Discoteca en Barcelona
Nunca había besado a un hombre, nunca había sentido el peso de un deseo real. Pero esa noche, en el baño húmedo y oculto de una discoteca de Barcelona, el desconocido me enseñó lo que significa perder el control.
Nunca he sido una chica que saliera con chicos, nunca me invitaban a salir ni nadie
intentaba hablar conmigo. Mientras que mis amigas y otras chicas cercanas hablaban con
multitud de chicos por redes sociales, quedaban con ellos y empezaban sus andaduras en
el mundo del sexo; yo estaba siempre sola. Por lo que no es de extrañar que no perdiera mi
virginidad hasta mis veintiuno. Aunque debo admitir que desde mi primera vez no he
perdido el tiempo en estos años, por lo que considero que incluso he llegado a adelantar a
algunas de esas amigas que empezaron a follar a una edad bastante temprana.
Este primer relato habla de mis primeras andaduras con hombres, y aunque no fue gran
cosa, marcó un antes y un después en mi forma de actuar frente a los hombres.
Todo comenzó una primavera hace un par de años, algunos amigos de la facultad
decidimos hacer un viaje a Barcelona, uno de mis amigos con el que no tenía mucha
relación en ese entonces tenía amigos en la ciudad, por lo que la última noche que
pasamos allí aprovechamos para salir de fiesta. Como casi todo el grupo éramos chicas,
nos invitaron a un reservado en el que empezaron a invitarnos a champagne, copas y
demás; no ha sido de las veces que más he bebido, pero entre la emoción por ser de mis
primeras veces de fiesta, el reservado, las copas, etc., yo estaba bastante relajada y
desinhibida.
No es de extrañar por lo tanto, que algunos de los chicos con los que íbamos intentasen
algo más con algunas de nosotras, en mi caso, uno de los chicos que nos invitaron al
reservado empezó a hablar y bailar conmigo. Rápidamente empecé a rozarme con él, tenía
la oportunidad perfecta para ir un paso más allá y estrenarme, así que no la desaproveché.
En cuanto el chico me besó, me apreté contra él y abrí la boca para que su lengua chupase
la mía. Él estaba desesperado, enseguida me apretó el culo y me pegó a él, poco a poco fui
notando su dureza contra mi, se me clavaba, lo que me empezó a excitar.
A pesar de su erección y de lo cachonda que yo estaba, conseguimos llegar a uno de los
sillones del reservado, donde me senté encima de él y comencé a frotarme contra su polla.
No paraba de frotarme, su erección se clavaba en mi clítoris mientras él se agarraba a mi
culo aumentando la fricción.
Perdí la noción del tiempo, solo era consciente de nuestras lenguas enredadas, de la
humedad entre mis piernas y de la desesperación que flotaba en el ambiente; por lo que
cuando él me dijo de ir a otra parte, ni siquiera respondí, me puse en pie y de la mano
buscamos un baño libre en una de las plantas superiores.
En cuanto llegamos, me besó con fuerza y me rodó las asillas del vestido por los brazos,
dejando mis pezones duros a la vista, aunque rápidamente desaparecieron en su boca.
Notaba como me acariciaba las puntas erectas con su lengua, como mordía suavemente.
No tardó mucho en separarse para dejarme a mí satisfacerlo, por lo que en cuanto su polla
estuvo libre de la cárcel que habían sido sus pantalones, me arrodillé, salivando por las
ganas que tenía de meterla en mi boca, saborearla, ahogarme con ella.
No tardé en, a pesar de su increíble tamaño, meterla toda en mi boca, no se quien de los
dos estaba más desesperado: él, con su polla hundida en mi boca, con ganas de correrse; o
yo, con la nariz pegada a su pubis, la barbilla rozando aquellos huevos hinchados, y unas
ganas de comerle la polla que amenazaban a mi cordura.
Comencé a moverme, la cabeza delante y atrás, tragándome su polla hasta el final, la
lengua acariciando el tronco y la cabeza, y mis manos apretando suavemente sus huevos.
En un momento dado, no aguantó más y me apretó la cabeza contra él, a partir de ahí me
embistió rápidamente, no paraba de follarme la boca. Notaba como me ahogaba, me
quedaba sin aire, las lágrimas me salían de los ojos, las babas se escapan de mi boca
escurriendo por mi barbilla y sus huevos.
No tardó en correrse, me avisó por si quería apartarme, no lo hice. Su abundante corrida me
llenó la boca, era tanta que casi se me salía por las comisuras de los labios. Me sacó la
polla de la boca y me miró desde arriba a los ojos, y mientras le devolvía la mirada, me
tragaba todo su semen, recogiendo con los dedos lo que se me había escapado de la boca
y chupándolos hasta no dejar ni una gota.
La humedad en mi coño era exagerada, estaba tan excitada por como me había comido su
polla y por haberme tragado su corrida, que necesitaba llegar al orgasmo. Me puse de pie y
él no tardó en quitarme el vestido, dejándome solamente con el tanga, lo rodó a un lado y
me acarició lentamente el clítoris, mis piernas temblaron, estaba tan sensible.
Apartó sus dedos de ese punto y los metió de golpe en mí, aunque no permanecieron
mucho tiempo dentro ya que enseguida comenzó a arremeter con ellos, embistiendo a una
velocidad devastadora. Me encontraba apoyada en la pared del cubículo, con las piernas
temblando y los labios pegados a los suyos para evitar que se me escaparan los gemidos
de placer.
Mientras sus dedos continuaban dentro de mí, los arqueó, llegando a ese punto tan sensible
que casi me hizo correrme. Aunque ya no tardé, la excitación era demasiada, por lo que me
dejé llevar mientras me fallaban las piernas.
Mientras se chupaba los dedos cubiertos por mis jugos, oímos un ruido en el baño y unas
voces de unas chicas hablando una de ellas hizo una pregunta a las demás que me tensó
completamente: “¿Dónde estará Ava?, lleva bastante tiempo desaparecida".
En ese momento él sonrió, me empujó suavemente al suelo de nuevo y volvió a sacar su
polla de los pantalones, ya estaba medio erecta. Esta vez no me dejó ni acercarme, me la
metió a la fuerza en la boca, lo que realmente me encantó, y entre sus embestidas que
hacían que me ahogase, y las ganas que yo le ponía a chupar toda su polla y a hacerlo
disfrutar, no tardó en sujetarme fuertemente por el pelo mientras nuevamente se vaciaba en
mi boca.
Después de tragarmela y dejarle su polla limpia, nos vestimos y esperamos a que el baño
estuviera nuevamente vacío. Volvimos con el grupo y yo no tardé en irme con mis amigas
de la discoteca.No lo he vuelto a ver, pero él marcó un antes y un después en mi vida, siento que esa noche
cambió algo en mí. Puede que por eso, esa misma semana hiciera dos mamadas más a
otros chicos.
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