Mi vecino me hace feliz
Ana creía que su vida perfecta estaba asegurada, pero el silencio de su casa vacía y la mirada insaciable de un vecino joven están a punto de cambiarlo todo. Cuando la tentación llama a la puerta, la fidelidad se desvanece ante el deseo prohibido.
Dedicado a la persona que me ha ayudado y aconsejado
La búsqueda de la felicidad no siempre termina como su propio nombre indica, a veces esa búsqueda tiene enormes sacrificios que te hacen pensar si mereció la pena. Eso se preguntó Ana días después de que su marido y ella se mudaran a una urbanización en otra provincia.
Elías y Ana son un matrimonio al uso, se quieren, se respetan, y ambos hacen lo que sea por el otro. Él trabaja en una empresa de telefonía en Valladolid y ella, aunque está desempleada, ocupa su tiempo siendo ama de casa. Elías gana suficiente dinero para que ambos vivieran perfectamente, sin apuros de ningún tipo, pero cuando un día Ricardo, su superior, le dice que están pensando en él para el puesto que hay de director de equipo en la zona de Cantabria, a Elías le cambia la cara.
R - Buenos días Elías, pasa a mi despacho, quiero comentarte algo importante.
E - Enseguida, don Ricardo, termino con un cliente y voy.
Una vez dentro del despacho de Ricardo, Elías toma asiento, no tiene claro si lo que le puedan decir es bueno o malo, él siempre se ha considerado un buen trabajador, con una gran cartera de clientes.
R - Bueno Elías, voy a ir directamente al grano, porque te veo algo nervioso. Sabes que estamos ampliando las zonas de acción de la compañía, y hemos pensado en ti, para que te ocupes de la zona de Cantabria.
E - ¡En serio! Muchísimas gracias, don Ricardo. — Elías no se imaginaba que pudieran ascenderle, sabía que trabajaba bien, pero no a ese nivel. — No le defraudaré, Señor.
R - Este puesto exige que se tenga que mudar a la zona norte; tendrá que estar cerca de sus trabajadores y sus clientes.
E - Espero que Ana acepte, ella es feliz aquí, tiene aquí a sus amigas.
R - Este puesto viene con un aumento de dinero considerable, seguro que su encantadora mujer acepta.
Ese mediodía Elías llegó a casa deseando darle la buena noticia a su mujer. Él pensaba que, con el aumento de sueldo, la podría convencer, y así tal vez, conseguir lo que ambos deseaban: tener hijos.
V - ¡Pero cariño! Eso es fantástico, aunque no me hace mucha gracia dejar aquí mi vida y a mis amigas.
E - Piénsalo cielo, es una oportunidad única, viviríamos en una bonita urbanización, piscina, zonas verdes y cerca de la playa, sería un bonito lugar para criar a nuestros hijos, a partir de ahora ganaré bastante más dinero.
V - Eso suena genial Elías, supongo que podré conocer gente nueva y venir de vez en cuando aquí para ver a mis amigas.
Ana terminó aceptando con gusto la propuesta de su marido. Iba a tener más dinero, más tranquilidad y más libertad de lo que la ciudad ofrecía, además ella hacía bastante deporte, intentaba tener ocupado el tiempo, tenía 40 años recién cumplidos y era una mujer escultural, media 1.70, morena de pelo largo y una piel suave, no tenía demasiado culo, pero su pecho quitaba el hipo. Todo lo contrario que Elías, su marido tenía 44 años y apenas tenía tiempo para nada que no fuera el trabajo y descansar.
Sin que se dieran cuenta, en un mes tenían todo cerrado. Vendieron el piso en la ciudad, compraron el chalet en la nueva urbanización y Elías se compró un coche más grande, pues tenía en mente que él y su mujer tuvieran niños pronto.
Fue una mudanza tediosa, como casi todas, además era verano y aunque vivían en el norte del país, estaban en pleno julio ese verano hacía mucho calor y Ana estaba deseando poder estrenar la piscina que había en la urbanización.
Fue un viernes por la tarde después de trabajar, Elías, mientras él y su mujer estaban sentados en la terraza descansando de la mudanza, cuando conocieron a sus vecinos, llegaban de comprar en el centro comercial y después de dejar la compra salieron a presentarse y dar la bienvenida a Elías y Ana.
