Viaje al chiquito de la amiga de mi esposa I
La noche de luna de miel se arruinó cuando su esposa canceló el sexo por su periodo. Frustrado y encerrado en la habitación, Carlos descubre a través de la ventana a su amiga Paula follando con su marido. Cuando ella lo ve observando, no se enfada: le ofrece un secreto que cambiará todo.
Llegó el verano y con él, el calor.
Tras varios meses de espera, mi esposa y yo quisimos organizar algo diferente para descansar de la rutina diaria, así que tras varios dias de preparaciones decidimos cogernos un viaje, de 5 días, a una isla donde residían pareja amiga, y que siempre habíamos querido visitar. Además mi esposa quería recuperar ese tiempo que por trabajo o desgana, no habíamos tenido de intimidad, por lo que se preveía un viaje de locura y desmadre.
La idea era irnos a un hotel, y luego vernos en algún momento con ellos. De resto, visitaríamos los rincones y lugares que tan bonitos eran sin tener que depender de nadie y sin responsabilidades.
Llegamos un jueves y cansados por el viaje, decidimos ir directo al hotel. Nos cambiamos de ropa y nos fuimos a pasear y ver los alrededores. Esa noche nos acostamos temprano para poder recorrer la isla al dia siguiente.
Tras varias horas de coche, llegamos a una calita de arena negra que nos habían recomendado la pareja que allí vivía, y viendo que no había gente aún nos metimos a darnos un baño y poco a poco nos fuimos calentando entre caricias y roces, así que decidimos al regresar a la arena continuar nuestro juego en la toalla y quizás hacer algo, pero al llegar a ella escuchamos que un grupo grande de jóvenes se acercaba a la calita, asi que se nos fastidió la oportunidad.
Al llegar la noche, mi esposa habló por teléfono con nuestra amiga. Organizaron para vernos al siguiente día ya que era sábado y ellos no trabajaban.
Después de cenar, fuimos a ver algunas actuaciones en el hotel pero yo quería ya tomar a mi esposa, que se veía espectacular con su vestido ceñido y su gran escote. Su culo grandito y redondo me volvía loco, más aún cuando bailaba y me lo acercaba para rozarme. Al darse cuenta que estaba empalmado, me miraba con una sonrisa pícara y buscona, y volvía a separlo para que fuera tras ella. Esa noche, al llegar a la habitación fue al baño y regresó diferente.
- ¿Qué te pasa? Dije preocupado.
- No te lo vas a creer pero me ha bajado la regla con una semana de antelación. Lo siento.
No me lo podía creer.
- ¿Cómo es posible?, si planificamos todo para poder disfrutar los dos, dije muy frustrado.
Ella se encogió de hombros y fue a cambiarse para ir a la cama.
- Cariño, ¿y si lo hacemos en la ducha o me dejas probar tu culito?
- Hoy no, lo siento, me voy a dormir que mañana nos levantamos temprano y encima ahora estaré incómoda.
- Pues vale pero...
- ¡Ya! Eres un egoista sabes que estoy así y no es mi culpa.
Sabía que no era su culpa, pero me daba rabia y encima el viaje trataba de recuperar esa chispa ya que con el trabajo y las circunstancias llevábamos mucho tiempo que no hacíamos nada o era muy soso.
El reloj sonó a las 7.30 horas. Me desperté con una sensación de que todo había sido una pesadilla pero no era así. Había perdido toda ilusión por el viaje, al menos por el sentido del viaje y no me apetecía nada salir con la pareja.
Quedamos en vernos en una cafería. Al llegar ellos ni habían llegado asi que pedimos un cortado para esperarlos a desayunar.
Cuando Paula y su marido entraron por la puerta no la reconocí. No la recordaba tan explosiva. Llevaba un traje ajustado y escotado como los que llevaba mi esposa y le quedaba muy bien. No le puse más asunto pero al menos me alegró la vista.
Se acercó a darme dos besos, me gustó mucho su perfume. Juan su marido me estrechó la mano y tras unos instantes de saludos y preguntas, pedimos para desayunar.
