Las aventuras de Daniela 6
El mensaje de Valeria llega justo cuando el deseo ya no puede contenerse. Una noche, un cliente, un dinero y la promesa de ser usada frente a su amiga. ¿Podrá seguir mintiéndole a su marido mientras su cuerpo grita la verdad?
Habían pasado solo dos días desde aquella tarde salvaje en el chalet de Valeria, pero el cuerpo de Daniela aún lo recordaba todo. Cada vez que se sentaba en la silla de la oficina sentía un leve ardor en el ano, todavía ligeramente dilatado.
Sus tetas grandes y pesadas le dolían un poco al rozar contra la blusa, y entre sus piernas el coño moreno seguía sensible, con el vello negro espeso pegado por los restos de excitación que no conseguía quitarse de encima. Por las noches, Alberto la había follado con su cariño habitual, lento y dulce… y ella había tenido que morder la almohada para no gemir pensando en las dos pollas que la habían llenado al mismo tiempo.
La culpa la carcomía por dentro.
Pero la humedad entre sus muslos le recordaba que ya no podía parar.
El jueves por la tarde, mientras caminaba hacia el coche después del trabajo, el móvil vibró en su mano. Era Valeria.
Valeria: Mañana viernes. Tengo algo diferente para ti, mi zorrita favorita. Un cliente mío, muy discreto y muy generoso. Solo quiere mirar, tocar… y que le des placer. Nada que no hayas hecho ya. Te recojo a las 19:30. Ponte ese vestido blanco ajustado que te marca todo el culo y las tetas. Y ni se te ocurra ponerte bragas. Quiero que vayas chorreando desde que salgas de casa.
Daniela se detuvo en seco en medio de la acera. El corazón le latió con fuerza. Leyó el mensaje dos veces y sintió cómo su coño se contraía solo de pensarlo.
Daniela: Valeria… esto ya es demasiado. Soy una mujer casada. Tengo marido, una vida… No soy una puta.
Valeria: Por eso mismo le vas a encantar. Le ponen cachondo las casadas bien folladas y viciosas como tú. Te dejo 400 euros por la noche solo por dejarte usar un rato. Piensa en lo mojada que estás ya solo leyendo esto, cornudita.
Daniela se metió en el coche, cerró la puerta y, sin poder evitarlo, separó un poco las piernas. Metió la mano bajo la falda y se tocó por encima de las bragas. Estaba empapada. El dedo se le hundió fácilmente entre los labios hinchados y rozó su clítoris hinchado. Gimió bajito dentro del coche. Tardó casi un minuto en contestar.
Daniela:…Está bien. Pero solo mirar y tocar. Nada más.
Valeria solo respondió con un emoji de diablito y un “Buena chica”.
Al día siguiente, Alberto le dio un beso largo en los labios antes de irse al trabajo.
—Pásalo bien con las chicas esta noche, mi amor. Yo tengo cena con el equipo del proyecto, llegaré tarde. Te quiero.
Daniela le devolvió la sonrisa de esposa perfecta, cerró la puerta y, en cuanto se quedó sola, corrió al baño. Se duchó con agua caliente, se depiló con cuidado dejando solo ese triangulito superior de vello negro espeso que tanto excitaba a los hombres, y se perfumó las tetas y el cuello. Se puso el vestido blanco ceñido que se le clavaba entre las nalgas y marcaba sus pezones. Sin bragas. Cuando se miró al espejo, vio a una mujer elegante… pero con las mejillas sonrojadas y los ojos brillantes de vicio.
Valeria llegó puntual en su coche. Nada más subir, la besó con lengua profunda y le metió dos dedos sin piedad en el coño desnudo.
—Mmm… ya estás chorreando, puta. Me encanta cómo te mojas solo con obedecerme —susurró Valeria mientras le follaba el coño con los dedos—. Hoy vas a ganar tu primer dinero como zorra de verdad.
El trayecto fue una tortura. Valeria no dejó de tocarla, pellizcándole los pezones por encima del vestido y obligándola a abrir las piernas mientras conducía. Daniela llegó al ático con los muslos brillantes de sus propios jugos.
