Xtories

Cuando me sale la zorra

Lleva años cansada de hombres que no la satisfacen. Esta noche, decide tomar el control y buscar a alguien capaz de hacerla temblar. El encuentro en el pub no fue casualidad; era la caza que necesitaba.

Pieldemanzana11K vistas

A veces me sale la zorra que llevo dentro. Esa zorra que cada mujer lleva consigo. Unas la muestran descaradas, otras la disimulan toda la vida y otras, como yo, de vez en cuando la dejan campar a sus anchas.

Y es que si, que puñetas, de vez en cuando sientes que el cuerpo te lo pide. Necesitas de sexo duro. De ese que te deja temblando las piernas y boqueando como pez fuera del agua.

Estaba cansada de tanto machito que me tocó en esa época. Hombrecillos que parecen que te van a dar como a cajón que no cierra y se corren a la primera mamada. Muy cansada de esos.

Necesitaba un tío de verdad. De los que saben y aguantan. De los que te hacen gritar. De esos que te dejan las bragas como bebedero de patos.

Si, me salió la puta que llevo dentro. Otra vez. Necesitaba sentir leche caliente en mi coño, en mi boca, en mi culo, donde fuera, pero la necesitaba ya.

Así que sabía bien donde encontrar ese hombre.

Me duche a conciencia, como cada vez que voy a follar. La higiene por encima de todo. Un rasurado más a conciencia aún. No podía quedar un vello en todo mi cuerpo. El perfume perfecto, caro pero perfecto. La tanguita negra transparente, el suje a juego. Una minifalda a la altura de mi culo y un top más corto aún.

Maquillada como una puerta me dirigí al pub de debajo de mi casa. Ya lo tenía controlado. A esas horas ya tendría que estar por allí.

Y no me equivocaba. Nada más entrar lo vi. Allí estaba, jugando al billar con otro que sería de su edad. Ya cuarentón. Lo miré por un momento antes de dirigirme a la barra a pedir una copa.

La mayoría de los tíos babearon al verme. Alguno más adelantado me preguntó si podía invitarme a una copa. Con un guiño lo despache diciéndole que ya estaba pagada. Y se quedó a mi lado mirando disimuladamente mis tetas. Me reí por dentro. Da placer hacerlos sufrir.

Me senté en un taburete y sé que parte de mi culo quedó bien a la vista de algún afortunado. Tire un poco de la falda hacia abajo simulando incomodidad. Di un largo trago mientras mis ojos lo buscaban en el reflejo del espejo de detrás de la barra.

Que bueno está el cabrón este. Pensé para mis adentros mientras lo veía inclinarse sobre el billar dejando su culo bien visible bajo los vaqueros. A su edad estaba muy atlético.

Casi salté del asiento para acercarme como distraídamente hasta la mesa de billar. Fingí interesarme por la jugada. Noté sus ojos recorrerme por entero. Mi juego comenzaba ahora.

Después de varias jugadas se dirigió hasta la columna donde me apoyaba. Me preguntó si sabía jugar. Con media sonrisa contesté que solo un poco. Lo justo para coger el taco. Me invitó a una partida si gustaba. Claro que quería jugar…y mucho.

Colocó las bolas en el triángulo y me invitó a sacar. Medio pub se volvió para mirar mi culo. Tiré mal adrede. Él sonrió comprensivo y me preguntó que, si quería, me podía enseñar. Cándidamente dije que sí.

Después de jugar él, volvió mi turno. Le pedí ayuda para coger el taco. Se colocó detrás de mí para situar mis manos en la posición correcta. “No pude evitar “rozar mi culo contra su paquete. Me gustó lo que noté.

La partida continuó y las bolas fueron cayendo en sus agujeros. Entre tiro y tiro me rozaba con él cada vez que podía.

Me fijé en su dedo y vi un anillo. Igual se me escapa, pensé. Pero no. Acabamos la partida entre risas, roces y consejos. Cuando la última bola entró en su hueco me invitó a una copa.

Nos dirigimos a la barra donde nos sirvieron. Para entonces su pierna se había colado entre las mías con la excusa de la falta de espacio. Yo las abrí un poco para que pudiese ver debajo. Como si no me diese cuenta, pero perfectamente calculada la jugada.

Nos presentamos formalmente. Reímos ante el hecho de haber jugado sin saber nuestros nombres. Se acercó para darme un beso de saludo y mi mano tomó contacto en su cintura. Allí se quedó.

