Xtories

Luciana. La tentación argentina (01)

Izan pensaba que solo era un viaje de trabajo, pero Lu tenía otros planes. Cuando la mujer de sus fantasías digitales aparece en su puerta del hotel, la realidad supera cualquier guion escrito por mensajes privados.

Ronald Amundsen6.9K vistas10.0· 5 votos

La semana terminó con una noticia que le dejó desubicado. Aquel viernes, cuando salió de trabajar, todo estaba perfectamente cerrado para pasar un fin de semana tranquilo, pero el sábado a última hora le llamó el responsable de zona para darle la noticia.

"Izan, tienes que volar a Buenos Aires mañana. Te mando luego toda la documentación y los billetes del vuelo. Te quedas en el sitio de siempre hasta el domingo siguiente. Es para la empresa de Javi. Ya sabes cómo son."

No era la primera vez que viajaba a Argentina, pero le mosqueaba haber pedido unos días libres y no poder disfrutarlos. Es verdad que no eran días oficiales ni le pertenecían, si no que los había negociado de aquella manera, pero era una putada gorda. En fin, poco podía hacer. La empresa de Javi era una de las fuentes de ingresos más importantes de su empresa en Latam y, además, era un negocio que llevaba él personalmente desde hacía años. Total, que tras unos minutos de desazón se puso a hacer la maleta, ver que los billetes estaban correctos y dejarlo todo listo y preparado para el día siguiente.

Se preparó una cena rápida, una pizza congelada con algunos ingredientes extra, una cerveza y se puso a ver un rato la tele. No había nada especialmente interesante, con lo que abrió Twitter y comenzó a repasar que había pasado durante el día y a ver las fotos que habían subido sus amigas, conocidas y el resto de chicas que seguía porque... bueno, ya os imagináis. Tras interactuar con algunas de ellas, escribió un tuit comentando lo jodido que estaba por tener que salir de viaje al día siguiente e incluía una captura del billete en el que aparecía el lugar de destino.

Casi al momento, comenzaron a llegarle respuestas y algún que otro mensaje privado. Las respuestas iban más dirigidas a lo jodido del viaje pero, sin embargo, a través de privados solo le llegaban mensajes de mujeres, la mayoría ofreciéndole sus servicios y algunas, más cercanas porque ya había hablado con ellas antes y que eran de distintas ciudades a Buenos Aires, preguntándole si sería posible conocernos en su ciudad, algo que casi les descartó por falta de tiempo.

Es cierto que echó de menos algún mensajes de un par de chicas porteñas con las que hablaba asiduamente, pero no le dio más importancia. Imaginó que estarían en otras cosas. Decidió acostarse para intentar dormir un rato y cayó en pocos minutos. La verdad es que estaba tan acostumbrado a salir volando en cualquier momento que ya no se ponía nervioso ni por viajar ni por dejar su casa vacía unos días.

Al día siguiente se levantó con tiempo suficiente, se duchó, comprobó que estuviera todo preparado una vez más y se puso ropa cómoda para el vuelo y salió con tiempo suficiente para llegar al aeropuerto. Lo tenía todo tan medido que le salía de forma natural. Le encantaba el aeropuerto. Su enferma mente no podía dejar de observar a cada mujer que tenía alrededor: las que llegaban de vacaciones, las que se marchaban. Ejecutivas empoderadas con trajes de chaqueta que marcaban sus curvas. Chicas con shorts que iban enseñando el fruto del pecado. Las azafatas de cuelo arrastrando sus trolleys...

Se dirigió al check in y accedió a su terminal, dirigiéndose a su puerta de embarque. Estuvo trasteando el móvil y mirando lo que sucedía a su alrededor hasta que le tocó subirse antes que a otros por su preferencia en la Business Class.

Tomo asiento. A su lado no viajaba nadie, lo cual agradeció. Echó un último vistazo a su móvil sin encontrar nada interesante y lo puso en modo avión, lo guardó, sacó el libro que estaba leyendo y comenzó a leer mientras comenzaban a rodar en busca de la pista. Miró el reloj. Las 10:30 h. Perfecto, vamos en hora, susurró en voz baja. Volvió a calcular el tiempo de viaje y el cambio horario y pensó en que, con suerte, estaría en el hotel sobre las 8 de la tarde tras 13 horas de vuelo y 30-40 minutos de taxi. El avión se colocó en posición, aceleró bruscamente y salió disparado hacia el cielo mientras Izan repasaba en su cabeza los distintos pasos y velocidades del mismo. Cosas que se le habían quedado en la cabeza de haber jugado tanto a simuladores de cuelo y que era incapaz de no repetir en cada vuelo que realizaba. Ya estaba todo. Rumbo a Buenos Aires. Miraba por la ventanilla cuando comenzó a sentir sueño y se quedó dormido.

