Ley nude 15: Bullying Sissy
El timbre suena y sabes que no puedes huir. En el baño de chicas, la puerta se abre y la vergüenza que temías se materializa en risas burlonas. No es solo un castigo; es el comienzo de un curso donde tu cuerpo ya no te pertenece.
Era agosto. Eso significaba que ya había transcurrido un año como Sissy. Y ese día, mami vino a mi cuarto a darme una noticia que me heló la sangre.
Estaba, como siempre, desnuda en mi habitación. Con mi cinturón de castidad puesto, claro. No hacía nada especial. El baño, como siempre, estaba bloqueado para que no pudiera usarlo, y la puerta bloqueada para que no pudiera salir. Y yo con una calentura increíble. Mami entró y yo me hallaba simplemente tumbada, acariciando mi jaulita, desesperada por liberarme. Mami no hizo comentario de esto y dijo, contenta:
— Bebita adivina qué.
La miré interrogante y ella respondió:
— He tenido una reunión por video llamada con Isa, Paco, el profesor y la profesora Cristina.
Aquello no auguraba nada bueno, pensé. Así se confirmó:
— Verás, hace un año que no vas a clase y nos hemos centrado demasiado en tu entrenamiento sissy. Pero creo que ya estás lista para regresar a clase.
Yo tragué saliva y no dije nada. Sabía que hablar sin permiso acarrearía castigo y, además, sabía que mis protestas no servirían de nada. Tendría que obedecer sí o sí. Así pues, escuché lo que mami tenía que decir:
— Por supuesto, lo harás como la niña que eres ahora. Te compraremos ropita adecuada, un buen perfume… quien saber, quizá te eches novio, jaja.
Tras eso, mami siguió diciendo:
— El mes que viene volverás a clase. Al instituto donde trabajan Cristina y Paco. Ellos, como ya sabes, dirigen una Formación profesional de Administración. Serás una gran secretaria. Tendrás un titulo y lo pasarás bien.
Yo tragué saliva. Ir a clase significaba relacionarme con chicos adolescentes o jóvenes adultos. Chicos que seguramente, verían toda clase de porno. Solo esperaba que ninguno supiera mi pasado. Iba a ser un año movidito.
— Irás de mañana, claro y por la tarde seguirás con tus tareas como prostituta, incluyendo fines de semana, así como actriz porno. No creas que te vas a librar de eso. ¿Entendido?
— Si mami.
— Bien.
Así pues, durante agosto y parte de septiembre, compramos ropita nueva: tops, sudaderas, falditas, pantaloncitos cortos y chandal rosa. Ropita de colegiala, braguitas sexys. Mamá me compró una mochila de Hello Kitty donde llevaría un frasco de perfume de minnie, tampones, braguitas de repuesto y los libros, claro.
Llegó el día y mami me vistió con pantalón corto vaquero y top rosa, así como deportivas rosas. Me subí al coche con mi mochila y recién adquiridos libros y mamá condujo hacia la escuela. Ahora estaba repleta de gente. Yo iba maquillada y con peluca, así que parecía una nena.
— No te preocupes amor — dijo mami —, ahora la sociedad acepta a los nenes como tú, que se sienten niñas.
No dije nada y bajé del coche. Ya tenía la cara totalmente colorada. Antes de irse, mami me dijo adiós con la mano mientras sonreía burlona. Nuevamente, lograba avergonzarme cuando ya no pensaba que hubiera formas nuevas. Tragué saliva y me encaminé al instituto. Consideré escapar pero ¿adónde iba a ir? Además, si me iba, perdería cualquier opción de liberar mi cosita y tal vez, por remota que fuera la posibilidad, obtener un orgasmo completo de una vez por todas. Estaba loca por eso.
Entrar en el instituto cachonda perdida me incomodaba, pero así eran las cosas.
Una vez entré, me dirigí hacia el pasillo que contenía las aulas de FP (formación profesional) y allí, en la puerta de la FP Administración, me topé con Paco, el profesor. Sinceramente, había esperado no tener que verlo más, pero allí estaba.
— Hola María, que bien verte de nuevo. Estás muy guapa.
— Gracias — dije tímida.