J - Hola, soy Juan, ella es mi mujer Isabel, somos vuestros vecinos.
E - Hola Juan, yo me llamo Elías y ella es Ana, encantado de conoceros.
I - Lo mismo digo Elías, teníamos ganas de que la casa de al lado se ocupara, y vosotros parecéis majísimos, ojalá podamos ser amigos.
V - Claro Isabel, estamos deseando poder conocer a la gente del barrio y darnos a conocer.
Juan e Isabel eran mayores que ellos. Juan tenía 53 años y su mujer 45; él era bastante alto, medía casi 1.85, parecía fuerte y se le notaba en forma. Su mujer Isabel era una belleza rubia de media melena, con algo más culo que Ana, pero con algo menos de pecho, media 1.70 y también se notaba que se mantenía en forma. Se podría decir que el único que parecía estar fuera de lugar era Elías. Fue mientras hablaban cuando un coche aparcó justo detrás del coche de Juan. Del vehículo salió un chico joven, de unos 20 años, se acercó a los 2 matrimonios y saludó.
C - Hola a todos, ¿Qué tal?
J - Mirar chicos, este es mi hijo Carlos – les decía mientras ponía su brazo en el hombre de su hijo – tiene 21 años y es el socorrista de la urbanización.
V- Encantados de conocerte, Carlos -dijo mientras veía cómo el hijo del vecino repasaba su cuerpo de arriba abajo- soy Ana y él es Elías, nos hemos mudado hace unos días.
C - ¡genial! Por fin, vecinos, no me gustaba que esa casa estuviera vacía, aquí hay seguridad, pero nunca se sabe. — decía mientras no dejaba de mirar a Ana—. -Bueno, chicos, encantado de conoceros, voy a ducharme, que he quedado con unos amigos-. Se despidió de Elías con un apretón de manos y dio dos besos a su nueva vecina.
E - Nosotros también nos vamos pareja…. Tenemos que arreglar cosas dentro de casa, ya nos veremos.
Los 4 se despidieron y Juan hizo lo mismo que su hijo, se acercó a Ana y la dio dos besos, dos besos más húmedos de lo normal y que para ella no pasaron desapercibidos, aunque no le dio importancia.
Ya en casa, comentaron que los vecinos parecían majos, que ella e Isabel podrían ser amigas y que Juan y él podrían hacer cosas juntos y llevarse bien, aunque él no dejó pasar la ocasión y le comentó algo a su mujer.
E - ¿Qué te ha parecido, Carlos? ¿Has visto cómo te repasaba con la mirada?
V - Es que tienes una mujer muy guapa -dijo graciosa-, pero sí que lo he notado, es un chaval joven, supongo que será normal.
E - Bueno cariño, voy a dormir que estoy agotado... – dijo, la falta de ejercicio afectaba más a Elías que a su mujer.
Ana no dijo nada, se limitó a darle las buenas noches y se queda tumbada boca arriba. Ella esperaba que, siendo viernes, pudieran retozar un poco y estrenar la nueva casa. Aunque su vida sexual no era nada del otro mundo, ella no tenía queja, quería a su marido y nunca le dio demasiada importancia al sexo, pero esa noche hacía demasiado calor para dormir. Cuando lograba coger una postura, enseguida se daba la vuelta, y tras unos minutos así, abrió los ojos y empezó a pensar en el repaso que le había dado a su cuerpo el hijo de sus vecinos. Se dijo a sí misma que era normal porque era un chico joven, a esa edad tienen las hormonas revolucionadas y solo piensan en una cosa, aun así, Ana no se quitó a Carlos de la cabeza, pensó que era un chico muy en forma, guapo, alto al igual que su padre, pensó que podía ser su madre ya que le sacaba casi 20 años, así que dejó de pensar en él y poco a poco la fue entrando el sueño.
Era sábado por la mañana y Elías no tenía que ir a trabajar. Cuando se despertó, vio que su mujer no estaba en la cama. Se levantó y la encontró en la terraza haciendo yoga, la dio un beso en la nuca y los buenos días.
E - ¿Cuándo te has despertado cielo? ¿Has desayunado?
