Colombiana en el parque
Fernando creía dominar el juego de la atracción, pero fue Jimena quien lo llevó más allá de las miradas furtivas. En la intimidad de su piso, la conversación dio paso a un deseo que no pidió permiso para explotar. Esta vez, no hubo rechazo, solo entrega.
Hola nuevamente, soy Fernando de Barcelona. Escribo este relato para contar lo que pasó un domingo de primavera, y los días posteriores, cuando conocí a una colombiana sensual en un parque de Barcelona. Me describo, pues no lo suelo hacer mucho. Soy de cuerpo atlético y me gusta hacer cualquier deporte (tenis y natación son mis preferidos) tengo el cabello rapado a los costados y también una barba que me cubre desde las patillas hasta el montón a ambos lados, aunque me afeito también una vez por semana la barba. No me gusta decir si soy o no atractivo, eso ya depende de quien quiera descubrirlo!
Desde hace unas semanas, voy todos los domingos a la playa de Barcelona desde las 9 de la mañana a mirar mujeres y hablar con ellas. Me resulta placentero estar cerca de mujeres tan sensuales y mirarles las tetas sin ninguna consideración. Por supuesto que soy discreto y no les causo ninguna verguenza. Me he acercado a varias de estas mujeres, para conversar (no todas en toples). Siempre resultan conversaciones buenísimas, mientras de reojo les miro las tetas y el culo, pero no voy a mentir: no he conseguido nada más que sus números, lo cual es bastante decepcionante.
Lo cual me lleva al inicio de esta historia, decepcionado ya de confirmar una y otra vez que el sexo no está ni cerca de estar bajo mi control, sino que soy solo un espectador secundario de lo que decidan las mujeres a la que me acerco, el domingo pasado me quedé dormido y al despertar decidí no ir a la playa. Ya hacia la tarde, el día empezaba a hacerse muy largo por lo que decicí salir al parque que está cerca de mi casa, y que ya he mencionado en anteriores relatos. Al llegar, no pude evitar regresar a lo más instintivo: buscar mujeres, y por suerte no tardo una en aparecer frente a mis ojos.
Lo primero que le vi fue el culo, pero no por ser un pervertido, sino porque estaba de espaldas a mí, sentada en una banca y sacando culo hacia donde yo venía. Vestía una de esas prendas deportivas que usan las mujeres y que se pegan al cuerpo. Empecé a calcular inmediatamente cómo acercarme a esa mujer. Pasé por su lado, mirando la fuente de patos y luego la miré: cabello negro y largo, joven, piel clara, lectora de novelas, 28 años. Me pareció guapa, ya solo por su culo se había ganado toda mi atención, pero tras darle una ligera sonrisa, al ver que me correspondía con otra sonrisa; supe que intentaría hablar con ella. No recorrí todo el parque buscando más mujeres, solo me senté en la banca de la derecha. Me senté y saqué también mi libro, Guerra y Paz de Tolstoi. Su postura corporal apuntaba hacia mí desde antes de que yo me sentara ahí, pero ese día estaba menos paciente, no sé por qué - tal vez, porque había encontrado a una mujer rápido, por lo general me tomo un poco más de tiempo para decidir a quien hablarle- por lo que me levanté y le dije:
- puedes cuidar mi libro mientras doy una vuelta por la fuente?-
- el libro? si claro
- gracias, se ve bien desde tu lugar?
- si, o sino mejor déjalo aquí?
En esa pequeña conversación noté su acento colombiano. Yo vestía un pantalón holgado de algodón y rezaba, mientras conversábamos, para que no notase la erección que sentía que se me había formado a la altura del pene. Caminé hacia la fuente dándole la espalda y relajando mi mente para eliminar mi erección y que pudiera regresar a hablar con ella. Al cabo de unos minutos, regresé a hablar con ella. Nuevamente, aparecí por atrás para deleitarme con su culo. Le dije:
- he visto que ya no están los ganzos del parque
- habían ganzos aqui?
- parecen patos, pero no. Son más grandes y caminan como militares
Se río, por lo que me senté a su lado y empezamos a conversar. Yo la escuchaba y ni bien se distraía, aprovechaba para mirar como estaba vestida. Llevaba un top blaco, aunque su espalda la cubría con una sudadera. Este top lo llevaba hasta la cintura, me encataba ver la piel de su abdomen. Y hacia arriba tenía unas tiritas que le alzaban las tetas. Le pregunté, señalanado la sudadera:
- eres XS?
- qué observador eres. Si, a las chicas nos gusta usar ropa más chiquita!
