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Depilación laser caliente

Lleva varias sesiones y la confianza ha crecido, pero esta vez la camilla no es solo para tratamientos. Cuando el láser se detiene y las miradas se cruzan, la profesional deja de ser solo una técnica para convertirse en la protagonista de su fantasía más prohibida.

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No hubiera esperado lo que sucedió, ni en mis mejores momentos en la ducha a solas.

Bueno si que imaginé situaciones para pasar un buen rato solo, pero de ahí a que pasara algo habia un barrera enorme.

La historia es real, excepto los nombres.

Llevo varias sesiones de depilación láser.

La primera fue solo la parte superior del cuerpo, pero desde la segunda ya es depilación integral.

Quizás el hecho de que, la esteticista sea Lorena tuvo mucho que ver en atreverme a hacerme la depilación en todo el cuerpo.

Lorena es una chica de unos 27. Castaña clara, ojos grandes y claros, sonrisa muy bonita. Físicamente se nota que va al gimnasio y que cuida la alimentación, por que se le intuye una muy buena figura, pese al uniforme del gabinete estético.

Yo soy un tipo del montón. Del montón bajo, además. Cuarentón, tripita, etc…

En este centro, no se los demás, siguen siempre el mismo método para no dejarse ninguna zona,

Boca arriba, de arriba abajo:

Cara, cuello, torso, abdomen, piernas, pies,

Media vuelta y hacia arriba: gemelos, muslos, espalda, cuello, glúteos y perianal

Sentado te hacen los brazos, y por último, desnudo del todo, los genitales.

Dicho esto, vamos a lo ocurrido.

Tras varias sesiones, la confianza entre Lorena y yo ha ido aumentando y las conversaciones van fluyendo sobre cualquier tema, trabajos, vidas, familias, vacaciones, y alguna que otra intimidad.

En una de estas conversaciones sobre cosas más íntimas surgió el tema que no suelo usar ropa interior, lo cual es totalmente cierto, salvo cuando tengo alguna “cita” del tipo médico, dentista, depilación, etc…

Siguiendo en la conversación me preguntó, ¿así que si no fuese por qué vienes aquí no llevarías slip?

A lo que le respondí que así era, que habitualmente voy de “comandos”, a lo que puso una sonrisa picarona.

Seguimos con la sesión y conversando tranquilamente.

Cuando llego a la zona baja de las piernas (tobillo, empeine, pie) desde mi posición recostado en la camilla, pude ver cómo se le ahuecaba la chaquetilla del uniforme y aparecía un sujetador de encaje en color azul turquesa. El encaje era muy claro, y pude apreciar un pezon oscuro que resaltaba bajo el encaje. Lo que me provocó una leve ereccion.

Tan absorto estaba mirando por el escote, tratando de enfocar mejor, de ver mejor, que no me percaté que Lorena había dejado de disparar con el láser y me estaba mirando fijamente a los ojos.

Me había cazado mirando su escote, y no me enteré de nada.

Cuando pude reaccionar, avergonzado pedí disculpas, y tapé mi bulto con las manos.

Ella se hecho a reír, y me dijo, “Tranquilo, no pasa nada. Espero que las vistas te hayan gustado”

Todavía muy avergonzado le respondí, “Perdona, me he quedado embobado. En otras sesiones también se te abría la chaquetilla, pero nunca me había fijado tanto. Lo siento”

Tranquilo, me respondió, ya veo que si que te ha gustado lo que has visto!!

Mirando a mi slip y volvió a reír, mientras se ponía un mechón de pelo detrás de la oreja, de una manera sensual.

Sigamos dijo. Tras los pies, siempre toca la espalda y parte trasera de piernas, glúteos, etc…

“Date la vuelta, y vamos con las piernas”

Me puse de pie para darme la vuelta y aprovechar a colocarme bien el pene y disimular un poco el bulto. Salió mal. Ella se dio cuenta y volvió a sonreír mirándome a los ojos.

Avanzó la sesión, gemelos, muslos, espalda..