V - Hace un par de horas, salí temprano a conocer un poco la zona y cuando regresé me hice un café. ¿Quieres uno? -pregunto ella para darse la vuelta y entrar al salón de la casa.
E - Sí, prepárame uno solo con hielo, mientras voy a… -en ese momento sonó en el teléfono móvil de Elías, cuando lo cogió vio que era su jefe- que querrá ahora este hombre? Si es sábado y he dejado todo cerrado para este fin de semana.
V - Cógelo, pero hoy es sábado, no entiendo porque te tienen que molestar en fin de semana. -dijo Ana visiblemente molesta, no se habían casi instalado y ya sentía que ese ascenso tenía trampa
E - Buenos días, Don Ricardo, cuénteme, ¿ocurre algo? - Ana escuchaba con atención, pues Elías había puesto el manos libres.
R - Hola Elías, tranquilo todo está bien, solo quería comentarte que el fin de semana que viene tenemos que ir a Madrid para cerrar el ejercicio del primer semestre, tendremos que estar allí el fin de semana y saldremos el viernes por la mañana.- a Ana le cambio la cara, tendría que estar sola todo el finde semana, no habían pasado apenas dos días y ya tenía malas noticias.
E - De acuerdo Don Ricardo, durante esta semana lo dejamos todo listo de acuerdo?, Hasta luego Don Ricardo.
Elías colgó el teléfono y miró a su mujer, la vio molesta y con una cara que reflejaba decepción y asco, pero realmente no entendía por qué. Lo que le había dicho su jefe era algo normal, parte de su trabajo, con algo de suerte sería uno de lo que mejor lo habrían hecho, aun siendo a nivel nacional, Elías confiaba en su buen hacer, estaba seguro de que el ascenso que le dieron días atrás estaba justificado, y trató de explicárselo a su mujer.
E - Cariño. ya verás, como soy uno de los que mejor lo han hecho, quizás me den algún incentivo extra..., no te enfades cielo, te prometo que a partir de ahora las cosas nos irán mucho mejor y tendré mas tiempo libre -dijo, mientras la daba un abrazo por detrás a su mujer y empezaba a darle besos en la nuca y la rozaba la cara como un cachorro
V - Si tú lo dices.., Elias quiero ser feliz vale? No quiero estar sola aquí, en la ciudad tenía amigas pero aquí no, y aunque los vecinos parecen majos no los conocemos.., quizá ese fin de semana hagan algo, le preguntare a Isabel.
Mientras Ana hablaba, notó cómo las manos de su marido se posaban en su culo, e iban rodeando su cintura, para acabar acariciando el vientre de su mujer. Ana calló y se dejó hacer, mientras las manos subían poco a poco haciendo formas con los dedos y recibiendo besos húmedos y cortos en el cuello. Elías pegó su pelvis al culo de su mujer, notando ella la erección que empezaba a mostrar su marido. Cuando se quiso dar cuenta, Elías amasaba las tetas de su mujer que no cabían en sus manos y los dedos jugaban con los pezones, que a esas alturas estaban de punta. Las tetas de Ana eran grandes y estaban bien puestas, de piel sueva con una areola rosada preciosa. Elías le quitó la camiseta a su mujer y la bajó los pantalones, para dejarla solo con un tanga deportivo de color azul. Ana estaba tan metida en el placer que su marido la daba que tardo en darse cuenta de que estaba en el salón, con las ventanas abiertas y que podía verles cualquiera que pasara por la calle.
A - Ven, vamos a la habitación, que me has puesto muy cachonda. – cogió a su marido de la mano y le arrastro a la cama de matrimonio, donde lo tiro boca arriba, y le bajo los pantalones
E - Cariño que me vas a hacer? ¿Eh? ¿Qué quieres? – dijo, mientras Ana le terminaba de bajar los pantalones del pijama y los calzoncillos– ¿ qué la vas a hacer, Anita? la vas a... -no pudo terminar la frase, cuando la boca de su mujer le rodeó el pene.
A- mmmmm, te gusta cariño… eh? Mmmm... ¿te gusta lo que te hace Anita? – Ana empezó una lenta mamada a la polla de su marido, que en ese momento veía las estrellas- quieres que siga? Te gusta lo que te hago eh cielo..., te gusta como tu mujercita te chupa la polla a que sí.
