún velocidades, por supuesto usada, comprada a una compañera de la facultad.

Durante mis estudios de enfermería, me empecé a plantear el estudiar medicina, me iba interesando también la posibilidad de ser doctora y traumatóloga en particular.

En esa época conocí a Cristian, el que pude considerar mi primer novio, sobre todo por lo que llegué a sentir por él. Aunque ya había tenido relaciones con dos chicos siendo más chica, y que había perdido la virginidad con Martín, el segundo de ellos, puedo decir que fue con Cristian donde conocí el placer de hacer el amor, yo me había enamorado de él, y en ese momento creía que él de mí, pero casi un año después, cuando yo sentía que estábamos bien, una tarde lo vi caminando por el centro abrazado a otra chica, luego besándose y riendo como enamorados.

Por supuesto cuando lo confronté me confirmó que se había enamorado de ella y que ya no quería seguir viéndome.

Eso me hizo mierda, por primera vez me sentía enamorada de un hombre y de repente y sin esperármelo, todo se terminó.

Me costó mucho tiempo asumir lo que había ocurrido y sacar a Cristian de mi vida.

Como una forma de dejar de pensar en él y en que me había dejado, me dediqué de lleno a los estudios.

Cursando el último año de enfermería, también me interesé por la kinesiología, y decidí, en vez de estudiar medicina, estudiar esa carrera a partir del año siguiente.

A los veintidós años me recibí de enfermera y al año siguiente comencé las prácticas en uno de los hospitales públicos de la ciudad de La Plata, conjuntamente con la cursada de kinesiología.

Por supuesto mis padres me bancaron, la carrera de kinesiología la cursaba en una universidad privada y el primer año, mis padres me pagaban la cuota mensual.

Para el segundo año, ya comencé a trabajar como enfermera en un sanatorio privado y pude ser yo quien solventaba la carrera.

En el sanatorio cubría turnos de ocho horas por las tardes de catorce a veintidós y de veintidós a hasta las seis de la mañana, ya que en la facultad cursaba por las mañanas.

El estudiar y trabajar me ocupaban todo el día, me implicaban pocas horas de sueño y descanso, incluso los fines de semana que no cursaba los aprovechaba para estudiar.

Lógicamente con estos horarios, mi vida social se había reducido solo a alguna salida para el cumpleaños de familiares, amigos o compañeros de trabajo, no me juntaba con amigos ni salía los fines de semana.

Pero en el sanatorio, conocí a Eva, una enfermera con la que coincidíamos en los turnos y nos hicimos amigas, y en muchas ocasiones, antes de entrar o al salir de nuestro turno, nos tomábamos un café en el buffet del sanatorio y nos contábamos nuestras cosas.

Ya en el tercer año de la carrera, a mis casi veintiséis años, por cuestiones de un trabajo en grupo para una materia, me empecé a relacionar con Facundo, ya nos conocíamos desde el principio, pero nunca habíamos hablado más allá de algunas cuestiones de los estudios.

El es oriundo de Saladillo, una localidad del interior de la provincia y había venido a la ciudad a estudiar, vivía solo en un departamento que sus padres le pagaban todos los meses, más el dinero necesario para mantenerse, hasta que ambos fallecieron en un accidente de tránsito.

En los encuentros que teníamos por ese trabajo, nos empezamos a conocer, era muy simpático y educado, de buen trato y de conversación interesante en cualquier tema.

Poco a poco nos fuimos conociendo y haciéndonos amigos, tanto que ya nos contábamos muchas cuestiones personales.

Cuando una tarde hablábamos de parejas, Facundo no podía creer que hiciera tanto tiempo que no estaba con ningún hombre. Él me contó que a pesar de no estar enamorado de ninguna mujer, cada cierto tiempo tenía relaciones esporádicas, con chicas que conocía en alguna salida, o con algunas de la facultad.

Como yo andaba todo el tiempo en la bicicleta, Facundo empezó también a pedalear en la suya cada vez que íbamos de aquí para allá, incluso empezó a ir a la facultad también en bicicleta, y cuando nos íbamos a su departamento a estudiar, lo hacíamos los dos pedaleando.

Un sábado en la noche, estábamos en su departamento trabajando en una entrega que teníamos que hacer el lunes. Veíamos que no nos estaba alcanzando el tiempo, y decidimos trabajar toda la noche de ese sábado y la madrugada del domingo ya que yo tenía franco en el sanatorio.