De allí, fuimos a una playa cercana, pero la pareja nos dijo que mejor no iríamos a la playa, sino que iríamos caminando a una calita que estaba yendo por un sendero junto a la costa a unos minutos a pie.
Al ir caminando las chicas iban delante y mientras hablaba con Juan, no pude evitar ver como el culo de ambas se movía a cada paso que daban.
Al llegar, vimos aquella cala de aguas cristalinas y sin nadie que pudiera molestar. Mi esposa se quitó el vestido de playa y con unos pantalones cortos ajustados se puso a coger sol.
Paula, se quitó el vestido y fue como si un foco me deslumbrara. Disimulé para que nadie se diera cuenta de que me había quedado embobado mirando su cuerpo y salí corriendo hacia el mar a tirarme.
Paula y su marido me siguieron.
Durante varias horas, hablamos de todo mientras hacíamos paradas para refrescarnos.
- Eva, ¿haces topless? dijo de repente Paula.
- No me gusta mucho, pero sí en algún momento lo he hecho, dijo algo cohibida.
- ¿Te molesta que haga yo? el sol ya no es tan fuerte y me gustaría relajarme un rato, dijo ella. Yo siempre pregunto hay gente que se ofende y no quiero molestar, añadió.
- Por mi parte, no hay problema dijo mi esposa. Algunos se quedaran babeando mirandonos a Juan y a mí.
- Los ojos son niños, dijo Juan con una sonrisa.
Yo preferí no decir nada.
Paula se quitó el bañador y dejó al descubierto sus grandes senos. Tenía unos pezones grandes y rosados. Su marido le dio crema y aunque disimulaba al mirarla no se si logré disimularlo.
Mi eposa, me miraba de reojo intentando pillarme pero como veía que mi mirada estaba clavada en el horizonte se quedó rn silencio.
Me sorprendió ya que pasado un rato me pidió que le pusiera crema y aprovechando que le ponía por la espalda, desabrochó su bikini y dejó sus senos al aire.
- Y por aquí, ¿no me pones crema? dijo con una voz pícara.
Bien le gustaba picarme. Pero seguía molesto sabiendo que por mucho que me calentara ya se había perdido el juego del viaje.
- Claro que te pongo, le dije mientras untaba mis manos en crema para calentarla y pasarla por sus senos que enseguida mostraron sus pezones erizados.
- ¡Con cuidado que ya sabes que me duelen! apuntilló tras varias pasadas.
Juan, que ya había terminado de poner la crema a Paula, se giró al oir a Eva y se quedó engatusado viendo como la masajeaba.
- Ya te vale Juan, dijo Paula con voz seria pero chismosa. No has perdido la oportunidad de enseguida quedarte mirando las tetas de Eva. ¿No podías ser como Carlos, que ha respetado mi privacidad?
- Ya dije antes que los ojos son niños, respondió Juan entre risas. Lo siento Eva, Carlos no te lo tomes a mal.
- No me molesta, entiendo que la mires tiene un cuerpo espectacular, por eso me casé con ella, dije entre risas.
- ¡Ah, qué bonito! ¿sólo te casaste por mi cuerpo? Dijo Eva ofendida.
- No cariño, pero tuvo un gran peso. Te quiero por dentro y por fuera, dije con voz traviesa.
- ¡Qué bonito! ¿Ves Juan? Eso si es un piropo, añadió Paula.
- En todos estos años, ¿no has mirado o desado a otras? Dijo Juan mirandome como para ponerme en un apuro.
- Claro que sí, dije. Por que la quiera no quiere decir que no hayan otras mujeres guapas o que me llamen la atensión por su forma de ser, pero si lo que te refieres es que si he sido fiel, ¿quién lo es? Para ellas una mirada o un roce ya es ser infiel.
Paula se rió,
- ¡Muy buena respuesta! Típica de un hombre casado, añadió.
- Sí, es que se las sabe todas, apuntilló Eva.
- ¡Hablaron las santitas, porque ella no miran! Dije.
- Sí, pero no se nos nota. Dijo Eva entre risas.
Poco a poco la conversación se fue tornando a la parte íntima.