E- Joder Ana, como sigas así me voy a correr ¡dioooos! - Elías estaba a punto de correrse, pero su mujer lo notó y paró. - ¿Qué haces??? Estaba apunto cielo.
A - Lo sé, pero yo quiero más, así que tú todavía no te vas a correr- le dijo mientras se ponía de pie para quitarse la última prenda que la quedaba y quedarse desnuda delante de él, mostrando su coño totalmente depilado y húmedo-
E - pues ven aquí, que vas a ver lo que te voy a hacer por haber dejado la mamada a medias. -Elías cogió del brazo a su mujer y la tiro en la cama boca arriba, para después separarla las piernas y acercar su polla a la cueva de su mujer.- Quieres que la meta? ¿Quieres que te folle Anita?
A - ¡Joder!! Métemela amor, follame ya dios! La necesito dentro.. mmmmm por favor! -Ana tenía el coño chorreando y deseaba ser penetrada.
E - Así, cariño…. dios estas ardiendo nena…mmmmm como entra joder!! Estas empapada.., ahhh así así así, joder que caliente estas, Anita.
Elías fue metiendo centímetro a centímetro una polla que entraba como un cuchillo en mantequilla y, aunque no la tenía muy larga ni muy grande, pues le medía 14 centímetros, a Ana le bastaba. No había probado otra antes porque él fue su único novio y jamás le había sido infiel.
Ana jadeaba sin parar mientras su marido bombeaba poco a poco y la acariciaba las tetas, fue bajo su mano para frotarse el clítoris y gritar de placer, su marido seguía metiéndosela apoyando sus puños en la cama y dándola embestidas cada vez más fuertes, pero era tanto el gusto que sentía, que notaba que pronto se correría, apenas llevaban 10-15 minutos cuando Elías no podía mas
E- Joder anaaa ahhh, estoy a punto de correrme ahhhh, no voy a poder seguir mucho maas, joder qué coñito más caliente tieneeees!!
¡A - YA! Ya estas apunto??!! Joder si apenas llevamos 10 minutos -Ana se sorprendió por lo que poco que pudo aguantar su marido, estaba muy caliente y tenía ganas de más- vamos nene aguanta un poco que me pueda correr yo vale? Vamos nene Dale a tu mujercita maaas, vamos dame maas!! Necesito maaaaaaaas ahhhh!!
E - No…oooo, no puedo aguantar maaaaaas, diooooosssss!!! ¡Me voy a correer!! Me corroooo nenaaaaa, me voy a correr dentrooo, mmm que gusto Anita.
A- Mmmmm vale nene, correte dentrooo, con suerte me dejarás embarazada, vamos nene, échamela toda dentro..dame tu lechita cariño… ¡Eh! ¡Vamos dámela todaaa, quiero sentirla dentrooo!!
Ana quería más, se había quedado con ganas de más, ni siquiera se había corrido, pero amaba a su marido, y sabía que hablándole así, él disfrutaría corriéndose dentro de ella, en el fondo es lo que quería, estaban buscando tener al niño, y aunque ella no se hubiera quedado satisfecha, no la importaba demasiado.., en eso estaba pensando cuando fue notando cómo chorro a chorro su marido se estaba corriendo dentro de ella mientras gritaba de placer para después acabar tumbado encima de ella…, Elías fue besando el cuello y la cara de su mujer, mientras bajaba la mano para acariciar un coño que seguía chorreando por la mezcla de los flujos de ambos.., él era consciente de que su mujer no se había corrido, y quería hacerla sentir más placer, así pues fue acariciando el clítoris con la yema de los dedos y empezó a meter un dedo… y luego otro… y luego otro, para acabar con 4 dedos dentro de ella.
A- ahhhhh cielo, mmmm sigue sigue asiii, pensaba que ibas a dejarme con las ganas nene -Ana sintió cerro los ojos y se dejó llevar, mientras calentaba su marido diciéndole cosas- mete más los dedos nene, mételos maaaas, ¡¡¡¡más fuerte joder!!! más fuerteeee!! ¡¡Hazme gritar de placer vale cariño!! vamos nene hazme gritar, quieres que tu mujer se corra eh!!! ¡¡¿¿A que sí??!! ¿¿Quieres que tu mujer grite?? ¿¿Quieres que te empape los dedos?? Mmmmm jodeeeeeeeer!!
