La clínica 2
El masaje prometía aliviar contracturas, pero Jose sabía que esa noche no se iría sin dejar marcas. Entre el aceite caliente y los gemidos ahogados, la línea entre profesional y amante se desvaneció, revelando un deseo que ya no podía contener.
Todo seguía igual. Pero no me quitaba de la cabeza el juego de manos con Chelo. Soñaba con avanzar una casilla mas con ella, pero tampoco quería perjudicar el negocio.
Pase todo el día siguiente, pensando en ella. Suspiraba por poder probar sus labios. En penetrar ese coño maduro y tan cerradito, poderlo degustar sin prisas. Y sin darme cuenta ya estábamos a jueves, y volvíamos a tener clase.
Lola, llego como siempre apabullante, con su carácter tan abierto, y explosivo.
-Venga chicas, que hoy Jose parece que esta en babia, vamos a aprovecharnos de el
Todos reímos a carcajadas, pero puse un poco de cordura y empezamos a calentar y estirar un poco el cuerpo.
Empecé haciéndoles unas rutinas de sentadillas, mientras Chelo de forma descarada, no me quitaba ojo del paquete. Decidí, ponerme de espaldas a ellas, y desde el espejo, vi como cuchicheaba con Laura, y las dos empezaron a reírse..
Con lo amigas que eran, estoy seguro de que le había contado el masaje especial que acabamos dándonos. Sobre todo, por la forma en que empezó a mirarme desde ese día Laura.
Seguimos con la clase. Ese día fui bueno y no las di mucha caña. Nos dedicamos a hacer rutinas de estiramientos, y sobre todo unos hipopresivos. A Lola y Carmen, no les gustaban nada, y las deje que marearan la perdiz. En cambio, Chelo y Laura se volcaron con ellos. Las reconduci un par de veces, sobre todo a Chelo. Ma acerque a ella, y la sujetaba la tripita, mientras ella la apretaba realizando el hipopresivo. Mas me sorprendió Laureta, que me vio lo que hacia con su amiga, y me dijo que la recolocara también a ella. Así que allí estaba, con las manos en el vientre de cada una de ellas, mientras apretaban la barriga para dentro, y a mi orden relajaban.
Paso que Lola y Carmen, viendo que no las estaba haciendo caso alguno, me llamaron para que fuera con ellas un poco. Dejé a Chelo y Laura, que siguieran por ellas mismas, y fui al reclamo.
-Jose, nos tienes abandonadas hoy. Esto no puede ser eh..
-Lola siempre te tengo en mis pensamientos, “la dije guiñándola un ojo”
La verdad, que, de todas mis alumnas, después de Chelo, Lola con esa explosividad, en su cuerpo, y carácter, había hecho que varias noches me hubiera masturbado con ella. Así que para mi fue un gusto, echarlas una mano.
Empecé primero con ella, poniendo la mano a la altura del ombligo.
-Aprieta Lola. “La ordene”
Note como apretaba la tripa para dentro, a la vez que respiraba, y de ese modo, acabo el piercing de su ombligo entre mis dedos. La verdad que era una pasada la tripa morbosa que tenía. Aun siendo grande, era dura y prieta. Con los 56 años que tenía, que estuviera coronado por ese piercing me hacia subirme por las paredes.
Carmen me pidió ayuda e hice la mismo. Le puse la mano en la tripa. Su caso, era más bien pareció a Laureta, no había mucha tripa, pero era blandengue. Así seguí, con ellas también, ayudándolas a que pudieran hacer el ejercicio perfectamente.
No me daba cuenta, pero instintivamente, aparte de ayudar a hacer el hipopresivo a Lola, estaba jugando con su piercing con los dedos. Me percate por la mirada sucia, que estaba generando el jueguecito en ella, con mi consiguiente erección.
Tuve que parar, me separé y levante a beber agua. Las mandé relajar un poco, y di por finalizada la clase. Con un dolor de huevos bastante importante.
Las acompañé a salida, como de costumbre, y me puse a charlar con Marga.
-Tendrás que comer bien hoy ehh.
-Que pesada. Claro como todos los días.
-Te recuerdo que tienes masaje con Chelo, y seguro que quiere lo mismo o más de lo del otro día.
-Que solo la recoloque las cervicales Marga, no seas mala.
