Visita Inesperada
La tienda se vacía y el aburrido turno de tarde se quiebra con la entrada de un piloto que no busca zapatos, sino a ella. Con la puerta cerrada y el aire acondicionado apagado, la fachada profesional se derrite en segundos para dar paso a un frenesí prohibido.
Aquella tarde agosto había sido nefasta para la tienda. Raquel estaba aburrida. En muchas ocasiones le había dicho a su jefa, que en los meses de verano no merecía abrir por las tardes el negocio. A pesar de estar en una calle muy comercial, en esa época del año la gente prefería estar en las terrazas o dando un paseo por la playa, antes que ir de compras. Por suerte para Raquel se acercaba la hora de cerrar. Hizo el conteo de la caja, recogió un par de vestidos que habían dejado unas clientas sobre el mostrador, y apagó el aire acondicionado. Cuando se disponía a poner el cartel de Cerrado, entró un chico al que Raquel no le echó más de cuarenta años. Vestía el uniforme de una compañía aérea, pelo negro engominado y Ray Ban Aviator con la cuerda al cuello.
-Buenas tardes, -saludó al entrar.
-Hola, buenas tardes, -le devolvió Raquel el saludo, -¿deseaba algo?
-Perdona, lo mismo ibas a cerrar ya.
-No se preocupe, quedan quince minutos. Cuando llegue el momento pongo el cartel, pero le puedo atender.
-Buscaba unos zapatos para señora. De vestir, negros y con tacón, no muy alto, eso sí.
-¿Algo en especial?, ¿sabe el número?.
-Un 37, y quería algo bueno, pero no estoy muy puesto en temas de marcas.
-Unos Jimmy Choo, Manolos, Louboutin…
-Aconséjame tu, -dijo el hombre con una sonrisa, como dejándose querer intentando un acercamiento.
-Si le gusta algo clásico, yo me iría por esos de allí, -dijo Raquel señalando unos Manolos negros brillantes, con la punta y el tacón en negro mate.
-Me gustan, ¿cuánto valen?.
-Los negros 794€, y los turquesa que están al lado 568€. Son de la temporada pasada, pero muy bonitos.
-Para que luego no le gusten. ¿Los puedo devolver?.
-Dentro de las 48 horas siguientes a la compra y con el recibo de la caja. -Respondió Raquel ya un poco agobiada por la hora.
-¿Puedes hacerme un favor?, le preguntó el cliente, -¿te importa ponértelos a ver cómo lucen puestos?.
La clientela de la tienda solía ser exigente, ya podían serlo por los precios del género, pero aquello era la primera vez que le pasaba.
-No debería, pero si eso le sirve para decidirse, no se preocupe. -Le contestó Raquel muy solícita. Poder cerrar la tarde con una venta así, bien valía la molestia.
Raquel se descalzó y se puso los Manolos negros. Raquel vestía una falda azul marino a medio muslo, y una camisa blanca impoluta que dejaba ver su sujetador. Como una modelo de pasarela, Raquel caminó por la tienda para que su dubitativo cliente pudiera tomar una decisión. El hombre no quitaba la vista de las bonitas piernas de Raquel.
-Me gustan como te quedan, pero claro, con esas piernas y ese cuerpo hasta un saco te sentaría bien, -dijo el piloto.
-Gracias, es muy amable. -Sonrió Raquel.
-Me los llevo, no hace falta ver más.
-Perfecto. Se los envuelvo y los meto en su cajita para que no se estropeen. ¿En efectivo o con tarjeta?
-Tarjeta, por favor.
Mientras Raquel preparaba los zapatos y metía los datos en el ordenador, el piloto no dejó de mirarle el escote.
-Que bien huele vd., ¿puedo saber qué colonia usa?, -preguntó el cliente.
-Es Classique, de Jean Paul Gaultier.
-Vaya, que casualidad, yo uso Le Male.
-Que coincidencia. ¡Vaya!, lo siento. Le voy a tener que cambiar la caja porque ésta está rota.
-Vale, me parece bien.
-Cojo la que está detrás de mi en la estantería, y mañana ya me encargaré de ponerlo en orden.
Raquel se giró para coger la caja que estaba un poco más alta que ella. Se puso de puntillas y estiró el brazo. El cliente se dio cuenta de la maniobra, entró por detrás del mostrador, y cogió la caja de marras que a Raquel le costaba alcanzar. Quedaron frente a frente mirándose. El hombre sin mediar palabra besó a Raquel en los labios. Raquel se quedó inmóvil y respondió al beso. No podía negar que aquel tipo le gustaba. Desde que entró en la tienda Raquel se había fijado en la buena planta, y en lo educado de sus modales. El beso inicial se transformó en un morreo apasionado, donde ambas lenguas se buscaron hasta encontrarse. Raquel se dejó llevar, mientras el hombre soltaba la caja de los zapatos sobre el mostrador. Raquel había tenido la precaución de bajar los estores de los escaparates, pero no de mantener el aire acondicionado encendido, por lo que el ambiente se caldeó al instante.