El vuelo fue absolutamente normal, aún a pesar del cansancio de la cantidad de horas que llevaban, pero se alegró bastante cuando el Capitán confirmo por megafonía que comenzaban a descender. Siempre le encantó la sensación de acercarse a un punto concreto de.la geografía viéndolo desde el aire. El aterrizaje fue perfecto y, cómo no, los pilotos se llevaron una buena ovación por parte de todo el pasaje. Al abandonar el vuelo se despidió, como siempre, de todas las azafatas agradeciéndoles su amabilidad, arrancando algunas sonrisas de ellas. ¡Ay! Cómo le gustaban esas chicas uniformadas...

En la terminal de salidas estaba esperándole el conductor que le llevaría hasta el hotel. No necesitó ni mirar su nombre, se sonrieron, se dieron un abrazo y salieron del aeropuerto rápidamente

Conocía a Jorge desde hacía años porque siempre era el conductor que le asignaban para todos los movimientos que tenía que hacer en sus viajes a Argentina. Sacó su móvil, le quitó el modo avión y busco el WhatsApp de su jefe para decirle que había llegado y estaba todo ok. Comenzaron a llegarle mensajes tanto a esa app como a Twitter. Ya los miraría porque, de un primer vistazo, no hubo nada que le llamara la atención.

Se sentó delante, como siempre, junto a Jorge. Le gustaba echar un rato de charla con él. Estuvieron hablando de fútbol, de lo mal que le estaba yendo a Boca y de los futuros fichajes argentinos que podrían ir a Europa el próximo verano. Llegaron, tal y como había calculado, en unos 40 minutos al hotel. Cómo se notaba que era verano allí. Le encantaban las mujeres argentinas, tan desinhibidas en muchas cosas. Y ahora en verano, luciendo ropas tan cortas y ajustadas, hacia que su mirada indiscreta se fuera como loca de un lado a otro. Antes de entrar en el hotel, se hizo un selfie con Jorge en la puerta del mismo, se despidió y subió la foto a la red social.

Su habitación era increíble. Y es que, si estaba libre, siempre intentaban dársela. Una habitación con vistas al mar, con una sala de reuniones, dormitorio con cama extra grande, un baño y un aseo. Perfecta para incluso tener alguna reunión si era necesario.

Decidió darse una ducha y, aún sin vestirse, comenzó a ver y leer todos los mensajes y correos que tenía, respondiéndolos uno a uno, la mayoría sin más trascendencia. Pero hubo un mensaje privado en Twitter que sí llamó su atención. Era de Lu. Lu, Luciana, era una mujer argentina increíble. Izan la había conocido digitalmente hacía algo más de un año. No recordaba cómo había llegado hasta su perfil, pero desde que vio su primera foto supo que aquel podía ser, perfectamente, el mejor culo de toda la red social. Y no solo eso. Lu se cuidaba mucho de mostrar su rostro, incluso en el material que vendía, pero su cuerpo... su cuerpo era una absoluta bomba sexual. A su redondo y respingón culo se le unían unas piernas cuidadas, una cintura estrecha y unas tetas de un volumen considerable que, aún siendo naturales, se mantenían perfectamente erguidas, con unas areolas grandes y oscuras y unos apetecibles y puntiagudos pezones que uno pensaría en estar chupeteando toda la vida. Y su boca... la única parte que conocía de su rostro. Su boca era grande y perfectamente formada, con unos dientes cuidados y una lengua aparentemente juguetona. Y cada vez que la mostraba Lu, aparecía llena de semen. Y su voz. Lu tenía por costumbre mandar audios con comentarios calientes en Twitter, algo que excitaba a Izan sobremanera. Pero si había algo que le excitara más, es cuando le mandaba a él personalmente una foto dedicada por privado con un audio pidiéndole que se la cogiera fuerte o que le diera la leche que se merecía. Todo lo que pensaba de ella se lo había dicho muchas veces por privado, en algunas de esas conversaciones íntimas que habían tenido, pero al ver el mensaje se quedó un poco con mal cuerpo.

En él aparecía la foto que había colgado al llegar al hotel. y una frase: Sos un hijo de puta. Podrías haber avisado que venías acá.