Luego de eso, entré en clase con él. La clase era pequeña, con solo diez alumnos, por suerte. Ese año había pocos alumnos de esa FP en ese instituto, me dijo. Sentados en sus pupitres de madera había diez alumnos entre dieciséis y veinte años: tres chicas y siete chicos. Bueno cuatro “chicas” contándome a mí. Once alumnos en total. Paco me hizo ponerme de pie al lado de su mesa, para que todos me vieran bien. Los alumnos empezaron a susurrar entre ellos mientras me miraban. Un chico de pelo largo castaño me guiñó el ojo.
Por orden de Paco, me presenté:
— Me llamo María, tengo diecinueve años y he retomado las clases tras un año sabático. Hum… encantada de conoceros.
Tras eso, me senté en mi pupitre, justo detrás de una chica de dieciocho años llamada Lucía, que tenía el cabello corto rubio. Me miró y guiñó el ojo.
En clase no ocurrió nada más que ciertos susurros y miradas indiscretas que me pusieron nerviosa. Dimos clase de mecanografiado (la escuela tenía portátiles o laptops, para eso), así como algo de contabilidad e iniciativa emprendedora. Tras esas clases, sonó el timbre de recreo y teníamos que salir de clase.
Salí pitando de ahí en dirección al servicio. Sabía que no podría ir al baño en toda la mañana, ya que tenía puesta la jaulita y mamá me había ordenado expresamente no ir. Pero necesitaba algo de tranquilidad. Tampoco tenía hambre.
¿Alguna vez has sentido ganas de orinar en clase y no te han dado permiso? Ahora imagina que estás aguantando las ganas desde anoche antes de cenar, y que sabes que hasta que no llegues a casa no puedes orinar...
En fin. No podía ir al baño masculino y tampoco quería, así que fui al baño de las chicas y me escondí en un cubículo. Los baños estaban muy limpios. Me senté en el váter y respiré hondo.
Aquello era muy diferente a ser cogida o prostituida. Dar clase delante de tanta gente… qué vergüenza.
Fue entonces cuando golpearon la puerta de mi cubículo y reconocí la voz de Lucía:
— Hola María. Abre.
Supongo que tras tantos meses de sumisión, era algo innato en mí. Sin cuestionarlo siquiera, simplemente abrí la puerta y allí estaba ella, con una sonrisa de suficiencia. Llevaba por toda ropa el uniforme escolar: falda verde, zapatillas negras y camisa blanca. El uniforme no era obligatorio, pero algunos alumnos decidían llevarlo.
— Me llamo Lucía, aunque ya lo sabes. Y yo sé quien eres tú. Verás, resulta que nuestro profe Paco ya nos ha advertido sobre tí.
Temblé. Así que mi vida sissy también iba a ser conocida aquí. Lucía, toda perversa, continuó hablando:
— Así son las cosas perrita: vas a ser nuestra esclava. Mía y de mis amigos. Ahora te los presento. Todos estamos en clase. Hemos visto algunos de tus videos y… Wow, son increíbles. Ni la mejor actriz porno haría eso.
Tragué aún más saliva.
Lucía me agarró de la mano y juntas salimos del baño y fuimos al de los chicos, justo al al lado. Entramos y allí estaban solamente ellos tres:
Luis, el chico de cabello largo castaño. Miguel, un chico pelirrojo y Alex, un chico de cabello negro corto. Los tres llevaban camisetas y vaqueros y sonrieron maliciosamente al verme. Se presentaron. Todos ellos tenían diecinueve años.
— Así que esta es María Princesa — dijo Luis.
— La cosa va así — advirtió Alex —: tú obedeces, nosotros mandamos. Si no, castigo.
Asentí, temerosa.
— Bien — rio Miguel —. Pues nuestra primera orden va a ser que bebas del orinal.
— ¡Eso! — dijo Luis.
— Lucía, tu vigila que nadie se meta — ordenó Miguel.
Ella asintió y salió, mientras sonreía pícara.
Ahora nadie podría salvarme. Obediente, entré en el cubículo que me señalaban. La taza, la cual se hallaba abierta, estaba cubierta de pis. Pipí reciente, además. Sin poderlo evitar, puse cara de asco, me arrodillé y empecé a lamer con la lengua el pis de la taza mientras los chicos reían y uno de ellos, Luis, me grababa con el teléfono. Pronto, estaría colgado en internet. Las humillaciones cada vez eran peores, pensé.