Ese día me dió su número y quedamos en que la ayudaría a hacer algunas cosas que necesitaba para presentarse a unos estudios de administración. Al momento de despedirnos aproveché para acercarme ligeramente a sus tetas y rozarle una. Me encantó cómo se sintió. El encuentro se concretó a media semana. Fui por donde vivía y quedamos en tomar algo. Esta vez apareció menos apretada que la primera vez, pero aun así estaba muy guapa. Estuvismo conversando y me comentó que su compañera no estaba en el piso porque no coincidían casi nunca en horarios. Cuando ella estaba en casa, la otra trabajaba. Luego de pedir la cuenta, le dije para acompañarla a su piso. Este movimiento lo había intentado con dos mujeres de tinder con las que salí la semana anterior, quienes me parecieron muy aburridas al rechazarme, por lo que no les volví a hablar, a pesar de que nos llevamos muy bien. No me gusta ir a tomar cafés interminables, sino el contacto físico. Jimena me invitó a pasar, siendo claramente más desinhida que las dos mujeres anteriores. Eso me gustó y al pedir el elevador, la agarré de la cintura y me acerqué para besarla. No quería que se pusiera a la defensiva por lo que no le agarré las tetas en ese momento, solo me limité a acercar mi cuerpo al suyo y besarla el cuello para descubrir qué tan sensible era.
Al pasar a su piso y cerrar la puerta, aproveché que no es muy alta para levantarla y abrirle las piernas mientras se amarraba a mis hombros. Ahora sí ya no iba a soltarla, ya estaba dentro. Cargada la llevé a su habiación. Jimena ya no hablaba, solo se dedicaba a dirigirme por su piso y a gemir. Llegamos a su habitación y la tiré a la cama. Ella cayó con las piernas abiertas, esperando a que me abalanzara sobre ella. Yo no lo hice, me paré y le empecé a agarrar las tetas. Eran relativamente grandes y tenía pezones finos. Las saqué totalmente del sujetador que llevaba. "Te gustan?" me dijo. "Desde que te ví en el parque" respondí. Le apreté las tetas como un salvaje mientras le besaba el cuello, para luego morderlas y succionarle los pezones. "Ya debes tener la vagina muy mojadita". Le dije y me miró sin responderme, a la vez pasaba mis manos sobre su pantalón a la altura de su vagina. Se lo abrí rápidamente, con Jimena todo había sido muy rápido, y miré como su humeda se traslucía en sus bragas. Jalé las bragas hacia un lado para mirarle la vagina depilada. No aguanté más y me dejé caer sobre su raja para descubrir su sabor. Su miel tenía un olor fuerte, por momentos me detenía a olerle la vagina para luego abrirle la vagina fuerte con mi lengua. Jimena ya gemía como loca y me agarrba del cabello, no dejándome salir de su vagina.
- Métemelo
- ya quieres tenerme dentro de ti?
- Si
Saqué mi pene de mi pantalón y vi cómo sus ojos se abrían hipnotizados. Se levantó y puso sus mini-manitos XS en el grosor de mi pene, mientras miraba poseida la cabeza, más gruesa aún que el tronco. Me jaló del pene hacia su boca. Yo acepté que me lo humedeciera bien antes de reventarle la vagina. Luego de unos minutos de que mi pene fuera empujador por mí y succionado por ella, siempre hacia el interior de su boca, Jimena me soltó y volvió a recostarse en la cama abriendo sus piernas y levantando sus tobillos del colchón. Decicí que quería tenerla totalmente sometida a mí, así que la agarré de los brazos y se los alcé por encima de su cabeza. En un ejercicio de coordinación complejo dirigí mi pene sin decirle nada hasta la entrada de su vagina y sin mirar. Se la metí de golpe, quería que lo sintiera y quería dejerle bien inflamada la vagina. Gritó y soltó un gemido de colombiana. Se la estuve metiendo un buen rato. La agarraba de las piernas y de las tetas y mientras se la metía, con una mano buscaba en su pequeña vagina su clítoris para apretarlo con mis dedos y darle más placer. Esta hembra colombiana no dejaba de gemir y yo no podía soltarla ni para cambiarla de posición. Cuando la tenía en cuatro, agarré la tanga que le había quitado y me la llevé a la cara para olerla. Me excitaba mucho ver donde acomobada su vagina los días que no estaba abierta. Minutos después, Jimena eligió sus tetas grandes como el lugar donde explotaría mi semen, después de un largo gemido mío.
Nos quedamos un momento desnudos besándonos, mientras le acariaba la vagina. Le miraba el tajo pensando cuándo volvería a ver otro. Me vestí pero no la dejé vestirse. Solo se puso un top y le pedí que me acompañra así a la puera del piso, chorrerando semen por las tetas y con la vagina suelta e inflamada. Así lo hizo, nos besamos parados y por estar desnuda abajo, le pedí que alzara una pierna para mí. Al despedirme, pensé que volveré a la playa este domingo porque un hombre no puede renunciar al placer de una mujer, por muy esquivo que resulte.
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