La exposición (Capítulo 1)
En la galería, las fotos de otra mujer encienden la imaginación de Raquel. Carlos no solo lo sabe, sino que se encarga de que ella lo sienta en cada susurro y en cada roce, hasta que la tentación de ser la protagonista de aquellas imágenes se vuelve irresistible.
La Exposición
Laura & Sylke
CAPÍTULO 1
- Entonces que me pongo, ¿la minifalda gris o estos shorts? - me preguntaba Raquel, mirándose al espejo por enésima vez y girando sobre sí misma con esos pequeños jeans cortos tan sexys y esos taconazos que resaltaban sus piernas y su culito respingón.
- Así vas bien, algo informal, estás muy bien, cariño. - respondí admirando ese redondísimo culo.
- Hijo Carlos, tú siempre lo ves todo bien.
Lo cierto es que da igual lo que se ponga porque mi novia Raquel, está buenísima, y no lo digo yo, lo noto en la mirada de cada tío con el que nos cruzamos por la calle, incluso en la de mis amigos o compañeros, que con disimulo se la comen con los ojos o sus propios compañeros se pierden en ese culito cuando sale de su oficina y yo la espero a la salida del trabajo... hasta lo he oído por casualidad en el gimnasio, mientras me duchaba y unos tíos hablaban de ella, de lo bonito que era su cuerpo y lo que debía ser follársela. Recuerdo que al oír aquella frase eso se me puso durísima mientras me enjabonaba y es que no puedo estar más que orgulloso de que ella me haya elegido a mí y todos los demás simplemente la deseen. No soy celoso, a pesar de que ella es adorada por multitud de hombres, lo sé, tanto por conocidos como desconocidos, para algunos formará parte de sus fantasías y pajas, algo que no sólo no me molesta, me enorgullece y me excita con solo imaginarlo. Y seguramente también será admirada por muchas mujeres y envidiada por otras tantas.
Raquel se retocaba con sumo cuidado sus largas pestañas y yo volví a quedarme embobado admirándola. Su pecho enorme y bien puesto, su pelo negro azabache a media espalda, sus largas y torneadas piernas o su perfecto culo, joder, soy un tipo con suerte y el único que tiene la exclusividad de ese coñito apretado, que tan bien sabe albergar mi polla o lo que es comerse esa riquísima boca, de lengua ardiente, labios gruesos, porque además de saber follar, besa de maravilla y es como entrar en trance tener ese rostro delante, perfectamente equilibrado, con grandes ojos, nariz respingona... sinceramente, cuando estamos follando me parece estar haciéndolo con toda una diosa y lo digo objetivamente, de verdad, vale que soy su novio y la miro con ojos enamorados, pero incluso todo esto está confirmado por mi amigo Andy, fotógrafo profesional, que dice que pocas modelos llegan a la altura de mi novia en todos los aspectos y eso que él ha tenido a mujeres impresionantes delante de la cámara, pero le queda la asignatura pendiente de Raquel como modelo, al menos en el tipo de fotos que él hace, algo que por cierto, ella siempre rehúsa, porque es algo cortada... bastante cortada diría yo y no sé si por pudorosa, temerosa o vergonzosa, pero ver su cuerpo desnudo expuesto en una galería sería para mí, una de las cosas que más me encantaría, vamos, el máximo orgullo para mí.
- Pero si estás preciosa con lo que te pongas. - le dije admitiendo una vez más esa obviedad.
- Bueno, tu amigo Andrés es un poco pijo y además es la inauguración. - me repetía mi novia, cambiando un top por una blusa ceñida y volviendo a dar vueltas frente al espejo.
- ¿Quién, Andy? Pero si él te adora, ya lo sabes de siempre.
- ¡Que exagerado eres! Andy tiene a todas las mujeres que quiera.
- Eso es verdad, cariño, pero sabes que Andy te aprecia mucho y siempre dice que eres un bombón, ya lo sabes... está loco por hacerte una sesión.
- Ya sé que te encantaría, pero también sabes que eso... ni loca.
- Bueno, mujer, no insisto, pero tampoco hay que ir de punta en blanco, para ir a esa galería, cielo, es una exposición informal. Ya sabes que con él hay confianza - la repetía yo observando lo bien maquillada que se había puesto para la ocasión.
- Pues tú te has puesto muy guapo también. Seguro que quieres impresionar a más de una. ¿No será la nueva modelo de Andy?
Al contrario que yo, Raquel es tremendamente celosa y no iba desencaminada con respecto a mi atuendo y ciertamente había elegido mi mejor camisa, esa negra ajustada y mis vaqueros favoritos, algo inconsciente, supongo, para ponerme más guapetón que mi amigo el fotógrafo, que siempre destaca sobre los demás, desde que le conozco, Andy era el que ligaba primero y todos íbamos detrás... bueno, al final tuve que darle un piquito a mi chica, porque tenía razón, además me apetecía deslumbrar a ese nuevo fichaje de mi amigo, una modelo guapísima llamada Sofía, que se había convertido en su nueva pareja. Definitivamente a todos nos gusta deslumbrar a los demás, aunque sólo sea para que nos miren. ¿No?
Por mucho que Raquel lo negase, mi amigo la pone cantidad desde siempre, por eso no me costó demasiado convencerla para que me acompañara a ese evento de mi amigo Andrés o “Andy”, como yo le llamo siempre, pues nos conocemos desde hace años, desde el instituto... El caso es que se trataba de una exposición de fotografía en una galería importante, con fotos tamaño mural de 2x2, más que sugerentes, al menos lo que ofrecía el catálogo que me envió, pues su espectacular modelo salía o bien en lencería de la más pequeña o completamente desnuda en imágenes muy provocadoras y sugerentes. Él es un gran fotógrafo y ha ganado varios premios, además de exponer en sitios importantes por medio mundo, casi siempre con fotos sensuales e incluso polémicas, pero a pesar de su fama y de rodearse de gente VIP, nuestra amistad y confianza seguía siendo la de siempre. Vamos, que no se le ha subido la fama a la cabeza.