El amanecer nos encontró en el comedor de su casa, con el trabajo casi terminado, solo nos faltaba terminar de escribirlo en la computadora y dejarlo listo para el lunes.

Facundo fue a comprar unas medialunas para desayunar y mientras volvía, me quedé dormida sobre la mesa.

Me despertó al volver y desayunamos las medialunas con un café con leche para cada uno.

Cerca de las nueve de la mañana, le dije que ya no daba más, que necesitaba dormir un poco, me ofreció su cama y decidí recostarme.

Cuando me desperté sin saber qué hora era, me encontré con que Facundo estaba dormido a mi lado, yo le daba la espalda y él me tenía abrazada haciendo cucharita.

Lejos de molestarme, me sentí bien, era un buen chico, nos llevábamos bien y nunca me había hecho ninguna propuesta que fuera más allá de la amistad.

Necesitaba levantarme para ir al baño, intenté retirar su brazo sin despertarlo, pero me fue imposible, cuando me giré, Facundo abrió los ojos, y algo sorprendido por la situación me dijo:

-FACUNDO: Perdón Marina! No me di cuenta! Estaba también reventado y me recosté un rato!

-MARINA: No pasa nada Facu! Estábamos los dos agotados, fueron demasiadas horas!

-FACUNDO: Pero ya casi lo tenemos listo!

Le dije que necesitaba ir al baño, y cuando se movió para que me pudiera levantar, me pude dar cuenta, por el bulto en su pantalón, que tenía una erección.

Lejos de molestarme, entendí que podría ser una erección al despertar, o quizás provocada por el contacto con mi cuerpo.

Al salir del baño, le dije que prepararía unos mates para poder terminar el trabajo.

Mientras tomábamos unos mates, yo terminé de escribir el trabajo y cerca de las cinco de la tarde, ya lo teníamos listo.

Esa tarde estaba lloviendo, y para cuando pensaba volver para casa, llovía muy fuerte aún.

Facundo me dijo que no saliera en la bicicleta con semejante lluvia y que me podía quedar el tiempo que quisiera, el tampoco iba a salir con ese día.

-FACUNDO: ¿Querés que descansemos otro rato? Ya lo tenemos terminado!

Pensé en su propuesta, volver a recostarnos, significaba hacerlo en la misma cama, pero tenía tantas ganas de acostarme, que terminé aceptando, además, no me había desagradado el despertarme junto a él, en esos momentos, era el hombre más cercano en mi vida, con el que compartía más tiempo.

Nos recostamos, los dos mirando hacia el techo, conversamos algunas cosas del trabajo, hasta que en un momento Facundo se giró hacia mi lado y me miró.

-FACUNDO: Mari, ¿puedo decirte algo?

-MARINA: Si, claro!

-FACUNDO: Me encantó despertarme con vos hace un rato!

-MARINA: Te digo la verdad, a mi también! Cuando abrí los ojos y sentí que me tenías abrazada, no me molestó, de hecho, estuve un rato así hasta que necesité ir al baño, y ahí te despertaste!

-FACUNDO: ¿Te puedo ser sincero?

-MARINA: Dale!

-FACUNDO: Me encantaría volver a despertarme así, pero más me gustaría abrir los ojos y ver que los dos estamos desnudos después de haber disfrutado un buen momento juntos!

Aunque no me sorprendió, no me lo esperaba tan directo, y a decir verdad, el tiempo que llevaba sin estar con un hombre, haber visto su erección hace unas horas, y escuchar eso, despertaron en mí, esa parte de mi ser que llevaba dormida desde hacía tanto tiempo.

Me giré también para su lado quedando frente a frente a unos centímetros de distancia, lo miré a los ojos y acerqué mi cara a la suya y sin dudarlo, lo besé.

-MARINA: Hace mucho tiempo que no estoy con un hombre, y en verdad me gustaría pasar un buen momento con vos!

-FACUNDO: Estoy seguro que será un gran momento, y si sigo siendo sincero, desde hace mucho tiempo estoy deseándolo!

-MARINA: Además con este día, que mejor que quedarse en la cama!

-FACUNDO: Y con tan hermosa mujer!

Nos volvimos a besar, y sentí sus manos acariciando mi brazo y mi espalda, fue un beso suave, lindo, en verdad Facundo besaba muy bien.

Poco a poco las caricias y los besos fueron subiendo de tono, nuestras lenguas se encontraron y la pasión se desató, nos desnudamos mutuamente y nos acariciamos y besamos lentamente, Facundo fue muy tierno y cariñoso, me estaba haciendo volver a vivir esas sensaciones que tenía guardadas y que hacía tiempo no sentía.

