Madura insatisfecha busca en otra nevera
A sus 58 años, Laura siente que el deseo aún arde, pero su matrimonio se ha enfriado. Cuando decide buscar una solución en otro lado, la urgencia de sus carnes maduras encuentra en un desconocido la fuerza bruta que le faltaba. Esta noche, la oficina está cerrada, el hotel está a puerta cerrada, y no hay vuelta atrás.
ME LLAMÓ Laura y, a mis 58 años, el deseo sigue ardiendo en mí con una fuerza que mi matrimonio ya no puede satisfacer. Mido 1,60, tengo el pelo castaño en media melena, ojos azules intensos y unas tetas maduras que no son muy grandes, un poco caídas por la edad, pero muy sensuales, suaves al tacto y con unos pezones rosados y provocadores que se endurecen con solo mirarlos. Mi marido hace años que no me toca como una mujer necesita ser tocada, así que muchas noches termino follándome sola el coño con los dedos o con algún juguete, imaginando manos fuertes y una polla dura que me haga gemir de verdad. Por eso publiqué el anuncio en Maduras de España: «Cuando una tiene tantas ganas de sexo y con tu pareja es inexistente, pues tienes que buscar una solución. Yo necesito encontrar un hombre muy activo para que me folle bien, necesito que se me ponga el coño muy rojo de tanto darle placer».
Marcos contestó casi de inmediato. Era un hombre grande, de casi un metro ochenta y cinco, con un poco de barriguita cervecera que le daba un aspecto real y masculino, pero con una presencia que imponía. Cuando quedamos en un hotel discreto en las afueras de Madrid y abrió la puerta de la habitación 312, su tamaño me excitó al instante. Nos besamos con urgencia, sus manos grandes recorriendo mi cuerpo mientras me quitaba la ropa despacio. Al liberar mis tetas, él las miró con hambre: no eran muy grandes, ligeramente caídas por los años, pero muy sensuales, con esa suavidad madura que invita a tocarlas y a morderlas. Mis pezones ya estaban duros, erectos, reclamando atención. Marcos los pellizcó suavemente y yo gemí contra su boca.
Me tumbó en la cama y abrió mis piernas. Mi coño estaba empapado. Tenía los labios mayores carnosos y suaves, los labios menores más finos y rosados, hinchados de excitación. Mi clítoris asomaba, pequeño pero palpitante, y la raja era larga, profunda y jugosa, brillando con mi humedad. La raja de mis glúteos también se marcaba claramente entre mis nalgas redondas y firmes. Marcos se desnudó y su polla apareció ante mí: larga y grande, con una punta levemente curvada hacia arriba, perfecta para rozar ese punto sensible dentro de mí. Era gruesa, venosa, con un glande grande, hinchado y de un rojo oscuro casi morado. Debajo colgaban dos testículos pesados, grandes y llenos, con la piel suave y arrugada que me hizo la boca agua.
Me arrodillé y empecé a lamerle la polla con deseo. Primero pasé la lengua despacio por el glande hinchado, saboreando el líquido preseminal salado que brillaba en la punta. Dibujé círculos alrededor de esa cabeza gruesa y curvada, luego bajé por el tronco venoso y largo, lamiendo cada relieve. Llegué a sus testículos y los chupé uno por uno, metiéndomelos en la boca con cuidado, succionando suavemente mientras él gemía. Después me la metí entera hasta donde pude, tragando alrededor de su grosor y longitud, babeando y gimiendo mientras él me sujetaba el pelo y follaba mi boca con movimientos profundos.Marcos no aguantó mucho más. Me levantó, me abrió las piernas y hundió la cara entre ellas. «Quiero comerte el coño hasta que no puedas más», gruñó. Su lengua atacó mi clítoris con lametones rápidos y firmes mientras dos dedos entraban en mi raja mojada, curvándose para tocar ese punto sensible. Chupó mis labios mayores e inferiores, los succionó con pasión y hundió la lengua dentro de mí, follándome con ella mientras su nariz presionaba mi clítoris hinchado.Yo me retorcía, apretando su cabeza con los muslos, recordando todas aquellas noches en las que me había follado sola el coño sin conseguir nunca este placer tan intenso.
Cuando estuve al borde del orgasmo, me penetró de un empujón. Su polla larga y grande, con esa punta levemente curvada hacia arriba, abrió mi raja hasta el fondo y rozó perfectamente ese punto mágico dentro de mí. En la postura del misionero me folló primero lento y profundo, mirándome a los ojos, sus testículos pesados chocando contra mi culo con cada embestida. Luego aceleró, sujetando mis tetas sensuales y un poco caídas, pellizcando mis pezones duros mientras yo le clavaba las uñas en la espalda.