Hablamos un poco mientras yo trataba de manejar la situación. Otra copa. Ahora era su mano la que se apoyaba en mi cadera, muy cerca del nacimiento de mis glúteos. Lo dejé. Por supuesto que lo dejé.

Debido a lo alto de la música nuestras caras estaban casi juntas. Aproveché para pegarla a su cuello y darle un ligero beso. Me miró con cara pícara.

No tardó en invitarme a ir a otro sitio. Le sugerí que a mi casa.

Aceptó como si esto le pasase todos los días. Una tía buena dejándolo hacer e invitándole a su casa. Me ayudó a bajar del asiento. Aprovechó, con la excusa de bajar mi falda, para palpar mi culo. Le sonreí.

Apenas a un paseo llegamos a mi portal. En el ascensor me dejó claro a qué jugábamos. Me besó con pasión entre piso y piso. Se pegó a mi hasta hacerme sentir en la pierna “su mercancía". Una tremenda polla se frotaba contra mí. Mis bragas se humedecieron.

Cuando paró el ascensor nos recompusimos por si había algún vecino. Abrió la puerta y me siguió como un perrillo hasta mi piso.

Tras cerrar la puerta no me dejó tiempo casi ni a dejar mi bolso en la percha. Me aprisionó contra la pared dejándome sentir su lengua hasta la garganta mientras sus manos se hacían dueñas de mis tetas. Aguanté el envite y le devolví besos y caricias.

Tiró suavemente de mi top hacia arriba para liberar mis tetas, pero no lo terminó de quitar. Me dejó los brazos trabados en alto con él. Mientras con una mano me hacía su prisionera con la otra trataba de abrir mi falda que no tardó en caer a mis pies.

Sin soltarme, bajó su boca a mis tetas y las lamió por encima del encaje. Mis pezones reaccionaron al contacto. Subió el sujetador para, ahora sí, lamérmelas a su gusto.

Su polla chocaba contra mi pubis. Estaba caliente y dura. Quería sentirla ya en mis manos, en mi boca, donde fuese, pero sentirla ya.

Su mano bajó hasta mi coño que lo recibió bendiciendo el gesto. Por encima de mi tanga frotó sabiamente todo a su alrededor. Apretando lo justo. Sacándome gemidos prolongados.

Después de un ratito apartó la tela para sentir la inundación en sus dedos. No hacía falta explicarle donde está mi clítoris.

Después de mojar bien sus dedos en mis fluidos lo aprisionó junto a mis labios mayores, en una especie de pellizco que me hizo temblar. Que cabrón, sabe cómo hacerlo.

Mientras, buscaba mi boca para someter mi lengua al asalto de la suya. Me chupó los labios con ansias, los lamió hasta agitar mi respiración.

Mis manos seguían atrapadas contra la pared. Ni podía ni quería bajarlas. Lo iba a dejar proseguir el juego.

Me giró dejándome contra la pared. Escuché el deslizarse de una cremallera. El calor de su polla contra mi culo mientras apretaba mis tetas y me besaba el cuello llenándome de escalofríos.

No fue más allá. Solo se frotó dejándome claro cómo estaba. Para entonces decidí parar un poco.

Me revolví entre risas para escapar de él. Me dejó alejarme camino al dormitorio. Me siguió.

A los pies de la cama me paré en seco. Tanto que casi chocó contra mí. Abrí su camisa hasta quitársela. Ahora mi boca quería carne y no había otra más cercana a ella que sus pezones.

Saque la lengua para lamérselos a placer. Ahora era él el que gemía. Se los cubrí de saliva, se los mordisqueé.

Mis manos tiraron de su pantalón tratando de coger de una vez aquella polla. Cuando estuvo libre la tomé con fuerza entre mis dedos. Estaba dura, muy dura.

Me arrodillé hasta dejarla al alcance de mi boca. Lamí aquella cabeza roja antes de hundírmela en el paladar. Dios, cuántas ganas tenía de aquello. La chupé con gula. Sin buscar que se corriese, pero con ansias. Él, apoyó sus manos en mi cabeza y se dejó hacer.

Le empujé hasta que cayó en la cama. Volví al ataque. Separé sus piernas para llegar a sus bolas. Calientes y rebosantes de leche. Las lamí como antes hiciese con su polla. Fui un poco más abajo, hasta llegar a su ano. Sé que cuando dejo salir la zorra soy muy zorra…y muy guarra. No me importaron sus reticencias. Empuje con mis manos sus glúteos hasta poder hurgar con mi lengua donde nunca da el sol.