Aunque al principio estaba un poco nerviosa, después de tantas caricias y besos apasionados, mi maquinaria corporal se fue soltando y la conexión de nuestros cuerpos fue inmediata.

Bajé mi mano buscando su erección y me encontré con la pija más grande que había tenido en mis manos, tampoco es que tuviera muchas para comparar, y a pesar de no ser de las que se suelen ver en las películas porno, tenía un buen tamaño y estaba muy dura.

Nos acostamos en su cama y nos volvimos a besar mientras nos acariciábamos.

Su boca fue descendiendo entre besos hasta llegar a mis tetas, las besó delicadamente, metiéndose mis pezones en su boca, y succionándolos excitantemente, por momentos incrementaba la presión de sus labios en ellos, provocándome una corriente eléctrica en todo mi cuerpo.

Sus manos me recorrían por completo, sin dejar ni un centímetro de mi cuerpo sin acariciar.

Su boca siguió camino a mi pubis y de allí a mi conchita, que a esa altura, ya estaba toda mojada.

Con su lengua recorriendo mi clítoris tuve un orgasmo que me hizo temblar las piernas.

Me dejé hacer, cada movimiento de sus manos, de sus dedos, de su boca, de su lengua, me daba un placer inmenso.

Su lengua recorriendo la parte interna de mis muslos, me provocaba un placer desconocido, su lengua recorriendo mi espalda desde la nuca hasta el culo, me erizaba la piel.

Me moría de placer y aún no me había penetrado, para cuando llegara ese momento, ya había tenido tres orgasmos.

Me recompuse y busqué devolverle el placer que me estaba dando, acaricié su pija lentamente, llegando hasta sus testículos y volviendo a subir hasta su glande.

Después me la fui metiendo poco a poco en la boca, lamiendo su glande, y lo que cabía en mi boca.

Por momentos solo lo masturbaba lentamente, para luego volver a chupársela mientras acariciaba sus piernas y su culo.

Me dijo que estaba por acabar, pero que antes deseaba estar dentro de mí, me lo dijo de una forma tan dulce y sensual, que no pude más que abrir mis piernas para que me cogiera como quisiera, estaba totalmente entregada.

La penetración fue lenta entrando en cada embestida un poco más, hasta que toda estuvo adentro.

Para cuando comenzó con el vaivén, tuve otro orgasmo más.

Me siguió penetrando un momento más, después se acostó y yo me senté en su erección, empotrándomela por completo, nunca antes había sentido algo así.

Mis movimientos fueron de atrás hacia adelante, de arriba hacia abajo y haciendo círculos, Facundo enderezó su cuerpo y quedé sentada sobre él y mi pecho contra el suyo.

En esa posición, tuve un nuevo orgasmo, y luego de varios sentones, le dije que si estaba por acabar, que lo hiciera en mi interior, yo tomaba pastillas.

Su orgasmo llegó unos minutos después, junto con otro orgasmo mío.

En verdad había sido algo maravilloso, me había sentido como nunca antes.

Cuando desperté, ya era de noche nuevamente y estaba sola en la cama, me volví a poner la ropa interior y la remera que tenía puesta.

Pasé por el baño y fui a la cocina buscando a Facundo, lo encontré preparando algo para comer.

-FACUNDO: ¿Descansaste Mari?

-MARINA: La verdad es que descansé muy bien!

-FACUNDO: Sos una mujer increíble Mari! Me encantó, realmente lo disfruté mucho!

-MARINA: La verdad es que yo también, hacía mucho tiempo que no estaba con un hombre, y la verdad es que al principio estaba un poco nerviosa, pero fuiste muy tierno y cariñoso, me pude aflojar y me dejé llevar, en verdad lo disfruté mucho también, como nunca antes.

Después de cenar, me dijo si quería quedarme esa noche en su casa, y por supuesto acepté, para qué negarlo, había vuelto a sentir lo que hacía mucho no sentía, y sobre todo porque Facundo, me había tratado muy bien.

Lógicamente esa noche lo volvimos a hacer, y lo volví a disfrutar, dos orgasmos más le di esa noche.

A partir de ese fin de semana, empezamos a estudiar juntos todas las materias, algunos días en la semana, y también algunos fines de semana, me quedaba a dormir en su casa, y por supuesto hacíamos el amor todas esas veces.

