Xtories

Quiero ser cornudo (Cap. 15)

En la oscuridad de la sala de cine, bajo la falda de su esposa, Nando no está viendo la película. Está esperando. Y cuando llegan a casa, la fantasía de ser cornudo deja de ser un juego de palabras para convertirse en una realidad húmeda y humillante que los tres, en silencio, ya no pueden ignorar.

Lapica7K vistas9.4· 11 votos

NOTA DEL AUTOR:

Puedes encontrar la novela completa en Amazon:

https://www.amazon.es/dp/B0G1YN374L

CAPÍTULO 15

BRUSELAS

Tras la discusión, el día siguiente no dio para mucho más, decidieron tomarse un respiro, aparcar el conflicto y regresar a Barcelona temprano para que Lidia pudiera hacer los preparativos de su viaje a Bruselas.

Fue así cómo, sin apenas darse cuenta, Lidia embarcó en el avión de las 8:05 y volaba dirección Bruselas acompañada por el señor Carlos Guijuelo, uno de los dos gestores que la habían ayudado durante el proceso de formación en fiscalidad internacional.

El viaje a Bruselas fue rápido, poco más de dos horas de vuelo, luego tomaron un taxi dirección al hotel y, sin tiempo para deshacer las maletas, otro taxi hacia el centro de conferencias para asistir a la sesión de las 12h.

Antes de anochecer, regresó al hotel, cenó apresuradamente en el buffet y se acostó temprano porqué, al día siguiente, debían asistir a dos conferencias más.

Ya agotada, a media tarde, volvieron a tomar un taxi, esta vez, dirección al aeropuerto para tomar el avión de regreso a Barcelona.

Cuando Nando fue a recogerla al aeropuerto a las 23h, se encontró a una Lidia extenuada, que le dio dos besos y se durmió en el coche.

No se despertó hasta las dos del mediodía siguiente.

–Hola cariño, ya era hora, – le dijo Nando abrazándola, – te he echado de menos.

–¿Cómo? Si no he pasado fuera de casa ni 48 horas. No has tenido tiempo para echarme de menos.

–Pues sí. Cuando me llamaste desde el hotel sólo hablamos cinco minutos y me quedé con las ganas de que me contaras más cosas.

–Cariño... estaba agotada. Aún lo estoy; es como si me hubieran dado una paliza, ¡Dios que cansancio! ¿Me harás algo de comer? – preguntó remolona.

–Claro, ¿te apetece algo especial?

Lidia se lo miró picarona y por un momento se le ocurrió pedirle algún plato complejo, como un arroz caldoso de bogavante, pero tenía apetito y no quería complicarle la vida.

–Nada, con una ensalada me vale.

Después de comer se tumbaron a ver una serie, pero Lidia se apoyó sobre el regazo de Nando y se durmió mecida por sus caricias.

* * * * *

Ya bien entrada la tarde, Lidia se desperezó y se entretuvo en poner orden en sus WhatsApp, ya que no los había podido atender desde antes de embarcar para Bruselas.

Le sorprendió ver 15 mensajes pendientes de Miguel:

[Lun 08:22] [Miguel] Lidia, ¿estás?

[Lun 08:22] [Miguel] Lo de esta madrugada ha sido delicioso, lástima que nos interrumpieran.

[Lun 08:23] [Miguel]... otra vez...

[Lun 08:35] [Miguel] Deberíamos haber ido al apartamento... estoy consternado por como terminó todo. Espero que no estés disgustada conmigo.

[Lun 08:36] [Miguel] ¿Porque no quisiste que subiera al apartamento contigo? ¿Por Nando?

[Lun 08:37] [Miguel] No puedo quitarme de la cabeza lo de esta noche, eres una diosa.

[Lun 11:05] [Miguel] Estoy muy cansado, hoy no he dormido en toda la noche, además tengo el corazón desbocado.

[Lun 11:06] [Miguel] ¿Estás enfadada conmigo?

[Lun 11:06] [Miguel] ¿Estás?

[Mar 08:20] [Miguel] ¿Estás?

[Mar 08:22] [Miguel] Vaya, veo que no te llegan los mensajes, ¿Estás sin batería?

[Mar 08:23] [Miguel] Cuando puedas dime algo. Aún siento el calor de tus labios sobre los míos.