-Ya ya, solo te digo que comas bien. A parte del masaje luego a las 18, viene una señora, que quiere información y precios para tenerte como entrenador personal.
Lo que faltaba. Primero masaje y luego a ver quien era esa mujer, y que necesitaba. Pero de momento, solo tenia en mente, y estaba concentrado en Chelo. No se que iba a pasar, pero estaba dispuesto a lo que fuera.
Estuve entrenando un poco, para llegar lo más tonificado posible. Comí tranquilamente y me di una relajante ducha.
Abrí pronto la clínica, antes de que llegara Marga y deje preparada la sala para el masaje. Saqué toallas limpias, y un puse a calentar unos aceites esenciales, para crear un ambiente estimulante.
Y llego la hora. Chelo ya estaba en la puerta apurando un pitillo, pero esta vez no salí. Me quede disimulando, como si estuviera mirando unos papeles desde la recepción. Estaba en un sitio estratégico, desde donde poder observarla. Ella venia a la cita, esta vez con un vestido vaquero, con cremallera, la cual a la altura del pecho estaba más abierta, a punto de explotar.
Chelo, entro saludando, sonriente y enérgica. volvía a venir pintada, como una puerta, con sobra de ojos azules, y los labios rojos fuego. Fuego era lo que me estaba pasando a mi en el paquete, que andaba nervioso como un flan.
-Hola Chelo, mira Jose ya está esperándote “dijo Marga”
-Hola Jose. Es masaje del otro día, me ha ayudado bastante. Creo que hoy me dejas lista.
-Me alegro de que estes mejor. Ves pasando a la sala, que ahora voy.
-Venga campeón, deja el pabellón alto
-Marga, que te va a oír…que solo fue un masaje y un masaje le voy a dar.
La verdad, que iba a por todas. Teníamos una hora y no se que camino iba a seguir la cosa.
Entre en la sala, y ella ya estaba tumbada en la camilla boca abajo. Se había dejado un tanga blanco, que debía usar para tomar los rayos Uva. Todo ese maravilloso culazo, tan moreno quedaba al aire y no había marca alguna de broceado.
-Bueno como van esas contracturas?? ¿¿Has mejorado algo desde la última sesión??
-No te imaginas que buen trabajo hiciste el otro día. Pero esta vez tengo los lumbares un poco enganchados.
-Pues no se diga más, manos a la obra.
Comencé a echarle aceite, por el cuello, y bajando un chorrito hasta el comienzo del culo, Empecé a calentar la zona, masajeándola despacio, pero de una forma firme. Me lancé, no pude evitarlo. Los labios que tenia tatuados en el cachete, me estaban volviendo loco, así que las manos empezaron a hacer el camino del cuello, hasta los cachetes.
Cuando llegaba, los masajeaba con movimiento drenantes, que Chelo no necesitaba para nada, pero notaba que le gustaban.
-Chelo, te voy a quitar el tanga, para poder trabajar bien la zona y no manchártelo.
-Estoy en sus manos doctor, si lo ve conveniente hágalo. Me decía con voz melosa
Pues claro que sí, el tanga salió fuera. De este modo podía masajear sin problema alguno ese maravilloso culo maduro. Empezaba en el lumbar, apretaba los cachetes y bajaba a los muslos. A la que subía, le rozaba un poco el coño, pero sin tocarlo. Solo para que supiera que estaba ahí. Hacia lo mismo, con el ano. A la que bajaba le pasaba los dedos rozándolo, pero casi sin tocarlo. Así fui calentando toda la zona.
Fui notando que la respiración de Chelo se iba acelerando, y a la que la rozaba el coño, notaba que estaba mojadito, y no era de aceite precisamente.
-Chelo voy a hacer una terapia, un poco agresiva. A veces duele un poco, pero el resultado veras, que es bastante bueno.
-Lo que mande sr. Masajista, estoy a sus pies.
No pude resistirlo más. Tenia la polla, como un troco. Me agaché, con las manos separando los cachetes, y empecé a darle pequeños lametazos al año. Suaves, sin prisa. Poco a poco fui metiendo la cabeza en aquel, culo, y a apretar mi lengua chupándolo con mas fuerza.
Iba relamiendo, y sintiendo aquel año estriado con toda la lengua. Poco a poco iba apretando la punta de la lengua, empezando a meterla lo que me dejaba dentro de ella. Este gesto hizo que empezara a soltar pequeños gemiditos.