No niego que Andy sea un poco pijo, como Raquel me comenta siempre, pero es un tío apuesto y mi chica, siempre tan coqueta, sé que se pone más presumida de lo normal cuando nos vemos con él, en un juego claro de agradar y un sutil coqueteo por parte de ella para que esos ojos varoniles de un tío bueno se claven en su cuerpo, eso, francamente me agrada, porque si ella es bella, ensalzando esa belleza, no tiene rival y tampoco me importa en absoluto que Andy se la coma con la mirada, al contrario, me halaga y más viniendo de un tío que lo tiene todo, incluso cientos de mujeres entre las que elegir. Supongo que esa es una de las cosas pocas cosas en las que le gano y en cambio para él es casi como un reto, tener esa asignatura pendiente de tener a mi novia como modelo.
Cuando me veo con Andy, siempre me recuerda cosas sobre Raquel que ya sé de sobra, pero sin embargo, hay otras que él resalta y que para mí pasan desapercibidas, como buen fotógrafo siempre sabe destacar esos detalles especiales, como la forma de sus muslos, la perfección de sus labios, el lóbulo redondo de su oreja o la forma estilizada de su cuello, cayendo abrazado por sus armoniosos hombros... él, de siempre se fija en esas cosas y resalta lo mejor de las mujeres lindas, especialmente de Raquel, claro, por eso siempre me insiste en que la tengo que convencer para un book especial en lencería o incluso desnuda y cuanto más me lo dice, más me apetece que ella lo haga, sin embargo, cuando se lo comento a Raquel, siempre me responde con un no rotundo y esa frase suya que “antes muerta”, literalmente. Siempre he pensado que esa timidez ha sido producto de un miedo escénico, pero en el fondo siempre he sabido que le pone mucho la idea de posar, de hecho, cuando yo he usado mi cámara, en nuestros momentos íntimos se pone muy caliente en cada pose, aunque yo no tengo nada que hacer como fotógrafo, claro.
Casi una hora después, estábamos en la puerta de la galería donde exponía Andy y dejé pasar a Raquel por delante, para volver a sentirme orgulloso de ese culazo espectacular que mostraba con esos shorts, que le hacían destacar unas interminables piernas, rematadas con sus tacones de aguja, además de esas tetazas que siempre parecen querer reventar los botones de su blusa blanca ceñida. ¡Estaba tremenda! Y así se lo repetí al oído, haciendo que me mostrara su blanca sonrisa. Como llegábamos tarde, la exposición estaba de bote en bote, con gente tomando copas y algún canapé, charlando por todas partes en pequeños grupos observando las impactantes fotos expuestas.
- Cuánta gente. - comenté al ver el gentío.
- Mejor, así nos comemos un par de canapés y nos vamos. - me repetía ella, pues nunca ha sido muy amiga de los tumultos.
- ¿Para eso te has puesto tan guapa?, Joder, nena, deja que te admiren.
- Calla, tonto. Además, yo creo que la gente viene a ver las fotos – me dijo señalando hacia la pared de enfrente.
- Pues a pesar de todo, alguno se ha quedado prendado de tu culo. - dije afirmando algo cierto.
Me fijé que una enorme e impactante diapositiva que se reproducía en esa pared blanca, mostrando la enorme foto de una chica rubia, preciosa, con el pelo revuelto, el carmín de su boca corrido y su teta fuera del sostén, con un pezón precioso y su piel erizada, como si enseñara un momento posterior a un revolcón. Nos fuimos fijando en las fotos gigantes que colgaban de la galería a cada cual más fuerte, pues esa misma chica, Sofia, aparecía con un diminuto tanga tirada en el suelo o en otra totalmente desnuda con sus piernas ligeramente abiertas y se adivinaba su coño en la oscuridad de la toma, en primer plano, al menos un brillo tentador. Casi todas las fotos iban más allá de lo erótico convencional, casi rozando el porno exquisito. Además, a medida que avanzábamos en las fotos, iban siendo más explícitas y más fuertes. De ahí que siempre me pregunte, ¿Cuál es el estilo de Andy... erótico o porno? Sea como fuere, el muy cabrón había conseguido ponerme a tope con esas fotos y supongo que a casi todos los asistentes de esa exposición.
- ¿Está buena no? - me preguntó de repente Raquel, cuando estaba embobado delante de una de esas enormes fotos.
- No tan buena como tú. - dije agarrándome por detrás a su cuerpo.
- Anda, Carlos, si se te cae la baba...
- ¿De verdad?
- Vamos, cariño, seguro que estás soñando en que eres tú el que toca esas tetas o ese coñito.
Aunque era un claro síntoma de celos, no podía negar lo que ella decía, pero yo se lo negaba una y otra vez, claro, pero lo cierto es que Sofía me la había puesto dura en cada una de esas fotos y no era sólo mérito de las buenas fotos de Andy, sin duda, esa modelo era realmente espectacular.
Mi chica se paraba de nuevo ante cada foto y yo me aferraba a su estrecha cintura, admirando el gran trabajo de mi amigo y casi sin comentar entre nosotros, nuestra sonrisa indicaba lo impactantes que eran esas imágenes, como una en blanco y negro, en la que esa preciosa modelo nuevamente yacía sobre una mesa besándose con otra chica negra, ambas totalmente desnudas.
- Bueno, bueno, pareja... qué alegría teneros aquí. - era la inconfundible voz grave de mi amigo a nuestra espalda.
Nos giramos y noté como Raquel le miraba de arriba abajo, admirando ese cuerpo labrado a base de gimnasio, bajo una camisa ajustada blanca, muy abierta y unos “chinos” de color gris, rematados con unas deportivas blancas... Andy siempre elegante pero informal.
