Pedro (2)
La cena estaba lista, el vino se enfriaba y la llamada de Pedro resonaba en su mente. Pero fue el descubrimiento en el cajón de su esposo lo que encendió la verdadera chispa: ¿quién está jugando con quién?
La vida continuaba y nosotros, en su inexorable tranquilidad, decidimos no repetir la maravillosa experiencia, no por falta de ganas, sino por nuestras parejas, que no merecían nada menos que la lealtad que recibíamos de su parte.
Esteban, mi marido, es un hombre cariñoso, cálido y muy educado, y un día llego con una botella de vino y propuso brindar, sorprendida, le pregunté si había algo especial por lo cual hacerlo, mientras cortaba verduras para hacer una ensalada, que acompañaría un corte de carne americano que había encontrado en el super, me dijo que en su trabajo, iría 3 meses a Tailandia, abriría una sucursal de su empresa de transportes marítimos y que eso le daría la oportunidad de subir a un escalafón más alto en el consejo directivo, sentí su alegría fluir en cada palabra y la emoción por sus logros me hizo acercarme a él y besarlo, mis manos buscaron la bragueta de su pantalón y comencé a masturbarlo mientras mi boca navegaba en la suya, sentía como crecía en mi mano, mi excitación creció y mi culotte se mojó como prueba de ello, le dije que me hiciera el amor ahí mismo, el se quitó la ropa y me bajo la ropa interior, me dijo que me inclinará en la encimera de la cocina, yo obedecí y dónde antes cortaba los alimentos para la cena, mi estómago y brazos descansaban esperando el encuentro de su cuerpo con el mío.
Cuando entro en mi, apreté por instinto y el placer tímido comenzó a aparecer, una de mis manos bajo a mi clítoris y lo acaricio lentamente, esperaba en cualquier momento sentir esa necesidad de fuerza y pasión que te lleva al clímax, pero no llego, el bombeo de su cuerpo no tenía ningun ritmo que me excitara, sus manos en mis hombros no me trasmitían ningún tipo de posesión, y los besos que dejaba caer en mi espalda, se evaporaban sin permtirlos ser apasionados, mi mano intentaba en vano ser la que prodigara ese ansiado orgasmo, pero no logro su acometido y terminé fingiendo, gimiendo un gozo que no existía y que Esteban tomo como señal para que su propio placer explotara dentro de mi. Le dije que me encantó y que se cambiara y yo mientras terminaría la cena, metí el vino en el congelador y unas ganas de llorar inevitablemente me invadieron, Pedro apareció en mi recuerdo, su cuerpo en el mío, sus manos que me tocaban justo como necesitaba y su ritmo tan preciso, no necesitaba decirme nada, mi cuerpo le decía a el sus necesidades y de alguna manera el sabía leerlas, el sexo con el fue increíble y apasionado, recíproco, primario, parecíamos amantes de siempre, mientras que mi marido, el cual llevaba años a mi lado, no distinguía un orgasmo real a uno fingido por mí parte.
Cenamos y brindamos, le pregunté por su viaje y era en menos de una semana, me pidió que le ayudará con la ropa que sería adecuada para 3 meses en un país absolutamente distinto al nuestro, tenía que ir a la embajada también y dejar solucionado todo el papeleo que tenía atrasado, se escuchaba emocionado e ilusionado, yo sentía tanta alegría por el y busque otra botella de vino, seguimos hablando y el sueño lo venció, se quedó en el sofá traspuesto y le pase una manta por encima, mientras yo fui a nuestra habitación, había dejado el móvil cargando desde que empecé a preparar la cena y hasta ese momento lo recordé, al desbloquear el patrón de seguridad, vi un mensaje de Pedro: " ¿ DUERMES? ".
Apenas tenía 4 minutos de haber sido enviado y respondí que no, y solo respondió con un emoticón de teléfono, le dije que si, y me fui al balcón de la habitación, desde ahí podía ver la puerta, por si Esteban entraba, aunque lo dudaba.
