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Las aventuras de Daniela 5

El vestido negro se le pega al cuerpo como una segunda piel, pero lo que esconde es mucho más que encaje rojo. Mientras su esposo cree que está tomando vino con su amiga, Daniela se entrega a una noche de placer prohibido que la adicta cada vez más.

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Daniela se miró una última vez en el espejo del baño de casa. El vestido negro veraniego se le pegaba al cuerpo como una segunda piel, marcando sus tetas llenas y el culo redondo y maduro. Debajo llevaba el conjunto de encaje rojo que tanto le gustaba a Alberto… y que ahora iba a usar para otra cosa. El tanga ya estaba húmedo antes de salir de casa.

Su móvil vibró en la mesita.

Alberto: ¿Ya te vas, cariño? Pásalo bien con Valeria. Te echo de menos ya 😘

Daniela sonrió con una mezcla de ternura y culpa. Tecleó rápido mientras se ponía los tacones.

Daniela: Sí, amor. Acabo de salir. Valeria me ha invitado a su chalet, estaremos tomando algo y charlando. No sé a qué hora volveré. Tú cuídate en el curro ❤️

Guardó el móvil en el bolso y salió. El corazón le latía tan fuerte que casi lo oía.

Llegó al chalet de Valeria pasadas las siete y media. El sol todavía calentaba el jardín y el aire olía a hierba recién cortada y jazmín. Valeria la esperaba en la puerta con una sonrisa peligrosa. La besó nada más entrar: un beso largo, húmedo, metiéndole la lengua con descaro mientras le apretaba una teta por encima del vestido.

—Joder, Daniela… estás para comerte entera —susurró Valeria contra su boca—. Los chicos ya están dentro. Les he contado lo puta que fuiste anoche y están empalmados desde entonces.

Daniela sintió un escalofrío. El móvil vibró otra vez.

Alberto: ¿Qué tal el camino? ¿Ya estás con ella? Mándame una foto del jardín, que me da envidia 😂

Daniela se mordió el labio mientras Valeria la llevaba al salón. Dos hombres esperaban sentados en el sofá grande de piel. Marcos, el mayor, alto, moreno, barba cuidada y brazos fuertes. Raúl, el más joven, atlético, piel bronceada y mirada de depredador.

—Ella es Daniela —presentó Valeria con voz ronca—. Casada, infiel y con el coño chorreando desde que salió de casa.

Marcos se levantó y se acercó. Le pasó una mano por la cintura y la atrajo.

—Valeria dice que anoche te corriste como una zorra con tres pollas dentro. Vamos a comprobarlo.

El móvil volvió a vibrar en el bolso de Daniela.

Alberto: Oye, ¿todo bien? No me has contestado la foto 😂

Daniela sacó el teléfono con dedos temblorosos mientras Valeria le bajaba los tirantes del vestido. El vestido cayó al suelo. Quedó solo con el encaje rojo. Los pezones se le marcaban duros contra el sujetador.

Daniela: Todo perfecto, amor. El jardín es precioso, mira. [envió una foto rápida del salón sin gente] Valeria y yo estamos poniéndonos al día. Te quiero.

Guardó el móvil justo cuando Raúl se arrodilló delante de ella y le bajó el tanga despacio. El vello púbico negro y espeso quedó al descubierto, los labios mayores hinchados y brillantes.

—Hostia… mira cómo chorrea ya —dijo Raúl, pasando dos dedos por su coño y enseñándoselos a los demás, llenos de hilos transparentes.

Valeria se rio y se sentó en el sofá, abriendo las piernas. Su coño depilado brillaba.

—Ven aquí, zorrita. Lámeme mientras te follan. Y no pares de contestar a tu maridito si te escribe… eso me pone cachonda.

Daniela se arrodilló entre las piernas de Valeria. Hundió la lengua en su coño caliente y dulce justo cuando Marcos se colocó detrás. Le separó las nalgas y escupió sobre su ano. La cabeza gruesa de su polla presionó.