- ¡Joder, Raquel cada día estás más guapa! - dijo él aferrándose a la cintura de mi chica y plantándole dos besos.
Ella no fue capaz de contestar, algo apurada, pero noté su turbación y sus carrillos encendidos cuando yo me daba un abrazo con mi amigo, que al instante era reclamado por otro grupo de admiradores.
- Luego nos vemos y os presento a Sofía. - dijo señalando a la foto de la modelo y guiñándonos un ojo despareció entre la gente.
Abracé de nuevo a mi chica a la que pude notar visiblemente nerviosa en ese encuentro con mi amigo. De siempre he sabido que Andy le pone alterada y con total seguridad, excitada. Se le nota, aunque no deje de negarlo. Seguimos viendo la exposición con imágenes más que sugerentes y caminamos hacia otra foto que me impresionó bastante. No pude apartar la vista de esa imagen y tiré de la mano de Raquel para que la viera conmigo y ambos nos quedamos medio hipnotizados, observándola aun más de cerca. Se volvía a distinguir perfectamente cómo la chica que salía en todas las imágenes de la exposición estaba en esa toma tumbada de espaldas en una cama con las piernas dobladas y su culo un poco levantado mientras a su izquierda se encontraba un chico desnudo, al que se veía su fornida espalda y también su culo, mientras que con sus dedos parecían estar jugando entre los pliegues del sexo de ella.
Cuando despegué la vista de la instantánea que me había impresionado, miré la cara de Raquel para darme cuenta de que estaba totalmente acalorada y en su blusa se le marcaban perfectamente sus dos pezones en señal de lo cachonda que estaba.
- ¿Te gustaría ser ella? - le pregunté de repente.
Sentí que se había sobresaltado cuando pegué mi boca en su oído
- ¿Qué dices? ¿Estás loco, Carlos?
- Bueno, a mí no me importaría ser él... además, es alguien que conoces.
Raquel me miró confusa y luego volvió a observar esa tórrida imagen:
- ¿Él es...?
- Sí, es Andy. - respondí terminando su frase.
No me costó reconocer la fisonomía de amigo, al que conozco desde hace años y Raquel volvió a ver detenidamente el cuerpo fuerte de ese hombre de espaldas, su culo perfecto y como esos dedos parecían jugar con el fruto prohibido de la modelo.
- Tienes que reconocerlo. En el fondo te gustaría ser ella en este momento. - añadí.
- ¡Tú estás fatal! - dijo alterada soltando mi abrazo para irse a otro sitio con un mohín de enfado, pero creo que lo que le pasaba por su cabeza era lo mucho que le excitaba esa idea.
Así que la seguí entre la gente y una vez que la alcancé, frente a la siguiente foto, para volver a abrazarla por detrás susurrándole al oído:
- Venga Raquel, no te pongas así, que no pasa nada. ¿No te habrás enfadado?
- No, bobo, es que no sé porque me has dicho eso.
- Porque es verdad Raquel. Estoy seguro. Te conozco bien.
- Mucho imaginas tú...
- Cariño, me juego lo que sea que si meto mi mano dentro de tus braguitas me encontraré tu coño empapado.
En ese momento sentí como tragaba saliva a la vez que yo le daba un beso en la fina piel de su cuello y apreté aún más su cuerpo contra el mío para que notase que yo también estaba igual de caliente que ella.
- ¡Carlos, qué tonterías dices! - respondió, pero acariciando la mano que tenía acariciando su tripita.
- Si quieres lo compruebo ahora mismo y veo si me estas mintiendo.
- ¡Tú estás tonto!
Entonces, comencé a bajar mi mano hacia la cinturilla de sus pequeños pantalones para introducirla dentro, pero de repente ella me agarró la muñeca frenando mi avance.
- ¿Qué haces Carlos? Pueden vernos. Esto está lleno de gente - dijo azorada mirando a su alrededor.
- Era una comprobación de mi teoría.
- Está bien Carlos, tú ganas. Estoy muy caliente de ver las fotografías y sí, he imaginado que ella era yo ¿contento? - respondió de pronto, a modo de enfado, aunque más bien con ella misma, por haberla descubierto tan fácilmente y logrando que me riese.
- ¿Lo ves, cielo...?, no pasa nada porque lo reconozcas, de hecho, yo también estoy muy cachondo y sólo estoy pensando en arrancarte la ropa y follarte muy duramente contra esa pared.
- ¿Es eso o porque tú también estás imaginando estar tocando ese chochito? - me dijo de pronto mirándome a los ojos esperando ver mi reacción.
- Eso no lo puedo negar.
- ¡Eres un guarro!
- Estamos empatados, aunque a mí se me note más. - dije apretando mi pelvis contra ella.
- Ya lo creo que se te nota. - añadió sonriente.
En ese momento Raquel echó su culo para atrás restregándolo aún más contra esa dureza que se aprisionaba entre sus posaderas.
Avanzamos y nos paramos delante de la siguiente foto que teníamos delante, en la que volvía a aparecer la modelo desnuda, tumbada en el suelo, con sus pezones bien definidos y una lengua que entraba en contacto con la suya, que, casi con certeza, debía ser la de Andy, aunque solo se le veía la boca.
- Impresionante ¿verdad? - la dije.
- Mucho.
- ¿Sabes una cosa cariño?
- ¿El qué, Carlos?
- Que me muero de ganas de tener fotografías así de ti para poder verte y contemplarte siempre que quiera. ¿Te imaginas tener una foto tuya así en el salón?
- Mmm. - ronroneó ligeramente para volver a restregar ese culito, haciendo despertar aún más a mi polla.
- ¿Qué me dices mi amor?, ¿te gustaría?
- Bueno, tú no eres muy buen fotógrafo...jeje - dijo, aunque yo no pensaba ser precisamente quien se las hiciera.
- Eso es cierto... aunque ¿sabes lo que realmente me gustaría?