Se estremecía, lo sentí balbucear, no entendí que decía. Lamí hasta sentir mi lengua cansada. Lentamente volví a sus bolas y de allí a engullir de nuevo aquella polla babeante.

Necesitaba atragantarme de polla. Sentir arcadas al rozar mi campanilla. Emitir gorgojeos con mi boca.

Cuando me sentí satisfecha repté por su cuerpo hasta poner mi coño frente a su boca. No podía escapar. Su lengua salió disparada en busca de mi clítoris mientras mis manos apretaban mis tetas. Me frotaba contra él como poseída. Come, come…bébeme entera, le decía mientras notaba su saliva por todo mi coño.

Lo tomé del pelo para marcarle el lugar exacto. Elevé un poco el cuerpo para dirigirlo hasta mi culo. Ahora me tocaba a mí. No hay nada que me ponga más cachonda que sentir una lengua lamiendo mi ano.

No se quejó. Obedientemente hundió su lengua en mi culo. Lamió hasta donde podía llegar. Mis gemidos escapaban de la habitación. Mi culo oscilaba de adelante a atrás. Llevando su boca de mi culo a mi coño. Lo sentí casi asfixiado, pero se dejó hacer.

Después de casi correrme tuve que parar. Me retiré de su cara y me senté directamente sobre su polla. La hice resbalar por mi culo hasta frotar mi clítoris.

Con una mano apreté aquella cosa gorda una y otra vez contra él. Su glande resbalaba de un lado a otro de mi coño, abriendo mis labios, rozando mi clítoris, dejándomelo empapado de su líquido preseminal, lo que hacía el contacto más excitante.

Lo restregué hasta que sentí como me corría a mares. Caí sobre su pecho jurando en arameo mientras convulsionaba.

Cuando me recuperé sentí sus manos en mi culo y su polla entre mis glúteos. Subía y bajaba, se sentía divino. Llevé mi mano atrás hasta poder apretarla entre ambos. Seguía dura, más dura. Y no se había corrido aún. Pensé en que ya le tocaba…por primera pero no última vez.

La apreté hasta sentirla entrar un poquito en mi culo. La zorra seguía saliendo. Empujó un poco y se adentró en mi recto haciéndome gritar. Separó mis glúteos con sus manos para hundirse aún más. Y lo hizo, vaya que si lo hizo. Pude sentirla en el estómago.

Entró y salió cuanto quiso. Yo le ayudaba meciéndome sobre sus piernas. Me la saqué por un momento para darme la vuelta y que él pudiera ahora ver bien mi culo. Me la volví a clavar. Ahora él podía ver perfectamente como su polla se hundía en mi hasta los huevos.

Mis manos abrían mi culo para sentirlo mejor mientras lo cabalgaba a placer. Me sentía rellena como pavo en Navidad. La sentía palpitar a cada embestida. Notaba su glande rozar mi interior arrancándome quejidos lujuriosos.

Subí y bajé mil veces. Hasta que noté como se iba endureciendo más dentro de mí. Hasta que sus manos tiraron de mis caderas arrancándome un grito al notar su leche inundando mi culo. Me corrí de nuevo mientras sentía aquella calidez en mi recto.

Me descorché como pude cayendo de espaldas en la cama junto a él. Trataba de recuperarme rápido para proseguir. Aun no se me había pasado lo zorra.

Él jadeaba aún cuando me giré para apoyar mi cabeza en su pecho. Le di un piquito antes de bajar de nuevo hasta sus pezones. Creo que quiso resistirse a mi lengua, pero me dejó hacer.

Lamí delicadamente su pezón, con ternura mientras veía su polla allá abajo, ahora flácida, pero manteniendo algo de su robustez. Bajé la mano hasta asirla. Él tembló un poco al contacto.

Pasé a lamer su otro pezón mientras mi mano comenzaba a hacerle una paja. Deslice mi cabeza hasta ella. Si hay algo que me pone a cien es sentir como engorda una polla en mi boca.

La introduje sin ser agresiva. Se que está sensible después de una corrida. Me limité a pasar la lengua muy despacio por su glande. Tremolando en su punta con la punta de mi lengua. De vez en cuando la aspiraba como queriendo chupar su alma. Mi mano jugaba con sus bolas o se deslizaba hasta su culo.

Poco a poco la noté tomar consistencia. Poco a poco la sentí revivir en mi boca. Engordó hasta tener la rigidez anterior. Hasta llegar a mi garganta. Seguí chupando.