[Mar 013:52] [Miguel] [Emoticono llorando] No me dices nada…

[Mar 18:41] [Miguel] En la gestoría me han dicho que estás en Bruselas... menos mal, empezaba a preocuparme. Ahora entiendo porque no te llegan los mensajes. Por favor, cuando regreses dime algo.

[Mie 10:59] [Miguel] ¿Ya estás en Barcelona?

Lidia no pudo evitar suspirar al leer los mensajes. Aún tenía en la mente la conversación con Nando y aún no había decido como actuar, si cortar por lo sano o entregarse a Miguel o continuar como hasta ahora.

Como la primera y la segunda eran opciones definitivas, sin la posibilidad de echarse para atrás, optó por la tercera; no era más que una forma de dilatar su decisión y no podía negar la realidad ya que al despertarse de su siesta sus labios que estaban ardiendo y sus dedos estaban impregnados de la humedad de su sexo.

[Lidia] Hola Miguel, perdona que haya tardado tanto en contestar. Como tú mismo has descubierto he pasado los últimos dos días en Bruselas y, hasta ahora, no me he recuperado.

[Lidia] Lo de la playa no debe repetirse… ¡nos pillaron en plena faena! Podrían habernos grabado y ahora seríamos trending topic en las redes sociales.

[Lidia] No puedo mentirte, al día siguiente de nuestro encuentro, me sentí fatal por engañar a Nando, por permitir que llegaras tan lejos, pero también por no haber podido finalizar por culpa de la máquina limpiaplayas.

Finalmente, Miguel recibió los mensajes.

[Miguel] Vaya, sí que lo lamento, no debes sentirte mal.

[Lidia] Ahora ya estoy bien, discutí con Nando. Fue una discusión fea, muy fea pero al final, pudimos tener una charla sincera.

[Miguel] Me alegra de oírlo. Lo último que deseo es que mi presencia os pueda ocasionar problemas. Nando es un tipo legal, de verdad que lo admiro y tú eres una diosa, hermosa, fogosa aunque si fueras mía nunca te compartiría.

[Lidia] Vaya... eso le decía precisamente a Nando. ¿Cómo puedes desear que me entregue a otro?

[Miguel] ¿Y que respondió? Espero que no se arrepienta... creo que yo ya no puedo renunciar a ti, a tenerte en mis brazos y a poseerte.

[Lidia] Es largo de responder... pero sí... sus razones tiene. Un poco raras, porqué negarlo, pero reales.

[Miguel] ¿Cuándo podré volver a verte?

[Lidia] No lo sé. No quiero precipitar las cosas. Cuando sea será.

[Miguel] [Emoticono llorando

] [Emoticono llorando

] [Emoticono llorando

]

[Lidia] Nos vemos. Ya está aquí Nando y me propone ir al cine.

[Miguel] Dime que película vais a ver. Y voy en un segundo.

[Lidia] Ui, ui, ui... no te animes. Hoy no. Otro día.

* * * * *

Lidia miró a Nando y comprobó que en su mirada se podía vislumbrar confusión pero también amor.

–¿No tienes miedo de que pueda enamorarme de Miguel? – preguntó.

–Un poco sí. ¿Pero para que ibas a dejarme? Siendo pragmática, tienes que aceptar que yo soy un chollo, puedo garantizarte estabilidad financiera, soy el padre de tus hijas, nadie las va a querer más que yo y, además, te doy libertad absoluta para que disfrutes de tu sexualidad.

–Visto así... – respondió sin estar muy convencida, – Pero Miguel es más atractivo, tiene mucho más dinero que tú, también está mucho más bien dotado y, continuamente, me dice cosas bonitas que hacen que me estremezca.

–¿A si? ¿Qué cosas te dice?

–Me dice “amor”, “cariño”, me dice que soy “hermosa” o que tengo un cuerpo de infarto. Cosas que tú ya no me dices... de hecho algunas no me las has dicho nunca porque eres muy poco romántico.

Mientras conversaban, compraron las entradas de la película, palomitas, subieron hasta la sala de proyección y se sentaron en sus butacas. Para cuando Lidia pronunciaba la última palabra, las luces se apagaron dejando a Nando con el corazón en un puño.

Pero ni Lidia ni Nando estaban concentrados con la película. La habían escogido sólo porque era la que empezaba antes sin prestar atención a su sinopsis.

–¿Ya has decidido con cual de las dos opciones te quedas? – le preguntó Nando a Lidia susurrando.

–Shhh – protestó Lidia y se centró en la película y las palomitas.