- ¿Alguna vez lo han hecho en una playa? Dijo Paula muy traviesa.
- Sí, en varias ocasiones, ayer mismo lo intentamos pero un grupo de personas nos estropeó la ocasión.
- Ves Juan, ellos si saben divertirse, le replicó Paula. Juan es muy tradicional, no lo saques de lo mismo porque se estresa.
- Cada uno es como es, dijo Eva, yo tengo también mis días y mis épocas.
- Bueno de eso mejor no hablar, dije algo molesto.
- No tengo culpa que seas tan pervertido, que todo lo quieres probar. Dijo mi esposa con un tono de molestia.
- ¿Pervertido? Dijo Paula intrigada.
- Sí, aquí donde lo ves tan correcto y calladito, este todo lo quiere probar y propone cada cosa que alucinas, añadió Eva.
- Eso es lo divertido, Eva. ¿Qué es lo más fuerte que te ha propuesto aquí el galán?, dijo Paula reclinándose para escuchar mejor.
- ¡Uff!, ignoras. En una ocasión, me pidió masturbarme en la casa de unos amigos un día que fuimos a cenar.
- Delante de ellos, dijo Juan.
Yo miré a Paula como me miraba fíjamente y sonreí.
- ¡No!, en su aseo, aclaró Eva. Aquí el señorito quería que luego le contara la experiencia mientras él hablaba con ellos.
- ¿Y lo hiciste?, se apresuró Paula a preguntar.
- Claro, dije yo enseguida. No se puede resistir a mis ideas locas, añadí. No te quejes tanto que en el fondo te gusta y gracias a mí sales de la rutina.
- ¿No te gustó? Dijo Juan.
- Pase muchos nervios, peroo... ¡sí!, si me gustó. Pero no siempre se puede estar así.
- ¡Vaya por dios!, murmuré yo.
- Y aquí el galán, ¿te ha pedido que les ofrezcas tu puerta trasera? A mi me gusta llamarlo el chiquito, matizó Paula.
Eva me miró sonrojada, buscando mi aprobación para contarlo.
- Sí, también me lo ha pedido y aunque al principio no me hacía mucha ilusión un dia me atreví a probarlo y la verdad que se tomó su tiempo y delicadeza y acabé disfrutándolo. Dijo Eva. ¡Oye! ¿Y ustedes? Que aquí solo confesamos nosotros, replicó Eva a la pareja.
- A mí eso no me gusta, dijo Juan algo molesto.
- Es que el viejito aquí donde lo ven no sale de más de lo mismo. Yo si le he pedido probar y más cosas pero no cede nunca. Dijo Paula bastante cabizbaja. Un dia me busco un amante que me alegre el día.
Juan la miró y se levantó, fue al mar y se tiró de cabeza.
La conversación quedó ahí, habiamos pasado de un juego morboso a sacar los trapos sucios. En el fondo todos los teníamos, ya que tras muchos años de relación la monotonía y el morbo se iban diluyendo.
Al finalizar la tarde los chicos quisieron invitarnos a cenar a su casa. Así veiamos donde vivían y aceptamos gustósamente. Pasamos por el hotel, nos duchamos y nos preparamos para la ocasión. Ellos nos recogieron sobre las 21.00 horas y fuimos directos a su casa.
Era muy bonita y grande. Tenia dos plantas, un gran jardín y rodeada de arboleda. No tenían vecinos cerca o al menos no se divisaban sus casas. En la planta baja tenían la cocina, comedor, salón, baño y garaje. En la parte alta, dos habitaciones y una terraza con una zona chill out, hamacas, barra de bar, mesas, luces, sillones... una pérgola cubierta por enredaderas. Era una maravilla.
La noche fue bastante tranquila. Cenamos entre risas, recordando viejos tiempos y tomando. Parecía que el mal rato de por la tarde ya había pasado.
Tras muchas copas y risas, Juan mostraba ya claros síntomas de los efectos del alcohol.
- Chicos no van a poder regresar al hotel, Juan está muy perjudicado y es tarde. ¿Quédense en casa y mañana pasamos el día aquí? Dijo Paula.