Me puso a cuatro patas para follarme en perrito. Agarró mis caderas con sus manos grandes y entró con fuerza desde atrás. Sus testículos golpeaban mi clítoris con cada embestida y yo sentía cómo mis nalgas rebotaban contra su barriguita cervecera. Me abrió la raja de los glúteos con los pulgares mientras me follaba más rápido, mi coño poniéndose cada vez más rojo e hinchado alrededor de su polla larga y curvada.
Me senté encima en vaquera. Mis tetas maduras, suaves y sensuales, se movían con cada subida y bajada mientras yo giraba las caderas, sintiendo cómo su glande grueso y curvado rozaba todas mis paredes internas. Luego me di la vuelta, poniéndome en vaquera inversa, dándole la espalda. Bajé despacio sobre su polla larga, tragándola entera con mi coño mojado. Marcos gruñó al ver cómo su polla desaparecía dentro de mí. En esa posición era yo la que le estaba follando la polla, moviendo el culo arriba y abajo con ritmo profundo y sensual, controlando completamente el placer. Mientras cabalgaba con fuerza, sintiendo cómo su punta curvada me rozaba justo donde más lo necesitaba, le pedí con voz entrecortada por el deseo:«Ábreme el culo… méteme esa banana verde que traje, la que tiene condón y está bien lubricada». Marcos no dudó. Con sus manos grandes separó mis nalgas, abriendo completamente la raja de mis glúteos, y tomó la banana verde que yo había preparado antes (envuelta en un condón y generosamente lubricada). La punta redonda y firme presionó contra mi ano y, poco a poco, mientras yo seguía cabalgando su polla gruesa, él la fue introduciendo despacio en mi culo. La sensación de doble penetración me hizo gritar de placer: mi coño lleno de su polla larga y curvada, y mi ano abierto por la banana lisa y dura. Marcos la movía suavemente al ritmo de mis movimientos, follándome los dos agujeros al mismo tiempo. Mis tetas sensuales y un poco caídas rebotaban, mis pezones duros rozaban el aire, y mi coño se ponía cada vez más rojo e hinchado alrededor de su grosor.
Fantaseábamos en voz alta: yo le confesaba que mi marido no me follaba, que muchas noches me tenía que follar sola el coño imaginando esto, y que ahora quería que me llenara hasta que no pudiera caminar. Él me decía que iba a dejarme el coño rojo e hinchado durante días, mientras seguía empujando la banana más adentro.
Me folló también contra la pared, levantando una de mis piernas, penetrándome de pie con embestidas salvajes, su altura haciendo que me sintiera completamente dominada. Después me tumbó boca arriba con las piernas sobre sus hombros y me dio embestidas cortas y profundas, su glande curvado golpeando justo donde más placer me daba. Mis tetas se movían con cada golpe, mis pezones duros y sensibles. Tuve el primer orgasmo gritando, mi coño contrayéndose fuerte alrededor de su polla larga y gruesa mientras la banana seguía dentro de mi culo, y él se corrió dentro de mí, llenándome con chorros calientes mientras sus testículos se contraían.
Después de un breve descanso, volvió a comerme el coño, ahora sensible y rojo, lamiendo su propia corrida mezclada con mis jugos. Yo le lamí la polla otra vez, saboreando los dos sabores, chupando su glande hinchado y curvado y sus testículos pesados. Terminamos en misionero otra vez, más lento y profundo, besándonos con pasión mientras mi coño, ya muy rojo e hinchado, lo apretaba hasta que los dos nos corrimos juntos de nuevo. La banana había quedado a un lado, pero la sensación de haber sido follada en los dos sitios seguía vibrando en mi cuerpo.
Cuando salimos del hotel mis piernas temblaban y mi coño latía, rojo, hinchado y completamente satisfecho, tal como había pedido en el anuncio. Marcos me besó y me susurró que la próxima vez sería todavía más intenso. Yo sonreí, sabiendo que, mientras mi marido no funcionara, yo ya había encontrado la solución perfecta.
Por: © Mary Love
Nota de la autora:
"Las historias que cuento generalmente son ficciones sacadas de mi imaginación; algunas inspiradas en historias que me mandan mis seguidores. Espero que mis relatos te hagan soñar y cumplir tus fantasías. Si te gustan mis relatos compártelos con tus amigos, quizás les ayudes a salir de su rutina.
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