Quedó cortado y le escribió cosas inconexas, como que no había caído o que había sido muy apresurado. No sabía ni qué decir. ¿Habría querido quedar con él? ¿Quería solo calentarlo? Apareció la señal de "visto", pero no contestó.

Sonaron unos nudillos en la puerta. Imaginó, por la hora, que sería la cena y abrió mirando el móvil que tenía en la mano mientras seguía escribiendo en el chat privado, sin mirar quién había detras. Cuando alzó la mirada, allí estaba una mujer impresionante. Traía el pelo suelto, un top pequeño y ajustadísimo que apenas cubría sus turgentes pechos y una minifalda con vuelo de cuadros escoceses. Parecía una profesional, pero él no había llamado a nadie. Espera, pensó... era ella. Se sumergió en sus profundos ojos negros. Era la primera vez que sentía esa mirada. Estaba paralizado cuando, de repente, le empujó hacia el interior de la habitación, cerrando la puerta a su espalda, y haciendo que se apoyara contra una mesa. Le arrancó la toalla que aún llevaba anudada a la cintura, dejándola caer, y surgió un enhiesto y poderoso miembro con las venas totalmente marcadas. Se tiró de rodillas al suelo y, sin decir nada, sujetó fuertemente aquel miembro y engulló una buena porción de carne. Tras esto, se separó y lo miro a la cara.

Izan se mantenía inmóvil. Sus manos estaban apoyadas en la mesa. No sabía que estaba sucediendo. La mujer sacó la lengua y comenzó a darse golpes xon la verga en la misma hasta que, de nuevo, tragó con glotonería casi la mitad del miembro que se le ofrecía por delante, hasta casi atragantarse, y continúo degustando aquel cipote durante varios minutos hasta que lo sacó de su boca.

- ¿No era ésto lo que querías, hijo de puta? ¿No me decías que si me tuvieras delante me pondrías de rodillas como una puta para que te comiera toda la verga?

- Pero...

- Pero nada, boludo. Sos un cabrito. Venís a Buenos Aires sin avisar y esperás qué... ¿Que no me enfade?

- Yo no imaginaba que realmente querrías...

- ¿Qué no imaginabas? ¿No te lo dejé claro? ¿Creías que cuando me masturbaba contigo era mentira?

- No. No lo sé. Pero... espera. ¿Cómo has sabido dónde estaba?

Lu se levantó, agarró su bolso y sacó el móvil, buscó la foto y se la puso en la cara: - Porque pusiste una foto en la que se te ve en la puerta del hotel, que sos tonto.- Respondió. - Vení -. Y arrastro de Izan hasta llegar al dormitorio y obligarle a sentarse en la cama.

Volvió a arrodillarse y comenzó de nuevo a la tarea de sacarle lustre a aquella verga. Izan, sus piernas abiertas y aquella diosa entre ellas degustando su verga, se inclinó hacia atrás y apoyó sus manos en la cama dejando hacer a aquella mujer lo que mejor sabía. Cerró los ojos y se dedicó a disfrutar. Por su mente pasaban todas las escenas que había visto de Luciana saboreando verga, todas las veces que se había masturbado imaginando que era él quién disfrutaba de aquella caliente y húmeda boca. Abrió los ojos y miró hacia abajo. Allí estaba la mirada de Lu fija en él mientras cabeceaba sobre su polla. La mano, con varios anillos y unas larguísimas uñas acompañaban cada uno de los movimientos que realizaba a lo largo de aquel falo hasta que, minutos después, se separó de él y comenzó a masturbarlo con fiereza y a gran velocidad.

- ¿Me la vas a dar? - preguntó. Izan solo pudo lanzar un sonido gutural como respuesta. -¿Me vas a dar toda la.lechita en la boca, hijo de puta? ¿No es lo que querías? ¿No es lo que decías que ibas a hacerme cada vez que te mandaba una foto con una lechada en la boca? - U seguía masturbando con fuerza al pobre chico que estaba ya en otra dimensión diferente. Izan se tensó. Su cuerpo se puso rígido desde los dedos de los pies hasta sus manos, que apretaron fuertemente la colcha de la cama. Lu se acercó rápidamente la verga a la boca, posándola sobre su lengua y recibiendo, instantes después, media docena de chorros de lefa en el interior de la misma. Se mantuvieron así unos minutos hasta que Izan recupero el control de sí mismo. Agachó la cabeza para mirarla y allí estaba Lu, con la boca abierta llena de leche y jugueteando xon ella. Cuando estuvo segura de que tenía toda su atención, cerró la boca y tragó hasta la última gota de elixir, saboreando y repasando después sus labios con la lengua, en una de las imágenes más excitantes que Izan había visto en su vida.