Aceptamos y tras preparnos la habitación seguimos un rato más hablando.
Seguimos tomando copas y Paula se fue poniendo cada vez más cariñosa.
Eva al verla chispadita, dijo querer ir ya a la cama, así que tras darles las buenas noches, dejamos a la pareja en la piscina y nos fuimos al dormitorio.
Yo también tenía ganas de marcha, asi que tras preparanos y pasar un rato hablando con Eva, intenté buscarla pero no tardó en decirme que con la regla no podía. Se giró y me dio la espalda.
Yo que ya estaba empalmado le dije:
- Cariño, ¿y una mamadita?.
- ¡Siempre igual Carlos!, ¡siempre igual! Dijo molesta.
Yo me enfadé mucho, más cuando imaginaba que Paula y Juan estarían follando como locos y yo estaba allí en un viaje que se suponía que iba a ser un desmadre sexual y no había mojado nada. Me vino el recuerdo del culo y las tetas de Paula e intente consolarme a mí mismo, lleve mis manos a la boca, las mojé con saliba y me empecé a tocar junto a mi esposa pensando en Paula, pero cuando el ruido del chapoteo de mi mano en mi polla se hizo dificil de disimular, ella se giró y paré temiendo ser descubierto. Algo que luego me dió rabia ya que encima tenía que esconderme.
Me levante y me fuí a la terraza a coger aire.
Cuando iba por el pasillo, en el silencio de la noche, escuché unos gemidos apagados que provenían de la habitación de Paula.
¡Qué suerte! Estaban follando como locos, pensé.
Al llegar a la terraza, el sonido de los gemidos de Paula y los bufidos de Juan se hicieron más sonoros. Al sentarme en el sillón de la zona chill out a oscura me percaté que la ventana que daba a su cuarto estaba abierta y una cortina fina dejaba entrever la silueta de la pareja folla do gracias a una luz ténue de la lamparita de la mesa de noche.
Paula estaba abierta boca arriba en la cama con la cabeza colgando por los pies. Juan estaba sobre ella embistiéndola mientras sus pechos no paraba de rebotar.
Cuando me quise dar cuenta mi polla salia por fuera del pantalón corto que me había puesto para la piscina, que era lo único que habia llevado y como no usé me lo puse para dormir.
Saqué mi polla y empecé a tocarme mirando aquella escena ténue pero erótica. Paula seguía con la cabeza colgando cuando Juan empezó a dar bufidos corriéndose dentro de ella. Luego le siguió ella, que arqueándose aún más luego se reclinó y abrazó a Juan.
Yo paré, temiendo ser descubierto y con sigilo me fui a la otra parte de la terraza donde estaba las hamacas. Me sente y me quedé mirando al horizonte donde se veían las luces de la ciudad a lo lejos.
Unos minutos después, Paula se acercó sigilosa por detrás.
- ¿Puedo acompañarte?, dijo con voz suave y muy baja.
- Sí, claro. Estas en tu casa respondí.
Pasó por delante mío, y se sentó en la hamaca de tela que frené con los pies para que no se cayera. Se había duchado ya que olía a jabón y perfume.
- ¿No puedes dormir? ¿Te hemos despertado? Preguntó ella.
- No, ni los oí hablar. Dije algo nervioso. Es que no puedo dormir.
- ¿Estas molesto por algo? Añadió.
- No estoy bien solo es que tenía calor, le contesté.
- Eva no te dió la pastilla para dormir, sonrió.
- No, digamos que se la ha dejado en casa dije algo sarcástico y salí a coger aire, ya te dije que hace calor.
Ella sonrió, giró su cabeza hacia mí y mirándome a los ojos añadió:
- Sí, ya vi que se te veía muy acalorado en el sillón. Espero que te hayas refrescado.
El corazón se me paró. No sabía que decir.
- ¿Me.... me... me viste?. Dije nervioso.
- Tranquilo, no pasa nada. Sí te ví porque estaba con la cabeza mirando hacia afuera y las luces solares mostraron tu silueta.. dijo con voz pícara.
- Lo siento, no quise molestar y...