En esos encuentros disfrutaba tremendamente, Facundo me hacía gozar como nadie lo había hecho antes, y yo me esmeraba en hacerlo gozar también, nuestra conexión era magistral.

Siempre lo aclaramos, siempre nos fuimos sinceros, ninguno de los dos sentía estar enamorado del otro, nos consideramos amigos que además se disfrutaban teniendo sexo, y si en algún momento alguno de los dos, conocía a alguien más, seguiríamos siendo tan solo amigos.

Cuando empecé a quedarme algunas noches en su casa, se los conté a mis padres, les dejé en claro que no éramos novios, pero que nos llevábamos muy bien, nos complementábamos en los estudios y que por supuesto teníamos relaciones sexuales. Ambos me dijeron que querían conocerlo, a mi papá, le costó un poco más entender nuestra relación, mi mamá lo entendió de una, y cuando lo conocieron, y vieron la clase de hombre que era, lo aceptaron sin problemas.

Una tarde que estábamos solas, hablamos con mi mamá de Facundo.

-FERNANDA: Mari, me gusta Facundo para vos, parece un buen chico, ¿creés que te podrías enamorar de él?

-MARINA: Nos llevamos muy bien mamá, me da un poco de vergüenza contarte esto, pero en la cama también nos llevamos muy bien, pero por el momento, no siento estar enamorada de él, y como vos decís, Facu es un buen chico, lo quiero mucho, y sobre todo me trata muy bien y me respeta mucho más.

-FERNANDA: Me di cuenta, es un chico muy educado y ubicado, veo que te cuida mucho, y si te llegaras a enamorar de él y el de vos, yo estaría feliz!

-MARINA: El tiempo lo dirá mami! Por ahora los dos lo tenemos en claro, y lo hemos hablado también, él tampoco siente estar enamorado de mí, y si en algún momento alguno de los dos se enamora de alguien más, seguiremos siendo tan solo amigos.

El quinto y último año de la carrera, con las cursadas aprobadas, empecé a entrenar en la bicicleta para intentar participar en alguna competencia, salía a pedalear al menos una hora por día a buen ritmo.

En el mes de junio de ese año, Facundo conoció a una chica, y nuestros encuentros sexuales se terminaron, seguimos estudiando juntos y preparando los exámenes finales, pero ya no me quedaba a dormir en su casa.

Cuando me lo contó, me alegré por él, le dije que si se generaba algún problema con mi presencia en su casa, lo entendería, pero él me dejó en claro, que Cecilia ya sabía de mi existencia, y que seguiríamos siendo amigos y compañeros de estudio, y que incluso le había dicho de nuestras relaciones cuando me quedaba a dormir en su casa.

Cuando la conocí, un sábado estudiando en su casa, me pareció una chica muy agradable, esa noche me insistieron en que cenara con ellos, y todo quedó bien claro, entre nosotras sobre todo, le dije que no tenía ninguna intención de generar ningún tipo de problema entre ellos, pero Cecilia me dijo que me quedara tranquila, que ella estaba al tanto de lo que habíamos tenido, y que eso era parte del pasado de Facundo, tanto como ella también tenía un pasado con otro chico, y qué Facu también estaba al tanto de eso.

Después de varios encuentros, nos fuimos conociendo, y puedo decir también que empezamos a hacernos amigas.

Rendimos todos los exámenes con Facu, el último final, con el que nos recibiríamos, también lo rendimos juntos.

Ese día vinieron sus padres de Saladillo, y por supuesto, mi familia también estaba presente esa tarde en la facultad.

Los dos aprobamos el examen, y luego de la tradicional enchastrada con huevos y papel picado, hicimos un asado en casa para festejarlo con Facundo y su familia, Cecilia, mi familia y algunos amigos de ambos.

Después de la agradable cena, con Facu, Cecilia y los amigos, nos fuimos a un bar para seguir con los festejos.

Nos divertimos mucho esa noche, terminamos todos casi borrachos, menos Facu, que tenía que manejar, y cerca de las cinco de la mañana, con Cecilia me llevaron hasta casa.

El año siguiente, pedí en el sanatorio, un horario fijo para trabajar, Alberto Morales, uno de los profesores de la carrera, tenía un instituto de kinesiología dedicado al deporte, y por mis excelentes trabajos y calificaciones, me ofreció allí una pasantía, los primeros seis meses sin cobrar sueldo, y luego sí me gustaba el trabajo, y él estaba conforme conmigo, podría seguir trabajando allí, como parte del staff.

