Sara 1
El ron calienta los ánimos y la puerta entreabierta revela un secreto que no debería existir. Mientras él espera en el salón, ella descubre que la traición puede ser tan dulce como el placer, y que a veces, la mejor forma de perderse es encontrarse con otros.
Era viernes noche e íbamos a una exposición. Mi pareja, Sara, participaba como una alumna más del curso de pintura. Siendo la semana previa a Navidad, el ambiente era muy festivo y fueron muchos familiares y amigos que se acercaron a ver las obras.
Tanto mi mujer como yo teníamos muy buena relación con el profesor de pintura, Luis. Un hombre de mediana edad, 160 cm, delgado con perilla y por un lado tímido pero por otro muy elocuente, cuando ya había confianza o se hablaba de la acuarela.
La exposición fue transcurriendo de forma animada, se iban creando distintos corrillos y las conversaciones fluían entre unos y otros. Los compañeros de clase daban paso a la presentación de sus allegados y amigos, mientras tomaban una copa en el salón del evento.
Según fueron pasando las horas unos y otros se iban despidiendo y quedando un círculo más reducido, básicamente los organizadores, el profesor, un par de hombres más, mi mujer y yo.
Mientras mi mujer se ausentaba unos minutos para ir al aseo, el profesor propuso quedarnos por la zona a picar algo, pues ya era casi la hora de la cena. Los organizadores rechazaron la invitación pues aún tenían que cerrar el salón de exposición pero yo si acepté, pues me sentía a gusto y ya tenía algo de hambre.
(Aprovecho para describir a Sara… castaña, melena lisa al borde de las mejillas, ojos castaños y alegres, 165 cm, 59 kg, 53 años pero muy bien llevados, gracias a su cuidada dieta y lo deportista que es. Esa noche vestía una blusa blanca y una falda de tubo gris).
Vamos saliendo del salón lentamente, haciendo tiempo por Sara, cuando ella aparece y al mirar a nuestro alrededor ya sólo somos cinco. Luis, hace las presentaciones y el par de hombres que se nos habían unido resultaban ser muy buenos amigos de él. Uno de ellos Vicente tendría unos 45años, delgado, 170cm y era funcionario. El otro hombre, David, tenía 48 años, 185cm, 105 kg, una barba grande pero cuidada y también se dedicaba a la pintura.
Tras un corto paseo por la zona llegamos a un bar, lleno de gente celebrando, pero donde por suerte conseguimos una mesa al fondo. Estuvimos hablando animadamente de la exposición, de las próximas fiestas de Navidad y de temas varios. Compartimos varias raciones y no cesaban las rondas de cervezas. Según pasaban las horas estábamos más alegres e íbamos conociendo un poco más unos de otros. David resultó ser un artista que había conseguido exponer fuera de España y que vivía en Coruña. Justo había venido unos días a Toledo de visita y casualmente le coincidió la exposición de Luis y sus alumnos.
Al rato, Vicente, se disculpó pero se tenía que marchar ya que al día siguiente tenía que madrugar. No obstante, se alargaba la noche y David empezaba a mirar más directamente a Sara. Además, Luis también aprovechaba para alabar lo buena alumna que era Sara y lo mucho que estaba evolucionando en tan poco tiempo. Destacaba que ella había conseguido tener una pequeña colección de obras propias, como resultado de su dedicación en el curso y las prácticas por su cuenta.
El bar ya estaba cerrando y nos acercaron la cuenta, así que tras pagar salimos y miramos a nuestro alrededor buscando apurar un poco más la noche. El resto de locales estaban llenos de celebraciones y no había manera de tomar una copa en algún sitio cercano. Fue entonces cuando David mirando a Luis y de reojo a Sara, dijo que aún no era muy tarde y que podríamos buscar algún otro local para tomar una copa pero que estaba muy interesado en ver las pinturas de Sara.
Mi mujer se sintió halagada y sin pensarlo ofreció nuestro piso para tomar esa otra copa y que viesen sus cuadros. Media hora después, estábamos y pidiendo a nuestros invitados que se pusieran cómodos. Mientras mi mujer empezaba a mostrar a David sus pinturas que tenía guardas en un armario de una de las habitaciones, Luis y yo estábamos en la cocina preparando unas copas de ron para todos.
Luis les llevó las copas de ron a Sara y David y regresó a la cocina, donde yo seguía preparando el resto de copas. Me dijo que Sara estaba muy alegre, se le notaban las cervezas pero también muy animada por poder presumir de sus pinturas ante David. Me decía que su amigo era también muy buen pintor y que a Sara le vendría bien oír lo que él tenía que decir sobres sus pinturas, que mejor les dejáramos un rato charlar y nosotros pasáramos al salón a seguir bebiendo y escuchando un poco de música.
En el salón Luis y yo vamos dando buena cuenta del ron mientras oímos levemente a Sara y David hablar. Luis me va contando sus planes para las próximas fiestas y me dice que él se acercará a la cocina a por la botella de ron para ir rellenando a todos, que espere pues nota que yo soy el que anda más perjudicado.
Luis tras recoger la botella de ron se acerca a la habitación, donde estaban David y Sara. Sara estaba de espaldas a la puerta sujetando una pintura mientras David tenía apoyada su mano en su espalda, y sutilmente iba jugando con ella y pasándola por su culo y regresando a su espalda. David ve a Luis con la botella de ron y le hace un gesto para que entre, no deja de mover la mano sobre Sara mientras le dice a Luis que le gusta mucho lo que ve y que les rellene las copas.
Sara cada vez está más contenta y algo mareada, fruto de las cervezas y el ron. No obstante, se queda algo parada cuando ve entrar a Luis y nota que David, sin reparo, le sigue pasando su mano por la espalda y el culo. Luis sonríe a David con complicidad y este le devuelve un guiño, del que Sara no es consciente.