Me chupé el índice, que aun tenia aceite, y poco a poco fui masajeándola el esfínter. Se lo fui metiendo poco a poco. Era un agujero fuerte, cerrado y estrecho. Aun con mi saliva, y con el aceite, le costaba entrar dentro. Pero en un momento lo empezó a relajar, y mi dedo entraba hasta la falange, con total facilidad.
Ella se removía en la camilla, así que no la hice sufrir mas, y sujetando un dedo en el culo le metí el otro en el coño. Aquello estaba encharcado. Parece que todo este trabajo que llevaba 15 minutos haciendo la había puesto como una moto. Seguí penetrándola despacio, pero con un ritmo constante, y Chelo se derramo en mis manos. Su culo quería expulsar mi dedo mientras se corría, pero aprete fuerte, para que lo sintiera más. Y poco a poco cuando paro y convulsionar, se los saque.
La mano la tenia empapada de un flujo espeso, me acerque a ella, que estaba con la cabeza de lado.
-Chelo, ves bonito como me has dejado la mano???
-Uy, caballero. Soy una cerda, esa mano no puede quedarse,
Me miraba con ojos sucios. No se si por la sombra azul, o los labios rojos. Quizá el pendiente de la nariz. Pero me puso malo, ver como cogía mis dedos mojados, y los relamía con total gula.
-Creo que voy a seguir con la segunda parte de este tratamiento. Con cualquier molestia me avisas.
Me bajé los pantalones, y me fui acercando por detrás. La fui tirando despacito de las piernas, de tal modo que se quedo de pie, pero tumbada en la camilla. Empecé a restregarle el glande, por los cachetes. Le iba dando golpes con el por todo el culo, y sobre todo sobre aquellos labios tatuados.
No aguante más, le separe el culo, le eche un lapo, y poco a poco fui arrimando la punta a su ano. Ella dio un pequeño sobresalto, y la vi agarrarse con las manos a la camilla. Sabía lo que venía, y era lo que esperaba.
Poco a poco fui metiéndola la cabeza del cipote. Ella gruñio, pero no se quejó. Le deje un rato la punta dentro del culo. Era extremadamente estrecho. Cogí un poco de aceite, y me lo eché por el tronco de la polla, para ayudar a que entrara mejor.
Aprete un poco, y metí un poco más. Otro apretoncillo, y un poco más. Ella estaba agarrada con fuerza a la camilla, ya que la tenia muy ancha, y aquel agujero era muy muy pequeño.
Así seguimos hasta que por fin la tenia toda dentro de ella. Chelo gemía despacio, buscando aire.
Y comenzó el vaivén. Comencé penetrándola suavemente, toda fuera, toda dentro.
Me estaba encantando sentir, como me apretaba la polla, intentando sacarla. Cuando iba a salir, la metía suavemente otra vez dentro. Cada vez el ritmo, iba subiendo. Aquel ojete, ya aceptaba mi rabo sin problema alguno. Así que, de aquella suavidad, pase a darla fuerte. Sus cachetes se zarandeaban, y se escuchaba un chof, cada vez que golpeaban contra mi cuerpo.
Yo no iba a tardar mucho en derramarme, así que se la saque. Y cambien de objetivo. Se la metí de una. en aquel coño empapado. Era mas ancho que su amigo anal, pero, aun así, también era estrechito. Sentía como mi polla, entraba y rozaba. Como una mujer de casi 50 años, y habiendo sido madre por partida doble, lo podía tener así. Me encantaba ese coño.
Y así estábamos, la follaba un rato el coño, y cuando veía que se iba a correr, se la sacaba y se la clavaba en culo,
Me volvía al coño, y otra vez cuando notaba que su respiración aumentaba cambiaba al culo.
Ya no perdí más tiempo, la cogí de las caderas, y empecé a follarla, como un animal. Ella se echo mano al coño, y empezó a frotar con ansia el clítoris.
Ya no pude más. Empecé a eyacular, dentro del culo, y con la polla metida hasta el fondo. Chelo por su parte, se corrió como una burra metiéndose dos dedos en su rajita estrecha.