Por supuesto acepté y a partir del mes de febrero, trabajaba por las mañanas en el sanatorio, desde las seis hasta las dos de la tarde, a las tres entraba en el instituto, y salía a las nueve de la noche.

Era un gran esfuerzo para mí, en el sanatorio tenía franco los domingos, y en el instituto trabajaba de lunes a viernes.

El trabajo en el instituto me gustaba mucho, y Alberto estaba muy conforme con mi trabajo, después del sexto mes, me ofreció seguir trabajando con él, y el salario era bastante más importante que en el sanatorio, al llegar a casa, lo hablé con mis padres y decidí dejar la enfermería por el momento, y dedicarme a la kinesiología del deporte.

Si bien me gustaba ser enfermera, la kinesiología me había atrapado y decidí tomar ese camino.

Lo llamé a Facundo para contarle y pedirle su opinión y me dijo que estaba muy bien, que se sentía orgulloso de mí, y que si las cosas no iban bien, siempre podría volver a tener un trabajo como enfermera.

Del sanatorio, me quedó un buen recuerdo, y mi supervisora me dijo que si en algún momento necesitaba una referencia, no dudara en avisarle, que siempre había estado muy conforme con mi trabajo y con mi trato con los pacientes.

A pesar de tener buen trato con las compañeras y compañeros, a la persona que me llevé como amiga para la vida, y a la que iba a extrañar mucho, era a Eva, a la que siempre le hacía la broma diciéndole cuando me iba a presentar a su Adán, aunque en el tiempo que llevamos de conocernos, solo había tenido amigovios, pero nada permanente, el médico que a ella le gustaba, no le daba pelota más allá de lo laboral.

A partir de ese momento, comenzó un tiempo un poco más relajado, en el instituto entraba a las ocho de la mañana y trabajaba hasta las cuatro de la tarde, y luego me quedaba tiempo para entrenar, seguía con la idea de participar en alguna carrera en bicicleta.

Llevaba casi cinco meses trabajando en el instituto, cuando una mañana, Alberto me dijo que tenía que hablar conmigo.

-ALBERTO: Mari quería hablar con vos, estoy muy conforme con tu trabajo, sos muy buena en lo tuyo, y tengo una propuesta para hacerte.

-MARINA: Decime Alberto!

-ALBERTO: Un amigo, que está en la comisión de un club importante, está buscando kinesiólogo para el equipo de vóley femenino de primera división, y yo le comenté que podría tener a la persona indicada, pero primero lo quería hablar con vos.

-MARINA: ¿Y cómo sería eso? ¿Podría seguir trabajando acá?

-ALBERTO: Si quisieras por supuesto, el trabajo en el equipo, sería los días que entrenan y los sábados que tienen partido, entrenan dos o tres días por semana y juegan siempre los sábados, y tengo que decirte, que tendrías un salario más que importante.

-MARINA: ¿Y vos crees que puedo andar bien en ese trabajo?

-ALBERTO: Por supuesto! Y por eso es que te lo propongo, pero no te asustes, yo te voy a ayudar en el primer tiempo, pero estoy seguro qué rápidamente estarás a tono. Si aceptas, programo una reunión con el presidente y la conducción del equipo, ¿qué decís? ¿Te animás?

-MARINA: Supongo que sí, aunque tengo que decirte qué me da un poco de miedo no estar a la altura!

-ALBERTO: De eso nada, se lo que te gusta tu trabajo y el empeño que pones, tenés un futuro enorme, y esta es una buena oportunidad, hagamos una cosa, pensalo bien, háblalo con quién vos quieras, y cuando tomes la decisión, me das una respuesta.

-MARINA: Lo hablaría con mi familia, pero casi te diría que acepto, pero mañana te doy la respuesta definitiva.

-ALBERTO: Perfecto! Y si aceptás, armo la reunión, y por supuesto te voy a acompañar!

-MARINA: Muchas gracias Alberto!

Esa tarde al llegar a casa, se lo conté a mamá, y luego a papá cuando llegó con mi hermano, por supuesto se alegraron por mí, era una posibilidad importante de trabajo, y que seguramente podría abrirme otras puertas.

Lo llamé a Facundo para contarle y se alegró por mí, me dijo que me lo merecía y que lo tendríamos que festejar.

Al día siguiente se lo confirmé a Alberto, y el viernes de esa semana, fuimos al club para la reunión.