Tras dejar limpia la taza, Miguel me agarró del pelo y metió mi cabeza en el interior del inodoro. Tras cinco segundos, la sacó. Toda mi cara, mi pelo, estaban llenos de meados. Seguía oyendo risas. Miguel acercó nuevamente mi cara al váter y me ordenó beber. Tomé grandes tragos de orina del váter. Sabía a rayos y tuve ganas de potar, pero no lo hice. Todo gracias a la práctica. Cuando consideraron que había tragado suficiente orina, dijo Alex:
— Que buena traga meados que eres. ¿Servirás también como WC?
— Comprobemoslo — dijo maliciosamente Luis.
Alex me ordenó entonces desabrochar su pantalón. Arrodillada como estaba y aún cubierta de meados, le bajé la bragueta, desabroché el cinturón y le bajé los pantalones y el bóxer. Hecho eso, una polla de quince centímetros erecta empinó hacia mí.
— Abre la boca — ordenó Alex.
Eso hice. Y pronto un chorro dorado inundó mi boquita. Sentí nuevamente el sabor salado caliente de la orina en mi lengua. Alex rio y Luis seguía grabando. Escuché a Lucía decir a unos chicos que no se podía entrar al baño. Estaba claro que, si otro profesor descubría qué sucedía, estarían en problemas.
— ¡Mirad, tiene la boca llena de meados! — rio Miguel.
Todos rieron y me señalaron. Me sentía más degradada que nunca.
Por orden de Alex, tragué, el meado y luego repetí la operación con Miguel y con Luis, que seguía grabando.
Entonces, sonó el timbre que indicaba que el recreo terminaba y sentí alivio.
— Tienes suerte, de momento — reconoció Miguel.
Entonces, Luis añadió, al tiempo que dejaba de grabar:
— Pero es solo el principio perrita. Tenemos todo un curso.
Temblé. Todos volvimos a clase. Yo aún tenía el rostro mojado, y la chica sentada detrás mía puso cara rara al olerme. Fue entonces cuando en clase entró ¡Cristina! Así que ellos iban a ser mis dos profesores, pensé. Que “casualidad”. Empecé a entender que mamá e Isa habían manipulado todo al detalle. Pero no sabía a ciencia cierta si lo de los chicos era también cosa suya.
— Hola María — me saludó ella —, encantada de verte.
Le correspondí el saludo. Ella iba ataviada con vaqueros y camisa blanca. Con Cristina dimos inglés (recordé la “clase” que tuvimos hacía unos meses) y también FOL y comunicación. Terminada la clase, Cristina me pidió que me quedara un momento con ella. Esperó a que todos se fueran y entonces se acercó a mí.
— Que gusto tenerte de vuelta, princesa. ¿Ya has hecho nuevos amigos?
Yo asentí.
— Muy bien, así me gusta. Espero que hagas los deberes para mañana amor, o los castigos que te impondré serán muy humillante ¿estamos?
Asentí de nuevo, azorada. Entonces, Cristina dijo algo que me sorprendió un poco:
— Y no te preocupes, Sissy. El baño en el que habéis estado “jugando” hoy, es el menos transitado de todos y yo también monto guardia.
Me guiñó el ojo y acto seguido, entró mamá para recogerme y nos fuimos.
Me monté en el coche y tuve que contarle el día. Le dije lo que de verdad pasó y ella dijo, contenta:
— Todo marcha como debe, entonces. Ya verás que lo pasas genial.
Así que todo era planeado. Mami entonces decidió explicarse:
— Verás cielo, Paco y Cristina, la semana antes de tu llegar, hablaron de tí. Vieron tus videos y reunieron a algunos chicos de la clase, tras un breve interrogatorio. Esos chicos deseaban hacerte su putita y la chica igual. Así que los juntaron y aquí estamos.
Aunque pensaba que ya todo había finalizado, no podía estar más equivocada. Esa misma tarde, en mi correo de sissy recibí un mensaje de Miguel, en el cual había una foto adjunta con la imagen de su verga bien erecta. El mensaje decía:
Nos vemos esta tarde en la cancha que hay cerca de tu casa. Si, sé donde vives. Nos vemos ahí a las cinco. Llévate la ropa de esta mañana. No la llevarás puesta mucho rato.