E - Te gusta, ¿ehh Anita?! ¿Te gusta asiii? ¿Quieres gritar? ¿¿Mi nena quiere gritar?? Pues grita anitaaaa, grita mientras te corres, quiero oírte gritar de placer Anita.
A - JOOODEER, JOOOOODEER, ME VOOOOOYY, ME VOOOOY NENEEE, AHHHHHH ME CORROOOOOOOO, ME CORROOOO, TU NENA SE CORREEEEE!!!!- y mientras lo hacía., Ana grito tanto que ella misma se sorprendió y acabo fundida con las piernas y los brazos abiertos.
Ambos necesitaban esto.., Elías estaba exultante después del ascenso y se sentía en la gloria, Ana sin embargo también lo necesitaba.. pero no era capaz de encontrar la razón, lo que acaba de pasar no era como lo que hacían siempre, ellos hacían el amor.. normal, sin cosas raras, quizás incluso algo monótono, así que a Ana esto le hizo pensar, aunque Elías no le dejó tiempo para hacerlo, pues enseguida la preguntó qué planes tenían para ese sábado.
Ana le contestó que no sabía, quizás sería buena idea ir a una tienda de muebles para comprar las cosas que faltaban para terminar de amueblar la casa, aún faltaban la habitación de invitados y parte de la cocina.
E - bueno, nena, voy a vestirme y a preparar la comida, nos podíamos ir al centro comercial después de comer no?
A - Sí, me parece bien.., voy a tumbarme en el sofá a ver la tele un rato. Cuando Ana entró en el salón, se dio cuenta de que las ventanas estaban abiertas de par en par, eran ventanales grandes, y las cortinas se movían por la pequeña brisa que corría, pero en ese momento pensó si alguien les había podido oír.., la habitación no estaba lejos del salón y ella había gritado mucho.
Ana se asomó a la ventana, para ver si había alguien mirando, cuando vio algo que la hizo helar la sangre. Apoyado en la balla del jardín de la entrada estaba Carlos, mirándola con una sonrisa que a Ana la dejo sin habla.., habría oído todo? Cuanto tiempo llevaría hay plantado? Por la expresión de su cara, ella sabía que lo había oído todo o casi todo, asique le hablo intentando saber lo que había oído en realidad.
A - ¡Ah! hola Carlos, que tal todo? Pensaba que estarías en la piscina.., hacer mucho calor no? No estes mucho rato hay a ver si te va a dar una insolación jajaja -rio Ana algo nerviosa-
C - Hola Ana, no todavía no, la piscina abre a las 12 jajaja, tranquila ya me iba.., – Carlos se dio media vuelta, sin dejar de mirar a Ana, y sin quitar esa sonrisa de la cara.
A - Vale…, ya nos veremos en la piscina -le contestó Ana mientras sus miradas seguían fijas, hasta que le perdió de vista y entró al salón.
Ana se sentó en el sofá y empezó a empezar un sinfín de cosas? ¿A qué se debía esa sonrisa? ¿De verdad habría gritado tanto para que Carlos la escuchara? ¿Qué estaría pasando por la cabeza de Carlos? Sin darse cuenta, era casi la hora de comer, y su marido la llamó desde la cocina, sacándola de sus pensamientos.
E - Ana, la comida ya está, he preparado una ensalada porque con este calor…, casi mejor no?
A - Si, mejor vamos a comer y nos vamos a comprar, que no quiero que se nos haga tarde., -dijo desganada, no podía dejar de pensar en la situación que había vivido con el hijo de los vecinos.
La tarde pasó sin más, la necesidad de comprar los muebles, hicieron que Ana estuviera centrada y no pensara más de lo necesario. Cuando llegaron a casa, eran las 8 de la tarde, el calor había bajado un poco, y se encontraron con Isabel en la puerta.
I - Hola chicos, justo ahora venía a veros, Juan y yo habíamos pensado en que el sábado que viene podíais venir a casa y cenar los 4 juntos, para conocernos mejor, ¿qué os parece?