El hombre las esperaba sentado en un amplio sofá de cuero. Tenía unos 52 años, pelo canoso, traje caro y una mirada que imponía respeto. Se llamaba Javier.
—Así que esta es la famosa Daniela… —dijo con voz grave y profunda, recorriéndola de arriba abajo—. 35 años, casada, cuerpo de infarto. Tetas grandes naturales, culo redondo… Quítate el vestido. Despacio.
Daniela tragó saliva. Miró a Valeria, que asintió con una sonrisa perversa. Bajó la cremallera lateral y dejó caer el vestido blanco al suelo. Quedó completamente desnuda salvo por los tacones altos. Sus tetas pesadas colgaban ligeramente, con los pezones duros y oscuros. El culo prominente brillaba bajo la luz. Entre sus piernas, el coño moreno con el vello negro espeso ya brillaba de humedad, y un hilillo transparente le bajaba por el muslo.
Javier sacó su polla del pantalón. Gruesa, venosa, con una cabeza grande y pesada. Ya estaba completamente dura.
—Arrodíllate aquí. Chúpamela mientras tu amiga te come el coño. Y si tu marido te escribe… contestas. Quiero que hables con él mientras te usamos.
Valeria se colocó detrás de Daniela, le separó las nalgas con las dos manos y hundió la lengua directamente en su ano apretado. Al mismo tiempo metió tres dedos en su coño chorreante. Daniela soltó un gemido ahogado y se metió la polla de Javier hasta el fondo de la garganta.
Empezó a chupar con ganas. Arcadas, saliva espesa que le caía por la barbilla y goteaba sobre sus tetas. El sonido húmedo de la mamada llenaba la habitación. Valeria lamía y chupaba su ano y su coño alternativamente, haciendo que Daniela temblara entera.
El móvil vibró encima de la mesa.
Alberto: Amor, ya estoy en la cena. ¿Qué tal vosotras? ¿Estáis bebiendo vino? Mándame una foto si podéis 😂
Daniela, con la boca llena de polla gruesa, estiró la mano temblorosa y contestó como pudo.
Daniela: Todo bien, cariño… estamos tomando algo rico y riéndonos un montón 😘 [envió una foto inocente que Valeria había sacado antes]
Javier le agarró el pelo con fuerza y empezó a follarle la boca más profundo.
—Qué puta más obediente… Sigue contestando a tu cornudo marido mientras te comen el culo.
Daniela se corrió por primera vez con un chorro fuerte que mojó la cara de Valeria y la alfombra. Sus tetas rebotaban mientras temblaba. Javier no tardó mucho más. Le llenó la boca de semen espeso y caliente. Daniela tragó casi todo, pero parte le chorreó por los labios y cayó sobre sus tetas grandes.
Valeria la besó con pasión, lamiéndole el semen de la boca y las tetas.
—Buena zorra… Javier te ha dejado 400 euros en el sobre. Mereces cada euro.
Daniela se vistió con las piernas temblando. Por fuera volvía a parecer la esposa elegante y arreglada. Por dentro tenía el coño palpitando, el ano sensible y la boca con sabor a semen desconocido.
Llegó a casa pasadas las once y media. Alberto aún no había vuelto. Se duchó con agua muy caliente, se lavó el coño y el ano con jabón, se enjuagó la boca varias veces… pero seguía sintiéndose sucia. Rica y sucia.
Cuando Alberto llegó, la encontró en la cama con un camisón corto de seda. Se metió detrás de ella, le acarició las tetas y bajó la mano entre sus piernas.
—Te echaba tanto de menos… —susurró, metiéndole dos dedos—. Joder, amor… estás empapada.
Daniela cerró los ojos y dejó que su marido la follara despacio, con cariño, besándole el cuello. Mientras Alberto gemía dentro de ella y se corría llenándola de su semen, Daniela tuvo un orgasmo silencioso y profundo recordando la polla de Javier en su garganta y los 400 euros escondidos en el fondo de su bolso.
Sabía que esto ya no tenía vuelta atrás.
Y lo peor de todo… es que cada vez lo deseaba más.
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