Alberto me presentó a Néstor Noguera, el presidente del club, a Mariano Rifurcatt, el director técnico y a Patricio Bonardo, el preparador físico.

Aunque estaba muy nerviosa, la reunión fue muy amena, y después de la firma del contrato, nos fuimos con el director técnico y el preparador físico, a conocer al plantel.

Me presentaron una a una a todas las chicas, todas entre los diecisiete y los veintiséis años, y para mí sorpresa, entre ellas estaba Maite, habíamos sido compañeras en la secundaria, al verme me abrazó, y se alegró de que yo estuviera en el equipo.

Maite era una de las chicas más grandes, y una de las más antiguas en el equipo, jugaba en el club de que tenía dieciocho años, y había sido una jugadora fundamental en el ascenso a primera división.

Y así fue como empezó mi carrera como kinesióloga en un equipo deportivo.

Lo llamé a Facundo para contarle como me había ido, se puso muy contento, y me dijo que el sábado era su cumpleaños, y me invitó a su casa, por supuesto le dije que allí estaría.

Hacia unos días que se habían mudado con Cecilia, a un nuevo departamento un poco más grande.

Ese mismo sábado, fui al primer partido con las chicas, en ese primer partido trabajamos junto con el preparador físico en los movimientos pre competitivos y los regenerativos luego del partido.

En verdad me sentí muy cómoda y bien recibida por todo el equipo, aunque en esta fecha, nos tocó perder.

Volví para casa, le conté a mamá cómo me había ido mientras tomábamos unos mates, y luego me fui a bañar y a cambiar para ir a casa de Facundo.

Decidí llegar un poco más temprano, para ayudarlo en los preparativos, y de paso contarle de mi nuevo trabajo.

Cuando llegué, fue Facundo quién abrió la puerta.

-MARINA: Feliz cumple Facu!

-FACUNDO: Muchas gracias Mari! Pasá!

Cecilia estaba en la cocina preparando todo.

-MARINA: Hola Ceci, ¿cómo estás?

-CECILIA: Hola Mari muy bien, ¿vos?

-MARINA: Muy bien Ceci, ¿en qué les ayudo?

Entre los tres fuimos preparando todo en los platos y sirviendo la mesa.

A eso de las nueve de la noche, empezaron a llegar los amigos y amigas de Facundo.

Me fue presentando a los que no conocía, y antes de las diez de la noche, había más de veinte personas en su casa.

Dos de los últimos en llegar, fueron Andrés y su hermano Mauro.

Andrés era amigo de Facundo de la escuela secundaria, y Mauro, dos años mayor, hacia un par de meses había vuelto a la ciudad, hacía un par de años vivía con su esposa en la ciudad de Córdoba, y al separarse había vuelto a La Plata.

Al verlo, me pareció un chico muy lindo, con una linda sonrisa y muy simpático, hasta pensé en ese momento, que me gustaría conocerlo.

La noche fue bien movidita, ese departamento era un jaleo, sobre todo por el alcohol que corría sin cesar.

En un momento, cuando me senté a la mesa, lo hice al lado de Mauro y nos pusimos a conversar.

Hablamos un poco de mi trabajo, de mi gusto por la bicicleta y él me contó, entre otras cosas, que había vuelto a la ciudad luego de su divorcio, y que estaba buscando trabajo, que ese mismo lunes, tenía una entrevista en una empresa constructora.

Mauro no era muy adepto a la bebida, y junto conmigo, éramos los únicos dos que se podía decir que estábamos en nuestros cinco sentidos.

Hubo música, baile, bebida, la tradicional torta de cumpleaños con su vela, bebida, y más bebida.

A eso de la una de la mañana, dijeron de irnos todos a un bar a seguir allí con el festejo.

En verdad estaba un poco cansada y tenía más ganas de ir a casa a descansar para entrenar al otro día, que seguir la noche.

Pero cuando dije de irme a casa, Facu me insistió que fuera, y Mauro me dijo que fuera aunque sea un rato, y que si quería, él después me llevaba hasta casa.

Al final, fuimos todos a un bar a seguir con el cumpleaños, y por supuesto a seguir tomando.

En el bar, Mauro se quedó conmigo y seguimos conversando, en verdad me sentía muy cómoda con él, siempre educado, y a pesar de todo lo que pasaba a nuestro alrededor, no tuvo ninguna actitud de levante conmigo.

Pasadas las cuatro de la mañana, le dije a Facu que me iba para casa, estaba bastante borracho, al igual que Cecilia, pero me preguntó como volvía, y fue Mauro quien le dijo que me llevaba hasta casa.