- ¿El qué?
- Verte aquí expuesta como esa modelo.
- ¿En serio, Carlos? ¿No te importaría que todo el mundo me viera desnuda en estas fotos gigantes?
- Nada me gustaría más.
- ¡Estás loco!
Seguí jugando con Raquel retándola, sabiendo que eso de las fotos le gustaría tanto como a mí, acompañado a través de mi abrazo y mis caricias sobre su tripita, incluso rozando el lateral de sus tetas y susurrándole esas palabras sucias que tanto le ponen.
De repente la voz inconfundible de Andy se oyó otra vez a nuestra espalda.
- ¡Hola de nuevo, tortolitos!
Entonces nos soltamos de ese cálido abrazo, pero sin separarme del todo del cuerpo de mi novia ya que no quería que nadie se diese cuenta del pedazo de tienda de campaña que tenía en los pantalones.
Al girar la cabeza hacia mi amigo pude comprobar que no estaba solo, sino acompañado de la preciosa chica de las fotos. Ella estaba apoyada sobre su brazo y sus manos entrelazadas con las de Andy. Esa mujer era todavía más deslumbrante en vivo. No podía apartar la vista de ella y hacerle un escáner de arriba abajo por todo ese cuerpo perfecto, que ya había tenido la suerte de ver desnudo en las fotos, pero en ese momento, incluso vestida, estaba impresionante. Lo cierto es que la ropa que llevaba tampoco dejaba mucho a la imaginación ya que consistía en un vestido de cuero rojo muy ceñido, con tiras en el cuello y un escote hasta el ombligo y con aperturas en los costados y todo combinado con unas botas altas con un tacón por lo menos doce o trece centímetros.
- Quería presentaros a Sofia... mi musa y mi amor... - nos presentó Andy sonriente.
- Hola- saludamos mi chica y yo a la vez, para darle un par de besos cada uno y al hacerlo yo, noté ese aroma embriagador de su cuello. Olía de maravilla además de ser un bellezón.
- Sofia, él es Carlos uno de mis mejores amigos y la bella dama que está a su lado es Raquel, su novia. - nos presentó mi amigo Andrés a esa impresionante mujer.
Ambos felicitamos a Sofía por lo bien que había salido en todas las imágenes y por su belleza, que incluso ensalzaba Raquel, destacando lo que más le ha impresionado de cada foto.
- La verdad es que estás guapísima en todas - comentó mi chica, admirando el cuerpo de la modelo y mirándome de reojo al mismo tiempo.
- Bueno, tú podrías quedar igual de impactante. Incluso más que yo - intervino Sofía, consiguiendo poner a Raquel roja como un tomate.
- ¿Yo? No creo. - respondió ella bajando la vista.
- Pues hija, ya quisiera tener yo tus pechos... tus piernas, tu culito...
- Gracias. - mi chica se sentía ruborizada y halagada al mismo tiempo con las palabras de esa bella mujer.
- ¿A qué si, Andy?, ¿A que ella quedaría guapísima? - comentaba Sofía acariciando el brazo de mi amigo.
- Naturalmente que sí. - añadió él, dibujando con su vista la silueta de mi chica, que parecía enrojecer aún más al verse tan observada – ya se lo he dicho un montón de veces.
Raquel me miró y parecía decirlo todo con esos ojos, pues a pesar de que a priori, nunca se atrevería a dar ese paso, no podía negar la envidia que le daba poder posar así.
- Bueno, ¿cuál os ha gustado más? - nos preguntó Andy sacándonos de ese momento apurado para mi novia.
- Me gustan todas. - dije yo - además veo que ahora también sales en tus fotos. - añadí señalando una imagen en el que se veía todo su cuerpo desnudo de espaldas abriendo los muslos de Sofía.
- Uf, sí, he querido ir más allá de mis fotos de siempre y hacer algo más novedoso, más sensual en fotos de pareja, que por cierto tienen mucho más tirón, aunque es realmente complicado posar y dejar la cámara disparando, volver a coger la misma postura... han sido sesiones largas y difíciles, pero lo están demandando mucho ahora.
- Me imagino que ha sido duro. - dije con doble intención por lo de duro y reímos los dos.
Mientras mi amigo me contaba los detalles técnicos de cada foto, la iluminación, algún truco y otras cosas, las chicas estaban hablando y se las podía escuchar comentando la posibilidad de hacer una sesión para Raquel, que seguía negándose una y otra vez, mientras que la otra le insistía ya que las sesiones, según contaba, eran divertidas y cachondas.
- Al menos deberías de probarlo un día. - comentó Sofía a mi novia.
- No insistas, cariño, que ya intenté hacerle más de una sesión y nada. - intervino Andy.
- Bueno, alguna foto me hiciste ya... - intervino mi chica.
- Vestida sí, pero desnuda o con lencería... - apuntó él.
- Sabes que eso me da muchísima vergüenza.
- Pues con ese cuerpo, seguro que nos salíamos, Raquel. - añadió riendo mi amigo.
- Qué pena, porque precisamente Andy tiene un encargo de lencería y quieren un par de modelos con fotos “hot”... - añadió Sofía.
- ¿Un nuevo proyecto? - pregunté yo.
- Sí, tengo un gran proyecto para una galería muy exclusiva de Berlín y pagan muy bien, por eso buscan fotos de este tipo. Les gusta empezar con fotos de lencería y que las modelos vayan quitándose la pieza a medida que avanzas en la exposición, luego fotos de chicas juntas, para terminar con algún chico desnudo entre ellas.
En un momento dado, pude ver que Sofía le estaba comentando algo en bajo a mi chica, logrando que esta sonriera y luego la propia Sofía me hizo un guiño, como diciendo “ya tengo medio camino hecho”, aunque yo francamente no me lo creía en absoluto.