Al escuchar su voz, mi corazón latió más fuerte, las formalidades hicieron su aparición y me contó que estaba corriendo un poco para mejorar su condición física, le dije que yo hacía spinning y yoga 4 días por semana, y que correr se me hacía muy difícil, quedamos muy formalmente de practicarlo juntos y que seguro yo disfrutaría más de el, si me enseñaba a hacerlo correctamente, después de 10 minutos de charla insustancial, le pregunté porque me había llamado, un silencio se hizo y solo dijo: No te olvidó Peque. Siempre me había dicho Peque, desde que nos conocimos me decía así y jamás lo había dejado de hacer, por segunda vez en la noche, tenía la necesidad de llorar y cuando me escucho, preocupado, dijo que jamás volvería a decírmelo, que entendía mi molestia, pero que llevaba dias sin poder pensar en otra cosa, que tenía en su memoria grabado con fuego nuestro encuentro, desde la cena, hasta ese adiós agridulce que no queríamos decir ninguno de los dos, pero que jamás haría nada para lastimarme y que podía olvidarlo, no me buscaria más. En ese momento le dije que no era por el mi llanto, en parte si, pero no era el motivo, y le conté mi encuentro sexual, de lo poco que sentí y de lo muchísimo que había sentido al estar juntos, de un sexo mecánico e impersonal, lejos de la pasión que necesito para disfrutar, y que lloraba por rabia de no poder aspirar a más, de ser una inconforme y una esposa sin la capacidad de disfrutar con su marido, y de lamentablemente poder comparar a dos hombres, y que aquel a quien debería preferir, no saliera bien parado.
Me dijo que entendía mi dilema, y que tenía algo que decirme, mi marido viajaría en 5 días y fijamos la fecha para ir a cenar juntos, pero mientras tanto, sería buena idea no escribirnos y esperar nuestra cita, y como una señal, Esteban abrió la puerta de la habitación y yo colgué repentinamente, me pregunto si todo estaba bien y me excuse diciendo que tenía poco sueño, el me pidió acompañarlo a la cama y mientras lo decía, se quitaba el pantalón de pijama, me acerque y metió la mano entre mis bragas, un dedo comenzó a acariciar mi clítoris y cerre los ojos, pensé en Pedro, en como sus besos eran tan perfectos, en sus manos cogiendo mi cintura y acercándome a el, olvide quien era el que estaba frente a mi, y Pedro apareció en mi fantasía personal, lo empuje hacia la cama y con la polla tan tiesa, el sexo oral me insto a ello, lo hice disfrutando cada momento, pasando mi lengua por todo el tronco y disfrutando del capullo como si fuera un polo, podía ver la cara de Pedro gozando de mi mamada, y me rehusaba a abrir los ojos para no romper la ilusión, lo monte, me corrí dos veces, pero sabía que estaba pasando por que imaginaba que era yo quien se lo estaba haciendo a Pedro, después de un rato largo, Esteban se corrió y decidimos dormir, y yo me abrace a la almohada, pensando en amante, y no en el sentido vulgar de la palabra, si no el que involucra todo, menos algo negativo.
Llegó prometimos videollamadas diarias y que yo iría en cuanto pudiera,nos besamos y nos dijimos adiós, recibí un mensaje justo cuando entraba a una tienda de lencería, estaba a punto de despegar su avión y le dije que me avisará en cuanto llegara a Tailandia, veía la ropa y pensaba que necesitaba renovar mi lencería, aunque en mi yo más intrínseco, pensaba en lo que Pedro preferiría, tangas negras, bikinis en colores pastel, o mis favoritos, culottes de encaje en tonos vivos, al ser morena, esos colores me favorecen muchísimo, cogí 5 braguitas de encaje y sus bralettes a juego, un salto de cama blanco y dos pares de medias, pase también por el supermercado y compré queso, pan, uvas y dos botellas de vino, en la noche cenaria con Pedro, y decidí comprarme algo de ropa también, deje lo anterior en casa y antes de volver a salir, busque algo de dinero en el cajón de Esteban, siempre tenía 250 € para alguna emergencia y para no ir al cajero decidí tomarlo, para mí sorpresa, justo abajo del dinero, encontré un tubo de lubricantey 2 condones cuidadosamente doblados, me sorprendí, pero en ese momento no le di importancia y salí corriendo con el dinero.
Decidi usar un vestido azul, con un discreto escote y de cierre por la espalda, llegaba a la rodilla, era bastante discreto, pero me parecía elegante para una cena entre amigos.
La noche prometía.
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