A - Qué casualidad, Isabel, esta mañana hablábamos de eso, pero Elías tiene una reunión todo el fin de semana en Madrid y no va a estar aquí - contestó Ana en tono que mezclaba lástima y preocupación.
E - Pero no pasa nada, es lo que dijimos, no? Vete con ellos…, así no estarás sola todo el finde..- la dijo Elías, haciendo que ella se mostrara dudosa.
A - Bueno vale, estará bien pasar la noche con vosotros, así me decís a qué os dedicáis, que aún no lo sabemos. – dijo mientras Isabel sonreía.
El matrimonio entró en casa, y el la comento que sería bueno conocerlos mejor, acababan de llegar a la urbanización, y querían tener amigos con lo que hablar y salir. La semana pasó rápida, como cualquier otra vivida en la ciudad, salvo que Ana iba a la piscina cuando quería y Elías tenía algo menos de trabajo al ya un delegado y no trabajador raso. El viernes se presentó antes de que se Ana se diera cuenta, su marido se iría a media mañana, así que ambos se despertaron temprano y se abrazaron mientras se besaban.
A - Te voy a echar de menos, me vas a dejar sola con los vecinos.., no te da vergüenza? -dijo ella con voz sensual mientras acariciaba el pelo de su marido.
E - Ni pizca nena, vas a estar tú solita, no te dará miedo, verdad?
A - Un poco si jajaja, pero podré soportarlo -dijo ella levantándose de la cama para entrar en el baño
A las 11 pasó un compañero a buscar a Elías, que despidiéndose de su mujer dijo que volvería el domingo por la tarde-noche, así pues, una vez sola, Ana se puso a arreglar un poco la casa y al acabar se dio cuenta de que aún era temprano para comer, se relajó y tumbó en el sofá a ver programas del corazón. Pensó en ir a la piscina y pasar allí la tarde, así que se puso un bikini blanco y cogió la toalla. Cuando llegó a la piscina, se tumbó al sol y se dio crema. El biquini blanco la hacía una figura envidiable para cualquier vecina de la urbanización, algunas incluso se la quedaban mirando mientras a algún marido se le caía la baba al mirar los pechos que tenia.
De repente, el sol que la daba de frente desapareció y al preguntarse qué pasaba y abrir los ojos, se quedo en blanco al ver que justo en frente de ella estaba Carlos mirándola de arriba abajo, pero antes de que pudiera decir nada, Carlos la dijo algo que para Ana fue la confirmación de que lo que sucedió el sábado pasado.
C - Hola Anita, qué bueno verte por aquí.. que bien te veo -dijo Carlos con esa misma sonrisa que puso la semana pasada- ahora que te veo bien, tienes un cuerpo precioso.
A - Hoo…ola Carlos.. que haces aquí?, no deberías estar mirando el agua? – Ana estaba muy nerviosa y no sabía cómo reaccionar ante Carlos
C - Ahora mismo no hay nadie en el agua, y me preguntaba qué hacías aquí en un rincón tú solita, si quieres puedes acercarte a mi puesto y hablamos un poco, ¿te apetece? ¿Ya me han dicho mis padres que vas a cenar con ella mañana? A lo mejor yo también voy... – Carlos la hablaba mientras acercaba su mano al pantalón sin dejar mirar sus tetas.
A - Mmmm sí, mañana cenooo… en tu casa, quiero coooonocer… mejor a tus padres, somos vecinos.. -Ana no sabía cómo reaccionar, Carlos se estaba acariciando la polla mientras hablaba con ella, y ella no podía dejar de ver cómo lo hacía, no sabia porqué
C - Te gusta Anita? Estás tremenda y desde el sábado no puedo dejar de pensar en ti, te visto venir durante toda la semana y cada día me he corrido pensando en ti y recordando cómo gritabas de gusto -Carlos aprovechaba que estaba de espaldas a todo el mundo y apartados en un rincón de la parcela, para ya sin disimulo meter la mano en el bolsillo y tocarse a un metro escaso de una Ana que no podía retirar la vista, y que ahora estaba con la boca abierta.
A - Queee.. estaaas haciendo Carlos? ¿Cómo te atrevees a.. aa hacer eso delante de mí? Se lo pienso decir a tus padres- Ana intentaba poner orden y parecer seria ante el muchacho, pero internamente sabía que no podía. Sin darse cuenta, se estaba calentando y sus pezones la jugaron una mala pasada.