Luis viendo la situación simula que sale de la habitación pero se queda tras el marco de la puerta observando. David se da cuenta de que su amigo se ha quedado para mirar y se anima a ir más allá. Cada vez se pega más por detrás a Sara y le susurra sus observaciones sobre la pintura que Sara sujeta con sus manos. Los labios de David casi rozan la oreja derecha y cuello de Sara. Al ver que esta no se separa, empieza a besar su cuello y ya no separa su mano izquierda del culo de ella, que ya comienza a sobar con intensidad.
David trata de distraer la atención de Sara y la anima a que le explique en qué estaba pensando cuando pintó esa acuarela. Sara arrastra un poco las palabras y le habla del paisaje rural que había dibujado y de la paleta de colores cálidos que le gustaban. Él sigue besando su cuello y acerca la mano de derecha a la blusa blanca de Sara y empieza lentamente a desabrochar sus botones.
Según va desabrochando los botones va viendo el sujetador de encaje blanco que Sara vestía y aprecia mejor la talla 90C y los pezones que ya se muestran duros. Tras abrirle toda la blusa, su mano pasa a sobar su pecho derecho sobre el sujetador y su lengua pasa del cuello a chupar el lóbulo de Sara. En ese momento Sara suelta un leve suspiro.
Sara se siente algo mareada pero también excitada. Ahora percibe más el perfume de David y como la soba con pasión con ambas manos. Esta deja caer la acuarela sobre el escritorio y baja sus manos en señal de rendición.
David aprovecha y mete su mano izquierda bajo la blusa de Sara y tras un roce y un rápido movimiento, suelta el broche del sujetador que a continuación cae al suelo. David se recrea y mira fijamente el pecho de Sara para después subir su mirada y posarla sobre los ojos de ella. Ella sólo es capaz de sostenerle la mirada apenas un par de segundos y respira agitada.
Entonces él la coge de la mano y muestra la intención de salir de la habitación con ella. Luis se da cuenta y se retira yendo hacía el salón donde yo espero algo adormilado. Al verlo, abro más los ojos y Luis me dice que mejor sigamos disfrutando del ron. Me rellena la copa y me anima a dar un trago grande.
Sara se deja arrastrar de la mano de David y salen de la habitación al pasillo del piso, al oírnos hablar a Luis y a mí se queda parada. David lo nota y susurrando la pregunta que dónde está nuestro dormitorio. Sara responde con la mirada y entonces dirigen sus pasos en sentido opuesto al salón.
David va delante y entra en el dormitorio encendiendo la luz de una de las mesitas. Se gira y se lanza a besar los labios de Sara. Ella poco a poco va abriendo sus labios y da paso a la lengua de David. Comienzan una lucha de lenguas mientras él desabrocha la falda de ella y la deja caer. Tras unos minutos de morreo, él se agacha a sacar la falda de los pies de Sara y a continuación acerca su nariz y boca a las braguitas de encaje. El olor a sexo y lo mojada que se muestra la braguita le hace sonreír.
David se incorpora y empieza a desabrocharse la camisa mientras pide a Sara que sea ella quien se saque la braguita para él. Ella duda y él la pregunta “¿qué espera?”. Ella asiente y empieza a bajársela mirando el pecho con vello de él. Ella deja ver su coño húmedo y depilado a excepción de un pequeño triángulo de pelo arreglado en el monte de venus.
Él sigue desvistiéndose, ahora, comienza a desabrocharse el cinturón y los pantalones. La mira con deseo pero también con autoridad y esta vez la pide que se masturbe de pie como está. Exponiéndose para él.
Sara pasa sus dedos por sus labios mojados y comienza a recorrerlos, suspira profundo, y sigue acariciando sus labios de abajo hacia arriba, se nota caliente, mojada, y necesita llevar sus dedos a su clítoris.
(Es mi primer relato y os agradeceré vuestros comentarios y observaciones)
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
La Apuesta Capítulo 5
La apuesta exige seis conquistas en dos semanas, pero el viaje a Alemania pone a prueba la lealtad de Claudio con Mary.
Comparte:Infidelidad consentidaTrio mfmVoyeurismo oculto
- Hetero: Infidelidad
La mediadora 2
Leandro no solo necesita una abogada; necesita una cómplice. Alejandra cree que está manejando un caso legal, pero pronto descubrirá que el verdadero…
Comparte:Infidelidad consentidaTrio mfmVoyeurismo oculto
- Hetero: Infidelidad
Fugado 5.
El silencio del pueblo se rompe con el roce de sábanas y secretos compartidos. Entre el olor a churros y la brisa nocturna, el narrador descubre que…
Comparte:Infidelidad consentidaTrio mfmVoyeurismo oculto
- Hetero: Infidelidad
No pensé que pudiera pasar. Segunda parte
Javi creía que la noche anterior había sido solo un juego de fantasías. Pero cuando regresa a casa y encuentra a su esposa en brazos de su amigo, la…
Comparte:Infidelidad consentidaVoyeurismo ocultoTrio mfm
- Hetero: Infidelidad
Secreto con mis Suegros
La suegra siempre supo que él la miraba. Y esta vez, en lugar de regañarlo, le abrió la puerta a su casa... y a su marido.
Comparte:Infidelidad consentidaVoyeurismo ocultoTrio mfm
- Hetero: Infidelidad
Las aventuras de Daniela 6
El mensaje de Valeria llega justo cuando el deseo ya no puede contenerse. Una noche, un cliente, un dinero y la promesa de ser usada frente a su…
Comparte:Infidelidad consentidaTrio mfmVoyeurismo oculto