Tarde un rato, en sacársela. La estaba acariciando los cachetes, suvamente. Hasta que de repente al tenerla más floja, ella apretó, y fue, como si cagara mi polla. Se la saco sin usar, las manos. De un apretón. Ella se dio la vuelta, me cogió de la cintura y acelerándose comenzó a besarme. Suave, sin prisa, jugando con mi lengua. La verdad que era una maravilla de señora. Sin lugar a dudas, era la junto con Lola, la alumna con más pinta de guarra de toda la clase. Y viendo lo visto, sin lugar a dudas lo era.
-Me ha encantado esta nueva terapia. Si ha dolido al principio, que tenia la zona fría. Pero cuando la calentaste, creo que me ha dejado como nueva, por lo menos para otra semana más.
Nos reímos abrazándonos, mientras mi polla aun chorreante, la machaba la pierna un poco. Con una toalla fui limpiándola el exceso de aceite, y la ayudé a vestirse. Salimos, colorados. Ella se despidió de Marga, la acompañe a la puerta, mientras escuchaba a Marga reírse.
-Que, ¿? Parece que hoy también le ha gustado el masaje no Jose???
-Si he tenido que usar una terapia un poco mas dura, porque no había quien bajara esa contractura.
-Jajaja….vamos que la has partido por la mitad.
-Marga, que soy un profesional. No es lo que tu piensas…
-Ya, ya. Péinate un poco, que estas colorado sofocado, que Teresa ya te esta esperando en la otra sala.
Ufff…se me había olvidado. Tenia cita con una señora nueva, que quería información para tener un entrenador personal. Y ver que podíamos hacer.
Marga me puso un poco al día. Se llamaba Teresa, tenía 59 años. Era una mujer que no le gustaban los gimnasios, y quería buscar un entrenador personal, para ayudarla a bajar de peso de cara al verano. Entre en la sala, y esto es lo que me encontré.
Teresa, era una mujer bajita. Castaña con el pelo corto, y cara redonda. Tenia los ojos claros, color miel. Estaba sentando en una silla, y no podía verla completamente. No era gordita, era obesa. Muy muy gorda. Los muslos, se salía por los laterales, de la silla. Se veía que tenia una tripa prominente, y estaba coronada, por dos enormes ubres.
La verdad que tenia algo, la señora. A mí siempre me habían llamado la atención las mujeres redondas, gorditas. Pero me asombre de que, al entrar y verla, algo palpitara en mi entre pierna. Mas después de haber estado follandome a Chelo, hacia un rato. Me hice un análisis de conciencia rápido. De verdad, me gustaban tanto las viejas ¿?? Y aun estando gordas?¿?¿?
En mi mente la respuesta a ambas preguntas fue sí. Empecé a hablar con Teresa, nos presentamos, y comencé a hacerle la ficha. Le gustaban que la llamaran Tere. Era Cántabra, y todo un cielo de mujer. Estaba casada, y con los hijos ya mayores vivía sola con el marido.
La pedí que se levantara para poder pesarla y medirla. Media 1,69. Y pesaba 110 kilos.
Fue extraño, porque para ver que tanto la dieta, como el ejercicio que íbamos a hacer, dada sus frutos Tenia que medirla el grosor de pierna, de barriga y de pecho.
Ella no se inmuto. Me acerque, cogí el metro, y le medí un muslo. Era un muslo blando, de la celulitis que debía tener, y ancho. Muy ancho.
Pase a la barriga. Tenia una barriga grande, pero sobre todo caída. No era como la tripa de Lola, mi vieja canalla de la clase de pilates, que la tenia respingona, y alta. Esta era grande pero a la vez baja. Mientras que la estaba midiendo la cintura la polla se me puso dura, y con lo grande que era ella, estoy seguro que la sitio en la pierna.
Luego llegamos al pecho. Menudo festival había allí. Su marido debía de ponerse las botas. Eran enormes, como poco 150 de pecho por no decir mas. Llevaba sujetador, pero sin el debían de colgar, muchísimo.
Me estaba poniendo malo. Así que, me senté, para terminar de perfilar la ficha, y planear los ejercicios. También la saque una tabla completa de alimentación, para el primer mes.
Quedamos para la mañana siguiente, ya que estaba como loca por empezar, las clases, y menuda clases que íbamos a tener.
Espero comentarios e ideas, tanto por aquí, como por mail. De por donde os gustaría que siguiera esta saga, que espero que sea larga, divertida y caliente.
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