Tragué saliva, algo asustada y le comuniqué a mamá, quien se puso contenta por la noticia. Así pues, tras comer y descansar en mi habitación, mami me ordenó ir solita hacia allá. Caí en que era la primera vez que iba sola a un lugar. Mi cinturón de castidad era realmente mi prisión. Mientras estuviera bloqueada, no podría escapar.
Así pues, fui allí. Iba nerviosa, con el corazón en un puño. Tardé solo quince minutos en llegar. Allí estaban todos. Los chicos y Lucía. Esta llevaba mini top azul y mini falda. Me guiñó el ojo. Estaba claro que iba así a posta para excitarme. En cuanto me vieron, Luis ordenó que me quitara toda la ropa. Algo nerviosa, lo hice. No había nadie alrededor y dado que era entre semana, no iba mucha gente a la cancha. Pero igual que estábamos nosotros, podía haber más gente.
Una vez desnudita, los chicos rieron e hicieron fotos. Me ordenaron sentarme en las gradas. Entonces, Luis se bajó el pantalón lo justo para mostrarme su hermosa verga, que ya deseaba follarme.
— Dale una chupadita.
Avergonzada, hice lo que me ordenaba. Lamí el glande con la lengua mientras los chicos hacían de barrera para que nadie que pasara por ahí nos viera (para no meterse ellos en problemas) y Lucía vigilaba.
Entonces metí su polla en mi boca. Adentro, afuera, durante un rato. Con el resto de chicos hice lo mismo y luego, Lucía vino a divertirse un ratito.
— Veamos si queda algo de hetero en tí, aunque no me parece — rio Lucía.
Ella se quitó solamente el top, quedando desnuda de cintura para arriba. Mostraba unas tetas bien desarrolladas de joven adulta. Con una mano, se manoseó el pezón izquierdo mientras me guiñaba el ojo. Luego dijo:
— Apuesto a que te entran ganas… pervertida.
Se quitó la faldita y las bragas, quedando absolutamente desnuda y yo anonadada, no pude hacer otra cosa que mirar mientras mi penecito quería salir con fuerza. Dolía. Con la mano derecha mientras que la izquierda tocaba el pezón, ella metía dedos en la vagina y gemía suavemente. Algunos chicos empezaron a masturbarse “disimuladamente”. Estaban muy calientes y no era para menos. Lucía era preciosa. Aunque mi jaulita de castidad impedía hacer nada con ella.
Ella rió, traviesa y divertida mientras sus dulces deditos seguían jugando con su vagina. Ella se acercó a mí y se sentó entonces en mi jaula de castidad, rodeó mi cuello con sus brazos y acercó sus labios a los míos. Hizo ademán de besarme en los labios, pero en su lugar, soltó una risita en mi oreja y empezó a mover su culito en mi jaula. Aquello me mató. Su olor a chocolate, su coño rozando mi pitito en castidad. Adelante y hacia atrás, mientras ella reía y gemía. Dio varios saltitos, como si me cabalgara mientras gemía. Sus tetas botaron. Yo me mordí el labio, loca de placer. Quería besarla, comerle las tetas, meter mi pitulín en su coño. Y nada de eso me estaba permitido.
Finalmente ella soltó una carcajada y se levantó.
— Es absolutamente gay — rio ella.
Las risas de los chicos no faltaron y me ordenaron pegarme a la pared. Entonces los chicos se bajaron los pantalones y, con mi culo en pompa, empezaron a introducir sus miembros en mí. Uno a uno. En orden. Hacían cola y todo. Uno de ellos se ponía detrás y otro delante para que les chupara su miembro. Adentro y hacia afuera, metían y sacaban sus pollas de mi culo mientras otro follaba mi boca a máxima velocidad. Casi no podía respirar y escuchaba las risas descontroladas de Lucía, que utilizaba el teléfono para grabar. Pronto estaría en internet. Cuando no me follaban, los otros chicos se dedicaban a vigilar que nadie nos viera. Aunque aquella debía ser una zona poco concurrida, porque nadie nos descubrió. Los chicos no se contuvieron y se corrieron en mi boca y culo. Primero fueron Alex y Miguel. Terminada la corrida, Luis se corrió en mi cabello. Las risas de Lucía se intensificaron.