- ¡Carlos, para!, interrumpió ella. No te lo he dicho porque me haya enfadado, me gustó por eso me he corrido tan bien, es más cuando aún no estabas, imaginaba como sería si de pronto aparecieras y me vieras allí follando y mi deseo se cumplió. Dijo muy contenta.
- ¿Cómo sería? Pues que me empalmé como un perro. No lo esperaba y sabes que eres preciosa. Añadí. ¿Y Juan? Pregunté.
- Deja a Juan ahora. Dijo seria. Ya él ha tenido su parte y mucho que fué porque no quiso regalarme lo que le pedí, ahora duerme como un tronco. ¿Y tú has tenido tu final feliz?
- No.. dije bastante decepcionado. Pensando que me verían me levante y vine aquí. ¿se puede saber que regalo le pedías?.
- Bueno hoy en la playa ya se los dije. Siempre he querido probar por mi chiquito, dijo con voz pícara y sonrisa nerviosa. Moriré sin probarlos, añadió.
- No seas exagerada, algún día lo probarás Dije riendo.
- Ya te digo yo que con él, no será. Dijo decepcionada.
Nos quedamos un rato en silencio. Arrulándonos y disfrutando de la noche.
- ¿Tú me darías ese regalo?, dijo de pronto.
- Paula, eres preciosa y me exitas mucho, pero Eva.. Juan... tu casa...
- No se enteraría nadie y me desconsolé cuando Eva lo contaba. Para hacerlo con cualquier otra persona prefiero que sea con un amigo y además un amigo que siempre me atrajo. No me voy con cualquiera, no soy una de esas.
- Ya, me alaga pero nunca le he sido infiel a Eva. ¡Entiéndelo!.
- Yo tampoco a Juan. Bueno déjalo, sino quieres, no pasa nada. Dijo mientras se incorporaba algo molesta.
Sin pensar. Llevé mis manos a su cadera y tiré de ella hacia mí, sentándola sobre mis muslos.
- No te enfades. Le susurré al oido mientras le besaba el cuello. Lo haremos pero jamás debes decirle nada a Eva. Será nuestro secreto.
- ¿Enserio? Dijo tan contenta y retorciéndose sobre mí al notar ya mi polla empalmada bajo sus nalgas.
Ella estaba boca arriba y llevé mis manos a sus pechos, luego bajé una hacia su muslo derecho y la metí entre sus piernas para tocar su chorreante coño.
- Pero Carlos, dijo gimiendo. Solo por el chiquito. Mi coño es de Juan y quisiera que siguiera siendo así. ¿Te importa?
- No pasa nada, ya se que llevas su corrida dentro y lo entiendo. Además, no sería plan que pudieras quedarte embarazada, sino que gracia luego. ¿Tendrás hoy dos lechitas dentro?
- Mmnn dijo abriéndose aún mas de piernas.
Mi mano ya había llegado a su culo, y masajeaba con delicadeza su chiquito como ella decía que se abría al relajarse mientras besaba su cuello y masajeaba su pecho con los pezones duros, ya tenía incluso el pecho izquierdo fuera.
Cuando ya vi que su culo no se resistía le pedí que se levantara y fuimos al sillón. Me senté y ella se sentó sobre mí de rodillas dejándome sus pechos a la altura de mi cara. ¡Eran preciosos!.
Humedecí mi mano con saliba y me mojé bien mi polla para luego acercarla a su culo y apoyarla mientras ella bajaba despacito.
Su coño rozaba mi barriga y poco a poco su culo fue abriéndose al contacto de mi palpitante polla.
- ¡Despacio!, le dije indicándole que al principio era mejor suave para evitar daño y dolor.
Ella me miró nerviosa y sonriendo sollozó:
- Aún no me creo que me estés follando el chiquito. Mmmm es rico. Y de momento no me ha dolido.
-¡Schhh! Tócate el coño y mastúrbate y sabrá aún mejor. Disfrútalo.
Ella me hizo caso y mientras yo con mis manos controlaba la profundidad ella sd retorcía de placer.
No tardó mucho en enterrarse toda mi polla y mientras me miraba a los ojos y mordía sus lábios, se tocaba y dejaba sus pechos ante mí en primera plana.