—Relájate, puta casada… —gruñó Marcos empujando.

Daniela gimió fuerte contra el coño de Valeria cuando el ano se abrió y lo tragó hasta el fondo. La polla era gruesa, venosa, y la llenaba por completo.

El móvil vibró encima de la mesa auxiliar.

Alberto: Jajaja qué foto más rara, parece que estás en el salón. ¿Estáis bebiendo ya? Cuéntame.

Daniela, con la polla de Marcos entrando y saliendo de su ano con embestidas lentas pero profundas, estiró la mano, cogió el teléfono y contestó entre jadeos ahogados.

Daniela: Sí… estamos… tomando vino… joder… está muy bueno ❤️

Marcos se rio y aceleró el ritmo, follándola más fuerte.

—Contesta a tu marido mientras te rompo el culo, buena chica.

Raúl se sentó en el sofá y le metió la polla en la boca. Larga, gruesa, con sabor a sexo. Daniela la chupaba con ganas mientras lamía a Valeria y respondía los mensajes.

Valeria le acariciaba el pelo.

—Qué puta más obediente… sigue contestando, que tu marido no sospeche nada.

Durante la siguiente hora y media todo fue un torbellino. La rotaron sin parar. Primero Marcos en el ano y Raúl en la boca. Luego Raúl se tumbó y la sentó encima, metiéndosela en el coño hasta el fondo mientras Marcos volvía a su ano. Doble penetración completa. Daniela gritaba, temblaba, las tetas le rebotaban con cada embestida.

El móvil no paraba.

Alberto: ¿Estás bien? Te noto rara en los mensajes.

Daniela: [con la polla de Raúl follándola por el coño y la de Marcos por el ano] Todo genial… solo que… Valeria me está haciendo reír mucho 😂

Valeria se rio y le frotó el clítoris con fuerza.

—Córrete, zorra. Córrete mientras le mientes a tu marido.

Daniela explotó. El squirt salió en chorros calientes que mojaron el sofá, las piernas de Raúl y el suelo. Gritó con la polla de Raúl todavía en la boca. El ano se contrajo alrededor de Marcos, ordeñándolo.

Los hombres no tardaron. Raúl se corrió primero, llenándole el coño con chorros espesos y calientes que rebosaron al instante. Marcos descargó después, profundo en su ano, tanto que Daniela sintió cómo le llegaba hasta la tripa.

Valeria la besó, lamiéndole los labios manchados de saliva y semen.

—Eres una adicta total ya, Daniela.

Aún con las pollas dentro, el móvil vibró de nuevo.

Alberto: Vale, amor. Yo termino en un par de horas. Te espero en la cama. Te quiero.

Daniela: [jadeando, semen goteando de sus dos agujeros] Yo también te quiero… mucho ❤️ Voy a ducharme aquí porque estamos sudando un montón con el vino y el calor. Llego limpia a casa.

Valeria y los chicos se rieron bajito.

Se duchó en el baño de Valeria. Agua caliente cayendo sobre su piel canela, lavando todo el sudor, la saliva y el semen que le cubría el cuerpo. Se enjabonó con cuidado las tetas, el coño hinchado y el ano todavía abierto y sensible. Se lavó el vello púbico hasta que quedó limpio. Se secó despacio, se retocó el maquillaje y se vistió de nuevo. Por fuera volvía a ser la Daniela de siempre: elegante, discreta, casada.

Llegó a casa pasadas las once y media. Alberto aún no había vuelto. Se miró en el espejo del recibidor: recién duchada, perfumada, sin un solo rastro visible de lo que acababa de pasar. Solo ella sabía que su coño y su ano seguían palpitando por dentro.

Se metió en la cama con el camisón corto. Cuando Alberto llegó cerca de la una y se acostó a su lado, Daniela cerró los ojos y fingió dormir. La culpa le apretaba el pecho… pero también esa excitación oscura y adictiva que ya no podía parar.

Sabía que Valeria la llamaría pronto otra vez.

Y que ella contestaría.

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