— Está todo grabado — dijo.
— Ahora traga el semen y limpianos las pollas — ordenó Alex.
Tragué el semen de la boquita y procedí a lamer y limpiar el pene de los chicos. Estos reían y Lucía seguía grabando.
Entonces todos se marcharon, llevándose mi ropa y dejándome allí desnuda, con el pelo lleno de semen. Tragué saliva. Temía salir y que me pillaran. Pero tampoco podía quedarme allí eternamente. Afortunadamente, mami pasó por mí tras una hora de indecisión mía, riendo y me subió al coche.
Al día siguiente, en clase, todos susurraban y me miraban. Cristina, cómplice, sonreía feliz y cuando tocó el recreo, uno de los alumnos se acercó y entonces me reveló que todos habían visto mi vídeo. Las chicas reían ya sin disimular. Yo avergonzada, tragué saliva mientras en el teléfono recibía fotos de pollas y mensajes provocadores que, al mostrárselo a mamá, le encantaron.
Ese mismo día, cuando nos tocó con Paco, él dijo:
— Haremos un trabajo en grupo para investigar la historia de la tecnología.
Por supuesto, yo haría el trabajo con Lucía, Alex, Miguel y Luis. Paco dijo:
— Mañana por la tarde en mi casa, os ayudaré a hacer el trabajo.
Citó otros días al resto de la clase. Pero yo sabía que eso solo era una tapadera. Tenían algo planeado para mí. Cuando llegué a casa y le conté a mami ella decidió que me prepararía para que estuviera “guapa”.
Así que al día siguiente por la tarde, mami me preparó. Me vistió con camiseta rosa de Hello Kitty, braguitas azules de Minnie y mini falda, así como deportivas rosas. Me aplicó perfume femenino y colocó la peluca rubia, así como pintalabios rosa, colgante con forma de corazón y pendientes dorados de la misma forma.
— Ya estás — dijo mami —. Te van a tener ganas.
Yo tragué saliva. Justo en ese momento escuché el pitido de un coche. Era Paco, que venía a recogerme.
— Nos los hagas esperar, bebé.
Me aconsejó mami.
Sabiendo que era mejor obedecer, salía afuera y fui recibida por Paco, quien me recogía en su vehículo. Un turismo color negro. De copiloto iba Lucía, vestida con camiseta blanca y pantalón vaquero. Atrás, iban Luis, Alex y Miguel. Los dos primeros iban con chandal y Miguel llevaba camisa y vaqueros. Dado que solo había tres asientos atrás, me senté encima de Luis. Notaba el bulto de sus pantalones. Duro y grueso. Tragué saliva. Él me hizo una caricia y el coche arrancó.
Mientras conducía, Paco dijo:
— Bueno María, como ya imaginarás, esto no es más que una tapadera. Aunque tenéis que hacer el trabajo, hoy vamos a “trabajar” en otra cosa.
Yo tragué saliva.
Lucía reía y los chicos me miraban golosos. Alex no se cortó y empezó a meterme mano. Yo tragué saliva, incómoda, sabiendo que no podía hacer nada por evitarlo. De hacerlo, sería castigada.
Luis también aprovechó para meterme mano. Ambas manos tocaban mi cosita enjaulada.
— Me gustaría saber qué tan pequeña es — dijo Miguel.
— Yo tengo algunas fotos en mi casa — dijo Paco —. Cortesía de su mamá.
Los chicos, felices, querían verlas, así que Paco prometió que las enseñaría. Yo, muerta de vergüenza, no quería que eso pasara. Pero sabía que pronto verían el tamaño de mi penecito. Era del tamaño de un cacahuete, tras tanto tiempo en castidad.
Mientras el viaje continuaba, Alex y Luis seguían manoseando mi jaulita. Luis aprovechó para plantarme un beso en los labios mientras Alex besaba mi cuello. Sentir sus besos fue una delicia. La lengua de Luis jugaba con la mía y sentía un suave cosquilleo en el cuello. Gemí. Los demás rieron.