Un buen rato después, tras varias copas que nos fueron pasando los camareros del evento, mi amigo decidió ir cerrando, pues apenas quedaba gente en la exposición. Nos despedimos de la pareja anfitriona, pero Sofía nos comentó con su bonita sonrisa:
- Oye, tenemos que vernos otro día los cuatro con tranquilidad. ¿Que os parece que quedemos para tomar algo?... así convencemos a Raquel que se apunte conmigo hacer unas fotos.
Raquel me miró, de nuevo con su gesto apurado y tímido, aunque por dentro debe estar ardiendo con esa idea. Ya lo hemos comentado y siempre le ha excitado la idea, pero tiene miedo.
- Por mi encantado – contestó Andrés - y así os cuento algo del proyecto.
- Lo de quedar sí, pero eso de las fotografías ya lo veremos... - añadió Raquel para que quedase claro y no hubiese ninguna duda.
- Bueno, ¿Que os parece que quedemos el este viernes a tomar esa copa? - pregunté yo.
- Perfecto – contestaron a la vez.
Nos despedimos de la pareja, quedando en vernos ese mismo viernes y tomamos un taxi, en dirección a casa, pudiendo notar que Raquel estaba algo achispada, pero sobre todo muy cachonda e incluso desconocida en su forma de actuar, pues nos pegamos un morreo de campeonato, sin importarle lo más mínimo que nos viera el taxista, incluso cuando le toqué las tetas por encima de la blusa con total descaro.
Una vez en casa, apenas habíamos cerrado la puerta, Raquel se me lanzó contra mi cuerpo como un koala y me siguió besando al tiempo que me repetía.
- ¡Fóllame Carlos!
La llevé en volandas hasta el dormitorio y la verdad es que hacía tiempo que no la veía tan cachonda y tan efusiva. Ella misma se quitó la blusa y el sostén, mientras yo terminé de quitarle los shorts y cuando me quise dar cuenta, ella me había soltado el pantalón y estábamos desnudos follando sobre la cama, como una de esas veces memorables que gusta recordar de vez en cuando. No me quejo de mi vida sexual, con Raquel, al contrario, ella es ardiente, folla muy bien, además de hacer unas mamadas increíbles, pero siempre es de las que se deja llevar... vamos que sea yo el que tome la iniciativa, pero esa noche... esa noche fue muy especial, supongo que ambos motivados por las fotos y por el hecho de ver en vivo a sus protagonistas. Seguramente otras veces habíamos follado con intensidad y con pasión, pero había un antes y un después tras esa noche de la exposición.
Me estaba fumando un cigarrillo, desnudo sobre la cama, cuando vi aparecer el cuerpo de Raquel saliendo del baño y apoyando su muslo sobre la cama, se esparcía la crema hidratante que siempre usa para sus piernas. Creo que no hay nada más erótico que verla darse crema por todo su cuerpo desnudo. Mi polla se despertó al instante y se fue poniendo cada vez más tiesa. Ella se arrodilló agarrándola para empezar a pajearme.
- ¡Guarro! - me comentó sonriente.
- Es que verte, es un espectáculo, cielo.
- ¿Es por verme a mi o por el cuerpo de Sofía de las fotos?
- Mujer, cómo dices eso... sabes que me vuelves loco. Sofía no tiene nada que hacer contigo.
- Sí, seguro. - comentó con retintín.
Raquel me observó unos instantes...
- No puedes negar que se te ha puesto dura viendo ese coñito de la rubia. - me dijo.
- ¿Y tú imaginando la polla de Andy?
- ¡Qué tonto eres, pero si no se le veía!
- Ya, pero eso no quita que lo hayas imaginado... ¿o no? - añadí sonriente.
Raquel guardó unos segundos de silencio que certificaban mi teoría.
- Bueno, tú sí que le has visto el coño y las tetas a Sofía a base de bien. Desde luego, ella es preciosa, ya me gustaría tener ese cuerpazo.
- ¿Bromeas, Raquel? Tú eres mucho mejor. Seguro que Andy sabría sacarte mayor partido que a ella y eso que sus fotos ya son espectaculares.
- ¿Ya vuelves con eso?
- Es la verdad, cariño, tú quedarías preciosa en esas imágenes. ¿No te lo imaginas?
- No sé...
Era la primera vez que Raquel decía esas dos palabras “No sé...” y era todo un avance, vamos que ni por lo más remoto me imaginaba ver una puerta medio abierta. Seguí ensalzando sus valores:
- Sofía es guapa, no lo niego y está buena, también, eso es evidente, pero lo más atrayente de ella ha sido excelentemente bien explotado en las fotos, porque Andy sabe sacar partido a cada detalle relevante. Ya sabes que es muy detallista.
- Eso es verdad.
- No quiero ni imaginar cómo quedarías tú en ellas, seguro que llenas la galería con colas en la calle.
- ¡Que tonto!
- Te lo aseguro mi amor, tú sabes que estás buena, pero con las manos de Andy seguro que eres alucinante.
Nos miramos unos segundos y sabía que a ella también le ponía la idea, sólo que algo por dentro siempre le frenaba. Lo de las “manos de Andy” lo dije con toda la intención, desde que vimos esa foto, abriendo con sus dedos los labios vaginales de su modelo.
- ¿Por qué no lo pruebas? Seguro que al menos era divertido y te echas unas risas. Por intentarlo... - la comenté.
- Eso mismo me dijo Sofía, pero ya sabes que no, Carlos. Me corta bastante.
- Por Andy.
- No, no es eso, ya lo sabes. Sé que es un profesional.
- ¿Entonces?
- No soy modelo, no sabría ni como ponerme.
- Pues seguro que le hacías competencia a ella. - dije eufórico viendo que mi chica ya no solo no se negaba, sino que hablaba de hipótesis.
- Yo no me veo... Carlos.
- ¿No te gustaría aparecer en fotos como las de la galería y que todo el mundo te desease?