“Toca el culete” me dijo como siempre, pero esta vez, en lugar de bajarme el slip por debajo del culo, me lo sacó del todo y lo lanzó a la silla.

Justo antes de empezar con los glúteos, llamaron a la puerta, y salió a atender a los clientes. Cuando regresó: “Vamos allá con este culete. Un poco de gel!! Está frío!! Y empiezo!!”

Acabo con las nalgas y la zona perianal.

“Vamos con los brazos. Siéntate”, dijo.

Normalmente una vez acabada la zona del culete, suele subir el slip, pero me lo había quitado antes…

Bueno, me puse de pie totalmente desnudo, por suerte ya había bajado mi media ereccion, aproveché a retírame restos del papel pegado por el torso y mostrándome todo lo que podia sin parecer obsceno, y me senté como siempre en la camilla.

Al sentarme, pude ver que del bolsillo de la chaquetilla asomaba un tirante del sujetador turquesa. Había aprovechado cuando salió a atender a los clientes, para quitárselo. Ahora fui yo quien la miró a los ojos y sonreí pícaramente.

Estábamos muy cerca, y se notaba en el ambiente una tensión erotica muy grande.

Me cogió el brazo izquierdo, lo levantó por la muñeca y empezó a repasar que estuviese bien rasurado, palma para arriba, palma para abajo, subió su mano hasta la altura del codo, y quedó mi mano entre su brazo y el pecho, siguió repasando y girando mi brazo y haciéndolo rodar sobre su teta izquierda. Pude notar como crecía su pezon y mi pene reaccionó empezando a erguirse.

Pasó el láser por el brazo izquierdo, y repetimos el proceso con el brazo derecho.

No pretendía aprovecharme, pero esta vez los roces con sus tetas fueron más profundos y lentos, en un momento dado, abarque toda su teta derecha con mi mano. La noté pequeña y dura, con un pezon inhiesto, mi pene iba a reventar. Cuando la apreté con mi mano, emitió un leve gemido, a la vez que boqueaba sutilmente.

Acabó con mi brazo, y me dijo que me tumbara para terminar la zona genital.

Mi pene miraba al techo. Tenía una ereccion casi juvenil. Hacia tiempo que no lo sentía así. Lorena no apartaba la mirada de él, mientras se mordía el labio inferior.

No era capaz de entender que estaba pasando!!

Normalmente siempre me daba un trozo de papel para ir apartando el pene a un lado o a otro conforme va depilando, o incluso para estirar la piel de los testículos y poder depilar bien toda la zona.

En esta ocasión, ella me agarró el pene como si me fuese a masturbar, y lo movía como ella necesitaba. Entre ida y venida a un lado y a otro, hacía leves movimientos arriba y abajo. Aproveche con mi mano derecha para agarrarle el culo y presionarlo fuertemente cuando me “masturbaba”.

Por fin acabó con los testiculos, y la sesión debería haber terminado, pero el ambiente era irrespirablemente sexual.

Le dije que no me podía dejar así, ella negó con la cabeza.

“No puedo hacer nada”, dijo.

“Lo entiendo, ¿pero yo si?” le respondí.

Asintió con la cabeza, y sin soltar mi mano de su culo, empecé a masturbarme delante de ella, tumbado en la camilla, hasta que eyacule de una manera exagerada. Tres lecheradas en mi pecho y abdomen, y dos al suelo.

Lorena no quitó vista de mi pene en ningún momento.

Cuando recuperé el aliento, solté su culo y le pedí papel para limpiarme.

Cuando me puse de pie, todo empezó a volver a la normalidad.

Ambos empezamos a salir del trance sexual en el que habíamos estado.

Mientras me limpiaba y me lavaba las manos, “¿que pasado? ¿como hemos llegado a esto?” le dije.

“No lo sé, Ricardo. Simplemente ha pasado y ya está. No tiene explicación”.

Me vestí, mientras ella limpiaba el suelo y la camilla, y la dejaba preparada para la siguiente sesión.

“Te espero fuera mientras te terminas de vestir”.

Me citó para final de agosto nuevamente. No sé qué me puedo encontrar en la próxima sesión.