Por fin, llegamos a la casa de Paco. Él vivía en una calle tranquila, en una casa. Aparcó delante de la puerta y bajamos. No había nadie en la calle en ese momento. Sujeta de la mano por Luis y Alex y bajo la atenta mirada de Lucía, Paco abrió la puerta y entramos. Paco tenía un pequeño patio. Lo cruzamos y llegamos a la puerta principal. La abrió y ya entramos a la casa.
El rellano era de mármol y tenía una escalera enfrente. A la izquierda estaba el salón y enfrente la cocina. Paco nos indicó que fuéramos al salón, donde había una mesa de cristal rectangular y algunas sillas negras. En un lado del salón había un sofá. En el sofá cabían tres personas y era color negro. Luis se sentó en una silla, mientras que Lucía, Alex y Miguel se sentaron en el sofá. Alex me ordenó sentarme encima de él. Nuevamente, noté un bulto duro, que sin duda era su verga. Entonces, llegó Paco con algunas fotos que había imprimido. Eran tres. Las mostró.
— Esta es la “polla” de María.
— Dirás su cacahuete — rio Lucía cuando las vio.
Las tres fotos eran casi idénticas, mostrando mi cosita, flácida y diminuta. Los chicos rieron. Miguel comentó:
— Mi sobrino, que tiene tres meses, la tiene más grande.
Todos estallaron en carcajadas. Luego, Paco dijo:
— Bueno María, ve quitándote la ropa. Va a empezar la diversión.
Yo, azorada, me levanté y empecé a quitarme la ropa: los zapatos, la falda, la camiseta, todo. Hasta que quedé absolutamente desnuda, solo asomando mi jaulita.
— Chicos (y chicas) hoy os voy a enseñar a tratar correctamente a esta zorrita. Como veis, es muy obediente. Y más le vale. Aunque lo habéis estado haciendo genial, hoy os voy a mostrar como follarla. Lucía, luego la pondrás más caliente.
Ella rio por toda respuesta.
Acto seguido, seguimos a Paco. Yo agarrada de su mano derecha, que la notaba cálida y muy grande, a diferencia de mi manita. Subimos los escalones y llegamos a la segunda planta. Entramos en un cuarto que descubrimos, era similar a un aula. Había una pizarra blanca enfrente, un escritorio y dos pupitres escolares.
— Me llevé los pupitres — confesó Paco, travieso.
Además de eso, en el suelo había una esterilla de gimnasio, color azul.
— Aquí vamos a cogerte, bebé — me dijo Paco.
Había tres sillas en la sala: la de Paco (de su escritorio) y dos de los pupitres. Lucía trajo una más y se sentó en ella, mientras los chicos se sentaron en las sillas, que colocaron a un lado de la pared, junto a Lucía, para mirar el espectáculo. Lucía agarró el teléfono e igual hizo Alex. Iban a grabarlo todo.
— Mañana todos verán tu cogida — rio Alex —. Le taparemos el rostro al profe, para que no tenga problemas.
— Si — dijo él.
La vergüenza que iba a pasar iba a aumentar, por lo que parecía.
Por orden de Paco, le quité la ropa. Él se quitó los zapatos mientras yo desabrochaba su camisa, dejando a la vista su perfecta tableta de chocolate y sus hermosos pectorales. Mi pitito intentó salir de la jaula, sin éxito, como era de costumbre.
Tragando saliva, le desabroché el pantalón y bajé los pantalones, dejando a la vista un bóxer gris, con un gran paquete duro asomando.
— antes de quitarme el boxer, dale amor — ordenó él.
Las risas no faltaron mientras los teléfonos me apuntaban.
Usando mi lengua, lamí su polla a través del bóxer. Lamí en círculos los testículos y luego lamí hacia arriba mientras intercalaba varios besos. Los chicos dejaron de reír mientras me miraban embelesados. Por muchas burlas que hicieran, aquello les estaba gustando. Llegué hasta el glande y di suaves besitos mientras miraba al profesor a los ojos. Él me acarició el pelo y luego, pude bajarle el bóxer. Su dura polla empinó hacia mí, goteando líquido seminal, que lamí con mi lengua. Lamí nuevamente su hermoso miembro. Sus huevos, su tronco. Su olor a verga de inundó, así como el olor a sudor. Era una polla muy sexy (aunque nunca querría admitir que la más sexy era la de papi). Entonces, empecé a chupar. Metí su polla en mi boca y lo miré a los ojos mientras lo hacía.