- Pasado un rato le dije, ¡Para!.
- ¿Ahora que me está gustando? Dijo con voz de niña traviesa y gimiendo.
- No seas desesperada, verás que te va a gustar.
Se inclinó y con mi polla dentro de su culo, me dió un beso apasionado con lengua.
Se levantó y la coloqué de rodillas en el sillón con el culo en pompa, apoyada en el respaldo. Volví a humedecer mi polla escupiendo en mi mano y si resistencia alguna, mi polla volvió a enterrarse en su dilatado culo. Una vez dentro la cogí por las caderas y empece a follarla.
- ¡Más duro! Gimió.
Las envestidas fueron subiendo de intensidad sin percatarme que nuestros cuerpos sonaba al chocar.
Sus tetas también iban de alante atrás colgando y sonaban como si aplaudieran.
Ella volvió a humedecer su mano derecha y la llevó a su coño para masturbarse. Incluso noté que uno o dos de sus dedos entraron en su coño notando el bulto de su vagina con mi polla en su ano.
- ¡Me voy a correr!,¡me queda poco! dijo sollozando, pero quiero verte la cara al correrte, ¿puedo?
Paré de follarla y saqué mi polla suavemente para evitar que se corriera. La cogí de la mano la lleve a la mesa y la subí sobre ella, sentándola. Ella me beso de nuevo. Estaba sudando de placer. Le abrí sus pies y tras ver su coño rasurado me tí mi polla en su culo. La sujetaba por debajo las rodillas y ella se cogió a mi cuello, balanceándose de alante atrás, de repentr echó una mano atrás apoyándose en la mesa y con la otra mano se tocó hasta que empezamos a corrernos juntos.
- ¡No la saques!, dentro decía mientras le temblaba el labio y su voz vibraba con rábia. ¡Lléname el chiquito!.
Mis descargas llegaron muy adentro.
- ¡Uff, qué calentito!. ¡Noto tu leche dentro de mí! ¡qué rico!. Sollozaba aun mientras se masajeaba el coño.
Nuestras respiraciones agitadas quedaron luego como único sonido de la noche. Los corazones latín profundamente. Mi polla perdió fuerza saliéndose tras un chorro de leche que salía de su culo que cayó sobre la mesa.
Ella volvió a besarme aprentando sus pechos contra el mío, agradecíendome el regalo.
Luego me indicó donde podía ducharme para que no me descubrieran y se fué a su habitación sonriendo como una niña pequeña con su juguete nuevo.
Al pasar por la habitación de Juan oí sus ronquidos y el ruido de la ducha de Paula. Pasé por la habitación donde me quedaba con mi esposa y escuché su respiración fuerte, dormía profundamente ajena a todo.
Yo bajé me duché y volví al dormitorio.
A la mañana siguiente Paula nos había preparado el desayuno. Se le notaba contenta. No hablamos más del tema.
Luego nos vestimos y regresamos al hotel con Juan. Ese día salimos Eva y yo a conocer el pueblo y comprar regalos. Un dia normal y tranquilo.
El lunes, Paula y Juan fueron a despedirnos al aeropuerto.
Paula le pidió a Juan que le llevara la maleta a Eva para forzar un último instante a solas conmigo.
- Carlos, muchas gracias. Espero que lo hayan pasado bien y sobre todo hayas disfrutado en la estancia de mi chiquito, dijo con sonrisa traviesa.
- Ha sido un placer, y fue maravilloso. Quizás algún día lo repetiremos, dije.
Ella se abalanzó sobre mí y besándome en la boca me volvió a dar las gracias y decirme lo importante que había sido para ella y que fuera conmigo.
No pudimos decir más, Juan y Eva regresaron del embarque y le di la mano a Juan y las gracias.
- Carlos, ¿no te despides de Paula?, dijo.i esposa en tono seria.
- No, me cae como el culo, dije sin pensarlo.
Paula sonrió.
- Déjalo Eva, es como Juan un desagradecído. Ya nos conocemos y sé que es su forma de hacerse el duro, pero nos echará de menos.
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