Nos despedimos de todos y salimos del bar, de camino a casa, fuimos charlando y cuando llegamos, pasó lo que imaginaba y que en verdad estaba esperando.

-MAURO: Marina, me encantó conocerte, la pasé muy bien esta noche, y me gustaría volver a verte, se que estás ocupada, pero quizás en algún momento, podamos tomarnos un café.

-MARINA: A mí también me encantó conocerte, y también la pasé muy bien. Por supuesto me encantaría, ¿qué te parece si te llamo en la semana y nos encontramos?

-MAURO: Perfecto, agendá mi número, y cuando puedas me llamás!

-MARINA: Dale! Muchas gracias por traerme!

-MAURO: Al contrario! Te agradezco yo por permitirme traerte! Y quedarme tranquilo que llegaste bien!

Nos despedimos con un beso en la mejilla y bajé de su auto, esperó hasta que entré en casa, y nos volvimos a despedir con la mano.

Me había caído muy bien ese chico, muy simpático y educado, y por supuesto tenía ganas de volver a verlo, me había gustado mucho su forma de tratarme, su sonrisa y su mirada, ¿pasaría algo con él? Ya lo descubriría en nuestro próximo encuentro, pero había despertado algo en mí, y me daría y le daría la oportunidad de conocernos.

No puedo mentir, el domingo mientras pedaleaba entrenando, pensaba en que ya quería volver a verlo, pero no quería parecer desesperada.

Me aguanté hasta el jueves, al salir del instituto, cómo ese día las chicas no entrenaban, decidí llamarlo para ver si nos podíamos encontrar.

Me dijo que salía del trabajo a las cinco, pero que después de esa hora no tenía problema.

Decidí no volver a casa, y le dije de encontrarnos en un café del centro, cerca de su trabajo.

Con la bici, llegué en diez minutos y me senté a esperarlo.

No habían pasado ni diez minutos de las cinco de la tarde, cuando lo vi entrar, venía con un traje gris, una camisa blanca sin corbata y con unos zapatos negros, estaba muy lindo.

Cuando me vio, se acercó a la mesa y nos saludamos con un beso.

-MARINA: Hola Mauro! Si sabía que era de etiqueta, pasaba por casa a cambiarme!

-MAURO: Hola Marina! En realidad es mi ropa de trabajo, todos van de traje, y no quería ser menos, pero vos estás muy bien vestida!

-MARINA: Si! Una modelo! En realidad como ando todo el tiempo en bicicleta, siempre voy en ropa deportiva!

-MAURO: Está muy bien! Me alegra mucho que hayamos podido volver a encontrarnos, y sin tanta gente!

-MARINA: A mí también, tengo que reconocer que me caíste muy bien!

-MAURO: Desde que me divorcié ya hace casi siete meses, no había tenido ganas de interactuar con ninguna mujer, pero el sábado, dije, ¿por qué no? Me pareciste una hermosa mujer, y cuando hablamos, me dio ganas de conocerte.

-MARINA: ¿Cuánto estuviste casado?

-MAURO: Poco más de dos años, pero la descubrí en una infidelidad y ya no quise seguir con ella, estuve unos meses en Córdoba por el trabajo, pero decidí volver para acá, ya nada me ataba a esa ciudad, solo algunos amigos.

-MARINA: Que bueno que conseguiste el trabajo!

-MAURO: Por suerte! Mis viejos me bancaron de vuelta en su casa, pero ni bien pueda, me alquilo algo, no puedo pretender que a los veintisiete años me sigan manteniendo.

Hablamos por más de dos horas, y en verdad, me sentía muy cómoda con él, después de eso nos despedimos, y quedamos en encontrarnos el domingo por la tarde.

Esa tarde, además del café, paseamos caminando un poco por el centro.

Después de esos encuentros, por supuesto, vinieron varios más, todas las semanas nos encontrábamos por la tarde a conversar de nuestras cosas, y a medida que lo iba conociendo, más me gustaba pasar tiempo con él.

Poco más de un mes después, mientras nos tomábamos el café, me preguntó si me gustaría cenar con él, el viernes o el sábado, le dije que prefería el sábado, aunque era día de partido, el domingo no tenía que madrugar, los sábados me levantaba muy temprano, y si cenábamos el viernes, no podría acostarme muy tarde.

Ese mismo sábado quedamos en cenar juntos, me preguntó si iría en bicicleta, me reí y le dije que no, entonces se ofreció en pasarme a buscar por casa.