C - Segura ¿Anita? porque tus tetas no opinan lo mismo, estoy seguro de que te gusta lo que tengo guardado, seguro que tu marido no la tiene así, si tú quieres podrías verla en un par de horas.., te gustaría verla? Yo creo que sí.., dime la verdad Anita.
Ana tenía la boca abierta, no entendía por qué seguía viendo cómo Carlos prácticamente se masturbaba delante de ella, y en efecto, se dio cuenta de que lo que tenía guardado el muchacho, era más grande y gorda que la de su marido, pues a Elías le mediría unos 14-15 cm, y calculó que la de Carlos serían más de 20 cm. También se dio cuenta de que tenía los pezones de punta, y cómo notaba en el coño un calor interno que la estaba asustando más a cada segundo que pasaba. Carlos se sentía ganador, sentía que cada minuto que pasaba tocándose la polla sin que Ana dijera nada, estaba más cerca de poder follársela, era su meta.., su destino, tenía como objetivo follarse a su vecina y no le importaba nada más, así que viniéndose arriba decidió decirla algo que Ana no se esperaba, pero que muy dentro de ella, sabía que acabaría pasando.
C - No me voy a correr aquí, porque no puedo. Todavía quedan un par de horas, pero esta noche voy a pasar por tu casa. Quiero que me abras la puerta en ropa interior, maquillada y con el pelo suelto, ¿de acuerdo?
Ana no pudo contestar, quiso hacerlo, pero entre el shock que le produjeron las palabras de Carlos y que realmente no sabía qué decir, se quedó muda y simplemente vio cómo Carlos se iba alejando hacia su puesto, mientras la cabeza la daba vueltas y mil ideas cruzaban su mente. Decidió darse una ducha de agua fría para después irse a casa. Una vez allí, no supo qué hacer.¿Haría caso a Carlos? ¿se dejaría follar por el hijo de sus vecinos? ¿O simplemente llamaría a su marido para que volviera de inmediato? Ana jamás había estado en una situación parecida, no podía negarse a sí misma lo que le hizo sentir Carlos, se había calentado, se sentía deseada como nunca en su vida… ¿Pero serle infiel a Elías? ¿A su marido? Jamás se lo perdonaría. Se fue a dar una larga ducha para quitarse el cloro de la piscina, quizás se despejaría un poco…, pero lo único que hizo fue calentarla más, no pudo evitar bajar una mano a su coño y acariciarlo, jugar con su clítoris e ir introduciendo dedos poco a poco, se estaba masturbando pensando en Carlos, en cómo sería sentir la polla del chico en su interior, no quería seguir... pero no podía parar, su coño en ese momento estaba ardiendo y solo quería correrse, necesitaba correrse, así que aceleró el ritmo de la masturbación, y gritó el nombre del chico todo lo que pudo, lo gritó cada vez más alto, lo gritaba porque quería correrse imaginando ser penetrada por Carlos.., y cuando lo consiguió sintió tanto placer que casi se cae en la bañera.
Ana salió de la ducha, se pidió perdón si misma por lo que iba a hacer, pero no podía engañarse... quería que su vecino la follara, asique olvidándose por completo de todo lo demás, dedico el tiempo que tenia para prepararse, se depilo el poco vello que tenia en el pubis, se pintó los labios de un rojo intenso y se maquillo como una modelo, se puso el conjunto más sexi que tenía, un tanga de encaje negro y un sujetador a juego que realzaba todavía más las tetas que tenía y espero a que Carlos tocara el timbre.., cuando eso ocurrió, se sobresaltó y pensó que era ahora o nunca.., podía pararlo ahora y no pasaría nada, no tenia que ser Infiel a Elías.., pero cuando se quiso dar cuenta estaba abriendo la puerta de entrada a su casa, no había vuelta atrás.., Carlos apareció tras ella y no dijo ni una sola palabra, entró y cerró tras de sí, se acercó a Ana y la cogió en brazos, ella rodeo con las piernas la cintura de él, y sin dejar de mirare se fueron al dormitorio.
Continuará…
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