- Bueno, ¿Y a ti no te molestaría? - dijo mirándome fijamente.
- ¿Qué dices?, sería el hombre más feliz y orgulloso del mundo.
- ¿No te sentirías celoso?
- En absoluto.
- Precisamente, Sofía me comentó que Andy está buscando fotos de dos chicas juntas y tal...
- ¿Y, entonces?
- Que no, no insistas, no me voy a despelotar. Yo no soy modelo y sabes que me da palo desnudarme delante de nadie.
- Yo ahora te veo muy suelta. - dije admirando su desnudez.
- ¡Qué bobo eres!
- ¿Y por qué no empiezas con lencería? Así no enseñarías nada.
- ¡Seguramente! - dijo con ironía, pero no interpuso ninguna otra objeción.
El silencio de mi chica era bueno, al menos, creía que no había cerrado la puerta del todo y se notaba que su nivel de excitación se incrementaba por momentos, pues es meterse en la cama y volver a follar todo uno y eso era señal de lo mucho que le ponía esa idea de posar para la cámara de Andy. Mucha de esa labor de convencerla debía haber sido gracias a Sofía, comentándole a Raquel, en confianza de chicas que todo resultaba mucho más sencillo, además de divertido.
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Durante el resto de la semana seguí recordándole lo guapa que quedaría en esas imágenes de 2x2 y eso ayudó a que nuestras noches fueran de lo más “fructíferas”, pues era nombrarla lo de las fotos y acaba encendida como un soplete. Desde que fuimos a la exposición de fotos de mi amigo Andy, casi no había habido otro tema de conversación, siempre con su negativa, eso sí, aunque no tan rotunda como otras veces y notando que se excitaba fuera de lo normal y acabábamos más cachondos que nunca y follando como locos.
Yo, al mismo tiempo, no dejaba de imaginar esa escena... y si encima también se animaba a hacerlo con Sofía, eso me ponía todavía más cachondo. De hecho, me costaba hasta concentrarme en el trabajo imaginando a esos dos bellezones en lencería o desnudas. Pero, por otro lado, tampoco quería hacerme ilusiones, porque de momento Raquel solo fantaseaba con ello y me faltaba algún estímulo o un empujoncito para que dijera el sí definitivo.
Ese viernes, mientras Raquel se arreglaba en el baño para acudir a la cita con nuestros amigos. Yo terminé de vestirme y cuando me dirigí a avisarla, abrí la puerta y la vi maquillándose, pero llevando tan solo puesto encima unas braguitas semitransparentes de color lila y el sujetador compañero e igual de transparente. ¡Estaba preciosa!
- ¡Joder, que sexy te has puesto! - le dije.
Me coloqué a su espalda a la vez que puse mis manos en su cintura mientras arrimé mi bulto que se me estaba formando de solo verla así vestida.
- ¡Joder, es que estás increíble, nena! - le repetí.
- ¿Así estamos ya Carlos? - me comentó sonriéndome desde el espejo con nuestras caras pegadas.
- ¿Qué quieres chica, con el pedazo de espectáculo que me encuentro?
- ¡Mmm! – ronronea ella meneando el culito hacia atrás, notando esa dureza que tenía bajo mi pantalón.
- ¿No me digas que te has puesto ese conjunto para la sesión de fotos? - la dije al tiempo que agarraba de sus grandes tetas y era inevitable que ella echara ese culo más hacia atrás para restregarse contra mi polla, porque sé que ese juego le pone cachondísima.
Cuando me disponía a sacarle sus preciosos pechos fuera del sujetador, de repente se giró y con su mano me empujó hacia atrás separándome de ella para que no siguiera con mis manoseos.
- ¿Pero qué? - dije sorprendido.
- ¡Te estás emocionando! - añadió girándose para continuar perfilándose los labios de color rojo con un fino pincel, como si no pasara nada.
- ¡Joder, cómo para no! - dije observando ese culazo bajo ese culote que solo se pone cuando queremos acabar en una noche especial ella y yo.
- Pues vas a tener que aguantarte cariño, porque si no vamos a llegar tarde.
- ¡Raquel no me dejes así, por Dios!
Podía ver la sonrisa de mi novia a través del espejo, pero a ella siempre le gusta hacerse la dura, es un juego que sabe que me enciende más todavía, pero yo sabía que en ese momento ella estaba igual de caliente, no había más que ver sus pezones marcados bajo su sostén.
- Lo siento Carlos, pero es que te conozco y sé que si te dejo seguir no llegamos. - comentó apoyada en el lavabo retocándose esos labios carnosos.
- ¡Joder que cabrona si la culpa es tuya por ir así! ¿No me dejas jugar un poquito? - insistía yo desesperadamente poniendo mi mano en su culo
Raquel volvió a retirar mi mano de su cuerpo y podía ver a través del espejo como se agrandaba su sonrisa, pues sabía que estaba totalmente desbocado.
- No Carlos, ya sé lo que te pone este conjuntito, luego podrás jugar con él, pero ahora tenemos que prepararnos.
- Seguro que con esa lencería en una foto gigante de las de Andy los que te vieran se matarían a pajas, rememorando cada resquicio de tu cuerpo.
- ¡Qué guarro eres!
- ¡Joder, pero mira como estoy! - señalé una vez más el bulto considerable que tenía.
Raquel se mordió el labio para añadir:
- Si quieres hazte una paja o piensa en algo para que se te baje, pero que te quede claro que no vamos a follar ahora.
- ¡Uf!, ¿Y chupármela?
- Tampoco, cariño, porque te conozco y al final acabamos follando, además, llevo media hora maquillándome para que me lo estropees todo.
- ¡Me cago en todo Raquel!... ¡esta te la guardo! - dije furioso.