La lamí hasta que lo escuché murmurar algo. No le hice caso, seguí a lo mío. Seguí hundiéndomela una y otra vez hasta sentir arcadas y que mis lágrimas resbalaran por mis mejillas. Placer de dioses…o de diosas.

La saqué para pajearlo frente a mis ojos, ese magnetismo animal que te ata a una polla se dejaba sentir en mi cuerpo.

Lo abandoné solo para arrastrarme por su cuerpo hasta su boca. La mordí mientras me sentaba en su vientre.

Él me empujó hacia un lado. También quería guerra.

Me tumbó de espaldas. Puso sus piernas sobre mis brazos impidiendo cualquier movimiento por mi parte. Tomó mis tetas con sus manos e introdujo aquella polla entre ellas, comenzando a hacerse una cubana que, de vez en cuando, rompía para hundírmela en la boca hasta asfixiarme.

Pasaba su glande por mis pezones alternativamente llenándome de escalofríos. Volvía a frotarla entre mis tetas duras ya como piedras a esas alturas.

Pasó una mano hacia atrás, hasta alcanzar mi coño. Dos dedos se hicieron camino hasta meterse dentro de él. Sentía que me correría de nuevo si no paraba. Pero no paró.

Se desmontó de mi para colocar su cabeza en mi vientre. Quería ver bien cómo “me violaba" con sus dedos.

Comenzó a hacer un movimiento con ellos dentro de mi coño como de llamada. Mi punto G estaba justo allí y él lo sabía. Un mete saca rápido y mi fuente salpicó hasta los pies de la cama mientras yo entraba en un paroxismo de temblores y convulsiones descontroladas. Solo paró cuando se lo supliqué.

Pero no me dejó quieta mucho tiempo. Tiró de mi hasta voltearme, puso la almohada bajo mi vientre hasta dejar mi grupa bien a su alcance.

Sentí su polla entrar en mi coño y me quejé ante esto. Aún estaba muy sensible en esa zona. Pero no le importó mucho. Me bombeó hasta que de nuevo sentí esas convulsiones en mis entrañas. Estuvo así hasta que decidió sacarla y hundirla sin contemplaciones en mi culo arrancándome un grito de dolor. Tampoco le importó, siguió clavándome contra la almohada hasta notar sus huevos chocar contra mis muslos. Me sentía rota, casi violada, pero…muy zorra.

Me imaginaba como seria la imagen que tenía frente a él. Un culo a su disposición, un buen culo diría yo. Metiendo su carne caliente a su antojo. Escuchar mis gemidos de zorrita mientras me contoneaba contra él. Si, supongo que para un hombre esto tiene que ser la ostia en verso.

La metía alternativamente en mi culo y en mi coño. Me quería morir de gusto. Gemía casi sin fuerzas mientras me taladraban por ambas partes. Para colmo coló su mano entre mis piernas para torturar mi clítoris. Si, me estaba derritiendo contra él.

Empujé mi culo hacia atrás hasta sentirlo en lo más profundo de mí. Me aferraba a las sábanas tratando de no perder la razón. Me corría sin parar, sin que le importasen en absoluto mis súplicas de un respiro. Seguía hundiéndose en mí, sin visos de correrse, sin aflojar un momento.

Perdí la cuenta de cuántas veces llegué al clímax. Perdí la noción del tiempo y el espacio. Creía estar soñando por momentos.

Me dio la vuelta, puso mis piernas en sus hombros y siguió follándome indiscriminadamente. Mi coño, mi culo, daba igual. Entraba y salía de uno a otro mientras miraba mi cara desencajada de placer.

Al fin lo sentí temblar y su respiración se entrecortó. La inundación de leche me llegó hasta el alma mientras volvía a correrme a mi vez. Los ojos vueltos, las piernas temblando, sintiendo aquel torrente de leche en mi útero.

Creo que me quedé inconsciente. Cuando volví en mi estaba sola en la habitación. Se había marchado y ni me enteré.

Encendí la luz de la mesita para buscar agua, me sentía seca. Junto a la botella de agua una tarjeta de visita, detrás un garabato. “Llámame cuando necesites más. Ha estado fabuloso. Besos"

Bebí hasta sentirme satisfecha. Miré la cama toda revuelta. Tuve que convencerme de que no, no había sido un sueño. Madre de dios si aún me temblaban las piernas….

Por un tiempo creo que guardaré la zorrería. Tampoco es cuestión de abusar que luego te acostumbras y…guardaré la tarjeta…por si acaso…