El hombre desabrochó la camisa de Raquel, dejándola solamente con el sujetador. Ella no se quedó atrás. Aflojó en cinturón, bajó la cremallera del pantalón, y éste cayó al suelo como un plomo. Con una habilidad pasmosa, y que dejaba ver que era un experto en esas lides, el cliente se deshizo de los zapatos, del pantalón, y dejó que Raquel le quitara la corbata y la camisa. Los movimientos de ambos eran rápidos, cargados de frenesí. Lo siguiente que Raquel perdió fue su falda, y como un acto de revancha, ella le quitó al hombre unos bonitos slips de D&G. El cliente lucía una enorme erección, y Raquel no dudó en arrodillarse ante él para regalarle una deliciosa felación. Él la agradeció en forma de gruñidos y movimientos de caderas. Sujetó la cabeza de Raquel con una mano, mientras con suaves embestidas metía su miembro en la boca de la chica. De los gemidos y gruñidos, se pasó a un lenguaje ordinario y soez.
-¡Aaah, joder!, como la chupas nena, venga cómetela entera.
-¡Grrrr!, ¡slurp!, ¡slurp!
Raquel respondia con gruñidos ahogados, mientras la saliva le salía por la comisura de los labios.
El hombre ayudó a Raque a ponerse de pie, y la apoyó contra el mostrador donde instantes antes remataban una venta. Abrió las piernas de Raquel y ante él se mostró una bonita vagina depilada, morena...El hombre le dedicó a Raquel una lamida a lo largo de la abertura, y terminó con su lengua en el clítoris de la dependienta. El cuerpo de Raquel se tensó y no pudo reprimir un grito de placer.
-¡Aaaaaaah!, madre mía, que bueno, sigue joder.
-¿Te gusta que te coma el coño zorra?.
-¡Cómetelo entero joderrrrr!, ¡ah!, ¡ah!, ¡ah!…
Cuando el hombre detectó que Raquel estaba preparada, se levantó. La giró y la puso contra el mostrador. Humedeció su verga con saliva y buscó el sexo de la hembra. Al principio lo posicionó y lo introdujo lentamente. A esa fase inicial Raquel respondió con un gemido de placer. Cuando pareció que el sexo de la chica ya estaba listo, el hombre metió su miembro de un golpe seco. Tenía sujeta a Raquel por la parte interna de ambos codos, y la embestía con fuerza. El cuerpo de Raquel se contorsionaba de placer, y los pechos bailaban agitados.
-Joder, vaya polla que tienes cabrón, está durísima, ¡ah!, ¡ah!, ¡ah!, ¡ah!…
-Te gusta que te follen así de duro, ¿eh zorra?
-Dios mio, fóllame joder, ¡ah!, ¡ah!,¡ah!, ¡ah!, ¡ah!….
-Joder, que bueno está, tienes el coño chorreando cabrona.
El hombre no esperó mucho tiempo para darle la vuelta a Raquel. La cogió en peso, y se sentó en una silla cercana con ella encima. Raquel empezó a botar sobre su semental y al mismo tiempo se llevó la mano derecha hasta el clítoris. El cliente la tenía bien sujeta por la cintura, y de vez en cuando subía de forma seca y áspera la cadera para introducir su falo dentro de Raquel. A ella no tardó en llegarle el orgasmo. Empezó en el coxis, y por la espalda subió hasta la nuca como una corriente eléctrica. Sin dejar de moverse con el pene dentro, se agarró al cuello del hombre y acompañó el orgasmo con unos movimientos violentos.
-¡Aaaaaaah!, ¡aaaaaaaah!, ¡aaaaah!, la ostia, joder. Hijo de puta, me has hecho correrme como nunca.
Pero el hombre quiso aprovechar su momento. Se levantó con Raquel en volandas, y la empotró en la pared que estaba detrás de ellos. Raquel se abrazó al cuello de su amante y esperó la estocada. La polla pringosa del hombre no tardó en entrar de nuevo dentro de ella. El hombre embestía a Raquel como si no hubiera un mañana, y el cuerpo de la chica se contraía y se relajaba, para volver a contraerse y relajarse. El ruido de los dos cuerpo chocando desnudos era lo único que se podía escuchar en el local. Raquel sudaba a mares, sentía las gotas de sudor por el escote, el vientre, la espalda. Al hombre le caían las gotas por la frente y la sien, y su espalda brillaba por la humedad acumulada sobre la piel.
-¡Fóllame más fuerte!, joder, que bueno, dame más cabrón. ¡Oh!, ¡oh!, ¡oh!, ¡oh!…
-¿Quieres más todavía zorra?, toma polla zorra, -le respondía el hombre acelerando las embestidas.
-Me corro joder, te voy a llenar ese coñito entero de leche.
Raquel sintió dentro de ella, las palpitaciones del miembro, y acto seguido un calor agradable.
-¡Aaaaaaaah!, toma zorra, ¡aaaaaah!.
Raquel se abrazó fuertemente a su amante.
-¿Porqué no me avisaste que venías?.
-Perdona, pero fue rápido. Me cancelaron un vuelo a Tel Aviv, y como no salgo hasta mañana por la noche, me vine a casa.
-No te esperaba Andrés, pero ha sido una sorpresa muy chula. Joder, me has puesto pringando. Tengo semen tuyo hasta en los muslos.
-Encima te quejas. A mi me has dejado muerto.
-Nos duchamos en baño de la tienda y nos vamos, ¿te parece?. Antes de ir a casa, hay que pasar por el supermercado, falta leche y fruta.
-Ok. ¿Y los niños?
-Este fin de semana se quedan con tus padres, que iban a la casa de la playa.
-Eso quiere decir que esta noche más.
-Es que no esperaba otra cosa machote mío.
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