Ella puso esa cara de zorra que sabe que me hace descontrolarme. Pero, además, parecía más juguetona de lo normal conmigo, sacando más afuera su redondísimo culo, apoyada sobre el lavabo, La muy puta se reía y meneaba ese culito como si estuviera bailando, haciéndome sufrir, como solo ella sabe y cuando levanté mi cabeza y enfoqué mi mirada hacia el espejo, me encontré con su cara, visiblemente colorada, sus ojos brillantes y mordiéndose esos jugosos labios rojos en una clara señal de que también estaba a tope.
- ¡Uf, pues nada algo tendré que hacer para bajarme esto! - afirmé resoplando.
Me llevé las manos hacia la cremallera de mis pantalones y me los desabroché a la vez que dejé caer también mis calzoncillos, liberando totalmente mi polla que agarré con la mano y comencé a mover despacio, pero sin apartar la mirada del espejo para que Raquel lo viese.
- Carlos, ¿qué haces? - preguntó ella con sus ojos abiertos como platos.
- Lo que tú me has dicho... que me hiciera una paja.
- ¡Carlos, pero no aquí!, ¡Anda, vete! - dijo señalando la puerta, porque sabe que en cuanto ve mi polla, se vuelve loca y acaba cediendo.
- No, putilla, así ves lo que te has perdido. - añadí sin dejar de pajearme.
- Eres incorregible. - añadió, pero sin poder apartar la mirada de mi glande brillante.
- ¿Te imaginas a Andy pajeándose con una foto tuya con esa lencería?
- Carlos, estás desbarrando.
- Bueno, Andy y los cientos de tíos que vieran tu foto.
Es posible que mi mente no estuviese lúcida, pero la de ella tampoco, porque ver mi polla e imaginar que otro hombre se pajeaba por su culpa era todo un estímulo y en ese momento era ella quien resoplaba y ya no podía hacerse tanto la chula, porque no podía apartar la vista de esa dureza que tenía entre mis dedos. Volvió a mirarme por el espejo para añadir:
- ¡Mamón, como me manches la tenemos!
Mi sonrisa fue la respuesta y entonces me puse ligeramente de lado, con mi polla a pocos centímetros de su cadera, para que pudiera verla con detalle, bien dura, mientras yo seguía acelerando los movimientos de mi mano, sin apartar mi mirada de la suya a través del espejo y volver a percatarme de cómo se mordía el labio inferior, pero esta vez mucho más fuerte y sus ojos ardían de ver esa erección que se mecía entre mis dedos.
- ¿Te gusta lo que ves, cariño? - le pregunté sibilinamente, sacando la punta de mi lengua entre mis labios.
- ¡Sabes que sí, cabronazo!
- Pues es una pena que no quieras ayudarme. - añadía al tiempo que rocé con mi glande la fina piel de su cadera, algo que sé que es un detonante.
- Uf, Carlos, ya sabes por qué y haz el favor de irte. - respondió visiblemente excitada.
Ignoré una vez más sus palabras, por lo que me limité a seguir con lo mío y viendo al mismo tiempo cómo todo su cuerpo se iba transformando... su piel de gallina, sus pezones en punta, y ese sonrojo de sus mejillas, en clara señal de lo cachonda que se estaba poniendo por momentos. Había pocas dudas, estaba loca por sentirla de lleno.
- ¡Qué lástima que no me quieras ayudar! - insistí volviendo a rozar mi glande ligeramente contra su culito y esparciendo parte del líquido pre seminal por su piel.
- ¡Carlos...!
- No te mientas a ti misma, cielo. Porque seguro que si te toco tendrás una fuente en tu rico coño...
- No, no estoy así. - afirmaba aún con chulería.
- ¿Quieres que lo compruebe, cariño?
- No. - dijo secamente.
Volví a ignorar su negativa y esta vez me acerqué por detrás, pegando mi cuerpo contra el suyo y ubicando mi polla entre sus nalgas a la vez que dirigí mis manos a sus tetas y se las apreté con ganas.
- Carlos por favor... vamos a llegar tarde. - afirmaba apretando sus manos contra el lavabo al sentir mi palpitante verga entre sus piernas.
La sonreí a través del reflejo del espejo sabiendo que todo lo decía con la boquita chica porque el movimiento de su culo restregándose contra mí, era un claro síntoma de su rendición.
- ¡Que esperen! - insistí volviendo a pasar mi tronco duro entre sus muslos rozando levemente su rajita por encima del tanga.
- ¡Cabrón me vas a manchar las braguitas...!
No contesté y me limité a seguir pasando mi dureza por su entrepierna.
- Además, sabes que a mí no me gusta llegar tarde.
- Por un día no creo que pase nada, cariño.
- Estás fatal.
- Seguro que Andy lo entiende si le digo que no he podido resistirme ante este cuerpo y esta lencería tan sexy... si él estuviera en mi lugar, le pasaría exactamente lo mismo.
Noté cómo su cuerpo se tensaba con mis palabras y acentuado al apretar uno de sus pezones por encima de la tela de su sostén y cerrando los ojos para suspirar profundamente.
- ¡Uf!... ¡A la mierda, fóllame de una puta vez Carlos! - gritó de pronto desesperada al no poder aguantar por más tiempo.
Mi risa se hizo visible frente al espejo y sin pensármelo más, le eché a un lado sus diminutas braguitas para clavársela hasta lo más hondo de una sola estocada, haciendo que todo su cuerpo se elevara ligeramente. Tras oír su ahogado grito, comencé a follármela aferrado a sus caderas, de forma rápida y fuerte, provocando sus gemidos cada vez más intensos.
- ¿Ves cómo no podías más? Te conozco demasiado. - dije besando su cuello sin dejar de follarla contra el lavabo y elevando su culito con cada embestida.
- ¡Ay, mamonazo! - añadió echando una de sus manos a mi nuca acariciándola suavemente con sus dedos mientras mis manos se aferraban a sus caderas en ese vaivén oscilante y tan placentero para ambos.