Nando, inconforme acarició la pierna de Lidia que no rechazó el contacto pero en previsión de que la mano se aventurara más allá puso su mano encima y entrecruzó los dedos.

Pero la película no mejoró y la propia Lidia empezó a aburrirse. Cuando se terminaron las palomitas Nando volvió a la carga.

–Imagina que soy Miguel– le susurró en el oído.

–Imagina que a media tarde hemos acordado que a la mitad de la película Miguel me sustituya, como en Tossa de mar.

–Ummmmm– protestó Lidia poco convencida pero la mano de Nando ya se escondía por debajo de la falda.

–Ummmmm– gimió cuando el primer dedo acarició superficialmente su clítoris.

–Hoy nadie nos interrumpirá– le dijo Nando girando su cuerpo para poder acceder con más facilidad al coño de Lidia.

–¡Ummmmm!!! – jadeó cuando los dedos de Nando se introdujeron en su coño que empezaba a humedecerse.

Lidia echó una ojeada a las butacas de su alrededor; la sala estaba casi vacía, unas ocho personas y ninguna realmente cerca así que se relajó.

Cerró los ojos y se metió de lleno en el papel.

–¡Ummmmm!!! Miguel…

Con Lidia receptiva, Nando asumió el papel de su competidor y empezó a masturbarla.

¡chof! ¡chof! ¡chof!

–¡Ahhhhh!!! – casi chilló involuntariamente Lidia.

–Shhh– le reprendió Nando aunque ningún espectador pareció percatarse del gemido.

–Para, para, para– dijo Lidia agarrando la mano de Nando para que no pudiera continuar estimulando su clítoris.

–Vamos a casa y fóllame con tu pollón.

Poco después, la pareja salía del cine antes de que terminara la película y apresuradamente regresaron a casa.

Al entrar al dormitorio, Lidia se desnudó completamente lanzando su ropa de cualquier manera sobre la cómoda, se tumbó boca arriba e impúdicamente abrió las piernas.

–Ven, – susurró Lidia.

–¡Chúpame el coño! – exigió obscenamente.

Nando, sumiso, se tumbó sobre ella en la posición del 69 y lamió concienzudamente el lubricado coño de su esposa que aprovechó la proximidad de la polla de Nando para agarrarla y lamerle el glande.

–Ui que pequeñita– dijo provocando un escalofrío en Nando, –con esa cosita no me basta. Tendré que llamar a Miguel para que me dé el placer que merezco.

El corazón de Nando empezó a palpitar aceleradamente, introdujo un dedo en el chorreante coño de Lidia y dijo:

–¿Quieres que lo llame?

–¿Estás loco? – protestó ella, –chúpame el coño y luego me follas con el pollón de plástico; y si te portas bien, tal vez te deje correrte.

–¡Ahhhhh! – gimió Lidia.

–En serio, puedo llamarlo– insistió Nando dejando de chuparle el coño.

–¡Obedece cornudo! Chúpame el coño– le reprendió Lidia.

A partir de ese momento, Nando se centró en el coño de Lidia y se esmeró al máximo para satisfacerla. Lamió su clítoris, introdujo la lengua tan profundo como pudo y la masturbó insertando hasta cuatro dedos en el encharcado coño de Lidia que no paraba de gemir.

–¡Ahhhhh! Siiiii, ahora, méteme la polla... ¡Ahhhhh!!! – ordenó imperiosamente Lidia.

Nando se incorporó con la intención de follarse a su esposa pero esta se lo impidió.

–¿Qué crees que estás haciendo?

–¿Crees que puedes darme placer con esa pollita? – dijo humillándole aunque su polla estaba completamente tiesa.

–Usa la polla de Miguel– le ordenó sin opción a réplica.

Nando rebuscó en la mesita de noche donde guardaba el consolador y el arnés, se lo puso y de una estocada penetró a Lidia que no pudo reprimir un chillido de placer.

–¡Ahhhhhhhhhh!!! ¡DIOSSSSS!!! ¡Que polla!!! Eso sí es una polla y no la miseria que tienes entre las piernas.

Para Nando aquellas humillaciones eran excitantes así que inició un mete/saca acelerado penetrando a Lidia sin compasión.

–¡Ahhhhhhhhhh!!!

Pero entonces se detuvo, con la polla completamente insertada en el coño de Lidia que se quedó a la expectativa.

–¡Ummmmm!!! No pares amor...