Adentro, hacia afuera. Todo mientras le miraba a los ojos. Líquido seminal se metía en mi garganta mientras chupaba su miembro. Llegaba hasta los huevos y luego, volvía a sacar. Cuando ya llevaba así un rato, tuve que masturbarlo. Con mi manita derecha, empecé a masturbar su miembro, que estaba directamente sobre mi cara. Arriba y hacia abajo. Lentamente primero. Luego, cada vez más deprisa. Escuchaba mi mano frotando su verga, como salía más líquido seminal. Lo masturbaba rápidamente y notaba su respiración agitada. Estaba a punto de correrse cuando me ordenó parar. Aún no quería eyacular.
Entonce me puse en cuatro en la esterilla que tenía Paco allí. Ya sabía que venía a continuación. Pronto, se puso él detrás de mí y noté su verga jugando con la raja de mi culito. Su glande acariciando la raja. Entonces, su polla entró lentamente en mi ano. Lentamente, fue introduciendo primero el glande, luego parte del tronco, y luego la metió al fondo, hasta los huevos. Yo gemí y las risas de Lucía se escucharon por toda la sala. Adentro, afuera. Cada vez más rápido. Paco empezó a embestirme. Una y otra vez. Sus huevos chocaban con mi cosita y cada vez iba más deprisa. Con un gesto, le indicó a Luis que podía follarme la boca. Él, ya desnudo, se acercó a mí y colocó la polla en mi boca. Abrí la boquita y él metió todo el miembro de una, hasta los testículos. Y empezó a penetrarme la boca. Adentro y afuera, a toda velocidad. Paco también la aumentó, hasta follarme ambos al mismo tiempo. Ambos pollas entraban y salían al mismo tiempo. Bueno, no salían, se quedaba el glande y luego volvían a meter. Una y otra vez. La respiración de Luis se hizo más intensa. Luego, cuando él notó que iba a venirse, paró y sacó la polla de mi boca. Paco la sacó también y dio la orden a Alex y Miguel de follarme, mientras yo seguía en aquella posición tan humillante.
Miguel se puso delante y Alex detrás, ambos introdujeron sus miembros y comenzaron a follarme la boca y el culo. Adentro y hacia afuera, rápidamente. Yo gemía ya sin poder contenerme y miraba fijamente la verga de Miguel y luego, a la cara. Él me miraba poseído, encantado que haber encontrado un agujero tan obediente.
Adentro, afuera. Las pollas no paraban de entrar y salir e iban a toda potencia. Cuando ya llevaban un rato, pararon y entonces, Paco vino y se tumbó en el suelo. Con las piernas temblando, posé mis manitas en sus pectorales y luego me senté en su polla, agarrando su miembro y dirigiéndolo hacia mi ano. Lo introduje y, mientras gemía, la metía hasta el fondo.
Me acerqué a él. Nuestros labios se rozaron mientras oía cotillear a los chicos y a Lucía. Finalmente, nuestros labios se pegaron y nos dimos un tierno beso con lengua. Mientras eso pasaba, yo le acariciaba el pelo y los chicos chillaron de emoción y risas.
Mientras nos besábamos, Paco empezó a follarme el culo. Arriba y abajo. Nos separamos y empecé a cabalgar mientras gemía. Arriba y hacia abajo, sosteniendo mis manos aún en sus perfectos pectorales. Paco gemía y Lucía y Alex grababan. Yo botaba y mi jaulita botaba también, arriba y abajo. Era riquísimo y deseaba correrme desesperadamente. Pero no me estaba permitido.
Cuando Paco consideró que era suficiente, tuve que cabalgar también al resto de chicos. Y todo fue de la misma manera: manitas en pectorales, dulces besos y botar en sus pollas. Terminado eso, llegó el momento de Lucía.
Ella se había quitado toda la ropa y mostraba su cuerpo desnudo perfectamente depilado, su vagina prieta y sus tetas. Yo, aún tumbada en la esterilla, tuve que sufrir sus encantos.