El choque de mi pelvis contra su culo era toda una delicia, pero más todavía, viéndola a ella tan encendida. Su coño se aferraba a mi polla como un guante hecho a medida y es que esta mujer folla de maravilla, estrujando mi polla de una manera increíble.
- ¡Raquel que buena y sexy estas ahora mismo!, ¡Me has puesto brutísimo! - la decía clavándosela con energía
- ¡Ya lo veo... mmmm!
- Deberías de hacerte las fotos para que te vean y ponérsela dura a más de uno.
- ¡Calla y sigue! - decía ella acariciando mi nuca mientras yo mordía su cuello.
Siempre nos gusta jugar a decirnos cosas mientras follamos, a modo de fantasía, aunque yo se lo estaba diciendo totalmente en serio... mientras seguía embistiendo con fuerza, sabiendo que ella estaba con la guardia totalmente baja.
- ¿Qué me dices cariño?... ¿aceptas? - insistía yo en cada choque.
Como veía que no había respuesta, sino que se limitaba a cerrar sus ojos y echar la cabeza hacia atrás en señal de que estaba a punto de llegar al clímax, decidí parar repentinamente y sacarla de golpe de su cálido y babeante coño.
- ¡Joder, Carlos!, ¿Qué haces? ¡No me dejes así! - protestaba temblando.
- No me has contestado... si quieres que siga...
- Si.
- Si ¿qué?
- ¡Que acepto, joder...!, ¡pero sigue o te mato! - me suplicaba levantando su culito, moviéndolo en círculos.
Sonreí como un capullo, así me vi reflejado en el espejo y sin que volviera a decirme nada más, se la clavé sin remisión, empotrándola contra el lavabo y a partir de ese instante la follada fue brutal, hasta que ambos llegamos al orgasmo, con nuestras caras pegadas mirando nuestro reflejo, con el máximo de excitación.
Una vez que nos habíamos recuperado y tras sacar la polla de ese coño tan calentito, le entregué un pañuelo de papel para que se limpiase mientras me decía:
- Eres un capullo.
- ¿Yo?
- Sabes que no me puedo resistir... ahora tendré que cambiarme y encima llegaremos tarde.
- ¿Qué dices? Esa lencería te queda de miedo para la sesión. Además, he tenido cuidado y no te he manchado nada... Me he corrido dentro como un niño bueno. - dije con mi sonrisa burlona.
- Eres un cabrón. - decía ella recogiendo con el pañuelo de papel los goterones de semen que salían de su coño para no ensuciar sus braguitas.
- No lo pude evitar, sobre todo cuando me dijiste que sí a la sesión.
- Lo de la sesión, fue un pronto.
- De eso nada, preciosa. Me lo has prometido.
- Y tú me has pillado con la guardia baja, ya lo sabes... así que no te emociones.
- Bueno, vamos que llegamos tarde. - la apremié, para que terminara de vestirse.
A continuación, mientras ella terminaba, le escribí un mensaje a Andy para comentarle que saldríamos con algo de retraso hacia el restaurante y adelantándole que tenía a mi chica a medio convencer con el tema de la sesión, pues durante la semana ya lo habíamos hablado él y yo, porque estaba loco por hacerle unas fotos. Justo en ese momento, Andy me hizo una llamada.
- Hola, tío, cómo me alegro de que hayas ido allanando el terreno. Tu chica es fantástica y va a quedar genial en las fotos. Tiene un cuerpazo. No veas cómo me alegro, joder...
- Bueno, no sé, ya sabes, va cambiando de parecer, llena de miedos, pero creo que algo vamos a conseguir.
- Bueno, no te agobies, poco a poco, ya verás como cuando te quieras dar cuenta, tú tímida Raquel, se convierte en otra... tengo experiencia en eso.
- No sé, tío, con ella es distinto.
- Te aseguro que es lo lógico, a todo el mundo le cuesta al principio... pero además puede ganar una buena pasta si se anima.
- Eso también puede ayudar a estimular... jeje.
- Ya verás como sí, además noto que ella quiere dar el paso, pero no se atreve...
- Estoy de acuerdo en eso
- Además, tú no es que le pongas trabas, es que animas a que dé el paso. Sólo depende de ella.
- Creo que tu chica también ha ayudado a ir cambiando las cosas.
- Claro, Sofía es muy buena convenciendo, te lo aseguro. Por cierto, se me ocurre una cosa, que con la excusa de un encargo podríamos cambiar lo del restaurante.
- ¿Y eso?
- Pues aprovechando que tu chica está en racha, en lugar del restaurante, podéis veniros directamente a casa, comemos algo en plan informal y así termino la sesión con Sofía y de paso vamos metiendo a Raquel “en harina”… Seguro que las chicas hablando se entienden mejor.
- Qué seguro te veo, Andy.
- Tú quieres, ¿verdad? ¿Sin objeciones?
- Ya sabes que sí... me encantaría.
- Pues entonces, déjalo de mi mano y de la de Sofía.
- ¡Eres un crack, Andy! Si lo consigues te hago un monumento.
Cuando colgué ella me preguntó:
- Con quien hablabas.
- Era Andy... que ha surgido un problemilla.
- ¿Qué pasa? - me miró con preocupación.
- No, nada, que tenemos que posponer lo de la cena en el restaurante porque le ha salido un trabajillo de última hora.
- Vaya ¿y ya no quedamos con ellos?
Observé a mi chica mirándome con cara de decepción, ataviada con uno de sus mejores vestidos, ese tan sexy con un escote pronunciado de color marrón claro, con florecitas blancas y mucho vuelo y siendo corto, ofrece lo mejor de sus piernas morenas, además de esas sandalias de alto tacón que realzan sus pantorrillas y su culo.
- Bueno, en realidad me ha dicho que, si nos apetece, podríamos cenar algo informal y así nos vemos un rato.
- ¡Genial! - dijo sin poder disimular su efusividad.
CONTINUARÁ...
Laura & Sylke
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