Nando no estaba dispuesto a ponérselo fácil a su esposa, así que sacó casi por completo la polla de plástico dejando solo la punta en su interior, esperó unos segundos hasta que la urgencia de Lidia se hizo insostenible y la penetró con furia hasta que chocaron sus cuerpos.

¡plop!

–¡Ahhhhhhhhhh!!!

Y luego repitió el ciclo, cada vez que sacaba la polla se esperaba un poco más, exasperando a Lidia que le reclamaba cada vez con más ansia.

–¡Fóllame!!!! Venga cabrón... ¡Métemela!!! ¿A que esperas? ¡Fóllame!!!! ¡Fóllame!!!! ¡Fóllame!!!! – suplicaba ella desesperada.

Y entonces Nando volvió a penetrarla de un golpe hasta el fondo y volvió a sacarla provocando un anhelante frenesí en Lidia.

Finalmente Nando decidió darlo todo y empezó a follársela, cada vez más rápido arrancando gritos de placer a Lidia.

–¡Ahhhhhhhhhh!!!

Con los ojos cerrados, Lidia visualizó Miguel imaginándose que era él quien la empotraba con su enorme, venosa y caliente polla.

–Así Miguel... más dura... ¡Ahhhhh! ¡Miguel!!!!! ¡Ahhhhh!!!!

Y finalmente, abandonándose a sus sentidos, empezó a correrse disfrutando de un clímax de un nivel superior.

–¡Ahhhhh!!!! Dios… ¡Que gusto!!!

Después, Nando se quitó el arnés liberando su polla y empezó a masturbarse hasta que se corrió eyaculando cinco potentes chorros que empañaron la cara y las tetas de Lidia dejándola pringada del viscoso líquido.

Antes de caer rendida por el cansancio y el sueño, Lidia le preguntó a su marido:

–¿De verdad ibas a llamarlo? ¿Habrías llamado a Miguel para que viniera a follarme?

–Sí– respondió convencido.

–¿Y tú que habrías hecho? ¿Te habrías ido a pasear, escucharías detrás de la puerta o te quedarías para mirar?

–No sé, –respondió, –haría lo que tú me pidieses.

–¿En serio? ¡Estás loco! –concluyó Lidia al ver a su marido realmente convencido de la respuesta.

Apagaron la luz del dormitorio pero poco antes de dormirse Nando acarició el pelo de Lidia.

–¿Estas despierta? – preguntó.

–Sí– respondió Lidia.

–¿Cuándo lo vas a volver a ver?

–No lo sé.

Lidia se durmió pronto, pero Nando, aún estuvo un buen rato reflexionando con las últimas confesiones de Lidia: “Podría enamorarme de él”.

Y en su cabeza retumbaban las lapidarias palabras que Lidia dijo refiriéndose a Miguel: “es más atractivo, es más rico, está más bien dotado y me dice cosas bonitas”.

Por primera vez, Nando empezó a dudar sobre si era una buena idea cumplir su fantasía, ¿estaba seguro de querer seguir adelante? O peor aún, ¿estaba a tiempo de detenerlo todo?

–Lidia... - dijo en voz baja zarandeándola ligeramente – Lidia... ¿estas dormida?

–Ummm... ahora no, ¿qué quieres?

–La próxima vez que estés con Miguel... quiero estar presente.

–¿Cómo? ¿Qué hora es?

–La próxima vez que estés con Miguel... quiero estar presente – repitió Nando para asegurarse de que su frase era comprendida en toda su significado.

–¿Y para decirme esto me despiertas? Claro... ¿si es lo que quieres? – respondió sin abrir los ojos.

–Sí.

–Vale, pues ahora déjame dormir.

Diez segundos después, Lidia volvía a estar durmiendo a pierna suelta y Nando continuaba sin haber quedado completamente convencido.

En su mente rememoró las escenas tantas veces contadas, ella desnuda en el apartamento de Miguel agarrando su pene y él besándola, en el rellano de su propio piso, morreándose mientras Miguel la masturbaba metiéndole los dedos tan profundamente como le era posible y, sobre todo, en la playa, tumbada, chupándole la polla a Miguel que estaba a punto de correrse en su boca. No le hizo falta mucho tiempo ni esfuerzo, las imágenes mentales lograron que se corriese tan enérgicamente que el chorro de semen alcanzó sus mejillas; si hubiera tenido la cara en la dirección correcta, le hubieran caído en el interior de su propia boca.