Ella se sentó en mi jaulita de castidad mientras reía, pero no apoyó sus manos en mí. En su lugar, empezó a botar. Arriba y hacia abajo mientras gemía. A veces movía en círculos su vagina en mi jaulita y la frotaba adelante y atrás mientras se mordía el labio. Los chicos, menos Paco, se masturbaban viéndola. Era lo más cerca que iba a tener sexo con una chica y no podía obtener placer. Era toda una tortura. En un momento dado, se puso de espaldas a botar y frotar su coño mientras gemía y yo solo podía ver su perfecta espalda y su hermoso cabello castaño cayendo en cascada hacia atrás, además de oler su perfume. Olía a vainilla.
Después de esa tortura, ella se levantó, riendo y dijo:
— Abre la boca zorrita.
Como la niña buena que era, obedecí. Ella empezó a masturbarse. Movía los dedos muy deprisa y los metía dentro de la vagina. Luego los sacaba mientras gemía. Los chicos intentaban no correrse. Ella seguía frotando la vagina y acariciándola con los dedos.
Y finalmente ocurrió. Ella inclinó las rodillas, dejando muy abiertas las piernas y pegando el coño a mi cara. Y de su vagina salió un líquido transparente que mojó mi rostro, mi pelo y llenó mi lengua de un sabor extraño. Ella gimió de placer mientras se corría en mi boca y cara. Terminada la corrida, ella me hizo varias fotos y me ordenó no tragar todavía. Volvió a inclinar su coño en mi boca y empezó a orinar. ¡Lucía me estaba meando en la boca! Líquido amarillo y asqueroso salió de su hermosa vagina y llenó mis papilas gustativas de un sabor que, desgraciadamente, ya conocía. Estuvo llenando mi boquita de su líquido como por un minuto y luego, tras varias fotos y risas más, me dio permiso para tragar. Mi boca en aquellos momentos era una mezcla de orgasmo femenino y orina y había tomado un color raro, mezcla del color amarillento de la orina y de la corrida de Lucía. Tragué todo, pero no pude limpiar mi rostro, que seguía manchado de sus flujos.
Las risas no faltaron, pero todavía no habían terminado conmigo. Pronto me vi rodeada de todos los chicos mientras Lucía grababa a un lado, todavía desnuda y traviesa.
— De rodillas — ordenó Paco.
Obedecí. Luego, los chicos empezaron a masturbarse rápidamente. Escuchaba frotar sus manos en sus vergas. Luego, Luis fue el primero en correrse, quien eyaculó en mi cara y pelo. Yo recibí el impacto de su semen caliente y espeso cubrir toda mi cara y mancharme el pelo. Luego fue el turno de Miguel, quien metió la polla en mi boca y empezó a follármela rápidamente hasta que soltó un buen chorro de leche en mi interior, el cual se notaba cálido y espeso. Ordenó que no lo tragara aún.
Me tumbé boca arriba y Alex eyaculó en mi vientre, llenándome toda. Luego fue el turno de Paco, quien me puso el culo en pompa y eyaculó dentro de mi culito, el cual tapó con un plug anal para que la leche no escapara. Ahora tenía mi culito lleno de semen y notaba la leche flotar en él y escurrirse un poco por la raja.
Entonces me puse de rodillas nuevamente y abrí mi boca. Tras la fotos que me hicieron, empezó una lluvia dorada. Todos lo chicos empezaron a orinar a la vez mientras yo mantenía abierta mi boquita llena de leche. La orina alcanzó mi pelo, mi rostro, mi boca e incluso inundó mi cuerpo: brazos, barbilla, pechos y vientre. Lucía reía mientras grababa.
Tras lo que fueron unos minutos, la orina terminó y me hicieron más fotos. Ahora mi boca tenía semen y orina dentro, que tuve que tragar. Puse cara de asco y luego, obediente y por orden de Paco, lamí y limpié las pollas de los chicos, que tenían restos de orina y de semen, especialmente sus glandes.
Me mostraron las fotos y el vídeo. Yo estaba llena de semen y orina por todo el cuerpo.
Y así me recogió mamá, que rio mucho rato y con mucha fuerza. Al día siguiente, todos vieron mi video (el profesor estaba tapado con un emoticono para que no lo reconocieran). Las risas y las burlas no faltaron. Todos me mandaban mensajes burlones al teléfono, así como fotos de sus vergas o me describían lo que harían. Incluso me apodaron La Zorrona o la colegiala putilla.
Iba a ser un curso muy largo.
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