Boca generosa
No hay palabras, solo la humedad cálida y el ritmo de una lengua que borra los límites del tiempo. Ella sabe exactamente qué hacer, y él se entrega ciegamente a ese dominio que lo desarma.
Boca generosa
Quiero que tu boca generosa me diga “te quiero mucho” de esa forma, de esa manera también, sin decir una sola vocal, con la naturalidad y la confianza de lo impresionante. Que hagas de ella un instrumento para adormecerme las nociones de espacio y tiempo por un rato, bañándome con su cálida humedad uno de mis puntos más débiles, cuyas venas están temporalmente más marcadas que las de mi muñeca. Que me la escupas sin miedo. Que te sientas una diosa poderosa aún estando arrodillada y apoyando los codos en donde los estés apoyando, usando como única prenda de ropa el aire. Y ya con sólo besarme la punta del pirulí o haciendo en ella círculos con tu lengua, te estás convirtiendo en una, dejándome bien en claro que tus talentos de orden erótico son mejores que los míos. Al fin y al cabo serás tú quien mantenga por más tiempo la sonrisa imperial.
“Estimula, estimula, estimula”, “frota, frota, frota”, “así, así, así”, “sí, sí, sí”, te está diciendo con su absoluta disponibilidad. Toma aire y luego prosigue, mi serafín terrenal, toma aire y luego continúa, atraviesa todas sus resistencias y redúcelas a su mínima expresión, hasta que sean más pequeñas que el ojo de una aguja. “Mmm, mmm, mmm”, “¿mmm? ¿mmm? ¿mmm?”, es lo que más quiero escuchar mientras me lo estás haciendo. Respira sobre ella con estío. Presiona mi miembro con tus labios, ángel mío, aminora su obstinación a no querer hacer explosión. ¡Te dejo, te dejo y te dejo! Sólo te faltarían los grandes y alocados lengüetazos de abajo a arriba, y de arriba a abajo. Se desvive por estar y refugiarse adentro tuyo, su necesidad más apremiante es esa, cielo mío. El revoloteo agradable que percibo en el interior de mi estómago, es grande y profundo. Mira cómo me estoy tocando el pecho –riéndote orgullosa de cómo reacciono–.
Tu lengua es atrayente, es seductora, es encantadora. Cautivante. Satisfactoria. Complaciente. Simpática, alegre, risueña. Graciosa hasta en los momentos más infartantes. Afectuosa, cariñosa, afable. Adorable, deliciosa, apetitosa. Tu lengua es ahora mi momento, haciendo con ella increíbles trazos de pluma mojada. ¿Dónde está la inocencia? ¿Qué es la inocencia? ¿Existe la inocencia? Aquí y ahora, eso no existe. Tengo una pequeña picazón, un hormigueo más chiquito que una mariquita de siete puntos, justo en la punta de mi falo, y me gustaría que me la rascaras con tu lengua.
Increíble y maravillosa, es la gran riqueza de placeres corporales que puede caber en una sola cama y en una sola noche. No aguantaría si a lo siguiente te sentaras arriba mío como si fuera tu silla favorita y empezaras a moverte aleatoriamente, sin desprenderte de mí y menos de mi bulto sólido como una leño, ni por un minuto. Eso sí que no lo resistiría.
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