Sin esperar a más, Lu se incorporó y se puso de rodillas sobre la cama mientras le dama un manotazo en el hombro a Izan.

- Dale, ven a cogerme con fuerza que tengo ganas de verga.

- ¿Ahora? Si acabo de correrme.

- La concha de tu hermana... escuchá, hijo de puta, yo he venido aquí a coger. No podés calentarme un año para venir aquí y pegas solo un disparo. Así que agarrá esa verga que aún tienes dura y empieza a cogerme fuerte antes de que me enfade.

Izan tragó saliva. Se incorporó un tanto encrespado, levantó la falda de Lu casi violentamente y le soltó una nalgada durísima en su cachete derecho, a la vez que le retiraba el hilo del tanga bruscamente a un lado. El tanga. Ese tanga. Era su tanga favorito, uno rosa con el filo negro que resaltaba aún más su portentoso culo, y se lo habia dicho muchas veces. Su polla respondió con fuerza, alzándose conquistadora en busca de algún agujero al que coronar. Y entonces lo vio. Lu llevaba metido un plug anal en el chiquito, de color rojo con forma de corazón y un brillante decorándolo. Le soltó otra nalgada, la agarró de la caderas y dirigió su verga hacia su, aparentemente, chorreante coño. Estaba a punto de ensartarla cuando notó varias punzadas en su pecho. Eran las uñas de Lu arrancándole girones de piel. Soltó un bufido, se separó y le propinó una nueva nalgada, ésta más dura que las anteriores, que dejó su mano completa marcada en el cachete. Lu soltó igualmente un quejido,pero, mirándolo fijamente, dijo:

- Olvidate de mi concha. Esa no la probarás hoy. He venido a que hagas lo que me decías que me ibas a hacer.

- Cogerte por el culo como la puta que eres. Hacerte gritar hasta que me pidas que pare de romperte el culo. Y llenártelo de leche como se merece una putita rica como tú.

- Vas aprendiendo. Dale. Rompeme el orto.

Izan agarró el plug y tiró de él. Salió con una facilidad pasmosa y observó que aún había restos de lubricante. Ni se lo pensó. Se escupió en la mano, esparció la saliva por el glande, tomó fijamente a Lu por la cadera, levantó su pierna derecha hasta apoyarse en la cama para facilitar la penetración y, ayudado por su mano derecha, clavó su cipote hasta que se introdujo tres cuartas partes del mismo en el chiquito de Lu, en dónde ya no pudo avanzar más. Izan estaba ya desatado. No pensaba, solo quería ser el sucio cerdo que era cuando hablaba con ella. Tomó impulso y volvió a clavarle la verga con fuerza sacándole un nuevo alarido. Y otro más. Y otro. Y otro. La polla de Izan ya había roto aquella defensa y el esfínter de Lu había cedido completamente. Ella intentaba aguantar las terribles embestidas que estaba dándole Izan manteniéndose a cuatro sobre la cama pero, en un violento empujón, claudicó y calló sobre el colchón acabando con su cara clavada entre almohadas y sus brazos estirados mientras agarraba con fuerza las sábanas.

- Date la vuelta. Date la vuelta ya. Quiero venirme en tu cara. Quiero llenarte la cara y las tetas de lefa.

- No... vamos, vente dentro, quiero que me llenes el culito de leche

- Grrr... eres mala.

- ¿No es eso lo que te gusta? ¿Que te pidan lo que quieren?

- Sí.

- Pues dale, vente ya. Lléname el culo con toda tu lechita

Izan comenzaba a estar incluso mareado. No aguantó mucho más. Tres o cuatro empujones después, Lu apretó con fuerza su esfínter y ya no hubo vuelta atrás. Izan lanzó un alarido justo en el momento en el que de sus huevos comenzaban a fluir, en un viaje sin retorno, una cantidad considerable de semen que lleno completamente los intestinos de Lu, hasta tal punto que, una vez completamente descargado, cayó entre agotado y casi perdiendo el conocimiento sobre ella, aún sin salir de aquel sueño de culo.

La alarma del teléfono comenzó a sonar. ¿Había dormido toda la noche? Estaba desnudo sobre la cama y había restos de fluidos por todas partes. Miró el móvil. Era hora de ponerse en marcha. Se dirigió al baño para ducharse y allí vio algo inusual...

Continuará.

Dedicado a una de las mujeres más espectaculares y con uno de los cuerpos más apetecibles que he encontrado en Twitter: @lufelliniok

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