El sábado volví a eso de las seis de la tarde, tomé unos mates con mi mamá contándole del partido, que esta vez habíamos ganado, y luego me fui a bañar y a prepararme, para estar lista a las ocho y media, hora en que Mauro me vendría a buscar.

Mientras me bañaba, pensaba si se los presentaría a mi familia, aunque ya sabían de él porque les había contado, aún no lo conocían personalmente.

Para no tomarlo por sorpresa, cuando salí de bañarme le mandé un mensaje, preguntándole si tenía problemas en conocer a mi familia, me puse muy contenta cuando me dijo que le encantaría conocerlos.

Me terminé de arreglar, y le conté a mamá qué Mauro vendría a buscarme y que se los quería presentar.

A eso de las ocho llegaron mi papá y mi hermano, y se los comenté a ellos también.

A las ocho y media en punto sonó el timbre, y fui yo quien abrió la puerta.

Estaba muy lindo con una camisa blanca, un pantalón de jean azul oscuro y zapatillas blancas.

Papá, mamá y mi hermano estaban en el comedor, fuimos hasta allí y se los presenté a los tres y le presente a él a mi familia, mi mamá estuvo simpática, pero papá algo más distante, conversamos un momento y veía como papá lo estudiaba, intentando ver qué clase de hombre se llevaría a su nena, aunque de nena ya no me quedaba nada.

Nos despedimos y salimos de casa, al subir al auto le pregunté que le habían parecido mis padres.

-MAURO: Tu mamá me pareció re simpática, pero tu papá no me pareció muy conforme conmigo, al menos por cómo me miraba.

-MARINA: Papá es un poco más corto, pero es un buen tipo, y desde ya te digo que le caíste bien, de lo contrario hubiera puesto cara de culo!

Me llevó a cenar a un restaurante del Camino Centenario, uno al que nunca había ido.

El lugar era hermoso, y la cena estuvo fantástica. En verdad me hubiera dado lo mismo sí me hubiera llevado a comer una hamburguesa a un carrito, a mí me gustaba estar con él, y ya no lo podía ocultar más, poco a poco me había enamorando de él.

Después de la cena, me propuso ir a tomar algo a un bar, si no estaba muy cansada por supuesto.

Cansada estaba, ese día había sido muy largo, pero quería aprovechar esa noche y disfrutarla lo más que pudiera.

Nos fuimos a un bar donde había espectáculos musicales frente a un centro cultural, allí sí que me tomé una cerveza, después de todo era sábado y al otro día podría dormir hasta más tarde.

Cerca de las cuatro de la mañana, después de conversar, de reírnos, y hasta de bailar, qué no es mi fuerte, volvimos para casa.

-MAURO: Mari, me gustó mucho esta noche, la pasé realmente muy bien, y me encantaría que se repita, en verdad cada encuentro que tenemos me resultan cada vez más cortos, y cuando nos despedimos, ya estoy deseando el próximo.

-MARINA: Te mentiría si te dijera que a mí no me pasa lo mismo, hoy la verdad estaba reventada, pero tenía ganas de estar más tiempo con vos.

Y dentro de su coche, estacionado en la puerta de casa, pasó lo que estaba deseando, se acercó lentamente y mi besó, nos besamos.

-MAURO: Me gustas mucho Mari, y quiero hacer las cosas bien con vos, me encanta estar a tu lado, y cada vez lo deseo más.

-MARINA: Me pasa igual Mauri, me gusta mucho estar con vos, y si te soy sincera, no me conforman nuestros encuentros, siento que necesito que nos veamos más, y me gustaría intentarlo.

-MAURO: No quiero que apresuremos las cosas, prefiero que vayamos paso a paso, pero si ambos lo deseamos, también me gustaría intentarlo, me parecés una mujer hermosa, por donde se te mire, tu sonrisa me tiene atrapado, me encanta como sos y tu forma de mirarme me derrite.

-MARINA: Vos también me gustas Mauri, y mucho, y estoy sintiendo que puedo y quiero, sentirme bien con vos.

Nos volvimos a besar, esta vez nuestras lenguas se encontraron, y para que mentir, ese beso tuvo impacto en todo mi cuerpo, pero como el mismo lo dijo, vayamos paso a paso.

Nos dimos un último beso y bajé del auto, esperó hasta que entrara en casa y nos saludamos por última vez con la mano.

¿Me estaba enamorando de Mauro?...

Continuará…

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